El huracán de la OTAN azoló los Balcanes
Todos y cada uno de los pretextos que utilizaron los imperialistas antes, durante y después del 24 de marzo, para justificar la guerra de agresión que lanzaron aquel día contra el territorio de Yugoslavia, se fueron derrumbando uno tras otro. El pretexto de los derechos humanos fue pulverizado. Hay un país destruido: Yugoslavia. Hay una región destruida: Kosovo. Hay miles de albano-kosovares, desparramados por el mundo, o regresando a las ruinas de su región. Hay una limpieza étnica de 200.000 serbio-kosovares, que se realiza bajo las narices de las tropas de ocupación de la OTAN-ONU. No se conoce la cifra total de muertos, pero hay fuentes que los estiman en 100.000. El argumento con que iniciaron la guerra, fue que querían detener la muerte de más albano-kosovares que, antes del 24 de marzo, sumarían 5.000 personas. De los más de 200.000 serbios que habitaban Kosovo, sólo permanecen allí unos 5.000, en su mayoría ancianos y discapacitados. El resto huyó, en muchos casos previa firma de la entrega de su casa o sus posesiones a bandas armadas. Los daños causados se estiman en 135.000 millones de dólares. En la reciente reunión realizada en Sarajevo por los países involucrados en la acción de la OTAN, resolvieron otorgar una ayuda de ¡700 millones! Yugoslavia, el principal damnificado por la guerra, está excluido de recibir cualquier tipo de ayuda. Los Balcanes de conjunto han sido convertidos en un protectorado militar de la OTAN, que despliega sus soldados en bases instaladas en Macedonia, Bosnia, Albania y Kosovo; y tiene cielo abierto, como mínimo, en sus tres nuevos socios (Hungría, República Checa y Polonia) y en Bulgaria y Rumania. Esto sirvió para impedir el envío de tropas aerotransportadas de Rusia, después de que 200 hombres de su ejército, provenientes de Bosnia, ocuparan el aeropuerto de Pristina. Los vencedores han tenido importantes logros geopolíticos a un bajísimo costo social y político, y sin ninguna pérdida militar. Sin embargo, estamos frente a una victoria plena de contradicciones. En primer lugar en el campo de los vencedores. El despido del Gral. Wesley Clark comandante en jefe de la OTAN, partidario de la invasión terrestre con tropas de infantería es parte de las contradicciones en el seno del Pentágono, y de éste con la Casa Blanca, similar a lo que se expresó cuando la agresión a Irak a comienzos de la década. En segundo lugar, el comandante político de la guerra y secretario general de la OTAN, Javier Solanas, fue también despedido mediante el recurso del ascenso burocrático. Su lugar será ocupado por el ministro de Defensa británico quien, según los medios, pertenece al ala derecha del Partido Laborista del halcón Tony Blair. Todo esto es parte del peso creciente que adquirió Estados Unidos en relación con las principales potencias europeas, como Alemania y Francia. Estas contradicciones no son menores pero operan dentro del campo aliado y sólo en perspectiva pueden adquirir mayor envergadura, como ya anticipan algunos elementos de guerra comercial entre Europa y Estados Unidos expresados en la crisis del banano, las sanciones contra Coca-Cola y otros hechos. Pero hay además gravísimos problemas en los Balcanes (y en Rusia y la ex URSS) que no se resuelven instalando protectorados militares.
En primer lugar, está el problema de las nacionalidades. La ex Bosnia partida entre la República serbio-bosnia y la Federación de los bosnio-croatas-musulmanes, mantiene latente un conflicto que sólo no vuelve a estallar en guerra por la presencia de un ejército de ocupación de 28.000 hombres de la OTAN-ONU. El mapa político está sembrado de conflictos de nacionalidades y etnias que los distintos imperialismos atizaron al máximo, y que siguen siendo una bomba explosiva. Están en juego la incorporación de Kosovo a Albania, la desintegración de Macedonia entre sus minorías albanesa, búlgara y griega, el futuro de la minoría albanesa de Montenegro y el futuro mismo de esta república, por mencionar sólo algunos de los problemas pendientes. Y ello sin contar los existentes en Bulgaria, Rumania, Turquía o los húngaros de Vojvodina, que hoy es parte de los restos de Yugoslavia y de Serbia. Estos conflictos no se resuelven mediante la limpieza étnica de serbios que posibilitó la ocupación de Kosovo por la OTAN. Entre otras cosas, porque a los imperialistas europeos les preocupa mucho que cientos de miles o millones de harapientos entren de la forma que sea a la Europa rica, que tiene un promedio de 10% de desocupados y fuertes corrientes xenófobas en varios países.
A las luchas entre etnias y naciones se agrega y combina la destrucción, las hambrunas y plagas que produjo la acción humanitaria de la OTAN y la inestabilidad política, en primerísimo lugar en Yugoslavia. Los Balcanes son el frágil bajo vientre de la ex URSS (incluida la región del Cáucaso, hoy sacudida por la guerra de Daguestán) y están muy cerca también de los problemas irresueltos de palestinos, kurdos y del conjunto de la difícil situación de Medio Oriente. A la compleja situación económica mundial, la guerra de la OTAN contra los Balcanes agrega un importante elemento, todavía confuso y/o manipulado, que es una importante radicalización antimperialista en Rusia, China y los Balcanes mismos. El anuncio de la continuación de la guerra de agresión, ahora sobre Colombia, crea una situación muy grave, de lucha antimperialista de supervivencia. Y también de posibilidades de enfrentar, a nivel de masas, la nueva política de terror mundial de la OTAN inaugurada en los Balcanes.