Para intentar superar la crisis de la izquierda(*)
Está muy bien tener un pensamiento crítico; renunciar al facilismo de creer que la revolución está a la vuelta de la esquina, que de un manotazo se agarra, que basta con ser vivo y así uno puede engañar a la burguesía sin ningún problema. Toda esa línea de pensamiento llevó a situaciones de desastre, a la situación actual. Pero lo que no hay que hacer es apartarse de la línea de interpretación del materialismo histórico.Yo coincido con los compañeros que opinan que, después de Trotsky, no hubo nada desde el punto de vista del desarrollo del pensamiento. Pero el problema es más de fondo. Hay que preguntarse por qué esto fue así. El genocidio del stalinismo y del nazismo en las décadas de los 20 y los 30, más la Segunda Guerra Mundial, provocó un desastre en las filas de los revolucionarios. Ocurrió lo contrario que a fines del siglo pasado. Del proceso de ascenso que siguió a la fundación de la Segunda Internacional, en 1889, surgieron una pléyade de talentos, de genios revolucionarios, porque la clase obrera estaba en ascenso. Y la burguesía como tal todavía revolucionaba la sociedad, y ahora hace ya mucho que la burguesía hunde a la sociedad. La clase obrera no ha podido todavía levantar la cabeza para aplastarla y es infinitamente difícil que logre parir nuevas camadas de revolucionarios del talento de los de comienzos de siglo. Si no se ve esto, se cae en una explicación metafísica de la crisis que vive la izquierda.
Sin dudas hubo errores en Trotsky o en Lenin. Esto se puede ver, pasados los años, en una perspectiva histórica. Pero eran gigantes. Y los gigantes también se equivocan. Lenin se equivocó muchas veces. Si no creeríamos en dios. Y no les quita absolutamente ningún mérito el que se hayan equivocado. Pero es evidente visto 60 años después que la etapa revolucionaria que Trotsky prevé en el Programa de Transición, no se podía dar, porque la magnitud de la contrarrevolución burguesa y staliniana en Europa, la hacía imposible.Y nosotros, la izquierda cuartainternacionalista, sobrevivimos más de 50 años tratando de mantener un hilo de continuidad con octubre. En condiciones absolutamente difíciles. Porque a la Segunda Guerra no la siguió la revolución proletaria sino el boom de posguerra y el apogeo del stalinismo. Este es el basamento materialista del proceso que se vivió. En la Argentina somos, de una u otra forma, expresión de un proletariado que fue uno de los más privilegiados y más atrasados de las semicolonias. De los que mejor vivieron, y que estuvieron enfeudados durante décadas a la conciliación de clases. ¿Y eso no tiene nada que ver con nosotros? ¿No nos afecta? ¿Vamos a construir el partido perfecto, al margen de una sociedad dada, en un momento histórico dado? Es imposible. Es imposible que esa sífilis horrenda del peronismo en la sociedad argentina y en el movimiento obrero, no nos haya tocado, no nos toque. Es imposible. El problema es definir las cuestiones más de fondo.
Una de ellas es que, de esa sífilis, se extinguió lo fundamental: porque carece de base material para perpetuarse. En consecuencia, empiezan a existir condiciones materiales para superarla, para que dé nacimiento a un nuevo tipo de movimiento obrero, un nuevo tipo de clase obrera y un nuevo tipo de revolucionarios. Si no es creer que los revolucionarios son como algo caído del cielo, que pueden colocarse por encima de las condiciones materiales en las cuales se desarrolla nuestro accionar. Esto es propio de distintos tipos de redentores. Los movimientos foquistas tenían algo de eso. Son muy respetables, porque se jugaron la vida, pero se equivocaron.
Y la izquierda argentina es parte de ese fenómeno. La esencia de la crisis de la izquierda argentina, por lo menos en los últimos 15 años, es que carece de estrategia de poder. Es una sumatoria de consignas y tacticismo, carentes de la estrategia de arrancarle el poder a la burguesía, por los únicos caminos posibles; y organizar al movimiento de masas, así sea a una franja relativamente pequeña, para ello. Más bien, como subproducto colateral de las condiciones materiales de un país signado por el peronismo, la conciliación de clases, la burocracia, etc., la izquierda lo que propuso fue un modelo honesto, luchador. Por ejemplo, en el movimiento sindical, opuesto a los burócratas privilegiados, con democracia sindical. Todo eso es imprescindible, es condición imprescindible. Pero para avanzar en una perspectiva revolucionaria no es suficiente. Por sí mismo no sirve para nada. No hay posibilidades de sindicalismo de clase si no es puesto en una perspectiva y una estrategia revolucionaria y de poder. Y la izquierda no está en eso. Pero la izquierda no nació de un repollo. Nació de esta sociedad. No hay que enojarse con la izquierda. Hay que comprender. Porque si no, no le vamos a ver salida.
Al mismo tiempo hay que entender que ningún fenómeno nace puro. Por ejemplo, los soviets en 1905, los impulsó el cura Gapón, que era agente de la policía, con el objetivo de joder a los sindicatos que eran donde dominaba la socialdemocracia. Lenin desconfiaba y hasta último tiempo no se metió en los soviets, porque efectivamente olía algo raro. Y cuando se metió ya se terminaba la revolución de 1905. Esto lo digo para ver que no hay ningún fenómeno que nazca químicamente puro. Si no se ve esto, se tiene una visión conspirativa de la historia. La sociedad no está dividida en compartimientos estancos entre las clases. Hay vasos comunicantes, hay trasvasamientos, hay influencia, hasta institucional. Entonces, el fenómeno químico de la lucha obrera separada de toda influencia, eso es pura metafísica, no tiene nada que ver con la realidad. El cordobazo es incomprensible sin ver la lucha que había entre la patronal argentina contra Onganía, que hace que Lanusse no mande el ejército a Córdoba durante un día entero_ Y no era la pequeña burguesía, o la patronal pesquera, ¡era el comandante en jefe del Ejército! A Lenin, ¿quién lo dejó pasar de Suiza a Petrogrado? ¡El alto mando alemán! ¡No los pesqueros de Mar del Plata! ¡El alto mando alemán! ¿Por qué? Entre otras cosas, porque sabían que Lenin estaba en contra de la guerra, y entonces ellos podían jugar tácticamente con eso.
Es importante ver esto, porque si no se cree que la revolución se puede hacer en una carrera de virginidad. Y eso no es así. La revolución es lucha de programas, de políticas. Pero en el programa Lenin se equivocó casi en todo. Tenía equivocada la caracterización del tipo de revolución a que se iba, en contra de Trotsky. El programa agrario lo cambió en julio-agosto del 17, y tomó el de los socialistas revolucionarios, el de reparto de la tierra. Y cuando le dijeron nos robaste el programa, dijo sí, te lo robé; pero la única forma de que los campesinos tengan la tierra es que la clase obrera tome el poder mediante los soviets. Y después veremos_ Sí, ¡y después veremos! Lenin vuelve loco a los historiadores burgueses. ¡Todo el poder a los soviets!, dice en las Tesis de abril. En julio, frena el impulso del soviet de Petrogrado a tomar el poder. Después, los soviets no sirven más para nada, hay que tomar el poder a partir de los comités de fábrica. Cuando viene la korniloviada en agosto y los soviets son los que encabezan la lucha contra la arremetida golpista, y se llenan de contenido, y los bolcheviques se hacen sus dirigentes, vuelve a plantear ¡todo el poder a los soviets! Esto es la negación del infantilismo del grueso de la izquierda acá, que agarra una consigna y no la suelta más, muere agarrada a esa consigna, así sea absurda. Yo creo que lo que hay que hacer, y cada vez hay mejores condiciones y más exigencia para pensar la realidad, elaborar y cambiar todo lo que haya que cambiar_Respecto de la izquierda, nosotros hacemos dos propuestas, distintas pero complementarias. Al conjunto de la izquierda que se reclama anticapitalista y socialista, aun la democratizante, le decimos hagamos un bloque por los tres o cuatro puntos en que estemos de acuerdo, a partir de esa definición. Y con todos aquellos con quienes estemos de acuerdo en una política obrera, revolucionaria, internacionalista, que parta de la lucha por la dictadura del proletariado, ¡busquemos cómo organizamos el reagrupamiento de los revolucionarios! Esto es otra cosa, no niega la anterior, pero es otra cosa. Al mismo tiempo, estamos abiertos a trabajar con toda una serie de grupos que están surgiendo, que son parte de la crisis. Porque la explicación de fondo de la crisis de la izquierda es que se agotó, básicamente, en la sociedad capitalista de la Argentina, la posibilidad de reformismo. En consecuencia, el tipo de organizaciones que nacieron, se desarrollaron y vivieron a la luz de esa sociedad, también se agotó. Entonces, hay un problema. Es un deber de todo revolucionario proletario luchar para ganar para el campo de la revolución, del internacionalismo, del socialismo, a todo el que pueda ser ganado. Y así no pudiera ganarse nada, cosa que a priori no se puede saber, hay que dar esa pelea para educar a la organización que se está formando, en que no se le regala nada a la burguesía. Y quien parte de una caracterización que dice todo lo anterior no sirve para nada, está construyendo algo nuevo que tampoco sirve para nada porque no es capaz de disputarle con uñas y dientes a la burguesía el capital que los revolucionarios acumularon en décadas. Es una cuestión de principios, por más diferencias que se tengan _Y tenemos muchas diferencias.
(*) Reproducimos la intervención de Jorge Guidobono, en el debate que se dio entre los concurrentes a la última reunión mensual abierta realizada por la LSR. En ella se manifestó preocupación ante el constatado fracaso que, hasta ahora, han tenido, en general, las propuestas unitarias. Dada la importancia del tema, creímos de interés dar a conocer estas opiniones.