OTAN: GUERRA DE CONQUISTA
El 24 de marzo de 1999 murió el orden internacional
instaurado al finalizar la segunda guerra mundial y sus
instituciones saltaron por los aires. Resulta irrelevante que se
mantengan formalmente la ONU y las leyes internacionales: todo ha
sido pisoteado. El papel de Naciones Unidas se limita a
convalidar a posteriori los hechos consumados por la OTAN
comandada por Estados Unidos, avasallando todo el sistema
internacional del último medio siglo. A la vez, la ONU se
mantiene como eventual reaseguro diplomático por si fracasara o
se empantanara la guerra de agresión contra el pueblo yugoslavo,
incluyendo a la población albanesa que habita en la artificial
división geográfica llamada Kosovo.
El 24 de marzo de 1999 marca un hito en cincuenta años de la
historia de Europa. Por primera vez la guerra volvió a ser una
realidad presente, en una escala superlativa, con la utilización
del más sofisticado armamento de última generación.
El 24 de marzo es la máxima expresión de la superioridad
militar de Estados Unidos y la llamada unipolaridad.
Al mismo tiempo, es el día en que pega un salto el proceso de
armamentismo de Alemania desde 1945, y se empieza a construir el
camino de las fuerzas armadas de la Unión Europea.
La OTAN es una sociedad anónima de asesinos imperialistas, hoy
unidos, pero con intereses contradictorios sobre el reparto del
botín, lo que no hace más que augurar nuevas guerras.
Belgrado es el escenario elegido por el imperialismo para
propinar una horrenda lección a sus habitantes. Pero a la vez
intenta ser una lección para que todos los pueblos del mundo
conozcan las bombas inteligentes que los arrasarán si osan
desafiar al imperialismo mundial.
Belgrado es el banco de pruebas por el que han pasado todos. La
tercera vía es Belgrado bombardeada. Infinitamente más
explícita que en los libros y discursos de Tony Blair. La
tercera vía son los aviones enviados por los gobiernos
socialistas, comunistas y
laboristas, que acompañan al progresismo
yanqui de Clinton en esta cacería colonial, en esta nueva guerra
del opio librada en las postrimerías del siglo xx.
Belgrado es la reedición corregida y aumentada de
agosto de 1914, cuando la socialdemocracia europea se alineó a
las órdenes de sus propios imperialismos.
Belgrado es la demostración de que no hay límites en la
capacidad de mentiras de los imperialistas. Los mismos que desde
hace siglos realizan genocidio tras genocidio entre los pobres
del mundo, hoy se disfrazan de humanitarios defensores de
los derechos humanos.
Belgrado demuestra que el nacionalismo es, desde hace decenas de
años, profundamente reaccionario, capaz de crímenes horrendos,
pero incapaz de enfrentar victoriosamente al imperialismo.
Milosevich y su desde hace años frustrado intento de conformar
una Gran Serbia, es un ejemplo de la barbarie y la
impotencia del nacionalismo en la actual fase de la historia.
Los imperialistas europeos en particular los de
Alemania se quedaron con Croacia y Eslovenia y cumplieron
el viejo sueño de Bismarck de llegar a las tierras calientes del
Mediterráneo. Europeos y yanquis desguazaron Yugoslavia e
instalaron protectorados militares en Bosnia (28.000 hombres),
Macedonia (14.000 soldados cuando empezó la guerra) y Albania;
esta última convertida en portaviones terrestre para miles de
aviones y helicópteros Apache, y en campo de entrenamiento de
miles de soldados para una eventual agresión terrestre.
Polonia, Hungría y la República Checa fueron incorporadas a la
OTAN pocos días antes de que ésta se lanzara al asalto de
Yugoslavia, para soldar su colaboración con ella.
Todo este operativo no hace más que brindar una reiterada
demostración de que el llamado plan Carter de
defensa de los derechos humanos tras la derrota
de Vietnam, no fue más que un vulgar taparrabos con el que se
intentó disfrazar la continuidad de la permanente política de
saqueo imperialista. Es tanto su interés por los derechos
humanos, como el del oscurantismo religioso por el desarrollo de
la ciencia.
Para engañar a los pueblos del mundo el imperialismo busca
demonizar a su viejo aliado Milosevich, como antes lo hizo con
Saddam Hussein.
El millón de muertos en Ruanda por la responsabilidad del
imperialismo francés así lo atestigua. Los pueblos enteros
desaparecidos en Guatemala, lo atestiguan. Colombia y los cientos
de miles de muertos y refugiados que provocó Estados Unidos, lo
atestiguan.
La lista es interminable_ A Latinoamérica le tocó primero
España_ a otros Portugal_ Y más tarde, Estados Unidos aplastó
a México, robándole California, Texas y cuatro estados que
equivalen a toda la superficie del México actual. Después
anexó a Puerto Rico, a Filipinas y colonizó a Cuba, antes de
que finalizara el siglo pasado.
Y en este siglo intervino en forma militar directa o preparó
golpes de estado mediante sus agentes en cerca de cien
oportunidades.
¿Y los derechos humanos? Bien, gracias. Pinochet está
cómodamente preso en Londres; pero Kissinger que fue su patrón,
sigue dirigiendo el mundo.
Estados Unidos termina el siglo como lo comenzó: inventando
Panamá como país en 1903, para garantizar el control del canal
transoceánico. Ahora inventa Kosovo.
Y Alemania pudo cumplir algunos de sus sueños imperiales, que se
habían frustrado en dos guerras mundiales.
Ambas potencias intervinieron activamente en el desmoronamiento
de una economía y una sociedad agotadas, las de la ex URSS y el
este de Europa, precipitadas a la desintegración por la crisis
de la economía mundial capitalista y su refracción en los
eslabones más débiles.
Tanto la agobiante falta de libertades en las sociedades
controladas por la vieja casta burocrática
contrarrevolucionaria, como la opresión nacional existente en
buena parte de ellas, fueron las banderas con las que el
imperialismo se permitió engañar a las masas con reclamos
justos que, a la vez, posibilitaban el desguace de los estados.
Diversos sectores de la burocracia restauracionista pudieron
quedarse con alguna porción, sobre todo asociándose con una u
otra potencia imperialista o con los grandes monopolios
internacionales, como el del petróleo y el gas.
Nada de revolucionario hubo en ese proceso. Los trabajadores no
fueron sujetos ni protagonistas de nada, sino objetos de la
manipulación de fracciones burocráticas y/o burguesas y/o
imperialistas.
El régimen controlado por la burocracia se cayó como una fruta
madura porque se sobrevivía a sí mismo. No constituía ninguna
etapa necesaria para el desarrollo humano. Por el contrario,
cierta acumulación interna, combinada con la asociación con el
capital internacional, sentaron las bases para un salto en
calidad en la transformación de la vieja casta burocrática en
clase burguesa, con todos los elementos de piratería inherentes
a una fase primitiva de acumulación capitalista. Sólo que,
ahora, en las postrimerías del siglo xx y con la economía
mundial controlada por el imperialismo.
El problema para ese proceso de reconversión capitalista, es que
se produce en los tiempos de un régimen capitalista
históricamente agotado, que se sobrevive también desde hace
muchas décadas, y que arrastra una crisis crónica desde hace ya
treinta años. Opinamos junto a Trotsky:
El Termidor ruso habría abierto una nueva era al reinado
de la burguesía si este reinado no se hubiera vuelto caduco en
el mundo entero.
Esta agresión de la OTAN tiene como objetivo primario pegar
un salto en ese proceso. Estados Unidos busca reposicionarse
frente a Alemania. Y Alemania busca aprovechar la invasión para
pegar un salto hacia el militarismo que le estuvo vedado durante
medio siglo.
Las perspectivas para los trabajadores del mundo son sombrías.
El camino de la barbarie de una sociedad en descomposición está
abierto como nunca.
No se puede volver hacia atrás. El dilema histórico de barbarie
o revolución socialista internacional está cada vez más
presente en cuanto necesidad objetiva. Y esto es independiente de
que viejas generaciones de luchadores no vean ninguna posibilidad
de revolución y de que las nuevas camadas estén haciendo
recién sus primeras armas. Pesa la confusión política.
La ofensiva ideológica ha golpeado muy duro. Ha calado hondo
incluso en las filas de quienes se reclaman del socialismo
revolucionario, tanto en los grandes centros imperialistas
europeos como en América, y también en la Argentina.
La frontera de clase se desdibuja y el odio hacia el enemigo de
clase desaparece con ella. Por ese camino, no se puede cumplir
objetivamente otro papel que el de justificar
por izquierda la barbarie imperialista, aunque
también se la rechace de palabra.
Los socialistas revolucionarios estamos siempre en favor de la
derrota del imperialismo, a manos de quien sea, así sea de
tribus de caníbales, aunque no compartamos la antropofagia. Es
una elemental cuestión de principios. Tan elemental como la
lucha por la supervivencia.
La humanidad no está en peligro por las prácticas ancestrales
más o menos brutales de alguna tribu marginal. La humanidad
está amenazada por los demócratas imperialistas que perpetraron
y perpetran toda clase de genocidios para defender la
ganancia que llega a sus bolsillos, aun al precio de poner en
riesgo la existencia del planeta mismo.
A los pueblos que sufren el ataque del imperialismo, e intentan
enfrentarlo, no le pedimos un diploma de derechos
humanos, así carguen con un dictador a su frente.
Simplemente porque el mayor criminal que hostiga a los pueblos
del mundo es el imperialismo. Cualquier golpe que él reciba es
un paso adelante en la historia de la humanidad. Por eso
estuvimos y estamos con los somalíes salvajes que
echaron a las tropas humanitarias que iban a
alimentarlos con plomo encapsulado. Y eso no
significa que tengamos ningún tipo de solidaridad con los jefes
somalíes y sus políticas.
En Yugoslavia hoy, estamos contra la OTAN, estamos en favor de su
derrota, y estamos junto al agredido pueblo yugoslavo.
Y estamos en contra de Milosevich, en forma completamente
subordinada a la denuncia y al ataque imperialista. Milosevich es
un nacionalista reaccionario, capitalista y bárbaro,
completamente incapaz de llevar a la victoria al pueblo que
sojuzga.
Una guerra con posibilidades de victoria sobre la OTAN, sólo es
aquella que se encare desde el internacionalismo, opuesto al
retrógado y despótico nacionalismo. Una guerra dirigida por un
poder de obreros y campesinos, que otorgue amplias libertades a
todos los pobres y que termine con toda opresión étnica,
religiosa o cultural.
Una dirección que transforme la guerra de agresión en guerra
civil regional, sentando así las bases para la solución al
endémico problema nacional en los Balcanes.
Una guerra y una dirección internacionalistas y socialistas, que
una a los pueblos en una federación socialista de los Balcanes,
sin capitalistas, sin tiranías nacionalistas, sin vestigios de
opresión sobre ninguno de los pueblos dispersos en la región.
Una federación que se funde sobre el respeto al derecho de cada
pueblo a separarse de ella si así lo desea, es la única forma
de soldar la unidad de los explotados.
Nada de eso puede lograrse con la OTAN y sus protectorados
militares instalados en toda la región; con decenas de miles de
soldados y aviones en Bosnia, Macedonia y Albania, con el cielo
abierto en Bulgaria y con las bases aéreas instaladas en
Hungría, que se suman a las que se asientan en Grecia desde hace
años.
En estas condiciones resulta un absurdo, por decir lo menos,
discutir si algún minúsculo y pobre territorio debe
autodeterminarse o independizarse: lo único que tiene por
delante, es ser una colonia, un protectorado de la OTAN.
Pero tras setenta días de bombardeos, destruida como nación,
cercada por la indiferencia mundial y por la vecindad de las
bases militares imperialistas instaladas durante la guerra fría,
Yugoslavia también demuestra en esta década las limitaciones de
esa gigantesca máquina de matar, para doblegar rápidamente a un
pequeño país.
Jorge Guidobono
1º de junio de 1999
Este artículo y el de pág. 11, forman parte de textos publicados en el libro La OTAN ocupa los Balcanes, editado como contribución a un debate de vital actualidad, sobre un tema en el que el terrorismo ideológico del imperialismo causó fuerte impacto en la clase media y arrastró a buena parte de la izquierda mundial.