PARAGUAY UN REGIMEN A LOS TUMBOS
El asesinato de Argaña aceleró vertiginosamente la crisis. A menos de 15 días de que el Parlamento decidiera si iniciaba juicio político al entonces presidente Raúl Cubas, tres hombres a cara descubierta acribillaron al vicepresidente, opositor a Cubas.
Frente al asesinato, la CUT una de las centrales obreras llamó a una huelga por tiempo indeterminado hasta que renunciara el presidente. Unos tres mil campesinos que habían llegado a la plaza frente al congreso para que fueran perdonadas sus deudas con el estado, se vieron involucrados en la crisis y se sumaron, por su lado, a reclamar la renuncia de Cubas armados con palos. La condonación de sus deudas sería votada por el por los legisladores de la oposición a cambio de que se quedaran en la plaza a reclamar "la defensa de la democracia".
Tras la resolución de los campesinos de quedarse en la plaza, comenzaron a sumarse, de manera espontánea otros sectores. Pero ellos no fueron los únicos que se congregaron en la plaza. También se hizo presente un grupo de oviedistas. Al comenzar los enfrentamientos entre los oviedistas y la oposición, intervino la policía con una feroz represión, que dejó decenas de heridos. Los manifestantes de la oposición respondieron expulsando de la plaza a los oviedistas y a la policía.
Ante esto Cubas decidió enviar al ejército para dispersar a los manifestantes. Las barricadas le dijeron "no pasarán". En su último intento por echar a los opositores, Oviedo organizó un grupo de francotiradores que se instaló en un edificio privado, aledaño a la Legislatura. Las masacre desatada por éstos, cobró ochenta heridos y más de diez muertos. Otra vez el valor del pueblo paraguayo volvió a resistir la arremetida.
Frente a los hechos se produjo el repudio y la presión del imperialismo yanqui que declaró que "no existe espacio para la violencia en el proceso democrático". Por su lado el presidente de Brasil, Cardoso, declaró que "el Mercosur sólo es posible en democracia" y "el país que entre en un rumbo no democrático quedará afuera". El Congreso puso manos a la obra para destituir a Cubas ante la "sospecha" de su autoría en el crimen.
Luego de un rápido y trucho juicio político, forzado por las presiones internacionales y por la multitud que en la calle exigía la destitución del presidente, llegó la renuncia de Cubas, su rápida huida a Brasil y la asunción del argañista Luis González Macchi (presidente del senado) con un gabinete de coalición integrado por el sector del partido colorado opositor a Oviedo (el partido Liberal Radical Auténtico y Encuentro Nacional).
La renuncia de Cubas, frente al peligro de muerte, y su posterior exilio realizado clandestinamente, fueron negociados por la embajada norteamericana con la colaboración de la iglesia.
Finalmente, Cubas dejó la orden de liberación de Lino Oviedo para que huyera y pidiera asilo político a su amigo Menem.
La impunidad con la que actuaron los asesinos, usando escopetas calibre 22, fusiles automáticos, pistolas y granadas, en esta férrea sociedad militarizada, deja en claro la capacidad de supervivencia que tiene el régimen dictatorial de los tiempos de Stroessner por debajo de la formalidad del voto en la democracia burguesa, donde las instituciones funcionan sólo como fachada de los "chanchullos" de las figuritas de poder. No es raro entonces que los sectores de la burguesía se disputen a balazos el botín del estado, del narcotráfico y del contrabando.
Si bien resultaría difícil encontrar culpables, es claro que se extiende por todo Paraguay una red de relaciones de poder muy compleja. El sector de Cubas y Oviedo acusa al ex-presidente Juan Carlos Wasmosy, el hombre más adinerado del país, que se enriqueció con la construcción de Itaipú y las grandes represas. Está siendo investigado por la desaparición de US$ 6.000 millones (además de las ganancias legales) durante su gobierno. Ello equivale al 60% del PBI y a diez veces las reservas internacionales del país. También se investiga la quiebra de 17 bancos y 14 financieras, que dejaron a 200 mil ahorristas en la calle.
En Paraguay no puede ser de otra manera por la vigencia, desde los tiempos de Stroessner, de una corrupción devoradora y el contrabando de droga y el saqueo como norma (fue señalado por el último informe de Transparency International como el segundo país más corrupto del mundo después de Camerún). Durante los casi diez años que lleva el remedo democrático se malversaron fondos públicos por una cantidad sideral. La economía paraguaya tiene desde hace cuatro años crecimiento cero, agotado el gigantesco crecimiento de los 70-80 debido a la construcción de las grandes represas posibilitadas por una geografía privilegiada.
El hecho nuevo que aporta este proceso es la masiva presencia del pueblo en las calles por casi cinco días consecutivos, luchando no sólo contra los grupos oviedistas sino también contra el ataque feroz de la policía y el Ejército. Los manifestantes antioviedistas que reclamaban la destitución de Cubas lucharon honestamente por defender las hilachas de las libertades en la miserable democracia.
El paradisíaco discurso de González Macchi de "el pueblo ha triunfado", no es más que un vil engaño, ya que el único ganador es él y sus secuaces que, desde el poder, logran una tajada más importante en el reparto de la torta económica. Su asunción no hace más que patear para adelante la crisis crónica que vive el país, y abrir una tregua entre los diferentes sectores del coloradismo y en la relación de los herederos de Argaña con la oposición integrada hoy al gobierno. Este parate se da porque la crisis no tiene salida ni social ni política a la vista.
La clave es la falta de dirección revolucionaria que pueda orientar la lucha en defensa de las libertades democráticas de forma que ésta sea un trampolín para ir educando a las masas en una perspectiva antimperialista y anticapitalista, aprovechando la lucha para encauzar el alza de la gente y orientarla hacia una salida revolucionaria que realmente ponga fin al régimen de corrupción, contrabando y estafas, que es parte orgánica del capital. La verdadera importancia radica en que el pueblo sea consciente de la fuerza que posee y que la pueda aprovechar para liberarse de la opresión de la burguesía e imponer un gobierno de los trabajadores, campesinos y pobres, es decir, un poder revolucionario.
cecilia