Ecuador: El despertar de la fiera

La crisis en el Ecuador –decíamos en el número anterior de Bandera Roja– es de larga data, y el rol de los trabajadores y el pueblo sería, en gran medida, decisivo para definir el éxito o el fracaso de la imposición del ajuste que tenía en mente el gobierno. La respuesta de los trabajadores, junto a los indígenas y campesinos, fue contundente. El jueves 11, las organizaciones sociales e indígenas llamaron a la desobediencia civil, a retirar los depósitos bancarios, a no pagar las cuentas de luz y gas y a mantener un estado de movilización permanente. Una marcha de 20.000 maestros que se dirigía a la Casa de Gobierno fue reprimida por la policía; al norte de Quito las poblaciones indígenas cortaron la mayoría de las rutas y tomaron de rehenes a militares y policías. El país quedó paralizado, sin transporte público y con todos los comercios con sus puertas cerradas. Los días pasaron sin dar respiro al gobierno. El martes 16, miles de taxistas y choferes del transporte público tomarón las calles y las rutas de las principales ciudades del país en protesta por el aumento del combustible. Los enfrentamientos entre los manifestantes y la policía dejaron un saldo de ocho heridos por gases lacrimógenos y disparos de bala de goma. Por la tarde, una masiva movilización del Frente Unitario de Trabajadores, que aglutina a indígenas y sindicatos de trabajadores, transformó a Quito en una ciudad “tomada”. Cuando un grupo de militares intentaba abrirse paso entre las barricadas que habían levantado los trabajadores, éstos atacaron la camioneta y los militares debieron abandonarla y ponerse a salvo tras un cordón policial: ante la huida de los “valientes” los trabajadores incendiaron la camioneta y la empujaron hacia el refugio de policías y militares. La situación duró nueve días. El viernes 19, el gobierno, claramente contra las cuerdas y sin iniciativa, jaqueado por las protestas que se desarrollaban en todos los rincones del país, y dando clara muestra de entender que lo que estaba en juego era la manija de la sociedad, no dudó en girar 180 grados. En esta tarea fue ayudado por las distintas fracciones opositoras, incluyendo a las variantes de centroizquierda e izquierda, así como también sus brazos sindicales, que firmaron con el gobierno un “pacto de gobernabilidad”, llamando al cese de la huelga a cambio de anular parte del paquete de ajuste, dado que estaban tan asustados como el mismo gobierno por el despertar de la fiera mansa, que nadie lograba contener. El hecho de que el gobierno haya tenido que dar marcha atrás parcialmente con el paquete de ajuste, es un triunfo de los trabajadores. Pero a la vez, hay que tener en claro que el ajuste es lo único que tiene para ofrecer, y es por eso que ideó otro plan. Este no es menos doloroso para los trabajadores y el pueblo, aunque ahora se maquille de querer balancear el ajuste “presionando” sobre aquellos que más tienen. El nuevo plan, entre otras medidas, contempla: “aumento de un 35% del combustible, retoma el impuesto a la renta, crea un impuesto del 3% al patrimonio empresarial, 15% para las ganancias de las empresas, un 1% para las operaciones bancarias, 4% a los vehículos de lujo, reforma de los derechos laborales y retiro del congreso de la mayoría de los proyectos de privatización que incluían las empresas públicas de comunicaciones, petróleo, puertos y correos, cuya exigencia viene siendo digitada desde el FMI para sentarse a hablar sobre créditos para el gobierno. Con este nuevo proyecto se pretende bajar el déficit de un 6,5% a un 3,5% lo que le permitiría generar, por lo menos, 520 millones para el fisco. Pero la fragilidad del mismo se encuentra en que existe una evasión impositiva del 60%” (Clarín, 19/3/99).

Sin acuerdo por el cambio de manga

La burguesía de Ecuador está dividida en dos grandes sectores más o menos homogéneos. Un sector pertenece a la zona de la sierra (Quito) y el otro sector a la costa (Guayaquil). Estos están tradicionalmente enfrentados por el manejo del gobierno y, por ende, de los negociados. El cambio de paquete de ajuste le costó a Mahuad la pérdida de su principal aliado en el gobierno, el Partido Social Cristiano, representante de la burguesía de Guayaquil, dado que el nuevo proyecto perjudica a este sector en favor de la burguesía de Quito. El actual empantanamiento de las negociaciones del nuevo proyecto fiscal, sin que se avizore un acuerdo a corto plazo entre los distintas fracciones burguesas, refleja la frágil estructura del pacto político forjado hace semanas. El tiempo transcurre sin que el gobierno haya conseguido la totalidad de los votos que necesita para su aprobación y de ésta depende que el FMI otorgue los créditos “prometidos”. El gobierno tiene una única fuente de presión sobre el resto de las fracciones burguesas: hacerlas responsables si la situación estalla porque “el tiempo agrava la crisis”. La advertencia lanzada por el presidente Mahuad no tuvo eco en Guayaquil. Los empresarios del principal centro económico del país, apostando aún más fuerte, se declararon en rebeldía. Hasta tal punto que llamaron a una marcha el 8 de este mes para protestar junto con la población, en contra el gobierno nacional, en una clara maniobra por aprovechar la protesta social para llevar agua a su molino. En la manifestación reclamaban “el cese de aumento y creación de impuestos, la reestructuración de la deuda privada, la tramitación de la condonación de la deuda externa por parte de Francia; la descentralización del estado, la privatización del petróleo y el saneamiento del sistema financiero, aunque no coincidan con la linea dura que exige el FMI de que todo banco que tiene problemas de líquidez debe cerrar, porque los bancos quebrados son de este sector. También se oponen al estudio que pretende realizar el gobierno con especialistas del FMI para conocer la realidad de este sector” (El Universo, Quito, 11/4/99). Está claro que el centro de la pelea entre la burguesía está dado por las privatizaciones de las empresas de un estado al borde de la quiebra, y para lo cual han hecho alianza con diferentes grupos extranjeros. Los sectores que con mayor avidez miran, tanto extranjeros como nacionales, son petróleo, correos, puertos y comunicaciones. En lo que sí están de acuerdo es en avanzar en la descentralización del Estado, dado que les cuesta bastante caro mantenerlo. Pero teniendo en cuenta que no se pueden deshacer del mismo por claras razones, por lo menos pretenden bajar el costo. Para lograr su cometido tienen un escollo a resolver que es la negativa por parte de la fuerzas armadas. Estas han acumulado, bajo las alas de los diferentes gobiernos, un poder económico-político convirtiéndose en los árbitros de la situación política del país, jugando de mediadores entre las diferentes fracciones burguesas y garantizando la gobernabilidad. Las FF.AA. ya declararon que no están dispuestas a discutir la descentralización del país, dado que “su función es garantizar la unidad territorial”. Es decir no están dispuestas a abandonar su rol sin presentar batalla para defender los grandes beneficios que su actual situación les reporta.

Organizarse y luchar por el poder

Esta claro que durante el desarrollo y profundización de la crisis, los trabajadores, campesinos e indígenas están dispuestos a enfrentarla, como lo vienen demostrando desde el ’96. La experiencia del pueblo ecuatoriano también pone de relieve que grandes luchas pueden hacer retroceder temporiamente los planes de ajuste de la burguesía, al punto de destituir a los diferentes estafadores. No obstante, el problema de los explotados y oprimidos sólo se resolverá si ellos mismos son capaces de forjar su propio poder, organizándose y enfrentando a todas las variantes burguesas, centroizquierdistas y de “izquierda” del sistema, como a sus direcciones sindicales, claramente adaptadas al régimen democrático burgués, o jugando con un sector militar encabezado por el general Paco Moncayo, “héroe” de la guerra con Perú en el ’95 y actual diputado de “izquierda”. Los mismos que no dudaron ante la rebelión popular en hacer de bomberos de la burguesía. Si hasta hoy el pueblo ecuatoriano no ha logrado voltear al gobierno de Mahuad y a la burguesía, no es por falta de decisión de las masas de plantarse, sino porque aún no han logrado forjar su dirección revolucionaria que dé la pelea a muerte por el poder y por la imposición de un gobierno de los explotados y oprimidos.

BLAROUSON

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