¡Por la derrota de la OTAN!

La lucha por la derrota de la OTAN es una causa de vida o muerte para que los pueblos del mundo entero no sean carne de cañón en una nueva carnicería bélica desatada por las potencias imperialistas. Para ello hay que presentar pelea ideológica y política, y ganar las calles. En buena medida la suerte de Yugoslavia depende de la batalla por transformar en conciencia activa la desconfianza instintiva de un gran sector de trabajadores que “olfatean” que las palabras humanitarias de la OTAN sólo pretenden esconder la masacre que está llevando adelante. Hay que ganar la cabeza de los trabajadores, desenmascarar la patraña “humanitaria” con la que los genocidas encabezados por Estados Unidos intentan recubrir su brutal agresión, apoyada en su extrema superioridad tecnológica en el plano militar. La LSR convoca a la más amplia unidad de acción para movilizarse contra la OTAN (ver tapa). Al mismo tiempo, declara:

1 Se cayó el disfraz de los derechos humanos. Los bombardeos están en la base del masivo éxodo de la población del Kosovo, por un lado; y brindan también base –más que argumental– a la supuesta “gesta nacional” de los paramilitares de Milosevich, “el carnicero de Belgrado”. Las imágenes de los bombardeos al tren, al puente o a la fábrica, recorrieron el mundo_ Y las “disculpas” por los supuestos “errores” sólo pueden convencer a quienes están previamente de acuerdo con las “bondades humanitarias” de la OTAN.

2 ¡Contra el imperialismo agresor! es el posicionamiento clasista más elemental. ¡Nada de lo que éste haga es en bien de la humanidad! Estados Unidos castiga con la ley el uso de términos como “negro”, “gordo”, etc., por discriminatorios, al tiempo que mata con 41 balazos a un africano por portación de color y condena a muerte a Mumia Abu-Jamai. Esto es infinitamente más valedero en lo que respecta a la inédita agresión desatada en Europa en el último medio siglo. La consecuencia política es simple: el punto de partida es el posicionamiento y la pelea por la derrota de la OTAN. La “defensa del pueblo del Kosovo” es una gigantesca mentira que hay que desenmascarar. La política imperial de la OTAN jamás se inmutó ante la “limpieza étnica” que realizó su protegido ejército croata cuando, en 1992, expulsó a 100.000 serbios de la Krajina serbia de Croacia. Hay que desnudar que en la Bosnia “independiente”, la OTAN tiene 30.000 soldados de ocupación. Que Macedonia es otro protectorado militar del imperialismo. A él se sumó Albania, en el curso de la guerra, como base para los helicópteros Apache (tanques voladores) y para la tropa aerotransportada. Y ahora se suma el espacio aéreo de Bulgaria, para encerrar en un anillo de fuego a Yugoslavia. Los acuerdos de Rambouillet pretendían formalizar el mismo destino para Kosovo, como sede de una fuerza de ocupación de 30.000 hombres de la OTAN. Era preparar la secesión a tres años vista; por eso Milosevich no los pudo aceptar. Por la misma razón sí los aceptó el ELK (Ejército de Liberación de Kosovo), en la perspectiva de integrar la “Gran Albania”. En estos momentos se encuentra deliberando la OTAN en Washington, con dos objetivos: ampliarse con el ramillete de pequeños países surgidos del desmoronamiento de la URSS y, muy probablemente, resolver formalmente la invasión terrestre de Kosovo (y, eventualmente, de toda Yugoslavia). Ya ha resuelto abolir las fronteras de su intervención, y ser el Gendarme del planeta y los pueblos del mundo, terminando de tirar a la basura los restos de su propio “derecho internacional”.

3 La guerra es la continuación de la política por otros medios. Y esto vale también para explicar la agresión imperialista. El objetivo central que comparten hoy las potencias de la OTAN es pegar un salto en el dificultoso proceso de restauración capitalista en todo el Este, en particular en la ex URSS europea (Rusia, Bielorrusia y Ucrania). Por eso necesitan bases operativas militares dirigidas hacia el centro y el este de Europa. No es extraño entonces, que la agresión se diera pocos días después de que Polonia, Hungría y la República Checa ingresaran como nuevos socios en la OTAN; y que hoy se esté discutiendo en Washington su ampliación a casi todo el Este.

4 Pero este objetivo común no anula las contradicciones en el bloque imperialista. Los yanquis necesitan actuar –haciendo valer su superioridad bélica– para tratar de impedir que sea Europa la que se quede con la gigantesca presa de la ex URSS (que era lo que estaba sucediendo gradualmente por el lado económico). Por eso irrumpieron en los Balcanes como un pistolero en un saloon del Far West. Para ello contaban –y cuentan– con la incondicionalidad británica. Alemania y Francia están de acuerdo con acelerar el despojo y la recolonización capitalista, y se montan en la agresión para lograr su propio provecho. Alemania desplaza hombres y aviones por primera vez desde 1945 (ahora establece una base en Macedonia) y trata de concretar planes de paz. Francia, hasta ahora, venía vetando el bloqueo naval de petróleo a Yugoslavia. Ambas potencias tratan de avanzar hacia una especie de “estado europeo común”, para lo cual preparan su basamento esencial: fuerzas armadas europeas unificadas, es decir, la banda de hombres armados sin la cual el euro tiene graves limitaciones. En un segundo plano, se agrega la crisis crónica del “ala sur” de la alianza, con el enfrentamiento que arrastran Turquía y Grecia desde 1974, y con la situación del Kurdistán, que es un elemento poderoso de desestabilización del Medio Oriente. Los aliados de hoy son los potenciales contendientes de mañana, sea directamente o por medio de terceros. Por ahora, eso es música del futuro. En este preludio, los pueblos pagan –y pagarán– con su vida y sus sufrimientos, el militarismo.

5 Existe el peligro de que se generalice la guerra, como mínimo, a los Balcanes. Por eso los imperialistas tratan de posicionarse muy fuertemente, con mil aviones y con crecientes tropas en Bosnia, Macedonia y Albania, además de las estacionadas permanentemente, en todas las bases regadas por Europa. Hay un operativo militar in crescendo, que incluyó el reciente aumento del presupuesto militar en todas las grandes potencias, acompañando la descomunal crisis de sobreproducción que atraviesa la economía mundial. Al tiempo que se redobla el militarismo, se buscan puentes de negociación y/o rendición de Milosevich. La clave para ello es Rusia (y el papa Wojtyla acompaña). No obstante, no parece cercano un alto el fuego.

6 El pueblo serbio está resistiendo con una gran dignidad nacional. Al mismo tiempo, está imbuido de la bárbara mitología nacionalista acerca de que Kosovo es “lugar sagrado” porque el zarismo serbio perdió, en 1389, la batalla contra el sultanato otomano. El patrioterismo gran-serbio del gobierno “socialista” de Milosevich está destinado a embarcar al pueblo en la llamada “gran gesta patriótica antinazi” de la Nueva Federación Yugoslava. Hoy, cualquier guerra “nacional”, en las condiciones políticas de Serbia y los Balcanes está condenada a la derrota, abrupta o gradual. Una guerra antimperialista con posibilidades de éxito, requiere de una dirección proletaria, socialista e internacionalista que, simultáneamente, enfrente y derrote al gobierno burgués-nacionalista-xenófobo encabezado por Milosevich (lo cual involucra, sin dudas, innumerables problemas tácticos para los revolucionarios internacionalistas). Esa es a la vez, la forma de unir en una misma lucha con perspectivas de progreso, a los explotados de Serbia y a los explotados de Kosovo y de toda la región. La LSR está por la derrota de la OTAN y por la victoria del pueblo serbio, de sus obreros, campesinos y trabajadores. Para vencer al agresor externo tiene, a la vez, que vencer al agresor interno: lograr el derrocamiento revolucionario de Milosevich, de la casta procapitalista y de su aparato militar y policial, responsables de todos los horrores que el imperialismo utiliza y magnifica para dar cobertura a su escalada. La brutalidad oscurantista es propia de cualquier dirección nacionalista. Y es particularmente horrenda en una región como los Balcanes, mezcla de naciones, etnias, religiones y culturas, como producto del desarrollo de la historia a lo largo de más de un milenio. Sólo una dirección internacionalista y anticapitalista puede despertar las simpatías del proletariado europeo y transformarlas en aliado activo para golpear al enemigo en su retaguardia, en su frente interno.

7 Los “cartógrafos” socialistas, que proclaman su apoyo a cuanta nueva frontera traza la puja por la recolonización del Este, tienen infinitas menos posibilidades de resolver por esa vía la cuestión nacional en los Balcanes, que las que tuvo el presidente norteamericano Wilson cuando en 1919 su propuesta de 14 puntos –finalizada la Primera Guerra– incluía la creación de Yugoslavia como la unión de los eslavos del sur. Por ejemplo, Kosovo es una creación artificial de la segunda posguerra y de la lucha antinazi. No existe el “kosovar”: es un albanés que vivió medio siglo en Yugoslavia junto a una minoría serbia que hasta hace 25 años era mucho más numerosa, pero con muy baja natalidad. Así es toda la región. En Macedonia, los albaneses viven como minoría junto a búlgaros y griegos. Los serbios también están diseminados: son minoría en Bosnia, Croacia, Kosovo y el resto de las repúblicas y regiones autónomas de la ex Federación Yugoslava. Los húngaros también habitan Vojvodina en Yugoslavia, y Timisoara en Rumania. Los búlgaros perdieron a Macedonia y a su población en la segunda guerra balcánica (frente a griegos y serbios). En la ex URSS, los rusos eran mayoría en Kazajastán y fuertes minorías en los países bálticos, en Ucrania y en otras repúblicas_

8 Así como no se puede ganar la guerra sin una conducción obrera, socialista, internacionalista, tampoco se puede intentar resolver la cuestión nacional si no es desde esa política. El problema nacional sólo puede encontrar solución en el marco de una Federación Socialista de los Balcanes, que respete el pleno derecho de cada pueblo, incluyendo el de la autodeterminación y/o la independencia. Los socialistas revolucionarios defendemos el derecho a la autodeterminación de los pueblos, pero no alentamos esa política. Somos partidarios de eliminar las fronteras con las que se divide a los explotados del mundo, no de multiplicarlas. Alertamos sobre el mayúsculo sometimiento, opresión y explotación que se esconde tras el rimbombante nombre de “independencia” en las actuales condiciones de la dominación capitalista mundial, y en las del Este de Europa en particular. Y si levantamos la defensa del derecho a la autodeterminación, lo hacemos como forma de impedir que los explotados sean embaucados por los estafadores nacionalistas, burgueses o burocráticos; y que el enemigo imperialista especule con esas banderas. Nuestras banderas son aquellas que mejor sirvan para derrotarlo, para unificar el interés de los obreros como clase, por encima de las fronteras nacionales. De ahí nuestra política de Federación Socialista de los Balcanes (libre y voluntaria). Somos enemigos del nacionalismo y partidarios del internacionalismo. Estamos convencidos de que la única guerra justa es de clases y no de “naciones”. No hay “autodeterminación” posible en un mundo controlado al extremo por uno u otro imperialismo. En ese mundo, la verdadera autodeterminación de pequeños pueblos –en su mayoría campesinos y atrasados económicamente– tiene tanta posibilidad de sobrevivir como un barquito de papel en una tormenta en el medio del océano. En las actuales condiciones político-militares, Kosovo sólo puede ser autónomo o independiente de la misma forma que Puerto Rico es un estado “libre asociado”, desde que Estados Unidos lo ocupó hace ya un siglo (y reprimió con saña a los independentistas de Pedro Albizú Campos, a quien mantuvo preso durante décadas).

9 El responsable fundamental de todos los horrores “nacionales” es quien –directa o indirectamente– diseñó el mapa del mundo entero: el imperialismo mundial, con el colonialismo y las guerras, con el trazado de las fronteras según su interés y aplicando el dicho romano “divide y reinarás”. Por eso fomentó y fomenta odios y rivalidades adormecidas, en Africa, Asia y todo el planeta. Y pretende mantener balcanizada América latina en una división absolutamente funcional a la dominación de su patio trasero. Milosevich es un carnicero nacionalista y eso facilita la propaganda imperialista. Pero si en su lugar hubiera un socialista revolucionario e internacionalista, la agresión imperialista sería mil veces más feroz. E inventarían, para ello, todos los trucos e infamias publicitarias para engañar a los pueblos del mundo. Como ya lo hizo para atacar en 14 frentes a la victoriosa revolución rusa en 1917-20, manipulando a las pequeñas nacionalidades a las que el poder soviético había concedido su independencia. Estados Unidos, que se presenta como defensor de los “derechos humanos”, carga con el mayor historial de genocidios. Son los “demócratas” del genocidio de My Lai y Vietnam. Son los responsables del genocidio en Guatemala, de la guerra contra Irak y su millón de muertos, de la agresión “contra” a Nicaragua, del bloqueo y la permanente agresión a Cuba_ y un larguísimo etcétera que incluye ser los padrinos de Pinochet y Videla. Creer que “sin pretextos” el imperialismo no intervendrá ni cometerá los peores genocidios, es perder de vista la esencia del imperialismo: expoliadora, antidemocrática y belicista.

10 En los Balcanes no se eliminarán los problemas nacionales y étnicos sin una Federación Socialista, libre y voluntaria que respete a cada uno de sus múltiples segmentos. Y en el mundo no se terminará con el flagelo de la guerra sin destruir al imperialismo capitalista que es, en esta fase de la historia, su fuente y fogonero.

jorge guidobono

 

 

 

1