CHAVEZ EN BUSCA DE UN TRONO

“Dicen que soy un tirano ¿Qué clase de tirano convoca al pueblo para que se exprese?”, disparó Chávez en alusión a la consulta popular del próximo 25 de abril en la que los venezolanos “decidirán” si quieren cambiar la constitución. Digamos para empezar que los referéndums o plebiscitos son la forma de consulta de todos los tiranos. Lo hicieron Pinochet en Chile y la dictadura en Uruguay, por poner sólo dos ejemplos. Este referéndum impulsado por el ex teniente coronel Chávez es el paso previo y el trampolín para su convocatoria a una Asamblea Constituyente que, si puede, disolvería el parlamento y la Corte Suprema y al mismo tiempo lo convertiría en el nuevo “monarca” de Venezuela, el dijo que con 14 años de presidencia le alcanza. Las limitaciones que el Congreso ha dispuesto en estos días a los poderes especiales en materia económica que le otorgó el mes pasado, han precipitado el decidido avance de Chávez. “¿Qué clase de tirano es Chávez?” Utilizando sus propias palabras: “un tirano que convoca al pueblo para que se exprese”. Para que exprese su desconfianza y repudio a los dos partidos que gobernaron Venezuela en los últimos cuarenta años, respaldándolo a él. Un tirano populista que se apoya en el desempleo, el hambre y la bronca contra las instituciones tradicionales para montar un régimen bonapartista y ultrarreaccionario con él a la cabeza. Un tirano con un discurso nacionalista, embaucador y demagógico. “¿Qué clase de tirano?” Uno proveniente de las Fuerzas Armadas, que actualmente se apoya en ellas para resguardarse, al mismo tiempo que les “lava la cara” con “tareas comunitarias”. También se respaldará en ellas a la hora de reprimir los descontentos populares o potenciales levantamientos (como nuevos “caracazos”) que su gobierno generará. “¿Qué clase de tirano es Chávez?” El que ha dejado de lado paulatinamente su discurso antimperialista para prometer transformarse en el incondicional socio norteamericano (en la región más rica en petróleo de América del Sur). Ya poco queda de sus promesas electorales de “no pagar la deuda externa”, y tampoco hay noticias del prometido aumento a los estatales. Son totalmente comprensibles las ilusiones que ha depositado en Chávez el pueblo venezolano, sobre todo porque parten del hartazgo con sus actuales condiciones de vida y buscan encauzar un cambio que les posibilite salir del desempleo y la miseria. Millones de explotados han depositado su confianza en las promesas de su potencial verdugo. Pero es muy poco lo que Chávez podrá otorgar para alivianar los desnutridos bolsillos del 80% de pobres y de los trabajadores y así mantener el respaldo popular. Las actuales ilusiones pueden volverse su contrario debido, fundamentalmente, a las políticas antiobreras y antinacionales que Chávez tendrá que continuar llevando adelante. El pueblo venezolano tendrá la última palabra.

Mario

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