SECCIÓN HYPATIA
Esta sección está compuesta por los aportes de Adolfo Solano Arias, y en ellas el lector encontrará artículos sobre temas variados relacionados con el pensamiento crítico y el escepticismo. A continuación se ofrece una lista de los componentes de la sección y sus respectivos enlaces:


SECCIÓN HYPATIA

Por Adolfo Solano Arias.

El hecho de que una opinión haya estado muy difundida no es prueba alguna de que no sea totalmente absurda; y por cierto, en vista de lo tonta que es la mayoría de la humanidad, una creencia extendida tiene más posibilidades de ser necia que de ser sensata.

Bertrand Russell: La ética cristiana en el matrimonio y la moral.

INTRODUCCIÓN INICIO | ARRIBA

El nombre de la sección se debe a la última gran filósofa neoplatónica, Hypatia, egipcia que vivió en Alejandría entre los 370 - 415 d. C. Ella además de filósofa y astrónoma, fue la primer mujer en destacarse en las matemáticas y realizó comentarios de obras de Diophantus, Apollonius y de los cánones astronómicos de Tolomeo. Su último cargo fue la dirección de la gran biblioteca de Alejandría, antes que esta fuera quemada. Era cabeza de la escuela neoplatónica en Alejandría. Siempre opuso el racionalismo científico al naciente cristianismo, tanto así, que fue brutalmente asesinada con conchas de almejas por un grupo de fanáticos cristianos nitrinianos, bajo el mando de Cyrilo, que más tarde fue canonizado por la Iglesia Católica.

Hypatia de Alejandría


EDUCACIÓN, COMUNICACIÓN Y ESCEPTICISMO INICIO | ARRIBA

Por Adolfo Solano Arias.

El presente artículo está inspirado en el capítulo titulado Modelos de Educación y Modelos de Comunicación de Mario Kaplúm, en su libro El Comunicador Popular (Quito, Ecuador: CIESPAL, 1985).

El que hoy en día, las personas en general estén dispuestas a creer casi en cualquier cosa, por más incierta que esta sea, sólo por el hecho que está en letra impresa, porque lo percibe en la pantalla de la t.v., lo escucha en la radio o lo ve, como Ud. en estos momentos, en la pantalla de su computador; es algo que, según creo, se debe a la manera en que hemos sido educados y al sistema de comunicación que estos medios masivos utilizan.

Me parece evidente, como afirma Kaplúm que “a cada tipo de educación corresponde una determinada concepción y una determinada práctica de la comunicación”. Si bien es cierto que se han generado muchos enfoques educativos, siempre ha persistido y así será por mucho tiempo si no lo cambiamos, el enfoque academicista, que tiene como modelo de comunicación una mera transmisión de conocimientos. Paulo Freire, calificó a esta comunicación como “bancaria”, pues el educador no hace nada más que depositar conocimientos en la mente de su alumno.

Para todos es bien conocido estos tipos de educación y comunicación, pues es la imperante en el sistema educativo de todos los países. A esta educación tradicional no le interesa formar seres humanos sino solamente informarles.

Paulo Freire es su libro “Pedagogía del Oprimido” nos da las siguientes características de este enfoque educativo. El educador siempre es el que educa, es él quien habla, hace e impone reglas, selecciona los contenidos de cada disciplina y es quien posee el conocimiento. Mientras que el educando se caracteriza por ser siempre al que se educa, sólo escucha, obedece y acata las reglas que le han sido impuestas, los contenidos los recibe en forma de depósito, se asume que no sabe nada y se le ve como el objeto del proceso.

En este enfoque no existe diálogo y participación del alumno, se centra en la memorización de datos, procesos y conceptos más que en el desarrollo de la creatividad y el análisis. Cualquier falla en la reproducción fiel de los contenidos es castigada, cualquier intromisión personal es suprimida como un error. Los ejes son sólo el plan de estudios, de ante mano programado, el profesor y los textos como productos finales.

Los resultados en el alumno, quién más tarde será radioescucha, lector o televidente, se acostumbra a la pasividad y no desarrolla su capacidad de razonar, su conciencia crítica y creativa. Se establece una jerarquía entre el educador y el educando, que fomenta una sumisión al principio de autoridad, el alumno internaliza la superioridad del docente, que más tarde transferirá al plano político, social, religioso, intelectual, etc. Los educandos adquieren una mente cerrada o dogmática, incapaz de analizar la información recibida, independientemente de la evidencia de los hechos o de la autoridad de la fuente. Se hace ver a la persona que ella no sabe y lo que es peor, que no posee la capacidad para generar conocimientos y analizar. Paulo Freire, al respecto afirma: “La educación bancaria dicta ideas, no hay intercambio de ideas. No debate o discute temas. Trabaja sobre el educando. Le impone una orden que él no comparte, a la cual sólo se acomoda. No le ofrece medios para pensar auténticamente, porque al recibir las fórmulas dadas, simplemente las guarda. No las incorpora, porque la incorporación es el resultado de la búsqueda, de algo que exige de parte de quien lo intenta, un esfuerzo de re-creación de invención.”(1)

Así, la comunicación en el enfoque educativo tradicional-bancario es unidireccional, o como lo llama Kaplum es un “monólogo” del emisor. La relación emisor – receptor es vertical, no horizontal. Es decir, denota la superioridad del emisor sobre el receptor. Como ya se afirmó, el único que emite es el comunicador, sólo este habla, sabe y escoge los contenidos. El receptor sólo recibe, escucha y no conoce nada. Tal diseño de comunicación, emisor / mensaje / receptor es hijo directo de este modelo de educación, es decir, ambas son bancarias.

Lo grave de esta situación es que este modelo de comunicación, se ha hecho tan común, que sin ser conscientes de ello, sigue influyéndonos en todas las informaciones que nos son transmitidas. En los medios de comunicación ¿quién es el que escoge los contenidos?, ¿se consulta a la comunidad sobre lo que verdaderamente quiere o más bien por fines mercantilistas se crean “necesidades” en el público?

Si tenemos presente que el sistema educativo actual es causal de niños, adolescentes y jóvenes acríticos y de un sistema de comunicación que refuerza este estado en el resto de sus vidas, tomamos conciencia que si queremos personas menos susceptibles a ser embaucadas por supuestas afirmaciones paranormales y pseudocientíficas; debemos fomentar una apermuta en la educación formal, que es el lugar privilegiado en nuestra sociedad, para permitir ese cambio de mentalidad en los individuos. Se debe dejar de adoctrinar y desarrollar más el cuestionamiento, el escepticismo y la creatividad.

Para formar “ciudadanos responsables” no basta con darles dominio de una especialidad. Esto es necesario, pero de ninguna manera suficiente. Se debe enseñar a razonar, a someter a la duda metódica las ideas nuevas para analizar las hipótesis en su justo valor, de manera objetiva e imparcial. Se debe ver a los alumnos del salón de clases como seres humanos capaces de ser protagonistas del cambio a una sociedad más objetiva respecto a las metas que desea alcanzar.

No debemos dormirnos en nuestros laureles y pensar que en este nuevo siglo, con los grandes avances de la ciencia y la tecnología, las creencias infundadas desaparecerán con el pasar del tiempo. Esto es categóricamente falso. Al contrario, si no nos mantenemos vigilantes ante las irracionalidades existentes, éstas pueden en algún momento penetrar en la estructura de la ciencia y la tecnología.

Es muy común escuchar que los niños y jóvenes de hoy comprenden mejor la ciencia. Pero esto, a hasta cierto punto, es falso. Hoy la juventud se siente menos intimidada por la ciencia y la tecnología que sus antepasados. Muchos niños pueden hablar de temas científicos, e impresionar a sus padres y maestros, pero el que parezca como si supieran de lo que hablan no implica que así sea. El periodista científico James Burke ha dicho “nunca ha habido tanta gente que ignore tantas cosas”. Un hecho que quizás demuestra mi afirmación, es que no existe ningún impedimento para que un joven utilice su computador para obtener su horóscopo o calcular sus biorritmos. ¿Sabe ese joven algo sobre los fundamentos científicos y tecnológicos que hacen que su computador funcione?.

El objetivo de la educación, en el sentido general, debe ser el de formar personas aptas para la reflexión, receptivas ante las ideas nuevas pero capaces de tener una actitud crítica y escéptica sobre ellas. Es imperativo detener el reemplazo de la razón por la sensación, pues este reemplazo es el refugio de las supersticiones, pseudociencias y las creencias paranormales.

(1) Freire, Paulo. La Educación como práctica de la libertad. Tierra Nueva, Montevideo, 1969.


El hábito no hace al monje: La verdad sobre Lobsang Rampa INICIO | ARRIBA

Por Adolfo Solano Arias.

En 1956 apareció en Inglaterra un libro titulado The Third Eye (El tercer ojo) cuyo autor, que firmaba como Lobsang Rampa y pretendía ser un auténtico lama tibetano, contaba una serie de proezas sobrenaturales de los monjes de ese lejano y “misterioso” país.

Con este autor nos enteramos de las secretas pruebas iniciáticas a las que son sometidos los neófitos al sacerdocio budista. Pero el libro se centra en el cómo se confiere al iniciado su “tercer ojo”, el ojo que lee en el interior de los seres y de las cosas, sin importar el espacio y el tiempo. El “tercer ojo” otorga el poder de ser un “visionario”, sea lo que signifique esto.

Luego vinieron otros libros tratando temas relacionados al budismo y el esoterismo tibetano y el mismo personaje pretendía descender de una familia de la aristocracia tibetana, incluso su padre pertenecía al mismísimo gobierno del Dalai-Lama, en Lhasa, capital del Tibet.

El éxito de todos estos libros (alrededor de treinta) fue tan grande que se han vendido hasta la fecha varios millones de ejemplares, en casi todos los idiomas. Muchas personas, en las que alguna vez me incluí, nos inspiramos y hasta algunos siguieron al pie de la letra los consejos de esas obras y en algunas ocasiones con trágicas consecuencias.

En 1958, unos periodistas del Times descubrieron que Lobsang Rampa se llamaba en realidad ¡Cyril Henry Hoskins!. Nacido en Devonshire a miles de kilómetros de Tibet y su padre era un humilde fontanero que trabajaba en Londres. ¡Bueno tal vez su padre pertenecía a la Royal Society of Plumbers (Sociedad Real de Fontaneros)!, sin agraviar al gremio.

Pero la cosa no acaba aquí, el señor Hoskins nunca, al menos hasta 1958, había salido de la Gran Bretaña. Pero cuando el fisco inglés pretendió cobrar los impuestos por sus obras, Hoskins, en un acto de una gran moral de monje budista, se trasladó a Irlanda y luego huyó a Canadá donde se instaló con su mujer. En este país logra su nacionalidad en 1973 y este gran lama tibetano muere de una crisis cardiaca en un hospital de Calgary, en Alberta, en enero de 1981.

En resumen, Lobsang Rampa, el célebre monje tibetano que dio a conocer a millones de lectores los “misteriosos y grandes secretos” de la iniciación que vivió en el Tibet, ¡no era lama!, ¡ni tibetano!, ni siquiera sus padres eran asiáticos. Sin embargo, más de cuarenta y tres años después del descubrimiento de esta gran mentira, sus obras todavía son presentadas como las de un auténtico lama y siguen inspirando a los lectores en todas partes del mundo. Por supuesto, nuestro país no es ninguna excepción. Para cualquiera que desee, llamarse esoterista, es lectura obligatoria y en consecuencia las librerías no se cansan de importar y promocionar la colección completa de Lobsang Rampa como la obra más exhaustiva sobre el budismo tibetano.

Actualmente cabe preguntarse ¿cuánto de Rampa poseen los gurús?, como por ejemplo Chopra, a pesar de su evidente descendencia racial.


DESPEDIDAS DEL MÁS ACÁ INICIO | ARRIBA

Por Adolfo Solano Arias.

El siguiente artículo está basado en un fragmento del libro Le Paranomal de Henri Broch (Éditions du Seuil, París, 1985). Broch a su vez se inspiró en una carta del físico Luis Álvarez publicada en Science, vol. 148, 18 de junio de 1965, p. 1541. (1)
Agradezco a Samir Farah por la traducción de dicho fragmento.

Tal vez en una o quizás dos ocasiones, le ha pasado a Ud., o a algún conocido suyo, la siguiente situación:

En un momento dado Ud. pensó, sin razón aparente, en un viejo conocido suyo que no ve desde hace mucho tiempo o mejor aún, lo recuerda en una fecha un tanto especial o particular, como el cambio de año o su cumpleaños, lo que aumenta el dramatismo a la experiencia. No pasan ni cinco minutos cuando suena el teléfono para informarnos de la muerte de la persona que Ud. justamente estaba recordando hace algunos instantes. ¡Increíble! ¿Cómo negar esta experiencia espiritista del muerto que se despide su amigo?, ¡La coincidencia es imposible afirman espiritistas y parapsicólogos!

Esta historia creo que no es lejana para la experiencia cotidiana de nadie y si Ud. no la ha vivido; le predigo, sin usar ninguna bola de cristal, que es solo cuestión de tiempo para que sus amigos, vecinos o compañeros de trabajo le cuenten una historia semejante.

Pero como nos dice Broch “consideremos esto más atentamente“:

Empezaremos por suponer que Ud. conoce un número de personas y se entera de la muerte de mil de ellas en el curso de treinta años, eso sí, al decir “conocer” es en el sentido amplio de la palabra. Además supondremos que Ud. no piensa en cada una de ellas, sino una sola vez cada treinta años. Debe notar que ambos supuestos son estimaciones bastante débiles.

¿Cuál es la probabilidad para que, al pensar en una persona, Ud. se entere en un lapso de los cinco minutos siguientes, solamente por azar, por cualquier medio, de la muerte de esa persona?

Esperando que no tenga fobia por los números, aquí vamos. El número de intervalos de 5 minutos en treinta años es: 30 años X 365 días/año X 24 horas/día X 12 intervalos de 5 minutos/hora = 3 153 600, que redondearemos a 3 000 000, para facilidad de los cálculos. Esto es igual a decir que Ud. debe acertar un bodoque de papel, es decir, un único intento, en un solo cubo escogido previamente que está en un conjunto de tres millones de cubos. La probabilidad de enterarse de la muerte de la persona en que pensaba en cinco minutos es de 1 entre 3 000 000, lo que constituye algo muy débil.

Pero como Ud. conoce a 1 000 personas de cuya muerte se enterará en treinta años, la probabilidad de que efectivamente se entere de la muerte, en las condiciones antes descritas, de una de esas personas, será: 1 000 X 1/3 000 000 = 1/3 000, lo que da un resultado superior pero siempre es muy débil, como tres posibilidades entre 10 000. Pero Ud. vive en un país de 4 000 000 (para el caso de Costa Rica). Así que sobre el número de nuestra población, la supuesta despedida espiritual debida al azar es de 4 000 000 X 1/3 000, que es igual a ¡1 300 casos!, pero en treinta años, osea que en un año hay una probabilidad debida al azar, de ¡43 casos!. Manejando los datos, esto es igual a que ocurra un caso de estos aproximadamente cada 8 días (los 43 casos anuales divididos entre las 52 semanas del año).

Así que hay un número, razonable, de posibilidades debidas solamente al azar y no a fantasmas o fenómenos paranormales, ya sean premoniciones, telepatía o factor médium, porque en estos casos la parasicología no sea puesto de acuerdo sobre que fenómeno ocurre. ¿No será que todavía no se han percatado que no ocurre nada sobrenatural?

Henri Broch hace el cálculo para su país, Francia, y calcula la población en 50 000 000, al menos para el año en que escribió el libro y obtiene un resultado de “¡530 casos por año!”. Así amigo lector, calcúlelo para su país, a ver que obtiene.

(1): Comenta Broch que esta carta produjo una discusión con J. B. Rhine, el llamado padre de la poco satisfactoria parasicología “científica”, que fue publicada en The Skeptical Inquirer, Vol. VI, No. 4, verano de 1982, p. 72. Henry Broch es físico de la Universidad de Niza y miembro del CSICOP.


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Iniciativa para la Promoción del Pensamiento Crítico (IPPEC-CR)
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