Materialismo, credulidad y escepticismo


Por Víctor Quirós Vargas

La realidad en la que los seres humanos nos desenvolvemos, llevamos a cabo nuestras actividades prácticas y relaciones sociales, es una realidad material. El componente único del que está formada la realidad es la materia. Esa realidad material tiene una existencia concreta, objetiva e independiente (no separada) a nosotros y a nuestro conocimiento. Es decir, las cosas, naturaleza y personas son y existen independientemente a nosotros. Han existido antes y van a existir después de nosotros. Así, las representaciones y conceptualizaciones que nos hacemos los humanos de las cosas las hacemos porque las cosas existen y son, y no al revés como lo propone el idealismo: que las cosas existen porque las conceptualizamos o las percibimos. La realidad material existe independientemente de que la veamos, oigamos, olamos, gustemos o toquemos.

La materia es el componente único de nuestra existencia biológica, social y cultural. No existen las "realidades alternas", "inmateriales" o sobrenaturales; hasta el momento no hay evidencia de ellas. Las afirmaciones relacionadas con estas "realidades" nunca se respaldan en evidencia empírica (porque no la tienen) sino en mera retórica. Así, todos los fenómenos humanos ligados con lo sobrenatural: religiones, ocultismo, magia, brujería, superstición, astrología, "fuerzas vitales"; son precisamente creaciones humanas; producciones históricas y sociales con significados culturales, pero carentes de validación empírica. Los fenómenos fantásticos que se ligan a ello no tienen existencia material, por tanto no son reales y se quedan en el ámbito de la especulación o de los sistemas de creencias, como por ejemplo las religiones.

Los sentimientos humanos: alegría, tristeza, afecto, decepción, ilusión, etc., son emociones humanas; no tienen existencia por sí mismos, sino que proceden y son parte del ser humano material concreto, de carne y hueso. Los sentimientos entonces no son algo exterior a las personas, no son entes sobrehumanos ni sobrenaturales o inmateriales, sino que son parte de la constitución material, neurológica y social (histórica y cultural) del ser humano. Nadie se deprime porque lo posee un demonio ni nadie se alegra porque lo ilumina un espíritu. Estas emociones, además, son desatadas por estímulos materiales: situaciones sociales, relaciones interpersonales, historias de vida, etc.; en combinación con procesos cerebrales también materiales y objetivos. Es decir, no existe el espíritu de la alegría o el demonio de la tristeza.


LA "NUEVA ERA" O EL MISTICISMO SENSACIONALISTA DE FINES DEL SIGLO XX.

Por esta razón las corrientes new age, dentro de las que se incluyen las "prácticas médicas alternativas"basadas en postulados o conceptos metafísicos, religiosos o paranormales, como por ejemplo el qui gong, la auroterapia, la homeopatía, la acupuntura, la orinoterapia, entre otras, están enmarcadas dentro del ámbito de la superstición y el espiritualismo ya que se fundamentan en postulados metafísicos y místicos, materialmente inexistentes, provenientes en el mejor de los casos de tradiciones culturales milenarias (principalmente orientales) completamente vaciadas de su significado local y original, y en el peor de los casos de meras especulaciones inverosímiles que son asimiladas acríticamente por sus seguidores deseosos de algo fantástico y relajante en que creer. Tales postulados son, por ejemplo, las "fuerzas vitales" invisibles y misteriosas (homeopatía y quiropráctica), el alma, o el "chi" y sus dos principales formas: el "ying" y el "yang". Según estas terapias, los desbalances o perturbaciones de los mencionados entes paranormales son la causa primera de la mayoría de enfermedades, y el restablecimiento de ellos con bailes, diluciones infinitesimales o el movimiento de manos sin tocar al paciente constituyen la cura para todo. Tratar enfermedades con base en el misticismo es tanta insensatez como tratar de resolver conflictos psicológicos interpretando sueños o recuperando "recuerdos reprimidos" de la infancia con tratamientos "hipnóticos".

Increíblemente este tipo de "terapias médicas"y "psicológicas" son puestas en práctica diariamente con el respaldo de académicos, en muchos casos sólo porque contradicen a Occidente o al "conocimiento científico occidental", como si ese fuera un argumento para probar su legitimidad. La base con la que se trata de validar este tipo de "prácticas sanitarias" son los testimonios anecdóticos de gente que asegura haber sido curada. Este tipo de testimonio no constituye ninguna evidencia ni prueba seria ni fiable ya que los testimonios no pueden ser examinados ni comprobados. Lo que no se puede examinar (lo incomprobable) no puede ser validado (no se puede saber si es cierto o falso), esa es la base de la subsistencia milenaria de los dogmas y de los relatos fantásticos. Las anécdotas entonces no constituyen prueba respetable: así como hay gente que atestigua haberse curado con la orinoterapia o la homeopatía, así también hay gente que atestigua haber conseguido favores sobrenaturales de adivinos, psíquicos o astrólogos; así hay gente que afirma haber visto a la virgen María; así hay gente que sostiene haber viajado con extraterrestres; así hay gente afirma haber doblado cucharas con la mente, etc. El mostrario de la credulidad humana es extenso.

Además la "satisfacción" con el uso de estas "terapias" sanitarias no prueba que funcionan, ya que se puede deber a una serie de explicaciones más realistas, sencillas y sensatas:

1. FALACIA POST HOC ERGO PROPER HOC: O, "después de, entonces debido a". Es decir, si un acontecimiento "B" sucede después de un acontecimiento "A" no quiere decir que "B" se deba necesariamente a "A". Por ejemplo, si tengo una herida en carne viva y me tomo un vaso de leche, y la herida sana y cicatriza por los mismos mecanismos curativos del cuerpo humano dos semanas después de tomarme la leche, eso no quiere decir que la herida se sanó por la leche. Simplemente una cosa sucedió después de la otra. De la misma forma, si visto determinado pantalón un día y ese día salgo bien en un examen, no quiere decir que para el próximo examen tenga que vestir el mismo pantalón (fundamentalmente en ese tipo de relaciones arbitrarias entre objetos inanimados a los que se les atribuye cualidades "sobrenaturales" y determinados acontecimientos es que radica la superstición). Desgraciadamente, de forma regular a los humanos nos gusta establecer arbitrariamente un vínculo causal entre "A" y "B", en este caso entre la leche y la curación, especialmente cuando se quiere creer en algo. Ni siquiera la correlación prueba la causalidad.

2. PENSAMIENTO DESEOSO (WISHFUL THINKING): Es una forma de pensamiento que se presenta cuando se quiere creer fervientemente en algo, lo que lleva a obviar toda la evidencia y argumentos en contra por lo placentero y relajante de mantener la creencia. A veces se realiza a propósito, lo que lleva a la falsificación de la verdad.

3. PENSAMIENTO SELECTIVO: Se presenta cuando arbitrariamente se seleccionan únicamente los aspectos que favorecen una creencia y se desecha la evidencia que la objeta. Robert T. Carroll afirma en su diccionario del escéptico que el pensamiento selectivo es la base de las creencias en los "poderes psíquicos", por ejemplo cuando algún psíquico quiere "adivinar" nuestra vida por teléfono o leyendo la palma de la mano, y de 20 intentos acierta 3. Aunque parezca increíble las personas probablemente tiendan a fijarse y absolutizar los tres aciertos dando entonces por hecho que el "psíquico" posee "poderes paranormales".

4. EL EFECTO PLACEBO: En cuestiones sanitarias es un estímulo emocional que se produce por el hecho de ser tratado por algún especialista o bien por un chapucero, no por el tratamiento en sí mismo. La confianza que se tenga en una persona o tratamiento y la esperanza que en ellos se ponga puede ser un gran colaborador en el alivio o curación del padecimiento, especialmente si éste tiene alguna relación con la tensión, la culpa, la ansiedad, etc. El efecto también puede ser negativo, como señala John Dodes en su artículo "The Mysterious Placebo", y se presenta por ejemplo cuando un médico en un descuido arruga la cara ante su paciente mientras revisa resultados de exámenes, hace gestos de disgusto, etc. Ello puede producir la pérdida de confianza del paciente y los resultados al final de cuentas pueden ser perjudiciales.


LA CREDULIDAD.

Estas formas de pensamiento parcializado están muy ligadas a la psicología de la creencia y asimismo están detrás de los ejemplos más horrorosos de credulidad humana. Precisamente la credulidad, el asimilar sin mayor cuestionamiento las expresiones aparentes de determinados fenómenos o las afirmaciones sensacionalistas de oportunistas "trascendentales", y dejarse llevar por ellas considerándolas hechos reales, sin mayor prueba que la que exigen, por ejemplo, la emoción, la fantasía o un acto de fe, suele ser relajante y hasta alentada por instituciones e individuos que ejercen autoridad.

Relajante, porque permite soñar y escaparse en ideas sin fundamento que no requieren ningún tipo de prueba ni respaldo que les dé sentido. La credulidad puede hacer posible consuelos en seres supremos cuya existencia hasta el momento no se ha probado, o fantasías alucinantes en vidas siguientes o anteriores. Las ansias de creer pueden llevar a una persona a obviar los aspectos más evidentes y sencillos de un fenómeno para darle crédito a lo más inverosímil. Muchas veces incluso aunque se esté consciente del sinsentido, se terminan involucrando los sentimientos asociados a la creencia (al estilo de "no tiene sentido, pero es más emocionante pensar que es así"), lo que produce que la prueba y la validación salgan sobrando. De esta forma se llenan artificialmente vacíos emocionales de muchas personas en busca de ayuda y consuelo, de lo que se aprovechan los charlatanes y oportunistas ("brujos", astrólogos, "psíquicos", etc.).

La credulidad ciega es letal porque no nos permite pensar por nosotros mismos. La predisposición y sugestionabilidad puede hacer que una persona dé por válido prácticamente cualquier cosa. La credulidad es también estimulada por las instituciones que ejercen autoridad (religiosas y políticas por ejemplo) ya que las fantasías y alucinaciones que produce desvían la atención de los problemas concretos, de sus diversas y contradictorias causas y de sus diversos y contradictorios causantes, y de esta forma nos atrofia la capacidad como sujetos transformadores de nuestra realidad social, dejando el camino libre a una pequeña elite política, económica, social y religiosa, para que se reproduzcan y se perpetúen en sus actos, no todos ellos para el bien del colectivo social.


EL VALOR DEL ESCEPTICISMO.

En un momento histórico de la humanidad en el que la superstición, la creyencería y los disparates de todos los tipos parecen adueñarse de las vidas cotidianas de millones de personas, el escepticismo cobra aun más valor como una herramienta fundamental con la cual aprender a pensar por nosotros mismos y afrontar la vida y sus acontecimientos cotidianos de una forma realista y racional. El cuestionarse las cosas valorando la sensatez de lo que se nos presenta, de lo que se nos dice desde las instituciones de poder, como por ejemplo las religiones, las organizaciones políticas y los aparatos publicitarios; el cuestionarse las cosas observando, probando, examinando y finalmente confirmando o descartando las afirmaciones a las que estamos expuestos diariamente; son estrategias que nos conducen a pensar críticamente y por lo tanto de forma independiente. Eso no les conviene a los que ejercen poder. Abordar nuestras situaciones cotidianas de una forma realista y racional, examinando, confirmando y descartando con el peso de la prueba que tenga lo que examinamos probablemente no nos depare respuestas inmediatas y fáciles (como la astrología, los hechizos, etc.-) pero al final de cuentas las respuestas que se obtengan de esa forma nos serán mucho más confiables y sensatas.

Uno de los pasos más importantes para discriminar entre lo sensato y lo inverosímil es el valorar los argumentos que presentan las afirmaciones o fenómenos que se nos presentan a diario, y es por ello que una de las principales pistas acerca de la seriedad de una afirmación o acontecimiento es la posibilidad de validación que tenga, cuán compatible es con lo que hasta el momento sabemos que es cierto. En este sentido, una de las propiedades más rescatables del racionalismo y el método científico es que brindan el espacio para el reconocimiento del error a la luz del peso de la prueba y la evidencia, y por lo tanto permiten la constante corrección, darse cuenta si una cosa es válida o no. Por el contrario, un acto de fe nunca podrá ser objeto de error y por lo tanto será inmutable y estático mientras dure la creencia.

El escepticismo contradice, y es una forma de combatir muchos de los fenómenos que reproducen y perpetúan la acriticidad a partir de la cual viven estafadores, farsantes y corruptos, como por ejemplo la publicidad consumista, el consumismo en sí, el fundamentalismo religioso, la superchería (como el ocultismo, la brujería, etc.) y la politiquería. Es por ello que el escepticismo resulta peligroso para quienes ejercen el poder político y económico y el poder sobre la conciencia de las personas. Al respecto, Carl Sagan (1996:9) sostiene que: "...El escepticismo desafía a las instituciones establecidas. Si inculcamos en todo el mundo, por ejemplo estudiantes de secundaria, el hábito de ser escépticos, probablemente no limiten su escepticismo a la publicidad sobre la aspirina o a los mediums que canalizan espíritus de personas de 35.000 años de edad. Puede ser que comiencen a hacer preguntas difíciles acerca de las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. ¿Entonces dónde estaremos?..."

La creyencería, la superstición y el misticismo sensacionalista existirán mientras seamos seres humanos, pero ello no lleva a que nos quedemos cruzados de brazos. Debemos intentar colaborar de todas las formas posibles para lograr que cada vez más personas tengamos un poquito más alerta nuestros sentidos y conciencia, tengamos una actitud más crítica y así podamos detectar cuándo nos están engañando, cuándo o quiénes quieren aprovecharse de nosotros a través de nuestra credulidad. Hay que creer en nosotros mismos, no en las posiciones de los planetas o en personas con "poderes paranormales". El día que lleguemos a creer un poquito en nosotros mismos, todos esos farsantes van a perder su trabajo.


Referencia bibliográfica

DODES, John (1997): "The Mysterious Placebo". En: Skeptical Inquirer. Vol. 21. No. 1, Ene/Feb 1997. Nueva York. The Committe for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal (CSICOP).

SAGAN, Carl (1996): "The Burden of Skepticism". En: The Outer Edge. Classic Investigations of the Paranormal. Nueva York. The Committe for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal (CSICOP).


Volver a artículos | Ir a página principal

Iniciativa para la Promoción del Pensamiento Crítico (IPPEC-CR)
1