El Imperio Motorizado Sin Freno (IMOSFRE)


Se nos ha pedido que caractericemos al Imperio Motorizado Sin Freno (Imosfre). Cual Bartleby, preferiríamos no hacerlo, pero causa bicicletuda nos impele a desobedecer brevemente cualquier preferencia.

En un sentido acotado, pueden considerarse expresión del Imosfre todos los medios de transporte que se propulsan o traccionan por un motor, sea éste accionado por la combustión de hidrocarburos, por la energía eléctrica u otra fuerza distinta a la que se obtiene de la acción de la musculatura humana. En un sentido amplio, el Imosfre está formado por todos aquellos artefactos -no sólo medios de transporte- cuya función principal -moler, rebanar, agitar- es generada por algún motor como los arriba indicados: maquinaria para la industria textil o los adminículos para la casa de un burgués: juguera, exprimidora, enceradora, modernas cortadoras de pasto, entre otros.

Ahora bien, por qué tomar a nuestro adversario de una forma acotada? Es decir, cuál es la razón que nos lleva a restringir el Imosfre a los medios de movilización? Eso habría que preguntárselo al Barón Karl von Drais (Q.E.P.D.), muerto en 1851, justo después de crear el Movimiento de Furiosos Ciclistas (MFC).

Considerado en abstracto, el Imosfre es lindísimo, de atractivos colores y cilindradas o caballos de fuerza de potencia variable. Todo, cual fuese si un Pegaso que, con una bujía en el culo, vuela en el Olimpo. Sin embargo, el Imosfre debe considerarse en un contexto -el planeta Tierra- donde produce más efectos negativos que positivos, siendo aquéllos los que nos interesan. Por ejemplo: contaminación acústica, por gases y partículas, extensión horizontal de las ciudades, consecuente aumento en los tiempos de viaje, y, era que no, las brontosaurias con mermelada, los papeles pica'os, la cebolla en escabeche, citando sólo lo más obvio.

Pero así, de repente, nos preguntamos qué crestas estamos haciendo. El Movimiento de Furiosos Ciclistas (MFC) es una entidad afásica. Por ende, mal podríamos caracterizar al Imosfre, nuestro archiadversario. Además, nos dieron ganas de andar en bicicleta, sentir los elementos dando contra nuestros cuerpos e incurrir, por ende, en una conducta pueril imprescindible.

Adiós!

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