|
Un
poco de historia
Los deportes crecieron y se desarrollaron en el territorio cordobés en la misma proporción en que se extendieron las vías del ferrocarril, portadoras del germen sportivo cultivados por los trabajadores ingleses.
En esa gran aldea de fin del siglo 19, la ciudad de Córdoba perfiló su gran afán deportivo. Disciplinas como el cricket, el golf, la esgrima, las carreras de caballo, el tiro o cualquier tipo de expresión corporal, eran por entonces los mejores pasatiempos para quienes serían los forjadores de la Córdoba Cuna de Campeones.
Sin mayores pretensiones que asegurarse un momento de recreación, estos pioneros sentaron la base de un desarrollo deportivo que fue adquiriendo mayores proporciones con la incorporación de nuevas disciplinas como el fútbol, el boxeo, el tenis, el básquetbol o el rugby.
Así fue como empezaron a aparecer instituciones que nucleaban a los sportsmen como una necesidad de fomentar actividades que le permitiesen al individuo lograr un desarrollo integral.
El Córdoba Athletic hizo la punta allá por 1882, y su ejemplo comenzó a ganar imitadores en varios sectores del por entonces precario ejido urbano cordobés. El fútbol fue, sin dudas, el gran aglutinante de jóvenes que, ilusionados en imitar a aquellos exóticos trabajadores ingleses que perseguían un elemento esférico, sembraron la semilla de una gran pasión que perdura hasta nuestros días.
El inicio del siglo 20 trajo consigo una inmensa cantidad de nuevos centros deportivos. Cualquier baldío era tomado por un grupo de muchachos que, después de desmalezarlo, instalaba allí su pretendido campo de deportes y fundaba un club.
Sin demasiados formalismos jurídicos, en las distintas barriadas de la capital cordobesa, fueron apareciendo clubes como una expresión de unidad y pertenencia de un puñado de amigos decididos a competir con otros por una medalla, un refresco o por el simple hecho de jugar.
Muchos de ellos desaparecieron con los mismos hombres que le dieron vida, pero también fueron muchos los clubes que lograron trascender más allá de sus impulsores y continúan hoy aportando su tarea de desarrollo social.
Gustavo Farías
|