"La liberación de los trabajadores será
obra de los trabajadores mismos"
Año 2 - suplemento especial - 24 de Abril de 2002
suplemento especial
El
rol del stalinismo y el castrismo
Chávez ha sido el gran instrumento de todas las
alas de la burguesía venezolana para abortar y frenar el ascenso
revolucionario de las masas abierto con el Caracazo en 1989, y llenar
el vacío dejado por la crisis terminal del régimen del Pacto de Punto
Fijo. Pero no habría podido cumplir ese rol sin el apoyo abierto del
stalinismo y el castrismo, que en Venezuela se unió al movimiento
bolivariano –dándole muchos de sus principales ministros, como
José Vicente Rangel, hoy ministro de Defensa. Todo el stalinismo
latinoamericano -encabezado por Fidel Castro y la burocracia
restauracionista que se preparan para consumar la restauración
capitalista en Cuba-se encolumnó detrás de Chávez, calificándolo
de “revolucionario” y de “antiimperialista”. No hacía más que reeditar
la vieja política contrarrevolucionaria de conciliación de clases,
es decir, de la subordinación de la clase obrera y los explotados
a la burguesía nacional “progresista” y los militares “patriotas”.
Por eso el grito del castrismo ha sido que jamás
haya una nueva Cuba en América Latina, y entregó las revoluciones
nicaragüense y salvadoreña con los pactos contrarrevolucionarios
con el imperialismo en Contadoras y Esquipulas, después de haber
traicionado la grandiosa revolución chilena de los Cordones Industriales
en los ‘70 con su política de “vía pacífica al socialismo”.
Esta política de colaboración de clases con
los patrones “nacionales” y los militares “patriotas” es la que
reafirmó y votó todo el stalinismo del continente en el seminario
internacional de los Partidos Comunistas realizada en Uruguay
en enero de 2002, donde se resolvió que “se
necesita construir un gran movimiento en el que confluyan movimientos
sociales y las fuerzas políticas de izquierda luchando unidas”,
con la estrategia de conformar “gobiernos
de salvación nacional, construcción o reconstrucción nacional”.
Esta política fue ratificada apenas tres días después en la reunión
del Foro de Porto Alegre –esa verdadera Internacional contrarrevolucionaria,
alentada por el imperialismo francés. Gran expresión de este plan
contrarrevolucionario fueron Lula y el PT de Brasil conformando
una fórmula común para las presidenciales de este año con Alencar,
el principal empresario textil de ese país y presidente del partido
liberal.
Con esa misma política de colaboración de clases,
el stalinismo en Ecuador estranguló la revolución que habían iniciado
los trabajadores y campesinos en 1997 derrocando a Bucaram con
la huelga general política por tiempo indeterminado. En enero
de 2000, en medio de una huelga general de los obreros petroleros
y de un nuevo levantamiento campesino, cayó el presidente Mahuad.
Mientras la dirección maoísta de los sindicatos enchalecaba a la
clase obrera, la dirección stalinista de la CONAIE llevó a los campesinos
a apoyar la asunción del coronel Gutiérrez, quien rápidamente le
dio el poder al General Mendoza que a su vez se lo devolvió a Noboa,
vicepresidente de Mahuad, quien sacó el ejército a las calles e
impuso la dolarización.
Así, en base a esta estrategia contrarrevolucionaria,
el PC chileno sostiene al gobierno de Lagos y al régimen pinochetista
de la Constitución del ’80; las FARC en Colombia gobiernan un tercio
del territorio de la mano de la burguesía ligada al narcotráfico,
sin tocar un solo interés ni la propiedad privada de esa burguesía
ni del imperialismo; el PC peruano y la cúpula stalinista de la
CGTP (central sindical) sostienen al gobierno de Toledo. En Uruguay,
la dirección stalinista del PIT-CNT acaba de llamar a una enorme movilización
junto con la central patronal, con el programa “antineoliberal”
de esta última.
En Argentina, el stalinismo en sus diversas
variantes –castristas, maoístas- que dominan el movimiento de desocupados
son la base de la nueva burocracia sindical del movimiento de desocupados
en base al manejo –sin ningún control ni rendición de cuentas- de
los millones de dólares de los planes Trabajar. Un ala de esa burocracia,
encabezada por el diputado patronal D’ Elía y el maoísta Alderete
de la CCC “imaginan” –según el diario La Nación- una alianza con el
sector radical disidente de la diputada Elisa Carrió que responde
a las órdenes directas de la embajada yanqui.
Hoy, cuando ha quedado claro que Chávez se entregó
rápidamente ante los golpistas, y cuando, una vez restituido en
el gobierno llama a la “conciliación nacional” con Carmona y se
dispone a seguir aplicando el plan del FMI, todo el stalinismo canta
loas al triunfo de la “revolución bolivariana” y a este “líder antiimperialista”,
tratando de mantener subordinadas a las masas hambrientos que irrumpieron
y derrotaron el golpe, mientras le dejan a sla burocracia sindical
adeca el control del proletariado industrial, para impedir una
alianza obrera y popular independiente de todas las alas de la burguesía.
Con su estrategia contrarrevolucionaria de
luchar por “gobiernos de salvación nacional”, el stalinismo abandona
así incluso su vieja política de impulsar “frentes de liberación
nacional” con la que estrangularon, por ejemplo, la revolución centroamericana. Es que de la misma manera que la burocracia
stalinista de Rusia, de China, etc., entregó a los estados obreros
a la restauración capitalista y se recicló en burguesía -como
ya lo está haciendo Fidel Castro preparando la restauración en
Cuba-, hoy el stalinismo lucha por “gobiernos de salvación nacional”
porque quiere poder transformarse en parte de la burguesía nacional
de las semicolonias latinoamericanas, como el PC de Argentina
-y también el de Uruguay- banqueros del Banco Credicoop, como las
FARC en Colombia donde controlan territorio e incluso sectores
de la producción.
Esta tendencia del stalinismo está abierta, en desarrollo: si no termina
de imponerse aún, es porque la lucha revolucionaria de la clase
obrera y los explotados del continente no ha sido derrotada. Pero
donde la revolución sí fue derrotada, como en Nicaragua y en El
Salvador, el stalinismo se recicló en partidos y corrientes burguesas
que, como el sandinismo o el FMLN, son hoy aplicadores de los planes
del FMI en las alcaldías y ciudades que gobiernan.
Es que se cumplió a rajatabla la ley prevista por
la IV Internacional de que en los estados obreros, o bien triunfaba
la revolución política derrocando a la burocracia stalinista,
o ésta terminaría por entregar los estados obreros a la restauración
capitalista y reciclarse en burguesía, que es lo que sucedió. Hoy,
esa ley sigue vigente, como tarea de la clase obrera mundial en su lucha por
sacarse de encima a las direcciones traidoras: o bien la clase obrera y
los explotados derrotan al stalinismo y a las direcciones contrarrevolucionarias
que estrangulan desde adentro al movimiento obrero, o por el contrario,
éstas les impondrán nuevas derrotas, sobre las cuales terminarán llevando
hasta el final su tendencia a transformarse en fuerzas directamente
burguesas.