"La liberación de los trabajadores será
obra de los trabajadores mismos"
Año 2 - suplemento especial - 24 de Abril de 2002
suplemento especial
Un gobierno bonapartista sui géneris
Chávez llega al poder en Venezuela como expresión
directa de la fracción de la burguesía nativa cuyos negocios e
intereses están ligados a los contratos con el estado alrededor
de la explotación estatal petrolera (construcción, etc.). Este
sector burgués, encabezado por Chávez, aprovechando sobre todo
el alza de los precios del petróleo a partir de principios del año
2000, intentó regatear con el imperialismo su tajada de la renta
petrolera, mostrándose como aliado internacional de Irak, de
Libia, de Castro, y poniéndose a la cabeza de revitalizar la
OPEP.
En el orden interno controló a la masas con demagogia nacionalista y con mano férrea a través del llamado “movimiento bolivariano” y de las propias fuerzas armadas.
Es decir, el de Chávez se constituyó como un
gobierno bonapartista con rasgos sui géneris. Los gobiernos bonapartistas
sui géneris clásicos fueron aquellos como los de Perón en Argentina,
Getulio Vargas en Brasil, el MNR en Bolivia, Nasser en Egipto, que
emergieron en medio de la segunda guerra mundial y a la salida
de la misma. Aprovechando las brechas abiertas por las disputas
interimperialistas y la lucha de las masas, surgían los movimientos
nacionalistas burgueses que intentaban regatear con el imperialismo
su tajada de la plusvalía nacional, utilizando la lucha de la
clase obrera y las masas para chantajear al imperialismo –tomando
incluso algunas medidas como la nacionalización del petróleo,
de las minas, etc., (eso sí, con jugosas indemnizaciones a los monopolios
imperialistas)-, cediendo importantes conquistas al proletariado
para expropiar su lucha revolucionaria (aumentos salariales,
jubilación, vacaciones, aguinaldo, etc.) y a la vez controlando
férreamente a la clase obrera con los sindicatos estatizados.
La plusvalía nacional de esos países semicoloniales se había
acrecentado durante la guerra por el hecho de que las naciones
semicoloniales riquísimas en materias primas –petróleo y gas
en el caso de Medio Oriente, minerales en el de Bolivia, cereales
y carne en el de Argentina, por poner algunos ejemplos-, se habían
transformado en proveedoras de las mismas para las potencias imperialistas
que se destruían unas a otras en la guerra. Fue esta breve situación
excepcional la que permitió que esos gobiernos se sostuvieran
durante más o menos una década. En cuanto se consolidó el imperialismo
yanqui como potencia dominante, y cuando la lucha de las masas
comenzó a amenazar la propiedad de las propias burguesías nacionales,
se disciplinaron rápidamente al imperialismo para aplastarlas.
Por el contrario, los intentos bonapartistas
sui géneris que, como el de la burguesía Talibán en Afganistán,
o Saddam Hussein, o el mismo Chávez, emergen a fines del siglo XX
y principios del XXI, al calor de las brechas abiertas por la exacerbada
disputa interimperialista, son muchísimo más débiles y efímeros,
porque surgen en medio de la crisis económica mundial y de la decadencia
más brutal de las fuerzas productivas en los países semicoloniales.
No pueden hacer la más mínima concesión a la clase obrera y a las
masas, más allá de la cháchara nacionalista y populista. Por ello
mismo, lejos de poder apoyarse en la clase obrera –y a la vez controlarla
férreamente- su base social fundamental son los campesinos y
las clases medias pauperizadas –en el caso del Talibán, por ejemplo-,
o bien las amplias masas de un ejército industrial de reserva que
no encuentran lugar en la producción, como en el caso de Chávez.
La base social del chavismo son fundamentalmente
los millones que conforman un verdadero ejército industrial de
reserva crónico, y la base del ejército. Los primeros son millones
de trabajadores y campesinos hambrientos, sub-alimentados y
semianalfabetos, provenientes del interior y del campo donde
ya no pueden subsistir, que se amontonan en los “cerros” y los “barrios”
–villas miseria- alrededor de Caracas y las grandes ciudades,
desocupados por generaciones, muchos de los cuales jamás ingresaron
al aparato productivo, o que lo hacen sólo esporádicamente
cada año, que sobreviven sobre la base de la venta ambulante,
y de una primitiva economía informal. Son millones abandonados
a su suerte y dejados por fuera de los sindicatos completamente
estatizados y controlados por la burocracia sindical "adeca"
(de Acción Democrática) de la CTV. Es decir, el sector más explotado
y oprimido de la clase obrera venezolana.
Chávez, con su demagogia nacionalista y populista,
se dirigió a ellos. Una vez en el gobierno, realizó algunas mínimas
obras de infraestructura –como por ejemplo, canales y acequias
en los “cerros” para evitar los derrumbes por aluviones de barro
que la época de lluvias, que en Venezuela dura seis meses, y que
todos los años se cobran víctimas entre esas masas. Al inicio de
su gobierno, contaba con el apoyo también de amplios sectores de
los docentes y profesores, de trabajadores estatales, los obreros
de la construcción, los textiles.
Como parte de la crisis del régimen del pacto
del Punto Fijo, la vieja burocracia sindical adeca de la CTV también
había entrado en una profunda crisis desde principios de los ‘90,
odiada por los trabajadores, dándose la apertura de un proceso
de enfrentamiento a esta burocracia y de surgimiento de nuevas
direcciones sindicales. El chavismo abortó este proceso, preservando
en un primer momento a esta burocracia para que mantuviera el
control del proletariado industrial –concentrado en el petróleo,
la rama de producción central de la economía venezolana, y en
el hierro y el acero. Posteriormente, desarrolló el intento –fracasado-
de destituir a la cúpula sindical mediante un referéndum para
crear una burocracia sindical adicta al chavismo.
El gobierno de Chávez, como todo intento bonapartista sui géneris, controla férreamente a los trabajadores y las masas explotadas, estatizando los sindicatos, puesto que le teme como a la peste a las masas movilizadas que en su dinámica cuestionan no sólo la propiedad privada del imperialismo, sino también la de la propia burguesía nacional cipaya. Por esta razón, siempre terminan disciplinándose al amo imperialista para aplastar a las masas, tal cual como hace Chávez.