"La liberación de los trabajadores será
obra de los trabajadores mismos"
Año 2 - suplemento especial - 24 de Abril de 2002
suplemento especial
para estrangular
la lucha revolucionaria de las masas, que termina siendo usado por el
imperialismo como un limón exprimido
Chávez ganó las elecciones en 1998 con el 56% de
los votos. Su asunción fue aceptada por el propio imperialismo
yanqui y por todas las facciones de la burguesía venezolana para
que abortara y estrangulara el ascenso revolucionario de las
masas iniciado en 1989, con el primer Caracazo, ante la crisis
brutal del régimen burgués pro-imperialista en ese país -el llamado
régimen del Pacto de Punto Fijo, impuesto desde 1958- y de los dos
principales partidos patronales sobre el que se sostenía, Acción
Democrática (AD) y COPEI. El Caracazo de 1989 fue una revuelta
espontánea, masiva y generalizada de las masas, que durante
varios días “bajaron de los cerros” hacia la capital, con saqueos
y violentísimos enfrentamientos en las calles con el ejército
y las fuerzas de represión –con el saldo de casi 2000 muertos-, enfrentando
en lucha política de masas el brutal tarifazo del recién asumido
Carlos Andrés Pérez (AD), que había ganado las elecciones con un
importante apoyo popular, puesto que los trabajadores y los explotados
tenían ilusiones por su gobierno anterior -en la década del ‘70-
durante el cual se había nacionalizado el petróleo.
El Caracazo
inaugura un período de crisis terminal del régimen del Pacto de
Punto Fijo y de ascenso revolucionario de las masas, que el imperialismo,
la burguesía, la burocracia sindical –mayoritariamente de ADI-,
la socialdemocracia y el stalinismo, intentaron desviar mediante
el juicio político por “corrupción” a Carlos Andrés Pérez. En el
marco de esta brutal crisis del régimen, hace su primera aparición
el coronel Chávez, que bajo tibias banderas nacionalistas y populistas,
en febrero de 1992 intenta encabezar un golpe contra Pérez basándose
en sectores de la oficialidad y la suboficialidad del ejército,
que es derrotado, y por el cual va preso.
Finalmente, en 1992, Carlos Andrés Pérez es enjuiciado y destituido como una manera de desviar el ascenso de masas y de fortalecer al régimen moribundo. Luego de la presidencia provisional de Ramón Velázquez, en 1994, gana las elecciones Rafael Caldera, no ya a la cabeza del viejo COPEI, que ya estaba en crisis total, sino encabezando una alianza de fuerzas en la que participaban el MAS (socialdemócrata), Causa R, y otros.
Es durante el gobierno de Caldera cuando estalla en 1997 la crisis económica mundial, que golpea al sudeste asiático y a Japón, e impacta inmediatamente en los países del pacto andino, Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela, que no habían gozado de la “primavera” de ingreso de capitales que se dio en llamar de los “mercados emergentes”. Estos países entran inmediatamente en una profunda crisis de sus regímenes, y se abre en ellos un período de ascenso de masas, que en Ecuador se expresa inmediatamente con el derrocamiento de Bucaram y la apertura de la revolución, y posteriormente se suceden convulsiones revolucionarias en Bolivia y Perú. En Venezuela, un país monoproductor de petróleo, el golpe de la crisis mundial profundizó la catástrofe económica que había provocado ya la caída de los precios de esta materia prima (a 8 dólares el barril), desde principios de los ’90.
Ante
el peligro de que Venezuela entrara por el mismo camino revolucionario
que Ecuador, el imperialismo y todos los sectores de la burguesía
imponen a Chávez como el mejor agente para abortar la lucha revolucionaria
de las masas y salvar los intereses del conjunto de la burguesía.
Por ello, liberan a Chávez que constituye su movimiento político,
y gana ampliamente las elecciones de 1998, mientras que la AD y COPEI
juntos no sumaban más que el 9% y una ex Miss Universo obtenía el
28%, mostrándose crudamente el derrumbe definitivo del viejo
régimen del Pacto del Punto Fijo.
El gobierno
de Chávez y el ejército –un gobierno bonapartista, apoyado en
las fuerzas armadas, con rasgos sui géneris,
se constituyeron así en las instituciones centrales del
estado y el régimen, intentando resolver el vacío dejado por
el derrumbe del viejo régimen del Pacto de Punto Fijo. Durante
los dos primeros años de gobierno, el gobierno bonapartista trató
de legitimarse mediante plebiscitos, elecciones a Asamblea Constituyente,
referéndums, engañando a las masas a las que no tenía nada para
darles, en medio del estallido de la crisis económica mundial
y sus golpes sobre Venezuela, mientras se fortalecieron los mecanismos
de control totalitarios sobre el movimiento de masas.
En el
año 2001, la crisis económica mundial golpeó directamente a los
Estados Unidos, y el imperialismo yanqui redobló su ofensiva
contra su patio trasero de América Latina, y también sobre Venezuela.
Así, después de haber usado a Chávez para estrangular el ascenso
revolucionario de las masas venezolanas, el imperialismo yanqui
lo usó para atacarlas directamente: en el último año, fue Chávez
el que aplicó a rajatabla el plan del FMI, con una devaluación de
la moneda –el Bolívar- de más del 25% y la consecuente inflación,
profundizando a grados inauditos la catástrofe descargada sobre
los trabajadores y las masas, y llevándolo a perder apoyo en importantes
sectores de los mismos, al punto que el 82% de la población vive
por debajo de la línea de pobreza. Bajo los 3 años de gobierno chavista,
la desocupación se disparó del 11 % al, para los más optimistas,
16,5 %.
Así, una vez que lo utilizó como un limón exprimido, el imperialismo intentó desembarazarse de él, impulsando el golpe, ante el cual Chávez se entregó rápidamente. Ante la irrupción independiente de los trabajadores, el pueblo y los soldados, nuevamente el imperialismo y la burguesía venezolana lo repusieron en el poder, para que frene y controle a las masas y, con la “unidad nacional”, sea él quien aplique el plan del FMI y la patronal golpista.