Año 2 - EDICIÓN ESPECIAL - 4 de Abril de 2002

edición especial

SOLO LA ALIANZA OBRERA Y CAMPESINA PODRA DERROTAR AL EJERCITO SIONISTA GENOCIDA

DESTRUIR EL ESTADO FASCISTA DE ISRAEL Y LEVANTAR EN SU LUGAR UNA UNICA PALESTINA OBRERA Y CAMPESINA, LAICA, DEMOCRATICA Y NO RACISTA

Para derrotar al Estado sionista-fascista de Israel y sus patrones imperialistas existe un arma más poderosa que todos los misiles: la expropiación de los bienes y empresas del imperialismo y la burguesía israelí, y el bloqueo al acceso al petróleo de todas las potencias, que sólo puede ser llevada a cabo por medio del levantamiento revolucionario de las masas armadas de toda la región. Este sería un ataque mortal al imperialismo, tanto norteamericano como europeo, que tienen en la región intereses vitales: las instalaciones, los gasoductos, los buques-tanques y las refinerías de empresas petroleras como la British Petroleum-Amoco, de la Shell, la Elf-Totalfina, etc., así como también empresas informáticas como Microsoft, Sun, etc., bancos, hoteles, empresas de construcción, de suministro de energía y agua, de servicios, etc.

Pero nada de esto han hecho ni Arafat, ni las burguesías cipayas árabes y el resto de las burguesías de Medio Oriente, ni siquiera ante el salto en la masacre y el arrasamiento de las ciudades y aldeas palestinas que significa el ataque actual. Ni lo hicieron en el pasado, cuando el estado de Israel se armó artificialmente a sangre y fuego sobre el robo de las tierras y la demolición de las aldeas y ciudades palestinas y los cadáveres de ancianos, mujeres y niños resultado de las razzias de los colonos fascistas y el bombardeo del ejército de ocupación, o por el hambre y la miseria en los campamentos de refugiados. Lejos de ello, negociaron con el imperialismo y con el sionismo genocida un status quo que les permitió, reconociendo a Israel algunos de ellos, y otros, aun manteniendo formalmente su oposición mismo, desarrollar jugosos negocios en la trastienda. Temerosas siempre de las masas y de la clase obrera, no sólo aprovecharon cada oportunidad que se les presentó para negociar o apoyar negociaciones donde se vendía descaradamente al pueblo palestino y su heroica resistencia, sino que colaboraron en explotarlo, someterlo y masacrarlo cuando huía de las persecuciones sionistas (el rey Hussein de Jordania asesinó masivamente a miles de refugiados palestinos en el llamado Setiembre Negro de fines de los 60, Siria y el Líbano -como muchos de los estados del golfo Pérsico- los explotaron  como mano de obra barata, reprimiendo sus levantamientos, condenándolos a vivir en campos de refugiados de carpas en pleno desierto, etc.). Por supuesto que esta vida no era la que llevaban los burgueses palestinos, conocidos en todo cercano oriente y en muchos países occidentales, como el mismo EE.UU. e Inglaterra, por sus inversiones, bancos y grandes operaciones comerciales. Nada de esta riqueza, como tampoco la de los jeques, príncipes y empresarios de la región se puso al servicio de la causa palestina, comprando armas y artillería pesada para que el pueblo palestino pudiera defenderse y expulsar al ejército de ocupación y el enclave imperialista del Estado genocida de Israel. Incluso los gobiernos nacionalistas de los 60 (como Egipto y Siria), que entablaron la guerra a Israel cuando éste comenzó la expansión hacia sus territorios, terminaron negociando la paz sobre los despojos de Palestina, permitiendo que se "legitimizara" la expulsión de los palestinos de 1947-48 (fecha de fundación del Estado de Israel) y limitándose a reclamar el retorno de los expulsados en la guerra de los Seis Días (1967), como vuelven a hacerlo una y otra vez, tanto en los acuerdos de Oslo de los 90 como en la propuesta del rey saudita aprobada en la cumbre de países árabes de Beirut, con el respaldo de la Conferencia de Países Islámicos en Malaysia, hace pocos días. Ahora, la propuesta del gobierno de Saddam en Irak y de Kaddafi en Libia, de efectuar un embargo petrolero sobre EEUU, no pasa de ser un intento de presionar al imperialismo para negociar en mejores condiciones la traición de los "dos estados" bajo la supervisión de la cueva de bandidos de la ONU. Pero sí han financiado a las direcciones pequeñoburguesas, tanto islámicas como laicas -Hamas, Hizbollah, la Jihad, brigadas mártires de al-Aqsa, etc.-, que han dividido y desviado la lucha palestina al callejón sin salida del terrorismo individual.

Entre defender la nación oprimida y llevarla a la victoria -que sólo puede hacerse expropiando al imperialismo y armando a las masas- y arrodillarse ante el opresor, para preservar su propiedad privada, su dominación de clase y sus negocios como socia menor, la burguesía nacional nunca ha dudado: es incapaz de ir hasta el final porque su nacionalismo tiene claros límites de clase.

Arafat y la burguesía palestina, como la burguesía árabe y del resto de países musulmanes de Asia y Africa, son incapaces de llevar la lucha nacional a la victoria, porque para asegurar la victoria de esta lucha por la liberación nacional, es necesario armar a las masas, extender sus organismos independientes y atacar la propiedad privada tanto del imperialismo como de sus socios nativos. Y esto no están dispuestas a hacerlo, porque peligraría su propia dominación. Por esto son iguales a todas las burguesías nacionales.

Igual que sucedió en Afganistán con el Talibán, ayer; con Galtieri y la burguesía argentina en Malvinas; con Allende en Chile; con Perón en el 55 en Argentina, y con tantos otros, sus gestos y discursos "antiimperialistas" son vacíos: llegado el caso, huyen o se esconden sin disparar un solo tiro, prefieren incluso suicidarse antes de tocar un pelo al amo imperialista, dejando a las masas desarmadas, a merced del ejército genocida del enemigo con sus bombas y tanques, y de sus comandos fascistas asesinos. En cuanto pueden, negocian la rendición o una salida que les permita recomponer más tarde sus relaciones rotas con el imperialismo, usando la lucha heroica de las masas que se juegan su vida, como moneda de cambio en sus regateos. Así vemos hoy a Chávez, mostrando la verdadera cara de su "revolución bolivariana", siendo el verdadero aplicador de los planes de ajuste del FMI en Venezuela. En Argentina, la misma burguesía que aplaudió de pie en enero la declaración el default de la deuda externa (privada), ahora se esconde pidiéndole al imperialismo que descargue el golpe económico contra las masas argentinas para reventar la revolución, mientras el FMI supervisa minuciosamente la tarea encomendada a sus lacayos.

Sólo la clase obrera, liderando a las masas oprimidas, como lo demuestra el heroísmo de la clase obrera y el pueblo palestino, como lo han demostrado tantos hechos revolucionarios de la historia, es capaz de llevar hasta el final la lucha por la liberación nacional, que está por eso mismo indisolublemente ligada a la revolución social contra su propia burguesía y el imperialismo que la sostiene.

 



"La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos"

 


"La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos"

 

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