Por la derrota del ejército genocida de Sharón
y Bush
El
estado sionista de Israel, con el apoyo
abierto del imperialismo yanqui,
ha lanzado una abierta guerra de exterminio
contra la clase obrera y el pueblo palestino.
Con su ejército genocida -el quinto
del mundo- y convocando a otros 20.000 reservistas,
ha ocupado a sangre y fuego Ramallah,
Jenin, Belén, Sufir y la ciudad de Kalkiliya
–al norte de Cisjordania- y se apresta
a hacerlo con todas las ciudades y campamentos
palestinos en Gaza y Cisjordania,
como ya lo hizo antes con Tulkarem y
Nablus. Es
un verdadero ataque fascista que
no tiene nada que envidiarle a los nazis,
a Videla o a Pinochet, el ejército
israelí ocupa las ciudades, entra
casa por casa, detiene a hombres, mujeres
y niños y los ejecuta. En una política
de tierra arrasada el ejército sionista
derriba las casas y campamentos
palestinos, saquea los bancos, supermercados
y tiendas. En Kalkiliya y Jenin, entran
casa por casa y detienen a todos los
hombres, mientras que en Ramallah, acaban
de masacrar a mansalva a 30 mujeres
y niños, y ejecutan inmediatamente
a todo palestino que encuentren. En
Ramallah, ha sitiado el cuartel general
de Arafat y sede de la Autoridad Palestina,
bombardeándolo, y dejándolo
cercado. Belén
está ocupada por decenas de tanques
fascistas del Estado de Israel, se masacre
en sus calles a palestinos desarmados,
se ha prohibido la entrada de ambulancias
y médicos, negándose la ayuda a
parturientas y enfermos, privando
a la población de alimentos, luz, agua, poniendo
sitio a hospitales y lugares de
refugio contra los misiles, y hostigando
a los periodistas, prohibiéndoles
ser testigos de los que está sucediendo.
Este accionar contrarrevolucionario
recuerda al ghetto de Varsovia, es decir,
al barrio judío rodeado y masacrado
por las tropas nazis en la 2da. Guerra Mundial. Esta
es la verdadera cara del estado
sionista fascista de Israel, sostenido
por el imperialismo angloyanqui
desde la 2da. Guerra mundial, un gran portaaviones
terrestre para controlar las rutas
del petróleo y mantener sojuzgadas
a las masas revolucionarias del
Medio Oriente, impuesto mediante
la usurpación de tierras, el exterminio
sistemático y la expulsión de los
habitantes de Palestina, y la imposición
de población transplantada en base a supuestos
derechos “bíblicos”. Los “derechos
a un territorio” de los israelíes en
Palestina son iguales a los de los Kelpers
ingleses ocupantes de las Islas Malvinas.
Solo se diferencian en el carácter
aún más sanguinario y genocida con
que se impuso esta usurpación. Con
esta guerra de exterminio, el imperialismo
yanqui, a través de su gendarme el Estado
de Israel, intenta aplastar y ahogar
en sangre la grandiosa revolución
palestina. Pero la clase obrera
y el pueblo palestino, como desde
hace casi ya dos años, no se deja doblegar
a pesar del genocidio y pelea casa
por casa, campamento por campamento,
donde su pueblo y sus trabajadores,
viven en un verdadero “apartheid” controlados
por los colonos fascistas y el ejército
fascista del Estado Israelí. Frente
a este brutal ataque, y ante el heroico
combate del pueblo palestino en
guerra civil y nacional por su liberación
contra el usurpador sionista, los trabajadores
y el pueblo de los países árabes han comenzado
nuevamente a ponerse en pie de guerra
en apoyo a sus hermanos palestinos.
En El Líbano, donde vive en campamentos
de refugiados gran parte del pueblo palestino
expulsado de su tierra, han recomenzado
los combates en la frontera con Israel,
mientras que miles de palestinos y libaneses
marcharon en los campamentos de Sabra
y Chatila -donde en 1982 se produjo una
verdadera masacre comandada
por el hoy primer ministro Sharon. En Beirut,
decenas de miles se enfrentaron
a las fuerzas sirio-libanesas que reprimieron
sangrientamente a los palestinos
y las masas árabes, que buscaban unir su lucha
a la del pueblo palestino contra el usurpador
sionista. En Jordania, donde más del
50% de la población es palestina, miles
de personas marcharon en la ciudad de
Zarqa y en los campamentos palestinos.
En Egipto se volcaron a las calles los estudiantes,
enfrentándose con la policía que
no los dejaba salir del campus de la universidad
para marchar hacia las embajadas
de Israel y Estados Unidos. Miles de
manifestantes recorrieron las
calles de Kuwait, mientras lo mismo sucedía
en Yemen e Irak, donde exigían a los gobiernos
que permitan la salida de combatientes
musulmanes para ir a pelear a Palestina.
Como
ayer en Afganistán, hoy en Palestina
se concentran con toda agudeza el enfrentamiento
entre revolución y contrarrevolución.
De un lado, la clase obrera y el pueblo palestino,
con sus aliados las masas explotadas
de Medio Oriente, y del otro lado el ejército
genocida, las tropas de ocupación
sionistas sostenidas por el imperialismo
mundial. Si
las potencias imperialistas y su
gendarme el estado de Israel triunfan
en aplastar la revolución palestina,
estarán no mil sino un millón de veces
más fuertes para atacar a la revolución
que han iniciado los trabajadores
y el pueblo de Argentina, para redoblar
su ofensiva contra los trabajadores
y los pueblos oprimidos del mundo. También
para atacar a sus propias clases obreras,
en Estados Unidos y en las potencias
europeas donde se aprestan a lanzar una
oleada de privatizaciones y ataque
a las conquistas obreras, como lo anticipa
la ofensiva del gobierno de Berlusconi
en Italia. En el destino de la revolución
y la guerra civil en Palestina se juega
hoy la suerte de la clase obrera mundial en
el próximo período. ¡Paremos
el ataque genocida del Estado de
Israel, su ejército genocida, gendarmes
de los carniceros imperialistas,
contra la heroica revolución de
los trabajadores y el pueblo palestino!
¡Por el triunfo de la clase obrera y el pueblo
palestino; por la derrota del Estado
de Israel y su ejército asesino!
Una
contraofensiva imperialista
para aplastar la revolución palestina
La
heroica revolución de la clase obrera
y el pueblo palestino –la primer gran
revolución del siglo XXI-, se encuentra
hoy en peligro,
en un choque decisivo entre revolución
y contrarrevolución. Este enfrentamiento
ha llegado a un punto culminante:
se ha desatado una guerra civil de la
clase obrera y el pueblo palestino
por destruir al estado fascista de Israel
y expulsar al usurpador, y por liberarse
de la explotación brutal a la que son sometidos,
a la que el imperialismo yanqui y su
gendarme –y las demás potencias imperialistas-
responden con una contraofensiva,
una verdadera guerra de exterminio.
Esta
guerra de exterminio es parte de una
contraofensiva económica, política
y militar lanzada por las potencias
imperialistas ante los nuevos golpes
de la crisis mundial, que en el caso de los Estados
Unidos ya ha pegado directamente
a su interior, y en forma más amortiguada
en las potencias europeas, mientras Japón
sigue hundido en una recesión que ya
lleva más de 10 años. Después
de haber aplastado a la nación afgana,
y mientras se prepara para volver a atacar
a Irak y a Irán –amenazando incluso con
utilizar armas nucleares- el imperialismo
yanqui ha lanzado una nueva ofensiva
contrarrevolucionaria para
aplastar los focos de la revolución:
en Palestina, con el ataque fascista
actual, y contra la revolución argentina
con un feroz golpe económico para
dividir y doblegar a los trabajadores
y el pueblo. Quiere, como ayer en Afganistán,
darle un feroz escarmiento a los trabajadores
y a los pueblos oprimidos del mundo, y profundizar
los durísimos golpes que ya le ha dado
a su propia clase obrera. Pero para que
avancen estos planes contrarrevolucionarios,
deberán antes vencer la heroica
resistencia del pueblo y la clase obrera
palestina, que junto a las masas de Medio
Oriente se han puesto de pie –como en el Líbano
y Jordania-, iniciando una fenomenal
lucha antiimperialista, en sus propios
países y contra las propias burguesías
sirvientes del imperialismo. Para
el imperialismo Yanqui, y sus socio
genocida del Estado de Israel, el
aplastamiento militar y el genocidio
contra la gloriosa revolución
palestina, se torna decisivo
para terminar de controlar las rutas
del petróleo. Apoyado en el triunfo contrarrevolucionario
obtenido en Afganistán, el imperialismo
norteamericano ha redoblado
su apuesta contra la revolución palestina.
¿Por qué puede el imperialismo
yanqui largar semejante ofensiva?
Porque es el que ha logrado, apoyado
en la aristocracia y la burocracia
obreras, derrotar y subsiguientemente
coptar a su propia clase obrera después
de los atentados del 11 de setiembre. Cuando
la crisis económica mundial ha golpeado
a su interior, la respuesta del imperialismo yanqui no es otra que la de largar
una ofensiva sistemática para
mantener y profundizar su control
en las zonas de su influencia, para quedar
mejor ubicado frente al resto de las
potencias imperialistas europeas
y Japón que se la disputan frente a la recesión
y la crisis que ya comienza a golpear a los
propios países imperialistas. Así,
luego de haberse quedado con las rutas
del petróleo y del opio tras la guerra de Afganistán,
ahora invierte 500.000 millones de dólares
anuales en la industria de guerra y ha cerrado
su mercado para el acero del mundo, agudizando
y endureciendo la guerra comercial
con Alemania y con Francia, que ya han dejado
de ser imperialismos subsidiarios
y son potencias imperialistas competidoras
en el mundo colonial y semicolonial
en las rutas del petróleo y las materias
primas.
Sobre
la derrota a sangre y fuego de la revolución
palestina, los carniceros
Detrás
de las lágrimas de cocodrilo de los carniceros
imperialistas de Francia y Alemania
-esclavizadores de los pueblos del
Este de Europa, del África y Asia-, llamando a no tocar a Arafat
y a negociar con él, se esconde la propuesta de que la intervención
se haga con las tropas de la ONU, es decir, de
las tropas de todas las potencias imperialistas
para repartirse las rutas de petróleo. Persigue
el mismo objetivo de sostener al
estado usurpador sionista de Israel,
mantener los ghettos del pueblo palestino,
a los que se los quiere llamar “estado palestino”.
La presencia de unos cincuenta activistas
“antiglobalización” y pacifistas
–encabezados por el dirigente
de los granjeros franceses, José Bové
y por un diputado del Partido Verde
de Italia- que lograron ingresar
al edificio donde se encuentra Arafat
para formar un “escudo humano” es
una expresión de esta política de
las potencias imperialistas europeas.
Dicen estar allí están allí para defender
a Arafat –cuando por boca del mismo Sharon
se sabe que su vida no corre peligro-
y exigiendo que intervenga la ONU con
sus cascos azules, es decir, aplicando
la política de los carniceros imperialistas
franceses, alemanes, etc. ¡Los “globalibofóbicos”,
los verdes y la izquierda europea socialdemócrata
y neostalinista
quieren hacernos creer que se puede
parar a un ejército fascista armado
hasta los dientes con escudos humanos!
¡En cambio, no hacen ni un solo llamado
a la clase obrera de los países europeos
a levantarse para detener la mano
asesina de sus propio imperialismo! No
hay dos políticas, una genocida
del eje anglo-yanqui y otra “humanitaria”
de las potencias europeas, sino una sola.
Ambas persiguen imponer, sobre el
aplastamiento de la revolución palestina,
el plan de “dos estados” previsto originalmente
en los acuerdos de Oslo, refrendado por
la ONU -apoyado hasta por Fidel Castro-
y hoy “propuesto” también por la archirreaccionaria
monarquía saudí, con el aval de las burguesías
árabes y musulmanas de Asia y Africa.
Ambas se complementan, porque si producto
de la respuesta de masas de la región y en
todo el mundo fracasa el ataque del ejército
israelí y se ve obligado a retroceder,
quedarán los imperialistas europeos
como garantes del mismo plan contrarrevolucionario
de los “Acuerdos de Oslo”. Es
decir, ambas políticas imperialistas,
mas allá de la carrera por las rutas del petróleo
y de las disputas interimperialistas-
es consagrar definitivamente
la invasión, ocupación y usurpación
de Palestina –con el conjunto de las
burguesías árabes reconociendo
al Estado de Israel- mediante la creación
de un ficticio “estado palestino”
al lado del Estado de Israel. Ese supuesto
“estado palestino” no sería sino
la condena definitiva a la clase
obrera y al pueblo palestino a sobrevivir
dividido, con millones viviendo
hacinados en los campos de refugiados
del Líbano y Jordania –sometidos
a la explotación y opresión de la burguesía
libanesa y del ejército sirio, y
de la burguesía jordana y su archirreaccionaria
monarquía- y otros millones en verdaderos
campos de concentración bajo el dominio
sionista. Es decir, un “estado palestino”
consistente en pequeñas islas de
territorios áridos y superpoblados,
no aptos para la agricultura y sin infraestructura,
separadas entre sí, rodeados del
ejército israelí armado hasta
los dientes y de los colonos sionistas
fascistas, bajo toque de queda y estado
de sitio. Dependiendo del estado
israelí que controla el agua y la energía,
las vías de acceso y el comercio, como
parias en su propia tierra, esclavizados
en las fábricas del sionismo y de los monopolios
imperialistas, mostrando el pasaporte
y el permiso de trabajo todos los días
para poder ir a trabajar, a riesgo de
ser detenidos, torturados y masacrados.
Para
imponer ese plan deben primero ahogar
en sangre la revolución, porque fue precisamente
contra ese plan y los acuerdos de Oslo que se levantaron
hace casi dos años la clase obrera y el pueblo
palestino, haciéndolos estallar
por los aires. Contra esos acuerdos contrarrevolucionarios,
por los que Arafat entregó la lucha histórica
del pueblo palestino, reconociendo
al estado de Israel y transformándose
en gendarme de su propio pueblo encargado
de controlarlo con la ANP y su policía,
la clase obrera y las masas palestinas
iniciaron su revolución, tomando
las comisarías palestinas, dividiendo
a la policía, requisando las armas
y armándose con sus propias milicias
de los campamentos y ciudades. En
última instancia, el estado sionista
fascista de Israel intenta aplastar
a sangre y fuego al pueblo palestino,
porque la dirección burguesa de Arafat
y su policía interna, han fracasado
en su tarea de desarmar desde adentro
y aplastar a la gloriosa revolución
palestina. Pero todas las potencias imperialistas
y el sionismo lo preservan, inclusive masacrando a su propia guardia
personal, porque necesitan a Arafat para que garantice la rendición
total de los trabajadores y el pueblo palestino y su sometimiento
al “apartheid”.
Para
que la guerra civil y nacional
Ante
el ataque contrarrevolucionario
del Estado de Israel, sostenido
por los carniceros imperialistas,
y ante la guerra civil y nacional revolucionaria
de la clase obrera y el pueblo palestino,
los trotskistas del COTP-CI nos ubicamos incondicionalmente
en la trinchera militar del pueblo palestino,
luchando por su victoria y por la derrota
del Estado de Israel. Pero
mientras nos ubicamos incondicionalmente
en esa trinchera, luchamos por una dirección
obrera y campesina de la guerra, es decir,
por que sean la clase obrera y los explotados
palestinos, con sus milicias obreras
de los campamentos y sus organismos
de autoorganización, los que tomen
en sus manos la dirección política,
militar y económica de la guerra
civil y nacional revolucionaria.
Es
que Arafat y la burguesía nacional palestina
son los que han permitido que los carniceros
imperialistas y su gendarme Israel
puedan hoy lanzar esta guerra de exterminio,
entregando la lucha histórica
de su propio pueblo por la destrucción del
estado de Israel, y apoyando el plan
contrarrevolucionario de “dos
estados”, tal cual lo siguen haciendo
hoy, exigiendo la intervención de esa
cueva de bandidos imperialistas
que es la ONU. Así, desde el búnker en Ramallah
donde se encuentra rodeado por el ejército
israelí, Arafat “volvió a pedir a la comunidad
internacional el urgente envío
de una fuerza internacional que detenga
‘la agresión y la escalada militar
contra nuestro pueblo” (Clarín, 1/04/02).
O sea: ¡Nada de llamar a los millones de palestinos
que viven en Jordania y El Líbano, a
las masas árabes de Irak e Irán, sino a los otros
carniceros imperialistas! ¡Nada
de llamar a los millones de trabajadores
de origen árabe que son superexplotados
en Europa! ¡Esto sí que es una verdadera
puñalada por la espalda al pueblo
palestino! Arafat
y la burguesía palestina son los responsables
de que incluso hoy su propia guardia personal
–ni qué hablar de los trabajadores y
el pueblo palestino- sólo tengan
armamento liviano, y no artillería
ni armas antitanques para enfrentar
a los tanques y la aviación israelí. Es que
justamente los fusiles y las pistolas
fueron las armas “permitidas” a la ANP
por los acuerdos de Oslo, puesto que son, no para
enfrentar al estado sionista de
Israel y su ejército genocida –el
quinto más poderoso del mundo-, sino
para armar a la policía palestina
como gendarme y guardiacárcel de
su propio pueblo. Es
que, como el Talibán y toda burguesía
nacional socia menor del imperialismo,
Arafat y la burguesía palestina
prefieren la derrota nacional de
su propio pueblo antes que armar a las masas
palestinas y extender la guerra
revolucionaria a Líbano, Jordania
y todo Medio Oriente. Es que así se pondría
en peligro no sólo el dominio y la propiedad
privada de las potencias imperialistas,
no sólo la existencia del estado gendarme
de Israel, sino también su propia propiedad
y la del conjunto de las burguesías árabes,
socias menores del imperialismo
en la explotación y opresión de sus propias
clases obreras. Esa es la razón por la cual –igual
que el Talibán y que toda burguesía nacional
cobarde- no
llaman a tocar ni uno solo de los pozos de
petróleo ni de ninguno de los intereses
y empresas imperialistas en la región.
El plan Saudí, en cambio, lo que busca, es eliminar
el foco revolucionario que constituyen
los siete millones de refugiados
palestinos en el resto de los países
árabes que rodean a Palestina. Por
su parte, las direcciones nacionalistas
burguesas o pequeñoburguesas
islámicas y nacionalistas,
como Hamas, Hizbollah, Jihad, y la izquierda
de Al-Fatah, dirigida por Bargouti,
etc. junto a los restos del stalinismo
del FPLP, aunque se llenan la boca hablando
de “guerra santa” o de luchar “hasta la muerte”,
y de “destruir” al estado de Israel, son las
que vienen impidiendo el armamento
generalizado de la clase obrera
y el pueblo palestino, y la coordinación
y centralización de las milicias
de los campamentos y las aldeas en toda
Palestina, en el Líbano y Jordania
para derrotar al Estado de Israel
y su ejército genocida. En lugar
de organizar acciones de masas y
armar a las milicias palestinas,
se dedican a organizar los atentados
suicidas, impotentes y desesperados,
llevando a la muerte a los más heroicos
y abnegados jóvenes y trabajadores
palestinos. Es
que estas direcciones responden
a las burguesías árabes cipayas – los
gobiernos del norte de Africa y de Asia Menor,
los jeques y príncipes del golfo– y a los
ayatollahs iraníes, que intentan utilizar
la lucha de las masas palestinas y el
terrorismo individual como
chantaje para regatear con las potencias
imperialistas su tajada de la renta
petrolera. Pero, en cuanto la lucha
de las masas amenaza su propiedad y su
dominio, se alinean inmediatamente
con el amo imperialista para aplastarlas,
como lo están haciendo hoy apoyando
el plan contrarrevolucionario
de “dos estados” y ofreciendo para ello
reconocer definitivamente
al estado de Israel.
La
derrota y destrucción del Estado
de
Para
derrotar la ofensiva contrarrevolucionaria
fascista del Estado de Israel y los carniceros
imperialistas y el plan de “dos estados”
de la ONU, es necesario armar a todos
los trabajadores y el pueblo palestino,
centralizar las milicias de los campamentos
y poner en pie una sola revolución y
guerra nacional palestina en los
territorios de Palestina, el Líbano
y Jordania. Para ello, hay que derrotar
la política de las direcciones nacionalistas
burguesas y pequeñoburguesas
que son las que lo impiden, y conquistar una
dirección proletaria de la guerra.
Es que la revolución y la guerra civil
y nacional palestina plantean no
sólo la lucha por la liberación nacional
del pueblo palestino y la revolución
social contra la burguesía sionista
sino también contra la árabe, por romper
toda subordinación a las burguesías
de El Líbano, Siria y Jordania, que actúan
como dique de contención de la revolución
palestina oprimiendo, explotando
y controlando a millones de palestinos
y sus aliados en sus propios países. Actúan
como verdaderas socias menores
del imperialismo en la explotación
y la brutal opresión de la clase obrera palestina
–a la que han incluso masacrado tanto
o más que la burguesía israelí, como
sucede con la dinastía del Rey Hussein
de Jordania. Centenares
de miles de explotados de los países
de Medio Oriente, como en Arabia Saudita,
en los Emiratos árabes, Irak, Irán, El Líbano,
Egipto, Libia, Túnez, etc. ganan las calles
pidiendo armas para defender la
revolución palestina enfrentándose
contra las fuerzas de represión, mientras
sus respectivas burguesías contrarrevolucionarias,
han corrido encabezadas por el régimen
cipayo saudí ha ofrecer un plan de salvataje
del sionismo y de esclavización
de las masas palestinas y del Medio Oriente.
Nada podemos esperar de los sirvientes
y socios del imperialismo. Una dirección
proletaria revolucionaria
es la única que tendría las manos libres para
organizar esas colosales fuerzas,
para atacar los intereses imperialistas
y de las burguesías árabes de la región, para
llamar a todos los trabajadores
y pueblos árabes a levantarse en una
sola lucha contra el estado de Israel
y el Imperialismo
¡Por
la derrota militar del estado de
Israel y su ejército fascista! ¡Por la
victoria de la revolución y la guerra
revolucionaria de la clase obrera
y el pueblo palestino! ¡Abajo
el plan contrarrevolucionario
de “dos estados” de la ONU, de los carniceros
imperialistas y de las burguesías
árabes cipayas! ¡Fuera los carniceros
imperialistas yanquis y europeos,
todas sus tropas y la ONU de Afganistán
y de toda la región! ¡Por
la destrucción del Estado sionista-fascista
de Israel! ¡Por un Estado Palestino
laico, democrático y no racista
sobre todo el territorio histórico
de Palestina, bajo un gobierno obrero
y campesino de las masas palestinas
insurrectas, autoorganizadas
y armadas, en el camino de conquistar
una Federación de Repúblicas Obrero-Campesinas
de Medio Oriente! ¡Solo destruyendo
al estado de Israel podrán convivir
pacíficamente en Palestina
los trabajadores de cualquier raza
y confesión!
¡Que
las organizaciones obreras de todo
el mundo hagan suya la voluntad de millones
de trabajadores y campesinos
de todo el Medio Oriente de ir a combatir
a Palestina!
La
guerra civil y nacional revolucionaria
de Palestina plantea retomar las
mejores tradiciones del proletariado
mundial, como la de las brigadas internacionales
que fueron a combatir a la guerra civil
española en el 36-39 para ayudar al proletariado
español a derrotar al fascismo.
Hace meses, los luchadores antiimperialistas
árabes -pakistaníes principalmente-
fueron a luchar junto al pueblo afgano
contra el imperialismo yanqui. Tal
muestra de heroico internacionalismo
el imperialismo la está haciendo
pagar con los milicianos presos, torturados
y tratados como animales en Guantánamo,
Cuba, hasta con la colaboración
del mismo Castro. La bandera de ¡libertad de los presos de
Guantánamo!, luchadores
que son el ejemplo de internacionalismo
que millones quieren seguir en Jordania,
Egipto, Líbano, Arabia Saudita,
Irak, tiene que figurar en primer lugar
del programa de las masas que hoy se levantan
en Medio Oriente El
ataque fascista de Israel y el imperialismo
contra la heroica revolución palestina
ha vuelto a encender la mecha del odio y de
la lucha antiimperialista de los
trabajadores y los pueblos oprimidos
de Medio Oriente y del Norte de Africa. En
los últimos días millones se han movilizado
en Libia, Túnez, Egipto, Líbano, Jordania,
Kuwait, Yemen, Irak, en apoyo a sus hermanos
palestinos. En Túnez, se destacan
las banderas y las columnas de los trabajadores
convocados por la UGTT (Unión General
de Trabajadores Tunecinos),
mientras que el 1° de abril toda Jordania
se paralizó por una huelga general
de 6 horas convocada por los sindicatos
en apoyo a sus hermanos palestinos,
con manifestaciones y llamamiento
al boicot de los productos norteamericanos.
El
odio no se dirige sólo contra el estado
de Israel y el imperialismo yanqui,
sino que comienza a alcanzar a los gobiernos
y regímenes de las burguesías árabes,
cipayas del imperialismo y opresoras
y explotadoras. Así, el grito de los
estudiantes egipcios violentamente
reprimidos por la policía es: "¡Traidores, disparen
contra los sionistas!” y “¡Un egipcio dispara sobre
un egipcio para proteger al embajador
de los perros!”. En El Líbano, decenas
de miles de palestinos y libaneses
se movilizaron en todo el país al grito
de "¡Vendamos
a los dirigentes, y compremos armas!”
y “¡Dirigentes traidores, ustedes
han vendido Palestina!”. Desde
Libia hasta Irak, desde Túnez a Yemen,
un grito y un reclamo unificado
recorre las filas de la clase obrera
y los pueblos musulmanes: ¡”Abran las fronteras, queremos
ir a combatir a Palestina!” ¡Esta
demanda de los trabajadores y los
explotados de Medio Oriente debe
convertirse en bandera del proletariado
mundial! ¡Que las organizaciones
obreras, campesinas y populares
de todo el mundo hagan suya la voluntad
de las masas de Medio Oriente y convoquen
ya a conformar brigadas internacionales
de obreros y campesinos voluntarios,
listos para ir a combatir codo a codo
con sus hermanos de clase palestinos!
En
Francia, en Alemania, en Italia, en Inglaterra
y en todas las potencias imperialistas
europeas, más de 20 millones de trabajadores
inmigrantes árabes, de Medio Oriente,
del Norte de Africa y de Asia son superexplotados,
perseguidos y tratados como parias,
al igual que lo son sus hermanos de Palestina, por las burguesías imperialistas.
El Imperialismo francés es responsable
de la muerte de centenares de miles de
trabajadores en Kabilia, Argelia,
para defender sus intereses petroleros.
El Imperialismo Alemán sojuzga
a explota a los trabajadores de
Europa Oriental. Los agentes de la aristocracia
y las burocracias obreras, socialdemócratas,
stalinistas de todo pelaje, pablistas,
centristas que se arrodillan a sus pies, abandonan
a estos trabajadores a su suerte,
o se niegan a unir a la clase obrera “nativa”
con sus luchas, tomando en sus manos sus reivindicaciones
¡La fuerza de esos millones
de trabajadores, que pueden golpear
al interior mismo de las potencias imperialistas
que sostienen al Estado de Israel y el
plan contrarrevolucionario
de la ONU, es un arma de primer orden en la lucha
por la victoria de la clase obrera y el pueblo
palestino! La
crisis económica mundial y su avance
al interior mismo de las potencias imperialistas
acorta los tiempos de sobrevida de la
aristocracia obrera europea y el
resto de las potencias imperialistas.
Si es aplastada la heroica revolución
palestina y de medio oriente, y colocada
a la deriva con un fenomenal golpe
económico la de argentina, las burguesías
imperialistas estarán en mejores
condiciones para volverse contra
su propia clase obrera con brutales ataques
económicos, a los cuales tratará
de esclavizar más y más, con despidos
masivos, privatizaciones y
flexibilización como las que están planteadas en Italia
y se avecinan en Europa y despidos
masivos como en EE.UU. y Japón. La
clase obrera de
Francia, Alemania, Italia y el resto
de las potencias imperialistas,
tienen que unir sus filas con los trabajadores
inmigrantes, levantando sus demandas
y en primer lugar luchando por el triunfo
de la clase obrera y el pueblo palestino,
enfrentando a sus propias burguesías
imperialistas y al plan de “dos estados”
de la ONU que éstas sostienen, así como también
a la aristocracia obrera y a las burocracias
sindicales del continente que las
apoyan. La
clase obrera norteamericana
que viene sufriendo millones de despidos
y los ataques de su propia burguesía imperialista
para imponerles la flexibilización
laboral tras los atentados del 11 de setiembre,
debe retomar el camino de la lucha
contra la guerra de Vietnam. No debe dejarle
las manos libres a Bush y a sus carniceros
imperialistas y movilizarse
para parar su máquina de guerra. Debe
romper con la burocracia sindical
de la AFL-CIO que se beneficia de los millones
de dólares que los imperialistas
yanquis extraen de la superexplotación
de las masas del mundo semicolonial,
y detener las persecuciones contra
los inmigrantes de origen árabe en EEUU. Todas
las clases obreras de las potencias imperialistas tienen
que hacer efectivo el apoyo a los trabajadores
y el pueblo palestino, luchando
por ¡Armas para Palestina!
¡Ni un fusil, ni una bala, para el carnicero
Sharon y el ejército sionista genocida!
¡Paralizar desde dentro mismo de
las potencias imperialistas, mediante
la huelga, el boicot, los piquetes y sus métodos
de lucha, todo envío de armas y suministros
para el estado de Israel! ¡Garantizar
que lleguen a Palestina todas las armas
y suministros necesarios para
el triunfo del pueblo palestino! ¡Basta
de que la burocracia sindical y la aristocracia
obrera europea traten a los inmigrantes
árabes igual que los sionistas y las burguesías
árabes tratan a los refugiados en los
campamentos! ¡Iguales derechos para
todos!
¡Todo
el apoyo a la guerra civil
Los
trotskistas del COTP-CI hacemos un llamamiento
urgente a todas las organizaciones
obreras, campesinas, estudiantiles
y populares, y partidos obreros
y antiimperialistas de todo el mundo,
a impulsar la más amplia unidad de acción
en apoyo a la clase obrera y el pueblo palestino,
a ganar las calles en masivas movilizaciones
y manifestaciones. A organizar
desde los sindicatos y organizaciones
obreras y populares de todo el mundo
comités por brigadas internacionales
para ir a combatir junto al pueblo palestino,
como ya lo están organizando y llamando
las masas revolucionarias palestinas
y del mundo árabe, en Jordania, el Líbano,
Irak, Egipto, Túnez, contra sus propias burguesías
cipayas, socias de Israel y el imperialismo. Estamos
dispuestos a realizar en común toda
acción que signifique apoyar a la clase
obrera y al pueblo palestino, aunque
sea un pequeño paso, con cualquiera que
esté dispuesto a darlo. En Argentina,
donde el futuro de la revolución
que han iniciado los trabajadores
y el pueblo se juega hoy en gran medida en
el resultado de la guerra en Palestina,
hacemos un llamamiento a las organizaciones
obreras en lucha, a las asambleas populares,
a los piqueteros y movimientos de
desocupados, a los centros de estudiantes
y organismos de derechos humanos,
a tomar en sus manos y a impulsar la más amplia
unidad de acción en apoyo a la clase obrera
y el pueblo palestino. En
América Latina, en Brasil, en Colombia,
en Perú, en México, en Bolivia, en Chile,
etc. , es clave una coordinación y acción
centralizada antiimperialista
de todas las organizaciones obreras
y campesinas que están en combate
en América Latina. La clase obrera
de Colombia, amenazada por la intervención
yanqui, debe levantarse en primer
lugar. El grito de los obreros de los obreros
avanzados y de los jóvenes revolucionarios
no puede ser otro que el de ¡Abajo
los pactos y treguas con los gobiernos y regímenes
cipayos!, exigirle a las direcciones
de esas organizaciones, sometidas
a sus propias burguesías a que ¡Rompan con su subordinación
a los gobiernos y regímenes semicoloniales,
organicemos una acción centralizada
en apoyo a la revolución palestina
y para romper el cerco impuesto a la
revolución argentina! En ese
combate se le facilitara al proletariado
liberarse de las direcciones traidoras
actuales, o bien empujar a las mismas más
allá de lo que ellas quieren.
Comité Redactor de Democracia Obrera
de Argentina y Comité Redactor
de Tribuna Obrera Internacionalista
de Chile
SOLO LA ALIANZA OBRERA Y CAMPESINA PODRA DERROTAR AL EJERCITO SIONISTA GENOCIDA DESTRUIR EL ESTADO FASCISTA DE ISRAEL Y LEVANTAR EN SU LUGAR UNA UNICA PALESTINA OBRERA Y CAMPESINA, LAICA, DEMOCRATICA Y NO RACISTA
Para
derrotar al Estado sionista-fascista de Israel y sus patrones
imperialistas existe un arma más poderosa que todos los misiles:
la expropiación de los bienes y empresas del imperialismo y la
burguesía israelí, y el bloqueo al acceso al petróleo de todas
las potencias, que sólo puede ser llevada a cabo por medio del
levantamiento revolucionario de las masas armadas de toda la región.
Este sería un ataque mortal al imperialismo, tanto norteamericano
como europeo, que tienen en la región intereses vitales: las instalaciones,
los gasoductos, los buques-tanques y las refinerías de empresas
petroleras como la British Petroleum-Amoco, de la Shell, la Elf-Totalfina,
etc., así como también empresas informáticas como Microsoft, Sun,
etc., bancos, hoteles, empresas de construcción, de suministro
de energía y agua, de servicios, etc. Pero
nada de esto han hecho ni Arafat, ni las burguesías cipayas árabes
y el resto de las burguesías de Medio Oriente, ni siquiera ante
el salto en la masacre y el arrasamiento de las ciudades y aldeas
palestinas que significa el ataque actual. Ni lo hicieron en el
pasado, cuando el estado de Israel se armó artificialmente a sangre
y fuego sobre el robo de las tierras y la demolición de las aldeas
y ciudades palestinas y los cadáveres de ancianos, mujeres y niños
resultado de las razzias de los colonos fascistas y el bombardeo
del ejército de ocupación, o por el hambre y la miseria en los
campamentos de refugiados. Lejos de ello, negociaron con el imperialismo
y con el sionismo genocida un status quo que les permitió, reconociendo
a Israel algunos de ellos, y otros, aun manteniendo formalmente
su oposición mismo, desarrollar jugosos negocios en la trastienda.
Temerosas siempre de las masas y de la clase obrera, no sólo aprovecharon
cada oportunidad que se les presentó para negociar o apoyar negociaciones
donde se vendía descaradamente al pueblo palestino y su heroica
resistencia, sino que colaboraron en explotarlo, someterlo y masacrarlo
cuando huía de las persecuciones sionistas (el rey Hussein de
Jordania asesinó masivamente a miles de refugiados palestinos
en el llamado Setiembre Negro de fines de los 60, Siria y el Líbano
-como muchos de los estados del golfo Pérsico- los explotaron como mano de obra barata, reprimiendo
sus levantamientos, condenándolos a vivir en campos de refugiados
de carpas en pleno desierto, etc.). Por supuesto que esta vida
no era la que llevaban los burgueses palestinos, conocidos en
todo cercano oriente y en muchos países occidentales, como el
mismo EE.UU. e Inglaterra, por sus inversiones, bancos y grandes
operaciones comerciales. Nada de esta riqueza, como tampoco la
de los jeques, príncipes y empresarios de la región se puso al
servicio de la causa palestina, comprando armas y artillería pesada
para que el pueblo palestino pudiera defenderse y expulsar al
ejército de ocupación y el enclave imperialista del Estado genocida
de Israel. Incluso los gobiernos nacionalistas de los 60 (como
Egipto y Siria), que entablaron la guerra a Israel cuando éste
comenzó la expansión hacia sus territorios, terminaron negociando
la paz sobre los despojos de Palestina, permitiendo que se "legitimizara"
la expulsión de los palestinos de 1947-48 (fecha de fundación
del Estado de Israel) y limitándose a reclamar el retorno de los
expulsados en la guerra de los Seis Días (1967), como vuelven
a hacerlo una y otra vez, tanto en los acuerdos de Oslo de los
90 como en la propuesta del rey saudita aprobada en la cumbre
de países árabes de Beirut, con el respaldo de la Conferencia
de Países Islámicos en Malaysia, hace pocos días. Ahora, la propuesta
del gobierno de Saddam en Irak y de Kaddafi en Libia, de efectuar
un embargo petrolero sobre EEUU, no pasa de ser un intento de
presionar al imperialismo para negociar en mejores condiciones
la traición de los "dos estados" bajo la supervisión de la cueva
de bandidos de la ONU. Pero sí han financiado a las direcciones
pequeñoburguesas, tanto islámicas como laicas -Hamas, Hizbollah,
la Jihad, brigadas mártires de al-Aqsa, etc.-, que han dividido
y desviado la lucha palestina al callejón sin salida del terrorismo
individual. Entre
defender la nación oprimida y llevarla a la victoria -que sólo
puede hacerse expropiando al imperialismo y armando a las masas-
y arrodillarse ante el opresor, para preservar su propiedad privada,
su dominación de clase y sus negocios como socia menor, la burguesía
nacional nunca ha dudado: es incapaz de ir hasta el final porque
su nacionalismo tiene claros límites de clase. Arafat
y la burguesía palestina, como la burguesía árabe y del resto
de países musulmanes de Asia y Africa, son incapaces de llevar
la lucha nacional a la victoria, porque para asegurar la victoria
de esta lucha por la liberación nacional, es necesario armar a
las masas, extender sus organismos independientes y atacar la
propiedad privada tanto del imperialismo como de sus socios nativos.
Y esto no están dispuestas a hacerlo, porque peligraría su propia
dominación. Por esto son iguales a todas las burguesías nacionales. Igual
que sucedió en Afganistán con el Talibán, ayer; con Galtieri y
la burguesía argentina en Malvinas; con Allende en Chile; con
Perón en el 55 en Argentina, y con tantos otros, sus gestos y
discursos "antiimperialistas" son vacíos: llegado el caso, huyen
o se esconden sin disparar un solo tiro, prefieren incluso suicidarse
antes de tocar un pelo al amo imperialista, dejando a las masas
desarmadas, a merced del ejército genocida del enemigo con sus
bombas y tanques, y de sus comandos fascistas asesinos. En cuanto
pueden, negocian la rendición o una salida que les permita recomponer
más tarde sus relaciones rotas con el imperialismo, usando la
lucha heroica de las masas que se juegan su vida, como moneda
de cambio en sus regateos. Así vemos hoy a Chávez, mostrando la
verdadera cara de su "revolución bolivariana", siendo el verdadero
aplicador de los planes de ajuste del FMI en Venezuela. En Argentina,
la misma burguesía que aplaudió de pie en enero la declaración
el default de la deuda externa (privada), ahora se esconde pidiéndole
al imperialismo que descargue el golpe económico contra las masas
argentinas para reventar la revolución, mientras el FMI supervisa
minuciosamente la tarea encomendada a sus lacayos. Sólo
la clase obrera, liderando a las masas oprimidas, como lo demuestra
el heroísmo de la clase obrera y el pueblo palestino, como lo
han demostrado tantos hechos revolucionarios de la historia, es
capaz de llevar hasta el final la lucha por la liberación nacional,
que está por eso mismo indisolublemente ligada a la revolución
social contra su propia burguesía y el imperialismo que la sostiene. Los
trabajadores y el pueblo palestino bajo la bota del imperialismo
y del estado sionista-fascista y racista israelí
PARIAS EN SU PROPIA TIERRA Palestina
fue hasta la mitad del siglo XX una colonia
inglesa. Pero cuando el imperialismo
inglés entró en su etapa de decadencia
y empezó a retirarse de parte de
sus dominios tras la segunda guerra mundial,
la posta pasó a manos del imperialismo
yanqui. Pero en lugar de mantenerla
como protectorado, las potencias
imperialistas, encabezadas
por los EE.UU., idearon la creación del Estado
de Israel, encubriendo de esa manera
–con el manto “humanitario” de darle
tierra a una “nación” que la habría perdido–
el establecimiento de un dispositivo
militar, una cuña, para controlar
a las masas oprimidas de Medio Oriente
y a la vez asegurarse el acceso a las
rutas petroleras. “Presiento
que el presidente (de los EE.UU) será el nuevo
Moisés que hará nacer el niño de Israel
en el desierto” (1),
declaraba un congresal norteamericano
al salir de una reunión con el presidente
yanqui. El
“nuevo y democrático Moisés”, el
imperialismo yanqui, sostenía
y sostiene económica y militarmente
la constitución y permanencia del
Estado sionista-fascista de Israel.
En nada más que en ese financiamiento
se basa el mito del “milagro” israelí.
En su creación y sostenimiento el Imperialismo
se apoya en el Sionismo que es un movimiento
dirigido por la burguesía financiera
de origen judío, la misma, como el magnate
Rothschild, que no dudó en financiar al estado
fascista alemán.
La
burguesía sionista, que se había apoyado
inicialmente en el imperialismo
británico (el “anterior Moisés”),
consciente de que éste, aún victorioso,
había salido debilitado de
la II Guerra Mundial, va en busca de su “nuevo
Moisés”, el imperialismo norteamericano,
que a sangre y fuego crea el Estado sionista-fascista,
racista de Israel, imponiendo ese
enclave imperialista como gendarme
en la región y armado hasta los dientes
y concretando la mentira sionista
de “una tierra para un pueblo que la había
perdido”. Y para concretarla era
necesario expulsar a la mayoría
de los palestinos y expropiar sus bienes.
“Cuando ocupemos la tierra...expropiaremos
poco a poco la propiedad privada
en los Estados que se nos asignen. Trataremos
de desanimar a la población pobre
alejándola más allá de la frontera, procurando
empleo para ella en los países intermedios
y negándole cualquier empleo en nuestro
país...Tanto el proceso de expropiación
como de eliminación de los pobres deberá
ser llevado adelante discretamente
y con circunspección” (2), declaraba
Theodor Herzl, uno de los fundadores del sionismo. El
29 de noviembre de 1947 se “legitima”
el establecimiento del Estado
israelí por medio de una votación de
la ONU, el ministerio de colonias del
imperialismo, el mismo que aprueba
los bombardeos a Irak, al Kosovo y a Serbia,
que avaló la agresión inglesa en las Malvinas,
y que encubre con un manto de “unidad de la comunidad
mundial” la defensa de los intereses
rapaces del imperialismo y santifica
sus sanguinarias intervenciones
militares en todo el mundo con el argumento
de la defensa de la “democracia”. Esta
resolución y el nuevo plan de ocupación
y establecimiento de un Estado
judío en Palestina se realiza sobre
la terrible derrota a la heroica
insurrección de 1936/39 asestada a las
masas palestinas que luchaban contra
el dominio imperialista francés
e inglés. Para aplastar esta insurrección,
que comenzó con una huelga general que
duró seis meses, el imperialismo
utilizó la mitad de los efectivos de
todo el ejército inglés, que en ese momento
era uno de los más poderosos del mundo. Miles
de palestinos fueron muertos, detenidos
y condenados a la horca o a prisión.
La
creación del Estado de Israel contó también
con la colaboración para este objetivo
de la burocracia stalinista a quien
la unía el pacto contrarrevolucionario
de Yalta firmado a la salida de la segunda
guerra mundial. Y para demostrar su lealtad
a ese pacto y su rol contrarrevolucionario
envió armas y aviones a los sionistas
por intermedio de Checoslovaquia. El
14 de mayo de 1948, sobre el exterminio
y la expulsión de miles y millones de
palestinos, era proclamado el Estado
de Israel. Así se fabricó la “tierra sin pueblo”
que proclamaba el sionismo. Luego,
el estado israelí aplicaba la “ley
de propiedad de las personas ausentes”,
según la cual el palestino que se hallaba
“ausente” perdía todas sus propiedades
por estar estas abandonadas. Por el solo
hecho de ser palestino, se perdía el
derecho a tener propiedades y cualquier
otro derecho. Esos derechos solo estaban
reservados por la ley a los habitantes
de origen judío, aunque nunca hubiera
vivido en Palestina hasta entonces,
y se le negaban a los que habían habitado
esas tierras por siglos. Los convirtieron
así en extranjeros en su propia tierra. Para
concretar su plan, el estado sionista
no reparó en aliarse con los gobiernos
burgueses árabes como los del Líbano
y de Jordania. Al rey Houssein de este país
le corresponde haber provocado
en setiembre de 1970 una matanza de
20 mil refugiados palestinos en
sus campamentos mientras las fuerzas
israelíes, con el apoyo de la flota yanqui
en el Mediterráneo, los bombardeaban.
En 1982 más de 1000 refugiados palestinos,
en su mayoría ancianos, mujeres
y niños, son asesinados en los campamentos
de Sabra y Chatila en Beirut, en un operativo
dirigido por el general sionista
Ariel Sharon, por entonces Ministro de
Defensa israelí, comandando
a sus aliados, los milicianos falangistas
de la minoría cristiana libanesa. Masacrados,
desterrados, encerrados en verdaderos
ghettos y condenados a vivir como
parias en su propia tierra, el genocidio
del pueblo palestino es uno de los más grandes
de este siglo. Una
vez más, en el inicio de la actual revolución
palestina, en cada puño en alto,
en cada piedra arrojada por los jóvenes
y trabajadores palestinos,
en cada huelga y manifestación,
en cada madre que ve morir a sus hijos bajo
las balas del ejército sionista-fascista
israelí, se desata el justo odio de los
trabajadores y el pueblo palestino
por tantos años de masacres, humillaciones,
destierros, a los que vienen siendo sometidos
por parte del imperialismo y su gendarme
en la región el Estado sionista-fascista,
racista de Israel.
Es necesario un inmediato reagrupamiento de las
fuerzas sanas de la Cuarta internacional.
No
es tan solo la bravura de los chacales y carniceros como Sharon
o Bush, ni la inteligencia colonialista de los asesinos franceses
o alemanes, lo que puede llevar a la derrota a las
heroicas revoluciones palestina y argentina. Si aquí y allá, el imperialismo, ante
los golpes de la revolución pueden rearmar sus fuerzas y contraatacar,
es porque las direcciones traidoras socialdemócratas o stalinistas,
las direcciones nacionalistas burguesas o pequeñoburguesas, deshacen
desde adentro, como una verdadera “Quinta Columna”, lo que las
masas revolucionarias construyen en su combates. Es esta traición
de las direcciones de las masas árabes – con una policía organizada
para perseguir a su propio pueblo y no para enfrentar al invasor
sionista- la que ha permitido la ofensiva y el contrataque imperialista
actual en Palestina Un
accionar similar de las direcciones contrarrevolucionarias se
vive en la Argentina. Producto de estas direcciones, como la burocracia
sindical y el stalinismo, la revolución en este país se haya en
una encrucijada: por un lado, todas las fuerzas de la patronal
se concentran con el imperialismo yanqui al mando, incluso los
sectores de la patronal que hasta ayer balbuceaban, con el aliento
de las masas atrás, acerca de la “suspensión” de los pagos de
la deuda externa. Pero todos se subordinan cobardemente al amo
yanqui porque saben que éste es el único que puede derrotar a
las masas con el furibundo golpe económico que se está descargando
sobre los trabajadores y el pueblo. Por el otro lado, frente a
esta enorme concentración de fuerzas patronales y del imperialismo,
las de los trabajadores y el pueblo se hayan dispersas: el movimiento
de desocupados se haya dividido, con una inmensa mayoría bajo
la tutela estatal directa y una minoría bajo el control férreo
de la nueva burocracia sindical del movimiento de desocupados.
Este movimiento es dejado por estas direcciones separado de las
asambleas populares, embriones de organismos de doble poder. Mientras
tanto, los trabajadores ocupados enfrentan aislados una oleada
de despidos fábrica por fábrica. Ninguna de estas direcciones
traidoras quiere unir en un mismo torrente a todas estas fuerzas
para organizar un nuevo embate de masas que -como continuidad
de las grandes acciones independientes del 13 al 20 de diciembre-
termine de reducir a escombros al gobierno y régimen infame. Contra
todos los renegados
del marxismo, que hablan de la “crisis de subjetividad” de las
masas explotadas del mundo, del “atraso de su conciencia”
y de su desorganización, la gloriosa y heroica revolución palestina,
con la que ha empezado el siglo XXI, y la revolución argentina,
ubicada como el eslabón mas débil del dominio imperialista en
América Latina, han demostrado toda la energía revolucionaria
que son capaces de desplegar las masas que entran en el combate
en enfrentamientos decisivos pese a tener direcciones que les
atan las manos, que las aíslan, mientras los enemigos concentran
sus fuerzas a nivel mundial para derrotar los focos revolucionarios
en todo el mundo. Estos
enemigos encubiertos tienen nombre y apellido. Son las direcciones traidoras agrupadas en el Foro Social
Mundial reunido recientemente en Porto Alegre, como Castro, las
Farc, los Zapatistas, la burocracia sindical de la CUT, el PT
de Lula, la CUT chilena, el satlinismo, etc, que se dan la mano
con el movimiento “globalifóbico” que protestaba en Qatar contra
la matanza de ballenas en el Pacífico en momentos en que las bombas
caían sobre Afganistán. Son
los que le dicen a las masas que para ganar las guerras nacionales
no hay que expropiar a la burguesía sirviente del imperialismo.
Son los que impiden que el pueblo palestino en Líbano y en Jordania
se levante en una sola revolución y se una a las masas antiimperialistas
de medio Oriente para cavarle una nueva tumba al imperialismo
norteamericano, como en Vietnam. Son los que en América Latina
con Castro y el comandante Marcos y los comandantes de las FARC
se han juramentado en que no debe haber una nueva Cuba en el continente,
por eso aquí y allá hacen treguas, pactos, para apoyar a los regímenes
cipayos semicoloniales; todos estos traidores, reunidos en el
Foro de Porto Alegre, –con la revolución argentina en las calles-,
se han negado a hacer una sola jornada mundial, con las masas
en las calles, de solidaridad con la revolución argentina. En
Porto Alegre se reunieron más de 2000 mil organizaciones de todo
el mundo y no votaron un a sola jornada de lucha mundial en apoyo
a la lucha del pueblo palestino. Es que todas estas direcciones
son defensoras, desde la “izquierda”, de la política imperialista
de “dos estados”, o sea que reconocen la legitimidad del Estado
de Israel obtenida mediante el saqueo, la expulsión y genocidio
de todo un pueblo. Por eso, su acción, como la del agente imperialista
José Bové, es rodear y defender a Arafat y no mover un dedo para
defender a los trabajadores palestinos que son los que están siendo
realmente masacrados. Son
los partidos supuestamente “anticapitalistas“ de Europa, formados
por deshechos de viejos partidos stalinistas y renegados del trotskismo,
que en verdaderos partidos únicos, se preparan para contener por
izquierda, desmovilizar y derrotar a las masas para allanarles
el camino a los gobiernos socialdemócratas de “3ra. Vía” que como
administradores de los asuntos de su “propia” burguesía imperialista,
necesitan de esta colaboración para emprender nuevas aventuras
contrarrevolucionarias en sus colonias y atacar a sus propios
proletariados, como ya anuncia el gobierno de Berlusconi en Italia
de. Esos partidos que les suplican a sus amos esclavistas que
den algunas limosnas a sus esclavos coloniales, reduciendo unos
puntos los intereses de la deuda, terminaron arrodillados
a las faldas de Bush en Afganistán y ante la ONU pidiendo
“Paz” y “dos estados” para estrangular la revolución palestina. Ante
estas fuerzas terminaron arrodillados en Porto Alegre, los partidos
que arrastran por el fango las banderas del trotskysmo y de la
IV Internacional. Renegados como Alain Krivine y la LCR francesa,
que trabaja para la burguesía francesa intentando convencer a
los trabajadores palestinos que acepten los Tratados de Oslo,
que son capaces, como el 23 de marzo pasado de marchar junto al
partido socialista y comunista, hoy en el gobierno de Jospin,
por la “paz” y por los “dos estados”. O a su organización hermana
en Italia, Bandiera Rossa, que está hace doce años en un partido
único con el stalinismo. Arlette Laguilier y su organización Lutte
Ouvriére, a quien las encuestas le dan el 10 % en las próximas
elecciones presidenciales francesas, vienen de negarse a apoyar
a Afganistán en su guerra contra el Imperialismo con el viejo
de argumento de que su dirección, el Talibán, es reaccionario.
La misma política que tuvo el PLP, partido pakistaní aliado de
la LIT-CI. El
Partido Obrero de Argentina, que no hace apenas dos años había
“refundado” la Cuarta Internacional en una pequeña reunión en
Buenos Aires y que ahora destaca la “gran homogeneidad política”
lograda con el castrismo y el maoísmo en el movimiento de desocupados,
al que todos dirigen con la mano de hierro de una nueva burocracia
sindical, también defiende, junto al PTS, la política de los “dos
estados”, bajo el falso argumento de la “autodeterminación nacional”
palestina. Otras
corrientes como la LIT-CI y la CITO, aunque levantan correctamente
la destrucción del Estado de Israel y la lucha por un estado palestino
laico, democrático y no racista, lo hacen separando y desarticulando
esa correcta consigna de la lucha por los consejos obreros, por
las milicias obreras, y por la victoria de la revolución y la
instauración de un gobierno obrero y campesino. De esa manera
transforman el programa democrático, en lugar de un motor de la
movilización revolucionaria de las masas en su contrario, lo que
Trotsky llama “un dogal
en el cuello del proletariado”. Contra
los centros y los estados mayores de las direcciones de la contrarrevolución
vendidas y compradas por los imperialismos y las burguesías cipayas
semicoloniales, hay que reagrupar inmediatamente alrededor de
las lecciones y tareas de las revolución palestina y argentina,
a las fuerzas sanas de la Cuarta internacional. Las
tendencias son al enfrentamiento y a la polarización entre revolución
y contrarrevolución ante las crisis de los estados y los regímenes
golpeados y desarticulados por el avance de la
crisis económica internacional, ante las crisis permanente
de las distintas mediaciones que impone el imperialismo para frenar
a las masas. Ante esta situación, han sido llamados los liquidadores
de la Cuarta internacional y del trotskismo a poner el hombro
para que sea creíbles las nuevas mediaciones contrarrevolucionarias.
Así, los vemos en Argentina haciendo partidos únicos con el stalinismo
–como el PO y el MST- o abandonando el trotskysmo y declarándose
gramscianos como el PTS, pero poniéndole todos juntos el hombro
al surgimiento de una verdadera burocracia del movimiento de desocupados
que junto a los punteros del maldito régimen infame contienen
la desesperación y el combate de la clase obrera argentina que
se encuentra desocupada o subocupada o trabajando como esclava
en negro. Los
vemos aquí y allá sosteniendo los partidos “anticapitalistas”
donde se borran las fronteras
entre reforma y revolución, en partidos de “Lenin y Jean Jaurés”,
o de “Stalin y Trotsky”, o de “Gramsci y Trotsky”,
llevando a la postración a las limpias banderas de la Cuarta
internacional. Desde
el Comité Organizador del Trotskysmo Principista (Cuarta Internacional)
hemos hecho un llamamiento a las fuerzas sanas del trotskysmo
que buscan un camino para responder a las guerras contrarrevolucionarias
como en Afganistán, a las revoluciones como en Palestina y Argentina,
a que no podemos seguir más aislados, combatiendo país por país.
Que los cañonazos de la guerra y los combates de la revolución
y contrarrevolución nos han puesto ante una obligación: reagrupar
ya las filas de los que luchamos por poner en pie a nivel mundial
un programa revolucionario para despejar el camino hacia el triunfo
de las revoluciones abiertas por los combates heroicos de las
masas, labor que sólo podrá hacerse combatiendo a las direcciones
traidoras. Esta es una tarea inmediata e ineludible. Los
trotskistas japoneses, como los compañeros de la JCRL que vienen enfrentando a su propio
imperialismo y a sus aventuras militares, a la cabeza de los estudiantes
rojos (Zengakuren); los trotskistas brasileños, enfrentados a
los pactos sociales de la CUT y a los revisionistas del trotskismo,
que sostienen al régimen de Cardoso y el PT y que integran gobiernos
estatales de frente popular; los trotskistas peruanos, que como
los argentinos han tomado en sus manos la lucha de desarrollar
los organismos de doble poder para enfrentar a la burguesía cipaya
semicolonial y su entrega de la nación al imperialismo; los trotskistas
norteamericanos que se han negado a ser una agencia castrista
-como ya lo es el SWP-, y pugnan por ligarse a la revolución mundial,
enfrentando a los traidores y canallas del AFL-CIO. Los trotskistas
europeos, que se han propuesto reagrupar sus filas para preparar,
programática y estratégicamente los combates que esperan al proletariado
europeo y del Este, así como los de Oceanía, tenemos todos una
gran obligación: convocar ya, con un programa revolucionario alrededor
de Palestina y Argentina, un comité internacional de los que nos resistimos a la destrucción de
la Cuarta internacional y los que nos proponemos reagrupar sus
filas bajo las limpias banderas de la revolución proletaria internacional. Sacar
una declaración común y realizar inmediatamente con ella una campaña
internacional puede ser un extraordinario punto de partida, al
que convocamos desde la LOI-Ci y el GOI de Chile. Un reagrupamiento
de nuestras fuerzas bajo un programa revolucionario ante estos
grandes acontecimientos mundiales, puede ser una fabulosa palanca
para que la Cuarta internacional esté a la altura de lo que las
masas revolucionarias de Medio Oriente y Argentina ya están realizando.
¡El 99% de las fuerzas del trotskismo principista para que triunfen
las fuerzas de la revolución palestina y argentina! Para que de
sus entrañas y de sus luchas, surjan poderosos partidos trotskistas
internacionalistas de combate. Y esas no son tareas nacionales,
son tareas internacionales revolucionarias de las fuerzas sanas
que se reivindican de la Cuarta internacional. Para
que la clase obrera y los pueblos oprimidos del mundo sobrevivan,
el imperialismo debe morir.
Es hora de reagrupar
a sus sepultureros, pues sus enfermeros, aquí y allá, preparan
nuevas derrotas catastróficas para el proletariado mundial. Lo
que la clase obrera mundial necesita ante el agudizamiento de
la crisis de dirección revolucionaria a nivel mundial, ante el
pasaje al liquidacionismo del pablismo generalizado en que ha
devenido el centrismo usurpador de las banderas de la Cuarta Internacional,
serán nuevos Kienthal y Zinmerwald de los revolucionarios internacionalistas
os capaces de unir los hilos de continuidad de la historia y dar
continuidad al marxismo revolucionario. En las fuerzas sanas,
hoy dispersas, de la Cuarta Internacional está la llave para abrir
esta perspectiva. Secretariado
Internacional del COTP(CI)
|
La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores
mismos.
"La liberación de los trabajadores
será obra de los trabajadores mismos"