COTP
(CI)
COMITE
ORGANIZADOR DEL TROTSKISMO PRINCIPISTA
(Cuarta Internacional)
Una
alternatriva de hierro: REFORMA O REVOLUCIÓN
Cuadernos de
Democracia Obrera
Nro 1 - 27/07/2001
El PTS y su visión de la lucha de los piqueteros
del Norte de Salta y de la situación del movimiento obrero
Bajo el
título de “¿Qué plantea la gran experiencia
de los piquetes para todo el movimiento obrero en el próximo período?”,
el PTS expone en la edición del 29/6 de su periódico La Verdad
Obrera (LVO), su visión de la lucha de Gral. Mosconi. Se preguntan:
“...¿Alcanzan los levantamientos locales
con piquetes y cortes de ruta, como los que desde el 96 se vienen sucediendo
en Cutral-Có, Libertador San Martín en Jujuy, Corrientes y tres veces
en Mosconi y Tartagal? ¿Alcanzan para imponer la demanda de trabajo
genuino, haciéndole pagar la crisis a los chupasangres imperialistas?”
Y se contestan diciendo: “Los
piquetes de Mosconi desenmascararon con agudeza grandes problemas
que tiene el conjunto del movimiento obrero, pero no puede resolverlos porque excede los límites de este
pequeño y heroico pueblo”, o aduciendo: “Esta lucha contra el capital más concentrado no puede resolverse desde pequeñas localidades,
sino poniendo en movimiento las fuerzas del conjunto de los trabajadores”
(negritas nuestras).
La enorme potencialidad de las masas y la impotencia
de los centristas
En su objetivo de demostrar los límites, la supuesta impotencia
y falta de perspectiva de las acciones como las de los piqueteros
salteños, el PTS empieza por tergiversar la realidad, reduciendo
los sucesos de Gral. Mosconi y Tartagal, y antes Cutral Có y Jujuy,
a simples “levantamientos locales con piquetes
y cortes de ruta”. LVO empieza por decir que luchas como la de
Gral. Mosconi, no “alcanzan”, que son impotentes, que hay que esperar
que se pongan en acción “las fuerzas
del conjunto de los trabajadores”.
En primer lugar, comenzaremos por decir que esto es una falacia,
pues los levantamientos de Mosconi y Tartagal fueron la expresión
más avanzada y radicalizada de huelgas generales políticas nacionales.
¡Para nada fueron hechos aislados que nacieron de un repollo, o
traídos por la cigüeña! Por si estos señores no lo saben, en junio-julio
de 2001 se inició una lucha política de masas con tres paros generales
ante los primeros ataques del gobierno de De la Rúa. Tartagal y Mosconi
fueron el proceso más avanzado y radicalizado de una contraofenisva
de masas, como lo fueron en ese mismo momento las jornadas revolucionarias de los obreros del pescado de Mar del Plata
que enfrentaron como piquetes y comités de lucha el lock-out patronal
y la misma lucha de los obreros de Zanón. Y si estos procesos quedaron
circunstancialmente aislados, no es porque sean “impotentes” o
porque sean “locales”, sino porque después de estas grandes acciones
de masas, una y otra vez, todas las alas de la burocracia sindical
las expropiaron para ponerlas a los pies de la patronal del “frente
productivo”, dejando aisladas circunstancialmente a esas luchas.
Lo mismo podríamos decir de la grandiosa lucha de Aerolíneas, de
la de los mineros del Turbio, de los piquetes de los obreros petroleros
de Neuquén y Río Negro que paralizaron 60 pozos. Justamente, su
fuerza proviene de que son la expresión avanzada de una ofensiva
de masas, a los que que la burocracia sindical intenta dejar libradas
aisladas a su suerte, con sus treguas y pactos.
Pero lo que también oculta y niega el PTS, es que en cada uno de esos “levantamientos” -y sobre todo en
el de Mosconi y Tartagal- los trabajadores ocupados y desocupados
y sus aliados del pueblo pobre marcaron el camino a todo el movimiento
obrero, opuesto al que impuso la dirección contrarrevolucionaria
de la traidora burocracia sindical: protagonizaron una verdadera
semiinsurreción, una acción histórica independiente que se dirigió
contra el poder de la burguesía, que enfrentó y derrotó a la gendarmería
y a la policía en las calles, desarticuló las instituciones del
estado y el régimen patronal en el Departamento de San Martín.
Al calor de la misma, los trabajadores empezaron a poner en pie
organismos de democracia directa, de autoorganización y autodeterminación,
uniendo no sólo a los trabajadores ocupados y desocupados sino
al conjunto de las masas explotadas. En los períodos álgidos de
la lucha, actuaban como embriones de poder obrero opuesto a las instituciones
del régimen y estado patronal, embriones de consejos obreros y
los piquetes como verdaderos comités de autodefensa frente a
al represión sangrienta de los perros de presa del estado burgués.
Con esos organismos, los trabajadores empezaban a resolver por
su propios medios los problemas más acuciantes. Aún hoy, obligados
por la Gendarmería a retirarse de la ruta, la Plaza del Aguante que
funciona en Mosconi, actúa como el organismo respetado por todas
las masas del Departamento San Martín, en donde se decide todo en
asamblea, opuesto al poder burgués que hoy está representado por
la justicia y la Gendarmería, no habiendo quedado en el medio ninguna
otra institución en pie.
Detrás de esa falsa descripción de “levantamientos locales con piquetes y cortes de ruta”, lo
que el PTS también intenta ocultar
es que lo que las masas realizaron en Mosconi, fue comenzar a poner
en pie embriones de organismos de doble poder, cuestión que fue planteada
y puesta en pie también en cada una de las centenares de luchas que
viene desarrollando la clase obrera en el último año y medio, y
a la que correctamente responde el Programa de Transición trotskista:
“¿Cómo pueden armonizarse
las distintas reivindicaciones y formas de lucha, aunque sea solo
en los límites de una sola ciudad? La historia ha respondido ya a
esta pregunta: a través de soviets. Ellos unirán a los representantes
de todos los grupos en lucha. Nadie hasta ahora ha propuesto, a este
efecto, ninguna forma distinta de organización, y, realmente,
sería difícil imaginar otra mejor. Los soviets no están restringidos
por un programa de partido a priori. Abren sus puertas a todos los
explotados. Por esas puertas entran representantes de todos los
estratos, arrastrados a la corriente general de la lucha. La organización,
junto con el movimiento, se renueva en su seno una y otra vez. Todas
las corrientes políticas del proletariado pueden luchar por la
dirección de los soviets sobre la base de la más amplia democracia
(...) Desde el primer momento de su aparición, los soviets, operando
como eje entorno al que se unen millones de trabajadores en su lucha
contra los explotadores, se convierten en rivales y adversarios
de las autoridades locales, y luego del gobierno central...” (Programa
de Transición).
Retomando e incluso superando
los jalones que ayer habían puesto con su lucha los trabajadores
desocupados de Cutral-Có, Jujuy y Tartagal, lo que volvieron a mostrar
los piqueteros y el pueblo trabajador de Mosconi y del Norte de
Salta, con los piquetes, con las asambleas, con los congresos, con el
programa obrero de los 21 puntos, es el camino del poder obrero; que
para conseguir algo hay que luchar por todo y atacar la propiedad
privada de los capitalistas, que ninguna de las reivindicaciones
de las masas, por más pequeña que éstas sean puede resolverse íntegramente
sin tomar el poder. Y esto no puede enseñarlo ningún movimiento de “excluidos”,
como califica el stalinismo
a los desocupados, y también los centristas, incluido el PTS, como
veremos más adelante. ¡Y a semejante
acción histórica independiente, que mostró la enorme energía de
la espontaneidad de las masas, el PTS la califica de “impotente”!
Por el contrario, estamos ante
una genuina lucha proletaria, por sus
métodos, sus objetivos, su programa y los intereses de los capitalistas
que atacaba: los intereses de los monopolios imperialistas del
gas y del petróleo en el Departamento de Gral. San Martín. Una genuina
lucha proletaria que, repetimos, marcó el camino al conjunto de
la clase obrera. Los piquetes y los embriones de poder obrero en Mosconi
y el Departamento de Gral. San
Martín, los piquetes de los obreros del pescado de Mar del Plata que
atacaron la propiedad de los patrones, que echaron a patadas a la
burocracia sindical; los comités de huelga y de lucha que surgieron
en muchas duras luchas por fábrica y establecimiento, los piquetes
de Aerolíneas que cortaron la pista en Ezeiza, las decenas y decenas
de comisiones internas recuperadas contra la burocracia, mostraron
que es de vida o muerte para la clase obrera desarrollar, extender
y generalizar a nivel nacional los organismos de democracia directa
para la lucha política de masas. Mostraron la impotencia de los
sindicatos, estatizados y dirigidos por la burocracia traidora
que, en semejantes condiciones de catástrofe descargada por el
imperialismo y la patronal sobre la clase obrera y los explotados,
han dejado afuera al 75% del proletariado: tres millones de desocupados;
otros tres millones de trabajadores en negro, dos millones y medio
de subocupados, y un millón y medio de trabajadores con contratos
precarios.
Por eso, en cada lucha decisiva, la clase obrera y los explotados,
para unir sus filas y sus reclamos, comenzaron a poner en pie organismos
de democracia directa para la lucha política de masas, asambleas,
comités de lucha y de huelga, movimientos y organizaciones de
trabajadores desocupados, y los piquetes, que tuvieron su más
alta expresión en Mosconi -donde marcaron el punto más avanzado
de la lucha del conjunto de las masas explotadas del Departamento
San Martín-, y en Aerolíneas, donde fueron los piquetes los que lograron
imponer la unidad de los trabajadores de los distintos gremios aeronáuticos,
de los afiliados y no afiliados, contra la política y la acción divisionista
de la burocracia sindical. Esta tendencia no es más que un indicio,
una expresión, de la extrema polarización entre las clases, de que
la convivencia entre explotadores y explotados se ha vuelto insostenible,
y concentra así la situación objetivamente revolucionaria que
se ha abierto en Argentina.
Por ello, desde el comienzo
mismo de una situación pre-revolucionaria o revolucionaria, la
tarea central de los revolucionarios es la de extender, desarrollar
y generalizar esos organismos de democracia directa con los que
las masas se independicen de la burocracia y del estado burgués;
impulsar los piquetes y los comités de lucha y de huelga, levantar
un programa obrero que esté a la altura de la situación para unir
las filas de la clase obrera, y enfrentar a las direcciones contrarrevolucionarias.
Como veremos en este folleto,
el PTS, como todos los centristas que nos hablan de los “límites”
de las masas, de su “inmadurez”, de su impotencia, etc., intenta
ocultar así su propia impotencia que deviene de su completa subordinación
a las direcciones contrarrevolucionarias que las masas tienen
a su frente.
El PTS oculta la traición de la burocracia sindical
y el stalinismo,
y le echa la culpa a las masas para tapar su propia
capitulación
El PTS nos dice, como vimos: “Los
piquetes de Mosconi desenmascararon con agudeza grandes problemas
que tiene el conjunto del movimiento obrero”, para, acto seguido, hablarnos de los “límites” de los
“levantamientos locales”, y después de “la desigualdad, la brecha entre los procesos de lucha y organización
del movimiento de desocupados con los trabajadores y obreros fabriles”.
Es decir, según el PTS, el gran problema que tiene la clase obrera
sería entonces su “inmadurez”, su “impotencia” para superar los
límites de los levantamientos locales y para cerrar la “brecha”
y la “desigualdad” entre los procesos de lucha de los ocupados y
de los desocupados.
El PTS oculta así que si, a pesar de toda la enorme energía revolucionaria
manifestada por los piqueteros y el pueblo trabajador de Mosconi,
y por el conjunto de la clase obrera Argentina –como veremos más
adelante-, no han logrado abrir el camino al inicio de la revolución,
es por el carácter contrarrevolucionario
de las direcciones que tienen al frente: la burocracia sindical
traidora, con la colaboración del stalinismo. Así, hace recaer
en las masas la responsabilidad, lavándole la cara a las direcciones
traidoras, y por esa vía tratan de ocultar su propia capitulación
a esas direcciones, a las que les cubren el flanco izquierdo.
En Mosconi y en el Norte de Salta, los trabajadores protagonizaron
una seminsurrección, derrotaron a las fuerzas de represión, descalabraron
las instituciones del régimen patronal, pusieron en pie sus piquetes,
asambleas, congresos, es decir, organismos de democracia directa
que actuaron como embriones de poder obrero, y atacaron la propiedad
de los capitalistas, los monopolios petroleros imperialistas
que saquean el gas y el petróleo de la región. Es más, mientras los “señores
dirigentes” del PTS se preguntan “cómo superar la desigualdad entre
la lucha de los desocupados y de los obreros fabriles”, los trabajadores
y el pueblo del Norte de Salta ya demostraron cómo hacerlo, y lo
hicieron: poniendo en pie organismos de democracia directa, levantando
su programa obrero de ¡Trabajo para todos; reducción de la jornada
laboral con salarios dignos!, luchando por la renacionalización
sin pago y bajo control de los trabajadores de Repsol-YPF, y atacando
la propiedad de los capitalistas con piquetes comunes de ocupados
y desocupados en la puerta de las petroleras, imponiendo cientos
de puestos de trabajo a 2.50 $ la hora.
En el resto del país, cada lucha decisiva tendió a seguir ese
camino, como los mostraron los piquetes de Aerolíneas, los de los
obreros del pescado, los choferes de la UTA, etc., como vuelve a mostrarlo
el piquete de los trabajadores del Congreso copando el “salón de
los pasos perdidos” y golpeando al diputado frepasista Darío Alessandro.
Pero el PTS nos habla de un retraso enorme del proletariado
industrial, porque es una corriente
sindicalista, economicista y reformista hasta los tuétanos:
la clase obrera argentina y su proletariado industrial, intervino
antes de que ustedes lo “recompongan”, señores reformistas, en
... ¡¡¡¡seis paros generales políticos en menos de un año!!!! Por
supuesto que ustedes esperan luchas económicas parciales duras:
pero lo lamentamos, la crisis ya está aquí. Cada lucha parcial económica,
contra los cierres, los despidos, por el salario, se vuelve impotente,
porque concentra en cada fábrica toda la crisis capitalista nacional
y mundial. A los obreros, los patrones les echan encima el ejército
industrial de reserva de millones de desocupados, para obligarlos
a aceptar la rebaja salarial y la flexibilización. ¿O es que alguien
puede negar que el proletariado industrial se ha expresado en grandes
paros generales políticos para pegarle al gobierno y al régimen
y buscar un camino distinto al flagelo que le impone el gran capital?
Así se ha expresado también, aunque el PTS no lo quiera entender,
el movimiento de desocupados, en lucha política, con los cortes
de rutas, haciendo valer su poder frente al estado burgués. En fin,
cuestiones todas éstas vedadas para el profesor socialdemócrata
ilustrado.
¿Qué es lo que entonces que, a pesar de la inmensa energía y disposición
a la lucha de la clase obrera y sus aliados, no se haya abierto todavía
la revolución argentina, que los trabajadores no hayan provocado
una desbandada del frente burgués imperialista; esto es, que no
se haya abierto una situación como la de Ecuador a partir de 1997?
No es, como quiere hacernos creer el PTS, la “impotencia” de las masas,
su “crisis de subjetividad”, el carácter “local” de la lucha, o la
“desigualdad”: es la acción de la burocracia sindical traidora
que, con la colaboración del stalinismo, con sus treguas y pactos,
intenta dejar aislados a todos los combates más avanzados de la
clase obrera, como sucedió con los piqueteros del norte de Salta,
que mantuvo separadas y divididas las distintas luchas, y que expropió
la enorme energía y las acciones de las masas para llevarlas a la
subordinación a sectores de la patronal.
Pero después del paro general del 19 de julio pasado, el dique
de contención de la burocracia está cada vez más agrietado. Al calor
del odio de amplias capas de los trabajadores y de ese paro triunfante,
el movimiento de desocupados lejos de “debilitarse” y “aislarse
localmente” pegó un salto, inclusive en su unidad con los trabajadores
brutalmente atacados. Así, mientras la burocracia de Daer se corre
hacia el centro para coordinar con Moyano y controlar a la clase
obrera, el CTA intenta correrse a la izquierda para controlar, con
la CCC, a los sectores más golpeados por el ataque del plan “déficit
cero” y a los desocupados, que han quedado, después de semejante
paro y ante la brutal crisis económica, con una enorme predisposición
a la lucha y la coordinación.
Pero, al hacer esto, objetivamente y asu pesar, la burocracia centraliza las fuerzas que estaban “aisladas
en sus localidades”: y se encuentra, de golpe, con un plenario de
más de 4000 trabajadores desocupados y también –aunque limitadamente-
ocupados (porque la burocracia y toda la izquierda se encargaron
de que no estuvieran allí los trabajadores de Aerolíneas, del pescado,
de la CGT San Lorenzo, Ceramistas, etc., etc., etc.), que echan a patadas
a Moyano, que impieden el ingreso al mismo de una delegación de
los mismos diputados “disidentes” de la Alianza ante los cuales
se habían arrodillado los centristas en el Salón de los pasos perdidos, y que llaman a coordinar una lucha con
cincuenta cortes de ruta simultáneos en todo el país, cuya sola
perspectiva ya está volviendo loca de terror a toda la burguesía.
Así lo expresa el diario gorila La Nación del 25/7/01, cuando dice:
“Los dirigentes que propiciaron esto no saben qué fuerzas han
conjurado”. ¡Qué olfato de clase tiene este diario patronal,
que lejos de ver “luchas locales” e “impotentes”, comprende bien
la potencialidad de la lucha que se está poniendo en marcha,y que plantea objetivamente la unidad entre ocupados y desocupados
en un gran Congreso Nacional sobre la base de la derrota de la burocracia
sindical colaboracionista en todas sus alas!
Y hoy, nuevamente, la vida ha dado su veredicto, señores socialdemócratas
del PTS. Porque si ese Congreso no tuvo una mayor participación de
los trabajadores ocupados que vienen enfrentando e incluso derrotando
a la burocracia sindical, poniendo en escena los mismos piquetes
de huelga que ponen los desocupados cortando rutas, como los de Aerolíneas, los ceramistas, los petroleros,
los mineros de Turbio, los docentes, los ferroviarios, es ni más ni
menos porque toda la izquierda, desde el PTP, y hasta el MST, el PO
y el PTS, se negó, como buenos sirvientes de la burocracia sindical,
a impulsar que esos trabajadores participen en ese Congreso. Esto
es, lo mismo que hizo De Gennaro que dirige a seis gremios aeronáuticos
y se negó a poner a mil trabajadores de aerolíneas en el mismo.
El Polo Obrero del PO junto a Quiroga de la CGT San Lorenzo organizó
hace un mes, con la participación y el coqueteo del PTS, un congreso de 400 delegados y activistas
de comisiones internas y sindicatos. El MST en Izquierda Unida,
con el PC, llevaron más de 60 comisiones internas y cuerpos de delegados
opositores a la burocracia a su acto del 1° de Mayo en Obras Sanitarias.
Entonces, hablemos claro: en el Congreso del 24 de julio en la Matanza,
la izquierda le delegó esa representación a De Gennaro y a la CCC.
Porque si a ese Congreso hubieran ido centenares de delegados,
comisiones internas, organizaciones de desocupados que influencia
la izquierda, se hubiera constituido una poderosa Coordinadora
Obrera independiente que le disputara la dirección de toda la clase
obrera argentina a la burocracia sindical. Hubiera sido una gran
oportunidad para avanzar a la convocatoria de un gran Congreso
de delegados de base de todo el movimiento obrero ocupado y desocupado.
Y sigamos hablando claro: estas corrientes oportunistas no
fueron al Cabildo Abierto del 9 de julio en Mosconi, a preparar desde
allí, con todas sus fuerzas, la participación en este Congreso de
Matanza con el programa de los 21 puntos, porque cada uno se prepara
para hacer su propio “encuentro”, su propio kiosco. Pero, eso sí:
siempre y cuando no se moleste a la burocracia sindical y al stalinismo!
Y ahora, ¿a quién le van a echar la culpa, cuando se organizó a
nivel nacional la fuerza de los trabajadores desocupados? ¿A la
“impotencia” de los trabajadores ocupados, quizás?
Por eso, a estos seudoteóricos de la “crisis de subjetividad”,
del “atraso de las masas”, les cabe muy bien lo que decía Trotsky en la
década del ’30, de aquellos que, diciéndose revolucionarios, querían
responsabilizar a las masas españolas por la derrota de la revolución:
“La falsificación histórica consiste
en que la responsabilidad de la derrota de las masas españolas
es atribuida a las masas obreras y no a los partidos que paralizaron
o aplastaron pura y simplemente el movimiento revolucionario
de las masas. Los abogados del POUM niegan simplemente toda responsabilidad
de los dirigentes, a fin de no tener que asumir sus propias responsabilidades”.
Al PTS le cabe el mismo sayo: niega toda responsabilidad de
la burocracia sindical traidora y del stalinismo en los “problemas”
que tendría la clase obrera argentina, para así evitar tener que
asumir su propio “problema” y su propia responsabilidad: el hecho
de que, contra la clara tendencia de los trabajadores, los explotados
y la vanguardia obrera a ir, con sus luchas y sus acciones, con el profundo
odio antiburocrático que ha comenzado a emerger, en un ángulo
de 180° respecto a las direcciones traidoras, son los propios centristas,
tanto del PTS, como del PO, del MST, etc., lo que han seguido sumisamente
a la burocracia sindical y al stalinismo, los que han demostrado
su más abyecta impotencia y subordinación ubicándose como quinta
rueda de las direcciones traidoras.
Pero en la situación revolucionaria que se ha abierto en la
Argentina, a las que les va mal es a las direcciones traidoras, que
están invocando fuerzas que no pueden controlar. ¡Dígannos, señores
oportunistas, si estos no son los crudos hechos: Altamira alabando
a De Gennaro y a Moyano desde el palco de dirección del Congreso
de La Matanza; el PTS haciendo un frente sindical con el CTA en Neuquén,
que es la forma elegante que han encontrado de subordinarse a De
Gennaro, y la base gritando en La Matanza, “Se va a acabar la burocracia sindical”, retomando el
camino de los ’70 e imponiendo en los hechos la coordinación!
Las tareas para LVO:
un “largo y difícil” camino que lleva a la subordinación
a la burocracia sindical y a usar a la vanguardia como campo de
operaciones
de las maniobras electorales
El PTS, entonces, oculta la traición de la burocracia sindical
y del stalinismo –que para ellos es una cuestión completamente secundaria,
dicha al pasaren su artículo de LVO-, y le endilga a la clase obrera
y a los explotados la responsabilidad por su supuesta “impotencia”.
El problema de los problemas es, según ellos, la diferencia de
“ritmos”, y “...la desigualdad, la brecha entre los procesos de lucha y organización
del movimiento de desocupados con los trabajadores y obreros fabriles.
La clase obrera concentrada viene en una firme pero lenta recuperación de los golpes recibidos en los ‘90.
El grueso de la misma se encuentra enchalecada bajo las direcciones
burocráticas y traidoras de los sindicatos y centrales obreras.
En cada conflicto por empresa se comienzan a expresar una nueva
camada de activistas de base que tiende a cuestionar esas direcciones
y tomar métodos de lucha más radicalizados. Pero los sindicatos
donde los trabajadores industriales han puesto al frente direcciones
democráticas y combativas, como es el caso de los ceramistas de
Neuquén, son la excepción en un marco de dominio de la burocracia
sindical. Se está operando en el movimiento obrero industrial un
proceso decisivo donde pueden y van a surgir comisiones internas,
cuerpos de delegados y corrientes de oposición que plantee la tarea
de reemplazar a la vieja conducción de los puestos dirigentes. Este
proceso que ha comenzado está alimentado por la ofensiva patronal
de rebaja salariales y ataque a los convenios colectivos.”
Esta planteada entonces, para el PTS, “la necesidad de recorrer
el camino, que será largo y difícil,
de superar el actual estadío de levantamientos locales, de manifestaciones
parciales, porque ninguno de los problemas planteados puede resolverse
definitivamente en los marcos del actual régimen político y social”
(las negritas son nuestras).
Pero este proceso de “lenta recuperación” del que nos hablan,
tiene un pequeño problema: el 50% de la clase obrera está en negro
o contratado. Vuestro proceso de recomposición reformista, señores
del PTS, de surgimiento de comisiones internas y cuerpos de delegados
“democráticos y combativos” que no contempla la incorporación
a los mismos de los contratados y en negro de forma equitativa, no
es otra cosa que respetar los cuerpos orgánicos y los estatutos
de la burocracia sindical que dejan afuera a la mayoría de la clase
obrera argentina. Por ello, en los piquetes, en los comités de huelga,
vive la verdadera democracia obrera y la unidad de las filas obreras.
Pues si ellos se extienden, deberán poner en pie los verdaderos comités
de fábrica que vuelvan a unir las filas obreras hoy divididas por
el ataque de los capitalistas, por las traiciones de la burocracia
sindical y por la impotencia de los sindicatos estatizados. Sólo
así podrá recuperarse esa conquista que eran las viejas comisiones
internas y cuerpos de delegados que agrupaban a todos los trabajadores
en cada empresa. Por eso, en los piquetes de Aerolíneas, de los petroleros,
de Mar del Plata, vivía y vive la perspectiva de volver a recuperar
la unidad de las filas obreras. Y sobre todo, vive en la coordinación
de los comités de fábrica y de los piquetes de desocupados, puesto
que, si se desarrollan y se extienden con un programa que ataque la
propiedad de los capitalistas, que plantee la escala móvil de salarios
y horas de trabajo, la ruptura con el imperialismo, el camino a
la revolución proletaria estará asegurado.
Por eso, si el camino se hace “largo y difícil”, no es por la “impotencia
de las masas”, o porque estemos ante un proceso tan sólo de “levantamientos
locales” -¡después de seis paros generales!- sino por la dirección
contrarrevolucionaria que las masas tienen a su frente, y por las capitulaciones
de la izquierda centrista y oportunista.
Por otra parte, nadie puede negar que hay diferencias de “ritmos” en la lucha de las distintas
capas y sectores de la clase obrera. Pero estos, en primer lugar,
son provocados por la acción de las direcciones traidoras que las
desincronizan y dividen a cada paso, como hemos explicado. Pero
a la vez, el ataque generalizado del frente burgués imperialista
tiende a unir a todos los sectores de la clase obrera, los sincroniza
-cuestión ésta que la izquierda oportunista, economicista y sindicaista
es incapaz de comprender-, puesto que son atacados al mismo tiempo
los estatales, los desocupados, los obreros industriales con al
liquidación de los convenios y la ley de competitividad por rama
de industria que reduce los salarios y precariza el trabajo. ¿Se
han dado por enterados, señores del PTS, que en julio empezaron
a vencer todos los convenios colectivos de trabajo y se liquidan
todas las conquistas históricas de la clase obrera argentina? ¿O
es necesario que se levanten los obreros petroleros en Neuquén,
paralicen 60 pozos y destruyan las oficinas de 10 empresas petroleras
imperialistas para que ustedes se den cuenta, y se decidan a lanzar
alguna vez la consigna de Coordinadora Nacional ya, de “Abajo la
burocracia sindical ya”? ¿Qué esperan, señores socialdemócratas
de la universidad de Buenos Aires?
En segundo lugar, es obvio que entre los trabajadores ocupados
y desocupados sí existe una diferencia de “ritmos”. Y esto responde
a que los sectores más explotados y los desocupados no pueden esperar;
a que, bajo las condiciones de la catástrofe actual, el hambre los
acosa. Pero en contra de lo que opina el PTS, esa impaciencia del movimiento
de desocupados, no es “impotente”: es revolucionaria, si existe
una dirección que esté a la altura y sea capaz de canalizarla bajo
una estrategia certera. Así, Trotsky alertaba: “ La prolongada crisis del capitalismo introduce en el proletariado
la más virulenta y peligro línea divisoria: entre los trabajadores
ocupados y los desocupados (...) El obrero ocupado está en posición
de esperar un poco más. Los desocupados son más impacientes. En
el presente, esta impaciencia toma un carácter revolucionario.”
(“La lucha contra el fascismo en Alemania”).
Y frente a esta “diferencia de ritmos”; esto es, frente al hecho
de que la impaciencia de los desocupados, que no pueden esperar,
ha tomado en nuestro país “un carácter revolucionario” -como lo
expresa la heroica lucha de los piqueteros y el pueblo trabajador
de Mosconi y del Norte de Salta-, los “señores dirigentes” del PTS
dicen: “Esperen, deténganse! ¿No ven que van muy rápido? ¿No ven que
su lucha es “impotente”? Y estos señores –cuyos estómagos evidentemente
no crujen como los de los desocupados y sus familias-
mandan parar esa lucha, esperar hasta que entren en acción
“las fuerzas del conjunto de los trabajadores”
y, mientras tanto... que los desocupados se contenten con las migajas
de los planes trabajar, y con ser condenados a“morir cortando rutas”.
Exactamente lo mismo que les dicen... ¡el stalinismo y la burocracia
sindical, que no los consideran parte de la clase obrera, sino “excluidos”!
Estamos frente a una verdadera izquierda socialdemócrata
de la universidad de Buenos Aires (con el perdón de los estudiantes
revolucionarios de esa universidad) que en oposición a las tareas
revolucionarias, quieren someter el proceso vivo de la lucha de
clases a un calendario definido por ellos mismos de antemano: primero
se tienen que organizar los trabajadores ocupados en los sindicatos,
camino que viene siendo “lento”
y aún será “largo y difícil” porque el proletariado
fabril viene recién “recuperándose”
de “los golpes recibidos en los
90”. Mientras tanto, a los trabajadores desocupados en lucha
solo les queda marcar el paso en el mismo lugar hasta que los obreros
fabriles entren en acción. Es el mismo verso de que los trabajadores
ocupados “organicen a los no organizados” de la burocracia sindical
socialdemócrata europea y de la AFL-CIO norteamericana, y que
repite a coro con ella todo el centrismo europeo.
El PTS en la barricada de enfrente de las lecciones
revolucionarias
de la III Internacional de Lenin y Trotsky
Es que los “señores dirigentes” del PTS miran a la clase obrera
y a sus capas más explotadas y oprimidas desde los balcones de la
socialdemocracia y la aristocracia obrera europea; es decir, exactamente
desde el lado opuesto de la barricada de la III Internacional revolucionaria
de Trotsky y Lenin, que decía:
“En tanto que los capitalistas
se aprovechan del ejército creciente de los desocupados para ejercer
una presión sobre el trabajo organizado en vista de una reducción
de los salarios, los socialdemócratas,
los Independientes y los jefes oficiales de los sindicatos se separan
rápidamente de los desocupados, los consideran como sujetos
de la beneficencia gubernamental y sindical y los caracterizan
políticamente como lumpenproletariado, los comunistas deben
darse cuenta claramente que, en las actuales condiciones, el
ejército de desocupados constituye un factor revolucionario
de un valor colosal. La dirección de este ejército debe ser tomada
por los comunistas. Por la presión
ejercida por los desocupados sobre los sindicatos, los comunistas
deben acelerar el renovamiento de los sindicatos, en primer lugar, su liberación de la influencia de los jefes traidores.
El partido comunista, uniendo a los desocupados a la vanguardia
del proletariado en la lucha por la revolución socialista, impedirá
que los elementos más revolucionarios y más impacientes de los desocupados
se lancen a actos desesperados aislados y volverá capaz a toda
la masa de apoyar, en condiciones favorables, el ataque comenzado
por un grupo de proletarios, de desarrollar ese conflicto más allá
de los marcos dados, de hacerlo el punto de partida de una ofensiva
decidida; en una palabra, transformará a esa masa, de un ejército
industrial de reserva en un ejército activo de la revolución.
Tomando con la mayor energía
la defensa de esta categoría de obreros, descendiendo en las profundidades
de la clase obrera, los partidos
comunistas no representan el interés de una capa obrera contra
otra; sino el interés común de la clase obrera, traicionado por los
jefes contrarrevolucionarios, en
desmedro de los intereses momentáneos de la aristocracia obrera:
cuanto más amplia es la capa de desocupados y de trabajadores subocupados,
más su interés se transforma en el interés común de la clase obrera,
más los intereses pasajeros de la aristocracia obrera deben ser
subordinados a ese interés común. El punto de vista que se apoya sobre los
intereses de la aristocracia obrera para volverlos como un arma
contra los desocupados o para abandonarlos a su suerte desgarra
a la clase obrera y es, de hecho, contrarrevolucionario. El Partido
Comunista, como representante del interés general de la clase
obrera, no puede limitarse sólo a reconocer y a propagandizar
este interés común. No puede representar eficazmente este interés
general más que llevando, en determinadas circunstancias, al conjunto
de la masa obrera más oprimida y empobrecida al combate contra
la resistencia de la aristocracia obrera” (Resoluciones del Tercer Congreso de
la III Internacional, negritas nuestras).
La política del PTS es de signo opuesto a la política revolucionaria
de la Tercera Internacional: se limita a enfriar espíritus diciendo
resignado: “¿no ven que el proceso es “difícil”
y “largo”? Con los levantamientos
locales no se va a ningún lado”. Según este plan, hay que esperar
a que el movimiento obrero fabril poco a poco conquiste nuevas “direcciones democráticas y combativas”.
Lejos de considerar la lucha de los trabajadores desocupados
como “un factor revolucionario de un valor colosal”, nos habla
de su “impotencia” y de sus “límites”; lejos de plantear que es necesario
volcar la presión de esa lucha para “acelerar el renovamiento de
los sindicatos” y echar a la burocracia sindical traidora, les dice
a los desocupados que deben esperar un “lento y difícil” proceso
de surgimiento de “nuevas direcciones combativas”; lejos de considerar
el interés de las capas más explotadas del proletariado como el
interés general de la clase obrera, se subordina a la burocracia
sindical que traiciona ese interés común a cada paso, adecuándose
a sus “ritmos” y a los de sus “cuerpos orgánicos” en su supuesta lucha
por poner en pie “nuevas direcciones combativas”.
En realidad, a los izquierdistas
socialdemócratas de la UBA los ofusca la lucha revolucionaria
de los trabajadores desocupados, que son demasiado avanzadas
para sus estrechos objetivos de conquistar puestos sindicales
mediante elecciones y convivir pacíficamente con la burocracia,
y de hacer lindos frentes electorales con “bloques obreros y socialistas”,
al igual que el PO con su “organizar a la vanguardia alrededor de
la banca de Altamira”, o que el MST con su eterna consigna de “hacer
grande Izquierda Unida”.
El centrista sindicalista niega la lucha política
de masas
Pretende que el proletariado se organice lentamente
en los
sindicatos y oculta que la clase obrera viene
dando grandes
luchas políticas y poniendo en pie nuevos organismos
para luchar
Para ocultar su propia capitulación, el PTS nos habla de la diferencia de “ritmos”
y nos dice que la clase obrera “viene
en una firme pero lenta recuperación de los golpes recibidos en
los ‘90” y de un proceso que será “largo
y difícil”.
Esto no es más que una negación total de la experiencia viva
de la clase obrera argentina en los últimos cinco años. Porque, en
primer lugar, la clase obrera argentina irrumpió en lucha política
de masas ya en 1996, con los grandes paros generales políticos, con
los levantamientos como los de Cutral-Có y Jujuy, dejando en crisis
al menemato y abriendo una etapa pre-revolucionaria de conjunto.
Estamos hablando de la clase obrera que ha realizado ocho paros
generales en los últimos cinco años, y que ha dejado moribundos
o en grave crisis a gobiernos como los de Menem y De la Rúa. Estamos
hablando de la clase obrera argentina que, desde mediados del año
2000, volvió a irrumpir en lucha política de masas, poniéndose a
tono con los trabajadores y campesinos bolivianos, ecuatorianos,
peruanos, y de toda América Latina.
Por el contrario, el PTS nada dice de todo esto y nos quiere hacer
creer que la clase obrera viene siguiendo su esquema socialdemócrata
de “recomposición reformista”, es decir, empezando de nuevo desde
cero, recomponiendo primero los sindicatos y organizando en
ellos a los “no organizados”, templando sus fuerzas debilitadas
por las derrotas primero en luchas económicas, en un proceso que
“será largo y difícil”.
¡Sólo alguien que mira la realidad desde los balcones de la socialdemocracia
y la aristocracia obrera europea puede falsificarla tanto!
La realidad es muy distinta a la que describe el PTS: la crisis
y la ofensiva capitalista ha obligado a los trabajadores a superar
los “duros golpes de los ‘90”
entrando –desde el 96- por el camino de la lucha política generalizada
-como lo ha hecho con los repetidos paros generales- antes que pudieran,
“lentamente”, dar oleadas de luchas económicas en donde irían recuperando
sus sindicatos con nuevas direcciones “democráticas y combativas”.
La crisis y la ofensiva capitalista hacen que las luchas económicas
y por objetivos inmediatos no tengan ninguna perspectiva y esto
empuja a las masas a superar ese estadío de las luchas y entrar abiertamente
en el terreno de la lucha política. Cada vez que los trabajadores
han sido convocados a una lucha que consideraron podía golpear
políticamente de manera unida a los explotadores y a su gobierno,
no faltaron a la cita. Es que en esta situación de crisis, ningún
trabajador puede ver salida en las luchas por objetivos inmediatos
–económicas- que no justifican el esfuerzo realizado y que aún
en el caso de conseguirse alguna mejora ésta es perdida casi inmediatamente,
ni en una recuperación “lenta”
de los sindicatos. Por ello, a lo que asistimos es -una tras otra- a
“oleadas” de luchas políticas generalizadas, traicionadas una
y otra vez por la burocracia sindical.
Pero la falsificación del PTS es peor aún, porque niega que la
clase obrera argentina ha hecho todo esto en cinco años, se ha expresado
en lucha política de masas, aún atenazada por una brutal recesión,
por la desocupación, por la división impuesta en sus filas por la
burocracia sindical traidora, ha comenzado a hablar en voz alta
el lenguaje de los piquetes, de los comités de huelga, como en Mosconi,
en Aerolíneas y en decenas y decenas de luchas parciales, y ha puesto
en las calles jalones de un programa obrero de salida a la crisis,
como antes en Cutral-Có, como ahora los 21 puntos de los piqueteros
del Norte de Salta.
Al calor de la guerra que le han declarado el imperialismo,
la patronal y el gobierno, el proletariado argentino ha comenzado
a ponerse de pie retomando sus más heroicas tradiciones. Si en la
década del ’50, durante la “resistencia
peronista”, la clase obrera se expresó con las tomas de fábrica
y las huelgas largas que volvieron locos a los patrones; si en los
’70 puso en pie el clasismo y las coordinadoras; si bajo la dictadura
militar de Videla supo organizarse clandestinamente con redes
barriales y sociales y hacer estallar de improviso duras huelgas
y luchas por fábrica con comités de huelga clandestinos; si en los
’80, a la caída de la dictadura se expresó en enormes movilizaciones
callejeras; hoy se pone de pie hablando el lenguaje de los piquetes,
de los comités de huelga, de las asambleas.
Sin embargo, cuando el
PTS habla de los piquetes, lo presenta como un fenómeno limitado
a los desocupados, y se “olvida” de que estamos ante una tendencia
que se da en todo el movimiento obrero, como quedó demostrado en
Aerolíneas, con el piquete que cortó la pista e impidió durante
horas la salida de los aviones, que alcanzó la unidad de los trabajadores
por encima de las divisiones que imponen los distintos gremios y
que tendió a repetirse en cada una de las estaciones aéreas. La burocracia
sindical evitó por todos los medios que se centralizaran y buscó
dividir a los trabajadores detrás de los distintos planes patronales
de “salvataje” de la empresa, y aún disueltos los piquetes, las tendencias
siguen vivas como se vio en el acto con más de 4000 trabajadores unidos
de todos los gremios que tendió a transformarse en asamblea, como
se vio en el piquete que le arruinó la fiesta de casamiento de su hija
a Cavallo, a los banqueros y representantes de los monopolios imperialistas
invitados. Si a lo largo de los tres meses de lucha hubiera surgido
un comité de lucha de los siete gremios unidos, estaba planteado
tirar a la burocracia y que este organismo tomara la dirección
de los gremios. ¿De qué camino “lento”
y “largo” nos están hablando,
señores socialdemócratas del PTS?
Ocultan además que los piquetes fue el método utilizado por
los trabajadores de Renacer (Tierra de Fuego) contra los despidos.
¿Y que fue si no un verdadero piquete el que le impuso a huevazo
limpio a la burocracia el paro de los choferes de Córdoba? ¿Acaso
puede llamarse de otra manera a la toma del sindicato y desalojo
de la burocracia por los trabajadores del pescado de Mar del Plata
el año pasado? Piquetes fueron los que pusieron en pie los obreros
petroleros de Neuquén, atacando todas las plantas y oficinas de
los monopolios imperialistas como la Repsol, la Panamerican,
etc.; y también fue un piquete el de los estatales del Congreso que
le rompieron la cara al diputado Alessandro. Y así podríamos seguir
con centenares de ejemplos: la tendencia a formar piquetes no se
limita a los desocupados del interior sino que está presente en
cada lucha de los trabajadores ocupados. Y que en estos casos hay
que impulsarlos para que sean la base para el surgimiento de comités
de lucha, de huelga e incluso de fábrica, que se transformen en organismos
que unan a todos los sectores en lucha por encima de las divisiones
que imponen la burocracia y las leyes patronales.
Estos organismos son la clave, los organismos decisivos para
poner en pie al movimiento obrero. De generalizarse, el proceso
antiburocrático pegaría un salto para poner a los sindicatos
a la altura de la situación como herramientas de la lucha revolucionaria
de los trabajadores. Es el camino más corto para recuperar las
comisiones internas y cuerpos de delegados, y que los piquetes
se extiendan y generalicen a lo más concentrado de la clase obrera
en el Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba, que es la perspectiva
que aterra a la burguesía.
La discusión que está planteada es con qué organismos se unen
las filas de los trabajadores. El PTS da una respuesta: no son los
piquetes –que no tienen, según ellos, ninguna perspectiva como fenómeno
de “pequeñas localidades del interior”, ni tampoco como embriones
de comités de lucha y de huelga –tendencia esta última que ignora
olímpicamente. La unidad de las filas obreras pasa en cambio para
ellos por la recuperación de los sindicatos con “nuevas direcciones”,
es decir, que la clave son los sindicatos. ¡Parecería que el movimiento
obrero está condenado a luchar siempre con las mismas instituciones,
los sindicatos, mientras que la burguesía, para garantizar su dominio,
apela a distintas instituciones según le convenga, ya sea las de
una dictadura, las de la democracia burguesa, ya sea a la justicia,
etc., etc.!
Según esta receta, a los trabajadores de Aerolíneas que empezaban
a conquistar la unidad por encima de los gremios con sus piquetes,
hay que decirles, no que los amplíen, no que los transformen en organismos
permanentes, no que los conviertan en los verdaderos organizadores
de la lucha y de la toma de decisiones, sino que deben subordinarse
a las direcciones burocráticas de los distintos sindicatos, esperando
en un futuro poder superar ese “estadío”
conquistando una nueva dirección “democrática
y combativa”. Como vemos, la concepción evolucionista, menchevique,
pone a sus defensores del PTS ante el peligro de que, en el momento
crítico y decisivo de una lucha, sean sus propias cabezas lsa que
reciban algunos de los cascotazos dirigidos por los trabajadores a la de la burocracia sindical.
Es que únicamente los piquetes y los comités de huelga son los
que garantizan la verdadera democracia obrera frente al brutal
ataque de la patronal; son los únicos que pueden garantizar asambleas
democráticas frente a las traiciones de la burocracia sindical
y frente al terror del ataque de los capitalistas.
El verso de la “vía pacífica” al surgimiento
de una nueva dirección
Para darle base a su afirmación de que el proceso será “lento
y difícil”, el PTS nos dice que “los
sindicatos donde los trabajadores industriales han puesto al frente
direcciones democráticas y combativas, como es el caso de los
ceramistas de Neuquén, son la excepción en un marco de dominio de
la burocracia sindical”. Francamente, limitarse a hacer este
balance numérico -muchos sindicatos controlados por la burocracia,
pocos por nuevas direcciones “democráticas
y combativas”, es de contadores públicos y no de políticos
revolucionarios.
Es un rasgo central del menchevique definir los procesos por
su número -es decir, por su cantidad- y no por su relación con la producción
ni por su calidad. Así los socialdemócratas del siglo XX siempre
terminaron definiendo el peso de la clase obrera por la cantidad
de obreros que había. Por ello, siempre terminaron apoyando a la burguesía,
para que así haya más fábricas, y más obreros. ¡Así entienden ellos
el “fortalecimiento” de la clase obrera!
Pero el siglo XX y el XXI que comienza ha sido una cachetada
en la cara del menchevique: no hace más que profundizarse el carácter
de la época imperialista, de crisis, crac, catástrofes, cambios
bruscos y revoluciones. Así, antes de que se reconstituyan las fuerzas
de la clase obrera en algún ciclo de crecimiento parcial, la burguesía
necesita, para recomponer su tasa de ganancia, derrotar a la clase
obrera argentina, llevarla al estado de la clase obrera chilena,
sin ninguna conquista y totalmente atomizada, con cinco o más sindicatos
por fábrica.
Para estas situaciones, la dialéctica y la ley de desarrollo
desigual y combinado son indispensables a tener en cuenta para
no perderse entre tres pinos y comprender las tendencias profundas
de la situación. Así. hoy, frente a la liquidación de los convenios,
en uno de los sindicatos más de derecha de este país -tanto que su
secretario general es vice-ministro de trabajo del gobierno gorila
de Sosbisch- el de petroleros de Neuquén, se produjo una de las luchas
más duras del proletariado de los últimos años. Como ya dijimos,
con piquetes, impidieron el funcionamiento de diez empresas imperialistas
en Neuquén y Río Negro.
Por otro lado, también hemos visto en los últimos años, a nuevas
direcciones “combativas” ser cooptadas por el estado burgués, como
en el Sitramf de los trabajadores de FIAT Córdoba y tantas otras,
que terminaron administrando la ofensiva capitalista y desmoralizando
a la base obrera.
Ese fetichismo y apología de las “nuevas direcciones” transformada
en estrategia para toda una etapa, abandona la lucha por direcciones
revolucionarias en los sindicatos, en momentos en que éstos se
encuentran totalmente estatizados y sobre cuyos hombros apuntalados
por la burocracia sindical, se apoyan todos los ataques de la burguesía
contra la clase obrera.
Porque si hay algo que caracteriza hoy a la clase obrera argentina
es, primero, que las tendencias de las masas y la política de la dirección
llega a formar un ángulo de 180 grados. En segundo lugar, está el
profundo y generalizado odio antiburocrático, que muestra que
estamos ante un proceso de rebelión
contra la burocracia sindical traidora. Este proceso, que hasta ahora venía siendo mayoritariamente
sordo pero que tuvo manifestaciones generalizadas y síntomas
claros en multitud de luchas -no solo la de los ceramistas de Neuquén,
sino en otras en donde ha habido enfrentamientos físicos en donde
los trabajadores ajustaron cuentas con los burócratas odiados y
ocuparon sedes sindicales, como los trabajadores del pescado
en Mar del Plata, recientemente los choferes de Córdoba que le impusieron
un paro contra los miles de despidos a la burocracia, como en la
UOCRA de Tartagal donde los obreros echaron a patadas al burócrata
Toconá- tuvo su máxima expresión en el Congreso de desocupados
de La Matanza del 24 de julio, donde dos mil trabajadores echaron
a Moyano al grito de “Burócrata traidor” y “Se va a acabar la burocracia
sindical”, y los corrieron a piedrazos hasta que logró huir, como
ya dijimos.
El surgimiento de “nuevas direcciones” de las que habla el PTS
es un fenómeno indudablemente real. Pero lejos de ser expresión
de una “lenta recuperación” del proletariado, de un proceso “lento y
difícil” de recomposición reformista, es, en la mayoría de los
casos, el reflejo, el producto de que el fenómeno más extendido
es el surgimiento de los piquetes, comités de huelga y de lucha,
como expresión de el profundo odio antiburocrático y de las tendencias
a la lucha directa contra la burocracia sindical, lucha a la que
corrientes como el PO y el PTS, le ponen paños fríos.
El ejemplo de Zanón es uno de los más demostrativos, donde los
enfrentamientos a la burocracia estuvieron en el centro de la escena
mientras se estaba en conflicto con la patronal. La “nueva” dirección
del SOIP surgió precisamente de un piquete que impuso una gran asamblea
que destituyó a la burocracia del gremio del pescado de Mar del Plata.
De este último proceso no queda casi nada por responsabilidad
directa del PO, habiendo hace meses sido entregado el sindicato
al interventor nombrado por la justicia. En ferroviarios de la zona
oeste, la nueva dirección es producto de un gran proceso de lucha
y enfrentamientos, y del surgimiento de los piquetes que cortan
las vías del ferrocarril en los paros nacionales y sectoriales.
En el caso de los mineros de Río Turbio, fue el producto de la gran
lucha común entre efectivos y contratados que rechazó la trampa
de la conciliación obligatoria que quería imponerles la burocracia
sindical y el ministerio de trabajo.
En otros casos, el surgimiento de comisiones internas, cuerpos
de delegados, listas antiburocráticas, etc., anticipan la predisposición de la clase
a seguir por el camino que marcaron
los obreros del pescado, de Zanón, etc.,
que se expresa en el hecho que los trabajadores ponen a la
cabeza de las mismas, a dirigentes y militantes de los partidos
que se dicen obreros y revolucionarios, para que desde allí éstos
impulsen la unidad, la coordinación y la lucha contra la burocracia
sindical de la que hablan en sus periódicos y en sus actos.
El PTS nada dice de esto, y presenta el surgimiento de “nuevas” direcciones como producto
de simples procesos electorales en los sindicatos. Es decir, lo
ve como un proceso pacífico,
que contradice hechos como los de Zanón, Mar del Plata, de los choferes
de Córdoba que le impusieron a huevazos limpios el paro a la burocracia
sindical, o la echada de Moyano del Congreso de La Matanza, y quiere
imponerle sus propios “ritmos”
evolutivos y de convivencia pacífica con la burocracia sindical
a la vanguardia que quiere echarla a patadas.
Frente a este proceso, la política del estado patronal y de
sus sirvientes de la burocracia sindical, es domesticar y cooptar
a estas “nuevas” direcciones, justamente para que controlen y enchalequen
a los trabajadores allí donde éstos más han girado a la izquierda
y se han radicalizado, allí donde lograron romper el cerco y el
chaleco de fuerzas de la burocracia sindical. Es decir, intenta
domesticar a estas direcciones prestigiadas ante la base obrera
como combativas y antiburocráticas para que sean ellas las que
terminen negociando e imponiendo en las fábricas y establecimientos
los “acuerdos de competitividad”, la rebaja salarial, la flexibilización
laboral y los despidos.
Es más, el propio estado burgués, ante el llamado a una acción
coordinada de cortes de ruta por los desocupados, ya les está exigiendo
a las organizaciones de desocupados que presenten estatutos
para constituirse en sindicato. ¡Al estado burgués le aterra el
surgimiento de organizaciones obreras no estatizadas, no controladas
por el estado!
Y llama poderosamente la atención que tanto el PTS como el PO
que han levantado como estrategia para todo un período la recomposición
reformista y la lucha por “nuevas direcciones”, no levanten como
parte de su programa la ruptura con el estado patronal de esas organizaciones
arrancadas a la burocracia sindical con direcciones “combativas
y democráticas” . Leemos y releemos sus periódicos, y no encontramos
ni una línea de programa que plantee la lucha por la independencia
de los sindicatos del estado, en un país semicolonial como éste!
Y si no, que nos muestren dónde está la campaña del PTS y el PO por poner
fin al descuento compulsivo de las cuotas sindicales con las que
el estado patronal les paga a los dirigentes sindicales para corromperlos.
¿Dónde está, por parte de esas “nuevas direcciones” que ellos integran,
la campaña por “Ae abajo la conciliación obligatoria del ministerio
de trabajo y el estado patrona”, por “Fuera las manos del estado
patronal de las organizaciones obreras”, demanda que sí impusieron
los mineros del Turbio en su última lucha?
Negarse a levantar este programa y a luchar por él es criminal,
puesto que se está por aplicar la intervención más directa del estado
patronal: la caída de la ultraactividad y la liquidación de las
conquistas de los convenios, por la que será
justamente el ministerio de trabajo el que laudará para
imponerlas.
Volvemos a repetir: ¿dónde está la posición pública de los
que comparten mesas redondas, congresos, etc., con los burócratas
sindicales, como lo hacen el PTS o Altamira, la exigencia de que
todo dirigente sindical gane lo mismo que un obrero y que tenga
que volver a trabajar cada dos años, para terminar con el mecanismo
de corrupción de los dirigentes sindicales impuesto por el estado?
¡Qué vergüenza: organizaciones que se dicen trotskistas, que se
han puesto como estrategia la lucha por “nuevas direcciones democráticas
y combativas”, abandonando justamente el programa trotskista
contra la burocracia sindical y contra la burocratización de las
organizaciones obreras! ¿Qué autoridad tienen entonces para tratar
de encabezar la lucha contra la burocracia sindical estas corrientes
prosocialdemócratas como el PTS y el PO?
¿Significa esto que si se abre la posibilidad de intervenir
en un proceso de elecciones sindicales no hay que hacerlo? No, en
absoluto. El problema es para qué y con qué programa. La política
revolucionaria es intervenir audazmente en esos fenómenos, pero
luchando antes, durante y después de las elecciones por que cada
comisión interna, cuerpo de delegados, o seccional de sindicato
que se logre arrancar a la burocracia, cada lista antiburocrática
que se ponga en pie, se transforme en un bastión de la clase obrera
desde donde organizar a la vanguardia y luchar por extender y coordinar
los piquetes, los comités de huelga, los comités de desocupados,
las asambleas, y todo tipo de organismos de autorganización y democracia
directa de las masas. Es decir, de transformarlos en bastiones de
lucha por la estrategia soviética, tal como dice el Programa de
Transición: “...las
secciones de la Cuarta Internacional deben esforzarse constantemente
no sólo en renovar la dirección superior de los sindicatos, proponiendo
valiente y resueltamente, en los momentos críticos, a dirigentes
combativos en lugar de los funcionarios rutinarios y de los arribistas,
sino también en crear, en todos los casos posibles, organizaciones
de combate independientes que se adapten más estrechamente a las
tareas de lucha de masas contra la sociedad burguesa, no titubeando,
si es preciso, ni siquiera ante la ruptura abierta con los aparatos
conservadores de los sindicatos. Si es criminal volver la espalda
a las organizaciones de masas para alimentar tinglados sectarios,
no lo es menos tolerar pasivamente la subordinación del movimiento
revolucionario de masas al control de las camarillas burocráticas
abiertamente reaccionarias o disimuladamente conservadoras
(‘progresistas’). Los sindicatos no son fines en sí; no son sino medios
a lo largo del camino de la revolución proletaria.” (Programa
de Transición).
Pero..., esperen, esperen, paren las rotativas!!! No bien los
obreros petroleros con sus piquetes terminaban de demostrar la
estupidez del “lento y difícil” proceso del que nos habla el PTS,
que sin esperar la voz de “avancen” de estos “señores dirigentes”,
los estatales y docentes misioneros pusieron en pie sus propios
piquetes comunes cortando las calles, se autoconvocan formando
comités de lucha, e irrumpieron en lucha política contra la legislatura,
se enfrentaron con la policía, y terminaron de tirar al basurero
de la historia la seudoteoría socialdemócrata de la “recomposición
reformista” del PTS. Y trescientos obreros del Astillero Río Santiago,
reunidos en asamblea, resolvieron juntar dinero y víveres para
el fondo de lucha de la Plaza del Aguante para que no sea derrotada
por hambre, mientras los estatales autoconvocados de La Plata se
ha puesto de pie en un verdadero comité de lucha contra la rebaja
salarial y contra la traidora burocracia sindical de ATE.
¡¿De qué camino “lento y difícil” nos hablan, señores charlatanes
del PTS?!
Frente a semejantes comabtes de la clase obrera, hay una alternativa
de hierro: o se tiene una política para convertir a esos fenómenos
en bastiones de la lucha por la estrategia soviética, poniéndolos
al servicio de extender y coordinar los organismos de democracia
directa de las amplias masas explotadas que están por fuera de los
sindicatos; o se terminará, aunque no se quiera y sin darse cuenta,
siendo el último engranaje de la política del estado patronal
y de la burocracia sindical traidora de pasar los acuerdos flexibilizadores
y de rebaja salarial.
“Nuevas” direcciones... para viejas componendas
parlamentarias
Por supuesto que hay que apoyar toda iniciativa de coordinación,
ya sea ésta local o zonal. Sería de una pedantería sin límites oponer
la necesidad cierta de la coordinación de carácter nacional para
bloquear la posibilidad de que se dé aunque sea un pequeño paso a
nivel de una provincia o de una zona del país. Pero la discusión es
que no hay ningún impedimento para impulsar ya mismo la coordinación
nacional de los que están luchando. La realidad es que todos los intentos
de la vanguardia por coordinar nacionalmente las luchas vienen siendo
boicoteados por la izquierda con argumentos muy parecidos a los
del PTS: que hay que ir despacio coordinando “localmente” y “zonalmente”.
Así, en diciembre del año pasado, en el plenario llamado en la FATPREN,
Quiroga y el PO, hoy conformando el “Polo obrero”, se opusieron a
la propuesta que traían los piqueteros del Norte de Salta de llamar
a un Congreso Nacional de trabajadores ocupados y desocupados,
y, por el contrario, terminaron adoptando el programa de Moyano
de una “navidad con pan y trabajo”.
El PTS nunca lo denunció. Ahora, como un sello, el sindicato
de ceramistas de Neuquén, aparece integrando el “Polo Obrero”.
Pero, ¿por qué no estuvieron en diciembre, cuando el PO desmoralizaba
en el encuentro de la FATPREN a toda la vanguardia piquetera, para
combatirlo? Luego de respetarles los espacios, el PTS no hace más
que adoptar ahora la variante de esta política que personifican
el PO, Quiroga y su “Polo Obrero”, opuesta a toda iniciativa de centralizar
nacionalmente a la vanguardia con el argumento de que “al guiso hay que cocinarlo despacio”.
Por eso dicen: “...es necesario
apoyar y alentar iniciativas como las del SOECN y la CGT de San Lorenzo
que, apoyando la lucha de los piqueteros salteños y exigir un paro
nacional a las centrales sindicales, se comprometieron a impulsar
coordinadoras zonales y un encuentro nacional de organizaciones
combativas.” Paso a paso, “estadío”
tras “estadío”, primero coordinadoras
“zonales”, luego, a su debido tiempo y forma estará planteado avanzar
en el plano nacional. Y por este camino evolutivo de ir estadío
por estadío, terminaron no luchando contra la burocracia sindical,
impidiendo que las “nuevas direcciones” y los fenómenos combativos
de la clase obrera participaran
en el Congreso de La Matanza, y terminaron delegando esa representatividad...
en Moyano, De Gennaro y la CCC.
El PTS, que aunque machaca con la “impotencia” de los desocupados,
se ve obligado a reconocer que los piqueteros del norte de Salta
son lo más avanzado por su programa de los “21 puntos” y por sus métodos
de lucha, oculta alevosamente que éstos están a la vanguardia en
la lucha por la coordinación nacional de todos los que están luchando
y en la necesidad de organizar a todos los que luchan centralizadamente
para combatir las traiciones de la burocracia sindical, y nos vienen
a hablar, en cambio, sólo de la “iniciativa”
de los que vienen, precisamente, trabajando para que boicotear
esa iniciativa de los piqueteros salteños y de sus organizaciones
de masas como la UTD de Mosconi. Lo que quieren -siguiendo los pasos
del MAS de los ‘80, que decía que los soviets se iban a dar dentro del
partido- es que la amplia organización de frente único de la vanguardia
que se necesita se subordine a una tendencia política dentro del
movimiento obrero, que no otra cosa es el “Polo Obrero”, del que, por
otra parte... ya fueron echados los piqueteros salteños en el plenario
de FATPREN en diciembre pasado. ¡Qué pedantería pequeñoburguesa,
que autoproclamación, la de pretender meter a semejante proceso
de masas y de vanguardia en el pequeño dedal de una tendencia política
del movimiento obrero!
¿Cuales son las causas de este acercamiento del PTS al “Polo Obrero”?
Los objetivos de tal política aparecen claros al final: “...El PTS llama a la izquierda que se reivindica
revolucionaria a formar un Bloque Obrero y Socialista, para impulsar
el apoyo a Salta, los pasos que puedan darse en poner en pie coordinadoras
zonales, en la estrategia de retomar el camino del Cordobazo y
las coordinadoras del 75 hasta el gobierno obrero y popular”.
Es decir: hagamos un lindo frente electoral. Desde el PO no le van
en zaga: plantean “un frente político
de las organizaciones y partidos del movimiento piquetero”.
Mientras se niegan a impulsar la coordinación de todos los sectores
en lucha, que es la voluntad de decenas de miles de obreros de vanguardia,
el PTS y el PO intentan utilizar su enorme energía revolucionaria
al servicio de sacar muchos votos y conquistar puestos parlamentarios
en las elecciones. ¡Y después nos hablan de la “impotencia” de las
masas!
Ahora bien, si su estrategia y su política es la misma, señores
del PTS y del PO, ¿por qué limitarse a un bloque electoral, por qué
no hacen un partido único y ponen en pie un nuevo “MAS” que, como el
de los ‘80, tenga el objetivo de meter
muchos diputados y ponerse sobre el hombro al stalinismo para
que este se reconstruya en la clase obrera argentina?
Una de las tareas de LVO:
convivir con el stalinismo.
Para exponer en un museo menchevique:
el olvido de la CCC y su papel, como en La Matanza
Tan distintas de las tareas revolucionarias son las que propone
el PTS, tan alejadas de la lucha contra las direcciones traidoras,
que en este artículo fantasioso de LVO con el que polemizamos,
se “olvidan” de adjudicarle algún papel al stalinismo del PTP y
la CCC de Santillán. Como su política es luchar por “nuevas direcciones”,
“democráticas y combativas” mal pueden
denunciar a esta corriente stalinista y combatirla, porque ésta
es también parte del fenómeno de “nuevas
direcciones”. Aunque en roles distintos, el PTS, como el PO e IU,
están a la sombra del stalinismo que lucha por todos los medios por
evitar que la vanguardia se una a nivel nacional de manera independiente
a la burocracia sindical. El PTS se limita a decir que uno de los
obstáculos que hay para avanzar es que “no
todos los movimientos de desocupados tienen el norte de lucha de
los salteños: uno de los más organizado y masivo, el de La Matanza
dirigido por la FTV-CTA y la CCC, no supera el estadío de la lucha
por los planes Trabajar”.
Justamente, como lo demostró el Congreso del 24 de julio en
La Matanza, quienes intentaban mantener en un estadío inferior,
de separación de las luchas a este movimiento de los trabajadores
desocupados que se viene expresando con todo desde hace un año,
fueron la dirección de la “FTV-CTA
y la CCC”, es decir De Gennaro y el Santillanismo.
Nos preguntamos: ¿cómo puede escribirse un trabajo pretendidamente
serio sobre los piquetes y las luchas de los desocupados y no decir
nada más que éstas líneas sobre la CCC y el PTP? ¡Estamos tentados
a decir que sería un negocio fabuloso cobrar para ver a los autores
de este curioso artículo y comprobar que existen, como un fenómeno
de exposición!: Pasen y vean: ¡autodenominados trotskistas que
no denuncian el papel del stalinismo!
La impotencia de las corrientes como el PTS, no hace más que favorecer
y abrirle el camino al populismo del stalinismo del PTP y la CCC
y de todas las variantes stalinistas que intentan enchalecar al
movimiento de desocupados, que quiere mantenerlos separados
de la clase obrera ocupada. El PTS proclama que hay que esperar que
entren en movimiento las “fuerzas
de conjunto” de la clase obrera, y que el movimiento obrero fabril
está muy atrás, pero se niegan a combatir a los que impiden que los
desocupados del gran Buenos Aires vayan a la Ford, a la Mercedes
Benz, a la Sevel, a llamar a los trabajadores ocupados a una lucha
común, como hicieron contra la Repsol los trabajadores del Norte
de Salta. ¡El único ejemplo de conquistar puestos de trabajo genuinos,
y no las limosnas de los planes Trabajar, es el de los obreros de Campo
Durán y los piqueteros del Departamento de San Martín contra los
monopolios petroleros, que con sus piquetes comunes consiguieron
imponer más de 500 puestos pagados a $ 2.50 la hora!
Cuando escribimos este folleto, los trabajadores de Mosconi
se encuentran en la Plaza del Aguante, rodeados por la gendarmería,
con sus dirigentes presos o perseguidos, aislados por un cerco que
los empuja a rendirse por hambre. Ninguna de las corrientes que habaln
en nombre del trotskismo, ni el PTS, ni el PO, ni el MST, ha impulsado
ninguna acción o campaña para romper este cerco, para organizar
un gran fondo de huelga nacional para que esa lucha no sea quebrada
por hambre justamente ahora que sus hermanos de clase comienzan
a coordinar y centralizar sus luchas. ¡Es que no quieren que la heroica
lucha de los piqueteros del norte de salta, sus 21 puntos y los jalones
de poder obrero que conquistaron en su combate, sean el estandarte
de toda la clase obrera argentina!
En realidad, la fuerza del stalinismo y su peso actual en la
vanguardia y en el movimiento de desocupados, es hijo directo
del maridaje entre los partidos centristas y la burocracia sindical
“opositora”. El PTS que está totalmente a los pies de ATE, en Astilleros
Río Santiago es enemigo de llamar a los movimientos de desocupados
de la zona sur del gran Buenos Aires a movilizarse a la puerta de
la fábrica para exigir juntos con los obreros en actividad, en un
piquete común, la recuperación de los dos mil puestos de trabajo
que perdieron en la últimas década. ¡Eso sí que es dejarle el camino
abierto al PTP y a la CCC, y a todas las variantes stalinistas populistas!
Tampoco se le “ocurre” hacer el mismo llamado a los más de dos mil
obreros de la construcción hoy desocupados que fueron los que gastaron
sus músculos, huesos y nervios en la construcción de la Zona Franca
y del Estadio municipal.
A eso le llaman “camino largo
y difícil”: a ponerse de rodillas y respetarle los “ritmos” al stalinismo.
Los centristas sindicalistas y evolucionistas,
terminan como vulgares
demócratas, enterrando el programa antiimperialista
de la clase obrera argentina
Como hemos visto, el PTS nos dice que la clase obrera argentina
tiene dos problemas centrales: uno, “la impotencia” de los “levantamientos
locales”, y el segundo, la “desigualdad de ritmos entre los procesos
de lucha de los trabajadores desocupados y los ocupados”. Pero
no sólo niega el problema central –esto es, el carácter contrarrevolucionario
de las direcciones que el proletariado tiene a su frente-, sino
que se “olvida” de un “pequeño problemita”: que la clase obrera argentina
es la de un país semicolonial sometido por el imperialismo, y que
no hay salida favorable a los intereses del proletariado y de
los explotados sin romper con él.
¡De tanto mirar desde los balcones de la socialdemocracia y
la aristocracia obrera de los países imperialistas, los centristas
del PTS se han “olvidado” de que, además de las potencias imperialistas,
hay en el planeta países semicoloniales y coloniales como el nuestro,
sojuzgados y saqueados por el imperialismo! Por ello, en todo el
artículo con el que polemizamos, no existe, no aparece por ningún
lado, las tareas y el programa antiimperialista de la clase obrera
argentina.
Nos dicen: “.... la lucha de
Salta tiende al cuestionamiento de los monopolios, en este caso
petroleros, que con las privatizaciones y la concentración de capital
fueron la principal causa de la hiperdesocupación generada en
los años 90. El programa de los piqueteros de Mosconi apunta contra
esas empresas, contra el saqueo de un suelo rico y sus consecuencias
de dejar un pueblo pobre. Esta lucha contra el capital más concentrado
no puede resolverse desde pequeñas localidades, sino poniendo
en movimiento las fuerzas del conjunto de los trabajadores, en especial
el de las propias empresas privatizadas que hoy tiene en los trabajadores
de Aerolíneas su principal contendiente”.
Nos hablan de “la lucha contra el capital más concentrado”, pero
lo que no dicen en ningún lado, lo que entierran y ocultan, es que lo
más importante, lo central de la lucha
de Mosconi y la de Aerolíneas, es que son dos luchas hermanadas por
el enfrentamiento a los monopolios imperialistas como son la Repsol-YPF
e Iberia, y que ambas, con sus piquetes, atacaron directamente la
propiedad de esos monopolios.
El PTS se dedica a tratar de demostrar la “impotencia” de los
“levantamientos” de las “pequeñas localidades del interior”, como
los de Mosconi, Tartagal o Cutral-Có. Se paran como burócratas realizadores
de censos y estadísticas que se fijan en la cantidad de habitantes,
incapaz de ver que la clase obrera de esas “pequeñas localidades”
se encuentra en el centro de una de las ramas de producción centrales
de la actualidad como es la del petróleo, rama alrededor de la cual
se están dando todos los procesos revolucionarios y guerras en
el planeta, como Ecuador, Palestina y Argelia, Chechenia y el Caúcaso,
y que hay una lucha a muerte entre las distintas potencias imperialistas
por asegurarse las fuentes y las rutas del petróleo. Mosconi está
hermanada como por un hilo directo a la lucha antiimperialista
al interior de los países centrales como la de Seattle y ahora la
de Génova. Lejos de considerarla una lucha impotente de una “pequeña localidad”, diarios imperialistas como el New York
Times, alarmados, le han dedicado gran espacio. Por desgracia, la
burguesía yanqui, los petroleros como Rockefeller y Bush, no tienen
la mentalidad de censista del PTS y se pregunta –dada la concentración
enorme de capitales imperialistas invertidos: ¿qué pasa en esa
“pequeña localidad” de Argentina;
quiénes son los insurrectos que han osado atacar nuestra propiedad?
De la misma manera, la grandiosa lucha de los trabajadores
de Aerolíneas no merece, para el PTS, más que una mención al pasar.
Es que en la lógica de estos centristas sindicalistas, se trata
de una lucha económica más y que encima, viene muy, muy atrás en el
“lento y difícil” proceso de “recomposición reformista”, puesto
que esos trabajadores “atrasados” aún no han sido capaces de superar
las “derrotas de los ‘90” y de poner en pie en los gremios aeronáuticos
“nuevas direcciones combativas y democráticas”. Niegan así que
la lucha de AA se ha convertido en uno de los hechos más importantes
de la lucha de clases de los últimos 15 años en Argentina, porque
al calor de la misma comienza a resurgir la conciencia antiimperialista
entre los trabajadores y sus aliados.
Es que estamos ante una verdadera izquierda del régimen, democratista.
¿Qué nos dirán ahora frente al enorme proceso de lucha de los trabajadores
estatales contra la rebaja salarial del plan “déficit cero? ¿Qué
se trata simplemente de una lucha económica en defensa de los salarios?
No, señores socialdemócratas del PTS, la lucha de los trabajadores
estatales es una lucha antiimperialista porque enfrenta el plan
“déficit cero” que consiste, precisamente en bajar los salarios
de los trabajadores públicos para pagarle al FMI. De la misma manera,
es un gran combate nacional antiimperialista el de los obreros petroleros
de Neuquén, en defensa de su convenio y de su salario atacado por
los monopolios petroleros imperialistas, y que, al igual que la
de Mosconi y Aerolíneas, pone a la orden del día la lucha por la renacionalización
sin pago y bajo control de los trabajadores de todas las empresas
privatizadas.
Mosconi, AA, la lucha de los estatales y de los petroleros no
hacen más que confirmar que son dos los colosos que se enfrentan en
esta guerra de clases: el imperialismo por un lado, y la clase obrera
de la nación oprimida, la única clase verdaderamente nacional,
la única clase que puede encabezar una lucha definitiva contra
el imperialismo, acaudillando tras de sí a todas las masas explotadas
y oprimidas. Esta izquierda socialdemócrata es incapaz de ver
que estamos viviendo acontecimientos de calibre histórico, que
lo que está planteado es la posibilidad de que el proletariado
argentino pueda remontar, después de quince años, las dos grandes
derrotas con las que el imperialismo y la patronal liquidaron su
larga tradición y lucha antiimperialista: la derrota nacional
sufrida en la guerra de Malvinas a manos de los piratas imperialistas
británicos y yanquis; y la de la entrega a precio vil de todas las
empresas estatales –YPF, Entel, Somisa, etc.- a los monopolios
imperialistas privatizadores, sobre la base de la derrota, por
la traición de la burocracia sindical, de la lucha de los trabajadores
estatales, y los más de 500.000 despidos.
Y cuando está planteado entonces, como lo marcan las resoluciones
y el programa obrero de los piqueteros del norte de Salta, coordinar,
en primer lugar, las grandes luchas antiimperialistas como son las
Mosconi, Aerolíneas, los petroleros de Neuquén y los estatales,
cuando está planteado poner en el centro de un programa obrero de
salida a la crisis para unir las filas obreras,
la lucha por la renacionalización sin pago y bajo control
obrero no sólo de Repsol y de AA, sino de todas las empresas privatizadas,
reincorporando a todos los despedidos, la expropiación de todos
los bancos y las propiedades del imperialismo español en el país
para recuperar lo que se robaron de AA, la lucha por romper con el
FMI y dejar de pagar la fraudulenta deuda externa, el PTS nos dice:
¡pero eso es demasiado “avanzado”! ¿No ven que los desocupados son
“impotentes” y que el proceso será “largo y difícil”, que primero
hay que conquistar “nuevas direcciones combativas y democráticas”,
y pasar por todo un período de luchas económicas? Pero, ¡si nos parece
estar escuchando a los socialdemócratas, liquidadores del programa
revolucionario antiimperialista en los países semicoloniales!
Los oportunistas
pro-socialdemócratas
terminaron en el Foro del Porto Alegre a los
pies del stalinismo
Los prosocialdemócratas del PTS –junto a la gran mayoría de
las corrientes que, como el PST-U de Brasil, la LCR francesa, por ejemplo,
constituyen el ala de las corrientes oportunistas que usurpan las
banderas del trotskismo más adaptadas a la socialdemocracia y a
la aristocracia obrera de los países imperialistas- terminaron
todos participando en esa cueva de traidores que es el Foro de Porto
Alegre, a los pies del stalinismo que se fortalece en América Latina,
y cubriéndole el flanco izquierdo.
Luego de 1989, y durante toda la década del ’90, la escandalosa
adaptación a la socialdemocracia de la gran mayoría de las corrientes
oportunistas del movimiento trotskista, expresaba que era este
viejo aparato contrarrevolucionario el que tomaba la posta del
rol de contención de la revolución mundial que antes, durante la
posguerra, jugara la burocracia stalinista. Así, con los gobiernos
de la llamada “Tercera Vía” de Jospin, Blair y Schroeder, la socialdemocracia
tomó la administración directa de los negocios e intereses de
las burguesías imperialistas europeas, comandando el aplastamiento
del heroico pueblo alabano-kosovar en los Balcanes, la ofensiva
de saqueo sobre las semicolonias y colonias para garantizarles
a los monopolios europeos enormes superganancias, mientras que
con los pactos sociales de la burocracia sindical reformista y
la aristocracia obrera mantenía enchalecada a su propia clase
obrera, mientras pasaba al ataque de sus conquistas e imponía la
flexibilización laboral. En los Estados Unidos, este mismo rol
cumplía la burocracia sindical canalla de la AFL-CIO, apoyada en
la aristocracia obrera blanca.
La forma en que este rol de contención de la socialdemocracia
se expresó en América Latina, fue con el surgimiento de los fenómenos
burgueses “opositores”, como el Frepaso, el cardenismo en México,
Toledo en Perú, el PT en Brasil pasando directamente a gobernar
estados y ciudades, etc., con los que se intentaba desviar a las masas
con oleadas pacifistas y recambios electorales.
Pero hoy, ante las condiciones de catástrofe descargadas sobre
el continente por la crisis económica mundial y la ofensiva imperialista,
y ante la irrupción de la lucha política de masas, cuando la mayoría
de los antiguos “opositores” burgueses están en el gobierno y son
los aplicadores directos del ataque a las masas, ya no son suficientes
las trampas electorales y la demagogia para desviar y contener
la lucha de la clase obrera y los explotados de la ciudad y del campo.
Las viejas mediaciones “opositoras” montadas por la socialdemocracia
no pueden controlar hoy, en el continente, ni a un rebaño de ovejas
descarriadas.
El imperialismo y la patronal necesitan fuertes direcciones
contrarrevolucionarias, partidos organizados que puedan controlar
a las masas hablándoles de “revolución” y “socialismo”, para hacer
abortar todo proceso de autoorganización y, si es necesario, romperle
la cabeza a la vanguardia obrera. Por eso, asistimos a un fortalecimiento
del stalinismo -reciclado en burguesía en los ex – estados obreros
en liquidación, en agentes directos de su propia burguesía imperialista
en los países imperialistas, y en agentes directos sectores de las
burguesías nativas en los países semicoloniales-, en primer lugar,
de Fidel Castro y la burocracia restauracionista cubana.
Esto es lo que expresó el Foro de Porto Alegre -organizado
y financiado por la socialdemocracia europea, los multimedios
imperialistas franceses como Le Monde, y las ONG financiadas por
las fundaciones imperialistas como lo es ATTAC- y al que todos los
oportunistas como los del PTS corrieron rápidamente. Fueron todos
a ponerse a los pies de Fidel Castro, que al igual que lo hiciera ayer
Gorbachov, se prepara para completar la restauración capitalista
en Cuba, para transformarse, de la mano de Rockefeller y de los monopolios
europeos, en la verdadera burguesía gusana, mientras que, para
ganarse ese derecho, le presta sus últimos servicios contrarrevolucionarios
al imperialismo jugando el rol de desviar y contener el fuego revolucionario
de las masas latinoamericanas junto al resto de sus agentes en el
continente.
El Foro de Porto Alegre fue la expresión de este fortalecimiento
de la quintacolumna stalinista que se pone de pie para controlar
la lucha de la clase obrera y los explotados. Ese fue y es el rol nefasto
del zapatismo mexicano, llevando a la enorme movilización de
campesinos que marcharon al Zócalo expresando su lucha contra
el imperialismo y por la tierra, con el apoyo y la simpatía de los
trabajadores, a arrodillarse ante el parlamento burgués rogando
por el miserable papel mojado de una “ley indígena”. Ese y no otro
es el rol de la dirección de las FARC en Colombia, de la dirección campesina
y el Frente Patriótico en Ecuador, del Partido Comunista chileno,
por poner tan solo algunos ejemplos.
El PTS y todos los oportunistas corrieron al Foro de Porto Alegre
también a arrodillarse frente a las burocracias sindicales traidoras
del continente que estuvieron todas allí y que, como la COB boliviana
–junto al stalinismo que también levanta cabeza en ese país- se dedican
a cada paso a desincronizar y dividir la lucha de los obreros y
campesinos, llevando a luchar a los primeros cuando la dirección
campesina ya negoció con el gobierno y sacó a los campesinos de
las calles, rompiendo constantemente la alianza obrera y campesina
que las masas tienden a poner en pie con su acción y su lucha revolucionaria,
destruyendo o cooptando los organismos de democracia directa
que estas construyen, como fuera la Coordinadora por el agua y por
la vida de Cochabamba, expropiando la energía de las masas para
ponerlas a los pies de algún sector de la patronal nativa.
Así los socialdemócratas del PTS, junto al resto de las corrientes
oportunistas que usurpan las banderas del trotskismo, quedaron a
los pies de Fidel Castro y del stalinismo, y de las burocracias sindicales
traidoras que hacen demagogia para mejor traicionar hablando contra
el FMI y el imperialismo, actuando de cobertura del flanco izquierdo
de ese Foro de traidores de Porto Alegre.
El PTS y todas las corrientes oportunistas, lejos de luchar
por desenmascararlos ante las masas, contribuyen a fortalecer
las ilusiones de las mismas en la demagogia “antiimperialista”
del stalinismo y de la burocracia, porque se niegan a levantar la
táctica revolucionaria recomendada por el Programa de Transición,
que dice:
“La tarea central de la Cuarta
Internacional consiste en liberar al proletariado de la vieja
dirección, cuyo conservadurismo está en total contradicción con
las erupciones catastróficas del capitalismo en desintegración
y representa el principal obstáculo del progreso histórico. La
principal acusación que lanza la Cuarta Internacional contra las
organizaciones tradicionales del proletariado es la de no querer
desvincularse del semicadáver político de la burguesía. En estas
condiciones, la exigencia, dirigida sistemáticamente a la vieja
dirección: “¡Rompe con la burguesía, toma el poder!”, es una arma
extremadamente importante para poner el descubierto el carácter
traidor de los partidos y organizaciones de las Internacionales
Segunda, Tercera y de Amsterdam”.
Todos ellos, el PTS, el PO, el MST, nos hablan de la necesidad de
una “lucha continental” en general, pero jamás les plantean a los
trabajadores que hay que exigirles a las direcciones traidoras
que, si dicen querer luchar contra el imperialismo, lo demuestren:
que rompan la subordinación de las organizaciones obreras a la
burguesía, y que convoquen y coordinen ya una lucha continental
unificada contra el imperialismo, los monopolios y los gobiernos
cipayos.
Así, estas corrientes no hacen más
que demostrar así su total subordinación a las direcciones contrarrevolucionarias,
jugando el triste rol de cubrirles el flanco izquierdo. No hacen
más que demostrar que ellas mismas, el PTS, el PO, el MST, aunque se llenen
la boca hablando de “antiimperialismo” y de “lucha continental”
los días de fiesta, han renunciado al programa antiimperialista,
porque no les dicen a las masas ni contribuyen a demostrar a los ojos
de las mismas que no hay lucha continental unificada posible sin
romper con los Fidel Castro, los comandantes de las FARC, los subcomandante
Marcos, los Moyano, los De Gennaro, y demás traidores que son los
que la impiden, y terminan así ayudando a facilitar el trabajo
contrarrevolucionario de estas direcciones.
El PTS intenta disimular esta capitulación escondiéndose
detrás del fenómeno, indudablemente progresivo, que implica
el surgimiento de sectores de la vanguardia obrera y juvenil que
en los países imperialistas comienzan a enfrentar a sus propias
burguesías, como se viera ya en Seattle y pocos días atrás, en Génova.
Así, no pierde oportunidad de cacarear sobre la “juventud anticapitalista”
de Seattle, Praga y Génova. No pierde oportunidad de mandar sus enviados
y “corresponsales” a cubrir las manifestaciones contra el FMI,
el G8, etc. No pierde oportunidad
para decirles, como pedantes de dedito parado a los “atrasados”
obreros y campesinos latinoamericanos que tienen que seguir el
ejemplo y unirse a esa “juventud anticapitalista” que según ellos,
marca el camino de un “nuevo internacionalismo”.
¡Es hora de terminar de desenmascarar a estos socialdemócratas
“internacionalistas” de opereta, no sólo ante los ojos de la vanguardia
obrera y juvenil de Argentina, sino también de miles de los honestos
obreros y jóvenes que sinceramente buscan un camino para enfrentar
al imperialismo en las movilizaciones de Seattle, de Praga y de
Génova! Hay que decirles que el PTS va a Génova a posar de “antiimperialista”
mientras que, como hemos demostrado, abandona el programa antiimperialista
en las semicolonias como es Argentina; se niega a luchar por desenmascarar
la demagogia de las direcciones contrarrevolucionarias, se arrodilla
todos los días ante ellas que son las que impiden una lucha continental
unificada contra el imperialismo, les cubre el flanco izquierdo
en el Foro de Porto Alegre, y califica de “impotentes”, de “luchas
económicas”, de simples levantamientos, los grandes combates antiimperialistas
de las masas, como lo es la revolución palestina, como lo son la
lucha de Aerolíneas y Mosconi. Hay que decirles que el PTS no es internacionalista,
porque se adapta, como hemos demostrado, a la socialdemocracia,
a las burocracias sindicales reformistas y a la aristocracia obrera
de las potencias europeas, que son los que enchalecan a la clase obrera
de esos países impidiendo que ésta enfrente a la burguesía imperialista,
acuda en apoyo de sus hermanos palestinos, argelinos, y de todos
los países oprimidos, y tome en
sus manos las banderas que comienza a levantar la vanguardia obrera
y juvenil en Seattle y Génova.
¡Este es el “nuevo internacionalismo” del PTS!: el “internacionalismo”
de los renegados del trotskismo como el eurodiputado Krivine,
que van dos o tres veces por año a gritar contra el FMI y el G8 a Génova,
a Porto Alegre, a Praga, para ocultar que está arrodillado en el
parlamento europeo de los bandidos imperialistas que masacraron
en el Kosovo, y que viajó a Palestina a tratar de convencer a esa
heroica clase obrera y ese pueblo de que acepten los acuerdos de Oslo!
El centrismo sindicalista reniega de la estrategia
soviética,
y por lo mismo, de la lucha por el poder
Desde el inicio mismo de una situación pre-revolucionaria o
revolucionaria, la tarea central de los revolucionarios es levantar
la estrategia soviética,
luchar por desarrollar, extender y generalizar los organismos
de democracia directa de los explotados para la lucha política
de masas, impulsar los piquetes, los comités de huelga y fábrica,
levantar un programa obrero a la altura de la situación y combatir
a las direcciones traidoras:
“El proletariado, si quiere
entrar en la senda de las grandes acciones, tiene necesidad ya en
el momento presente, de una organización que se levante por encima
de las separaciones políticas, nacionales, provinciales y sindicales
existentes en las filas del proletariado y que corresponda a la
envergadura tomada por la lucha revolucionaria actual. Una organización
tal, elegida democráticamente por los obreros de las fábricas,
de los talleres, de las minas, de los establecimientos comerciales,
del transporte ferroviario y marítimo, por los proletarios de las
ciudades y del campo, no puede ser más que el soviet. Los epígonos
han causado un daño incalculable al movimiento revolucionario
al afirmar en muchas mentes el prejuicio de que los soviets se crean
únicamente para las necesidades del levantamiento armado y únicamente
en vísperas del mismo.
“En realidad, los soviets se
constituyen cuando el movimiento revolucionario de las masas
obreras, aunque se halle todavía lejos de la insurrección, engendra
la necesidad de una organización amplia y prestigiosa capaz de
dirigir los combates políticos y económicos que abarcan simultáneamente
establecimientos y profesiones diversas. Sólo
a condición de que los soviets, durante el período preparatorio
de la revolución, penetren en el seno de la clase obrera, resultarán
capaces de desempeñar un papel directivo en el momento de la lucha
inmediata por el poder”. (España “La Revolución española y la táctica de los comunistas”).
El PTS nos dice que en Argentina “se abrió una etapa donde los de arriba no pueden seguir gobernando
como antes y los de abajo no quieren seguir viviendo como hasta hoy,
es decir una etapa de cambios sociales convulsivos, revolucionarios.
Los choques cada vez más violentos entre las clases serán inevitables”,
esto es, aunque no la definen, nos están hablando de que se abrió
una etapa revolucionaria o al menos, pre-revolucionaria. Pero
en lugar de plantear que el eje de la política de los revolucionarios
es la de impulsar, extender, generalizar y centralizar a nivel
nacional los piquetes, comités de lucha, asambleas, es decir, los
organismos de democracia directa que la clase obrera y los explotados
tienden a poner en pie en cada lucha decisiva; la tarea central que
le proponen a los trabajadores, desocupados y ocupados, es la
del “lento y difícil” camino de la recomposición reformista; de
que los desocupados esperen y no avance más hasta que los trabajadores
fabriles completen evolutivamente el proceso de surgimiento
de “nuevas direcciones combativas y democráticas” en los sindicatos.
Nos habla de que “Los choques
cada vez más violentos entre las clases serán inevitables”, lo
cual, es indudablemente cierto, como se demostró en Mosconi, en
los piquetes de Aerolíneas, en la feroz represión descargada por
el estado patronal contra cada lucha obrera decisiva, en los asesinatos
de Verón, Gómez, Santillán, Barrios y demás mártires obreros, en
los luchadores obreros y populares que mantiene como rehenes en
las cárceles, y en los más de 2500 procesados y perseguidos. Como
dice el Programa de Transición, “La
agudización de la lucha del proletariado supone la agudización
de los métodos de contraataque del capital”. Con gran perspicacia
de clase, los trabajadores ocupados y desocupados, han comenzado
a poner en pie en sus luchas los piquetes para enfrentar la represión.
Lo que está planteado es luchar por que en cada huelga y corte de ruta,
los trabajadores creen sus propios comités de autodefensa y que,
lejos de disolverse cuando la lucha termina, estos se extiendan
y se coordinen a nivel local, regional y finalmente nacional, y
se transformen en una verdadera milicia obrera “como única garantía seria de la inviolabilidad
de las organizaciones, las asambleas y la prensa obrera” (Programa
de Transición).
El PTS nos habla de que se abrió una etapa de “cambios sociales
convulsivos, revolucionarios”, pero no dice que precisamente
la característica central de esta época imperialista, cuyas condiciones
se han vuelto hoy inmediatas, presentes en Argentina, son los cambios
bruscos y violentos que pueden poner, de un momento a otro, a la clase
obrera frente a necesidad de tomar
el poder, a riesgo de que, si deja pasar el momento, esa situación
revolucionaria, por acción de las direcciones traidoras y de la
burguesía, se vuelva en su contraria, es decir, que la clase obrera
sea derrotada por la contrarrevolución. Los profesores universitarios
que se la pasaban diciendo desde la caída de los “tigres” del sudeste
asiático que “el crack cambió todo”,
ahora que la Argentina es uno de los centros de la crisis económica
mundial, ven todo “largo”, y
son incapaces de prever saltos bruscos -hacia adelante y hacia atrás-
y no digamos nada de la posibilidad de crisis revolucionarias,
en donde el proletariado se vea enfrentado de un día para el otro
con la necesidad de una lucha abierta por el poder.
Al renunciar a poner la estrategia soviética en el centro de
su programa a cambio de la estrategia evolutiva de la “recomposición
reformista”, es decir, al negarse a impulsar la lucha por los soviets
en el período preparatorio de la insurrección para que estos penetren
profundamente en el seno de la clase obrera, el PTS demuestra ser
una corriente que ha renegado de la lucha por la toma del poder. Porque
es en los soviets donde más rápidamente pueden las masas explotadas
desembarazarse de sus direcciones traidoras. En ellos, éstas quedan
expuestas a cada paso como lo que son ante los ojos vigilantes de
las masas que pueden hacer rápidamente la experiencia, y en ellos,
aún un pequeño partido revolucionario puede pelear por la dirección
de la clase obrera, a condición de enfrentar irreconciliablemente
a las direcciones traidoras. La burocracia sindical y el stalinismo
son absolutamente conscientes de este peligro mortal que representan
para ellos los organismos de democracia directa, de autoorganización
y autodeterminación de las masas, y por eso son sus enemigos irreconciliables,
e intentan a cada paso impedir que surjan, o liquidarlos allí donde
se forman. El PTS y todos los centristas renegados del trotskismo,
al renunciar a la estrategia soviética, renuncian a combatir a
las direcciones traidoras, a luchar por una dirección revolucionaria
del proletariado, es decir, a poner en pie un partido obrero revolucionario,
internacionalista e insurreccionalista de la clase obrera argentina,
y por lo tanto, a la insurrección, a la toma del poder y a la dictadura
del proletariado.
Por eso no es casual que en todo su artículo sobre la lucha de
los piqueteros y el pueblo trabajador de Mosconi y del norte de
Salta, el PTS se dedica a hablar de los límites de los “levantamientos
locales”, y se calla la boca sobre que lo que estuvo planteado en
Gral. Mosconi fue que los trabajadores con esos organismos que habían
puesto en pie, y apoyados en el embrión de milicia obrera que había
empezado a surgir, tomaran el poder en esa ciudad. Es decir, que
establecieran una comuna obrera, que hubiera podido
empezar a resolver los problemas más inmediatos atacando los intereses
y las propiedades de los capitalistas, y, fundamentalmente, habría
servido como un gran ejemplo para llamar a todos los trabajadores
del país a tomar por el camino de la lucha política de masas para
derrotar a este gobierno y su plan e imponer un gobierno obrero
y popular. Por eso, en un frondoso artículo sobre la experiencia
de la lucha de Mosconi y Tartagal como es este con el que discutimos,
se niegan a plantear la consigna de gobierno de la UTD y las organizaciones
en lucha en General Mosconi. Es decir, como damos por hecho de que
están en contra del gobierno actual, que son la gendarmería y el juez
Cornejo, su silencio no es más que complicidad con la política de
“elecciones ya” en Mosconi impulsada por el PO, a quien cortejan
electoralmente.
Lo que queda claro es que, más allá de su cháchara seudorevolucionaria,
el PTS no se prepara para ningún
cambio “convulsivo” sino para todo un período de luchas económicas
y procesos electorales, donde poder construirse tranquila y pacíficamente,
conquistando puestos en los sindicatos en convivencia pacífica
con la burocracia, y en los marcos del régimen burgués, tratando
de hacer “bloques obreros y socialistas” para sacar votos en las
elecciones, por fuera de cómo les vaya a la clase obrera y a su vanguardia
revolucionaria. Por eso, al igual que el PO, cuando la tarea central
de la clase obrera y las masas explotadas es extender y coordinar
los piquetes y los comités de huelga, para poner en pie los organismos
de democracia directa de las masas en lucha, y para ello está planteado
dotarlos de un programa que ataque la propiedad de los capitalistas
y enfrentado al saqueo imperialista, para abrir el camino a la
huelga general política para tirar abajo al gobierno y a su plan
y dar inicio a la revolución argentina, el PTS le ofrece como salida
a los trabajadores la Asamblea Constituyente, alrededor de la
cual articulan todo su programa y estrategia. Y de esta forma –como
veremos luego en la polémica con PO- lejos de utilizar la potencialidad
revolucionaria de las consignas democráticas y antiimperialistas,
las utilizan como dogal al cuello de las masas.
Exactamente la misma discusión
hicimos en 1988 quienes hoy conformamos Democracia Obrera, cuando
ese partido nos expulsara y formáramos el PTS. El MAS decía que había
“una situación revolucionaria que se profundizaba”, que “la revolución
estaba a la vuelta de la esquina”, pero no decía una palabra de estrategia
soviética, ni de piquetes y milicias obreras, ni de preparar la
insurrección y la toma del poder, porque se dedicaba a sacar votos
en las elecciones y a poner en pie “nuevas direcciones” en los sindicatos
mediante listas y elecciones, sin enfrentar a la burocracia sindical.
Hoy, el PTS, y tal como dijéramos en nuestra lucha fraccional
contra el mismo, se ha transformado en un grupo estudiantil pequeñoburgués
de la universidad de Buenos Aires que vuelve más de diez años atrás
en la historia, tras los pasos del MAS, a su grito primario. ¡No son
más que una versión ridícula y degradada de la vieja Juventud Socialista
de Zamora! Y de allí, a transformarse en la Juventud de Altamira,
hay apenas un pequeño paso.