COTP
(CI)
COMITE
ORGANIZADOR DEL TROTSKISMO PRINCIPISTA
(Cuarta Internacional)
Entregamos
a los lectores de Democracia Obrera una edición especial denominada
“Cuadernos de Democracia Obrera”. En esta oportunidad desarrollaremos
una extensa polémica con dos corrientes que se reclaman del trotskismo
y de la IV Internacional como son el Partido Obrero y el PTS.
Ante los agudos acontecimientos de la lucha de clases y convulsiones
a nivel mundial y nacional, es necesario que la vanguardia obrera
y juvenil revolucionaria ponga a prueba la estrategia, la política
y la acción de las distintas corrientes que en la Argentina se reivindican
del trotskismo. Como demostraremos en este folleto, las corrientes
como el PO, el PTS, el MST, usan su nombre y sus limpias banderas para
ocultar el más pérfido oportunismo y adaptación
a este podrido régimen semicolonial decadente y a las direcciones
traidoras de las masas.
Ante la grave crisis de los de
arriba y el accionar del movimiento obrero y de masas en nuevos y
más vigorosos combates, hoy más que nunca se le plantea a la izquierda
obrera una alternativa de hierro: reforma o revolución. Adaptación
y sumisión a las direcciones traidoras que aquí y allá desvían y expropian
la lucha de masas, es la alternativa que han elegido estas corrientes
para engordar y crecer en los marcos del régimen reaccionario del
pacto de Olivos.
La otra alternativa, la revolucionaria, se forja, combatiendo
denodadamente para poner en pie una estrategia obrera independiente
que avance en resolver la aguda crisis de dirección de la clase obrera
y los explotados que impide que éstos impongan su impronta y conquisten
el poder en una nación subsumida por el imperialismo y con una clase
obrera sometida a constantes y cada vez más despiadados ataques
de los explotadores.
Cuando en el mes de junio la Gendarmería atacaba el corte de
la ruta 34 y asesinaba y reprimía a mansalva a los heroicos piqueteros
del norte de Salta, el estado burgués les exigió al PO, al PTS y al
resto de la izquierda oportunista una “profesión de fe en la democracia”.
Estas corrientes, junto a la CCC, la dirección del CTA y a un puñado
de diputados gorilas del Frepaso –miembro del gobierno represor
y antiobrero de De la Rúa- se juntaron para dar una pomposa conferencia
de prensa en el Salón de los pasos perdidos del Parlamento, que bien
podría llamarse el “Salón de las causas perdidas”. Allí, la CTA y la CCC negaban ser “impulsores
de la violencia” y se manifestaban como “defensores de la democracia”,
la misma “democracia” que con su gendarmería reprimía y asesinaba
en el norte de Salta. Con el aval y el silencio cómplice del PTS, los
allí presentes, mientras juraban lealtad al régimen “democrático”
de las transnacionales y el capital financiero y la gendarmería
asesina, escuchaban al diputado Altamira pedir “elecciones democráticas”
en el Departamento de General San Martín para “normalizarlo”.
Ninguno de los allí presentes, incluidos los legisladores porteños
de Izquierda Unida, Vilma Ripoll y Patricio Echegaray, ni Altamira,
ni el mismo Santillán, fueron a instalarse a Mosconi definitivamente,
sesionando allí hasta que se levantara la orden de captura de los
dirigentes perseguidos y se liberara a los presos que están en
las garras de este régimen que no es más que la dictadura del capital,
para defender así la democracia de los obreros reprimidos y apaleados
en la Plaza del Aguante que ya lleva más de cuarenta días resistiendo
el embate de las fuerzas represivas.
Pero, pocos días más tarde, no bien el gobierno de la “democracia”
de los explotadores y represores del pueblo expropiaba a mansalva
y por orden el FMI el salario de los estatales, los trabajadores
del propio Congreso, organizados en piquetes en el mismo “salón
de las causas perdidas” de los renegados del trotskismo, apaleaban
a esos mismos diputados que habían votado el ajuste y la reducción
del salario y de las jubilaciones, haciendo valer la democracia
obrera, la que defiende el salario, la propiedad y el trabajo de
los obreros y explotados.
Los piquetes de Aerolíneas le aguaron la fiesta de casamiento
de su hija a Cavallo, de la misma manera que este representante
de los banqueros imperialistas les amarga la vida a millones de
hogares de los obreros argentinos. Mientras, los petroleros de Neuquén
y Río Negro, en verdaderos comités y piquetes de huelga, defendiendo
su convenio, destruían las oficinas de más de diez petroleras imperialistas,
y paralizaban la producción de más de sesenta pozos de donde éstas
rapiñan y se llevan al exterior la riqueza nacional.
En la situación objetivamente
revolucionaria abierta
en Argentina, el centrismo
les cubre el flanco izquierdo a las direcciones
traidoras
y al régimen
Estas son las dos Argentinas: la de la “democracia” de los expropiadores
y explotadores, cada vez más absolutista y totalitaria, represiva
y saqueadora; y la otra, la Argentina que empieza a imponer la clase
obrera, poniendo en pie nuevos organismos de democracia directa
y proletaria para enfrentar semejante guerra que le han declarado.
Ante los saltos de la crisis económica y la catástrofe que ya
está aquí, ante la polarización entre las clases y sectores de clases,
se vuelve imperioso aportar decididamente a poner en pie un estado
mayor revolucionario de la clase obrera y los explotados que esté
a la altura de los combates que éstos ya están protagonizando y
del ataque despiadado de los explotadores.
Como en toda situación aguda como ésta, se torna decisiva
la lucha por poner en pie un partido obrero revolucionario e internacionalista
en Argentina. Aquí y allá, franjas y amplios sectores de la clase
obrera giran en un ángulo de 180° con el que les marca su dirección,
la traidora y odiada burocracia sindical. Intentan romper el cerco
que ésta les tiende para que su lucha no se profundice y termine
por provocar una estampida del frente burgués imperialista que
se ha organizado alrededor de Cavallo, De la Rúa y Ruckauf. Y cuando
esto sucede, las corrientes centristas y oportunistas que hablan
en nombre del trotskismo, se corren más a la derecha, sostienen sobre
sus hombros al stalinismo, que
a su vez sostiene a la burocracia del CTA y de Moyano, la que a su
vez, con sus treguas y pactos, sostiene
al gobierno de De la Rúa, Cavallo y Ruckauf que es el que aplica los
planes del imperialismo para saquear a la nación y hundir a los trabajadores.
En este debate que presentamos en “Cuadernos de Democracia
Obrera”, perseguimos el objetivo de colaborar para rearmar la
estrategia y el álgebra de la revolución proletaria que los centristas
y oportunistas que hablan en nombre del trotskismo en Argentina
desbaratan y desarticulan a cada paso. Pero lo hacemos en momentos
en que ellos, ante el veredicto de los hechos de la durísima lucha
de clases que está en curso, se desenmascaran a cada paso, pues la
misma vida demuestra que el programa del trotskismo y de la IV Internacional
es el único que pasa la prueba en situaciones revolucionarias como
la que estamos viviendo en Argentina, mientras los oportunistas
adaptados a las direcciones traidoras reniegan de él a cada paso.
Realizamos este debate, entonces, en momentos en que en Argentina
se desarrolla una situación objetivamente revolucionaria. Las
condiciones internacionales han ubicado a Argentina, junto a
Turquía y Estados Unidos, en el centro de las sucesivas rondas de
la crisis económica mundial abierta en 1997, que ya ha llevado a Japón
a su décimo año de recesión y estancamiento y que ha dejado en ruinas
a los tan mentados “tigres asiáticos”; que ha provocado saqueos monumentales
de Rusia y Brasil por parte de los bancos imperialistas, y que hoy
ha demolido el verso del “capitalismo moderno de las nuevas tecnologías”,
haciendo entrar a los Estados Unidos en una recesión que se avizora
profunda, tras los pasos del estancamiento japonés.
Mientras tanto, en Argentina presenciamos el fin de un modo
de acumulación capitalista basado en el endeudamiento, en el
saqueo de la nación y en el ataque progresivo a todas las conquistas
de la clases obrera, que fuera impuesto con el golpe genocida de
1976 y continuado con el régimen archirreaccionario de la Constitución
de 1853 que se impusiera como desvío a la caída de la dictadura militar
y la derrota de Malvinas.
El dislocamiento de Argentina de la división mundial del trabajo,
las tendencias al default que mes a mes aparecen cuando deben pagarse
los intereses monstruosos de una deuda externa fraudulenta, empujan
al régimen y al gobierno a un ataque cada vez más despiadado a la
clase obrera y las masas. Las relaciones entre las clases se vuelven
completamente insoportables. Los de arriba quieren estabilizar
la situación y derrotar a las masas, pero los de abajo no los dejan.
En momentos de tensiones se dividen los de arriba; por este feroz
ataque se debilita el gobierno, y se abren crisis en las alturas
que, por falta de una dirección que esté a la altura, las masas no pueden aprovechar,
como sucediera en el mes de marzo pasado.
Llevamos así más de un año con seis paros generales y durísimos
combates radicalizados de masas. Se ha abierto una situación objetivamente
revolucionaria que nos impone a los trotskistas argentinos responsabilidades
históricas, que estamos asumiendo y que estamos dispuestos a profundizar,
pues el reloj de la historia se ha puesto a funcionar bajo estas condiciones
internacionales y nacionales: por
delante, o bien se impone una acción decidida, enérgica e independiente
de masas que pare la ofensiva del capital y avance hacia la revolución
proletaria; o bien, el gran capital
y su gobierno impondrán nuevas y más feroces derrotas a la clase
obrera y dobles cadenas de sometimiento a la nación.
Mientras la clase obrera y franjas de vanguardia comienzan a
poner en pie en sus combates nuevos organismos como los piquetes
y comités de huelga, y tienden, pese a sus direcciones, a centralizarlos
y coordinarlos, las dos corrientes que hablan en nombre del trotskismo
y con las que polemizamos en este folleto, salen presurosas a cubrirles
el flanco izquierdo al régimen y a las direcciones traidoras.
Una de ellas, el PTS, lo hace proclamando que todo el movimiento
de desocupados y su lucha por localidades es impotente hasta
que no entre el proletariado industrial que deberá reorganizarse
y recomponerse en un “largo y difícil camino”, conquistando “nuevas
direcciones” en todos los sindicatos en el marco de sus estatutos.
Y recieen después, una vez realizado este proceso
largo y tortuoso, estos trabajadores organizados deberán organizar
a los no organizados, es decir, a los desvalidos desocupados.
Esta fantasía no es más que el pensamiento de una corriente estudiantil
pequeñoburguesa de la universidad de Buenos Aires, que quiere trasladar
el programa y la ideología de la socialdemocracia europea y de
la AFL-CIO norteamericana a la vanguardia obrera argentina. Estos
señores, devenidos en seudointelectuales que siguen las “modas”
de las capas altas de la clase obrera internacional, no se dan cuenta
la idiotez que pregonan: mientras terminen este “lento y difícil”
camino de años de recomposición reformista, los desocupados habrán
muerto de hambre; los convenios en la Argentina habrán desaparecido
y también los sindicatos porque habrán dejado de ser, controlados
por la burocracia sindical, instrumentos útiles de la patronal
para atarles las manos al proletariado.
Estos señores nos hablan de un proletariado industrial en Argentina
que parece extraído de alguna novela escrita en Marte, en Júpiter
o en otra galaxia. Porque los “no organizados” no son sólo los desocupados.
Los que han quedado por fuera de todo convenio y conquista histórica
del proletariado son la amplia mayoría de los trabajadores argentinos:
los tres millones de trabajadores en negro, los más de dos millones
y medio de subocupados, que junto a los tres millones de desocupados
constituyen el 60% de la fuerza de trabajo de la Argentina. Si a
esto le sumamos la legión de verdaderos parias en la producción
como son los contratados, estamos hablando del 80% de la fuerza de
trabajo que ha sido expulsada de los sindicatos estatizados hasta
los tuétanos dirigidos por la traidora y corrupta burocracia sindical.
Por ello, nuestra clase y sus sectores avanzados son muchos más
perspicaces que los “señores dirigentes” del PTS y su seudoteoría
de la “recomposición reformista”. En toda lucha seria han comenzado
a poner en pie comités y piquetes de huelga y de lucha que tienden
a unir las filas obreras, y que están a la altura del ataque despiadado
de los explotadores. Y como veremos más adelante, hoy el país está
conmocionado, porque pese al CTA y a la CGT “disidente”, pese a
la CCC, pese al PO, pese al PTS, el movimiento de desocupados se
levanta vigoroso llamando a cincuenta cortes de ruta simultáneos
en todo el país y clama por la unidad con los trabajadores ocupados,
con los estatales, con los trabajadores a los que les atacan sus convenios,
a los que les cierran las fábricas, como fuera el grito que plantaran
los piqueteros del norte de Salta con su programa
obrero de los 21 puntos y proclamando la necesidad de poner
en pie un Congreso Nacional de Trabajadores y Desocupados barriendo
a la traidora burocracia sindical.
Por otro lado, a esta enorme potencialidad de las masas puesta
en escena, el diputado Altamira y la dirección del Partido Obrero,
les marcan el camino diciéndoles que de esta situación se sale votando,
haciendo una gran asamblea constituyente nacional, provincial y
municipal, para imponer una salida favorable y un gobierno de
los trabajadores. Pero, ¡esto es, ni más ni menos, que la “vía pacífica
al socialismo” que pregonaran la socialdemocracia y el stalinismo
chilenos en la deecada del ‘70 y que terminara siendo la vía sangrienta
a la dictadura de Pinochet!
Por esta razón, el diputado Altamira, ha devenido hoy en consultor
y asesor de Moyano y de De Gennaro. Es el que les da el verso que necesitan
para sostener por izquierda a este podrido régimen del Pacto de
Olivos y su Constitución de 185-1994, sus mecanismos de engaño y
de desvío, para que las masas no
extiendan, desarrollen ni coordinen los organismos de doble poder
que embrionariamente han comenzado a poner en escena. Les están
diciendo a los obreros de Astilleros Río Santiago, del petróleo,
a los ceramistas, a los mineros del Turbio, a los desocupados de
La Matanza y zona sur, a los piqueteros de Mosconi, a los trabajadores
de Aerolíneas, a los de EPEC que enfrentan a la privatización, que
la solución es votar para una Constituyente, con la que solucionarán
todos sus problemas e impondrán su gobierno. ¡Y esto lo pregonan
los que, de forma desfachatada, dicen haber “refundado la IV Internacional”!
Sepa el lector comprender la dureza de la polémica y del debate
que aquí realizamos: está en juego, ni más ni menos, que el futuro
de la clase obrera argentina. Porque, a decir, verdad, este nuevo
y vertiginoso giro a la derecha del PO y el PTS termina sosteniendo
al stalinismo que, en sus distintas variantes es el que contiene
por izquierda el desprestigio de los partidos patronales y de la
burocracia sindical. Una cadena de capitulaciones y adaptaciones
que los aproxima a sus hermanos del MST que ya están hace casi una
década en un partido único con el stalinismo vernáculo de Echegaray.
Como veremos en este folleto, esto no tiene nada que ver con
el trotskismo y con la continuidad del programa de la IV Internacional.
Estamos frente a corrientes que están reeditando la nefasta experiencia
del MAS de los ‘80, de partidos de “luche y vote” que en momentos como
estos, convulsivos y de crisis, demuestran toda su impotencia para
articular una estrategia revolucionaria.
Luego del enorme salto dado por el movimiento de desocupados,
que pese a sus direcciones, y por lo heroico de su combate, abrió
un camino a su coordinación y centralización; cuando amplias capas
de los trabajadores entran al combate para enfrentar el plan fondomonetarista
de reducción salarial, liquidación de Aerolíneas, privatización
de EPEC de Córdoba y Astilleros en La Plata; cuando la lucha y los
piquetes de los petroleros de Neuquén anticipan los combates de
la clase obrera contra la liquidación de sus convenios, se ha puesto
a la orden del día imponer ya una Coordinadora Nacional de todos
los sectores en lucha, que exprese fielmente los anhelos de todos
los que entran al combate, comenzando por abrir el camino de la derrota
de los traidores de la burocracia sindical que a cada paso dividen
las filas obreras e intentan poner su lucha a los pies de distintos
sectores de la patronal esclavista. Este será el punto de partida
para marchar a un gran Congreso de delegados de base de todo el movimiento
obrero, ocupado y desocupado, y para unir las filas obreras con
un reclamo único que no puede ser otro que romper con el FMI para terminar
con los ajustes a los estatales, a los jubilados; el de la renacionalización
sin pago y bajo control obrero de la Repsol, Telefónica, Aerolíneas
y de todas las empresas privatizadas; el de que la crisis la paguen
los capitalistas, imponiendo la reducción de la jornada laboral
a seis horas, con un salario mínimo de $ 1200, manteniendo todas
las conquistas de los convenios que hoy la patronal y el gobierno
quieren liquidar. Un programa que plantee la libertad inmediata
de todos los luchadores obreros y populares presos, el desprocesamiento
de los perseguidos, y la disolución de la policía y la gendarmería
asesinas. Es decir, un Congreso para imponer un programa
para unir las filas obreras y poner en pie una estrategia obrera independiente,
y que avance en un plan de lucha
hacia la huelga general política para tirar abajo y no dejar ni
rastros del gobierno y de este régimen de partidos del hambre y la
entrega.
Se ha puesto a la orden del día la enorme tarea de extender, desarrollar
y centralizar los piquetes, los organismos de autodefensa, los comités de huelga y los organismos
embrionarios de democracia directa que las masas han puesto en pie
en su lucha, porque en ellos viven los organismos de la clase obrera
para preparar y organizar la toma del poder por la clase obrera,
demoliendo las instituciones del estado burgués e imponiendo
un gobierno obrero y popular. Es decir, o se avanza con una estrategia
y un programa para la revolución proletaria, o se avanza por el
camino de la reforma, de la conciliación con la burocracia sindical
y con el régimen democrático burgués que, a cambio de alguna banca
parlamentaria, subordina a las corrientes que se dicen revolucionarias.
Esa es la alternativa de hierro: reforma o revolución. Y lo que
la clase obrera necesita es un partido obrero revolucionario
e internacionalista, que economice los esfuerzos y la abnegación
demostrados por los explotados en el combate, y abra el camino a
esta perspectiva.
Las capitulaciones de hoy
se prepararon con el revisionismo engendrado
al interior mismo de la IV Internacional en la década del ’90
Los grandes acontecimientos de 1989 marcaron el inicio de los
procesos de revolución política contra el stalinismo en los antiguos
estados obreros deformados y degenerados. Por la crisis de dirección
revolucionaria del proletariado, estos procesos fueron derrotados
o abortados, y el imperialismo y la burocracia stalinista devenida
restauracionista lograron imponer la restauración capitalista
en los antiguos estados obreros como Rusia, China y los países del
este de Europa, lo que significó una enorme pérdida de conquistas
para el proletariado mundial.
Esto se expresó en las las filas del marxismo con la apertura,
durante toda la década del ‘90, de un período de abierta y feroz
reacción ideológica contra el socialismo científico, de revisionismo
desenfrenado del marxismo revolucionario, en el terreno de la
política, del programa y de la teoría.
Este revisionismo desenfrenado, esta guerra declarada contra
el socialismo científico, no podía venir, sin embargo, desde las
filas del stalinismo, puesto que la burocracia stalinista pasada
de conjunto al campo de la restauración triunfante, estaba dedicada
a reciclarse en burguesía. Tampoco podía venir de las filas de la
socialdemocracia contrarrevolucionaria, que se convertía en
administradora directa de los intereses de sus propias burguesías
imperialistas y que había sido parte de la ofensiva reaganista-thatcherista
de los ‘80 con Felipe González y Mitterrand a la cabeza.
Por ello, este revisionismo desenfrenado, preparado con décadas
previas de traiciones y capitulaciones, surgió de las mismas filas
de nuestra IV Internacional llevada a la degeneración, al igual
que el revisionismo de los Bernstein y los Kautsky había surgido al
interior mismo de la II Internacional a principios del siglo XX;
y como surgió de las mismas filas de la III Internacional el stalinismo
con su seudoteoría del “socialismo en un solo país”.
La del ‘90 fue una década de revisionismo e intento de demolición
del marxismo revolucionario por parte de las corrientes centristas
y oportunistas que usurpan las banderas de la IV Internacional,
para intentar justificar así su cada vez mayor adaptación a los
regímenes burgueses y a las direcciones contrarrevolucionarias,
y sus cotidianas capitulaciones y traiciones.
Vimos así desarrollarse seudoteorías como la de que el problema
de los problemas de la clase obrera sería su “crisis de subjetividad”,
el “atraso en la conciencia”, que liquidan de un plumazo la ley de
causalidad histórica fundamental de la época de guerras crisis
y revoluciones expresada en el Programa de Transición cuando afirma
que la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección
revolucionaria del proletariado. Se desarrollaron teorías que
rompen con la estrategia soviética como la de que el proletariado,
por el “atraso en su conciencia”, tiene que empezar nuevamente de
cero –en una “recomposición reformista” como la llama el PTS- organizando
primero sus fuerzas alrededor de los sindicatos y fortaleciéndolos
para la lucha económica, luego organizando en ellos a los “no organizados”
– exactamente lo mismo que dice la burocracia sindical canalla
de la AFL-CIO norteamericana-, para pasar luego, en un futuro lejano,
a la lucha política de masas, mientras que la revolución queda relegada
a un horizonte casi inalcanzable.
El revisionismo intentó atacar la teoría leninista sobre
el imperialismo, como lo muestra la “tesis” de la LRCI de Inglaterra
de que el imperialismo ya no se sostendría extrayendo superganancias
de la explotación de las colonias y de las semicolonias sino fundamentalmente
explotando a su propio proletariado; o la “tesis” del PTS de que
el imperialismo ya no sería reacción en toda la línea puesto que
en los últimos veinticinco años del siglo XX se habría dedicado
a expandir la democracia burguesa en todo el planeta.
Vimos desarrollarse “teorías” como la de que, después de 1989,
estaríamos ante la presencia de “estados obreros en descomposición”
eterna -como, con distintos matices, plantean el PO y el PTS- liquidando
la definición misma de la dictadura del proletariado, es decir,
la definición de Trotsky del estado obrero como régimen de transición
entre el capitalismo y el socialismo. Es decir, “teorías” que sostienen
que a pesar de haberse liquidado la propiedad nacionalizada de
los medios de producción y de cambio, la economía planificada y
el monopolio del comercio exterior, estos estados seguirían siendo
“obreros”, eso sí, “en descomposición”.
Vimos al MAS de Argentina y a Socialismo Revolucionario de
Italia renegar de la dictadura del proletariado, del terror rojo,
hablando de los “límites del trotskismo” y de su supuesto “sectarismo”
hacia los centristas en la década del ’30 para justificar sus propias
capitulaciones. Vimos, por parte de los mismos, el intento de liquidar
la teoría leninista de partido, borrando la línea que separa a
reforma de revolución, diciendo, junto a Alain Krivine de la LCR
francesa, que hay que construir “el
partido de Jean Jaurés y Lenin”.
Y vimos a todas estas corrientes negar el carácter de la época
imperialista, de decadencia y agonía del capital, sosteniendo
-de manera abierta o vergonzante-, que asistimos al crecimiento
de las fuerzas productivas, hablándonos de una “nueva fase” de expansión
capitalista, como el MAS o la LCR; o de “desarrollo parcial de las
fuerzas productivas”, como el PTS, renegando así completamente
de los fundamentos del socialismo científico; o bien desarrollar
“teorías” catastrofistas sobre el derrumbe del capitalismo, como
es el caso del PO, en el peor de los economicismos socialdemócratas.
El revisionismo de los ’90 preparó
el salto al centrismo burocrático a partir
del estallido de la crisis
económica y financiera mundial
en 1997 y de la apertura
de condiciones objetivamente
revolucionarias
En 1997, el estallido de la crisis económica y financiera mundial,
puso al rojo vivo la condiciones objetivamente revolucionarias
de esta época imperialista de crisis, guerras y revoluciones,
de bruscos y abruptos cambios. Las sucesivas rondas de la crisis mundial
que sumieron en la catástrofe a regiones enteras del planeta, las
respuestas revolucionarias de las masas en Ecuador, Indonesia,
Palestina; los golpes contrarrevolucionarios del imperialismo
como en los Balcanes y Timor Oriental, dejaron al desnudo rápidamente
la estupidez de las “seudoteorías” de los revisionistas, e hicieron
añicos sus sueños de construirse pacífica y evolutivamente en
los marcos de los regímenes burgueses.
El revisionismo escandaloso de las corrientes centristas
y oportunistas que usurpan las banderas de la IV Internacional en
los ’90, preparó un nuevo salto cualitativo en su degeneración:
el salto al centrismo burocrático.
¿Qué significa esto? Que, bajo las condiciones abiertas por
el estallido de la crisis en 1997, los
regímenes burgueses y las direcciones contrarrevolucionarias
necesitan a esos partidos oportunistas para que les cubran el flanco
izquierdo, para que actúen de tapón ante los procesos de radicalización
de las masas y de la vanguardia obrera y juvenil. Para eso los sostienen
permitiéndoles tener acceso a privilegios materiales, mediante
cargos en los sindicatos controlados por la burocracia reformista
y la aristocracia obrera en los países imperialistas, y completamente
estatizados y en manos de la burocracia sindical en los países
semicoloniales, y mediante puestos en los parlamentos burgueses,
e incluso en esa cueva de bandidos imperialistas, esa “Sociedad
de las Naciones” que es el Parlamento Europeo.
Esto no significa que sean corrientes conscientemente contrarrevolucionarias,
vendidas ya al imperialismo y al estado burgués. Lo que afirmamos
es que por la presión de las bases materiales, se transforman en aparatos
conservadores que giran más y más a la derecha, con sustento material
en los regímenes y en los sindicatos en los que sirven a la burocracia
sindical.
Cuando el PO, el PTS, el MST se niegan a poner todas sus fuerzas
y el de las organizaciones obreras, comisiones internas, organizaciones
de desocupados que dirigen o influencian al servicio de hacer realidad
ya la coordinación de las fuerzas de todos los sectores que están
luchando; cuando responden al llamado de los políticos patronales
“opositores” y de la burocracia sindical en el “Salón de los Pasos
Perdidos” del Parlamento en medio del fragor de la represión contra
los trabajadores y el pueblo en Gral. Mosconi; cuando se subordinan
a este “frente democrático” -encabezado por la burocracia sindical,
diputados de la Alianza en el gobierno asesino de los trabajadores
correntinos y los piqueteros salteños- que marchó el 24 de marzo
por las calles de Buenos Aires en ocasión del aniversario de la dictadura
militar genocida; cuando como el PO proponen “organizar a la vanguardia
alrededor de la banca de Altamira”; cuando hablan de coordinar,
de revolución y socialismo en los actos y los días de fiesta y después,
todos los días, se arrodillan ante la burocracia sindical, y utilizan
a la vanguardia como terreno de maniobras para sacar votos en las
elecciones; cuando el PO acepta la existencia de una supuesta “nación
judía” frente a la nación palestina, reconociendo así los derechos
de este estado artificialmente creado con el soporte financiero
y militar del Imperialismo yanqui como un enclave contrarrevolucionario
en Medio Oriente; cuando el PTS, con su política de “autodeterminación
del pueblo palestino” termina con la misma posición que la resolución
de esa cueva de bandidos que es la ONU, no hacen más que cumplir disciplinadamente
el rol que les han asignado el régimen y las direcciones traidoras.
No son, entonces, más que la expresión en Argentina de corrientes
como la LCR y Lutte Ouvriére de Francia cuyos eurodiputados entraban,
defendiendo la utopía reaccionaria de la unidad burguesa de Maastrich,
a esa cueva de bandidos imperialistas que es el Parlamento Europeo
en el momento mismo en que llovían las bombas asesinas de las potencias
imperialistas sobre el Kosovo. No hacen más que seguir los pasos
de Alain Krivine, dirigente de la LCR y “eurodiputado”, que viajó
a Palestina a convencer a los trabajadores y el pueblo que hace
casi un año vienen protagonizando la primer gran revolución del
siglo XXI contra el estado sionista-fascista de Israel, enclave
del imperialismo, de que acepten el plan imperialista de “dos estados”,
es decir, el mantenimiento del estado de Israel y la creación de
una ficción de “estado palestino” en los campos de concentración
de Gaza y Cisjordania.
No son más que la expresión en Argentina de corrientes como el POR de Bolivia -dirigido por Guillermo
Lora-, que influenciando y dirigiendo a los maestros y fabriles
de La Paz, y al Pacto Intersindical que dirige toda una fracción
de la COB, terminó levantando frente al heroico levantamiento
de los obreros y campesinos del año pasado, el programa de “protección
de la industria nacional” de un sector de la patronal nativa. O de
corrientes como la LIT-CI, cuya sección simpatizante en Brasil,
el PST-U, dirige el 30% de la CUT, y convive pacíficamente en ella
y en los sindicatos estatizados con la nueva burocracia pelega que
con sus pactos sociales es el principal sostén, junto al PT de Lula,
del gobiero cipayo, asesino y hambreador de Cardoso, y le ata las
manos a la clase obrera de ese país dejándola impotente frente a
la catástrofe descargada por los golpes de la crisis económica
mundial y la ofensiva imperialista y patronal.
Por todo ello, la polémica que aquí presentamos, es también un
aporte a la lucha por reagrupar, alrededor de las lecciones revolucionarias
de los principales acontecimientos de la lucha de clases mundial
-en primer lugar, las de la grandiosa
revolución palestina, y también las de la revolución que han comenzado
los trabajadores y el pueblo de Argelia, la heroica resistencia
del pueblo checheno masacrado por el ejército blanco de la nueva
burguesía rusa agente directa de las potencias imperialistas y
de sus monopolios petroleros; y también la lucha de la clase obrera
argentina que vuelve a mostrar nuevamente la combatividad que
la ha caracterizado en un siglo de luchas- las filas del trotskismo
principista a nivel internacional, en el camino de la lucha por
regenerar y refundar la IV Internacional, expurgando sus filas
de los oportunistas, revisionistas y centristas que han usurpado
sus limpias banderas.