Año 1 Nro. 6 - 23 de Noviembre de 2001

e d i t o r i a l

Mientras la revolución y la contrarrevolución se enfrentan en las batallas de Afganistán, de Palestina, de Pakistán
Argentina en el centro de la crisis económica mundial

Mientras Afganistán, Palestina, Pakistán son batallas donde se enfrentan revolución y contrarrevolución, la Argentina, que se encuentra nuevamente en cesación de pagos y al borde del crac, se ha puesto en el centro de la crisis económica y financiera mundial.
Con el escarmiento de los bombazos contra la nación afgana de una parte y con el golpe económico por otra, el látigo del capital financiero imperialista pone a la nación argentina al borde del crac, como chantaje para aterrorizar a la clase obrera con la desocupación y a las clases medias endeudadas en dólares con la amenaza de la devaluación, y para disciplinar a las distintas fracciones burguesas para pasar a un ataque decisivo contra la clase obrera e imponerle una derrota feroz, condición indispensable para que se implemente la "reprogramación de los pagos de la deuda" y que Argentina no vaya al default.
La llamada "reprogramación de la deuda externa" consistente en rebajar las tasas de interés a no más del 7% - es un intento de asegurarles a los usureros imperialistas el cobro de la misma ante el riesgo de default, a cambio de que terminen de saquear a la nación oprimida y de que el gobierno y los patrones aplasten a la clase obrera. Es un nuevo intento de darles al capital financiero un seguro de pago, como fueran también el plan Baker y el plan Brady en los '80 y los '90 respectivamente1, pero, como veremos más adelante, en una situación mundial completamente distinta, ya en medio de la espiral de la crisis económica y financiera mundial que ha pegado al interior mismo de los Estados Unidos, crisis de la cual son hoy parte Argentina y Turquía.
Es por esta razón que la "reprogramación" no es un nuevo plan de salida a la crisis de la deuda externa en Argentina que pudiera se ser utilizado como "modelo" para otros países deudores, sino frente a un ataque en toda la regla del capital financiero para terminar de saquear a la nación y propinarle una derrota histórica a la clase obrera. Es decir, la política del capital financiero hacia la Argentina donde, como veremos más adelante, estamos al final de todo un modo de acumulación capitalista basado en el endeudamiento-, es continuidad de lo que quieren imponer a bombazos limpios en Afganistán, en Pakistán, en Palestina, y en todo Medio Oriente y el Asia Central.


PARA ENFRENTAR LA CRISIS Y LA RECESIÓN QUE YA LE PEGÓ ADENTRO, EL IMPERIALISMO YANQUI SE VUELVE MIL VECES MÁS AGRESIVO CONTRA LOS TRABAJADORES Y LOS PUEBLOS OPRIMIDOS DEL MUNDO

Hoy la "reprogramación de la deuda", entonces, es un nuevo intento del capital financiero de imponer una garantía de pago de la deuda externa, cuando se ha agotado un modo de acumulación del capitalismo semicolonial argentino. Pero tienen que hacerlo bajo condiciones completamente distintas a la de los '80 y los '90: es que la crisis económica y financiera mundial que estallara en 1997 -golpeando en su primera ronda al imperialismo japonés y a su zona de influencia del sudeste asiático, después a Rusia y Brasil, liquidando los llamados mercados emergentes -, ya ha pegado al interior de los Estados Unidos, poniendo fin al ciclo de crecimiento de la economía yanqui y provocando el inicio de la recesión, que hoy amenaza con llevar a ese país al borde de un crac y una depresión como los de la década del '30, o bien a una crisis recesiva agónica como la que ya lleva diez años en Japón.
Bajo estas condiciones, para salir de la crisis y la recesión, el imperialismo yanqui necesita lanzar una ofensiva mil veces superior sobre los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo, cuya avanzada es hoy la guerra de saqueo y coloniaje contra Afganistán. Necesita quedarse con el petróleo, el gas, las riquezas y la mano de obra barata de las China, Rusia, y las exrepúblicas soviéticas de Asia Central; necesita quedarse con los 3 billones de dólares que valen las enormes reservas petroleras y gasíferas de esa región, con el negocio del opio (materia prima base de la industria farmacéutica), arrodillando y postrando a los imperialismos competidores como el francés y el alemán. El imperialismo norteamericano necesita incluso reconfigurar las fronteras y las naciones, no sólo transformando definitivamente en colonias y protectorados a los ex estados obreros en liquidación, sino también haciendo retroceder a ese status a naciones semicoloniales, como es el plan de ocupación directa por tropas imperialistas e incluso de división en distintos virreinatos cada uno con su gobierno títere que quiere imponer en Afganistán.
El imperialismo yanqui tiene que resolver la feroz disputa interiimperialista que ha comenzado por las rutas y reservas del petróleo, por las zonas de influencia, las materias primas, y por los nuevos mercados de los ex estados obreros en liquidación que la restauración capitalista ha puesto a disposición de la rapiña imperialista.
Necesita también descargar los costos de la crisis y disciplinar a la propia clase obrera norteamericana a la que le ha largado una verdadera guerra, con más de 500,000 despidos sólo en el último mes, con baja salarial y flexibilización, aprovechando la excusa de la "guerra contra el terrorismo" para imponerle una unidad nacional completamente reaccionaria y dar un giro bonapartista en el régimen interno, para ponerlo en sintonía con la ofensiva redoblada y las nuevas y superiores aventuras guerreristas que prepara.
Pero el imperialismo yanqui tiene que hacer esto cuando la guerra entre revolución y contrarrevolución se han puesto en el centro de la escena mundial: como decimos en las Tesis que publicamos en la página 19, en Afganistán los carniceros imperialistas ganaron una batalla pero no la guerra. Para poder imponer esta salida a la recesión, tiene que ganar primero las demás batallas en curso de la guerra entre revolución y contrarrevolución que se ha puesto en el centro de la escena a nivel mundial: tiene que derrotar la heroica resistencia antiimperialista de Kunduz y Kandahar en Afganistán, tiene que aplastar la grandiosa revolución de la clase obrera y el pueblo palestino, así como también a la revolución en Argelia, derrotar el levantamiento obrero y campesino de Pakistán, y en Argentina provocarle una derrota histórica a la clase obrera que ya hace un año y medio ha retornado al camino de la lucha política de masas, amenazando una y otra vez con poner en desbandada al frente burgués imperialista y abrir el camino al inicio de la revolución.
Es decir, el imperialismo no podrá dar una salida a la crisis económica mundial y la recesión ni tampoco a la situación en Argentina, frente al agotamiento de todo un modo de acumulación capitalista en este país- si no es con nuevos cracs, propinándole derrotas aplastantes a la clase obrera y a los pueblos oprimidos del mundo, con nuevas y superiores aventuras guerreristas, e inclusive con nuevas guerras interimperialistas como ya provocara dos a lo largo del siglo XX.
Es por ello que, bajo estas condiciones, si hoy los usureros imperialistas "reprograman" la deuda bajando los intereses para poder cobrar, sin derrotar antes a la clase obrera argentina, corren el riesgo de que ésta irrumpa abriendo un período de ascenso proletario y de masas que ponga en cuestión las "garantías" prometidas por el gobierno de De la Rúa, Cavallo y el PJ como seguro de pago a los usureros imperialistas: la única "garantía" que convence al capital financiero es la derrota y el aplastamiento de la clase obrera y el saqueo de la nación.
El famoso "riesgo país" no es otra cosa que él índice que mide la confianza que tienen los usureros imperialistas en que el gobierno y la patronal argentina puedan derrotar a la clase obrera. Hoy esa confianza es 3000 contra 1: ¡estos chupasangres son perfectamente conscientes de la fuerza, la energía y el heroísmo de la clase obrera argentina; de que no será para nada fácil aplastarla!
Y en segundo lugar, si implementan la "reprogramación" sin derrota de la clase obrera en Argentina, se arriesgan a que las burguesías de los demás países deudores, como por ejemplo Turquía e Indonesia (que ya fueron a discutir al FMI), quieran negociar y regatea

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