Año 2 Nro. 7 - 9 de enero de 2002

e d i t o r i a l

La corta vida de un frente popular bajo la forma de partido
¿Qué fue y por qué cayó el gobierno de Rodríguez Saá?

Confundir y sacar a los trabajadores momentáneamente de las calles. Ese fue el rol, y el único triunfo, del efímero gobierno de Rodríguez Saá. Fue un gobierno debilísimo, kerenskista, de conciliación de clases o de frente popular bajo la forma de partido (el PJ), con un plan con rasgos nacionalistas burgueses, expresión directa de las burguesías regionales del interior y de la burguesía mercado-internista, que buscó, rápidamente, el apoyo de las direcciones oficiales del movimiento obrero.

A este sector patronal que vio caer el poder en sus manos inesperadamente, no le importaba el mantenimiento o no de la “Convertibilidad” mientras se emitieran 10 mil o 15 mil millones de “argentinos” que reanimaran el mercado interno. Por eso gozaba de la neutralidad de los monopolios  dueños de las empresas públicas privatizadas a quienes no les importa más que el mantenimiento de la paridad del peso con el dólar para girar sus remesas a sus países de orígen. Buscó rapidamente el apoyo del ala de las Fuerzas Armadas encabezada por su Comandante en Jefe Brinzoni, a quienes buscaba involucrar en el reparto de comida en los barrios al estilo de un ejército “nacionalista”.

El gobierno de Rodríguez Saá le decía a todo el mundo lo que quería escuchar pero no conformaba a nadie: ni al imperialismo y al FMI, porque no atacaba a la clase obrera sino que tenía que coquetear con ella y generarle ilusiones; ni a la burguesía exportadora devaluacionista, porque mantenía la convertibilidad; ni a las clases medias expropiadas ya que, a pesar de que prometía una reactivación del mercado interno que podía beneficiar a los sectores hundidos de la burguesía mercadointernista y de los pequeños comerciantes, lo hacía sobre la base de emisión de una moneda devaluada, y sin devolver los depósitos. Sólo lograba generar cierta expectativa en la clase obrera con sus promesas demagógicas y su retórica nacionalista, pero con el límite de que iba a pagar el supuesto aumento del salario mínimo y el mentiroso plan millón de falsos “puestos de trabajo” con verdaderos papeles pintados, el “argentino”.

El gobierno de Rodríguez Saá –incluso más allá de la propia voluntad del ex – gobernador puntano y de sus veleidades- con burócratas sindicales como ministros, como Britos, y apoyado por las dos CGT, el CTA, la dirección del movimiento piquetero -e incluso con el aval, lamentablemente, de las Madres de Plaza de Mayo- cumplió en una semana, sin embargo, el objetivo fundamental de todo gobierno de frente popular: el de  coquetear con la clase obrera y engañarla con frases dulzonas y  cantos de sirena, para congelarla y sacarla de las calles, y darle tiempo al imperialismo y a la burguesía de preparar un contragolpe.

¿Cómo lograron este objetivo? En primer lugar, desorganizando las filas de la clase obrera: al movimiento obrero industrial lo paralizaron haciendo correr la voz de que venían “hordas de saqueadores” que iban a robar sus casas y sus pocas pertenencias, y los pusieron día y noche a vigilar sus barrios. A los millones de trabajadores hambrientos que se habían levantado por el pan, les dieron primero un escarmiento con 30 muertos y después los contuvieron con promesas de más “planes trabajar” y con bolsones de comida repartidos por la dirección piquetera, por la iglesia y por el ejército. Y en segundo lugar, lo paralizaron momentáneamente con el acto en la CGT donde Rodríguez Saá prometió el oro y el moro, abriendo ilusiones de que a ese gobierno apoyado en las organizaciones obreras  se lo podía presionar para mejorar su situación.

Así, impidieron rápidamente –porque una vez iniciada la revolución las horas son días, y los días son semanas- que la clase obrera le diera una respuesta en las calles a las clases medias expropiadas. Así comenzaron a dividir la alianza obrera y popular que se había dado en las calles para tirar a De la Rúa. Por esa razón, el cacerolazo del viernes 28 de diciembre por la noche, fue ya una acción únicamente de las clases medias, que fue aprovechada por la burguesía para preparar el putch de los gobernadores y Alfonsín, retirarle el apoyo a Rodríguez Saá, liquidar el peligroso plan de las elecciones del 3 de marzo, y hacerlo caer, pues éste ya había cumplido el objetivo central para el que había sido puesto: sacar a la clase obrera de la calle.



"La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos"

 


"La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos"

 

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