Año 2 Nro. 7 - 9 de enero de 2002
e d i t o r i a l
Para que la revolución obrera y popular
La clase obrera argentina necesita un estado
mayor revolucionario, porque necesita una estrategia para
triunfar, para unir las filas obreras que la burocracia sindical,
con su política de colaboración de clases, divide a cada
paso, y para sincronizar el combate de todas las capas de la
clase obrera. Esta unidad no vendrá en absoluto de las direcciones
actuales, sino de la espontaneidad y de la lucha de las masas
y de un programa revolucionario que las unifique en el combate.
Es necesario un estado mayor revolucionario
para que el proletariado rompa toda sumisión a la política
de la patronal y sus distintas fracciones, y pueda ganarse
así, en las calles, a las capas arruinadas de las clases medias,
poniendo en pie organismos de democracia directa, de doble
poder, y sus comités de autodefensa, que preparen el triunfo
de la revolución argentina.
Es necesario un estado mayor revolucionario
de la clase obrera para organizar y preparar una insurrección
revolucionaria triunfante de los explotados y sus organismos
de doble poder.
Este estado mayor revolucionario se vuelve
imprescindible en lo inmediato para preparar las distintas
fases de la revolución que ha comenzado, y enfrentar las diferentes
políticas de la reacción y de la contrarrevolución, porque
es de vida o muerte que la revolución no se detenga y despliegue
toda su espontaneidad y sus energías, preparando nuevos saltos
en la conciencia y en la organización de los explotados, barriendo
con todas las instituciones de este régimen infame hasta
que se vayan todos y no quede ni uno solo.
Pero este estado mayor revolucionario del
proletariado no existe en Argentina al inicio de esta grandiosa
revolución. Como explicamos en estas páginas, los responsables
de que esto sea así, son el centrismo, el revisionismo y el pablismo
usurpadores de la IV Internacional, que pusieron de rodillas
al trotskismo argentino al que durante cuarenta años, varias
generaciones de obreros y jóvenes revolucionarios dedicaron
sus vidas y su esfuerzo para poner en pie. Los centristas y pablistas,
dejaron pasar, en cuatro décadas, mil y una oportunidades,
y terminaron capitulando a las direcciones traidoras de
todo pelaje y cubriéndole el flanco izquierdo a este régimen
infame luchando por una salida “democrática”, es decir, burguesa,
a la revolución que ha comenzado.
Pequeños núcleos trotskistas y revolucionarios
internacionalistas buscamos un camino revolucionario,
sacando lecciones de la lucha de la clase obrera internacional,
y en feroz combate de tendencias y fracciones al interior de
nuestro movimiento, forjando las herramientas para intentar
poner en pie una estrategia y un programa a la altura de la
revolución que han empezado los trabajadores y los explotados.
Pero los trotskistas cuartainternacionalistas
sabemos que bajo las condiciones internacionales y nacionales
de enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución
como en Palestina, en Afganistán y en Argentina y del feroz
ataque que ha golpeado también a la clase obrera norteamericana;
bajo las condiciones del crac y de la guerra, hoy son los usurpadores
de la IV Internacional los que boquean como peces sacados fuera
del agua. Es que lo que escriben, lo que dicen lo que hacen todos
los días, no tiene nada que ver ni con las aspiraciones, ni con
las necesidades, ni con el combate ni con la conciencia más
avanzada que han puesto la clase obrera y los explotados en
las calles.
Desde Democracia Obrera, afirmamos que las fuerzas
para poner en pie el partido obrero revolucionario e internacionalista
que la clase obrera argentina se merece están, en primer lugar,
a nivel internacional.
Sabemos que la revolución no deja ni dejará
vivir en paz a los centristas usurpadores de las banderas del
trotskismo, provocándoles crisis, fraccionamientos, rupturas
y estallidos. De allí surgirán decenas y centenares de cuadros
revolucionarios capaces de poner en pie un Kienthal y Zimmerwald,
un reagrupamiento internacional de las fuerzas sanas del trotskismo
que luche por recuperar la IV Internacional, contra los centristas
y liquidacionistas de todo pelaje que llaman a construir “internacionales”
en general apoyadas en el movimiento “globalifóbico”, conviviendo
alegremente con las direcciones burguesas, pequeñoburguesas
y stalinistas de ese movimiento, y negándose a enfrentar,
en Europa y en Estados Unidos, a sus propias burguesías imperialistas
y a sus regímenes y gobiernos.
De allí surgirán las fuerzas entonces para un
Kienthal y Zimmerwald, es decir, para constituir un embrión
de dirección internacional capaz de dirigir y centralizar
una lucha sin cuartel contra los usurpadores de la IV Internacional
y por recuperarla, y como parte de esa pelea, de garantizar
que el trotskismo principista argentino no degenere ni sucumba
frente a las enormes presiones y peligros que acechan a la revolución
que ha comenzado.
La revolución argentina no se definirá en
un acto, sino en toda una etapa y en un proceso convulsivo.
No faltarán, entonces, ni tiempo ni oportunidades para, en
base a las lecciones y al programa revolucionario para Palestina,
frente aa la guerra de Afganistán y para la revolución argentina,
sentar las bases de una dirección internacional revolucionaria
que reagrupe las fuerzas sanas del trotskismo bajo las banderas
sin mácula de la IV Internacional.
En nuestro país, las fuerzas para constituir este
poderoso estado mayor revolucionario ya están presentes,
por fuera de los pequeños grupos: están en cada lucha, cada
huelga, cada piquete, corte de ruta y levantamiento donde
los explotados dicen ¡Basta! y toman en sus propias manos la
resolución de la crisis y la catástrofe.
Esas fuerzas están afuera, en los centenares
y miles de compañeros que se reivindican del trotskismo y que
el estallido del centrismo en los ’80 y los ’90 dejó dispersos,
y que hoy, al calor de los nuevos combates revolucionarios
hierven de impaciencia por salir de la pasividad, por encontrar
un camino revolucionario y volver a la lucha por la causa
del proletariado.
Esas fuerzas están también en centenares de cuadros
y militantes que hoy están organizados en las corrientes centristas
que usurpan las banderas del trotskismo, y a los que sus estados
mayores arrastran todos los días a nuevas capitulaciones al
régimen infame y a las direcciones traidoras. Esta brecha
enorme entre el dicho y el hecho, que no es sino la línea divisoria
entre centrismo, oportunismo, y revolución, puesta al rojo
vivo cotidianamente al calor del enfrentamiento entre revolución
y contrarrevolución, destacarán inevitablemente revolucionarios
conscientes que rápidamente comprenderán la necesidad de
imponer grandes cambios en sus organizaciones o de buscar
nuevos canales que les permitan estar a la altura de la revolución
que los trabajadores y el pueblo han iniciado.
Desde Democracia Obrera nos consideramos tan
sólo una de esas vertientes que luchan por confluir en un gran
torrente revolucionario con decenas de grupos, corrientes,
cuadros y militantes que queremos estar a la altura de los
acontecimientos históricos que vivimos a nivel internacional
y nacional, y no repetir la tragedia de las capitulaciones
del centrismo y el pablismo que tan caras le costaron a la vanguardia
obrera en nuestro país y en el mundo, y a nuestra propia IV Internacional.
Muchos de nuestros rencores y rencillas del pasado,
así como también de las justas peleas dadas, son en su gran mayoría
desconocidas e incomprendidas por los millones de trabajadores
y explotados que entran al combate. Toda política de montar
pequeños tinglados sectarios y autoproclamatorios, es tan
peligrosa y capituladora como la política oportunista
de los grandes aparatos de las corrientes centristas que se arrodillan
ante el régimen infame y las direcciones traidoras.
Para dar pasos hacia delante en este reagrupamiento
internacionalista y revolucionario en Argentina, debemos
seguir los consejos de León Trotsky: primero el programa revolucionario,
segundo el programa revolucionario, y tercero el programa
revolucionario. Por ello, el programa revolucionario para
Argentina, las lecciones revolucionarias y la estrategia
frente a la guerra de coloniaje imperialista contra Afganistán
y el programa para la grandiosa revolución de la clase obrera
y el pueblo palestino, son las bases fundamentales que proponemos
desde Democracia Obrera y desde el Comité Organizador del
Trotskismo Principista (Cuarta Internacional) para impulsar
este reagrupamiento revolucionario de la vanguardia que
esté a la altura de la revolución que ha comenzado.
Como hemos visto, durante los últimos cuarenta
años la lucha de la clase obrera internacional y nacional,
le dio mil y una oportunidades al trotskismo para construir
un partido obrero revolucionario en Argentina. El centrismo
y el pablismo y sus capitulaciones fueron los que lo impidieron,
y son por ello responsables de que la revolución que ha comenzado
no sea menos híbrida, menos ciega y menos sorda, y de que no
exista un partido revolucionario que pueda pelear por dirigirla
y llevarla al triunfo.
En el combate por regenerar y refundar la IV
Internacional están las bases subjetivas para aprovechar,
en forma revolucionaria, las mil y una oportunidades que nos
dará a los trotskistas principistas la lucha de clases internacional
y nacional para poner en pie el partido obrero revolucionario
de la IV Internacional que la heroica clase obrera argentina
se merece.
¿Lograrán el calendario de la revolución argentina
y las condiciones internacionales dar tiempo a la vanguardia
obrera y popular y a los grupos que se orienten en un sentido
revolucionario, dar tiempo para poner en pie este partido
revolucionario? Un reagrupamiento internacional del trotskismo
principista ante los grandes acontecimientos del enfrentamiento
entre revolución y contrarrevolución, que enfrente al centrismo
usurpador de la IV Internacional, sería un acelerador enorme
de este proceso.
León Trotsky, fundador de la IV Internacional,
se formulaba la pregunta de qué habría sucedido si Lenin no
hubiera llegado –por una u otra razón- a Rusia en 1917, a los
inicios de la revolución. Y se respondía que muy posiblemente
el partido bolchevique, en forma tortuosa, por medio de luchas
de tendencias y fracciones desgarradoras, podría haber llegado
a plantear la política justa en el momento justo y no dejar
pasar el momento ni la oportunidad de tomar el poder.
Un escenario similar es el que enfrenta la revolución
argentina. No podemos descartar en absoluto que ante acontecimientos
convulsivos de la lucha de clases mundial, se reagrupen internacionalmente
las fuerzas sanas del trotskismo, y puedan poner a estas fuerzas
a la altura, con el programa y las tareas justas que permitan
sincronizarse con la vanguardia obrera revolucionaria y
con las amplias masas que han entrado al combate en la revolución
argentina y llegar a tiempo para conducirlas al triunfo, a
la toma del poder.
Es que en nuestro país, el factor subjetivo no
parte de cero: décadas de lucha, de aprendizaje, de terribles
errores, de catástrofes y capitulaciones, de lucha de tendencias
y de fracciones, han conquistado el material humano expresado
en valiosos cuadros y militantes que son la base del núcleo
fundamental del partido revolucionario que la clase obrera
argentina necesita y se merece. A ello apostamos todo nuestro
esfuerzo los trotskistas principistas del COTP-CI y de Democracia
Obrera.
Silvia Novak, Pico y Pablo Cortina
"La liberación de los trabajadores será obra de los
trabajadores mismos"
"La liberación de los trabajadores será
obra de los trabajadores mismos"