Año 2 Nro. 7 - 9 de enero de 2002
¿Como
se preparó la izquierda
para la revolución que comenzó en la Argentina?
En las últimas décadas, el movimiento obrero argentino
le dio a las corrientes de izquierda que se reivindican
trotskistas mil y una oportunidades para poner en
pie un partido revolucionario con influencia en la
vanguardia y en sectores combativos de la clase obrera.
Sin embargo, el inicio de la revolución argentina
encuentra a la clase obrera sin tener a su frente una
dirección revolucionaria. Y esto no es responsabilidad
de los trabajadores y las masas que jamás faltaron
a la cita cuando las convocaron a la lucha y han dado
todo de sí en múltiples y heroicos combates a lo largo
de todos estos años. Es de los estados mayores de las
corrientes que se reivindican del trotskismo y que
han capitulado sosteniendo sobre sus hombros al stalinismo
y cubierto el flanco izquierdo de la burocracia sindical,
que a su vez sostenía al régimen infame y los gobiernos
de turno.
Las mismas direcciones de las corrientes de izquierda
que hoy se quejan de la “falta de centralidad del proletariado”
al inicio de la revolución, de la “inexistencia de
organismos de doble poder del proletariado”, son
las que durante las últimas elecciones se negaron
a convocar a la Tercera Asamblea Piquetera para ajustar
cuentas con la burocracia sindical y llamar al boicot
con la huelga general hasta derribar al gobierno e
imponer un programa obrero de emergencia para que
la crisis la paguen los capitalistas.
Hoy una vez más pretenden ocultar sus propias capitulaciones
echándole la culpa a las masas, a las que acusan de sufrir
de “crisis de subjetividad” (PTS), de no tener “vocación
de poder” (PO), son los que se negaron a poner todo el
peso de las organizaciones obreras que dirigen y
el enorme apoyo político que dieron los trabajadores
al servicio de poner en pie un verdadero congreso
nacional de trabajadores ocupados y desocupados,
y en lugar de eso lo utilizaron para sostener al stalinismo
y que la CCC junto a la burocracia de la CTA sacaran
de las calles y las rutas al movimiento piquetero
volviendo a dividir las filas del proletariado, evitando
que en las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de
diciembre hubiera cientos de piquetes cortando las
rutas y las calles de todo el país. Porque ¿Quién puede
afirmar que Duhalde estaría en la Casa Rosada si,
cuando la burguesía montaba la Asamblea Legislativa
ilegítima e intentaba expropiar la lucha de los trabajadores
y las masas que habían derribado al gobierno de la
Alianza, los trabajadores hubieran tenido en pie
su propio congreso nacional de trabajadores ocupados
y desocupados, con un delegado cada veinte?.
Lamentablemente son las masas y no los estados mayores
de esta izquierda reformista y electoralista las
que pagan las consecuencias de no tener a su frente
una dirección revolucionaria que las guíe a la victoria
en esta revolución que ha comenzado. Es por eso que
se torna impostergable ante la vanguardia obrera
y juvenil que ha entrado al combate responder a la
pregunta de cómo se prepararon las corrientes de izquierda
que se reivindican del trotskismo para intervenir
en la revolución argentina.
En estas páginas demostraremos cómo, mientras el
stalinismo se mantuvo fiel a su estrategia contrarrevolucionaria,
las direcciones de los partidos que se dicen trotskistas,
luego de décadas de destruir al marxismo con su revisionismo,
tratando de ocultar sus propias capitulaciones y
adaptaciones al régimen y las direcciones traidoras
echándole la culpa a las elaboraciones de Lenin y
Trotsky, el inicio de la revolución los encontró a todos
preparándose alegremente para intervenir en las
elecciones y demostrando ser totalmente impotentes
a la hora de construir una alternativa de dirección
revolucionaria.
En los años '80, los estados mayores del centrismo
trotskista se prepararon construyendo un partido
grande pero sindicalista y electoralista como el
MAS, cuya dirección tuvo el triste mérito de levantar
en andas al secretario general del PC, Patricio Echegaray,
en el mismo momento en que las masas derribaban al
muro de Berlín en 1989. La dirección del viejo MAS, después
de demostrarse totalmente impotente durante los
levantamientos del hambre, aún aplastada bajo los
cascotes del muro de Berlín mantenía su frente con
el stalinismo y convocaban junto al PC a la “Plaza
del NO” en los '90, dejándole una silla vacía al traidor
Ubaldini. La consecuencia de esta política impotente,
que no pudo dar una respuesta revolucionaria a los
acontecimientos nacionales e internacionales,
fue el estallido del MAS que terminó llevando a la
desmoralización a toda esa generación de trabajadores
que había contribuido con su esfuerzo a poner en pie
ese partido.
En los años '90, direcciones como la del MAS se
prepararon destruyendo al marxismo revolucionario
con su revisionismo, echándole la culpa de sus propias
capitulaciones a las elaboraciones de Trotsky y de
la IV Internacional. Otras, como la del PTS, negando
el Programa de Transición que sostiene que la crisis
de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria
para afirmar que el problema es el "atraso en la
conciencia de las masas", su “crisis de subjetividad”;
sosteniendo que el imperialismo desarrollaba parcialmente
las fuerzas productivas. Y Altamira y el PO siendo
orgullosos fundadores del Foro de San Pablo junto
a Fidel Castro, Lula y el Frente Grande. Este abandono
del programa del trotskismo tuvo como resultado que
estas corrientes cayeran en el más burdo nacionaltrotskismo,
como el MAS que afirmaba que la Argentina sería el
"faro del mundo", llegando a autoproclamar
a sus pequeños agrupamientos internacionales como
"la Internacional" con el único objetivo
de ocultar sus capitulaciones nacionales.
Y en los últimos años, estas direcciones continuaron
sosteniendo al stalinismo y cubriéndoles el flanco
izquierdo a la burocracia sindical y las direcciones
traidoras, negándose a luchar por extender y generalizar
los organismos de autoorganización y de democracia
directa que las masas pusieron en pie con su lucha como
en Cutral Có, Jujuy, el norte de Salta. Negándose a
poner todo el peso de las organizaciones obreras
que dirigen y el enorme apoyo que millones de trabajadores
les dieron en las últimas elecciones al servicio de
convocar a un verdadero congreso nacional de trabajadores
ocupados y desocupados, con un delegado cada veinte
trabajadores, para terminar de ajustar cuentas con
la burocracia sindical y llamar a la huelga general
hasta "que se
vayan todos y no quede ni uno solo".
El inicio de la revolución en la Argentina encontró así a los estados mayores de las corrientes que se reivindican del trotskismo preparándose alegremente para las elecciones del 2003. Y cuando las masas con su lucha dislocaron las instituciones del régimen, estos estados mayores corrieron a sostenerlas, cediéndole en toda la línea a la ideología de las clases medias que han imbuido hasta ahora al proletariado -por la brutal crisis de dirección del proletariado- en la revolución que ha comenzado.
MST: junto al stalinismo luchando por un gobierno
obrero burgués basado
Así, la dirección del MST -que hace años mantiene
un frente estratégico con el PC convirtiéndose en
la corriente del centrismo trotskista más filo-stalinista-
planteó que la Asamblea Legislativa votara un gobierno
obrero encabezado por Luis Zamora y Patricia Walsh,
legitimando por izquierda a una asamblea legislativa
totalmente ilegítima, que estaba usurpando la lucha
de las masas. Su propuesta de que asumiera Luis Zamora
no es más que la de poner en pie un gobierno obrero, pero
no de ruptura con la burguesía, basado en los organismos
de autoorganización de las masas en lucha, sino basado
en una institución burguesa como la Asamblea Legislativa,
es decir un gobierno obrero burgués como el de Felipe
González en España o el de Mitterrand en Francia, sólo
que en Argentina, una semicolonia arrasada por el
imperialismo.
La política del MST no es más que la reedición
de la política del stalinismo que
"dio a la fórmula de 'gobierno obrero y campesino'
un contenido completamente distinto, puramente
'democrático', es decir, burgués, contraponiéndola
a la dictadura del proletariado" (Programa
de Transición). Al revés que el MST, "los
bolcheviques leninistas rechazan resueltamente
la consigna de 'gobierno obrero y campesino' en su
versión democrático burguesa" ya que "cuando el partido del proletariado se niega a ir más allá
de los límites democrático-burgueses, su alianza
con el campesinado se convierte simplemente en un
apoyo del capital como sucedió con los mencheviques
y los socialistas revolucionarios en 1917".
El Programa de Transición no deja lugar a dudas
al respecto: "La
principal acusación que lanza la Cuarta Internacional
contra las organizaciones tradicionales del proletariado
es la de no querer desvincularse del semicadáver
político de la burguesía", "la
consigna de 'gobierno obrero y campesino' solo es
aceptable para nosotros en el mismo sentido que tenía
para los bolcheviques en 1917, es decir, como consigna
antiburguesa y anticapitalista, pero de ninguna
manera con el sentido 'democrático' que después les
han dado los epígonos, transformándola de un puente
hacia la revolución socialista en el principal impedimento
en su camino".
Y por si a la dirección del MST le queda alguna
duda, el Programa de Transición insiste: "Cada una de las reivindicaciones transitorias debe conducir...
a una sola y misma conclusión: los obreros tiene que
romper con todos los partidos tradicionales de la
burguesía para establecer, junto a los campesinos,
su propio poder". ¿Entienden señores de la
dirección del MST que la exigencia de los bolcheviques,
dirigida a los mencheviques y los socialistas revolucionarios
de "¡Romped con la burguesía!"
hoy perfectamente podría ser dirigida a ustedes?.
Si bien Zamora y Walsh tuvieron una intervención
relativamente digna en la Asamblea Legislativa
denunciando al imperialismo y a los partidos patronales,
lo que no dijeron es que sólo la clase obrera en lucha
acaudillando al resto de la nación oprimida es la que
puede imponer una salida favorable a los trabajadores
y el pueblo.
Zamora dijo que no reconocía a la Asamblea Legislativa
por ilegítima. Pero ¿por qué no llamó a los trabajadores
a ganar las calles para disolverla? ¿Acaso piensa
el diputado Zamora que simplemente con los "cacerolazos"
se puede disolver a la Asamblea Legislativa del PJ
y la UCR, sostenida en las bandas armadas del estado
patronal como la policía, la gendarmería, las FFAA?
¡Las cacerolas no son antibalas, diputado Zamora!
El diputado Zamora que reivindica la "democracia
directa" de la clase media y sus "cacerolazos"
vive en el "país de las maravillas" donde la
clase media saca y pone presidentes, impone una Asamblea
Constituyente haciendo cacerolazos sin que las bandas
fascistas empiecen a romper cabezas, sin que el imperialismo
ataque a los bombazos como en Afganistán o desate
un genocidio antiobrero como en el 76. Ya vimos -y
ni Zamora ni Walsh dijeron en el recinto una sola palabra
al respecto- a la patota duhaldista agredir con piedras
y palos a los militantes de la izquierda en las afueras
del Congreso, actuando como verdaderas “centurias
negras” con la complicidad de la policía. La propuesta
de Zamora de "democracia directa" sin piquetes
y milicias obreras, sin organismos de autodeterminación
de las masas en lucha es una utopía pacifista pequeñoburguesa.
La política del MST de que asuman Zamora y Walsh
para convocar a elecciones a una Asamblea Constituyente
no es más que reeditar la política de la “vía
pacífica al socialismo” del stalinismo y el castrismo,
que en Chile significó ahogar la gloriosa revolución
de los cordones industriales en el baño de sangre de
la dictadura pinochetista. Lamentablemente, los
que sufren los golpes y los palos de la patota duhaldista
y la policía, son los abnegados y honestos militantes
de la izquierda a los que sus dirigentes envenenan
de pacifismo llevándolos alegremente a presionar
al Parlamento.
En los períodos previos al inicio de la revolución
en Argentina, fue el Polo Obrero de Altamira y la
CGT San Lorenzo de Edgardo Quiroga el que se pasó diciendo
que no había condiciones para llamar a un congreso
nacional de delegados de base de todo el movimiento
obrero y que había que "cocinar el guiso a fuego
lento". Fue el legislador Altamira y la dirección
del PO los que les dijeron a los piqueteros del norte
de Salta que habían puesto en pie piquetes, que habían
derrotado en las calles a la policía y la gendarmería
quemando las instituciones de régimen, que levantaron
un programa obrero de 21 puntos y pusieron en pie su
Coordinadora y sus Congresos departamentales de
trabajadores ocupados y desocupados, verdaderos embriones de poder obrero, que no los extendieran
y desarrollaran, que no pusieran en pie una comuna
obrera en el departamento de General San Martín, sino
que la salida era votar una “Asamblea Constituyente”.
Y cuando la gendarmería reprimía a sangre y fuego
a los heroicos piqueteros salteños, fue el legislador
Altamira, junto al resto de las corrientes de izquierda
los que estuvieron codo a codo con la burocracia sindical
del CTA y la CCC, arrodillados en el salón de los Pasos
Perdidos del Congreso dando muestras de su fe democrática.
Y ya en plena crisis revolucionaria, en el colmo
del cinismo, la dirección del PO anuncia que el 22 de
diciembre en el plenario del Bloque Piquetero conformado
por el Polo Obrero, el MTR y otras organizaciones realizado
el 22 de diciembre, un sector “llamó
a ponerle lugar y hora a la Asamblea Nacional de Trabajadores
Desocupados, comprometida en la II Asamblea Nacional
Piquetera”, aclarando que “la moción fue rechazada, a partir de
intervenciones del Polo Obrero y el MTTR” y que “el miércoles 26 de diciembre a propuesta del Polo Obrero y del
MTTR, la Mesa de Coordinación de la Asamblea Nacional
dispuso la convocatoria a la III. Asamblea de Trabajadores
Ocupados y desocupados, en Buenos Aires, para el
9 y 10 de febrero”. Como dice el dicho: “a confesión
de partes, relevo de pruebas”.
Mientras la vanguardia de jóvenes obreros enfrentaban
la represión policial en la batalla de Plaza de Mayo
y daban su vida para tirar abajo al odiado gobierno
de De la Rúa, el PO insistía en que "La
consigna política de conjunto es, más que nunca: fuera
los gobiernos nacional y provinciales, por el gobierno de una Asamblea Constituyente
libre y soberana" (Editorial de PO nro.
734 del 20/12/01, negritas nuestras). Y ya renunciado
De la Rúa y con la burguesía montando la trampa de la
Asamblea Legislativa para expropiar la lucha de los
trabajadores y el pueblo, el PO seguía con su letanía:
"Exigimos que se convoque de inmediato a una Asamblea Constituyente que se haga
cargo del gobierno de la nación, con la finalidad
de cesar el pago de la deuda externa, nacionalizar
los bancos y AFJP y proceder a la reorganización del
país sobre nuevas bases sociales" (volante
del PO del 21/12/01, negritas nuestras).
Como demostramos, en plena crisis revolucionaria,
el legislador Altamira y la dirección del PO corrieron
a sostener las instituciones del régimen, planteándole
a los trabajadores que la salida era votar en una Asamblea
Constituyente para que la misma se haga cargo del
gobierno, es decir, la misma política que levanta
Lilita Carrió y el ARI, representando a las facciones
burguesas que ven que las instituciones del régimen
como el parlamento, la justicia y los partidos políticos
patronales como el PJ y la UCR están en una crisis terminal
y proponen una “reforma política profunda”, una especie
de “mani pulite” a la italiana (como proponía el Chacho
Alvarez) a través de una Asamblea Constituyente que
le lave la cara al régimen y dé lugar a una “nueva
república”.
Por su parte, la dirección del PTS, que se preparaba
para un lento camino de "recomposición reformista"
del proletariado, donde primero las "nuevas direcciones"
antiburocráticas ganarían los sindicatos vía elecciones
sindicales, para que después desde allí los trabajadores
"organizados" organizaran a los "no
organizados", luego los trabajadores se darían
cuenta que no basta con los sindicatos y construirían
soviets para hacer la revolución en un futuro muy
pero muy lejano, se encontró con que la realidad mandó
todas sus elaboraciones al basurero de la historia.
Y luego de pasarse llamando a un Encuentro obrero
que llamara a otro Encuentro, (y así de aquí a la eternidad)
terminó levantando la misma política del PO, calcada
como dos gotas de agua: "hay que barrer el poder existente con una huelga general
y un gran levantamiento nacional. Al derrumbar al
gobierno de Cavallo-De la Rúa y
sustituirlo por una Asamblea Constituyente Libre
y Soberana, se podría instaurar una democracia
más amplia, en que las masas trabajadoras harían mucho
más rápidamente su experiencia, y se prepararían
más fácilmente para el poder obrero" (LVO nro.
94 del 20/12/01, negritas nuestras).
Al igual que el PO, utilizaron la consigna de
Asamblea Constituyente y el programa democrático
no como motor de la movilización de las masas para
que avancen en su lucha contra las instituciones de
este régimen infame, sino como "un dogal democrático echado al cuello del proletariado",
haciéndole así un gran favor a la burguesía echando
tierra a los ojos del proletariado. Porque como explicaba
Lenin: "todo intento directo o indirecto de plantear la cuestión
de la Asamblea Constituyente desde el punto de vista
jurídico y formal en el marco de una democracia burguesa
corriente sin tener en cuenta la lucha de clases y la
guerra civil es una traición a la causa del proletariado
y la adopción del punto de vista de la burguesía"
(tesis sobre la Asamblea Constituyente).
Ahora que todos nos hablan de un gobierno de la
Asamblea Constituyente entendemos por qué, ante las
elecciones de octubre, se negaron a llevar a las organizaciones
obreras en lucha, a los organismos de desocupados,
la moción de ¡boicot a las elecciones! con la huelga
general y los piquetes. La caída revolucionaria
del gobierno de De la Rúa, confirma la justeza de esta
táctica que Democracia Obrera, con sus pequeñas fuerzas
sí planteó. Ante la caída de De la Rúa, la organización
que hubiera levantado el boicot frente a las elecciones
de octubre, hubiera ganado una enorme autoridad.
¡Solamente enfrentando la trampa electoral de los
partidos del régimen con el boicot hubieran preparado
a la vanguardia para intervenir ante la trampa de
la Asamblea legislativa que expropió la lucha de los
trabajadores y el pueblo!
Por desgracia, los acontecimientos siguieron
la lógica que Trotsky marcó para la revolución española
en 1931: "Si los comunistas españoles se
hubieran pronunciado oportuna y decididamente
por el boicot, difundiendo en el país incluso pequeñas
hojas sobre el particular, su prestigio en el momento
de la caída del ministerio Berenguer habría aumentado
considerablemente. Los obreros avanzados se hubieran
dicho: 'Esa gente es capaz de comprender las cosas'.
Por desgracia, los comunistas españoles, desorientados
por la dirección de la IC, no comprendieron la situación
e iban a participar en las elecciones aunque sin convicción
alguna. Los acontecimientos los desbordaron y la
primera victoria de la revolución no aumentó la influencia
de los comunistas" (Los dirigentes de la Internacional
Comunista ante los acontecimientos de España)
Por más que se reivindiquen trotskistas y hablen
en nombre de la IV Internacional, con su accionar demuestran
que no hacen más que seguir al pie de la letra la seudo
teoría stalinista de “revolución por etapas”: primero
luchamos por tirar abajo al gobierno de De la Rúa, después
luchamos por conquistar la máxima democracia posible
con una Asamblea Constituyente y recién después, no
se sabe bien cuándo, vemos como organizamos la lucha
por la revolución proletaria y el socialismo. Como
buenos sostenedores del stalinismo son los enfermeros
del capitalismo en crisis en lugar de ser sus sepultureros.
Tantos años construyéndose como la izquierda
del régimen, sosteniendo al stalinismo sobre sus
hombros, han hecho romper a los estados mayores del
MST, el PO y el PTS con el programa de transición que
sostiene: "es
imposible prever cuáles serán las etapas concretas
de la movilización revolucionaria de las masas.
Las secciones de la IV Internacional deben orientarse
críticamente en cada nueva etapa, y lanzar consignas
que apoyen el esfuerzo de los obreros por una política
independiente, profundicen el carácter de clase
de esta política, destruyan las ilusiones reformistas
y pacifistas, fortalezcan la vinculación de la vanguardia
con las masas y preparen la conquista revolucionaria
del poder".
Como hemos demostrado, la política de las direcciones
del MST, el PO y el PTS no cumplen en absoluto con los
requisitos del Programa de Transición. ¡Fuera las
manos del centrismo de la IV Internacional y su programa
revolucionario!
Marcelo Miranda
"La liberación de los trabajadores será obra
de los trabajadores mismos"
"La liberación de los trabajadores será
obra de los trabajadores mismos"