Año 2 - EDICIÓN ESPECIAL - 27 de febrero de 2002
edición especial
El momento actual y la encrucijada de la revolución argentina: la crisis de dirección revolucionaria del proletariado se agudiza ante la ofensiva contrarrevolucionaria que intenta hacer abortar la revolución
La revolución que se ha iniciado en la Argentina está
medio hacer. Necesita de un nuevo embate de masas que abra un
régimen de doble poder, lo que pondría a la orden
del día la preparación de la insurrección
y la toma del poder. Para hacerla abortar y derrotarla se conjuran
las fuerzas de la burguesía y el imperialismo y sus agentes
contrarrevolucionarios, las distintas variantes del stalinismo
y el castrismo, la burocracia sindical.
Como ya hemos explicado, en los próximos dos meses preparan
una trampa colosal e histórica, con las plazas "del
Sí" y "del No", para liquidar los organismos
de las masas explotadas y la verdaderas trincheras de clases contra
clase que se enfrentan en la revolución argentina. Con
esta política impusieron el menemato en los años
'90. En aquella oportunidad, esta política se denominaba
de las "dos veredas": de un lado los que estaban con
Menem, y del otro las fuerzas burguesas "antimenemistas".
La "Plaza del Sí" de aquel entonces era para
apoyar las privatizaciones; la "Plaza del No" era para
privatizar igualmente, pero con "transparencia" y dejando
algunas monedas en las arcas de la burguesía nativa. A
aquella "Plaza del No" la hizo la Izquierda Unida del
viejo MAS y el PC que le dejaron al burócrata sindical
traidor Ubaldini una silla vacía y un micrófono
para que pudiera hablar. Esa "Plaza del No" fue el principio
del fin de la lucha de los explotados para que no se impusiera
una década de oprobio, derrotas y entrega nacional.
Hoy, los actores son distintos, pero la obra de teatro es la misma.
Quieren impedir a toda costa un nuevo embate de masas que termine
de barrer todos los vestigios del régimen infame y ponga
a la revolución argentina en el camino de la insurrección
y el triunfo de la revolución proletaria.
Mientras tanto, y como complemento de esta política contrarrevolucionaria,
el imperialismo, a la vez que necesita descargar la crisis económica
mundial profundizando la explotación y el sometimiento
de las semicolonias, ha elegido dar un escarmiento a las masas
argentinas, y por su extensión a todos los explotados de
América Latina y del mundo, del mismo nivel que el que
dio en Afganistán, o con la guerra de Malvinas en 1982.
Mientras utiliza el intervencionismo militar directo en Colombia,
en Argentina profundiza el golpe económico y el crac, porque
quiere que la descomposición económica y sus padecimientos
inauditos actúen como un disciplinador de la clase obrera,
y no solo de ella sino también de todas las clases y sectores
de clase. El ataque que ordena es despiadado: la devaluación
y la inflación ya devora los míseros salarios, la
desocupación ya supera el 30%, la hambruna más feroz
asola los hogares obreros y populares, y una oleada de despidos
y suspensiones recorre centenares de fábricas, los sueldos
ya reducidos de los trabajadores estatales y las jubilaciones
no se pagan en moneda sino en bonos, y además, en cuotas.
El ataque ordenado es superior al que se había negociado
con Cavallo, el ex - ministro de economía del derrocado
De la Rúa.
Estos padecimientos están actuando como motor de la actividad
revolucionaria de las masas, que no se detiene. Pero, a causa
de la crisis de dirección revolucionaria que se ha puesto
al rojo vivo, esa energía inagotable de las masas que han
puesto en pie sus organismos de democracia directa, no logra concentrarse
en un nuevo embate de masas.
Quieren impedir este nuevo embate con golpes económicos
y de escarmiento a la nación oprimida, con quintacolumnas
que actúan desde adentro de las organizaciones revolucionarias
de masas, con trampas burguesas oficialistas y "opositoras"
para subordinar a los explotados a la burguesía, con bandas
fascistas apaleando a mansalva a acciones aisladas de masas; con
el alistamiento de la policía y la gendarmería en
una fuerza única de represión centralizada a nivel
nacional. Y si todos estos diques no logran frenar a las masas,
el ejército genocida de ayer encontrará algún
general llamado por este mismo régimen infame para provocar
en Argentina un baño de sangre superior al de la dictadura
de Videla en 1976.
¡Cuánta razón tenían el camarada Trotsky
y la IV Internacional cuando decían que en situaciones
como ésta los explotados necesitaban contar con un partido
revolucionario que ponga en pie una estrategia revolucionaria
para dirigir a los explotados a la toma del poder, derrotando
a las direcciones contrarrevolucionarias y a las trampas de la
burguesía!
AL
RÉGIMEN INFAME LO SOSTIENEN LAS DIRECCIONES
TRAIDORAS QUE SON LAS QUE IMPIDEN UN NUEVO EMBATE REVOLUCIONARIO
DE MASAS:
UN NUEVO LEVANTAMIENTO CON PIQUETES, CACEROLAZOS Y HUELGA
GENERAL REVOLUCIONARIA
¿Quién
sostiene hoy al gobierno y a los escombros del viejo régimen
de partidos odiado por las masas? ¿Por qué no se
abre este nuevo embate de masas, suplementario al de diciembre,
que termine de limpiar la escoria del viejo régimen? No
los sostienen los mismos partidos patronales cuyos dirigentes
no pueden siquiera salir a la calle porque son perseguidos por
el odio obrero y popular.
El sostén le viene de la burocracia sindical. La vieja
burocracia de las tres centrales sindicales -las dos CGTs y el
CTA- encabezadas respectivamente por Daer, Moyano y De Gennaro,
aunque profundamente desprestigiadas al mismo nivel que los partidos
políticos patronales, le tiene las manos atadas al movimiento
obrero ocupado, profundamente dividido con una inmensa mayoría
de trabajadores contratados o "en negro", aterrorizados
por el golpe económico y paralizados por la amenaza de
la desocupación.
La nueva burocracia sindical del movimiento de desocupados, montada
sobre el manejo de los millones de dólares de los "Planes
Trabajar", se encarga de maniatar a una fracción de
los trabajadores desocupados, mientras su inmensa masa de casi
4 millones queda a merced de las limosnas directas del estado
burgués a través de bolsas de comida, tickets para
supermercados de míseros 20 $ (alrededor de 10 dólares),
comedores públicos, controlado por los militantes barriales
del PJ -"los "punteros"- dirigidos por la esposa
de Duhalde y por la Iglesia. Así, se quiere dividir al
movimiento obrero.
Pero, dado el crac económico que se continúa sin
salida a la vista, esto no puede contener a las masas, por lo
que el fenómeno de las asambleas populares se está
extendiendo de la Capital Federal a las barriadas eminentemente
obreras del Gran Buenos Aires. Allí el aparato del partido
peronista tiene bandas de matones organizados -los mismos que
atacaron a los desocupados que fueron a pedir comida al Mercado
Central matando a un trabajador- que, como sucedió en la
localidad de Merlo, atacaron a los vecinos que quisieron concentrarse
a deliberar en la plaza central al grito de "¡Mueran
los zurdos1!"
Se ha abierto un profundo proceso de reflexión en la vanguardia
y las masas revolucionarias. Los trabajadores y el pueblo que
han comenzado a conquistar sus organismos de democracia directa,
se niegan a delegar. Esto mantiene dislocado por arriba al régimen
burgués que no logra imponer su disciplina económica
ni política a las masas revolucionarias. Por eso los aparatos
stalinistas y sus sirvientes, y los pequeños aparatos centristas,
se desviven por controlar los organismo de las masas y ponerlos
a los pies de acuerdos entre los partidos del régimen infame.
Por eso están en marcha nuevas operaciones contrarrevolucionarias
de gran envergadura, como las que aquí hemos planteado.
Como diría Trotsky, en la revolución actúa
un péndulo: desde diciembre hasta febrero, en sólo
dos meses que parecen una década, no ha cesado el embate
de masas una y otra vez. Pero por acción de las direcciones
contrarrevolucionarias y traidoras, las masas no han conquistado
aún organismos centralizados y armados para el combate,
para dar un nuevo golpe decisivo. El péndulo amenaza con
oscilar peligrosamente hacia la derecha. Es que si el movimiento
obrero y de masas y sus organismos no dan una alternativa imperiosa
ante la crisis y a la catástrofe, la va a dar la burguesía
con nuevas acciones reaccionarias y contrarrevolucionarias. ¡Y
después todos los canallas traidores le echarán
la culpa al "atraso de las masas", al "atraso de
su conciencia"!
Como nunca, el problema de la dirección revolucionaria
de las masas se ha transformado en un factor importantísimo
del futuro de la revolución argentina. Aún no está
dicha la última palabra. ¿Podrán las energías
inagotables y heroicas de las masas hacer fracasar esos intentos?
Esto estará por verse y definirse en los próximos
combates, en las calles y en la feroz lucha de partidos contra
las direcciones traidoras que está establecida.
Nuestra pequeña corriente que se mantiene firme en su combate,
no piensa ceder ni un ápice a la política de colaboración
de clases y a sus "cantos de sirena", ni al terror de
las bandas fascistas, ni a los golpes y provocaciones de las quintacolumnas
contrarrevolucionarias. En combates como éstos, en la revolución
misma, se templaron el trotskismo y la IV Internacional.
Por ello despertamos el odio de las direcciones traidoras y sus
sirvientes, y cada vez más, mientras esté viva la
revolución, habrá miles de trabajadores, desocupados,
y de luchadores revolucionarios que nos rodeen como ya lo están
haciendo. De allí surgirán las fuerzas para derrotar
a las direcciones traidoras.
1 "Zurdos" es la palabra despectiva con la que los militares,
las alas semi- fascistas del peronismo y la burocracia sindical
denominan a la izquierda.
"La liberación de los trabajadores será obra
de los trabajadores mismos"
"La liberación de los trabajadores será
obra de los trabajadores mismos"