DETRAS DE LAS SOMBRAS

Nadie imaginaría que en aquel lugar tan conocido por su hermosura, aquella hermosura apreciable por cualquiera que desee observar; en aquel mismo lugar se hallara reposando una mística fuerza tan poderosa y dañina como el amor mismo, y a la vez tan desgarradora y opresiva como el odio ilimitado y lleno de rencor. Dícese que en dicho sitio, que tiene una esencia tan lúgubre y proterva como el mismo infierno, habita reposante el alma de un ser de empalagadora belleza, el cual seduce sin pudor alguno a toda joven la cual posea aquella inocencia tan difícil de encontrar en estos tiempos; a las cuales despoja de su alma.

A veces es un tanto difícil de creer en ciertas leyendas contadas por los ancianos, pues lo que caracteriza a nuestra generación es la incredulidad, el escepticismo existente incluso hacia la religión misma. Pero esto no es sólo una leyenda urbana, es mucho más que un cuento relatado por los viejos para que los nietos u otros tengan razones para temer a algo o alguien tan sólo porque a los señores de blanquizca cabellera les conviene; no, no es sólo eso, hay mucho más por conocer.

¿Pero quién es ese espíritu?, muchos nos habremos de preguntar, pues en verdad, nadie lo sabe con exactitud, nadie lo sabe. Son las 7:00 de la mañana, y una gran multitud se encuentra en las puertas de la Catedral de la ciudad, todos bien vestidos y con rosario en mano; se ha enraizado una gran duda en mi ser;¿Porqué un día como hoy, y a esta hora hay tanta gente en la Catedral?. Me acerco a la señora Pérez, una de esas viejecitas amables y cariñosas, a preguntarle el porqué de tan extraño acontecimiento, empero veo en su rostro un gesto lleno de horror si, horror, como si se hubiese encontrado cara a cara con la muerte, pero no fue eso.

Se dice que la noche anterior Mónica Gómez, aquella bella muchacha de 22 años, la cual tenía unos ojos verdes con los que de una mirada robaba el corazón de cualquiera; regresaba del trabajo a su casa dispuesta a descansar, cuando de pronto apareciose un tipo alto y de buena presencia a ofrecerle compañía de una manera galante y respetuosa, con la que se ganó la confianza de la ingenua “Mona” como la llamábamos los amigos.

Mona aceptó la compañía de tan misterioso caballero, con el cual empezó a dialogar de una manera amena y coloquial; pero Mona no sabía nada de él, y cada vez que le preguntaba algo sobre su vida, aquella persona le evadía con un: “Tienes los ojos del ángel más bello existente en el cielo, y daría mi vida apostando que hasta él está muerto de envidia por tan bello mirar”, o un: “Hay veces en que es mejor que los secretos sigan sepultados y que jamás se profanen”.

De un momento a otro, el misterioso acompañante propone a Mona desviarse por un momento del camino e ir a tomar algo caliente a su casa, pues la noche era fría, y llovía a cantaros. Mona de una manera dudosa y tartamudeante acepta la invitación del desconocido, siguiéndole los pasos hasta donde más tarde sería el mudo testigo de algo que ni ella misma esperaba. (continuará....)

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