Contestación a la crítica de
UHP
20.10.04
Í n d i c e :
Saúdos
Respuesta (y anti-crítica).
I. Autoconstitución del proletariado en nación y nacionalismo
proletario.
II. Teoría y
prática.
III. Una reflexión crítica de
vuestra propuesta internacional.
Para concluir
* * *
Saúdos,
companheiros,
Disculpad antes de nada el retraso. Aunque
este documento de respuesta ya hace tiempo que estaba esbozado, no lo habíamos
culminado porque hemos iniciado una publicación periódica que nos ha acarreado
mucho trabajo. Además, vuestro último escrito no nos ha resultado nada
alentador de cara a nuestra colaboración en el futuro y, por otro orden de
cosas, nosotros hemos visto la necesidad de distanciarnos claramente de
cualquier posición sectaria sobre la táctica a respecto de sindicatos y
partidos, desarrollando un análisis más pormenorizado del asunto.
El siguiente documento servirá no sólo para
contestar a vuestras críticas sobre el tema nacional, sino también para
clarificar nuestras diferencias de método y de tendencia. No se entienda, pues,
nuestra respuesta como circunscrita al tema nacional. Los análisis y críticas
que aquí se plantean, además de los referidos a vuestra propuesta
internacional, tienen un alcance mucho mayor.
Por último, manifestaros que seria deseable
mantener el contacto y, sobre todo, una colaboración práctica. Para ello no es
necesaria ninguna vinculación organizativa permanente, y seria interesante
poder discutir y coordinar acciones de propaganda para objetivos puntuales, por
ejemplo, aunque luego cada quien las firme por su cuenta e introduzca
adaptaciones según el marco.
Revoluçom mundial ou afundimento na barbárie!
20.10.04
* * *
Respuesta (y
anti-crítica).
Ya que las formas abstractas os resultan
“farragosas” haremos por contestar a vuestra crítica del modo más escueto
posible, aunque sin renunciar a la concisión conceptual.
No obstante, desde nuestro punto de vista
fuisteis vosotros quienes marcasteis ya el nivel teórico de la discusión en
nuestra pasada reunión. Lo que ocurre es que os abstraeis totalmente de ciertas
cuestiones porque presentan poco interés práctico inmediato para vuestra acción “de partido”, pero en cambio sosteneis posiciones altamente
abstractas –y en el peor sentido- a respecto de problemas que hemos abordado en
relación con el problema nacional, como el subdesarrollo, el análisis de lo que
es la nación, etc..
Nosotros no experimentamos la necesidad de
compartir “puntos de vista al 100%”, ni con vosotros ni con nadie. En las
actuales circunstancias lo fundamental es el trabajo de clarificación y
elaboración programática y teórica, pues no existe un terreno práctico en el
que verificar de modo directo ni siquiera la táctica inmediata para superar en
un sentido revolucionario el nivel actual del movimiento de clase, reducido a
estallidos espontaneos y organización asamblearia ad hoc. Nosotros buscamos una unidad revolucionaria porque es
necesaria y no simplemente en la medida en que sea posible, no queremos ninguna
unidad sin principios.
No habeis, pues, desde nuestro punto de
vista, captado lo esencial de nuestra actitud. Primero, en vuestra nota
electrónica se afirma que: “en ningún momento habéis sido invitados a mantener con
nosotros ninguna práctica organizada distinta a la contenida en la propuesta
internacional”. Nosotros sólo nos
habíamos planteado teóricamente la opción de la coordinadora estatal para dejar
este tema claro desde el principio, pero tampoco vosotros clarificasteis
demasiado el asunto a nuestro juicio (a parte de lo evidente: que es una
organización ya existente, con las consiguientes condiciones y proceso de
admisión si se diera el caso). En cualquier caso, nosotros no hemos tenido
nunca una actitud pretenciosa, aunque sí severa en la definición de lo que
consideramos fundamental, pues la formulación en la teoría es también una
expresión de la visión práctica que realmente se tiene. Por otra parte ya en
vuestras primeras cartas anteriores habeis mostrado una actitud muy tajante y
restrictiva que tiende claramente a coartar el espíritu de debate en beneficio
de no se sabe que principios (¿una supuesta pureza de clase como opuesta a las
"florituras intelectuales"?)
Además, ante vuestra insistencia sobre la
práctica y sobre la verificación práctica, cuando esta “práctica real
revolucionaria” sólo puede existir de
modo directo como una práctica grupuscular (y por tanto reducida a su mínima
expresión y abstraida efectivamente del movimiento real de la clase,
independientemente de la conciencia teórica que el grupo tenga o crea tener),
nosotros sólo podemos reafirmarnos en que, en vuestro grupo, está presente en
la visión teórica y práctica una fuerte tendencia sectaria (sectaria no en sentido despectivo, sino
simplemente en el sentido literal e histórico), fundada en una unidad ideológica y restrictiva con la
práctica, frente a la cual, naturalmente, nuestros análisis son “florituras
intelectuales” pues no existe, como se refleja en vuestra crítica, interés en
entender nuestros planteamientos, independientemente de la cuestión de que
estéis o no de acuerdo. Nosotros no caemos en eso, y os vamos a contestar de un
modo razonado y con la mayor claridad posible, habiendo ya fundamentado
nuestros análisis anteriormente.
I.
Autoconstitución del proletariado en nación y nacionalismo proletario.
1. En primer lugar, el
enfoque de vuestra crítica es totalmente contrario al nuestro porque amalgamais
la TÁCTICA del nacionalismo proletário (o sea, nacionalismo proletario
verdadero por su contenido real, nacionalismo revolucionario de clase) con el
PRINCIPIO de la autoconstitución del proletariado en nación. Por supuesto, esto
sólo lo lograis prescindiendo totalmente del análisis histórico-materialista de
la opresión nacional del proletariado, con sus elementos constitutivos y las
claves de su superación como opresión concreta. En lugar de esto, subsumís por
completo la cuestión nacional en la cuestión internacional o general,
expresando así con vuestro modo de razonar que, efectivamente, para vosotros el
problema nacional no es un problema reconocido como importante a respecto del
contenido de vuestra prática de grupo y de vuestras necesidades particulares
como proletarios.
2. Para vosotros el
objetivo de la constitución del proletariado en nación es sólo una consigna
política, define sólo un objectivo político:
la toma del poder en el marco de la nación. En cambio, para nosotros su sentido
es total; por esto, desde nuestro
punto de vista, la interrelación entre condiciones económicas, políticas y
culturales es fundamental para el enfoque concreto de esta cuestión en la
práctica revolucionaria. De esto vosotros prescindís completamente, lo que trae
consigo numerosas contradicciones con los objectivos revolucionarios, como
veremos. No obstante, por cierto, la formulación original del manifiesto
comunista no es accidental, sobre todo teniendo en cuenta que en lo profundo
del pensamiento de Marx siempre estuvo la contraposición de la comunidad humana
frentre a la comunidad alienada de la sociedad burguesa y el Estado. En este
sentido la formulación del tema como “constitución del proletariado en clase
dirigente nacional”, en esa edición inglesa del Manifiesto, es sólo una excusa
en vuestro caso para unilateralizar la posición política, tomando la forma y
prescindiendo del contenido.
3. Vosotros estais
dispuestos a reconocer que "la práctica de las fuerzas revolucionarias
presentes no será la misma, al no ser el mismo el campo de batalla", pero no que esto defina objetivos programáticos
concretos que, si bien en su esencia son idénticos internacionalmente, tienen
una importancia sustancial y una importancia táctica muy diferente según el
país, hasta el punto de parecer irrelevantes para el proletariado de una nación
opresora. De hecho, vosotros identificais totalmente la constitución del
proletariado en nación con la elevación a clase dominante nacional, lo nacional
con lo internacional, sin captar que se trata de dos realidades profundamente
interrelacionadas pero, a la vez, ricamente complementarias. Igual que la CCI,
vuestra concepción de la lucha de clases insiste en poner siempre la unidad por delante de la multiplicidad, lo que sólo
lleva a perpetuar las divisiones nacionales; nosotros pensamos que la unidad
del proletariado no es algo dado, sino un objetivo hacia el que se progresa
mediante el desarrollo de la lucha de clases, y que por consiguiente se
desarrolla a partir de la multiplicidad y de su reconocimiento recíproco,
haciendo de este modo crecer la unidad.
4. Cuando cuestionais
nuestra posicion sobre el "nacionalismo proletario" lo que hacéis es una crítica ideológica, basada en el concepto
existente de "nacionalismo". En primer lugar, tenemos que decir que
"nacionalismo" no es "básicamente, defensa de la nación, de los
intereses nacionales". Este es el
concepto "popular", esto es, ideológico y burgués. Al definir
nacionalismo de este modo lo único que demostrais es que permaneceis
completamente bajo el manto del nacionalismo burgués (en este caso, español),
aunque, de hecho, digais negarlo e incluso pretendais refrendar esta negación con
grandes postulados internacionalistas, que se quedan en abstracciones hueras en
el terreno de la problemática específicamente nacional (en un internacionalismo
del proletariado de las naciones dominantes). Ciertamente, la problemática
"nacional" sólo es una cuestión "formal" para la práctica
revolucionaria, pero el terreno de las formas no es otro que el terreno de la
discusión programática en sentido amplio y, para el caso, la discusión
programática sobre la lucha en el marco nacional.
La definición real de "nacionalismo" es "defensa
de los intereses de clase en el marco de la nación", con lo cual el
nacionalismo siempre tiene un carácter de clase, no como adyacente, sino como
constitutivo. Esto es, todo su programa e ideas están impregnadas por este carácter
de clase, incluso en las más espurias cuestiones culturales aparentemente
"de sentido común". Por otra parte, el proletariado, en tanto sigue
actuando como una clase dominada, tiende a desarrollar sus formas de
nacionalismo ideológico de modo espontaneo, plasmandolas teóricamente en una
concepción alienada y semiburguesa de la sociedad capitalista y en una política
reformista. Pero, claro, para vosotros esto es solamente un fenómeno positivo de la sociedad burguesa y de la
alienación proletaria, como veremos más adelante; no captais en ello, ni en su
desarrollo político, la necesidad de la clase de expresar sus intereses en su
forma concreta nacional que incluya todas sus singularidades colectivas (forma
que no tiene necesariamente que presentarse como un "nacionalismo
proletario", esto dependerá de las condiciones, como ya hemos dejado
claro). Al no reconocer esta necesidad del proletariado, siempre que aparece
una forma o actitud "nacionalista" veis en ello una expresión de la dominación
ideológica burguesa, con lo que eludís el problema presentandolo como externo
al movimiento proletario.
Más adelante dais claramente a entender que para vosotros "contenido
nacionalista" y "defensa de la
nación" son la misma cosa. Aquí es
donde está el nudo de la cuestión a nivel ideológico. En realidad, vosotros
considerais que la nación es una realidad meramente capitalista, sin reconocer
su dimensión total como formación social e histórica que, independientemente de
que sea superada en un futuro indeterminado, es hoy y será por mucho tiempo una
realidad. Esto, claro, es incomprensible para los "apátridas" que
presumen de desprenderse de ligaciones nacionales cuando en realidad
representan el eco inconsciente del imperialismo políticamente dominante, para
el caso el español.
Que la forma de nacionalismo que nosotros asumimos como un
aspecto importante de nuestra táctica en las condiciones nacionales de Galiza
no exista en la práctica es sólo una apariencia.
En realidad, el antagonismo de clases tiene objetivamente una dimensión
nacional que tiende a expresarse en la conciencia del proletariado según se
desarrolle, y que, como en el resto de campos subjetivos, comienza a expresarse
primero bajo las formas burguesas para luego irse desprendiendo de ellas y de
sus correspondientes contenidos limitados (reformistas) y alienados, hasta
desarrollar sus formas y contenidos propios. Pero, en una situación no
revolucionaria, este proceso no puede completarse y el nacionalismo proletario
realmente existente no puede existir más que bajo formas reformistas, mezclado
con el nacionalismo burgués y pequeñoburgués, o bajo la forma de conciencia de
clase espontánea, con todas las consiguientes limitaciones y contaminación
fácil bajo la presión ideológica burguesa.
5. Una de las claves de
toda vuestra "alucinación" es que cuando hablamos de "conciencia
nacional" del proletariado, y en general de la conciencia de clase
nacional, entendeis algo distinto de decir que el proletariado es consciente de
su realidad nacional total y concreta, y de sus intereses tal y como están determinados por ella (lo
cual, llegado a un punto, lleva necesariamene a la comprensión del carácter
esencialmente idéntico y efectivamente internacional de la realidad y los
intereses de su clase). O sea, lo que decimos es que el proletariado es
consciente de sus objetivos revolucionarios en tanto clase inscrita en un marco
y condiciones nacionales. Cuando vosotros hablais de conciencia de clase
entendeis por ello una conciencia general de sus intereses y objetivos, no la cosmovisión concreta, la conciencia del
mundo en todos los aspectos, con su consiguiente variabilidad y heterogeneidad
de intereses y objetivos concretos dentro de la unidad internacional esencial.
Podríamos, claro, utilizar el concepto de cultura nacional de clase en lugar
del de consciencia nacional de clase, pero el primero tiene matices muy
distintos y, además, nos negamos a concebir la "conciencia de clase"
de modo sesgado, al estilo leninista.
Vosotros entendeis la conciencia de clase como una conciencia
general de intereses y objetivos, o sea, de un modo puramente político, haciendoos una imagen ideológica de lo que es o
deberia ser, y no como una realidad en proceso, viva y total, que comprende
todos los aspectos de la vida social. Por ello mismo creeis que podeis encarnar
una práctica revolucionaria de clase en virtud de vuestra conciencia política,
cuando no sois más que un grupúsculo radical, igual que nosotros,
insignificante en términos de la acción de masas y que, a lo más que puede aspirar,
es a una práctica revolucionaria viva de carácter grupal e individual, lo cual
no es una práctica de clase ni favorece el desarrollo de la conciencia de clase
real dentro del grupo aunque sea un elemento necesario. La conciencia de clase
viva sólo emana de la experimentación colectiva del antagonismo y del
enfrentamiento de clases, y, en casos especiales, de los intelectuales que han
sido capaces de fundir su sentir y su pensamiento con esta experiencia a lo
largo de su vida.
6. Afirmais que: "Si se trata de analizar concretamente las
condiciones en las que se desarrolla la lucha de clases en determinada nación,
de adaptar la estrategia y tácticas revolucionarias a esas condiciones, si se
trata de favorecer las condiciones para combatir eficazmente a la propia
burguesía (tanto a la estrictamente autóctona como a la internacional que se
beneficia de la explotación del proletariado de la nación x)…basta con explicar
esto, y no otra cosa.". En el análisis estamos de acuerdo, pero no en que "basta con explicar
esto". No
hay más "palabrería" aquí que vuestro método de "basta",
"es suficiente", etc. sin explicar para nada abiertamente vuestro
razonamiento a nivel teórico. Pero esto es natural, pues en realidad no existe
tal razonamiento. Toda vuestra visión del asunto se fundamenta en
preconcepciones simplificadoras que os proporcionan una visión de la realidad
amoldada a vuestros esquemas ideológicos. Nosotros, en cambio, nos hemos
molestado en realizar un análisis materialista, que recorre desde las bases históricas
hasta la definición de la táctica en cada caso particular.
7. Confundís la conciencia nacional del proletariado
como clase con las formas de nacionalismo
espontáneo que surgen del esclavizamiento de la clase obrera bajo las
relaciones sociales existentes -y a las que se adhieren formas de justificación
ideológica burguesas y pequeñoburguesas-. De este modo, por supuesto, es
imposible comprender que os acusemos de "internacionalismo
ideológico", ya que vosotros mismos tachais indiscriminadamente de "chovinismo" cualquier expresión
de nacionalismo en el proletariado. No veis que la categoria de nacionalismo en
el sentido general del término -o sea, en el sentido etimológico, ahistórico e
ideal, de defensa de los intereses de la nación-, define una realidad
contradictoria que está presente, de modo natural, en el proletariado:
1º)
como nacionalismo espontáneo, en
combinación con las ilusiones de la conciencia reformista, en tanto la clase
aún no haya podido desprenderse totalmente de la dominación del capital, y
2º),
como conciencia en tanto clase nacional,
conciencia de sus intereses y su lucha como clase bajo sus determinaciones
nacionales.
Pero la conciencia de clase nacional se presenta mezclada con aquel nacionalismo
espontáneo, que es la conciencia natural
de l@s proletari@s como individuos burgueses nacionales. (Nosotros consideramos
que la conciencia espontanea del proletariado no es nacionalista, sino
universal, esto es: simultaneamente nacional e internacional. Por eso no
consideramos que la conciencia de clase
espontánea en su dimensión nacional constituya un "nacionalismo
espontaneo", y resaltamos esta contradicción, de la que sacan provecho,
con su política oportunista de cara a la clase obrera, las fuerzas del
nacionalismo burgués y pequeñoburgués).
No reconocéis la contradictoriedad existente entre las tendencias
nacionalistas en el proletariado: una que
lo liga a la nación existente (y así,
indirectamente, a la burguesia y a su ideologia nacional) y otra que, a través de la lucha de
clases, le enfrenta a la burguesía (y
así a las características capitalistas de la comunidad nacional). Sólo captais
ambas tendencias en su forma inmediata y mezclada, porque no aplicais el
materialismo histórico ,y por lo tanto, no vais más allá de un prisma
ideológico-internacionalista.
En realidad, y no sobrará repetirlo, nacionalismo espontaneo y
conciencia como clase nacional aparecen siempre en una unidad contradictoria, y
a esa contradicción al nivel de la conciencia espontanea se superpone otra, a
nivel de la forma ideológica, la cual puede adoptar, por un lado, la forma del
nacionalismo burgués, pequeñoburgués, etc., y por el otro, la forma de un
internacionalismo "puro" (con una amplia gama de mezcolanzas entre
ellos en distintas proporciones). Estas
contradicciones sólo pueden resolverse mediante el desarrollo del proletariado
como sujeto revolucionario y de ningún modo con posiciones unilaterales que
hacen abstracción de la contradictoriedad real y ven la realidad bajo el punto
de vista ideológico de: "nacionalismo burgues o internacionalismo
proletario".
Para seguir un ejemplo que vosotros recogeis, el
"chovinismo" de los obreros asturianos es reaccionario en tanto tal
(el nacionalismo del proletariado no puede, por sus determinaciones materiales,
ser patriótico), pero su nacionalismo
expresa también, mezcladas con éste, la necesaria defensa contra la competencia
dentro del trabajo asalariado y la contraposición, en muchos casos con razón, a
otros sectores del proletariado menos conscientes y menos organizados o
combativos, que actuan como factores intensificadores de la competencia en el
mercado de la fuerza de trabajo. Lo reaccionario en este caso es el espíritu
excluyente de la unidad, pero no el hecho de la defensa firme de sus intereses
de clase aún en perjuicio de otro segmento proletario. Para que el proletariado
pueda superar sus divisiones tiene que elevar su lucha hasta que su contenido y
su fuerza reales superen prácticamente los antagonismos que enfrentan a los
distintos segmentos de clase; la clase obrera no se unifica declarando
"ideológicas" las divisiones que existen en su movimiento social -más
bien, estas declaraciones son la expresión de la impotencia ante una división
existente, ya que de lo contrario no serian declaraciones ideológicas, sino un
programa práctico y muy concreto para estimular el desarrollo de la clase hacia
su unidad-.
8. Nosotros decimos que
vuestro internacionalismo es abstracto porque se define meramente por la
contraposición radical al nacionalismo burgués, sin definir un contenido
nacional propio en todos los aspectos de la vida social, esto es, un programa de autoconstitución del
proletariado como comunidad nacional (que incluya todos sus proyectos
sociales generales, adaptados a las condiciones particulares, pero abordando
también la transformación y desarrollo de todas las peculiaridades nacionales
referentes a la estructura económica, a la vida linguística, cultural, a las
tradiciones e identidad histórica, etc. que son tanto más importantes cuanto menor
es el desarrollo económico capitalista y mayor es la opresión política y
cultural por otras naciones) y no sólo un
programa para su elevación a clase dominante.
Para vosotros parece que lo "concreto" de la existencia
del nacionalismo en el proletariado es sólo una "deformación",
provocada el nacionalismo burgués en la lucha y la conciencia de la clase, pero
no el contenido de la vida real de la clase (tanto de su vida alienada -el
nacionalismo espontáneo que emana de sus condiciones de existencia alienadas-
como de su autonomia de clase en desarrollo -la autoafirmación del proletariado
como clase nacional-).
El vuestro es un internacionalismo por oposición al dominio de la
propiedad privada. En primer lugar, fundais vuestra visión del internacionalismo
en la existencia de intereses de clase abstractos, generales, y no en la
tendencia objetiva real a la unidad revolucionaria de la clase, determinada por
el propio capitalismo al igual que la lucha de clases, ni en los principios del
comunismo. Vuestro internacionalismo se basa en la oposición del proletariado
al capital; o sea, se basa en la sociedad burguesa tal y como es realmente, no
en el desarrollo del proletariado como movimiento revolucionario internacional.
En segundo lugar, entendéis el internacionalismo en oposición a los limites
nacionales del capitalismo; para vosotros lo fundamental del internacionalismo
es esto, no un contenido positivo propio del proletariado -más allá de los
sentimentalismos sobre la "comunidad de lucha" del proletariado, en
que caen gentes como el GCI y que son una excusa autocomplaciente para ocultar
la falta de un abordaje de la complejidad y dificultades del desarrollo de la
lucha de clases-.
Para nosotros el internacionalismo revolucionario tiene como
contenido un proyecto consciente de sociedad nacional e internacional. No es
sólo un proyecto unificado, sino, al mismo tiempo, la integración dentro de
esta unidad de la multiplicidad de proyectos de sociedad continentales,
nacionales, regionales, etc., a los que tiene que dar cabida y favorecer el
desarrollo. Este proyecto, el auténtico comunismo, parte de la negación de la
propiedad privada, pero no se limita a esto, sino que SUPERA la sociedad de la
propiedad privada y crea una nueva forma de sociedad para el desarrollo
universal de la humanidad.
Por cierto, en ninguna parte el internacionalismo proletario ha
tenido existencia real más que como expresión de las aspiraciones
revolucionarias. El internacionalismo basado en la mera identidad de clase no
es más que una mistificación del reformismo y el viejo movimiento obrero, que
encubre un expansionismo y un aburguesamiento, y que introduce bajo el nombre
de internacionalismo una forma ideológica "obrera" de imperialismo.
El internacionalismo sólo puede existir realmente como expresión de un
movimiento de autoafirmación del proletariado, como un resultado de su
autodesarrollo; no es una realidad dada por la mera identidad del proletariado
en tanto que clase opuesta al capital, por la mera conciencia de que sus intereses
de clase son opuestos a los del capital; es algo que tiene que ser construido,
no una realidad que se pueda afirmar independientemente del movimiento real de
la clase y de su tendencia histórica al reformismo o a la revolución, mediante
la negación ideológica del nacionalismo. El intento de plantear el
internacionalismo como un principio de la lucha de clases misma,
independientemente de la consciencia y del estado real del movimiento
proletario, es una expresión de la separación subjetiva del proletariado tal y
como existe realmente y no una expresión de la unidad dialéctica de los grupos
revolucionarios con la clase en conjunto.
Toda vuestra "incomprensión" y confusión de nuestros
planteamientos sólo refleja teóricamente vuestra "incomprensión" y
confusión de la complejidad del desarrollo del proletariado como clase
consciente. Sois incapaces de distiguir forma y contenido del nacionalismo
actual de l@s obrer@s, de captar la contradicción entre su forma burguesa y su contenido híbrido, en el que se encuentran
elementos propiamente proletarios y aspiraciones revolucionarias. En lugar de
contraponeros así a las tergiveraciones nacionalistas burguesas, que atribuyen
los males del proletariado nacional a otra nación o clase dominante nacional,
os contraponeis al nacionalismo tal y como existe en el proletariado como un
todo indiferenciado, viendo en el nacionalismo del proletariado siempre nada más que la influencia del
capital. Con lo cual, es inevitable que cuando os cruzais con proletarios como
nosotros, con una conciencia nacional de conjunto sobre su situación y
objetivos como clase nacional, sólo sepais oponeros frontalmente y sustituir el
verdadero debate, la dialéctica teórica abierta, por la división y la
autoafirmación vulgar, pues por vuestra parte queda claro que no hay apertura
alguna y, por consiguiente, verdadero debate a respecto de este tema. Toda esa
"manera propia" de abordar la respuesta a nuestro documento anterior
es la síntesis práctica de esta actitud. Por nuestra parte, sin embargo, hemos
planteado claramente que, una vez clarificado lo fundamental, el contenido de
la autoconstitución del proletariado en nación y su encaje en la revolución
comunista, a eso se le podría llamar y enfocarse tácticamente de diversos
modos, según las condiciones. Pero el sectarismo tiene, por naturaleza, que
rechazar la flexibilidad y las perspectivas basadas en un autodesarrollo del
movimiento de masas independiente de las acciones grupusculares.
9. La consecuencia
necesaria de vuestra teoría pseudointernacionalista es que, en la
"cuestión nacional", inmediatamente pasais en la práctica a asumir el
marco nacional oficial: "entendemos que ha de constituirse en clase dominante de la
nación burguesa, definida por unas fronteras nacionales, unas instituciones, un
derecho y unos cuerpos represivos comunes. En este caso hablaríamos de
constituirse en clase dominante en “España”". Esto es a todas luces una concesión inequívoca al
nacionalismo de la burguesía española, con el agravante de que considerareis el
"derecho de autodeterminación" como un simple engaño pequeñoburgués.
O sea, que asumís el nacionalismo burgués dominante en estado puro, pasando
directamente de cualquier "concesión" a formas pequeñoburguesas de
tipo autodeterminacionista o independentista. ¡Esta es vuestra política
"internacionalista" de hecho!. Por supuesto, esto lo defendeis en
nombre del proletariado, de la revolución, de su unidad. Es la consecuencia
lógica, por otra parte, de concebir la unidad y acción internacionales de la
clase al modo del expansionismo burgués, es decir, como un "imperialismo
de la clase obrera" contra la burguesía. Esto mismo lo dejais bien claro
en vuestra carta electrónica al plantear que: "Como gallegos, y por
tanto integrantes de esa nación artificiosa que es "España",
vosotros formáis parte igualmente de esa nación opresora.". A este respecto, nos permitimos recordaros la obviedad
de que ha sido la falta de reconocimiento de las naciones gallega, vasca y
catalana, así como de la especificidad de los otros pueblos del Estado, la
causa de las divisiones nacionales existentes en el movimiento obrero en el
marco del Estado español, así como una de las claves ideológicas de la opresión
nacional, cultural y política, operada históricamente por la clase dominante
española (primero la aristocracia contra el ascenso de la burguesía vasca y
catalana, luego la burguesía española contra las anteriores y contra cualquier
aspiración nacional burguesa o no).
Por otra parte, resulta que para vosotros no existen diferentes
burguesías nacionales en el Estado español, sino que veis a la burguesía vasca,
catalana y gallega, que impulsan su propio nacionalismo burgués contra el poder
estatal -históricamente bajo la hegemonía de la burguesía española-, como "partes
constitutivas de la burguesía española". En esto hay que felicitaros, pues venís a repetir las teorías del
independentismo tercermundista de antes de los 70, que en Galiza aún tienen sus
reminiscencias en el independentismo. Afirmando que la burguesía de un país
carece de integridad propia se refuerza el peso del nacionalismo pequeñoburgués
más radical y se justifica la mistificación de la lucha de clases como una
lucha de liberación nacional que enfrentaría al proletariado o "pueblo
trabajador" nacional con una burguesía ajena a los intereses del
desarrollo de la comunidad nacional. Ya veis, pues, quien hace el juego a la
burguesía. Por si fuera poco, haceis aquí toda una demostración dialéctica de
la conocida afirmación de que "los extremos se tocan", y que ilustra muy
bien el verdadero carácter de vuestro "internacionalismo" en la
práctica en lo referente a la "cuestión nacional".
El "embrollo del nacionalismo proletario" sólo existe
en vuestras cabezas. A partir de confundir una táctica particular con un
principio general (ya lo hemos visto en el primer punto) es natural que no
entendais nada de nada. No obstante, es evidente que la autoconstitución del
proletariado en nación tiene que tener su marco nacional definido. Pero este
marco ha de definirse en el propio movimiento real del proletariado, con el
desarrollo de la conciencia revolucionaria en todos los segmentos implicados.
En las naciones sin Estado existen comunidades vinculadas cultural e
históricamente pero separadas jurídicamente por el ordenamiento político-territorial,
como una pequeña parte de Asturies y León en el caso gallego, por ejemplo. En
un Estado integrado por diversas comunidades nacionales los límites de la
nación dominante pueden no ser claros, como el caso español. Esto sólo puede
aclararse con el desarrollo del movimiento proletario en cada lugar y su
unificación voluntaria y consciente según sus inclinaciones.
En vuestra confusión llegais, para el caso del Estado español, a
plantear una oposición entre los objetivos nacionales del proletariado español
y los otros, lo que únicamente indica que no os planteais en serio este debate,
que está claramente definido en términos de clase.
Tampoco decís nada nuevo cuando reclamais la heterogeneidad
cultural del proletariado contra la formulación de un nacionalismo. En esto:
1º) ya insistimos nosotros al definir el concepto proletario-revolucionario de
nación en oposición a su versión burguesa, viendo la unidad de la nación basada
en la integración y compartimiento de la multiplicidad real y no en la uniformidad;
y 2º) la nación no es idéntica a la cultura, pues es una formación social viva
y no una mera expresión de la conciencia histórica.
10. Vuestro "proletariado
directamente internacional" no
existe más que minoritariamente como tal en cualquier parte del mundo, aparte
de en determinadas zonas que constituyen focos de afluencia de inmigración. En
la mayor parte de los casos, además, la combinación de diferentes influencias
culturales, si realmente existe, no constituye una verdadera internacionalidad,
sino un "mestizaje": no la elaboración de una cultura compartida,
sino una simple mezcla de las existentes que, por otra parte, no pueden ser en
su contenido dominante más que formas culturales burguesas o preburguesas (-en
las condiciones actuales del movimiento y la conciencia generales de la
clase-). De este modo, no se construye una internacionalidad cultural real: confundís la multiculturalidad con la
internacionalidad. La primera puede ser la base de la segunda, pero sólo a
partir del desarrollo autónomo de la clase como comunidad de vida. Y esto,
aunque en cierto grado pueda manifestarse, atomizadamente, sin un movimiento
organizado consciente, sin este último factor no puede fraguar a nivel de
masas.
Y lo que es más importante: el "proletariado internacional"
sólo existe en las areas económicas metropolitanas y en función del desarrollo
del capitalismo, pues la inmigración es utilizada por el capital como un
mecanismo para la precarización absoluta del trabajo asalariado. Cuando mayor
es el subdesarrollo de un país, menores son las concentraciones metropolitanas
de capital y menor es este proletariado "internacional", o sea, menor
es la internacionalidad sociológica de la clase. De hecho, por ejemplo en
Galiza la emigración sigue siendo más fuerte que la inmigración, lo cual da una
idea concreta de la unilateralidad de vuestras argumentaciones, que dudamos
mucho respondan también a la realidad asturiana -más bien, responden a la idea
de "España"; o sea, pensais en clave nacional, pero sólo en la "vuestra"-.
Cuando luego planteais el ejemplo de los Estados
latinoamericanos, obviais claramente que la definición de nación y la de
pueblo, tribu, etnia, etc., son completamente distintas. En los países
latinoamericanos existen multitud de formas de comunidad social
precapitalistas, que históricamente en los países más desarrollados han sido
integradas o destruidas con la formación de la comunidad nacional propia de la
sociedad burguesa. Aún dudando que estas formas puedan, con coherencia,
identificarse con la categoría de "comunidad nacional" -salvo bajo
las pretensiones políticas de elementos pequeñoburgueses-, y de que realmente
estén desligadas económica y culturalmente en la actualidad las unas de las
otras sin constituir una misma nación, su proceso de autoconstitución en nación
no significaría necesariamente su separación. No obstante, dado que una
separación de las comunidades precapitalistas entre si implicaría la
inexistencia de un proletariado, y a su vez, la existencia de un proletariado
nacional implica la existencia de una cierta unificación de esas comunidades
formando una o varias naciones dentro del mismo Estado, la cuestión en lo
fundamental está clara: en general la autoconstitución nacional proletaria no
puede llevarse a cabo en formas precapitalistas de comunidad ni tomando a estas
por base real, sino sólo como elementos componentes. En cualquier caso,
nosotros apoyamos la defensa de estas formas precapitalistas contra los rasgos
reaccionarios y opresivos del capitalismo, y las vemos como portadoras
potenciales de elementos constitutivos progresivos para la futura nación
proletaria. Evidentemente, la integración de estas formas de comunidad
precapitalistas tendrá que llevarse a cabo por parte del proletariado desde la
autonomia de las partes y el respeto mútuo.
En todo nuestro texto queda bien claro que nosotros no
subordinamos la unidad internacional a la unidad nacional o autoconstitución
del proletariado en nación, pero tampoco hacemos lo contrario, con lo cual
plantear la cuestión de una división al respeto es una imaginación vuestra. Hemos dejado claro siempre que entendemos la
autoconstitución del proletariado en nación y la revolución mundial como un
mismo proceso. ¿Que es posible que nuestros planteamientos sean deformados
por parte de sujetos y de práticas no revolucionarios? Claro, como todos los
demás planteamientos revolucionarios. Por eso precisamente la lucha teórica y
la lucha prática son tan inseparables, y por eso también son ambas
imprescindibles para desarrollar el movimiento de clase.
11. Vosotros decís que
nuestros planteamientos son nuevos, pero en su esencia siguen los principios
revolucionarios históricos. Naturalmente, es nuevo que alguien se plantee
romper, también en los planteamientos del tema nacional, con el viejo comunismo
de izquierda de la III Internacional y desarrollar una posición propia del
comunismo de consejos al respecto. La influencia del comunismo de izquierda
rezuma por todas partes en vuestras posiciones sobre la "cuestión
nacional". Nosotros no criticamos el leninismo para caer en el
luxemburguismo, sino que cuestionamos de raiz y criticamos implacablemente
todas las posiciones propias de la "socialdemocracia revolucionaria".
12. Aunque el nacionalismo
existente es hoy el nacionalismo burgués y pequeñoburgués, también hay
tendencias autónomas en el proletariado a desarrollar una conciencia nacional
propia, aunque hoy sean tan limitadas o estén tan subsumidas bajo el reformismo
e ideologías pseudorrevolucionarias que no sean apenas reconocibles. En el caso
gallego, es ya parte de la historia del movimiento obrero el hecho de que, en
la medida en que se ha expresado organizativamente en la lucha de clases en
esta última época, más allá de la expansión de organizaciones previamente
creadas fuera, lo ha hecho principalmente creando formas sindicales y
participando en partidos políticos con carácter explícitamente nacionalista.
Esto no es casual, y no se debe fundamentalmente a influencias burguesas, sino
al hecho de que las características generales del trabajo asalariado y la vida
social del proletariado gallego tienen diferencias importantes que radican en
la debilidad y el atraso del capitalismo en Galiza, a su vez consecuencia
histórica de sus relaciones con el conjunto económico del Estado español. Esto
es, el capitalismo colonial, sometido al imperialismo español y al de otras
procedencias nacionales -esto en realidad poco importa-, tiene su reflejo
natural en una conciencia explícitamente nacionalista en el proletariado: 1º)
reforzando el nacionalismo espontaneo, pero también, 2º) intensificando la
forma nacional del antagonismo de clases y plasmando esta singularidad en la
conciencia de clase.
Este análisis se concreta en cuestiones prácticas muy
importantes. Nosotros no criticamos al nacionalismo burgués y pequeñoburgués
por el hecho de llamarse nacionalismos, sino por su contenido de clase (que
ejerce su determinación excluyente, limitante, ideologizante, sobre su concepto
de nacionalismo), y tampoco criticamos al independentismo por llamarse tal, sino
por su contenido de clase y su filiación con el bolchevismo -que es también
parte de ese mismo contenido de clase-. Situamos la crítica revolucionaria en
el terreno del contenido práctico, no en el terreno de los conceptos; por otra
parte, entendemos los conceptos de modo histórico-materialista y dinámico, no
de modo ideológico y, por tanto, abstracto.
Lo crucial y lo que destacamos es que nuestras posiciones
expresan la unidad de la lucha nacional e internacional del proletariado, con
lo cual no conducen de por sí a ninguna división del movimiento proletario por
naciones. E igualmente destacamos que si lo hacen las posiciones
socialdemócratas "revolucionarias", provengan de una nación oprimida
o de una opresora, en las que caeis vosotros.
II. Teoría y prática.
Si hemos planteado un debate altamente teórico no es porque nos
"aburramos" de la práctica, sino porque en las condiciones actuales
estas cuestiones no pueden verificarse significativamente con la prática
inmediata. Solamente podemos verificar ciertas condiciones históricas y
tendencias inmediatas en la lucha de clases. Lo demás son previsiones a medio y
largo plazo. Es un error muy importante caer en el "practicismo" como
parecéis hacer vosotros. Esta tendencia es, al menos en parte, una herencia del
leninismo, que siempre plantea las cuestiones en términos de "a que clase
beneficia", dejando a un margen o en un plano secundario el análisis
histórico-materialista del contenido de las posiciones políticas. Y esto se
vuelve aún peor cuando se tiende a considerar, de un modo rígido y esquemático,
que la única lucha de clases existente es la que enfrenta al proletariado y a
la burguesia y que toda prática que se oponga al capitalismo es, por ese mismo
hecho, una prática revolucionaria o proletaria.
En el marxismo auténtico la teoría no es una esfera separada de
la práctica, como el pensamiento vivo no está separado de la actividad real
humana. La teoría es un momento de la praxis, pues la praxis es un proceso que
comprende teoria y práctica, abstracción y concrección. El pensamiento sólo
puede captar la verdad en un ir y venir contínuo sobre la experiencia práctica.
Su verdad no se puede demostrar por un resultado momentáneo, sino en el curso
de un proceso en el que intenta plasmar sus objetivos. Y, una vez verificados
sus resultados empíricos, hay que comprobar aun la coherencia de la praxis
misma como unidad teoria-práctica. A veces una teoría incorrecta puede llevar a
resultados aparentemente correctos, bien por circunstancias especiales o bien
porque se ha convertido en una falsa conciencia, bajo la cual ha actuado una
conciencia práctica diferente (la conciencia real). Otras veces una teoría
correcta puede derivar en una práctica infructuosa por errores tácticos o
circunstancias imprevistas o excepcionales, y por ello tampoco se la puede
invalidar. La verificación de la praxis
revolucionaria es, pues, un proceso histórico que es tarea del conjunto de la
clase.
Esto hay que resaltarlo aún más cuando el estado actual de la
lucha de clases favorece la desesperación ante la inactividad e inconsciencia,
aparentes o reales, de la mayoria de la clase obrera. El practicismo es la
consecuencia de un maximalismo teórico que está desligado del proceso real de
la lucha de clases, de una visión teórica que no se asienta en la situación y
problemas actuales del movimiento de clase sino en las doctrinas del pasado,
que representan las condiciones de la lucha de clases de épocas anteriores. En
los grupos revolucionarios la teoría tiene que entenderse como un factor
activo, y hoy además la pieza fundamental, en la unificación entre las
condiciones actuales del movimiento de clase y los objetivos revolucionarios
máximos. Sólo así podremos llegar a la clarificación práctica que es necesaria
para poder afrontar, como grupos, las tareas de esta unificación revolucionaria
de condiciones y objetivos a nivel del movimiento real de la clase; o sea,
afrontar las tareas del desarrollo del proletariado como clase revolucionaria.
De lo contrario, no actuaremos de modo revolucionario, sino todo lo más como
grupos progresivos que impulsan el movimiento hacia delante pero que, a nivel
del desarrollo de la conciencia de clase, no contribuyen a la clarificación, no
actuan como vanguardia real de la revolución, sino que se situan en la prática
real al mismo nivel que la masa.
Por otra parte, el practicismo lleva rápidamente a la desilusión
y a las deformaciones pseudorevolucionarias, del tipo del anarquismo
insurreccionalista o similares, o al abandono de las posiciones revolucionarias.
La praxis, para que sea viva, no puede ser la simple "puesta
en práctica de algo previamente pensado", la unidad muerta de la teoría
con la práctica, sino su unidad viva como un único movimiento en el que
pensamiento y acción son simultáneos, en el que el pensamiento está activo
durante la misma acción y la acción permanece viva en la mente, en la memoria y
en el corazón de los pensamientos mismos a que se asocia. Es necesario, pues,
que desarrollemos una reflexión permanente sobre la acción, haciendo un
esfuerzo mental constante, y no ver la teoría como un mero medio para explicar
la acción. La teoría sirve para algo mucho más importante: para anticiparse a
la acción, para prever los errores, para resolver contradicciones latentes
antes de que se conviertan en obstáculos y factores disolventes. Pero esto sólo
puede hacerse si la teoría revolucionaria se actualiza constantemente con la
acción de la clase, creciendo en coherencia, verdad y concrección, que
constituyen su poder transformador. Tan importante es el esfuerzo intelectual
individual como el enriquecimiento de la experiencia histórica.
El verdadero muro que
tenemos que escalar no es la práctica, sino la comprensión de la práctica.
El comunismo es inevitable pese a todos los discursos de los intelectuales
burgueses, y pese también a todas las complejidades que tiene que atravesar
para llegar a ser el "movimiento de la mayoria" del que hablaba el
Manifiesto. Sin embargo, la comprensión erronea del movimiento real hará que no
podamos derrumbar el muro o que se caiga sobre nosotros. Nosotros no somos
revolucionarios sobre el papel. Para nosotros la teoría siempre ha sido un mero
medio para un fin, aún cuando se haya convertido en el aspecto más importante
de nuestra actividad debido a las condiciones (y, como no, a nuestra
comprensión de las condiciones y de la historia, de lo que concluimos numerosas
cuestiones por intentar resolver, en
parte sólo teóricamente mientras no sea posible una práctica efectiva a nivel
de masas).
La "práctica real revolucionaria" no consiste en
repartir propaganda, consiste en todo caso en transmitir los elementos
efectivos, determinantes -y no sólo
adecuados y necesarios- para el autodesarrollo del proletariado como clase
revolucionaria consciente. Esto es, la propaganda, actividad principal externa
de grupos como nosotros por elementales circunstancias, sólo es una
"práctica real revolucionaria" (y sobra decir, una práctica de clase
por su efecto real y no por su contenido en abstracto) cuando, para decirlo en
términos clásicos, "prende" realmente en la masa, sirve para que la
masa se plantee la crítica-práctica de su propia situación. No sólo tiene que
impulsar la lucha y señalar la necesidad del pensamiento revolucionario y sus
ideas: tiene que elevar la lucha misma y la comprensión de esa lucha.
Viendo estas dificultades y los peligros de desviación, ya en los
años 30 los comunistas de consejos americanos agrupados en torno a Paul Mattick
comenzaron a entender, bastante bien encaminados, que la "función de los
grupos revolucionarios", su prática
en el marco general de la lucha de clases en un contexto no revolucionario
no podía tener sino un contenido reformista, conservador. Esto sigue siendo
vigente en el sentido de que, a pesar de que el capitalismo esté en declive y
de que el antagonismo de clases se intensifique permanentemente, los grupos
revolucionarios sólo pueden tener un papel realmente revolucionario cuando: 1º)
existen las condiciones objetivas que impulsar al proletariado a la revolución,
o sea, existe la necesidad histórica efectiva de la misma; 2º) existe, por
consiguiente, la tendencia activa en el proletariado a cuestionar el
capitalismo, o sea, la tendencia a una lucha autónoma de clase que depende de
las condiciones subjetivas; 3º) cuando los propios grupos revolucionarios son
capaces de elevar la comprensión concreta que la clase tiene de si misma, de su
lucha y de sus necesidades.
Sin todas estas condiciones la teoría revolucionaria no puede
"prender" en la masa, y pretender a pesar de todo acercarla a la
"prática" sólo puede significar una política de concesiones y
rebajamientos ante las condiciones reales, que impiden, al mismo tiempo, su
asimilación por la clase. Por otra parte, es posible que no se produzcan estas
concesiones y que, en su lugar, se oponga, a las resistencias del propio
proletariado a su autodesarrollo como clase revolucionaria, el dogmatismo y el
sectarismo ideológicos. De uno u otro modo el grupo revolucionario degenera en
un partido político, en una agrupación obrera de carácter burgués, cuyo sentido
de existencia es solamente la adhesión de la clase a sus ideas y programa. O
sea, se transforma en una organización que realiza una "función
capitalista" de dominación sobre el proletariado y que, en la prática, no
es esencialmente diferente de todas las demás organizaciones y grupos
"radicales" burgueses.
En síntesis, el practicismo
es incompatible con el progreso revolucionario, pues prioriza unilateralmente
la acción sobre el pensamiento, y de este modo absolutiza las condiciones y
objetivos del presente, inmediatos. Los desarrollos futuros se subordinan a las
acciones presentes, lo que conduce a una prática real reformista y a actuar en
función de coyunturas, o sea, siguiendo criterios de "oportunidad",
en lugar de desarrollar un planteamiento de trabajo a largo plazo, en el que el
desarrollo de los grupos y del movimiento general se vean como un contínuo
devenir, en cuyo transcurso los elementos pasados, las acciones presentes y las
expectativas futuras se sintetizan en un fluir incesante y evolutivo. Como el
futuro se ve como el producto de las acciones presentes -en relación con las
cuales lo demás (la teoria, la organización, los principios práticos) son
elementos adyacentes-, el presente no se comprende como un mero momento de un
devenir total del mundo (y, con el, de la propia actividad social humana). Por
eso, el reflejo ideológico del practicismo es el inmediatismo revolucionario, que lleva o bien al
colaboracionismo o bien a un
radicalismo violento pero impotente ante las dificultades que tiene que
afrontar el proletariado real para desarrollarse como sujeto político autónomo
y construir su propio movimiento de clase independiente.
El primer deber de un grupo revolucionario es reconocer que la
propia división entre masas y vanguardia es una expresión de la sociedad de
clases, y que tiene que disolverse para que pueda desarrollarse el ascenso
revolucionario del conjunto del proletariado. Esta es la tarea teórico-práctica
de la vanguardia revolucionaria, y por eso ser "teóricos" es, en
cierta medida, una necesidad ineludible para cualquier militante revolucionario
serio.
* * *
Para acabar este apartado recogemos una cita
que, aún sin compartir todas sus apreciaciones, viene al caso de las
reflexiones más importantes planteadas. El texto seguro que ya lo conocéis de
algo:
«Estamos convencidos de que el tiempo del partido revolucionario ya
pasó. Los grupos revolucionarios, en las presentes condiciones, son tolerados o
ignorados, porque son impotentes. Nada es más sintomático de su impotencia que
el hecho de que les es permitido existir. Constatamos que la clase obrera
persistirá en cuanto el capitalismo dure, que ella no será suprimida bajo ese
sistema y puede sola conducir una lucha con éxito contra el capitalismo, una
vez que la iniciativa sea mantenida en sus manos. Añadimos que todo el
conservadurismo de la clase obrera actual sólo refleja la fuerza aun masiva del
capitalismo, y que esa fuerza no puede ser destruida por la propaganda, sino
por una fuerza mayor.
À
veces, ocurre que algunos compañeros de nuestro grupo cuestionan la inatividad
del grupo. Ellos afirman que, aislados de la lucha de clases tal y como es
hecha hoy, somos meros grupos de estudios que estarán completamente ausentes
cuando ocurran las transformaciones sociales. Creen que la lucha de clases es
omnipresente en el capitalismo, y que nuestro deber como organización
revolucionaria es profundizar la lucha de clases. Pero no sugieren acción
cualquiera. El hecho de que las otras organizaciones radicales que se esfuerzan
por sobrepasar su aislamiento son sectas marxistas insignificantes como
nosotros no convence a nuestros críticos de la futilidad de cualquier acción
que los grupejos puedan realizar.
La
declaración genérica de que la lucha de clases está siempre presente y que
nosotros deberiamos profundizarla se realiza, antes de nada, sobre la base de
la premisa de que la lucha de clases es una lucha revolucionaria. Pero el hecho
es que los trabajadores, en cuanto masa, son conservadores. Se considera que la
lucha de clases tiene como objetivo directo el debilitamiento del capitalismo,
pero el hecho es que, mismo que sirva para tal, ella se orienta por la
situación de los trabajadores en la sociedad.»
Sam
Moss, La impotencia del grupo revolucionario,
ICC - 193?.
III. Una
reflexión crítica de vuestra propuesta internacional.
A respecto de nuestra relación con vosotros,
pasaremos ahora a hacer un breve análisis y reformulación de vuestra propuesta
internacional.
Quisieramos comenzar comentando algunas
cuestiones del párrafo introductorio a la propuesta. Puede que
teóricamente parezcan algo redundantes en algún caso, pero en la práctica
pueden conllevar grandes diferencias.
Decís que: "sólo reconocemos como organización superior al movimiento
autónomo del proletariado". Para nosotros esto constituye una grave
concesión al espontaneismo. Si a lo que os referís es al conjunto del
proletariado como instancia organizativa de poder, a que no pretendeis ejercer
una autoridad sobre el proletariado, en eso estamos de acuerdo, pero entonces
la frase es engañosa. Pero si quereis decir que, en las distintas cuestiones,
vais a asumir como propias las posiciones adoptadas por la masa, entonces
renunciais a cualquier papel como vanguardia y vuestra labor es meramente
propagandística. Nosotros no somos un grupo de propaganda. Con otra redacción
podría decirse lo siguiente: "sólo
reconocemos como voluntad superior...". Con ello no se deduce ningún
vínculo organizativo de subordinación.
En segundo lugar decís que: "El fin de
nuestra organización es la organización del movimiento autónomo del
proletariado centralizado en fuerza".
Este último concepto es una calcamonía que se os ha quedado pegada del rollito
bordiguista como el que predica el GCI. El tema de la centralización ya es
viejo, pero no por ello se ha resuelto con claridad. La centralización es, a
nivel organizativo, condición de la unidad, pero en el sentido de que cualquier
organización unitaria tiene que tener su centro. Si lo que se quiere decir es
que el centro debe ser algo unitario y permanente estamos de acuerdo, pero no
por ello afirmamos el carácter "centralizado" de la organización en
oposición a otra cosa (descentralización?). El tema de la oposición de la
centralización al desperdigamiento y la atomización es parte de la dialéctica
política bolchevique y socialdemocrática radical, pero no tiene nada que ver
con la unificación real de la organización. Por otra parte, nosotros no sólo
defendemos la unificación del
proletariado como fuerza revolucionaria,
sino también como conciencia revolucionaria.
El culto a la "fuerza" es también el reflejo de una concepción
teórica que ve a las masas como la "fuerza" y a la vanguardia como la
"conciencia", de todo lo cual nosotros no participamos, pues vemos
las diferencias como una cuestión de grado de desarrollo y sujetas al progreso
de la lucha revolucionaria. En resumen, nosotros diríamos: "organización del movimiento autónomo del
proletariado aunado como fuerza consciente..."
Hablais luego de "proyecto de
intervención". Nosotros no nos consideramos un grupo aparte del movimiento
autónomo de la clase ni nuestra función es "intervenir" en las
luchas. El concepto de "intervención" es equívoco, pues da a entender
que lo que se pretende es modificar el curso que el proletariado se da a sí
mismo. Nosotros vemos nuestro papel como la tarea de hacer que el proletariado
se vuelva capaz de elevar su acción
por sí mismo, tanto en extensión como en profundidad. Además, para nosotros la
vanguardia no es una capa especial en contraposición a la masa, sino sólo la
avanzada, el segmento más desarrollado del movimiento revolucionario tal y como
existe realmente (llegado el caso, como ahora, los grupúsculos somos como mucho
el movimiento mismo en tanto existe como realidad permanente -a veces, ni
eso-). Nosotros hablaríamos de: "método
de acción", por ejemplo. [Lo que quedaría así: "Nuestro proyecto
de intervención es clasista, autónomo, internacionalista y
anticapitalista". Nota a esta publicación digital]
Por cierto, definís el "proyecto de
intervención" como "clasista". Para nosotros -esto es una
cuestión cultural en ciertos casos-, clasista y de clase son conceptos
distintos en significación teórica y prática. Clasista es lo que favorece o es partidario de una clase social. De
clase es lo que es propio de una
clase social. Esto no carece de importancia, pues la lucha revolucionaria del
proletariado no es sólo su propia lucha, es también la lucha por la
emancipación de toda la humanidad de las cadenas materiales y espirituales del
capitalismo. El culto a la identidad de clase, al que se asocia a veces el uso
de la terminología "clasista" y "clasismo", es contrario al
comunismo, pues sitúa como fundamental la identidad del proletariado -tal y como
viene dada por su situación de clase en la sociedad capitalista- en lugar de su
conciencia positiva propia, esto es, el comunismo como superación del
capitalismo y de la sociedad de clases. En este sentido, sería más correcto
-etimológicamente, no políticamente salvo con matizaciones-, decir que somos
humanistas, en el sentido de la recuperación total del ser humano para si. En
lugar de clasista, pues, nosotros diríamos: "de clase".
Otro tema es la frase: "Queremos ser un
espacio de encuentro práctico de las potencialidades revolucionarias
presentes". Esto para nosotros no tiene sentido. El proletariado, en
cuanto tiene las condiciones necesarias para su autodesarrollo espontáneo, lo
que nosotros llamamos la centralidad efectiva, es ya, aún sin aparente
conciencia alguna, una "potencialidad revolucionaria presente". Si el
objeto era matizar que los grupos formantes de la coordinación internacional no
se autoproclaman poseedores de verdades revolucionarias eternas se podría haber
dicho, más claramente: "de los
grupos presentes que se esfuerzan en pro del desarrollo del movimiento
revolucionario del proletariado".
Por último, pareceis definir el capitalismo
como el "sistema basado en el trabajo y la mercancía". Esto es de una
incongruencia profunda, si se acepta la teoría marxiana como correcta. El
trabajo -y no todo el trabajo, sino el trabajo asalariado, o, si se quiere,
también las formas precapitalistas de trabajo que aún subsistan o sean
utilizadas por el propio capital- es en el sistema capitalista una mercancía,
bajo la forma de fuerza de trabajo. El trabajo asalariado presupone ya él mismo
la existencia de la producción de mercancías y su desarrollo histórico hasta el
punto en que se acumula el capital necesario para la explotación colectiva del
trabajo y, con ella, se desarrolla y aplica la tecnología mecánica a la
producción en masa. Dar igual importancia al trabajo asalariado y a la
mercancía es un craso error, una concesión teórica a la pequeñaburguesía y a
las interpretaciones pequeñoburguesas de la economía capitalista. Esto sin
tener en cuenta que la falta del apelativo "asalariado" al concepto
de trabajo no sea accidental, y que en realidad pretenda ser una concesión en
la línea del grupo Krisis. Esto sería mucho peor, pues aunque el trabajo mismo,
como reducción y limitación de la autoactividad humana a la satisfacción de las
necesidades inmediatas físicas y vitales, a la mera sobrevivencia, tenga que
ser superado, en cuanto tal no es un fundamento determinante del sistema
capitalista, como tampoco lo son las formas de trabajo no asalariadas. La
cuestión es especialmente determinante en cuanto define al proletariado y
afecta directamente a su centralidad como clase revolucionaria. En síntesis,
nosotros diríamos: "sistema fundado
en el trabajo asalariado".
Veamos ahora los siete puntos que definen
los principios de cooperación internacional:
"Nos identificamos y pretendemos confluir con todos
aquellos que:
1. Luchan contra
todas las formas del capitalismo, se presente bajo la forma que se presente,
democrática o dictatorial, azul o roja, derechista o de izquierdas, simples
maquillajes para ocultar la dictadura del capital.
2. Luchan fuera y
contra los partidos, que no hacen más que seguir la lógica de la separación
burguesa puesto que no son más que simples engranajes de la maquinaria
capitalista para dividir y someter al proletariado.
3. Luchan fuera y
contra los sindicatos, pues reconocen en ellos a los intermediarios
negociadores del precio de la fuerza de trabajo, fieles sirvientes de sus amos
capitalistas, garantes de la paz social, meros apéndices del Estado.
4. Rompiendo con
todas las ideologías, llevan a cabo una lucha por recuperar la autonomía de
clase del proletariado.
5. Ven en la lucha
de sus hermanos de clase, en cualquier lugar del mundo, su propia lucha y
actúan en el sentido de unificar dichas luchas.
6. Ponen los
intereses del movimiento proletario en su conjunto por delante de los intereses
de tal o cual fase de desarrollo de ese movimiento en este o cualquier lugar.
7. Mantienen viva
la práctica comunista de nuestra clase, defendiendo abiertamente el antagonismo
real que enfrenta al proletariado y a la burguesía: comunismo o barbarie."
Con el primer punto estamos
completamente de acuerdo, aunque no queda claro si incluíis en el concepto de
"formas del capitalismo" a los restos de los regímenes estalinistas.
Teóricamente, como los trotskistas, se puede condenar el estalinismo y defender
esos régimenes como formas progresivas hacia el socialismo, etc.
En el segundo punto pensamos que,
decir que los partidos "no son más que simples engranajes de la maquinaria
capitalista" es demasiado simplista. Pueden existir partidos
antiparlamentarios, como las "organizaciones específicas" anarquistas
y otros de inspiración bordiguista como la CCI, etc.. que dificilmente pueden
incluirse en la categoría de "simples engranajes". En todo caso, si
se quiere, pueden incluirse en el género de "recuperadores". Aquí,
aún así, debería matizarse la oposición absoluta
para estos casos y dejar margen para una táctica. Nosotros reivindicamos la
destrucción de sindicatos y partidos como formas de organización, pero no
entendemos este objetivo de un modo "indiscriminado". Podríamos estar
de acuerdo en que: "no son sino
simples engranajes de la maquinaria capitalista o sus agentes recuperadores que
conscientemente o no sirven al mismo fin, dividir y someter al proletariado".
Otra simplificación similar ocurre con el tema
sindical. Además, la idea de que los sindicatos son "meros apéndices
del Estado" hace presuponer una integración total, o al menos directamente política, con el Estado
capitalista, lo cual no es siempre así en el caso del sindicalismo minoritario.
En lugar de lo escrito podría decirse: "meros apéndices del sistema de negociación del precio de la fuerza de
trabajo, que divide al proletariado y lo subyuga para servir a las necesidades
del capital". Esto podría sustituir a la frase "intermediarios
negociadores del precio de la fuerza de trabajo" y suprimir la necesidad
de la frase final "meros apéndices del Estado" (además, el tema de
los "intermediarios" hace recordar fatalmente a las simplificaciones
del anarcosindicalismo, que ve en la democracia directa la solución a todos los
problemas en lugar de verlo en las relaciones sociales reales que constituyen
el agrupamiento obrero, en el desarrollo efectivo de la cooperación autónoma de
l@s proletari@s). Si se quiere hacer una alusión clara a la integración con el
Estado puede decirse además: "y que
están estinados por su naturaleza burguesa a integrarse cada vez más como
apéndices del Estado".
Tanto en el segundo como en el tercer puntos
se calca la fórmula del GCI de "fuera y contra" los sindicatos y
partidos. Nosotros asumimos esta fórmula en lo que se refiere a la
independencia y autonomia políticas, tanto organizativas como teóricas y
práticas de los grupos revolucionarios, pero no en el sentido de que,
independientemente de las condiciones existentes y de su carácter particular, se excluya cualquier forma
de alianza con, o de participación en sindicatos y partidos políticos (que, por
cierto, ni siquiera se definen claramente como categorias históricas, lo cual
es una concesión a todos aquellos que, nominalmente, no se reconozcan en estos
términos pero lo sean efectivamente aunque proclamen un programa o intención
supuestamente revolucionarias). O sea, estamos de acuerdo en que la plataforma
unifique a los grupos que: "Luchan
independientemente y contra" partidos políticos y sindicatos. Excluir cualquier posibilidad de
alianza o participación es elevar a principio de fe un análisis político
determinado, hacer pasar por un principio lo que ha dependido y seguirá
dependiendo de las condiciones históricas y de la tendencia y resultados de la
lucha de clases. Si las condiciones históricas, incluida la propia naturaleza
de las formas de organización tradicionales, convierten a éstas progresivamente
en "meros apéndices" del capital, esto sólo se da en el curso de un
proceso, tanto individual como general, sin que pueda afirmarse a la ligera y
en todo momento que, todas y cada una de las organizaciónes sindicales y
partidarias sean "enemigas" del proletariado (aunque si son enemigas
del comunismo). Igualmente, tampoco puede afirmarse rígidamente que ningun
proceso de autoorganización proletaria puede al principio adoptar rasgos
sindicales o partidarios, sin fosilizarse en ellos, y llegar a superarlos como
a una fase transitoria, para consolidarse como una union revolucionaria de
clase. El contenido real siempre es más
importante que la forma que es su recipiente y que su representación ideológica.
El cuarto punto lo asumimos
completamente, pero a nuestra luz adolece de una ausencia, lo que puede
resolverse diciendo: "Rompiendo con todas las ideologías (y con cualquier tendencia a convertir el
pensamiento revolucionario en un sistema cerrado sobre sí mismo, que pretenda
amoldar la realidad a sus criterios), llevan a cabo una lucha por recuperar
la autonomía de clase del proletariado, el movimiento revolucionario
real."
El quinto punto lo asumimos plenamente.
Al sexto punto hemos hecho mención en
nuestro documento anterior. Para nosotros el desarrollo del movimiento en tal o
cual lugar representa el mismo interés que el desarrollo del movimiento
internacional. ¿O acaso el movimiento internacional no es la totalidad
resultante de la unidad de los movimientos particulares? Tampoco se entiende lo
de "fase de desarrollo del movimiento". Si lo que se quiere decir es
que, según la fase del desarrollo, hay intereses diferentes, esto distorsiona
la realidad. Es verdad que hay conciencias y prioridades objetivas distintas,
pero de ahí no se deducen intereses diferentes. Si se quiere decir que cierto
segmento proletario renuncie a luchar porque puede perjudicar a otro y que ha
de esperarse a una sacrosanta unidad no podemos más que estar en desacuerdo.
Las contradicciones son inherentes a la realidad y sólo pueden superarse en el
curso del movimiento real. Y a lo único que conduciría esa táctica, de ser
correcta nuestra interpretación, es a un retroceso y a una desacreditación de
quienes la defiendan. En fin, nosotros defendemos la unidad dinámica del
movimiento proletario, y lo que parece deducirse de este punto es una visión
burocrática del desarrollo del movimiento proletario. Si lo que se pretendía
era parafrasear el Manifiesto Comunista, el resultado no puede ser más equívoco
y torpe. Debería, en su lugar, reproducirse el original según sus propias
palabras, aunque se resuma un poco: "en
las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los
intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad
o lugar, y en las diferentes fases de
desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía,
representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto."
El séptimo punto es un poco burdo.
Para empezar, al hablar de la "práctica comunista de nuestra clase"
puede darse a entender que semejante práctica ha sido alguna vez asumida a
nivel de masas y a nivel internacional -pues el contexto de la frase es una
propuesta internacional-. Se eluden, además de su carácter mayormente
minoritario, las graves contradicciones y parcialidades de la "práctica
comunista" en la historia del proletariado. La falta de extensión de la
práctica comunista auténtica entre el proletariado ha sido siempre una causa
decisiva de los fracasos de sus tentativas revolucionarias del siglo XX, al
menos en los países en los que tenía una gran fuerza social numérica y
económicamente. Siguiendo a la frase anterior, lo de "defendiendo abiertamente
el antagonismo real que enfrenta al proletariado y a la burguesía" es toda
una torpeza conceptual: 1º) el antagonismo real no hay que defenderlo, hay que reconocerlo
y actuar en consecuencia; 2º) si lo
que se quiere decir es que el antagonismo es irreconciliable, por emplear el término "antagonismo" en
lugar del de "oposición", que tiene un matiz más suave, con ello no
se resuelve para nada el problema.
Por último, y observando la exposición en
conjunto, se da a entender claramente que "mantienen viva la práctica
comunista... defendiendo...el antagonismo real", y que este
"antagonismo real" se expresa en la realidad en la oposición de "comunismo (proletariado) o barbarie
(burguesía)". A este respecto, hay que decir que desde ningún punto de
vista la práctica comunista puede ser mantenida viva por unos grupúsculos
ridículos con su propaganda radical; como mucho pueden revivificarla en la
clase o, al contrario, meramente conservarla bajo una forma teórica muerta o
bajo una forma medio viva, parcial y sesgada de actividad interna del grupo.
Por otra parte, la identificación del antagonismo de clases con la alternativa
comunismo o barbarie representa un salto de malabarista, pues el antagonismo de
clases existe siempre y no por ello se desarrolla en sentido revolucionario.
Acabando, nosotros redactaríamos así el punto: "Se esfuerzan por mantener viva la práctica comunista, el producto más
elevado del movimiento proletario en su lucha histórica contra el capital,
reconociendo abiertamente el antagonismo irreconciliable que enfrenta al
proletariado y a la burguesía, y que en la época actual ha llegado a su
extremo: comunismo o barbarie."
Pasaremos ahora a los párrafos finales.
El planteamiento de conjunto de los últimos
párrafos nos parece adecuado. No vamos a reincidir en las críticas anteriores,
que aquí habrían de reiterarse: "centralización
internacional de sus luchas", "economía mercantil", etc.
Existen, no obstante, dos claras concesiones
al llamado "insurreccionalismo":
1º) la alusión a la "la perspectiva
insurreccional", que parece referirse luego, en concreto, no simplemente a
la revolución violenta, sino además a
"potencia[r] la creación de situaciones insurreccionales, como momentos
clave desde donde regenerar el movimiento autónomo de nuestra clase".
2º) la alusión a que: abolición de la economía mercantil = destrucción del Estado.
En el primer caso, nosotros no consideramos
que la "creación de situaciones insurreccionales" pueda ser más que
una táctica de aventurerismo pequeñoburgués. La violencia del proletariado se
desarrolla como un elemento de sus luchas -un elemento exterior, cuya
significación viene determinada por el contenido real de la lucha- y no es
nunca su motor. El motor de la lucha proletaria es la autoactividad de la clase misma, que se intensifica con el
enfrentamiento. Las situaciones insurreccionales no se pueden "crear"
por parte de ningún grupúsculo o minoria de dentro o de fuera del movimiento de
la clase obrera; tienen que ser el producto del curso de la lucha de clases.
Además, esta táctica conlleva, en la práctica, una conclusión sustitucionista
DE HECHO en el plano de la dirección del movimiento, ya que naturalmente sólo
podrán asumir la dirección los instigadores de esos métodos. Lo que nosotros sí
tenemos claro es que existe una unidad entre las condiciones de partida, los
objetivos y los medios, y que bajo ciertas condiciones del desarrollo del
capital y de los objetivos que asume el proletariado la lucha implica
necesariamente métodos violentos. Pero la violencia tampoco equivale a la
insurrección. La insurrección es una forma concreta a aplicar cuando las
condiciones estén dadas y sea necesaria para avanzar o tenga posibilidades de
triunfo. En lugar de "potenciando la creación de situaciones insurreccionales"
debería decirse, según nuestro criterio, "potenciando el desarrollo de formas de poder proletarias como momentos
clave...", viendo en las formas de poder del proletariado, explícitas
o implícitas, una expresión de la elevación de la autoactividad de la clase. No
es la situación insurreccional la que hace avanzar al proletariado, sino el
proletariado el que, con su lucha, crea la situación insurreccional y se
capacita para afrontarla.
En el segundo caso, para nosotros la
economía mercantil se abole con la supresión del capitalismo, y la revolución
proletaria significará la supresión inmediata de la mayor parte de la economía
mercantil en este sentido, pero tampoco, por cierto, instantaneamente: la producción y circulación de mercancías, y
la forma mercancía, son el presupuesto pero no el fundamento del trabajo
asalariado; el fundamento del trabajo asalariado es la subordinación del
trabajo vivo a la acumulación de trabajo muerto, su alienación.
A respecto del Estado, nosotros no
hablaríamos tan alegremente de la "destrucción del Estado" como tal,
pues la dictadura del proletariado conserva ciertas características estatales,
aunque no sea ya propiamente un Estado en el sentido de un poder centralizado y
jerarquizado sobre la masa, sino de un poder que emana directamente de la masa
misma. En el poder político organizado del proletariado subsiste aún un
carácter represivo y cierto centralismo funcional de hecho, debido a la lucha
contra la resistencia de la burguesía y a los conflictos heredados junto con las
desigualdades de la sociedad capitalista. Estos rasgos no pueden suprimirse
mientras no se supere la sociedad de clases y sus condiciones de existencia
materiales y espirituales, a pesar de todas las medidas que se tomen para
reducir al mínimo imprescindible estos defectos y prevenir la degeneración del
poder proletario en una nueva forma de dominación clasista. Pero, tal y como se
define la cuestión en la propuesta, nos parece una asimilación unilateral de la
visión anarquista. Nosotros diríamos, en todo caso, para zanjar el tema:
"destruyendo el Estado burgués" o "suprimiendo el Estado
político". No se puede cerrar en falso la cuestión del Estado.
Para
concluir
Como podeis comprobar, nuestras objeciones a
vuestra propuesta internacional no eran de poco calado político. Por otra
parte, nosotros no tenemos la capacidad de plantear ninguna propuesta de este
tipo por cuenta propia. No obstante, os hacemos llegar nuestra apreciación
crítica sobre esos aspectos porque pensamos que van a tener graves consecuencias,
tanto en errores prácticos como en desviaciones teóricas, si es que no los
tiene ya. De cualquier modo, queda bien claro que nuestras propuestas de
enmienda tienen el espíritu de representar fielmente la prespectiva proletaria
general, y a este respecto lo peor de la formulación actual de la propuesta es
que plantea puntos de vista mucho más particulares de lo que parece, a veces
bajo una forma tosca y aparentemente ambivalente. Como la complejidad de la
realidad siempre sobrepasa la teoría, la simplificación de la teoría sólo puede
conservar algún margen de verdad y de luminosidad práctica si se cuidan mucho
los conceptos y la redacción. Si, al contrario, lo que se pretende es reducir
la teoría al mínimo, entonces nos convertiremos en ciegos arrastrados por las
corrientes naturales de la propia sociedad burguesa, lo cual en el mejor de los
casos nos conducirá a donde lleve al conjunto general de la masa.
Finalmente, esperamos que nuestros planteamientos contribuyan al avance de la necesaria ruptura completa con el viejo comunismo de izquierda y con el anarquismo insurreccionalista, así como con todos los rasgos ideológicos que percibimos en vuestra visión política, del mismo modo que nuestras discusiones con vosotros nos han servido, directa e indirectamente, para enriquecer y clarificar nuestras ideas y madurar nuestro programa.