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O seguinte
apêndice incluiu-se como complemento do documento Libertaçom nacional e
Revoluçom comunista. Entre << e >> vam comentários nossos às citas
de Marx e Engels.
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Apéndice
con textos seleccionados y comentados:
1. Las relaciones entre las
naciones y el desarrollo nacional del modo de producción capitalista
Las relaciones entre unas naciones y otras
dependen del grado en que cada una de ellas haya desarrollado sus fuerzas
productivas, la división del trabajo y el trato interior. Es éste un hecho
generalmente reconocido. Pero, no sólo las relaciones entre una nación y otra,
sino también toda la estructura interna de cada nación depende del grado de
desarrollo de su producción y de su trato interior y exterior. Hasta qué punto
se han desarrollado las fuerzas productivas de una nación lo indica del modo
más palpable el grado hasta el que se ha desarrollado en ella la división del
trabajo. Toda nueva fuerza productiva, cuando no se trata de una simple
extensión cuantitativa de fuerzas productivas ya conocidas con anterioridad...
trae como consecuencia un nuevo desarrollo de la división del trabajo.
La división del trabajo dentro de una nación
se traduce, ante todo, en la separación del trabajo industrial y comercial con
respecto al trabajo agrícola y, con ello, en la separación de la ciudad y el campo y en la oposición de sus intereses. Su desarrollo ulterior
conduce a que el trabajo comercial se separe del industrial. Al mismo tiempo,
la división del trabajo dentro de estas diferentes ramas acarrea, a su vez, la
formación de diversos sectores entre los individuos que cooperan en
determinados trabajos. La posición que ocupan entre sí estos diferentes
sectores se halla condicionada por el modo de aplicar el trabajo agrícola,
industrial y comercial (patriarcalismo, esclavitud, estamentos, clases). Y las
mismas relaciones se revelan, al desarrollarse el trato, en las relaciones
entre diferentes naciones.
La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a
partir del momento en que se separan el trabajo material y el mental. Desde
este instante, puede ya la conciencia imaginarse realmente que es algo más y
algo distinto que la conciencia de la práctica existente, que representa
realmente algo sin representar algo real; desde este instante se halla la
conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación
de la teoría «pura», de la teología «pura», la filosofía «pura», la moral
«pura», etc. Pero, aun cuando esta teoría, esta teología, esta filosofía, esta
moral, etc., se hallen en contradicción con las relaciones existentes, esto
sólo podrá explicarse por que las relaciones sociales existentes se hallan, a
su vez, en contradicción con la fuerza productiva dominante; cosa que, por lo
demás, dentro de un determinado círculo nacional de relaciones, podrá suceder
también por que la contradicción no se da
en el seno de esta órbita nacional, sino entre esta conciencia nacional y la
práctica de otras naciones; es decir, entre la conciencia nacional y la
conciencia general de una nación (como ocurre actualmente en Alemania); pero,
dado que esta contradicción se presenta como contradicción existente sólo
dentro del cuadro de la conciencia nacional, a tal nación le parece que también la lucha se circunscribe a dicha
escoria nacional.
Estos arrogantes y grandilocuentes tenderos de ideas, que se
consideran tan infinitamente por encima de todos los prejuicios nacionales,
son, pues, en realidad, mucho más nacionales que esos filisteos de las cervecerías
que sueñan con la unidad de Alemania. No
reconocen como históricos los hechos de los demás pueblos, viven en
Alemania, con Alemania y para Alemania...
<<
Esto puede bien verse como la raiz de las diferencias políticas sobre la
cuestión nacional. La contradicción de fondo podemos situarla en que hay que
adecuar la teoría abstracta a la realidad concreta que es la fuerza productiva
dominante, sobre la base de las relaciones de producción existentes. Esto
significa que las diferencias teóricas son la expresión de diferentes formas de
entender bien la relación del capital o bien al proletariado como fuerza
productiva, bien en su concepto o bien en su desarrollo histórico. Lo cual hace
que, aparte de la relevancia práctica de los problemas nacionales en la lucha
de clases, las diferencias de análisis en la cuestión nacional tienen
necesariamente una trascendencia de totalidad sobre toda la visión teórica y
práctica de la lucha revolucionaria. Por otra parte, la desidentificación con
las propias condiciones nacionales, bien por mera ignorancia o bien por falta
de un análisis serio, tiene que ocasionar la confusión de las propias
condiciones nacionales con las condiciones nacionales de otros países. >>
Cuanto más se extienden, en el curso de esta evolución, los
círculos concretos que influyen los unos en los otros, cuanto más se destruye
el primitivo encerramiento de las diferentes nacionalidades por el desarrollo
del modo de producción, del intercambio y de la división del trabajo que ello
hace surgir por vía espontánea entre las diversas naciones, tanto más la
historia se convierte en historia universal, y así vemos que cuando, por
ejemplo, se inventa hoy una máquina en Inglaterra, son lanzados a la calle
incontables obreros en la India y en China y se estremece toda la forma de existencia
de estos Estados, lo que quiere decir que aquella invención constituye un hecho
histórico-universal; y vemos también cómo el azúcar y el café demuestran en el
siglo XIX su significación histórico-universal por cuanto que la escasez de
estos productos, provocada por el sistema continental napoleónico, incitó a los
alemanes a sublevarse contra Napoleón, estableciéndose con ello la base real
para las gloriosas guerras de independencia de 1813. De donde se desprende que
esta transformación de la historia en historia universal no constituye, ni
mucho menos, un simple hecho abstracto de la «autoconciencia», del espíritu
universal o de cualquier otro espectro metafísico, sino un hecho perfectamente
material y empíricamente comprobable, del que puede ofrecernos una prueba
cualquier individuo, tal y como es, como anda y se detiene, come, bebe y se
viste.
Es evidente... que la verdadera riqueza espiritual del individuo
depende totalmente de la riqueza de sus relaciones reales. Sólo así se liberan
los individuos concretos de las diferentes trabas
nacionales y locales, se ponen en contacto práctico con la producción
(incluyendo la espiritual) del mundo entero y se colocan en condiciones de
adquirir la capacidad necesaria para poder disfrutar de esta multiforme y
completa producción de toda la tierra (las creaciones de los hombres). La
dependencia omnímoda, forma plasmada
espontáneamente de la cooperación histórico-universal
de los individuos, se convierte, gracias a esta revolución comunista, en el
control y la dominación consciente sobre estos poderes, que, nacidos de la
acción de unos hombres sobre otros, hasta ahora han venido imponiéndose a
ellos, aterrándolos y dominándolos, como potencias absolutamente extrañas.
...todas las anteriores revoluciones dejaban intacto el modo de
actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de ésta, una nueva
distribución del trabajo entre otras personas, al paso que la revolución
comunista va dirigida contra el carácter
anterior de actividad, elimina el trabajo
y suprime la dominación de todas las clases, al acabar con las clases mismas,
ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no
considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la
disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la actual
sociedad...
<<
Aquí podemos ver el espíritu con que Marx y Engels entendían el carácter
mundial de la revolución comunista como un todo inclusivo, cuyo sentido
principal es el desarrollo de la riqueza de la vida de los individuos. No se
trata meramente de suprimir las relaciones sociales existentes y sustituirlas
por otras, sino de acometer un enriquecimiento creciente de la vida de los
individuos. Esto es lo que da sentido positivo, más allá de la simple y ciega necesidad,
a la dimensión mundial de la revolución.
Por otra parte, la "disolución de todas
las clases, nacionalidades, etc., dentro de la sociedad actual" que se
expresa en el proletariado es meramente la expresión de su desposesión de todo,
no aún un desarrollo propio que supere a la sociedad existente. De ninguna
afirmación de Marx y Engels se podrá entresacar que el proletariado, aun siendo
esta potencia negativa frente a la división en clases y a las "trabas
nacionales", no es al mismo tiempo una clase y no posee un carácter
nacional. Lo que se insinua en la Ideologia Alemana, y se aclara en el
Manifiesto Comunista, es sólo que el proletariado y su lucha son
internacionales por su esencia y
únicamente son nacionales por su forma.>>
La más importante división del trabajo físico e intelectual es la
separación entre la ciudad y el campo. La oposición entre el campo y la ciudad
comienza con el tránsito de la barbarie a la civilización, del régimen tribal
al Estado, de la localidad a la nación, y se mantiene a lo largo de toda la
historia de la civilización hasta llegar a nuestros días.
<<Luego
bien podemos hablar de las ciudades como el polo contrario al campo en la
división del trabajo. No se deberían considerar como formaciones sociales por
sí mismas, sino como el resultado del desarrollo del conjunto nacional durante
el proceso de formación y ascenso del capitalismo. La división del trabajo es
un aspecto meramente económico de la vida social, de modo que es sólo un
aspecto de toda la formación social existente, y las ciudades son, desde este
punto de vista, solamente puntos dentro de una totalidad más amplia. Es decir,
las ciudades -y otras divisiones jurídicas como las provincias o las regiones,
por ejemplo- sólo pueden comprenderse como el producto de la división del
trabajo dentro de la nación y, así, sólo pueden explicarse en sus
características por el desarrollo nacional de conjunto, y no a la inversa, el
desarrollo nacional por el desarrollo local -lo que está en contradicción
evidente con la categoría de totalidad del materialismo histórico-.>>
La conservación de las fuerzas productivas obtenidas sólo se
garantiza al adquirir carácter universal el intercambio, al tener como base la
gran industria y al incorporarse todas las naciones a la lucha de la
competencia.
La división del trabajo entre las diferentes ciudades trajo como
consecuencia inmediata el nacimiento de las manufacturas, como ramas de
producción que se salían ya de los marcos del régimen gremial. El primer florecimiento
de las manufacturas —en Italia, y más tarde en Flandes— tuvo como premisa
histórica el intercambio con naciones extranjeras. En otros países —en
Inglaterra y Francia, por ejemplo— las manufacturas comenzaron limitándose al
mercado interior. Aparte de las premisas ya indicadas, las manufacturas
presuponen una concentración ya bastante avanzada de la población —sobre todo
en el campo— y del capital, que conienza a reunirse en pocas manos, ya en los
gremios, a despecho de las ordenanzas gremiales, ya entre los comerciantes.
...
La manufactura lanzó a las diversas naciones al terreno de la
competencia, a la lucha comercial, ventilada en forma de guerras, aranceles
proteccionistas y prohibiciones, al paso que antes las naciones, cuando se hallaban
en contacto, mantenían entre sí un inofensivo intercambio comercial. A partir
de ahora, el comercio adquiere una significación política.
...
La manufactura y, en general, el movimiento de la producción
experimentaron un auge enorme gracias a la expansión del trato como consecuencia
del descubrimiento de América y de la ruta marítima hacia las Indias
orientales. Los nuevos productos importados de estas tierras, y principalmente
las masas de oro y plata lanzadas a la circulación, hicieron cambiar totalmente
la posición de unas clases con respecto a otras y asestaron un rudo golpe a la
propiedad feudal de la tierra y a los trabajadores, al paso que las
expediciones de aventureros, la colonización y, sobre todo, la expansión de los
mercados hacia el mercado mundial, que ahora se hacía posible y se iba
realizando día tras día, daban comienzo a una nueva fase del desarrollo
histórico, en la que en general no hemos de detenernos aquí. La colonización de
los países recién descubiertos sirvió de nuevo incentivo a la lucha comercial
entre las naciones y le dio, por tanto, mayor extensión y mayor encono.
La expansión del comercio y de la manufactura sirvió para
acelerar la acumulación del capital móvil, mientras en los gremios, en los que
nada estimulaba la ampliación de la producción, el capital natural permanecía
estable o incluso decrecía. El comercio y la manufactura crearon la gran
burguesía, al paso que en los gremios se concentraba la pequeña burguesía, que
ahora ya no seguía dominando, como antes, en las ciudades, sino que tenía que
inclinarse bajo la dominación de los grandes comerciantes y manufactureros. De
ahí la decadencia de los gremios en cuanto entraban en contacto con la
manufactura.
...
La manufactura había disfrutado de una constante protección, por
medio de aranceles proteccionistas en el mercado interior, mediante monopolios
en el mercado colonial y, en el mercado exterior, llevando hasta el máximo las
tarifas aduaneras diferenciales. Se favorecía la elaboración de las materias
primas producidas en el propio país (lana y lino en Inglaterra, seda en
Francia), prohibiéndose su exportación (la de la lana, en Inglaterra), a la par
que se descuidaba o se perseguía la exportación de la materia prima importada
(así, en Inglaterra, del algodón). Como es natural, la nación predominante en
el comercio marítimo y como potencia colonial procuró asegurarse también la
mayor extensión cuantitativa y cualitativa de la manufactura. Esta no podía en
modo alguno prescindir de un régimen de protección, ya que fácilmente podía
perder su mercado y verse arruinada por los más pequeños cambios producidos en
otros países; era fácil introducirla en un país de condiciones hasta cierto
punto favorables, pero esto mismo hacía que fuese también fácil destruirla.
Pero, al mismo tiempo, merced a los métodos de funcionamiento en el país,
principalmente en el siglo XVIII, la manufactura se entrelazaba de tal modo con
las relaciones de vida de una gran masa de individuos, que ningún país podía
aventurarse a poner en juego su existencia abriendo el paso a la libre
competencia. Dependía, enteramente, por tanto, en cuanto se la llevaba hasta la
exportación, de la expansión o la restricción del comercio y ejercía sobre éste
un efecto relativamente muy pequeño. De aquí su significación secundaria y de
aquí también la influencia de los comerciantes en el siglo XVIII. Eran los comerciantes, y sobre todo los
armadores de buques; los que por encima de los demás acuciaban para conseguir
protección del Estado y monopolios; y aunque también los manufactureros, es cierto,
demandaban y conseguían medidas proteccionistas, marchaban constantemente, en
cuanto a importancia política, a la zaga de los comerciantes.
...
Sin embargo, el movimiento del capital, aunque notablemente
acelerado, siguió manteniéndose relativamente lento. El desperdigamiento del
mercado mundial en diferentes partes, cada una de ellas explotada por una
nación distinta, la eliminación de la competencia entre las naciones, el
desmaño de la misma produeción y el régimen monetario, que apenas comenzaba a
salir de sus primeras fases, entorpecían bastante la circulación.
...
La concentración del comercio y de la manufactura en un país
—Inglaterra— mantenida y desarrollada incesantemente a lo largo del siglo XVII,
fue creando para este país poco a poco un relativo mercado mundial y, con ello,
una demanda para los productos manufactureros de este mismo país, que las
anteriores fuerzas productivas de la industria no alcanzaban ya a satisfacer. Y
esta demanda, que rebasaba la capacidad de las fuerzas productivas, fue la
fuerza propulsora que dio nacimiento al tercer período de la propiedad privada
desde la Edad Media, creando la gran industria y, con ella, la aplicación de
las fuerzas naturales a la producción industrial, la maquinaria y la más
extensa división del trabajo. Las restantes condiciones de esta nueva fase —la
libertad de competencia dentro del país, el desarrollo de la mecánica teórica
(la mecánica llevada a su apogeo por Newton había sido la ciencia más popular
de Francia e Inglaterra, en el siglo XVIII), etc.— existían ya en Inglaterra.
(La libre concurrencia en el seno del país hubo de ser conquistada en todas
partes por una revolución: en 1640 y 1688 en Inglaterra, en 1789 en Francia.)
La competencia obligó en seguida a todo país deseoso de conservar
su papel histórico a proteger sus manufacturas por medio de nuevas medidas
arancelarias (ya que los viejos aranceles resultaban insuficientes frente a la
gran industria), y poco después a introducir la gran industria al amparo de
arancelas proteccionistas. Pese a estos
recursos protectores, la gran industria universalizó la competencia (la gran
industria es la libertad práctica de comercio, y los aranceles proteccionistas
no pasan de ser, en ella, un paliativo, un dique defensivo dentro de la libertad comercial), creó los medios de comunicación y
el moderno mercado mundial, sometió a su férula el comercio, convirtió todo el
capital en capital industrial y engendró, con ello, la rápida circulación (el
desarrollo del sistema monetario) y la centralización de los capitales. Por
medio de la competencia universal obligó a todos los individuos a poner en
tensión sus energías hasta el máximo. Destruyó donde le fue posible la
ideología, la religión, la moral, etc., y, donde no pudo hacerlo, las convirtió
en una mentira palpable. Creó por vez primera la historia universal, haciendo
que toda nación civilizada y todo individuo, dentro de ella, dependiera del
mundo entero para la satisfacción de sus necesidades y acabando con el
exclusivismo natural y primitivo de naciones aisladas, que hasta ahora existía.
...
La gran industria creaba por doquier, en general, las mismas
relaciones entre las clases de la sociedad, destruyendo con ello el carácter
propio y peculiar de las distintas nacionalidades. Finalmente, mientras la
burguesía de cada nación seguía manteniendo sus intereses nacionales aparte, la
gran industria creaba una clase que en todas las naciones se movía por el mismo
interés y en la que quedaba ya destruida toda nacionalidad; una clase que se desentendía
realmente de todo el viejo mundo y que, al mismo tiempo, se le enfrentaba. La
gran industria hacía insoportable al obrero no sólo la relación con el
capitalista, sino incluso el mismo trabajo.
Huelga decir que la gran industria no alcanza el mismo nivel de
desarrollo en todas y cada una de las localidades de un país. Sin embargo, esto
no detiene el movimiento de clase del proletariado, ya que los proletarios
engendrados por la gran industria se ponen a la cabeza de este movimiento y
arrastran consigo a toda la masa, y puesto que los obreros eliminados por la
gran industria se ven empujados por ésta a una situación de vida aún peor que
la de los obreros de la gran industria misma. Y, del mismo modo, los países en
que se ha desarrollado una gran industria influyen sobre los países plus ou moins no industriales, en la
medida en que éstos se ven impulsados por el intercambio mundial a la lucha
universal de competencia.
Todas las colisiones de la historia nacen... de la contradicción
entre las fuerzas productivas y la forma de relación. Por lo demás, no es
necesario que esta contradicción, para provocar colisiones en un país, se
agudice precisamente en este país mismo. La competencia con países
industrialmente más desarrollados, provocada por un mayor intercambio
internacional, basta para engendrar también una contradicción semejante en
países de industria menos desarrollada (así, por ejemplo, el proletariado
latente en Alemania se ha puesto de manifiesto por la competencia de la
industria inglesa).
De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a
todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los
pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la
civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que
se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos
los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan
ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones
que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.
<<
Resulta evidente, para resumir, que el capitalismo se ha desarrollado como modo
de producción material en el marco nacional y utilizando para ello los recursos
económicos y el poder político nacionales. Solamente el proletariado industrial
encarna decididamente desde el comienzo de su movimiento propio la tendencia
internacionalista. El capital está constantemente dividido entre sus ligaciones
materiales a la nación y el carácter universal y abstracto que tiene por
esencia, pero es incapaz de resolver esta contradicción de modo definitivo,
optando por soluciones sucesivas y meramente transitorias que dejan en pie las
causas de fondo del conflicto (el imperialismo y las guerras son un ejemplo de
ello).
La resolución de la contradicción entre la
ligación material del desarrollo del modo de producción a una formación social
limitada y el carácter universal implícito en la tendencia absoluta al
desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social sólo puede resolverse
creando una economía y una forma de comunidad humana en harmonia con el
carácter internacional de las fuerzas productivas, lo cual es imposible para la
burguesía y aún más en su época de declive histórico, en la que se vuelve
tangible cada vez más que el desarrollo del capital no coincide necesariamente
con el desarrollo social, hasta el punto de oponersele cada vez más
violentamente.
El proletariado no se ve impulsado a la
unión internacional en función de ninguna esencia estática que poseería en
virtud de su condición de clase, sino impulsado por el desarrollo del
capitalismo mundial y determinado por las relaciones que éste establece. La
revolución no es mundial porque el proletariado se organice como tal, sino que
se organiza mundialmente porque la revolución tiene sus condiciones y su motor
en la extensión y maduración mundial del antagonismo de clases gracias al
propio desarrollo del capitalismo mundial. El internacionalismo ideológico es
incapaz de captar esto y, en realidad, la oposición visceral a cualquier
divergencia "nacional" es la expresión de su ignorancia sobre el
carácter objetivamente mundial condiciones de existencia del proletariado y de
su desconfianza acerca de la potencialidad revolucionaria del proletariado
mismo. >>
(Textos procedentes de la
Ideología Alemana, 1846)
2. Nación y Revolución proletaria.
La sociedad civil abarca toda la relación material de los
individuos en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas.
Abarca toda la vida comercial e industrial de una fase y, en este sentido,
transciende de los límites del Estado y de la nación, si bien, por otra parte,
tiene necesariamente que hacerse valer al exterior como nacionalidad y, vista
hacia el interior, como Estado. El término «sociedad civil» apareció en el
siglo XVIII, cuando ya las relaciones de propiedad se habían desprendido del
marco de la comunidad antigua y medieval. La sociedad civil en cuanto tal sólo
se desarrolla con la burguesía...
...al capital moderno, condicionado por la gran industria y la
competencia universal, a la propiedad privada pura, que se ha despojado ya de
toda apariencia de comunidad y ha eliminado toda influencia del Estado sobre el
desarrollo de la propiedad. A esta propiedad privada moderna corresponde el
Estado moderno, paulatinamente comprado, mediante el sistema de impuestos en
rigor, por los propietarios privados, entregado completamente a éstos merced a
la deuda pública y cuya existencia, como revela el alza y la baja de los
valores del Estado en la Bolsa, depende enteramente del crédito comercial que
le concedan los propietarios privados, los burgueses.
La burguesía, por ser ya una clase,
y no un simple estamento, se halla
obligada a organizarse en un plano nacional y no ya solamente en un plano local
y a dar a sus intereses comunes una forma general. Mediante la emancipación de
la propiedad privada con respecto a la comunidad, el Estado cobra una
existencia propia junto a la sociedad civil y al margen de ella; pero no es
tampoco más que la forma de organización a que necesariamente se someten los
burgueses, tanto en lo interior como en lo exterior, para la mutua garantía de
su propiedad y de sus intereses.
(Textos de la Ideología
Alemana, 1846)
Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad
privada, el proletariado se verá
obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del
Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el
transporte y todo el cambio. ... Finalmente, cuando todo el capital, toda la
producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de
existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los
hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de
relaciones de la vieja sociedad.
<<
O sea, la idea de que la nación desaparece con la revolución comunista es una
"innovación" de ciertas corrientes, especialmente de los
"comunistas de izquierda" actuales, que solamente encarnan, por su
sustrato teórico, su tradición histórica y su visión práctica, una tendencia de
izquierda dentro de la "socialdemocracia revolucionaria". Estas interpretaciones no son, en este caso,
un "error", sino el resultado necesario de la distorsión leninista y
posterior ideologización del materialismo histórico. La única virtud de este
tipo de posiciones es que se atreven abiertamente, al menos en ciertos puntos,
a romper con el marxismo original en lugar de ocultarlo. >>
¿Es posible esta revolución en un solo país? No. La gran
industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los
pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno
depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos
los países civilizados el desarrollo social a
tal punto que en todos estos países
la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la
sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de
nuestros días. Por consecuencia, la
revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se
producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos
en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará
en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del
grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se
hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por
eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra.
Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo,
modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del
desarrollo.
Es una revolución universal
y tendrá, por eso, un ámbito universal.
(Extractos de los
Principios del Comunismo - Engels 1847)
Para emancipar a las masas trabajadoras, la
cooperación debe alcanzar un desarrollo nacional y, por consecuencia, ser
fomentada por medios nacionales. Pero los señores de la tierra y los señores
del capital se valdrán siempre de sus privilegios políticos para defender y
perpetuar sus monopolios económicos.
La aprobación impúdica, la falsa simpatía o
la indiferencia idiota con que las clases superiores de Europa han visto a
Rusia apoderarse del baluarte montañoso del Cáucaso y asesinar a la heroica
Polonia; las inmensas usurpaciones realizadas sin obstáculo por esa potencia
bárbara, cuya cabeza está en San Petersburgo y cuya mano se encuentra en todos
los gabinetes de Europa, han enseñado a los trabajadores el deber de iniciarse
en los misterios de la política internacional, de vigilar la actividad
diplomática de sus gobiernos respectivos, de combatirla, en caso necesario, por
todos los medios de que dispongan; y cuando no se pueda impedir, unirse para
lanzar una protesta común y reivindicar que las sencillas leyes de la moral y
de la justicia, que deben presidir las relaciones entre los individuos, sean
las leyes supremas de las relaciones entre las naciones.
(Extractos del Manifiesto
inaugural de la AIT - Marx 1864)
"Para asegurar la paz internacional han
de eliminarse primero todos los roces nacionales que puedan evitarse, cada
pueblo ha de ser independiente y dueño de su propia casa" (Engels, El
papel de la violencia en la historia, 1877)
"Una sincera colaboración internacional
de las naciones europeas sólo es posible cuando cada una de esas naciones sea
totalmente autónoma en su propia casa" (Engels, Prefacio a la edición
polaca del Manifiesto Comunista, 1892)
"hay una cosa cierta: el proletariado
victorioso no puede forzar a un pueblo extranjero a ningún éxito, sin enterrar
con ello su propia victoria" (Engels, Carta a Kautsky, 1882)
"no hemos querido decir que los caminos
para alcanzar este fin sean idénticos en todas partes. Sabemos que han de ser
tenidas en cuenta las instituciones, las costumbres y las tradiciones de los
diversos países" (Marx, Discurso en el Congreso de La Haya, 1872)
"la victoria del proletariado sobre la
burguesía constituye por ello, al mismo tiempo, el triunfo sobre los conflictos
nacionales e industriales que enfrentan hoy a los diversos pueblos. La victoria
del proletariado sobre la burguesía es también por ello la señal de liberación
de todas las naciones oprimidas" (Marx, Discurso sobre Polonia, 1847).
"No redunda en interés de este
movimiento el que trabajadores de un país concreto marchen a su cabeza"
(Engels, La guerra campesina alemana, 1874)
(Citas
procedentes de "La triple escisión del marxismo", Wolfgang Leonhard,
1970, Ed. Guadiana.
Las referencias a los originales estaban en alemán)
<< Con este resumen pensamos haber puesto sobre la mesa la
verdadera cuestión aún más claramente: que existe una ideologización del internacionalismo
que rompe con la tradición comunista y que ha convertido la revolución mundial
en una idea mitológica y salvadora que estaría por encima de los conflictos
nacionales, pues estos serían meramente un problema de la burguesía. El
fetichismo hacia estas ideas y sus reflexos en la configuración de una
"ortodoxia internacionalista" que califica de blasfemia cualquier
posición divergente y proscribe cualquier cosa que lleve el apelativo de
"nacional" salvo cuando se refiere a cuestiones geográficas -entonces,
se concede el perdón-, son una distorsión total del internacionalismo
proletario y en lugar de proporcionarle vitalidad y adaptabilidad lo convierten
en un esquema ideológico rígido que cada grupo supuestamente revolucionario
acompaña de toda una serie de aderezamientos según sus preferencias ideológicas
particulares.
La realidad hoy es que
los que se autoproclaman internacionalistas lo hacen por mera oposición al
nacionalismo o ven en esta oposición su rasgo distintivo. Para quienes somos
proletari@s revolucionarios el internacionalismo es la consecuencia necesaria
de la lucha por el comunismo y no otra cosa. En este contexto, las
disquisiciones sobre la "cuestión nacional" entre las tendencias
revolucionarias se convierten artificialmente en elementos divisores, mientras
en realidad la verdadera cuestión es la distorsión del internacionalismo. Esta
es la causa matriz de las divisiones para una clase que ya es en sí misma
internacional.
Dado que nosotros somos
internacionalistas en el sentido orgánico y no meramente formal, y defendemos
la unidad de organización, pensamiento y acción del proletariado internacional
en la lucha por el comunismo, la verdadera raiz de las diferencias sobre la
cuestión nacional sale a la luz con toda claridad. Nosotros hemos formulado, a
partir del desarrollo de las posiciones comunistas y como táctica adecuada a
nuestras condiciones nacionales de lucha de clases, un nacionalismo proletario,
superando cualquier forma de nacionalismo burgués. Pero, del mismo modo, hemos
superado todas las formas de internacionalismo ideológico, que se fundan en una
falsa contraposición abstracta en
lugar de en la vida y el ser reales
del proletariado.
Hay que tener presente
que la mayor parte de los teóricos revolucionarios han pertenecido a naciones
imperialistas, de modo que se ha tendido a un internacionalismo deformado desde
hace mucho tiempo. Con la influencia de la socialdemocracia y de la
intelectualidad ligada a ella esta deformación se hizo más profunda. Así hasta
la actualidad. Es por ello que existe hoy una fuerte tendencia al
unilateralismo y a la ruptura con el espíritu internacionalista original. Del
mismo modo que el problema del subdesarrollo y del colonialismo tuvo que ser
abordado desde la perspectiva de los directamente afectados por ello, y los
"internacionalistas puros" no han aportado nada significativo al
respecto, los demás aspectos de la opresión nacional en el capitalismo tienen
que ser planteados desde la posición de quienes la sufren, pues resulta evidente
que se carece de la suficiente aspiración a la verdad para llegar a una
auténtica conciencia y unidad internacionalistas proletarias. Solamente así
podremos llegar a construir un auténtico internacionalismo proletario, como
expresión de una confluencia internacional viva y no de afinidades ideológicas
con presupuestos preexistentes. >>