Contestación a la segunda parte de vuestra respuesta:

"¿Por qué los sindicatos venden siempre a los obreros?"

 

Comunistas Revolucionári@s

 

13/01/2004

 

 

 Dado que ya hemos profundizado en el tema en nuestra contestación anterior, nos limitaremos ahora a abordar ciertos puntos centrales de la segunda parte de vuestra respuesta:

 

1º) la relación entre las estructuras sindicales y sus "bases", que ya hemos esbozado parcialmente en nuestro texto anterior;

2º) el fundamento de esta diferencia de interpretación con vosotros, situándonos en el plano de la comprensión del sindicalismo.

 

 

1. LA RELACIÓN ENTRE LAS ESTRUCTURAS SINDICALES Y SUS BASES.

 

A quién no representan los sindicatos en la lucha de clases. El antagonismo objetivo entre sindicalismo y precarización.

  Como ya os dijimos, nosotros no compartimos la teoría de que la aristocracia obrera es la causa determinante del carácter, papel y proceso de integración con el capital de las organizaciones sindicales. Tampoco pensamos que los sindicatos sean los representantes de este estrato de clase, sino que, más bien, son los sindicatos quienes se hacen representantes del mismo. Por supuesto, y dependiendo de sus áreas de influencia, etc., los sindicatos tienen que intervenir en las luchas del proletariado precarizado, pero lo hacen siendo incapaces de asumir realmente las dimensiones y la intensidad de su antagonismo con el capital. Llegado a un punto del desarrollo del movimiento de lucha y de la conciencia de clase, los sindicatos ni siquiera son capaces de canalizar las reivindicaciones obreras, porque el antagonismo ha madurado hasta el punto de adquirir un contenido efectivamente incompatible con el capital. Por consiguiente, la función de los sindicatos en las luchas en las que el proletariado actúa ya como clase, aunque de un modo más o menos inconsciente y limitado, y con sus debilidades, tiene que ser fundamentalmente, dadas las condiciones del capitalismo decadente, la distorsión y represión de la lucha misma (1).

  No se trata aquí de que los sindicatos promuevan acuerdos a la baja con el capital, o de que incluso supriman aspectos importantes de los contenidos espontáneos de las luchas, y que mistifiquen hasta cierto punto el contenido de los acuerdos que consiguen (todo ello ya típico en las luchas de los sectores más acomodados). Se trata de que, en las luchas del proletariado precarizado, los sindicatos tienen necesariamente, ante su práctica incapacidad para combatir la precarización y la sobreexplotación, que desviar las luchas hacia objetivos insubstanciales (acuerdos meramente formales, aumentos salariales subordinados a la productividad, etc., etc.), e incluso puramente perjudiciales (como elevar el valor de las horas extras o aceptar reducciones salariales como medios para combatir la sobreexplotación). El papel contrarrevolucionario de los sindicatos se vuelve absoluto ante el contenido antagónico objetivo tendencialmente intensificado de las luchas del proletariado precarizado.

  Los sectores más acomodados, donde las garantías laborales y legales son significativas, donde la estabilidad en muchos casos viene asociada con su posición formal central en el proceso productivo desde el punto de vista técnico (fases de la producción más complejas o finales); estos sectores no tienen una dinámica de antagonismo que los enfrente en términos absolutos con la relación del capital y, por lo tanto, tampoco con los sindicatos. Si no se reconoce esta dimensión objetiva del contenido de la lucha de clases y de la determinación de su dinámica, aparece la tendencia a hacer interpretaciones ideológicas de las luchas proletarias basadas en principios metafísicos como la "unidad", la "identidad", etc., que a fin de cuentas son la negación de la concepción dialéctica de la historia.

  De hecho, en esta parte de vuestra respuesta continuáis intentando rebatir nuestros planteamientos sobre la base de nuestra asimilación a la "teoría de la aristocracia obrera o del aburguesamiento del proletariado", que, como pueden ver cualquier lectora o lector objetivos, utilizais sistemáticamente para establecer una separación abstracta y absoluta entre quienes buscan la unidad de la clase y quienes la dividen, sin permitir entrar en la complejidad de la praxis de las luchas y del análisis de las mismas.

  Efectivamente, nosotros nos hacemos portavoces de la conciencia inmediata de l@s obrer@s precari@s, que piensan, con razón, aunque simplificadamente, que los sindicatos no sólo son traidores porque están burocratizados y defienden intereses ajenos al proletariado, sino que también basan su existencia en el trabajo garantizado y se nutren de su representación. Sin ello, de hecho, el sindicalismo no podría existir como parte y estructura permanente de la sociedad capitalista actual, a no ser como una contradicción en términos: como sindicalismo revolucionario, como una autoalienación consciente de la clase y una ideología revolucionaria. Pero la cuestión no es simplemente la estabilidad y el sustentamiento materiales del poder de las estructuras sindicales sobre la base de la organización de la producción, sino, y principalmente, el contenido diferente implícito en la división entre trabajo garantizado y trabajo precarizado, en tanto afecta de modo determinante al papel de los sindicatos en las respectivas luchas obreras.

  Los sindicatos no pueden, de ningún modo, representar efectivamente al proletariado precarizado consciente, o sea, representarlo como clase y no en tanto que masa de individuos aislados o disociados los unos de los otros. Porque la radicalidad tiene, en la existencia objetiva del proletariado precario, su fermento vivo: el desarrollo de sus condiciones de existencia como fuerza productiva social se ha vuelto antagónico con las relaciones capitalistas de producción. De este modo, la función del sindicalismo para con el sector precarizado no es ya la representación, sino la represión velada o abierta de las luchas mismas, sobre todo en el plano de los contenidos (que es donde reside el mayor peligro: en la conciencia de sus intereses reales y de su antagonismo irreconciliable en la práctica con el modo de producción capitalista) (2). La posibilidad de la canalización sindical positiva, pero aparente, de estas luchas, reside únicamente en la debilidad subjetiva del proletariado mismo (y es una canalización aparente porque, en realidad, no traslada sus intereses inmediatos reales, ni siquiera parcialmente, sino que solamente canaliza intereses ficticios o ilusorios -que acaban, de todos modos, por convertirse, más pronto o más tarde, en factores de realimentación e intensificación del conflicto de clase--).

  La ideología democrática no tiene nada que ver con nuestras posiciones. Que los sindicatos se hagan representantes del trabajo garantizado no significa necesariamente que lo representen realmente, sino únicamente que lo adoptan como base social estructural de su existencia como organismos permanentes. Pero hay que tener presente aquí que la continuidad de una representación aparente sólo puede mantenerse a partir de una representatividad formal más o menos amplia: los sindicatos y sus organismos tienen que cumplir más o menos sus funciones de representación para mantener su posición de poder y su financiación, o sea, su "representatividad". Y, a su vez, la amplitud de esta representación formal depende de que la misma tenga un mínimo contenido real.

   Además, persiste el hecho minoritario de que, mientras los sindicatos o sus organismos no completen su degeneración e integración con el capital, o bien sus propias bases no compartan ideológica y prácticamente esa misma integración, entonces siguen existiendo márgenes de participación y acción sindicales para la base, y los sindicatos todavía pueden ejercer una representación efectiva importante a pesar de la burocracia sindical, al tiempo que todo esto refuerza las ilusiones reformistas entre la clase obrera.

  En resumen: en los estratos aristocráticos los sindicatos realizan aún una representación efectiva del trabajo frente al capital, representación que sigue y seguirá existiendo en una medida importante, a pesar de la contradicción en que viven los sindicatos y a pesar de todas vuestras argumentaciones (3). Además, y aunque en menor medida, esta capacidad de representación de los sindicatos existe también a respecto de los estratos inferiores del trabajo garantizado.

 

La relación alienada entre la base obrera y la estructura sindical

  Las estructuras sindicales y representativo-democráticas tienen una relación con su base, aunque sea una relación alienada: la base es representada mediante un proceso en el que delega su voluntad a una estructura separada, convirtiéndola en un poder ajeno que la domina. Es el mismo fenómeno que se reproduce en todas partes de la vida social burguesa.

  Pero la alienación no significa separación absoluta, sino que implica una interpenetración: así, la intensificación de la explotación es a su vez una intensificación de la enajenación, y se traduce en que las masas delegan (=doblegan) en mayor grado su voluntad y en que aumenta la separación entre ellas y sus representantes. O sea que, de este modo, la dominación de clase se incrementa no sólo en la producción, sino también en todas las esferas y planos de la vida de la sociedad. Y no sólo cada capital, en su automovimiento social total, reproduce al capital como relación social, sino que también lo hace el trabajo, a través del automovimiento general de su reproducción como fuerza de trabajo social.

  Este análisis implica, luego, captar los momentos de identidad del trabajo asalariado con el capital, y no únicamente su antagonismo. El antagonismo se expresa únicamente en la práctica cuando la cantidad se transforma en calidad, y el aumento de la explotación choca directamente con el estado de enajenación. Que el antagonismo exista siempre no significa que predomine sobre la unidad y, por consiguiente, su realidad sólo tiene importancia práctica desde la perspectiva de su desarrollo interno y sus manifestaciones, no es un hecho empírico del que se pueda partir unilateralmente para analizar la lucha de clases.

  Como vivimos en un mundo alienado, con la agudización del antagonismo de clases aparece también la tendencia a intensificar la visión de la clase obrera como un todo separado del capital, cuando, en el plano inmediato, lo que ocurre es, de modo tendencial, precisamente lo contrario. Esto se puede ver en el aumento del servilismo inmediato para mantener el puesto de trabajo, la posición social, etc. El antagonismo solamente abarca el terreno inmediato (y no sólo eso, lo subsume por completo planteando un conflicto total y permanente con el capital) cuando la lucha de clases experimenta un ascenso general, o sea, en periodos más o menos excepcionales que constituyen rupturas en el desarrollo gradual de la sociedad.

  Por otra parte (volviendo sobre la relación entre las bases sociales y las estructuras sindicales), nosotros no descubrimos la "representatividad" objetiva de los sindicatos gracias a un análisis teórico, sino, más bien, y antes de eso, por el conocimiento proporcionado por las luchas de clases, en primer lugar por las que conocemos mejor y más directamente (de entre las cuales las del naval en Ferrol-Fene son un ejemplo destacable), cuyas conclusiones hemos podido contrastar luego en el conjunto de las luchas proletarias* y sus tendencias generales, sobre todo en las más conocidas y relevantes.  

  No se puede comparar directamente el Estado capitalista, como representante del capital, con los sindicatos como representantes de los obreros, porque la dependencia del Estado de la clase obrera no es directa, sino que está mediada por el capital. En cambio, en los sindicatos esta dependencia aparece en su forma directa, como reflejo superestructural de la dependencia de la fuerza de trabajo respecto del capital en el proceso de producción (4). Por ello, en la relación sindical se puede ver, de un modo más o menos inmediato, que la causa del carácter capitalista de los sindicatos y de las organizaciones obreras tradicionales es la alienación del trabajo, y que la reproducción social del trabajo alienado es, a su vez, la fuerza que perpetua la existencia de estas formas de organización y de praxis dentro de la clase obrera, y no el capital puramente como una fuerza abstracta.

  El capital solamente puede dominar los sindicatos sobre la base de la alienación, y, a su vez, los sindicatos solamente pueden existir como tales sobre esta base. Pero la alienación, que en cuanto estado de la conciencia es meramente un soporte, en cuanto actividad enajenada es el auténtico fundamento dinámico y determinante de toda la sociedad burguesa: es el movimiento de la relación del capital llevado al conjunto de la producción y reproducción de la vida social. Por lo tanto, su superación solamente puede realizarse mediante del desarrollo de la autoactividad del proletariado a través del establecimiento de nuevas relaciones sociales dentro de su propio movimiento de clase, o sea, construyendo nuevas formas de organización.

  Estamos de acuerdo en que "lo que la ideología democrática llama 'integración' y 'representación' es en realidad control opresivo y subordinación al servicio de la explotación". Pero sería erróneo deducir de esto que la integración y la representación son absolutamente ficticias, y no distinguir diferentes planos y grados en que siguen vigentes. Si fuesen absolutamente falsas, por la misma lógica lo serían también no sólo las relaciones de representación sindical, sino también las estatales, de modo que no existiría ninguna base objetiva que sirviera de soporte para refrenar la lucha de clases -a parte de la mera estupidez de l@s obrer@s, claro está-, conteniendo el antagonismo y posibilitando la continuidad de la sociedad capitalista, de su desarrollo destructivo de las fuerzas productivas por parte de los capitales particulares. La decadencia del capitalismo es un proceso que se desarrolla desde el fundamento interno del modo de producción capitalista, y que luego se expande y exterioriza a todos los momentos de la vida social; pero esta exteriorización no es inmediata, porque el fundamento antagónico de la relación del capital no se ha vuelto absoluto todavia. Si así fuera, la existencia de la sociedad burguesa estaría desquebrajándose y estaríamos ante una situación prerrevolucionaria en sentido estricto.

 

 

La contradicción en que se mueven los sindicatos

  Efectivamente, el papel de los sindicatos como agentes del capital tiene lugar por la mediación del Estado, convirtiéndose en agentes no tanto de tal o cual capital particular sino más bien del capital global de la sociedad: agentes de los intereses del conjunto del capital nacional y de su desarrollo. Pero la contradicción en que existen los sindicatos es precisamente la existente entre su papel representativo y su función económica efectiva, entre su calidad de representantes de la fuerza de trabajo -lo cual implica un mínimo de interrelación con la misma- y su calidad de agentes de la explotación y dominio capitalistas sobre la misma -lo cual implica una separación fundamental, una autonomización de la estructura sindical respecto de sus bases y de la clase en conjunto-. En esto consiste la existencia alienada, y si se razona sobre su base solamente se podrá hacer una crítica de la realidad alienada y no una crítica del proceso mismo de la alienación, y mucho menos podrá desarrollarse una praxis revolucionaria efectiva que rompa conscientemente ese proceso.

  Es evidente, por otra parte, que los sindicatos más poderosos no representan ya, significativamente, más que al estrato más elevado del trabajo, a la aristocracia. El resto de los sindicatos se disputan la representación de los sectores inferiores del trabajo garantizado y luego de las capas más estables de l@s trabajadores/as precari@s. Aún así, los sindicatos se deben tanto más a su calidad de agentes del capital cuanto mayor es su integración y menores las posibilidades de desarrollarse en la lucha por reformas, como instrumentos de carácter progresivo para la clase obrera. Por ello tienen que tener el doble discurso del que habláis: "a los fijos les dicen que los eventuales, los de contratas, los jóvenes con contrato basura, son sus rivales cuya íntima aspiración es 'quitarles lo que tienen'. Pero con los precarios sueltan otro discurso completamente opuesto: los fijos serían unos vagos insolidarios y privilegiados, una 'aristocracia del trabajo', con los que no hay que contar a la hora de hacer una huelga." Esto, naturalmente, habrá que matizarlo según la situación, en el sentido de que cada sindicato cubre, o compite por cubrir, sobre todo la representatividad de cierto estrato del trabajo, de modo que el doble discurso casi siempre aparecerá como una dialéctica discursiva entre dos o más organizaciones sindicales diferenciadas ideológicamente y que se oponen en su pretensión de apropiarse del control de las luchas (5).

  Por otra parte, es cierto que, precisamente a causa de la contradictoriedad de su existencia, a veces los sindicatos se ven obligados a cooperar abiertamente con el capital en sus ofensivas antiproletarias. Pero si lo hacen tiene que ser, a causa de su dependencia de cierta base social, de un modo más o menos camuflado, encubierto, actuando como fuerzas inhibidoras, moderadoras y reductoras de la conflictividad para poder luego actuar como agentes directos del capital. En este doble papel reaccionario (represivo y reestructurador) de los sindicatos reside, además, su interés para el capital como organismos de control de la fuerza de trabajo. Si los sindicatos prescindiesen de su base social por completo, su propia existencia se volvería puramente ficticia (que no es lo mismo que aparente o puramente inmediata, en términos dialécticos) y no podrían cumplir su papel, y lo mismo ocurre con la democracia capitalista, pero a un nivel qualitativamente distinto (6).

 

¿Una división generacional o una época diferente?

  Aludís también a la existencia de "dos grandes generaciones de obreros". Nosotros también pensamos que es muy necesaria esta unidad generacional para el proceso de desarrollo de la conciencia de clase, pero, no obstante, no vemos en ello el fondo experiencial del que parten las divisiones en las luchas. Esa misma división generacional existe dentro del trabajo precarizado y dentro del trabajo garantizado, sin que de ello pueda obtenerse ninguna explicación sobre las divisiones en la lucha y su perpetuación. Utilizar este argumento en el plano de nuestro debate de fondo lo hace totalmente vano, y aunque nosotros seamos obrer@s jóvenes y con poca experiencia directa esto no quiere decir que no hayamos tenido en cuenta este tipo de cuestiones antes de plantearnos seriamente nuestros posicionamientos. La división de la clase obrera no es una división generacional, sino una división debida a las características reales del proletariado en la época actual.

  Tampoco pensamos que hoy en día exista un paralelismo entre la división generacional entre "jóvenes y viejos" y la división social entre "precari@s y estables". Lo que sí hay es una división generacional significativa entre los grupos comunistas que, como vosotros, se han desarrollado desde los 70, y los que, como nosotros, intentamos hacerlo desde las condiciones actuales sin poder partir de un agrupamiento anterior. Son nuestras condiciones objetivas las que nos imponen la profundización en la ruptura con el viejo movimiento obrero, y el desarrollo de la estrategia y táctica revolucionaria, como condiciones de nuestra existencia y crecimiento como grupo. Dado que nuestras fuerzas son mínimas, nuestros errores a este respecto nos pueden llevar no ya al estancamiento, sino a la completa descomposición en la inactividad. De ello también se deriva que todo nuestro programa se pueda resumir en la directriz: "firmeza en los principios y la flexibilidad en las formas".

 

 

2. EL SINDICATO COMO RELACIÓN DEL TRABAJO ALIENADO.

 

Qué es el sindicato

  Desde nuestro punto de vista el sindicato ha de ser comprendido como una modalidad de relación del trabajo vivo con el capital, cuya base formativa necesaria es la asunción del capitalismo como un hecho dado, de la relación del capital como relación social. Esta es la auténtica esencia del sindicalismo, no la participación obrera en general o su creación por la clase obrera en un momento histórico determinado.

El sindicato es una modalidad de la relación del capital por cuanto su función económica es la regulación del mercado de la fuerza de trabajo, bien sea por medio del mercado mismo, mediante contratos (convenios, acuerdos, pactos, etc.) y transacciones externas al proceso de trabajo, o bien sea mediante la lucha de clases, reduciéndola a expresión de una crisis en la relación de producción capitalista y, por consiguiente, a una forma de ajuste violento de la unidad contradictoria entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización.

  Pero esta función económica del sindicato tiene su propio fundamento interno, el cual no se refiere a la posibilidad de la realización de esa función reguladora en la lucha por reformas, sino que radica en el proceso del desarrollo histórico del sindicalismo (lo que implica su permanencia como una determinación esencial de la naturaleza de los sindicatos). Este fundamento interno no se manifiesta, sino que se mistifica, con el hecho de que los sindicatos sean una creación de l@s obrer@s mism@s (otro tanto ocurre con los partidos políticos obreros, aunque en ese caso afecte significativamente la involucración de elementos intelectuales y pequeñoburgueses) (7).

  Los sindicatos son en sí mismos la plasmación de la contradicción entre la relación social dominante y el proceso de su desarrollo material (desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social); el reflejo en la organización del trabajo asalariado como sujeto del carácter antagónico del trabajo alienado consigo mismo (puesto que el proletariado en el capitalismo no es más que una fuerza productiva en sentido estricto). Las condiciones de existencia del sindicalismo suponen la continuidad del trabajo alienado y, de este modo, de sus efectos alienantes en la conciencia proletaria. Así, l@s obrer@s se organizan de modo igualmente alienado, reproduciendo el fundamento esencial del capital: su relación con el trabajo vivo.

  Se trata, por consiguiente, de una organización basada, en la forma, en una relación de intercambio (8) cuyo contenido social es la explotación económica, no de una organización basada en la cooperación autónoma como iguales de l@s proletari@s y en su realización radical, integral y universal en la vida social.

 

Los dos momentos distintos del sindicato como relación social

  En un primer momento, el sindicato aparece como una relación de intercambio, bajo la forma propia de la circulación del valor (incluso cuando se forma inicialmente, el sindicato es el resultado de una unión de l@s obrer@s en la que cada cual aporta recursos para disponer luego colectivamente de los mismos; se trata fundamentalmente de una relación de intercambio). De este primer momento nace la ilusión de que el sindicato es un instrumento de la lucha de clases (y lo es, pero sólo aparentemente). Ha sido construido como herramienta colectiva para la lucha pero, sin embargo, no como instrumento para el autodesarrollo como clase consciente y autónoma.

  En realidad, y se ve de modo cada vez más nítido con el desarrollo de la organización sindical, el intercambio inicial es sólo el punto de partida del establecimiento de una nueva relación social, de un segundo momento cuyas características no se pueden comprender a partir del momento anterior, y que es una relación de alienación en la que el trabajo asalariado se autoenajena (de nuevo).**

  No obstante, la no constitución del proletariado como una comunidad de lucha en un primer momento, es ya el anuncio de su no autoorganización subsiguiente como sujeto consciente después, y significa que el desarrollo de su subjetividad no ha madurado lo suficiente como para poder comprender los fundamentos de su autoliberación.

El carácter del sindicato como relación de cambio se comprende muy bien cuando se analiza la relación sindical en el plano individual: un individuo o grupo de individuos adquieren ciertos servicios de mediación en su conflicto con el capital mediante el abono de una cuota periódica (y de otras concesiones en caso de lograrse indeminizaciones, etc., a través de esa mediación sindical). Este es el fundamento específico y efectivo del sindicato como forma de organización, congruentemente con su naturaleza de organización "económica" (en los partidos políticos será, de acuerdo con su respectiva naturaleza específica, la obediencia político-ideológica, siendo la cuota simplemente la base material de su funcionamiento).

  Por mucho que este fundamento específico de los sindicatos esté envuelto por otros factores, su propia degeneración e integración con el capital lo desnuda y lo muestra en su inmediatez.

  Pero esta relación de afiliación, que adopta la forma de un intercambio comercial y que tiene su colorario en la función negociadora del sindicato (9), implica socialmente la reproducción de la subordinación del obrero/a a la estructura económica, en este caso, el sindicato, y, así, a través de él, al capital. Por lo tanto, la relación de subordinación (burocrática) dentro del sindicato no es casual, sino que, por un lado, implica la existencia de la relación del capital en la producción social y, a su vez, por el otro lado, expresa que el fundamento efectivo de la relación del capital existe en el interior mismo del sindicato, que su actividad interna es una actividad alienada, y que la clase obrera es explotada por la burocracia, aunque esto aparezca, por sus formas no monetarias directas, como un proceso que nada tiene que ver con el capitalismo (en realidad, el trabajo militante en los sindicatos, aún no siendo directamente productor de valor, produce, igual que el trabajo comercial en general, el acceso por parte de los sindicatos a cuotas de la plusvalía distribuidas por el Estado o directamente por el mismo capital). De este modo, los sindicatos son la continuación y la reproducción sociales de la alienación obrera.

 

¿Por qué los sindicatos se han integrado en el Estado Capitalista?

Desde luego esta integración no se debe simplemente a la imposibilidad de obtener reformas substanciales, a su declive como instrumentos para la elevación de las condiciones de vida del proletariado. Ese es sólo el detonante y el catalizador objetivo de su proceso degenerativo y de integración.

  No es cierto, además, que "el margen... que permitía al proletariado llevar una lucha... por la obtención de reformas, queda reducido a la nada" a causa de la intensificación de la competitividad capitalista a nivel mundial. Que las reformas sean insubstanciales no significa que no existan. Esta posición es peligrosa, porque implica delimitar una separación absoluta entre reformistas y revolucionari@s, cuando la realidad práctica es que, en la clase obrera actual, y por un periodo de duración indeterminable, esta división entre reformismo y revolución subsistirá en diferentes grados tanto en las luchas como en la conciencia proletarias. No ver esto conlleva la separación de la corriente revolucionaria de las masas, su autoexclusión del movimiento real. La política reformista de los sindicatos y partidos tiene su fundamento objetivo no sólo en la posibilidad formal y en la necesidad de las reformas, sino también en una cierta efectividad transitoria de las mismas, aunque sea cada vez más insignificante en lo que aporta y más evanescente en la durabilidad de sus resultados.

  Por otra parte, resaltáis mucho el enfrentamiento con el Estado capitalista. Pero para que las luchas particulares tengan directamente una repercusión general, y para que las luchas en la esfera económica repercutan directamente sobre la esfera política, no basta con la posibilidad de que todos los poderes del capital actúen "de forma coordinada y centralizada en su contra". Pese al grado de integración Capital-Estado-sindicatos-partidos-ongs-..., o sea, a la forma actual de la dictadura del capital, las luchas obreras particulares (10) solamente pueden tener una repercusión general en tanto cuestionan abiertamente el modelo actual de la acumulación de capital, o lo que es lo mismo, los mecanismos de la degradación del trabajo (y no sólo la degradación en sí misma tal y como se manifiesta en un momento dado). Y solamente exteriorizan la esencia política del conflicto de clases en la medida en que este cuestionamiento se desarrolle en la praxis de lucha, hacia la creación de consejos obreros y la expropiación revolucionaria, destruyendo la autoridad y el poder de la clase capitalista. Es decir, fuera del desarrollo vivo del antagonismo en las luchas concretas no existe ninguna tendencia a la organización como clase y al enfrentamiento político con la dictadura del capital. La ausencia de medida en el análisis de las luchas y sus tendencias puede conducir a la vacilación constante entre posiciones optimistas y posiciones pesimistas, ofensivas y derrotistas.

  En el momento y en la medida en que el Estado interviene abiertamente en la represión de las luchas obreras, mediante el empleo de sus fuerzas de represión y mediante resoluciones y modificaciones de la legalidad (reformas penales como la ley antiterrorista, reformas laborales para precarizar los derechos y garantías contractuales), se desvela la verdadera naturaleza de la "democracia" actual como dictadura intensificada del capital sobre el trabajo. Solamente cuando el antagonismo de clases llega a cierto punto se pone en marcha la coordinación directa de todos los poderes capitalistas para aplastar la rebelión proletaria.

 

Vuestras conclusiones y las nuestras sobre el problema sindical

  En definitiva, vosotros analizáis que los sindicatos no pueden existir como organizaciones obreras en el capitalismo decadente. Nosotros decimos, además, que los sindicatos, y los partidos políticos tal y como se conocen, en su concepto histórico efectivo y etimológico, siempre han sido formas de organización y de actividad alienadas y propias de la sociedad burguesa (11).

  El que hayan sido formas hasta cierto punto válidas y necesarias históricamente para el desarrollo del movimiento del proletariado durante la fase ascendente del capitalismo, no significa que pudiesen ser entonces organismos realmente revolucionarios. La pretensión de sindicatos y partidos políticos obreros de ser organismos revolucionarios ha sido siempre una contradicción irresoluble; solamente con los desarrollos realizados por la izquierda comunista alemana (12) en la década de los 20 y comienzos de los 30, bajo el impulso de la revolución proletaria de 1918-1923 y el peso de su derrota, se comenzó a clarificar práctica y teóricamente este punto: la necesidad objetiva de crear organizaciones revolucionarias permanentes como base para los consejos obreros. Acerca de las dificultades y condiciones necesarias para ello hablaremos un poco más adelante.

  El fondo de nuestra divergencia sobre la comprensión de los sindicatos puede bien situarse en que, lo que para vosotros es el fundamento económico (la posibilidad de la lucha por reformas) y político (la independencia del Estado capitalista) de su carácter obrero, para nosotros es solamente la base de la existencia de los sindicatos y no lo que define su naturaleza. O sea, para nosotros los sindicatos no son solamente fuerzas reaccionarias, sino que son además formas de organización de carácter esencialmente capitalista. Las diferencias proceden de que vosotros analizáis el capital y el trabajo como entidades separadas, y que, por consiguiente, veis los sindicatos más desde la óptica de su validez como instrumentos de la lucha de clases, que como formas de organización en sí mismas alienadas.

 

El fundamento formal y el fundamento real del sindicalismo

  Lo que es el fundamento formal de la representación efectiva de la clase obrera por los sindicatos, que aparece ante l@s obrer@s individuales en su forma inmediata como el auténtico fundamento del sindicato, de su funcionamiento, de su actividad, etc.,  no es el fundamento real del sindicato, sino solamente su fundamento formal, es decir, su estructura organizativa y las funciones concretas que realiza, con sus características particulares en cada caso.

  La estructura de funciones sociales que constituye la forma del sindicato no es lo determinante del contenido o carácter de las relaciones sociales que lo conforman; esta estructura es solamente su condicionante básico, su soporte y forma interna. Las funciones del sindicato se derivan de su esencia, de su principio y finalidad de existencia, aunque no se reducen a ésta (13) ni la misma se expresa siempre de modo pleno a través de sus funciones (sino solamente en el curso del desarrollo orgánico y vital de la organización).

  Su principio y finalidad de existencia, respecto del cual el sindicato como estructura social es el medio determinado, es la regulación económica del capitalismo (o sea, del desarrollo social del trabajo alienado). Esta lógica interna tiene como consecuencia directa el modo de actividad alienado y aburguesado que es, histórica y naturalmente, propio de los sindicatos.

  Lo que define al sindicato es la relación social general entre los obreros y sus representantes, no sus funciones de negociación, propaganda, servicios, etc., ni las características particulares de las mismas en cada sindicato. Es la especificidad o contenido social de estas funciones lo que las define como capitalistas, no la función en sí (cuyo fundamento técnico es más o menos universal: llegar a acuerdos, suministrar información, poner recursos a disposición, etc.).

  El sindicato es la relación social de representación del proletariado con el capital como individuos económicos de la sociedad burguesa. Es la reproducción de la sumisión "libre" del trabajo al capital bajo la forma de subordinación "libre" de los intereses obreros a las decisiones de sus representantes, a partir del orden social establecido por el capital.

  No se trata de que los sindicatos sean formas de organización con una práctica reformista, puesto que, desde ese punto de vista superficial, cualquier lucha obrera actual es siempre reformista en sus reivindicaciones y no se percibe en este sentido ninguna tendencia revolucionaria en la lucha de clases inmediata. No es su sometimiento al capital lo que determina la naturaleza reformista de los sindicatos, sino esta naturaleza reformista lo que determina ese sometimiento. Y, a su vez, esta naturaleza reformista deriva del principio orgánico de su actividad interna: el individuo burgués y su consecuencia, su representación de modo burgués.

  Los sindicatos son las formas de organización capitalista de la fuerza de trabajo para la regulación y estabilización del antagonismo entre las clases, nunca han sido otra cosa ni pueden ir, en cuanto tales, más allá del capitalismo. Son organizaciones de masas fundamentadas en la coaligación de los intereses individuales de sus miembros en el marco de su relación mercantil con el capital, la relación de compra-venta de la fuerza de trabajo (14).

  En contraposición al sindicalismo, la unión obrera revolucionaria no parte del intercambio mercantil, sino de la cooperación autónoma; no tiene como objeto la regulación del trabajo alienado, sino su combate; no reproduce la alienación, sino que se organiza y dispone de acuerdo con su combate y superación revolucionarios (15). No asume el carácter burgués de las funciones sindicales, y establece como su fundamento el establecimiento y desarrollo de la comunidad consciente del proletariado.

  La permanecia de todas las formas de unión obrera revolucionaria depende del curso del desarrollo del capitalismo; de esto no está excluida ninguna corriente o grupo revolucionario, por mucho que desarrolle elementos orgánicos que favorezcan su autoconsistencia (la experiencia acumulada y la capacidad teórica, con su método, su programa y sus tradiciones). Si bien formas como las asambleas de huelga tienden a disolverse al acabar la lucha, y los nucleos militantes autónomos, que pueden formarse partiendo de la experiencia de las luchas inmediatas, tienden igualmente a disolverse o a desviarse hacia el sindicalismo, lo mismo ocurre con las formas más avanzadas. La única diferencia es que el factor de la masividad hace primar la tendencia disolvente y recuperadora, mientras que el factor de la restrictividad hace primar la tendencia sectarizadora y fosilizadora. En la práctica, ambas tendencias significan el fin de la unión revolucionaria como tal. Esto explica por qué los agrupamientos de vanguardia pueden resistir mejor el reflujo de la lucha de clases, a pesar de resultar mermados, pero también significa que la concepción de que no es posible el agrupamiento permanente a niveles más amplios es profundamente erronea y nociva. La permanencia de la decadencia del capitalismo, así como su curso y medida, determinan objetivamente la posibilidad y la necesidad de la permanencia de las formas de organización revolucionarias.

 

La superación del sindicalismo y la decadencia del capitalismo

  El análisis de la fundamentación formal del sindicato, la cual incluye las bases económicas y políticas de su existencia como estructura de representación obrera, no permite comprender lo que son realmente el sindicato y su actividad: una modalidad concreta de las relaciones entre trabajo asalariado y capital. Es decir, lleva a perder de vista la analogía social entre la relación sindical y la relación del capital. Así, la ineficacia económica de los sindicatos como instrumentos progresivos de la lucha obrera y su integración en el Estado capitalista, no ha conducido a su supresión como formas de organización dominantes dentro del proletariado, sino como mucho a una importante descomposición de sus apoyos. La superación del sindicalismo requiere mucho más que eso, y sólo puede desarrollarse en la lucha contra las formas de actividad alienadas y por rebasar, consiguientemente, el estado mismo de alienación que es inherente a la condición de clase dominada bajo el capitalismo.

  La decadencia del capitalismo "pone violentamente al proletariado frente a la alternativa: GUERRA O REVOLUCION, COMUNISMO O BARBARIE. O el proletariado se compromete en un combate revolucionario de masas abandonando los viejos métodos de lucha parlamentaria y sindical, o se somete a la barbarie capitalista”. Pero la decadencia del capitalismo es un proceso objetivo que ha de mensurarse; no vale de nada calificar la dinámica de la lucha de clases de revolucionaria de una vez por todas, hay que abordar los grados y formas en que este declive del modo de producción capitalista se manifiesta, abordar a la luz de ello las mediaciones necesarias por las que tiene aún que pasar el movimiento real del proletariado, en que medida puede oponerse a las fuerzas capitalistas, etc..

  Es en este terreno donde se sitúan nuestras diferencias prácticas sobre la construcción de la unidad proletaria, el desarrollo de nuevas formas de organización de transición a la revolución proletaria y la comprensión del materialismo dialéctico y de la praxis de los grupos revolucionarios.

 

  Para terminar, reproducimos aquí una cita completa que figura parcialmente en vuestro folleto "Los sindicatos contra la clase obrera":

 

"Camaradas, ya se dijo ayer que la opresión de la clase obrera es realizada gracias a la espada y al revolver, y gracias a la mentira, esto es, por un lado el ejército, por otro la burocracia sindical. Vimos igualmente --y en cuanto a esto no puede haber divergeencia de opiniones-- que no se puede animar al ejército permanente de un espíritu comunista. Así como no se puede hacer del ejército permanente un arma de la revolución, no se puede hacer de los órganos de la mentira --los sindicatos-- un instrumento de la revolución. Vemos las cosas desarrollarse de este modo en todas partes; por todas partes la marcha prosigue de este modo, y por eso la consigna de los comunistas no debe ser: conquista de los sindicatos, sino: destrucción de los sindicatos y, al mismo tiempo, construcción de nuevas organizaciones." (Meyer, alias "Bergmann", Discusión del relatorio de Zinoviev sobre la cuestión sindical, II Congreso de la III Internacional).

 

 

 

 

NOTAS:

 

 

(1) Esto sólo ocurre en los sectores aristocráticos de modo excepcional, en situaciones de crisis sectoriales o similares, en las que su propia posición superior respecto del antagonismo general entre capital y trabajo se ve rebajada drásticamente, y esta degradación relativa los compele a la lucha de modo violento y muchas veces explosivo. Es el caso, por ejemplo, de las violentas luchas obreras en las empresas estatales navales y mineras azotadas por el proceso de reconversiones durante las décadas de los 80 y 90 en el Estado español. En el naval la reestructuración actuó sobre el antagonismo de clases compensando la degradación relativa en la empresa pública causada por la crisis capitalista con una degradación aún mayor del trabajo en la industria privada auxiliar, por medio del sistema de subcontratación. Así, estos fenómenos de radicalización de la aristocracia obrera son sólo transitorios, y se producen cuando la tendencia a la crisis ahoga el desarrollo del capital y la situación general amenaza la posición particular de este sector del trabajo. No tienen su causa en la organización consciente de la acumulación de capital, sino en su desorganización involuntaria. Por ello, se da la contradicción entre la violencia que se despliega en muchas de estas luchas y sus medios y fines estrictamente reformistas, de modo que pueden parecer en antagonismo abierto con los sindicatos, pero solamente lo están de un modo superficial (oposición a las traiciones de determinados sindicatos, a determinado gobierno, etc.).

 

(2) Por eso, la representación formal del proletariado precario en la lucha de clases, es decir, la defensa formal en general de sus objetivos propios, y la canalización de éstos por la via de los mecanismos oficiales de negociación con los capitalistas, tiene que volverse cada vez más imposible por la dinámica decadente del capital. Esto también establece limites objetivamente infranqueables al desarrollo de la conciencia de clase en un sentido reformista, imponiendo la adecuación espontanea de la misma a las condiciones objetivas que la impulsan por fuerza en un sentido revolucionario.

 

(3) Pese a que las simplificaciones teóricas parezcan reales a la luz de las tendencias generales del desarrollo material de la sociedad, especialmente según las dinámicas económicas del capital, al final la complejidad de la realidad práctica se impone, en el día a día, sobre los limites y las falsedades de las teorizaciones unilaterales. Aunque se tenga la razón en lo fundamental, sin la visión concreta del conjunto, en su heterogeneidad y su complejidad tanto como de su uniformidad, no se puede llegar a una praxis correcta en cada situación particular ni a un análisis correcto de la misma.

  Puesto que, además, toda teoría está siempre limitada por el desarrollo de la capacidad subjetiva y por la experiencia histórica, es necesario asumir como axioma que la realidad práctica siempre sobrepasa la teoría. A esto nos tenemos que enfrentar seriamente todos los grupos revolucionarios, so pena de perecer en el grupusculismo.

 

* Está claro que la verificación de la vinculación entre precarización y radicalización en la lucha de clases a nivel internacional es compleja. Por ejemplo, en Argentina esta radicalización se ha expresado mediante movimientos asamblearios y piqueteros, pero en un contexto de debilidad del proletariado por el agravamiento de la crisis capitalista, y en un país capitalista atrasado con un movimiento obrero menos maduro, lo que se traslada a la dificultad del proletariado radical para ir más allá de las formas organizativas tradicionales y de las formas de autonomia espontáneas e inmediatas, como son las asambleas de fábrica o barrio, etc. Por lo mismo, este movimiento no es capaz de ir más allá de la ideologia reformista "combativa" o de una ideologia pseudorevolucionaria, como en los casos de la Corriente Clasista Combativa y del Polo Obrero, encauzandose así las luchas hacia su recuperación.

  En otros casos, por ejemplo, en países europeos en los que la precarización es menor (al menos en el plano de la temporalidad del empleo), este análisis es más dificil y el movimiento obrero oficial tiene resortes más sólidos.

 

(4) Ver el punto 2 de este artículo, en el que se desarrolla más el tema.

 

(5) Esto puede verse principalmente en la competencia de los sindicatos "de izquierda" con los sindicatos "mayoritarios", cuyo resultado más relevante no es la división (sindical) de l@s trabajadores/as, sino más bien el mantenimiento último de los cauces reformistas por encima de la voluntad de lucha de la clase. La importancia de la división sindical reside, en primer lugar, en que viene a destruir las expresiones de autonomia de l@s obrer@s en lucha, de tal modo que sus efectos nocivos se deben a su carácter sindical y no a la división en si misma, que puede ser un momento necesario del desarrollo de la clase como sujeto revolucionario en tanto implica habitualmente una oposición entre fracciones obreras más avanzadas y fracciones más reformistas.

 

(6) Pues el Estado "democrático" no es una forma de organización capitalista obrera, sino la organización política del capital. Su soporte social no es el voto obrero, sino el sistema de reproducción ampliada de la alienación obrera: los medios de masas, la educación, el carácter fetichista y espectacular del modo de vida mercantilizado, la extensión ciega del consumo de drogas legales e ilegales, etc. O sea, la ideología y la alienación, Por esta razón, el Estado "democrático" puede mantener-se a pesar del hecho de que su "democracia" consista, desde hace mucho, en la adopción continua de medidas políticas directamente procapitalistas y antiproletarias. La democracia burguesa en su máxima expresión, como unidad de la forma burguesa con su contenido natural correspondiente.

 

(7) Quede claro que nuestra posición no es "apoliticista". Por un lado, como ya hemos dejado constar en la parte anterior de nuestra contestación, nosotros defendemos la necesidad de que el proletariado, como conjunto, actue como partido político contra el capital y ante los demás estratos sociales. Pero, por otro, entendemos que la forma partido, igual que la forma sindicato, no es recuperable en sentido revolucionario, y que la vanguardia revolucionaria no debe actuar como partido político en relación con el conjunto de la clase, esto es, como una organización separada cuyo objetivo es que la clase asuma sus orientaciones (siempre en el supuesto de que, aunque puedan ser erroneas, serán superiores a las de las masas, y lo mismo a respecto de los dirigentes).

  Pensamos que todas las formas de agrupamiento revolucionario del proletariado deben comprender al mismo tiempo la lucha y los objetivos económicos y políticos, así como los culturales y el desarrollo de la conciencia de clase. El segmento más avanzado, con una conciencia concreta del desarrollo revolucionario de la lucha de clases y de la revolución comunista, tiene que asumir la función de ayudar al resto de la clase a elevarse a este nivel (así como de elevar su propio nivel), no sólo por medio de la actividad teórica, sino también mediante la organización y la práctica de lucha --donde la propia vanguardia se verifica como tal y se ponen a prueba su programa y su capacidad teórica--.

  Esto implica una concepción del papel de la vanguardia diferente al de actuar como "dirección política" del proletariado. La elevación revolucionaria del proletariado solamente puede ser el resultado de la propia maduración de l@s proletári@s concretos a partir de su experiencia, y, en este sentido, la labor de la vanguardia es favorecer la clarificación y profundización en la propia experiencia, la aceleración de esta maduración, proporcionando los elementos teóricos y el impulso práctico (en la discusión y en la lucha) necesarios para la misma. Portanto, la función de la vanguardia no es esencialmente la dirección política de las masas proletarias (ni siquiera ejercida en base a la --supuesta-- superioridad teorica), sino el armamento teórico del proletariado como clase dominante.

  Por eso, para nosotros el título de partido político tiende a implicar una concepción jerárquica del desarrollo de la conciencia y de la lucha de la clase, de la relación vanguardia-masas, por mucho que pretenda no asumir organizativamente, ni en su relación con las masas, rasgos autoritarios.

  De la premisa, correcta en principio, de que la mayor parte de la clase no puede desarrollar su conciencia revolucionaria a nivel intelectual dentro del capitalismo, no se deduce que la vanguardia deba dirigir la actividad de las masas, sino solamente que tiene que compensar esa debilidad mediante su organización específica y su actividad teórica y práctica.

  Que a veces la vanguardia tenga que asumir el papel de dirección política, o defender sus posiciones como un partido político frente a las corrientes reformistas, no es un argumento científico a favor de la forma partido (además, en cualquier caso, la vanguardia no debe actuar como una parte separada, sino fundamentalmente como el segmento más avanzado del todo). Toda la labor de la vanguardia comunista está dirigida a que l@s proletari@s en su conjunto sean capaces de pensar por si mismos y de elevar así su conciencia y su compromiso de clase en un sentido revolucionario. Todo el programa y el método teórico revolucionarios tienen este objetivo y están sujetos a crítica en tanto no sirvan a este proceso, así como a la actualización y a la ampliación a la luz del mismo. Pese a que la actividad de vanguardia no pueda salvar por sí misma las contradicciones en que se desarrolla el propio movimiento proletario, entre la necesidad revolucionaria y la conciencia alienada, no se puede, como se suele decir, convertir los defectos en virtudes y elevarlos a premisas del desarrollo y organización del movimiento revolucionario, sino que de lo que hay que hacer es mantener la firmeza en los principios y combatir por todos los frentes las fuerzas que atan al proletariado a la sociedad burguesa.

 

(8) La relación sindical reproduce la relación del capital en la esfera de la circulación de la fuerza de trabajo. Por tanto, adopta una forma esencialmente improductiva, la misma que el trabajo comercial en general (consistente en realizar la transformación de las mercancías en dinero y del dinero en mercancías). No obstante, por su carácter capitalista, el trabajo sindical, igual que el comercial, permite el acceso de sus empleadores --en este caso la burocracia-- a cuotas del plusvalor global producido en la industria.

 

** Esto reproduce las mismas características de la relación de producción capitalista, que primero se presenta como un intercambio de equivalentes entre el poseedor del dinero y el poseedor de la fuerza de trabajo, y que luego actua en el proceso real de producción (de capital) como relación de intercambio sin equivalente. Ver el análisis del conjunto del proceso de la relación capitalista realizado por Marx a lo largo del capítulo del capital en los Grundrisse.

 

(9) La negociación, como bien dice su concepto, es una relación comercial.

 

(10)  No en el caso de las grandes luchas de masas, en las que la cantidad (económica) se transforma en calidad (política).

 

(11) Por lo menos vosotros no resaltais este aspecto.

 

(12) Pimero, por la Unión Obrera General de Alemania (AAUD) y el Partido Comunista Obrero Alemán (KAPD), y luego por su escisión de izquierda, la Unión Obrera General - Organización Unitaria (AAUD-E). Posteriormente, con la formación de la Unión Obrera Comunista de Alemania (KAUD), se profundizó en ciertos aspectos, pero se quedaron otros sin aclarar.

 

(13) Su estructura se deriva de su esencia, del fundamento de su dinámica, aunque sin que la forma se pueda reducir por completo a la esencia y, de hecho, es cambiante: sindicalismo "combativo", sindicalismo "de servicios", más o menos burocratizado, etc..

 

(14) Sobre esta misma base se constituyen los partidos políticos obreros, como representación alienada de los intereses generales de la fuerza de trabajo en la esfera política, a diferencia de los sindicatos cuya función cotidiana se centra en los intereses particulares en la esfera económica. A su vez, esta división entre organización económica y política es el reflejo de un amoldamiento a la división entre sociedad civil y Estado, así como a su reflejo ideológico universal en la división entre el plano particular y el plano general de la dirección o gestión de la sociedad.

 

(15) Para nosotros estas características son las que definen también la forma general de la organización revolucionaria.

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