Apéndice:
Cometarios sobre el artículo "Puertollano: Fijos, subcontratados, eventuales. ¡Todos tenemos un mismo interés de clase!"
1. VUESTRO ANÁLISIS DE LA LUCHA.
Como indicamos en nuestro análisis de vuestras posiciones, pareceis entender que "lo que caracteriza a los obreros, lo que les hace pertenecer a una misma clase social –y por tanto tener los mismos intereses- es ser el sujeto de la explotación capitalista". Es más, parece que en ello veis la raiz de una identidad de intereses, lo cual es correcto en el análisis abstracto, pero en la realidad, en la lucha de clases real, sólo opera como una tendencia. (Ver el punto 2 de la segunda parte de este trabajo, así como las notas (**) y (2)).
A partir de este punto de vista, considerais las "las diferencias, reales, que existen dentro de las condiciones de explotación entre diferentes sectores de producción, entre diferentes formas contractuales de relación laboral (plantilla, contrata, fijos, eventuales, fijos discontinuos, trabajadores por horas, etc.)" como diferencias formales y externas a la conciencia de clase. O sea, como diferencias aparentes que no influyen por sí mismas en la lucha real.
Para reforzar vuestra tesis aludís a varias justificaciones, que desglosamos así: 1ª) que las diferencias no son nuevas, sino muy viejas, y que en el pasado no resultaron en un impedimento a la unidad de clase; 2ª) que las diferencias son solamente coyunturales, o sea, no intrínsecamente ligadas al modo de producción; 3ª) que la naturaleza de la explotación, en la medida que no cambia en su fundamento, solamente puede experimentar variaciones que no tienen más valor que la apariencia, esto es, que no afectan a la forma del trabajo y, por consiguiente, a la forma activa en que se desarrolla del proceso de lucha y de conciencia de los distintos sectores del trabajo; 4º) la tendencia general del capitalismo no es el privilegio de una capa de trabajadores frente a otros, sino la igualación a la baja del conjunto, principalmente a través de la presión del ejército de reserva de la fuerza de trabajo.
Algunas ya las hemos contestado y otras no, pero lo haremos ahora.
En primer lugar, las diferenciaciones del trabajo tienen que analizarse a la luz de la organización del proceso de producción y acumulación capitalista, no son independientes del mismo.
En segundo lugar, dado que la división entre trabajo garantizado y trabajo precarizado está claramente ligada a este proceso, y que se convierte en una condición básica del mismo; y, es más, en una condición que no sólo tiene que mantenerse, sino que tiende necesariamente a profundizarse con la decadencia del capitalismo; por lo tanto, no se trata de ningún modo de una diferenciación coyuntural.
Tercero. La apariencia es la forma en su aspecto exterior y variable, no la forma en tanto estructuración concreta de la esencia. Las formas jurídicas son formas aparentes, y sus cambios no alteran por sí mismos la estructura del proceso de producción del capital. Pero las formas económicas prácticas, tanto técnicas como organizativas de la producción, si lo hacen. La naturaleza (de la contradicción) no es algo uniforme, sino múltiple, y tanto su uniformidad interna como su multiplicidad externa son aspectos reales y determinantes, aunque su determinación tenga distinta importancia, distinta influencia, sobre el desarrollo.
Cuarto. En el capitalismo, históricamente, el privilegio de unos sectores del trabajo frente a otros ha servido como instrumento para la igualación general a la baja, y, a su vez, esta igualación estimula de nuevo, a través de las luchas de clases, la necesidad del capital de introducir o perpetuar los privilegios o diferenciaciones positivas para ciertas capas del trabajo, en detrimento de la progresión ascendente de la explotación sobre las demás. Son las dos caras de la misma moneda.
Para vosotros esas diferencias no son la razón real, sino la razón aparente, "que explica que, en Puertollano, sean los trabajadores de las contratas los que quieran seguir la lucha y los de REPSOL los que vuelven al trabajo". Según vosotros, esta conducta "obedece no a la realidad de lo que diferencia las condiciones de trabajo de unos y otros, sino a la debilidad que aun pesa sobre la clase obrera a un nivel más general". De este modo, con el recurso a la "apariencia", los motivos concretos son sustituidos por motivos abstractos (lógica que se ve aún más marcada en vuestras valoraciones siguientes), las causas objetivas por las subjetivas. La justificación de las conductas abiertamente reformistas y corporativas con el recurso de la "debilidad" no es más que una mistificación superficial que no explica nada, y que en la práctica impide llevar la crítica del sindicalismo al plano de la crítica de la conciencia alienada. Esto es adoptar una postura espontaneista ante las luchas, en el mal sentido de la palabra y, en consecuencia, implicitamente, caer en un cierto "dirigismo teórico" de la clase obrera, en lugar de una función de vanguardia que lleve la teoria general hasta planteos prácticos concretos.
Así, para vosotros la debilidad "se concreta en una fuerte heterogeneidad de la combatividad dentro de las filas obreras". La "heterogeneidad" de la combatibidad es para vosotros un problema de conciencia, lo cual es una verdad a medias, porque la conciencia es a su vez un problema de interacción con las condiciones objetivas de la vida. Además, igual que en el caso de la división en las condiciones de trabajo, la "heterogeneidad" no es más que una calificación aséptica, un reconocimiento unilateral y abstracto de los efectos de la división del trabajo y del contenido de la división de las luchas. Prescindís de las diferencias de contenido en las luchas, reduciendo-lo a la "combatibidad", a términos cuantitativos, lo mismo que lo haceis con las diferenciaciones laborales.
Todos vuestros esfuerzos van orientados a destacar la unidad por encima de las diferencias, con lo cual, como es lógico, el resultado de vuestras premisas tiene que ser la primacia de la identidad inmediata de los intereses obreros, cuando, en la práctica, esto no es así. No existen dos luchas porque unos obreros sean más conscientes que otros de la necesidad de luchar contra el capital, sino que existen dos tipos de lucha con contenidos diferentes en cuanto a métodos, organización y objetivos porque los respectivos intereses inmediatos y dinámica de enfrentamiento de clases no son coincidentes. Unas luchas son más radicales y combativas porque ello se corresponde con las necesidades objetivas que determinan la consecución de sus objetivos inmediatos, y viceversa. El carácter general de una tendencia sólo puede ser tal en la medida que no depende objetivamente de la conciencia de los sujetos, sino que son ellos los determinados.
También quereis en este artículo presentar la situación de los trabajadores fijos como igual de precaria que la de los eventuales. Esto es en sí mismo una contradicción en términos, y por el modo en que se incide en ello en el artículo refleja cierto tono "justificativo" de la "baja" calidad combativa de los trabajadores fijos frente a la intensidad de las luchas de los precarios. Como ya hemos dicho, el trabajo precario tiene todas las contrapartidas del trabajo garantizado, además de las suyas propias, y agravadas por la combinación con estas últimas. Llega ya a cierto descaro para quienes sufrimos continuamente el paro el que se afirme que "esta parte de la clase obrera está sometida a un chantaje permanente e igualmente pernicioso" y que las indemnizaciones por despido o la opción de la prejubilación no constituyen diferencias importantes en la vida.
Cuando hablais del papel de los sindicatos pasais por alto, como quien no quiere la cosa, el hecho de que no sólo la alta burocracia, sino también las secciones sindicales (lo cual implica un cierto apoyo de base por activa o por pasiva) asumiesen la misión de defender "su" empresa.
Luego decís que si bien "para el capitalismo la concurrencia... es su forma natural de relación... en cambio para el proletariado... la concurrencia y la división le es ajena, le viene impuesta desde fuera por las leyes capitalistas". Aquí podemos ver de nuevo vuestra concepción equivocada del desarrollo del proletariado, y exponeis su base en la incomprensión del modo de producción capitalista.
La fuerza de trabajo funciona, en la vida económica, como mercancía, y como trabajo vivo forma parte del capital. La competencia entre l@s obrer@s es externa al valor de uso concreto de su fuerza de trabajo, y por consiguiente, a su enfrentamiento al capital como valor de cambio (ver el análisis realizado en la 2ª parte de nuestra contestación). Pero no es externa a la relación de intercambio de la fuerza de trabajo por capital que envuelve la relación laboral, y que consiste no solamente en la compra-venta jurídica (el contrato laboral), sino también en el trabajo vivo mismo. Como este trabajo vivo mismo se transforma en capital en funciones, se aliena de su condición de autoactividad de la propia fuerza de trabajo (de sus necesidades y capacidades), es sometido a una abstracción real de sus cualidades humanas, el intercambio material de trabajo vivo por trabajo objetivado (condiciones de trabajo) es también un intercambio alienado y continúa sujeto objetivamente a la concurrencia con los otros obreros dentro del proceso mismo de trabajo. De ahí precisamente que la resistencia a la explotación, nacida del compañerismo en el trabajo, constituya no un elemento natural del trabajo asalariado, sino el comienzo de su crítica-práctica.
Lo característico de la alienación capitalista es que no es solamente una alienación subjetiva, sino que es un proceso objetivo, el producto de la relación del capital; que no es otra cosa objetiva y esencialmente que una autoalienación del trabajo = autovalorización del capital, o sea, el resultado del trabajo asalariado. Al no reconocer la unidad del proletariado en la producción como una unidad alienada, negais el alcance de la concurrencia, que no es más que el resultado natural de la relación del capital, "ya sea entre capitalistas, entre empresas, entre Estados...". La competencia es la relación del capital en su exterioridad, pero no por ello es exterior al trabajo en cuanto a la forma del capital, esto es, dentro de su función productiva como trabajo asalariado, dentro de su subordinación a la producción de plusvalor.
El proletariado no se hace revolucionario porque produzca mucho plusvalor, sino porque la tendencia evolutiva del capitalismo hace que no pueda producir suficiente plusvalor para valorizar el capital acumulado. La contradicción interna del modo de producción, entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la estrechez de la relación de producción (el plusvalor) --así como de su forma social general (el valor, la mercancía)--, se expresa a través de su principal fuerza productiva, la fuerza de trabajo humana. Igual que las fuerzas productivas materiales se rebelan en las explosiones de crisis, también la fuerza de trabajo humana se rebela contra la relación de producción capitalista a través de la lucha de clases.
En definitiva, la concurrencia y la división no son ajenas al proletariado, sino que tiene que superarlas por medio de la lucha misma. El proletariado no está "fuera" de las leyes del autodesarrollo del capital, sino que forma parte, en tanto su ser es un componente de la relación del capital, de la actividad de esas mismas leyes, aunque por su esencia como valor de uso (correspondiente al al valor materializado por su trabajo vivo) en oposición a su propio valor de cambio (valor de la reproducción de su fuerza de trabajo) su explotación tenga que incrementarse progresivamente a medida que se desarrolla el propio capital.
2. VUESTRA VALORACIÓN DE LOS RESULTADOS DE LA LUCHA.
Vuestra valoración de la lucha viene a ser la que sigue:
1) "La división entre los trabajadores, las debilidades que arrastran y el fuego cruzado al que les someten los sindicatos... hacen que... vuelvan al tajo sin haber conseguido sus reivindicaciones."
2) Lo anterior se explica por la idea de que: "Poner por delante esas diferencias constituye un suicidio para la clase obrera, pues en el plano político fomenta la división entre los trabajadores, y en el plano reivindicativo hace imposible crear la fuerza capaz de imponer a los patronos las reivindicaciones."
3) "...La lucha de los obreros de las contratas, reducida al aislamiento, separada del resto de sus compañeros, ha sido derrotada."
4) "Pero esta derrota no está exenta de enseñanzas: ella muestra que en sectores –todavía minoritarios- de la clase empiezan a aparecer ciertos signos de malestar hacia los sindicatos, de cuestionamiento de su papel... Pero ... por una parte, esta toma de conciencia tiene que extender a capas más amplias de trabajadores"
5) "por otro lado, en el fragor de las luchas hay que ir pasando del mosqueo frente a ciertas acciones de los sindicatos al cuestionamiento abierto de su papel antiobrero, del mero desoír los llamamientos a la vuelta al trabajo a llevar las luchas fuera y contra el control de los sindicatos."
6) "La respuesta de los trabajadores... es un episodio dentro del proceso de desarrollo difícil, contradictorio y heterogéneo de la combatividad del conjunto de la clase obrera."
7) "Es un incidente que pone de manifiesto de un lado el aumento de la tensión y el descontento..., pero ... por las condiciones actuales de heterogeneidad en el desarrollo de la combatividad dentro de la clase obrera, el peso de la desconfianza en sus propias fuerzas, la dificultad para verse como parte de una sola y misma clase, que padece una misma explotación por parte del capitalismo, por encima de las divisiones (fijos/eventuales, plantilla/contratas, etc) a las que éste le somete, y por la acción enérgica y coordinada de las distintas fuerzas de la clase enemiga (especialmente los sindicatos), está condenado –en el terreno inmediato- a la derrota."
8) "Al mismo tiempo es la escuela inevitable por la que tiene que pasar la actual generación de proletarios para retomar las lecciones de dos siglos de luchas obreras, para recuperar su confianza en la perspectiva histórica de la que es portadora –la de la revolución proletaria que abra las puertas al comunismo- y el camino que a ella puede conducirle."
A la luz de estas conclusiones, algunas de las cuales compartimos parcialmente, nos parece que es cuestionable lo siguiente:
1º) Que la división entre los trabajadores y sus debilidades en general no son lo determinante. Lo determinante es el desarrollo efectivo de la capacidad de lucha y, desde nuestro punto de vista (como pudo verse en la mayor contundencia de los métodos empleados en la huelga indefinida posterior, especialmente durante el desalojo), esta capacidad de lucha no se ha desplegado suficientemente. Es la falta de radicalidad la fuente de la debilidad, no la debilidad la causa de la falta de radicalidad.
2º) Que es un error poner el acento en la cantidad de la unidad, que es lo que priorizais cuando llamais a la unidad con los fijos, en lugar de en la calidad de la unidad ya desarrollada, en los defectos de esa unidad, antes de pensar en otra más amplia. El verdadero suicidio de la clase obrera es confiar en las unidades y divisiones producto del capitalismo, y no crear su propia unidad y su propia independencia como clase.
3º) Así, veis la causa de la derrota en el aislamiento, y, en consecuencia, reclamais la participación del proletariado garantizado como determinante. Esto os impide ver las enseñanzas claves de la lucha, preeminentemente prácticas, y os impulsa a focalizar todo el problema en la desunión y la manipulación sindical.
4º) El problema de la superación del sindicalismo lo situais en la extensión del enfrentamiento con los sindicatos, no en el terreno de la praxis concreta en la lucha, más allá de incidir en que no se sigan las consignas sindicales y no se acepte la dirección sindical. Esto no aporta en si mismo elementos positivos para el avance concreto de las luchas. Es necesario fortalecer la organización autónoma, desarrollar métodos de lucha más contundentes, abordar cuestiones como la táctica del trato con la patronal, los problemas legales, etc. Para esto no bastan declaraciones abstractas.
5º) Las causas de la heterogeneidad en la combatividad las veis en la falta de confianza y las divisiones inmediatas, pero en tanto inferferencias subjetivas que nublan el reconocimiento de "una misma explotación". Para nosotros la falta de confianza en las propias fuerzas es, más bien, el resultado de la heterogeneidad prévia y de su incidencia en la división de las luchas: pero estos factores tampoco son lo determinante; mas bién, la falta de confianza es el resultado de las carencias en el desarrollo de la propia capacidad objetiva de lucha de l@s obrer@s en huelga, lo cual es un concepto mucho más amplio y que contiene factores cuantitativos tanto como factores cualitativos.
6º) No compartimos de ningún modo que sean la falta de confianza y la división las causas de la derrota. Como venimos explicando, nosotros vemos las causas de la derrota en la falta de desarrollo de la capacidad objetiva de lucha.
Con ese mismo razonamiento se puede pretender explicar las derrotas de los trabajadores garantizados no por su integración en los sindicatos, sino por el aislamiento de las luchas. Pero en este último caso también puede comprobarse que, más bien, el aislamiento es el resultado necesario del sindicalismo, pero no al contrario, a no ser que se trate de una separación buscada, de un corporativismo.
7º) En vuestro artículo se vuelve a la noción decimonónica y equívoca de la lucha de clases como "escuela inevitable", en lugar de destacar las contradicciones y tendencias dialécticamente dentro de estas luchas. Eso es lo que tratamos de hacer nosotros en nuestro artículo sobre las luchas del naval, aunque, evidentemente, restringido por la brevedad y por tratarse de varias luchas a lo largo de los últimos años. La lucha no es ninguna escuela: o bien nos esforzamos en sacar por nuestra cuenta las lecciones de la lucha, pensando por nosotr@s mism@s, o nadie lo hará por nosotr@s. Por tanto, depende más del desarrollo de nuestra capacidad de comprensión que de las innovaciones o repeticiones, victorias o derrotas, que se produzcan objetivamente en el contexto de la lucha.
8º) El proletariado no se define por sostener o confiar en ninguna perspectiva histórica revolucionaria, sino por tender a un movimiento real que anula y supera el estado actual de la producción y reproducción de la vida social. Es la vida la que determina la conciencia y no la conciencia la que determina la vida (Marx y Engels).
2.11.2003