3ª
Parte: Cuestiones del método de análisis de las luchas. Síntesis.
1.
LOS CRITERIOS ERRONEOS LLEVAN A VALORACIONES ERRONEAS DE LAS LUCHAS.
Los apelos
idealistas a la unidad de clase, que se basan en la experiencia del pasado y no
en la realidad activa del presente, sustituyen los problemas del "día a
día" por una autovalorización ideológica de la clase, por una
autoconciencia mistificada y abstracta que se separa de la práctica.
Esta es la
causa del desligamiento de los grupos revolucionarios respecto de las
condiciones de las luchas reales y su dinámica. Porque la ligación con las
luchas no depende de una comprensión correcta de las tendencias que impulsan
hacia la revolución, sino de la capacidad de desarrollar una comprensión
concreta de su desarrollo en el marco de la complejidad de los procesos
empíricos, de las luchas tal y como se nos presentan en cada momento.
La
carencia de esta comprensión concreta, a su vez, puede llevar a cuestionar las
luchas o la capacidad revolucionaria de la clase obrera confundiendo la forma
reformista con su contenido progresivo, o, viceversa, a confundir la forma
progresiva con su contenido puramente reformista y oportunista, reaccionario en
un marco de degradación general y permanente del trabajo. Así, por ejemplo,
nosotros vimos en la última huelga general un contenido progresivo en cuanto
sirvió, dentro de limites estrechos, para sacudir la absoluta pasividad de
muchos sectores obreros (esto no significa que no fuese una huelga dominada por
el oportunismo sindical), contenido parcial que no fue el resultado de la labor
de convocatoria de los sindicatos sino que fue una demostración espontanea de
fuerza contra la precarización, de la necesidad y posibilidad de rebelarnos
contra el estado actual. Del mismo modo, siguiendo este mismo ejemplo, la
unidad lograda en esa huelga fue una unidad alienada, que no contribuye para
nada en la práctica a la unidad real, que tiene que construirse desde las
luchas particulares, no desde las convocatorias y manejos de los sindicatos.
Este tipo
de errores, en su vertiente izquierdista, viene a resultar en la
sobrevaloración de ciertas luchas y experiencias y en el rechazo absoluto de
otras, así como en su vertiente tradicionalista se traduce en la subestimación
de sectores proletarios por el carácter limitado de sus luchas o por el hecho
de que todavía no las hayan iniciado, sobrevalorando en cambio a los sectores
aristocráticos.
Además,
los apelos idealistas a la solidaridad, la unidad, la lucha en nombre de
valores eternos (la igualdad, la justicia, etc.), son precisamente lo que
caracteriza al reformismo izquierdista, al "sindicalismo combativo",
a los "partidos revolucionarios" de siempre, no a las corrientes
revolucionarias. Nosotros no apelamos siquiera al comunismo, porque el
comunismo no es un estado ideal o un programa, ni un modelo al que amoldar la
sociedad existente, es el movimiento real que anula y supera el estado presente
-el capitalismo-. A lo que nosotros apeelamos no es a ideas o valores
abstractos, sino a la praxis revolucionaria concreta.
2.
CUALES SON LAS ARMAS DEL PROLETARIADO.
¿La
unidad y la conciencia son las armas fundamentales del proletariado? Esta
pregunta que nos hacéis es un tanto confusa. ¿La unidad puede ser un arma?
¿Puede ser un arma la conciencia? Si hablamos de armas estamos hablando de instrumentos
materiales, de fuerzas eficientes para transformar las condiciones
de vida y las relaciones sociales, sea en la producción o sea en otros ámbitos
de la vida social.
Para
nosotros no hay nada "evidente por si mismo" en una sociedad
presidida por el signo de la contradictoriedad y de la alienación. Lo
"evidente por si mismo" sólo puede ser dos cosas: o lo que ya ha
sido explicado y no se considera necesario volver a explicar, o bien algo para
lo que no se tiene una explicación clara.
Nosotros
entendemos que la unidad se transforma en fuerza cuando se traduce en una cooperación
obrera antagonista al capital, o más exactamente, en una autoactividad
de los obreros combinados gracias a su propia iniciativa y necesidad. Esta
es la existencia efectiva, material, de la unidad obrera; sin ella simplemente
no existe en realidad. La única unidad preexistente a la lucha es la unidad
alienada en el proceso de producción (puesto no solamente hay una alienación
del trabajo individual, sino por las mismas causas una alienación de la
cooperación laboral entre los distintos obreros).
Por otra
parte, la conciencia tampoco es en si misma una fuerza social. Solamente
se transforma en una fuerza social cuando se convierte en un poder material,
cuando revierte en la organización y la actividad proletaria. Una
conciencia que no forma parte realmente de la acción no es un arma.
A lo que
vamos: nos parece que tendéis a abstraeros de los problemas de las luchas
concretas, que para nosotros son, sin embargo, el punto de partida (y de
vuelta) permanente. Es evidente que todas las concepciones revolucionarias son
el resultado de una abstracción de la realidad concreta, captada en su
contradictoriedad y en su movimiento, pero para que estas concepciones se
transformen en fuerzas activas es necesario volver continuamente de lo
abstracto a lo concreto, que las concepciones abstractas recojan siempre el
contenido en devenir de la realidad concreta, captando los cambios en sus
relaciones, en sus formas, en sus tendencias evolutivas, etc. El
materialismo dialéctico no es una filosofía, ni el comunismo es una ideología
invariable, sino que la continuidad de las ideas esenciales tiene que ir
unida al cambio continuo para adecuar constantemente estas ideas a la realidad
concreta. Es cierto que existen principios invariables, pero sólo en la medida
en que la realidad es también invariable, esto es, sólo durante la vigencia de
determinado modo de producción y de intercambio.
La labor
de actualización y concretización de la teoría revolucionaria es hoy muy
difícil, en tanto que los grupos y corrientes revolucionarios estamos
reducidos, respectivamente, a "grupos de conocidos" y a "núcleos
politizados", con escasez de intercambio y poca capacidad para dedicar
tiempo al desarrollo teórico. Pero es fundamental, y esperamos que esta
discusión sirva para ello -a nosotros nos ha servido, y esta contestación es
con mucho una concrección que antes no habíamos desarrollado más que en
abstracto y muy fragmentariamente-, que asumamos más y mejor la enorme
importancia de la unidad viva del pensamiento y la acción, pese a todas
las dificultades ocasionadas por la esclavitud asalariada. La militancia
revolucionaria o es tensión permanente, autodisciplina militante para trabajar
por el comunismo, o es falsa, es radicalismo ideológico o, peor, de postal.
Este problema es una de las carencias que impiden la expansión y unificación de
los grupos revolucionarios existentes, provocando divisiones, incomunicación, y
separación del movimiento obrero real, que hoy se reduce prácticamente al movimiento
de las luchas existentes.
3.
CONCLUSIONES GENERALES SOBRE LA UNIFICACIÓN DE LAS LUCHAS.
Para
sintetizar nuestra actitud hacia las luchas actuales, podemos remarcar tres
ejes esenciales:
1) La verdadera
unidad proletaria tiene que basarse y ser el resultado de la lucha contra la
precarización de las condiciones de existencia del proletariado.
2) Esta lucha tiene
que partir del proletariado precarizado mismo y desarrollar un programa
unitario para unificar a todos los trabajadores y trabajadoras sobre la base
mínima de los complejos de producción, pero buscando la mayor extensión posible
de las luchas sin distinción de profesión, rama, sector y marco
jurídico-político, sin distinciones ideológicas o nacionales. Todas las
diferencias de contenido en las situaciones particulares tienen su cohesión
práctica y su fundamento común en que son efectos del mismo proceso, de la
precarización del trabajo.
3) El avance de
las luchas y de la conciencia proletaria no puede progresar y llevar a un
movimiento unitario de masas sin un esfuerzo continuo por el desarrollo de
la organización y el poder proletarios. Si estas formas pueden o no ser
permanentes; si nacen y mueren con las luchas o si degeneran o se descomponen,
esto no es un problema teórico, sino un problema práctico. Solamente de esta
manera podremos construir un nuevo movimiento de clase que será, por sus
principios prácticos imprescindibles y por sus condiciones de nacimiento, el
movimiento real del comunismo, el movimiento de lucha que llevará a la
supresión de la relación del capital, del trabajo asalariado.
4. EL
PROBLEMA DE LOS ENFRENTAMIENTOS ENTRE OBRER@S.
Nosotros
no tememos el "enfrentamiento y la división entre los obreros",
no evitamos afirmar lo que son las condiciones existentes, puesto que solamente
por medio de su reconocimiento pueden ser superadas. Tampoco defendemos, no
obstante, una táctica de enfrentamiento de unos sectores obreros con otros,
sino que denunciamos a la aristocracia obrera como resorte de la política
antiproletaria y de la acción recuperadora-manipuladora de los sindicatos. Es
evidente de que estos sectores no pueden ser tratados más que como esquiroles
(para los cuales, no obstante, el trato violento no es lo mejor, pero puede ser
necesario y no nos podemos andar con miramientos pacifistas).
Durante un
periodo de tiempo indeterminado, la adhesión de buena parte del trabajo garantizado
al sindicalismo y al parlamentarismo será una constante, y tenderá a constituir
un obstáculo permanente en la lucha por construir un nuevo movimiento
proletario. La fuerza de los sindicatos dentro del terreno de las luchas
depende directamente de la fidelidad de su afiliación a sus dirigentes, y de la
magnitud e importancia económica de la misma. Los sindicatos no pueden dividir
a l@s trabajadores/as más que por medio de la adhesión de una parte de ell@s a
su dirección. Que esta adhesión sea fundamentalmente pasiva en la mayoría de
los casos, y que no exista una tendencia al enfrentamiento entre sectores
obreros, no significa que esos sectores tendencialmente corporativos no sean
responsables de la división y del aislamiento de las luchas, y en última
instancia, de derrotas. En este tipo de contextos, desde luego no
condenaríamos, sino que defenderíamos y, si fuese útil, promoveríamos, la
utilización de la fuerza y la coerción una vez agotados otros caminos. Esto
podría plantear importantes problemas tácticos para el desarrollo de la lucha,
pero no «éticos» (si así fuese la dictadura del proletariado no sería
defendible y la "ética" reemplazaría al criterio de la necesidad de
clase).
5. EL
FONDO DE NUESTRA DISCUSIÓN: LA UNIDAD ENTRE LA RADICALIZACIÓN DE LAS LUCHAS Y
LA PRECARIZACIÓN DEL TRABAJO.
Vuestra
conclusión sobre nuestras posiciones al final de la vuestra Respuesta, es
correcta en tanto conclusión general, pero no responde a las complejidades
planteadas por esas luchas particulares ni por otras muchas.
La
afirmación de que unos sectores son más combativos porque sufren una
explotación más intensa y que otros son más atrasados por la razón inversa, no
comprende las complejidades planteadas ni constituye un criterio práctico
adecuado. En realidad, tal como lo planteáis, parece que para vosotros la
importancia de las luchas reside en su propia existencia más que en su
contenido, y que centráis vuestra tarea en el análisis y la estimulación de las
luchas más que en ejercer una influencia determinante sobre ellas y
estimular su desarrollo práctico en un sentido revolucionario. Esto, por
supuesto, no será lo que queréis, pero nos parece que es el resultado.
Para
nosotros hay una unidad dialéctica de forma y contenido en las luchas mismas.
La lucha es una forma de actividad, y su contenido es una praxis. De modo que
la lucha es la forma específica de la praxis del proletariado como
clase.
La lucha
no es solamente enfrentamiento, es también discusión y reflexión. El avance
de la conciencia durante la lucha es potencialmente mucho mayor que después de
la lucha, porque es entonces cuando los proletarios se vuelven activos,
cuando despliegan sus quejas de modo abierto y enfocado a la práctica, cuando
aflora la capacidad creativa material e intelectual para resolver las
necesidades periódicas de la lucha.
Pero el
contenido de las luchas está implícito en la condición social del proletariado
tal y como existe, con sus particularidades colectivas (e individuales). Por eso,
la relación entre la radicalización de las luchas y el trabajo precarizado
(el trabajo caracterizado por la precariedad en todos los aspectos de su
relación laboral y vital con el capital) es una relación directa y no
indirecta, esto es, no depende de que el desarrollo de la conciencia
(en un sentido revolucionario) esté más atrasado o más avanzado, sino
que, a la inversa, es el desarrollo de la conciencia revolucionaria lo que
depende de la precarización, que no es otra cosa que la intensificación
de la separación y enfrentamiento del obrero con sus condiciones y medios de
trabajo, o sea, de la relación capitalista misma como relación antagónica
con la fuerza productiva de la cual se alimenta.
Ciertamente, la búsqueda de la unidad de la clase tiene que estar presente en
nuestra práctica concreta, tanto en nuestra relación con el capital como en
nuestra relación entre nosotros. De lo contrario, las condiciones de "descomposición...
que empuja a la división, al enfrentamiento, a la atomización y la fragmentación
social" progresarían en el sentido de favorecer corporativismos de
empresa, de sector, etc.
Además,
que podamos afirmar con un criterio científico, empírica y analíticamente, que
el capitalismo está en decadencia y que, por consiguiente, el reformismo no
puede servir ya para mejorar sustancialmente, ni de modo duradero, las
condiciones de existencia del proletariado, que la lucha por la revolución es
necesaria, no quiere decir que, con ello, se borren de golpe todas las
ilusiones e influencia ideológica del reformismo en la clase obrera, y menos
cuando el mismo es promovido por el propio capital, por los sindicatos y los
partidos políticos "obreros" o de "izquierda".
Oponer la
división existente a la unidad necesaria también estimularía enemistades
artificiales y prejuicios que reforzarían la división y agravarían el problema;
todo lo cual vendría luego a reforzar la tendencia al radicalismo interclasista
del tipo antiglobalización y similares.
Aún peor,
en lugar de ver en los complejos de producción y distribución el terreno básico
de las luchas, la superación del aislamiento en fábricas individuales, por
localidades, países, etc., esas tendencias a la división conducen a una vuelta
"radical" a las luchas aisladas o unidas sólo por la mediación
sindical, sin ver que el combate contra el capital parte y se sitúa dentro del
proceso de autovalorización y no fuera de el. Esto no hará más que conducir a
nuevos fracasos, a permanentizar la derrota del movimiento obrero y
envalentonar aún más a los capitalistas, favoreciendo la propagación de las
nuevas ideologías izquierdistas esencialmente antiproletarias del tipo de las
elaboradas por Toni Negri o Robert Kurz (líder del Grupo Krisis, conocido por
el "Manifiesto contra el trabajo"). Se llega así a un punto en que,
en lugar de cuestionar prácticamente el reformismo se lo cuestiona sólo
teóricamente, y en su lugar se destruyen prácticamente las tendencias
espontaneas que mueven al proletariado en un sentido revolucionario, mientras
se afirma que en eso mismo consiste la emancipación humana.
El
carácter reformista que puedan tener las luchas proletarias o su capacidad para
desarrollarse como sujeto revolucionario son problemas prácticos cuyas
conclusiones no pueden derivarse de análisis teóricos basados en experiencias
empíricas y temporales. Solamente puede evaluarse esto a partir de la
comprensión del autodesarrollo del capital como sistema dinámico, como
totalidad dialéctica concreta, como automovimiento del capital global que es la
totalidad simultánea de los capitales particulares en su movimiento conjunto,
como relación-proceso social que una vez establecida se desarrolla conforme a
su propia naturaleza y se vuelve independiente de la voluntad de los
individuos. Esto es lo que hizo Marx en El Capital y lo que ninguno de
sus críticos aún no ha conseguido comprender, y, por consiguiente, todas sus
teorizaciones son fragmetarias y superficiales, y no tienen validez relativa
más que para los periodos históricos y datos particulares en que se basan sus
análisis. Los ideólogos del "fin del trabajo" y de la "desaparición
de la clase obrera" ni siquiera comprenden en realidad el
primer capítulo del libro I.
6.
PARA CONCLUIR ESTA CARTA.
En primer
lugar, nosotros vemos la corroboración completa de todas nuestras posiciones en
la experiencia práctica de las luchas y conflictos más actuales, cada cual
aportando sus lecciones en lo positivo y en lo negativo: las luchas de las
subcontratas en Izar-Fene e Izar-Ferrol, las luchas de las subcontratas en Aceralia,
el conflicto en Telefónica, las luchas de las subcontratas en Repsol en
Puertollano, etc. También en la mayor parte de los países del mundo hay
ejemplos conocidos, destacando por ejemplo el movimiento piquetero y las luchas
de clases en Argentina.
De hecho,
nuestros planteamientos a respecto de la división entre trabajo precarizado y
trabajo garantizado son el producto de la consideración teórica de la
experiencia de muchas luchas, así como de las luchas de los sectores de trabajo
garantizado, estratégicos(6), etc. De este modo, tendrán que ser
susceptibles de autocrítica si no se adecuan a la evolución de las luchas en el
futuro.
En segundo
lugar, esperamos no haber hecho una crítica errónea de vuestros planteamientos,
en tanto que no conocemos todos vuestros análisis al respecto. Hemos tratado,
por ello, de hacer una exposición de nuestros planteamientos de fondo y sólo
tratar vuestras posiciones a la luz de vuestra respuesta anterior y de los
textos vuestros de que disponemos. De todos modos, no tenemos ninguno de los
textos que citáis como fuentes de consulta en vuestra Respuesta, y os
agradeceríamos que nos enviaseis una copia de los mismos.
Por
último, hemos tratado de elaborar un texto lo más comprensivo posible, un poco
en la línea de vuestra contestación, tratando de responder con claridad y
profundidad a las cuestiones que nos planteáis. Sentimos que tenga que ser tan
extenso, pero creemos que no sobra apenas nada y no vale la pena intentar
resumirlo.
También
intentamos, a su vez, si no explicar (lo que sería demasiado extenso) al menos
orientar a los lectores y lectoras que accedan a este texto hacia la
profundización sobre ciertos puntos de la teoría marxiana, y sobre otras
cuestiones relacionadas que, por lo que sabemos, no están siendo abordadas con
la claridad necesaria por ningún grupo revolucionario en el Estado español,
como las ideologías anti-trabajo y similares. No sabemos si ya habéis trabajado
en este último tema, pues es un asunto que, por otra parte, podría estimular otro
tipo de discusiones, igualmente importantes o más que la actual. También hemos
aludido a cuestiones sobre la organización proletaria, con la que mantenemos
diferencias importantes con vosotros, pero tratando de situar las cosas en el
plano más puramente práctico, en el plano de la pura necesidad, puesto que
pensamos que esto es lo crucial; es decir, el modo en que se entiende el
desarrollo del proletariado como clase, como movimiento consciente, o bien el
devenir del capitalismo, siendo lo demás consecuencias que se sitúan sobre esta
base.
Por
último, y quizás lo más importante para l@s militantes revolucionari@s, hemos
intentado explorar lo que a nuestro juicio son incoherencias en la aplicación
del materialismo dialéctico a la comprensión de los problemas prácticos. Y
decimos explorar por dos razones: 1ª), porque se trata de temas de gran
complejidad y que no damos de ningún modo por cerrado, y 2ª), porque ha
implicado entrar en cuestiones teóricas de análisis económico igualmente
complejas. No obstante, y a pesar de las diferencias de conocimiento teórico
dentro de nuestro grupo, las posiciones teóricas que desarrollamos explican
correctamente nuestras experiencias (y pensamos que también las experiencias
de la clase en general) y nos llevan a idénticas conclusiones práticas.
Esperamos
vuestra contestación. Os recordamos que nuestro correo electrónico es "praxis-viva@mixmail.com".
Saludos cordiales y revolucionarios.
Proletári@s de todos os
países, unamo-nos na luita !
2.11.03
*
NOTAS:
(*) Nosotros
entendemos que es necesario crear nuevas relaciones sociales para que el
proletariado pueda desarrollar su capacidad individual y colectiva como fuerza
productiva autónoma capaz de suprimir la relación del capital y la división
capitalista del trabajo que la acompaña, no solamente crear formas de
organización inmediatamente necesarias para las luchas por mejoras.
El
problema de la organización no se reduce a un problema de organización de la
lucha, sino que afecta directamente al problema del desarrollo de la conciencia
de clase en un sentido revolucionario, de la superación del estado alienado
propio de nuestra posición como clase dominada y de las relaciones sociales imperantes.
De hecho, la consideración inmediatista del problema de la organización
impedirá ver la ligación de determinado nivel de desarrollo organizativo del
proletariado con el nivel en que se desarrolla su potencia de lucha y su
conciencia de clase. Ambos aspectos están ligados, de modo que, si bien el
desarrollo de la autonomía proletaria no puede desarrollarse, en general, más
que en una pugna permanente contra las condiciones y relaciones limitantes
impuestas por la sociedad capitalista, y únicamente sobre la base de la
decadencia abierta del capitalismo y la consiguiente agudización contínua de
los antagonismos de clase, nosotros no pensamos que esto lleve a la conclusión
de que no es posible crear organizaciones permanentes. Más bien, su creación, y
su permanencia, solamente pueden ser el resultado de las condiciones descritas
y de la pugna constante por su mantenimiento. Para nosotros la enorme
dificultad no puede llevar a desistir, y, además, se explica en cada periodo
por la dinámica del antagonismo y la lucha de clases, así como por el
desarrollo de la conciencia de clase.
Sin estas
formas de organización permanentes, además, el proceso de desarrollo de la
conciencia de clase permanecerá desestructurado en su dimensión intelectual; se
reduce al proceso directo de comunicación y debate en las relaciones
cotidianas, dentro de los centros de trabajo y en la vida social en general.
Desde nuestro punto de vista, esto no permite, en general, a nivel de masas, un
desarrollo de la conciencia intelectual, que para nosotros es imprescindible.
(Aunque no pueda generalizarse bajo el capitalismo más que de modo superficial
y se limite en su desarrollo sustancial a una vanguardia lo más numerosa
posible, lo cual no niega su necesidad).
Sin la
componente intelectual nuestra propia existencia como grupos y corrientes
revolucionarias sería imposible, como también lo sería la generalización de la
conciencia revolucionaria, incluso en situaciones de crisis del sistema y de
aceleración e intensificación de la lucha de clases (como fue en los años 70 en
casi todos los países). Sin la formación de una vanguardia revolucionaria,
dotada de una conciencia teórico-práctica desarrollada y que emane realmente de
la lucha de clases real, el desarrollo general de la lucha de masas y de la
organización de esas masas es imposible. Pero también lo es si la vanguardia
permanece separada de las masas esperando que sean ellas mismas las que se
eleven a su nivel o que asimilen su propaganda, que es a lo que conducen las
posiciones erroneas. Esto, en el mejor de los casos, puede posibilitar el
mantenimiento numérico de los grupos revolucionarios, pero no lleva a su
expansión como corrientes de clase. En el peor conduce directamente a recaer en
las tácticas de entrismo en los sindicatos, que por propia experiencia hemos
descartado en general por erroneas (aunque pueden existir casos específicos
donde el entrismo pueda ser util, pero solamente durante un periodo de tiempo
muy limitado) y porque además requieren para llevar a resultados significativos
de una táctica compleja y una cohesión interna muy firmes que son inexistentes
(pues, si existieran, llevarían claramente a priorizar el trabajo autónomo, por
difícil que sea, frente al trabajo dentro de organizaciones alienadas).
Por otra
parte, nosotros tenemos una concepción estructurada de lo que han de ser las
nuevas formas de organización, basadas en la cooperación entre iguales de l@s
proletari@s. Han de corresponderse con tres niveles básicos de compromiso
militante permanente: 1º) el nivel de las luchas inmediatas, que corresponde a
una organización de masas; 2º) el nivel de la difusión e impulso de las
orientaciones revolucionarias en el campo de las luchas inmediatas, que
corresponde a la organización de núcleos militantes; 3º) el nivel del
desarrollo de un programa y de un método teórico más o menos acabados, que
corresponde a la organización de la vanguardia intelectual de la clase, de l@s
comunistas científicos.
El grado
de amplitud que puedan alcanzar estas formas, una vez llevadas a la práctica
concretamente y definidas en sus contenidos y formas de actividad cotidianos,
dependerá tanto del devenir del capitalismo como del progreso de las luchas y
la conciencia proletarias, en cuyo esfuerzo se inserta la labor de la
vanguardia.
(1) La base
social de los sindicatos no equivale al conjunto de su afiliación, y menos hoy
en día cuando los sindicatos son considerados como oficinas de servicios. La
base social de los sindicatos es la parte de su afiliación que participa por
activa o por pasiva en su sustentamiento politico-ideológico.
(**) "Las fuerzas productivas sociales del trabajo, o las fuerzas
productivas del trabajo directamente social, socializado (colectivizado) merced
a la cooperación, a la división del trabajo dentro del taller, a la aplicación
de la maquinaria y en general a la transformación del proceso productivo en
aplicación consciente de las ciencias naturales, mecánica, química, etc., y de
la tecnología, etc., con determinados objetivos, así como los trabajos en gran
escala correspondientes a todo esto (sólo ese trabajo socializado está en
condiciones de emplear en el proceso directo de producción los productos
generales del desarrollo humano, como la matemática, etc., así como, por otra
parte, el desarrollo de esas ciencias presupone determinado nivel del proceso
material de producción); este desarrollo de la fuerza productiva del trabajo
objetivado, por oposición a la actividad laboral más o menos aislada de los
individuos dispersos, etc., y con él la aplicación de la ciencia -ese producto
general del desarrollo social- al proceso inmediato de producción: todo ello
se presenta como fuerza productiva del capital, no como fuerza productiva del
trabajo, o sólo como fuerza productiva del trabajo en cuanto éste es idéntico al
capital, y en todo caso no como fuerza productiva ni del obrero individual ni
de los obreros combinados en el proceso de producción. La mistificación
implícita en la relación capitalista en general, se desarrolla ahora mucho más
de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción
puramente formal del trabajo en el capital. Por lo demás, es aquí donde el
significado histórico de la producción capitalista surge por primera vez de
manera palmaria (de manera específica), precisamente mereced a la
transformación del proceso inmediato de producción y al desarrollo de las
fuerzas productivas sociales del trabajo." (El Capital, libro I, cap. IV
inédito)
"El obrero es propietario de su fuerza
de trabajo mientras regatea, como vendedor de la misma, con el capitalista, y
sólo puede vender lo que posee, su fuerza de trabajo individual, aislada. ...
En cuanto personas independientes, los obreros son seres aislados que
entran en relación con el mismo capital, pero no entre sí. Su cooperación no
comienza sino en el proceso de trabajo, pero en el proceso laboral ya han
dejado de pertenecerse a sí mismos. Al ingresar a ese proceso, el
capital se los ha incorporado. En cuanto cooperadores, en cuanto miembros
de un organismo laborante, ellos mismos no son más que un modo particular de
existencia del capital. La fuerza productiva que desarrolla el obrero
como obrero social es, por consiguiente, fuerza productiva del capital. La
fuerza productiva social del trabajo se desarrolla gratuitamente no bien se
pone a los obreros en determinadas condiciones, que es precisamente lo que hace
el capital. Como la fuerza productiva social del trabajo no le cuesta nada al
capital, como, por otra parte, el obrero no la desarrolla antes que su trabajo
mismo pertenezca al capitalista, esa fuerza productiva aparece como si el
capital la poseyera por naturaleza, como su fuerza productiva inmanente."
(El Capital, Libro I, cap. 11)
En esto consiste la mistificación, pero, no
obstante, el trabajo vivo es subsumido realmente por el capital, lo cual
implica que es transformado en la autoactividad del capital. De este modo, su
antagonismo con la forma de relación que existe en el proceso productivo no
consiste ya, como en el caso de la fase artesanal-manufacturera, en una
oposición entre el proceso de trabajo autónomo (propio del estadio artesanal de
desarrollo de las fuerzas productivas sociales) y el capital en tanto que
fuerza de dominación sobre el trabajo, sino que, el trabajo mismo, en tanto que
actividad concreta e imediata de producción de la vida social, sólo puede
existir ya socialmente como trabajo para el capital, bajo la forma del
trabajo asalariado. L@s proletari@s no se definen entonces solamente por ser
trabajadores/as asalariados, solamente por el hecho de vender su fuerza de
trabajo como una mercancía, sino (y más bien) por el hecho de tener que hacerlo
imperativamente, puesto que ni disponen ni pueden disponer de los medios de
producción necesarios para realizar su propio trabajo. Por esta razón, la subsunción
real del trabajo en el capital, la subordinación económica y técnica del
trabajo vivo al capital, se convierte también en el modo de existencia normal
del trabajo social (es más, en el único para la mayoría de la población
trabajadora). Es entonces cuando el antagonismo de clases puede madurar y
situarse de modo preeminente en el carácter específicamente capitalista
de la relación de producción: en la contradicción capitalista entre la supresión
de trabajo necesario, lo cual supone el desarrollo de las fuerzas
productivas a través de la aplicación y desarrollo de la tecnología y de la
ciencia, y la necesidad de ampliar constantemente el trabajo excedente en
una proporción creciente respecto del capital ya acumulado en funciones.
"Así como la fuerza productiva
social del trabajo desarrollada por la cooperación se presenta como fuerza
productiva del capital, la cooperación misma aparece como forma específica del
proceso capitalista de producción, en antítesis al proceso de producción de
trabajadores independientes aislados o, asimismo, de pequeños patrones. Se
trata del primer cambio que experimenta el proceso real de trabajo por su
subsunción bajo el capital. Este cambio se opera de un modo natural. Su
supuesto, la ocupación simultánea de un gran número de asalariados en el mismo
proceso de trabajo, constituye el punto de partida de la producción
capitalista. Dicho punto coincide con el momento en que el capital comienza a
existir. Si bien, pues, el modo capitalista de producción se presenta por una parte
como necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un
proceso social, por la otra esa forma social del proceso de trabajo aparece
como método aplicado por el capital para explotar más lucrativamente ese
proceso, aumentando su fuerza productiva." (ibid.)
"El
intercambio directo de trabajo por capital significa aquí: (1) la conversión
directa del trabajo en capital, en una parte componente material del capital en
el proceso de producción; (2) el intercambio de cierta cantidad de
trabajo materializado por la misma cantidad de trabajo vivo, más una
candidad excedente de trabajo vivo que se apropia sin intercambio.
La
afirmación de que el trabajo productivo es trabajo que se intercambia de manera
directa por capital abarca todas estas fases, y sólo es una forma derivada que expresa
el hecho de que es el trabajo el que convierte el dinero en capital, que se
intercambia por las condiciones de producción como capital, y que por lo
tanto, en su relación con esas condiciones de producción, el trabajo no se
enfrenta a ellas como simples condiciones de producción, ni enfrenta las
condiciones de producción como trabajo en general que no tiene un carácter
social específico.
Esta
formulación abarca: (1) la relación del dinero y la fuerza de trabajo entre sí
como mercancias, la compra y la venta entre el dueño del dinero y el de la
fuerza de trabajo; (2) la subsunción directa del trabajo bajo el capital; (3)
la conversión directa de trabajo en capital, en el proceso de producción, o lo
que es igual, la creación de plusvalía para el capital. Se producen dos
tipos de intercambio entre trabajo y capital. El primero no hace más que
expresar la compra de fuerza de trabajo, y por lo tanto, en realidad, de
trabajo, y en consecuencia, de su producto; el segundo, la transformación
directa del trabajo vivo en capital, en otras palabras, la materialización del
trabajo vivo como realización del capital." (Teorias sobre la
plusvalía, tomo I, pg. 337)
Evidentemente, el trabajo vivo, como las
máquinas o los materiales de trabajo, no es en sí mismo capital. El capital no
es una cosa, un objeto natural; es una relación entre personas mediada por
cosas y un tipo de proceso de producción social, un modo de producción. Por lo
tanto, la afirmación de que el trabajo vivo es un componente material del
proceso de valorización del capital, la identidad relativa entre el
trabajo vivo y el capital, sólo se refiere a la forma social que adopta el
trabajo, no a sus características materiales naturales (excepto en tanto son
modificadas socialmente para amoldarse a las necesidades específicas del
proceso del capital). Pero la división en términos opuestos no excluye su
unidad, su identidad temporal, sino que la esencia de la contradicción es
precisamente la combinación en devenir de la unidad y la oposición en una misma
totalidad o sistema. Es decir, que la división en clases que supone la
explotación del trabajo no excluye la identidad de ambas clases con su posición
actual. Ambas cosas, la división en clases y la identidad de cada clase con su
posición en esa división, son los resultados necesarios de determinada fase de
desarrollo de la contradicción interna al modo de producción existente.
Que el proletariado constituya el polo
negativo de esa contradicción, la fuerza propulsora de su superación, no quiere
decir que necesariamente el proletariado tenga que desarrollar su oposición al
capital en sentido antagónico y no en sentido reconciliador. El antagonismo y
la superación solamente pueden ser el resultado del "lento trabajo de lo
negativo" y del "encontrar la verdad en el absoluto
desgarramiento", para expresarnos en términos hegelianos. La diferencia
entre la concepción hegeliana de la superación de la contradicción como una
reconciliación de los contrarios y la concepción marxiana que concive la
supresión radical de los mismos, esto es, la revolución real, sólo se
desarrolla históricamente en la medida que el capitalismo deja de constituir el
motor real del desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad y es reemplazado
por una nueva fuerza propulsora: el comunismo.
Que la posición como clase explotada
constituya la esencia del proletariado y determine su existencia como clase,
nuestras condiciones de vida, no determina por si misma una tendencia
revolucionaria efectiva, sino que solamente establece la posibilidad de ese
desarrollo en un sentido revolucionario. Solamente niega al capital como
resultado, como poder ajeno en la forma de clase social, no como
relación-proceso de subordinación del trabajo vivo al trabajo acumulado. Para
que la posibilidad revolucionaria se convierta en necesidad, tiene que
desarrollarse la tendencia esbozada en el Manifiesto del Partido
Comunista: "El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse
con el progreso de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las
condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el
pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es,
pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el
papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley
reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de
dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni
siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a
dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser
mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que
equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo,
incompatible con la de la sociedad."
Por lo tanto, la afirmación de la identidad
de clase en el marco de la explotación no es más que la afirmación del
proletariado como clase de la sociedad capitalista, esto es, como sujeto
alienado. Al contrario, reconocer las diferenciaciones y actuar conforme a
sus determinaciones, al tiempo que las subordinamos dialécticamente
a la determinación ejercida por la oposición común al capital, es la manera de
actuar verdaderamente en la lucha de clase para transformarla en una lucha como
clase, y es el único modo de comenzar a resolver en la práctica todos los
problemas existentes (pues si ahora hablamos de diferenciaciones del trabajo,
también podemos hablar de diferenciaciones ideológicas, organizativas, etc.).
Es un presupuesto que, desde el punto de
vista del desarrollo revolucionario, la táctica comunista tiene que consistir
en la superación de las divisiones en las luchas, pero esto no puede realizarse
sin tomar también, como base de la actividad de vanguardia de l@s comunistas,
la base real de esta división, promoviendo simultaneamente el desarrollo de la
clase que es necesario para superarla y que sólo puede ser el resultado del
esfuerzo colectivo de la clase misma por comprender racionalmente su experiencia.
Sólo en ese momento podemos actuar como vanguardia de la clase, precisamente
porque nos oponemos no a la división en sí, que es un resultado
necesario del desarrollo del capital, sino a la determinación del capital que
es su causa y su motor; y tampoco oponemos a esa determinación del capital la unidad
futura del proletariado sino la determinación comunista de la necesidad
de suprimir el capital. Es decir, no oponemos la unidad a la división, sino
la necesidad de suprimir el capitalismo (que encarna esa división y la unidad
alienada) a la degradación permanente del trabajo.
No adoptamos, pues, una posición de crítica
de la sociedad capitalista, sino una posición de praxis revolucionaria. La
crítica, sea más teórica o más prática, sea destructiva o sea constructiva, no
es la fuerza que puede cambiar las condiciones y dinámicas actuales. Incluso
nuestra crítica sólo tiene un papel efectivo en la medida en que está orientada
a liberar el auténtico motor de su realización, la capacidad transformadora del
proletariado. Pues: No la crítica, sino la revolución, es la fuerza
propulsora de la historia (Marx/Engels).
(#) El
proletariado es revolucionario en su existencia social, en su naturaleza
social, en tanto está determinado por la relación del capital, de la cual
constituye la esencia negativa, la negación en estado esencial o no
desarrollado. No en tanto es la negación del capital dentro de la relación que
lo produce, sino en tanto es la negación del capital que se desarrolla
autonomizada dentro de ella. No en tanto existe como polo negativo, sino en
tanto actua como tal a causa de su misma existencia. (Y su separación del
capital, su autonomización objetiva -que radica en que el valor del capital
crece sólo a costa de la merma del suyo- respecto del desarrollo de la riqueza
social, se va transformando en autonomía consciente).
Por lo
tanto, la tendencia del proletariado a la autoactividad, su tendencia
revolucionaria, solamente se desarrolla, solamente se realiza en la praxis,
cuando la relación del capital la despierta, cuando ésta ha liberado
históricamente el potencial antagónico contenido en sí misma, poniendo como
dominante el aspecto excluyente de la oposición entre el trabajo y el capital.
El trabajo vivo se vuelve incompatible con la forma social que adopta su
materialización y acumulación, con la forma alienada del trabajo muerto y, con
ello, con su propia forma alienada. La forma-valor y el trabajo asalariado
tienen que ser, entonces, abolidos y reemplazados por una nueva forma de
relación y actividad humanas, que no es otra que la forma verdadera y universal
que se desarrolla históricamente con el modo de producción capitalista y su
modo correspondiente de actividad (aunque su existencia embrionaria comienza
con la producción de mercancías en general y la división en valor de uso y
valor de cambio): el tiempo concreto de trabajo como base reguladora del
desarrollo de las fuerzas productivas y la supresión del trabajo, la forma
limitada y unilateralizada de la actividad productiva humana, reemplazado por
la autoactividad creativa universal que se desarrollará sin limitaciones
intrínsecas, suprimiendo la división estática, empobrecedora y autoritaria del
trabajo y con ella la separación de la producción de la vida respecto de la
vida misma.
La contradicción
que determina el desarrollo efectivo del proletariado como clase
revolucionaria, es decir, que lo impulsa y a la vez lo limita según su dinámica
interna, es la contradicción interna del mismo capital, de la relación
antagónica de la cual él es una componente. Esta contradicción, entre la
supresión del trabajo necesario y el incremento del trabajo excedente, se
expresa dinámicamente en el proletariado en la forma propia de contradicción
entre el incremento de la explotación y la supresión de sus propias condiciones
de existencia sociales. La supervivencia individual y colectiva del
proletariado como clase es puesta en cuestión por el desarrollo del capital, en
contradicción flagrante con su propia necesidad de conservar y emplear el
trabajo humano como única fuerza productiva que crea valor. Esta contradicción
lleva a la autodestrucción del capital, lo cual puede expresarse, a
través de la lucha de clases, de dos formas: con la transformación
revolucionaria del conjunto de la sociedad o, si esto no se lograse a
tiempo, con el hundimiento de las clases en pugna, el retroceso a estados de
barbarie. (Esto último, por otra parte, no es una simple teoria, sino que
se confirma en los hechos en el capitalismo decadente. El retroceso a la
barbarie que se está produciendo pone de plena actualidad este dilema histórico
ante la humanidad entera).
El
contenido del autodesarrollo del proletariado, a la luz de la contradicción del
capital que lo determina, es el del autodesarrollo de su esencia negativa,
superando el estado alienado de su conciencia, elevando su autoconciencia y
alcanzando su forma positiva propia, implícita dialécticamente en la relación
del capital desarrollada: el comunismo, como negación de los limites y
preservación de las fuerzas creadas por el capitalismo.
Pero, al
decir que está implícita "dialécticamente", estamos afirmando al
mismo tiempo que, en realidad, el comunismo solamente puede desarrollarse como
movimiento consciente cuando la conciencia proletaria supera su propia
inmediatez, esto es, cuando en su dimensión intelectual llega a lo abstracto y
es capaz de pasar luego de lo abstracto a lo concreto. O sea, cuando se vuelve
conscientemente dialéctico y materialista y capta la realidad como totalidad
concreta. Sin ello, en el plano de la conciencia y de la práctica, es
inevitable que la tendencia al comunismo se vea limitada al intentar expresarse
a través de las concepciones burguesas -o sea, de las formas de la conciencia
dominante-, las cuales imposibilitan, deformando y desviando, la consumación
real de la tendencia revolucionaria. Con este nivel de conciencia solamente se
puede llegar a realizaciones parciales y puntuales que serán barridas por la
clase dominante o subordinadas al capital.
Por otra
parte, si las concepciones desarrolladas autónomamente, el comunismo concevido,
no se une a las condiciones efectivas de la sociedad existente; si, por lo
tanto, el pensamiento intelectual no realiza su unidad viva con la práctica
actual, su potencia crítica no se realiza en la práctica y permanece bajo la
dominación de la conciencia burguesa, estigmatizado como una utopía y como una
ilusión. Puede llegar a ser un movimiento relevante (aunque escaso
numéricamente) dentro del proletariado, como así ha sido hasta ahora durante
las oleadas de ascenso revolucionario de la lucha de clases (como en los años
20 e o en los 70), pero no puede aún plantear en la realidad concreta su
programa y su organización como la representación de los intereses del conjunto
de la sociedad.
Aún si
consiguiese, en el curso del extremamiento del antagonismo de clases, una
posición de poder, lo haría sin una comprensión concreta de cómo transformar la
sociedad existente y reproduciendo inevitablemente sus relaciones, engendrando
una deformación de la revolución que podría conducir a su propia derrota. Y en
esto consisten esencialmente las causas de la división entre el bolchevismo, el
anarquismo y el comunismo de consejos en los países capitalistas desarrollados,
corrientes de entre las cuales el último es, desde nuestro punto de vista, la
tendencia revolucionaria más avanzada, o sea, más avanzada en su ruptura
concreta con el reformismo y, además, la única que se esfuerza por, y comienza
a, concevir concretamente el comunismo.
La enorme
complejidad de la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista
tiene como condición necesaria la liberación de la espontaneidad creativa de
las masas, pero esta no es suficiente, dado que la dominación capitalista no se
supera inmediatamente con ello, sino solamente con la superación de su
existencia concreta. Frente a la espontaneidad creativa de las masas
revolucionarias se levanta siempre, por delante, la mobilización
contrarrevolucionaria de la clase capitalista y sus representantes, pero
también, por detrás, la fuerza contrarrevolucionaria de la conciencia dominante
dentro de las propias masas y dentro de la clase revolucionaria misma. El
partido de la revolución, el sector del proletariado que haya desarrollado su
capacidad de unirse y actuar como clase de modo consciente (o sea, como partido
político efectivo frente a la clase dominante en su conjunto), no sólo
tiene que ser capaz de transformar las viejas relaciones sociales para
reemplazarlas por otras superiores, sino que tiene también que vencer el poder
material y espiritual del capital, que trasciende a la clase dominante misma y
su influencia (pues, ella misma, no es más que la clase de los funcionarios del
capital, el capital en su existencia autonomizada subjetiva). Esta esencia
universal del capital, abstracta, pero real, fuerte y activa; el capital en su
existencia universal en todas las formas de relación y de actividad sociales
existentes, como poder limitante contenido en todos los componentes y formas de
actividad de la sociedad actual, solamente puede ser superado por una
conciencia no sólo radical, sino también simultaneamente universal.
(2) Esta
contradicción entre el valor de cambio creado y el valor de cambio recibido (la
trasposición y realización en la forma-mercancía de la contradicción interna al
trabajo asalariado y al proceso del capital en su conjunto), y no el hecho de
la explotación tomado estáticamente, es el motor del desarrollo de las fuerzas
productivas, que en el capitalismo adopta la forma de acumulación de capital;
pero a la vez es su producto genuino, puesto que las fuerzas productivas no son
aquí otra cosa que fuerzas productivas del trabajo social, los medios para
aumentar la productividad del trabajo asalariado.
Solamente
cuando las fuerzas productivas desarrolladas se convierten en fuerzas
destructivas, cuando en lugar de incrementar la riqueza social la limitan,
cuando el valor del capital constante excede en tal medida al variable que el
trabajo excedente tiene que incrementarse a costa de la degradación absoluta de
la clase obrera; sólo entonces podemos hablar de decadencia abierta del
capitalismo, del paso del estancamiento al hundimiento de la economía mundial,
de la efectivización del derrumbe tendencial del capitalismo. La creciente
polarización actual, tanto en términos absolutos como en términos relativos,
entre el capital y el trabajo, entre ricos y pobres, entre países desarrollados
y subdesarrollados, etc., es el síntoma del hundimiento mundial del capitalismo
como modo de producción.
(***) Nosotros
entencemos por "subjectividad obrera" y su desarrollo como el
conjunto de las capacidades y facultades subjetivas, especialmente las
intelectuales y la actitud, pero sin un sentido limitado. Entendemos que el
problema de la alienación tiene que abordarse no sólo en el campo de las
relaciones sociales, esto es, cuestionando las relaciones existentes y creando
relaciones sociales que favorezcan el libre desarrollo individual y colectivo,
sino también en el plano del desarrollo psicológico, en un esfuerzo por tomar
conciencia de las propias alienaciones y por entender la vida como el
desarrollo del conjunto de necesidades espirituales y materiales humanas. La
transformación material y la transformación espiritual de la vida humana son
para nosotros dos aspectos necesarios y paralelos del proceso de transformación
comunista de la producción y reproducción de la vida social.
(3) En
ciertos sectores puede parecer que no existe división. Sin embargo, como ya
dijimos, existen muchos grados de precariedad y de garantización del trabajo,
de modo que, en ciertos sectores, es posible que el conjunto del proceso
productivo emplee, por sus características capitalistas, solamente trabajo
estable (o al menos formalmente estable). Aún así, la precarización se expresa
en las diferenciaciones salariales, de jornada, de ritmos de trabajo, etc., que
siempre existen y que se incrementan cada vez más. Es a través de sus
intercambios como los distintos capitales que integran el proceso productivo en
su conjunto imponen sus condiciones y las revierten en el trabajo asalariado
que emplean.
(4) A nivel
particular, esta división social global todavía no parece que se haya
efectivado en el proceso de producción (en general, por lo que nosotros
sabemos). Esto dependerá del desarrollo de la lucha contra la precarización, y
de las formas que vaya adoptando la ofensiva capitalista para incrementar la
explotación del trabajo.
(5) Del mismo
modo que citais a Engels sobre el tema del aburguesamiento del proletariado
inglés durante la segunda mitad del siglo XIX, hay que precisar que en este
tema ni el ni Marx mantienen una posición similar a la vuestra:
"Los
librecambistas están haciendo uso de la prosperidad, o semiprosperidad, para
comprar al proletariado..." (Carta de Engels a Marx, 5 de Feb. de
1851)
"El
proletariado inglés se está aburguesando cada vez más, de tal manera que ésta,
la más burguesa de las naciones, aparentemente tiende a poseer una aristocracia
burguesa y un proletariado burgués además de una burguesía. Para una nación que
explota a todo el mundo, esto se justifica, naturalmente, hasta cierto punto..."
(Carta de Engels a Marx, 7 de Oct. de 1858)
"Cuándo
se librarán los obreros ingleses de su aparente infección burguesa es algo que
está por ver" (Carta de Engels a Marx, 9 de Ab. de 1863)
Ni Marx ni
Engels aportan una solución precisa al problema. Pero situan la cuestión en la
crisis del capitalismo y de la explotación desigual con ella, en combinación
con el propio desarrollo de la lucha de clases. La liberación nacional de
Irlanda se planteaba como una condición necesaria en este proceso.
Pero la
aristocratización del trabajo, como podría definirse este proceso en la clase
obrera inglesa del siglo XIX, no se puede analizar solamente como la causa de
una división del proletariado, determinada por la organización capitalista de
la producción. También hay que verla como la consecuencia del desarrollo de la
lucha de clases precedente, un desarrollo integrado en el capitalismo a través
del sindicalismo y del sufragismo.
"Mientras
la derrota de sus hermanos del continente llevó el abatimiento a las filas de
la clase obrera inglesa y quebrantó su fe en la propia causa, devolvió al señor
de la tierra y al señor del dinero la confianza un tanto mermada. Estos
retiraron insolentemente las concesiones que habían anunciado con tanto alarde.
El descubrimiento de nuevos terrenos acuíferos produjo una inmensa emigración y
un vacío irreparable en las filas del proletariado de Gran Bretaña. Otros, los
más activos hasta entonces, fueron seducidos por el halago temporal de un
trabajo más abundante y de salarios más elevados, y se convirtieron así en
'esquiroles políticos'. Todos los intentos de mantener o reorganizar el
movimiento cartista fracasaron completamente. ... Así pues, si no había habido
solidaridad de acción entre la clase obrera en Gran Bretaña y la del
continente, había en todo caso solidaridad de derrota." (Marx,
Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores, 1864)
"La
burguesía inglesa, además de explotar la miseria irlandesa para empeorar la
situación de la clase obrera de Inglaterra mediante la inmigración forzosa de
irlandeses pobres, dividió al proletariado en dos campos enemigos. El ardor
revolucionario del obrero celta no se une armoniosamente a la naturaleza
positiva, pero lenta, del obrero anglosajón. Al contrario, en todos los grandes
centros industriales de Inglaterra existe un profundo antagonismo entre el
proletariado inglés y el irlandés. El obrero medio inglés odia al irlandés, al
que considera como un rival que hace que bajen los salarios y el nivel de vida.
Siente una antipatía nacional y religiosa hacia él. Lo mira casi como los
blancos pobres de los Estados meridionales de Norteamérica miraban a los
esclavos negros. La burguesía fomenta y conserva artificialmente este
antagonismo entre los proletarios dentro de Inglaterra misma. Sabe que en esta
escisión del proletariado reside el auténtico secreto del mantenimiento de su
poderío" (Marx, extracto de una comunicación confidencial, 1869-70,
citado por E. del Río en "La clase obrera en Marx")
La derrota
del movimiento obrero reformista está en la base de la división del
proletariado, pero, una vez rota la vieja unidad, subordinada al encuadramiento
capitalista de la lucha, las divisiones pueden desarrollar-se hasta revestir un
carácter antagónico, en el que el estrato obrero superior se separa en base a
sus intereses inmediatos del estrato inferior, mientras la burguesía perpetua
artificialmente esta situación para mantener su dominación.
De esta
posición privilegiada resulta la apatía y el desclasamiento, que derivan
inevitablemente en la connivencia con la explotación burguesa y en el corporativismo.
"...Incluso
en la Federación Democrática [de Londres], los obreros aceptan el programa en
su mayoría sin entusiasmo y como una cuestión formal. ... No se deje engañar
por nada del mundo creyendo que aquí hay un verdadero movimiento proletario"
(Carta de Engels a Bebel, 30 de Ag. de 1883)
Pero este
fenómeno no fue, ya entonces, exclusivo de Gran Bretaña. En Estados Unidos la
división y desigualdad internas del proletariado, no aleatorias, sino
estructuradas y sostenidas, caracterizaron desde el principio la situación de
la clase obrera norteamericana:
"Me
parece que el mayor obstáculo con el que tropiezan ustedes en Norteamérica
radica en la posición excepcional de los obreros nativos. Hasta 1848 sólo
excepcionalmente podía hablarse de clase obrera nativa permanente: en sus
inicios en las ciudades del Este, los obreros albergaban la esperanza de
convertirse en granjeros o burgueses. Ahora se ha formado una clase obrera y
también se ha organizado siguiendo la línea de las trade unions. Pero sigue
asumiendo una actitud aristocrática y siempre que puede deja las ocupaciones
ordinarias y mal pagadas a los inmigrantes, de entre los cuales sólo una
pequeña parte ingresa en las trade unions aristocráticas. Pero estos
inmigrantes están divididos en diferentes nacionalidades... Y vuestra burguesía
sabe... cómo indisponer a una nacionalidad contra la otra... de tal modo que en
New York existen, según creo, diferencias de niveles de vida de los diversos
obreros en una medida sin precedentes en ninguna parte". (Carta de
Engels a Schlüter, 30 Mar. de 1892).
(****) "Los
diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a
sostener una lucha común contra otra clase, pues, por lo demás, ellos mismos se
enfrentan unos con otros, hostilmente, en el plano de la competencia"
(Marx/Engels, Ideologia Alemana)
"Las
condiciones económicas transformaron primero a la masa de la población del país
en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación
común, unos intereses comunes. Así pues, esta masa es ya una clase con respecto
al capital, pero aún no es una clase para sí. En la lucha, de la que no hemos
señalado más que algunas fases, esta masa se une, se constituye en clase para
sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase"
(Marx, Miseria de la filosofia)
Pero
inicialmente "el proletariado no está aún suficientemente desarrollado
para constituirse como clase" (Miseria de la Filosofía), esto es, su
conciencia no se ha desarrollado lo suficiente para cuestionar el poder
político del capital. En esta fase de desarrollo del movimiento proletario lo
que se destaca es que "el verdadero resultado de sus luchas no es el
éxito inmediato, sino la unificación cada vez más amplia de los obreros"
(Marx/Engels, Manifiesto del Partido Comunista).
El proceso
de desarrollo del proletariado como clase es el resultado del desarrollo del
"antagonismo entre el proletariado y la burguesía", que "es
la lucha de una clase contra otra clase, lucha que, llevada a su más alta
expresión, implica una revolución total" (Miseria de la Filosofia)
"El
proletariado es revolucionario frente a la burguesía porque habiendo surgido
sobre la base de la gran industria, aspira a despojar a la producción de su
carácter capitalista, que la burguesía quere perpetuar" (Marx, Crítica
del Programa de Gotha). Es decir, solamente es revolucionario y actua como
clase en la realidad cuando cuestiona el carácter capitalista de la producción,
y, por tanto, de la explotación, no cuando cuestiona la producción o la
explotación de un modo todavía superficial.
Todo el
proceso de construcción de su unidad como clase es la fase que prepara su
constitución como clase, es decir, como partido político no en su sentido
burgués, sino en el sentido de movimiento político organizado de la clase, de
un movimiento que es el resultado de la lucha de clases y que es la acción
política del proletariado como clase.
En este
proceso las luchas internas y la consiguiente ruptura de la unidad son
inevitables. "El desarrollo del proletariado se realiza en todas partes
por medio de luchas internas... En Alemania hemos superado la primera fase de
la lucha interna y nos esperan otras fases. La unidad es algo muy bueno
mientras sea posible, pero hay cosas más elevadas que la unidad. Y
cuando, como Marx y yo, se ha luchado toda la vida más duramente contra los
pseudosocialistas que contra nadie... no puede lamentarse mucho que haya
estallado la inevitable lucha." (Engels, Carta a Bebel, 28 Oct. 1883).
(6) Los sectores
estratégicos son aquellos que realizan un trabajo vital o básico para el
desarrollo de la vida económica ordinaria de la sociedad. En particular son
ampliamente conocidos los ejemplos de las luchas en el transporte público
urbano o en la recogida de basuras, que por su posición imponen la mediación de
las instituciones politicas burguesas en las luchas, favoreciendo claramente el
mantenimiento de las mismas dentro de la dinámica reformista y sindical. Está
claro que este no es el único factor y que hay que considerar las
particularidades de cada lucha o conflicto, pero la posición sectorial
estratégica, aún cuando vaya acompañada por el trabajo precarizado, actua como
contrapeso de la agudización tendencial de la degradación del trabajo.