3ª Parte: Cuestiones del método de análisis de las luchas. Síntesis.

 

 

1. LOS CRITERIOS ERRONEOS LLEVAN A VALORACIONES ERRONEAS DE LAS LUCHAS.

  Los apelos idealistas a la unidad de clase, que se basan en la experiencia del pasado y no en la realidad activa del presente, sustituyen los problemas del "día a día" por una autovalorización ideológica de la clase, por una autoconciencia mistificada y abstracta que se separa de la práctica.

  Esta es la causa del desligamiento de los grupos revolucionarios respecto de las condiciones de las luchas reales y su dinámica. Porque la ligación con las luchas no depende de una comprensión correcta de las tendencias que impulsan hacia la revolución, sino de la capacidad de desarrollar una comprensión concreta de su desarrollo en el marco de la complejidad de los procesos empíricos, de las luchas tal y como se nos presentan en cada momento.

  La carencia de esta comprensión concreta, a su vez, puede llevar a cuestionar las luchas o la capacidad revolucionaria de la clase obrera confundiendo la forma reformista con su contenido progresivo, o, viceversa, a confundir la forma progresiva con su contenido puramente reformista y oportunista, reaccionario en un marco de degradación general y permanente del trabajo. Así, por ejemplo, nosotros vimos en la última huelga general un contenido progresivo en cuanto sirvió, dentro de limites estrechos, para sacudir la absoluta pasividad de muchos sectores obreros (esto no significa que no fuese una huelga dominada por el oportunismo sindical), contenido parcial que no fue el resultado de la labor de convocatoria de los sindicatos sino que fue una demostración espontanea de fuerza contra la precarización, de la necesidad y posibilidad de rebelarnos contra el estado actual. Del mismo modo, siguiendo este mismo ejemplo, la unidad lograda en esa huelga fue una unidad alienada, que no contribuye para nada en la práctica a la unidad real, que tiene que construirse desde las luchas particulares, no desde las convocatorias y manejos de los sindicatos.

  Este tipo de errores, en su vertiente izquierdista, viene a resultar en la sobrevaloración de ciertas luchas y experiencias y en el rechazo absoluto de otras, así como en su vertiente tradicionalista se traduce en la subestimación de sectores proletarios por el carácter limitado de sus luchas o por el hecho de que todavía no las hayan iniciado, sobrevalorando en cambio a los sectores aristocráticos.

  Además, los apelos idealistas a la solidaridad, la unidad, la lucha en nombre de valores eternos (la igualdad, la justicia, etc.), son precisamente lo que caracteriza al reformismo izquierdista, al "sindicalismo combativo", a los "partidos revolucionarios" de siempre, no a las corrientes revolucionarias. Nosotros no apelamos siquiera al comunismo, porque el comunismo no es un estado ideal o un programa, ni un modelo al que amoldar la sociedad existente, es el movimiento real que anula y supera el estado presente -el capitalismo-. A lo que nosotros apeelamos no es a ideas o valores abstractos, sino a la praxis revolucionaria concreta.

 

2. CUALES SON LAS ARMAS DEL PROLETARIADO. 

  ¿La unidad y la conciencia son las armas fundamentales del proletariado? Esta pregunta que nos hacéis es un tanto confusa. ¿La unidad puede ser un arma? ¿Puede ser un arma la conciencia? Si hablamos de armas estamos hablando de instrumentos materiales, de fuerzas eficientes para transformar las condiciones de vida y las relaciones sociales, sea en la producción o sea en otros ámbitos de la vida social.

  Para nosotros no hay nada "evidente por si mismo" en una sociedad presidida por el signo de la contradictoriedad y de la alienación. Lo "evidente por si mismo" sólo puede ser dos cosas: o lo que ya ha sido explicado y no se considera necesario volver a explicar, o bien algo para lo que no se tiene una explicación clara.

  Nosotros entendemos que la unidad se transforma en fuerza cuando se traduce en una cooperación obrera antagonista al capital, o más exactamente, en una autoactividad de los obreros combinados gracias a su propia iniciativa y necesidad. Esta es la existencia efectiva, material, de la unidad obrera; sin ella simplemente no existe en realidad. La única unidad preexistente a la lucha es la unidad alienada en el proceso de producción (puesto no solamente hay una alienación del trabajo individual, sino por las mismas causas una alienación de la cooperación laboral entre los distintos obreros).

  Por otra parte, la conciencia tampoco es en si misma una fuerza social. Solamente se transforma en una fuerza social cuando se convierte en un poder material, cuando revierte en la organización y la actividad proletaria. Una conciencia que no forma parte realmente de la acción no es un arma.

  A lo que vamos: nos parece que tendéis a abstraeros de los problemas de las luchas concretas, que para nosotros son, sin embargo, el punto de partida (y de vuelta) permanente. Es evidente que todas las concepciones revolucionarias son el resultado de una abstracción de la realidad concreta, captada en su contradictoriedad y en su movimiento, pero para que estas concepciones se transformen en fuerzas activas es necesario volver continuamente de lo abstracto a lo concreto, que las concepciones abstractas recojan siempre el contenido en devenir de la realidad concreta, captando los cambios en sus relaciones, en sus formas, en sus tendencias evolutivas, etc. El materialismo dialéctico no es una filosofía, ni el comunismo es una ideología invariable, sino que la continuidad de las ideas esenciales tiene que ir unida al cambio continuo para adecuar constantemente estas ideas a la realidad concreta. Es cierto que existen principios invariables, pero sólo en la medida en que la realidad es también invariable, esto es, sólo durante la vigencia de determinado modo de producción y de intercambio.

  La labor de actualización y concretización de la teoría revolucionaria es hoy muy difícil, en tanto que los grupos y corrientes revolucionarios estamos reducidos, respectivamente, a "grupos de conocidos" y a "núcleos politizados", con escasez de intercambio y poca capacidad para dedicar tiempo al desarrollo teórico. Pero es fundamental, y esperamos que esta discusión sirva para ello -a nosotros nos ha servido, y esta contestación es con mucho una concrección que antes no habíamos desarrollado más que en abstracto y muy fragmentariamente-, que asumamos más y mejor la enorme importancia de la unidad viva del pensamiento y la acción, pese a todas las dificultades ocasionadas por la esclavitud asalariada. La militancia revolucionaria o es tensión permanente, autodisciplina militante para trabajar por el comunismo, o es falsa, es radicalismo ideológico o, peor, de postal. Este problema es una de las carencias que impiden la expansión y unificación de los grupos revolucionarios existentes, provocando divisiones, incomunicación, y separación del movimiento obrero real, que hoy se reduce prácticamente al movimiento de las luchas existentes.

 

3. CONCLUSIONES GENERALES SOBRE LA UNIFICACIÓN DE LAS LUCHAS.

  Para sintetizar nuestra actitud hacia las luchas actuales, podemos remarcar tres ejes esenciales:

1) La verdadera unidad proletaria tiene que basarse y ser el resultado de la lucha contra la precarización de las condiciones de existencia del proletariado.

2) Esta lucha tiene que partir del proletariado precarizado mismo y desarrollar un programa unitario para unificar a todos los trabajadores y trabajadoras sobre la base mínima de los complejos de producción, pero buscando la mayor extensión posible de las luchas sin distinción de profesión, rama, sector y marco jurídico-político, sin distinciones ideológicas o nacionales. Todas las diferencias de contenido en las situaciones particulares tienen su cohesión práctica y su fundamento común en que son efectos del mismo proceso, de la precarización del trabajo.

3) El avance de las luchas y de la conciencia proletaria no puede progresar y llevar a un movimiento unitario de masas sin un esfuerzo continuo por el desarrollo de la organización y el poder proletarios. Si estas formas pueden o no ser permanentes; si nacen y mueren con las luchas o si degeneran o se descomponen, esto no es un problema teórico, sino un problema práctico. Solamente de esta manera podremos construir un nuevo movimiento de clase que será, por sus principios prácticos imprescindibles y por sus condiciones de nacimiento, el movimiento real del comunismo, el movimiento de lucha que llevará a la supresión de la relación del capital, del trabajo asalariado.

 

4. EL PROBLEMA DE LOS ENFRENTAMIENTOS ENTRE OBRER@S.

  Nosotros no tememos el "enfrentamiento y la división entre los obreros", no evitamos afirmar lo que son las condiciones existentes, puesto que solamente por medio de su reconocimiento pueden ser superadas. Tampoco defendemos, no obstante, una táctica de enfrentamiento de unos sectores obreros con otros, sino que denunciamos a la aristocracia obrera como resorte de la política antiproletaria y de la acción recuperadora-manipuladora de los sindicatos. Es evidente de que estos sectores no pueden ser tratados más que como esquiroles (para los cuales, no obstante, el trato violento no es lo mejor, pero puede ser necesario y no nos podemos andar con miramientos pacifistas).

  Durante un periodo de tiempo indeterminado, la adhesión de buena parte del trabajo garantizado al sindicalismo y al parlamentarismo será una constante, y tenderá a constituir un obstáculo permanente en la lucha por construir un nuevo movimiento proletario. La fuerza de los sindicatos dentro del terreno de las luchas depende directamente de la fidelidad de su afiliación a sus dirigentes, y de la magnitud e importancia económica de la misma. Los sindicatos no pueden dividir a l@s trabajadores/as más que por medio de la adhesión de una parte de ell@s a su dirección. Que esta adhesión sea fundamentalmente pasiva en la mayoría de los casos, y que no exista una tendencia al enfrentamiento entre sectores obreros, no significa que esos sectores tendencialmente corporativos no sean responsables de la división y del aislamiento de las luchas, y en última instancia, de derrotas. En este tipo de contextos, desde luego no condenaríamos, sino que defenderíamos y, si fuese útil, promoveríamos, la utilización de la fuerza y la coerción una vez agotados otros caminos. Esto podría plantear importantes problemas tácticos para el desarrollo de la lucha, pero no «éticos» (si así fuese la dictadura del proletariado no sería defendible y la "ética" reemplazaría al criterio de la necesidad de clase).

 

5. EL FONDO DE NUESTRA DISCUSIÓN: LA UNIDAD ENTRE LA RADICALIZACIÓN DE LAS LUCHAS Y LA PRECARIZACIÓN DEL TRABAJO.

  Vuestra conclusión sobre nuestras posiciones al final de la vuestra Respuesta, es correcta en tanto conclusión general, pero no responde a las complejidades planteadas por esas luchas particulares ni por otras muchas.

  La afirmación de que unos sectores son más combativos porque sufren una explotación más intensa y que otros son más atrasados por la razón inversa, no comprende las complejidades planteadas ni constituye un criterio práctico adecuado. En realidad, tal como lo planteáis, parece que para vosotros la importancia de las luchas reside en su propia existencia más que en su contenido, y que centráis vuestra tarea en el análisis y la estimulación de las luchas más que en ejercer una influencia determinante sobre ellas y estimular su desarrollo práctico en un sentido revolucionario. Esto, por supuesto, no será lo que queréis, pero nos parece que es el resultado.

  Para nosotros hay una unidad dialéctica de forma y contenido en las luchas mismas. La lucha es una forma de actividad, y su contenido es una praxis. De modo que la lucha es la forma específica de la praxis del proletariado como clase.

  La lucha no es solamente enfrentamiento, es también discusión y reflexión. El avance de la conciencia durante la lucha es potencialmente mucho mayor que después de la lucha, porque es entonces cuando los proletarios se vuelven activos, cuando despliegan sus quejas de modo abierto y enfocado a la práctica, cuando aflora la capacidad creativa material e intelectual para resolver las necesidades periódicas de la lucha.

  Pero el contenido de las luchas está implícito en la condición social del proletariado tal y como existe, con sus particularidades colectivas (e individuales). Por eso, la relación entre la radicalización de las luchas y el trabajo precarizado (el trabajo caracterizado por la precariedad en todos los aspectos de su relación laboral y vital con el capital) es una relación directa y no indirecta, esto es, no depende de que el desarrollo de la conciencia (en un sentido revolucionario) esté más atrasado o más avanzado, sino que, a la inversa, es el desarrollo de la conciencia revolucionaria lo que depende de la precarización, que no es otra cosa que la intensificación de la separación y enfrentamiento del obrero con sus condiciones y medios de trabajo, o sea, de la relación capitalista misma como relación antagónica con la fuerza productiva de la cual se alimenta.

  Ciertamente, la búsqueda de la unidad de la clase tiene que estar presente en nuestra práctica concreta, tanto en nuestra relación con el capital como en nuestra relación entre nosotros. De lo contrario, las condiciones de "descomposición... que empuja a la división, al enfrentamiento, a la atomización y la fragmentación social" progresarían en el sentido de favorecer corporativismos de empresa, de sector, etc.

  Además, que podamos afirmar con un criterio científico, empírica y analíticamente, que el capitalismo está en decadencia y que, por consiguiente, el reformismo no puede servir ya para mejorar sustancialmente, ni de modo duradero, las condiciones de existencia del proletariado, que la lucha por la revolución es necesaria, no quiere decir que, con ello, se borren de golpe todas las ilusiones e influencia ideológica del reformismo en la clase obrera, y menos cuando el mismo es promovido por el propio capital, por los sindicatos y los partidos políticos "obreros" o de "izquierda".

  Oponer la división existente a la unidad necesaria también estimularía enemistades artificiales y prejuicios que reforzarían la división y agravarían el problema; todo lo cual vendría luego a reforzar la tendencia al radicalismo interclasista del tipo antiglobalización y similares.

  Aún peor, en lugar de ver en los complejos de producción y distribución el terreno básico de las luchas, la superación del aislamiento en fábricas individuales, por localidades, países, etc., esas tendencias a la división conducen a una vuelta "radical" a las luchas aisladas o unidas sólo por la mediación sindical, sin ver que el combate contra el capital parte y se sitúa dentro del proceso de autovalorización y no fuera de el. Esto no hará más que conducir a nuevos fracasos, a permanentizar la derrota del movimiento obrero y envalentonar aún más a los capitalistas, favoreciendo la propagación de las nuevas ideologías izquierdistas esencialmente antiproletarias del tipo de las elaboradas por Toni Negri o Robert Kurz (líder del Grupo Krisis, conocido por el "Manifiesto contra el trabajo"). Se llega así a un punto en que, en lugar de cuestionar prácticamente el reformismo se lo cuestiona sólo teóricamente, y en su lugar se destruyen prácticamente las tendencias espontaneas que mueven al proletariado en un sentido revolucionario, mientras se afirma que en eso mismo consiste la emancipación humana.

  El carácter reformista que puedan tener las luchas proletarias o su capacidad para desarrollarse como sujeto revolucionario son problemas prácticos cuyas conclusiones no pueden derivarse de análisis teóricos basados en experiencias empíricas y temporales. Solamente puede evaluarse esto a partir de la comprensión del autodesarrollo del capital como sistema dinámico, como totalidad dialéctica concreta, como automovimiento del capital global que es la totalidad simultánea de los capitales particulares en su movimiento conjunto, como relación-proceso social que una vez establecida se desarrolla conforme a su propia naturaleza y se vuelve independiente de la voluntad de los individuos. Esto es lo que hizo Marx en El Capital y lo que ninguno de sus críticos aún no ha conseguido comprender, y, por consiguiente, todas sus teorizaciones son fragmetarias y superficiales, y no tienen validez relativa más que para los periodos históricos y datos particulares en que se basan sus análisis. Los ideólogos del "fin del trabajo" y de la "desaparición de la clase obrera" ni siquiera comprenden en realidad el primer capítulo del libro I.

 

6. PARA CONCLUIR ESTA CARTA.

  En primer lugar, nosotros vemos la corroboración completa de todas nuestras posiciones en la experiencia práctica de las luchas y conflictos más actuales, cada cual aportando sus lecciones en lo positivo y en lo negativo: las luchas de las subcontratas en Izar-Fene e Izar-Ferrol, las luchas de las subcontratas en Aceralia, el conflicto en Telefónica, las luchas de las subcontratas en Repsol en Puertollano, etc. También en la mayor parte de los países del mundo hay ejemplos conocidos, destacando por ejemplo el movimiento piquetero y las luchas de clases en Argentina. 

  De hecho, nuestros planteamientos a respecto de la división entre trabajo precarizado y trabajo garantizado son el producto de la consideración teórica de la experiencia de muchas luchas, así como de las luchas de los sectores de trabajo garantizado, estratégicos(6), etc. De este modo, tendrán que ser susceptibles de autocrítica si no se adecuan a la evolución de las luchas en el futuro.

  En segundo lugar, esperamos no haber hecho una crítica errónea de vuestros planteamientos, en tanto que no conocemos todos vuestros análisis al respecto. Hemos tratado, por ello, de hacer una exposición de nuestros planteamientos de fondo y sólo tratar vuestras posiciones a la luz de vuestra respuesta anterior y de los textos vuestros de que disponemos. De todos modos, no tenemos ninguno de los textos que citáis como fuentes de consulta en vuestra Respuesta, y os agradeceríamos que nos enviaseis una copia de los mismos.

  Por último, hemos tratado de elaborar un texto lo más comprensivo posible, un poco en la línea de vuestra contestación, tratando de responder con claridad y profundidad a las cuestiones que nos planteáis. Sentimos que tenga que ser tan extenso, pero creemos que no sobra apenas nada y no vale la pena intentar resumirlo.

  También intentamos, a su vez, si no explicar (lo que sería demasiado extenso) al menos orientar a los lectores y lectoras que accedan a este texto hacia la profundización sobre ciertos puntos de la teoría marxiana, y sobre otras cuestiones relacionadas que, por lo que sabemos, no están siendo abordadas con la claridad necesaria por ningún grupo revolucionario en el Estado español, como las ideologías anti-trabajo y similares. No sabemos si ya habéis trabajado en este último tema, pues es un asunto que, por otra parte, podría estimular otro tipo de discusiones, igualmente importantes o más que la actual. También hemos aludido a cuestiones sobre la organización proletaria, con la que mantenemos diferencias importantes con vosotros, pero tratando de situar las cosas en el plano más puramente práctico, en el plano de la pura necesidad, puesto que pensamos que esto es lo crucial; es decir, el modo en que se entiende el desarrollo del proletariado como clase, como movimiento consciente, o bien el devenir del capitalismo, siendo lo demás consecuencias que se sitúan sobre esta base.

  Por último, y quizás lo más importante para l@s militantes revolucionari@s, hemos intentado explorar lo que a nuestro juicio son incoherencias en la aplicación del materialismo dialéctico a la comprensión de los problemas prácticos. Y decimos explorar por dos razones: 1ª), porque se trata de temas de gran complejidad y que no damos de ningún modo por cerrado, y 2ª), porque ha implicado entrar en cuestiones teóricas de análisis económico igualmente complejas. No obstante, y a pesar de las diferencias de conocimiento teórico dentro de nuestro grupo, las posiciones teóricas que desarrollamos explican correctamente nuestras experiencias (y pensamos que también las experiencias de la clase en general) y nos llevan a idénticas conclusiones práticas.

 

  Esperamos vuestra contestación. Os recordamos que nuestro correo electrónico es "praxis-viva@mixmail.com". Saludos cordiales y revolucionarios.

 

Proletári@s de todos os países, unamo-nos na luita !

 

2.11.03

 

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NOTAS:

 

(*) Nosotros entendemos que es necesario crear nuevas relaciones sociales para que el proletariado pueda desarrollar su capacidad individual y colectiva como fuerza productiva autónoma capaz de suprimir la relación del capital y la división capitalista del trabajo que la acompaña, no solamente crear formas de organización inmediatamente necesarias para las luchas por mejoras.

  El problema de la organización no se reduce a un problema de organización de la lucha, sino que afecta directamente al problema del desarrollo de la conciencia de clase en un sentido revolucionario, de la superación del estado alienado propio de nuestra posición como clase dominada y de las relaciones sociales imperantes. De hecho, la consideración inmediatista del problema de la organización impedirá ver la ligación de determinado nivel de desarrollo organizativo del proletariado con el nivel en que se desarrolla su potencia de lucha y su conciencia de clase. Ambos aspectos están ligados, de modo que, si bien el desarrollo de la autonomía proletaria no puede desarrollarse, en general, más que en una pugna permanente contra las condiciones y relaciones limitantes impuestas por la sociedad capitalista, y únicamente sobre la base de la decadencia abierta del capitalismo y la consiguiente agudización contínua de los antagonismos de clase, nosotros no pensamos que esto lleve a la conclusión de que no es posible crear organizaciones permanentes. Más bien, su creación, y su permanencia, solamente pueden ser el resultado de las condiciones descritas y de la pugna constante por su mantenimiento. Para nosotros la enorme dificultad no puede llevar a desistir, y, además, se explica en cada periodo por la dinámica del antagonismo y la lucha de clases, así como por el desarrollo de la conciencia de clase.

  Sin estas formas de organización permanentes, además, el proceso de desarrollo de la conciencia de clase permanecerá desestructurado en su dimensión intelectual; se reduce al proceso directo de comunicación y debate en las relaciones cotidianas, dentro de los centros de trabajo y en la vida social en general. Desde nuestro punto de vista, esto no permite, en general, a nivel de masas, un desarrollo de la conciencia intelectual, que para nosotros es imprescindible. (Aunque no pueda generalizarse bajo el capitalismo más que de modo superficial y se limite en su desarrollo sustancial a una vanguardia lo más numerosa posible, lo cual no niega su necesidad).

  Sin la componente intelectual nuestra propia existencia como grupos y corrientes revolucionarias sería imposible, como también lo sería la generalización de la conciencia revolucionaria, incluso en situaciones de crisis del sistema y de aceleración e intensificación de la lucha de clases (como fue en los años 70 en casi todos los países). Sin la formación de una vanguardia revolucionaria, dotada de una conciencia teórico-práctica desarrollada y que emane realmente de la lucha de clases real, el desarrollo general de la lucha de masas y de la organización de esas masas es imposible. Pero también lo es si la vanguardia permanece separada de las masas esperando que sean ellas mismas las que se eleven a su nivel o que asimilen su propaganda, que es a lo que conducen las posiciones erroneas. Esto, en el mejor de los casos, puede posibilitar el mantenimiento numérico de los grupos revolucionarios, pero no lleva a su expansión como corrientes de clase. En el peor conduce directamente a recaer en las tácticas de entrismo en los sindicatos, que por propia experiencia hemos descartado en general por erroneas (aunque pueden existir casos específicos donde el entrismo pueda ser util, pero solamente durante un periodo de tiempo muy limitado) y porque además requieren para llevar a resultados significativos de una táctica compleja y una cohesión interna muy firmes que son inexistentes (pues, si existieran, llevarían claramente a priorizar el trabajo autónomo, por difícil que sea, frente al trabajo dentro de organizaciones alienadas).

  Por otra parte, nosotros tenemos una concepción estructurada de lo que han de ser las nuevas formas de organización, basadas en la cooperación entre iguales de l@s proletari@s. Han de corresponderse con tres niveles básicos de compromiso militante permanente: 1º) el nivel de las luchas inmediatas, que corresponde a una organización de masas; 2º) el nivel de la difusión e impulso de las orientaciones revolucionarias en el campo de las luchas inmediatas, que corresponde a la organización de núcleos militantes; 3º) el nivel del desarrollo de un programa y de un método teórico más o menos acabados, que corresponde a la organización de la vanguardia intelectual de la clase, de l@s comunistas científicos.

  El grado de amplitud que puedan alcanzar estas formas, una vez llevadas a la práctica concretamente y definidas en sus contenidos y formas de actividad cotidianos, dependerá tanto del devenir del capitalismo como del progreso de las luchas y la conciencia proletarias, en cuyo esfuerzo se inserta la labor de la vanguardia.

 

(1) La base social de los sindicatos no equivale al conjunto de su afiliación, y menos hoy en día cuando los sindicatos son considerados como oficinas de servicios. La base social de los sindicatos es la parte de su afiliación que participa por activa o por pasiva en su sustentamiento politico-ideológico.

 

(**) "Las fuerzas productivas sociales del trabajo, o las fuerzas productivas del trabajo directamente social, socializado (colectivizado) merced a la cooperación, a la división del trabajo dentro del taller, a la aplicación de la maquinaria y en general a la transformación del proceso productivo en aplicación consciente de las ciencias naturales, mecánica, química, etc., y de la tecnología, etc., con determinados objetivos, así como los trabajos en gran escala correspondientes a todo esto (sólo ese trabajo socializado está en condiciones de emplear en el proceso directo de producción los productos generales del desarrollo humano, como la matemática, etc., así como, por otra parte, el desarrollo de esas ciencias presupone determinado nivel del proceso material de producción); este desarrollo de la fuerza productiva del trabajo objetivado, por oposición a la actividad laboral más o menos aislada de los individuos dispersos, etc., y con él la aplicación de la ciencia -ese producto general del desarrollo social- al proceso inmediato de producción: todo ello se presenta como fuerza productiva del capital, no como fuerza productiva del trabajo, o sólo como fuerza productiva del trabajo en cuanto éste es idéntico al capital, y en todo caso no como fuerza productiva ni del obrero individual ni de los obreros combinados en el proceso de producción. La mistificación implícita en la relación capitalista en general, se desarrolla ahora mucho más de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción puramente formal del trabajo en el capital. Por lo demás, es aquí donde el significado histórico de la producción capitalista surge por primera vez de manera palmaria (de manera específica), precisamente mereced a la transformación del proceso inmediato de producción y al desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo." (El Capital, libro I, cap. IV inédito)

  "El obrero es propietario de su fuerza de trabajo mientras regatea, como vendedor de la misma, con el capitalista, y sólo puede vender lo que posee, su fuerza de trabajo individual, aislada. ... En cuanto personas independientes, los obreros son seres aislados que entran en relación con el mismo capital, pero no entre sí. Su cooperación no comienza sino en el proceso de trabajo, pero en el proceso laboral ya han dejado de pertenecerse a sí mismos. Al ingresar a ese proceso, el capital se los ha incorporado. En cuanto cooperadores, en cuanto miembros de un organismo laborante, ellos mismos no son más que un modo particular de existencia del capital. La fuerza productiva que desarrolla el obrero como obrero social es, por consiguiente, fuerza productiva del capital. La fuerza productiva social del trabajo se desarrolla gratuitamente no bien se pone a los obreros en determinadas condiciones, que es precisamente lo que hace el capital. Como la fuerza productiva social del trabajo no le cuesta nada al capital, como, por otra parte, el obrero no la desarrolla antes que su trabajo mismo pertenezca al capitalista, esa fuerza productiva aparece como si el capital la poseyera por naturaleza, como su fuerza productiva inmanente." (El Capital, Libro I, cap. 11)

  En esto consiste la mistificación, pero, no obstante, el trabajo vivo es subsumido realmente por el capital, lo cual implica que es transformado en la autoactividad del capital. De este modo, su antagonismo con la forma de relación que existe en el proceso productivo no consiste ya, como en el caso de la fase artesanal-manufacturera, en una oposición entre el proceso de trabajo autónomo (propio del estadio artesanal de desarrollo de las fuerzas productivas sociales) y el capital en tanto que fuerza de dominación sobre el trabajo, sino que, el trabajo mismo, en tanto que actividad concreta e imediata de producción de la vida social, sólo puede existir ya socialmente como trabajo para el capital, bajo la forma del trabajo asalariado. L@s proletari@s no se definen entonces solamente por ser trabajadores/as asalariados, solamente por el hecho de vender su fuerza de trabajo como una mercancía, sino (y más bien) por el hecho de tener que hacerlo imperativamente, puesto que ni disponen ni pueden disponer de los medios de producción necesarios para realizar su propio trabajo. Por esta razón, la subsunción real del trabajo en el capital, la subordinación económica y técnica del trabajo vivo al capital, se convierte también en el modo de existencia normal del trabajo social (es más, en el único para la mayoría de la población trabajadora). Es entonces cuando el antagonismo de clases puede madurar y situarse de modo preeminente en el carácter específicamente capitalista de la relación de producción: en la contradicción capitalista entre la supresión de trabajo necesario, lo cual supone el desarrollo de las fuerzas productivas a través de la aplicación y desarrollo de la tecnología y de la ciencia, y la necesidad de ampliar constantemente el trabajo excedente en una proporción creciente respecto del capital ya acumulado en funciones.

  "Así como la fuerza productiva social del trabajo desarrollada por la cooperación se presenta como fuerza productiva del capital, la cooperación misma aparece como forma específica del proceso capitalista de producción, en antítesis al proceso de producción de trabajadores independientes aislados o, asimismo, de pequeños patrones. Se trata del primer cambio que experimenta el proceso real de trabajo por su subsunción bajo el capital. Este cambio se opera de un modo natural. Su supuesto, la ocupación simultánea de un gran número de asalariados en el mismo proceso de trabajo, constituye el punto de partida de la producción capitalista. Dicho punto coincide con el momento en que el capital comienza a existir. Si bien, pues, el modo capitalista de producción se presenta por una parte como necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un proceso social, por la otra esa forma social del proceso de trabajo aparece como método aplicado por el capital para explotar más lucrativamente ese proceso, aumentando su fuerza productiva." (ibid.)

  "El intercambio directo de trabajo por capital significa aquí: (1) la conversión directa del trabajo en capital, en una parte componente material del capital en el proceso de producción; (2) el intercambio de cierta cantidad de trabajo materializado por la misma cantidad de trabajo vivo, más una candidad excedente de trabajo vivo que se apropia sin intercambio.

  La afirmación de que el trabajo productivo es trabajo que se intercambia de manera directa por capital abarca todas estas fases, y sólo es una forma derivada que expresa el hecho de que es el trabajo el que convierte el dinero en capital, que se intercambia por las condiciones de producción como capital, y que por lo tanto, en su relación con esas condiciones de producción, el trabajo no se enfrenta a ellas como simples condiciones de producción, ni enfrenta las condiciones de producción como trabajo en general que no tiene un carácter social específico.

  Esta formulación abarca: (1) la relación del dinero y la fuerza de trabajo entre sí como mercancias, la compra y la venta entre el dueño del dinero y el de la fuerza de trabajo; (2) la subsunción directa del trabajo bajo el capital; (3) la conversión directa de trabajo en capital, en el proceso de producción, o lo que es igual, la creación de plusvalía para el capital. Se producen dos tipos de intercambio entre trabajo y capital. El primero no hace más que expresar la compra de fuerza de trabajo, y por lo tanto, en realidad, de trabajo, y en consecuencia, de su producto; el segundo, la transformación directa del trabajo vivo en capital, en otras palabras, la materialización del trabajo vivo como realización del capital." (Teorias sobre la plusvalía, tomo I, pg. 337)

  Evidentemente, el trabajo vivo, como las máquinas o los materiales de trabajo, no es en sí mismo capital. El capital no es una cosa, un objeto natural; es una relación entre personas mediada por cosas y un tipo de proceso de producción social, un modo de producción. Por lo tanto, la afirmación de que el trabajo vivo es un componente material del proceso de valorización del capital, la identidad relativa entre el trabajo vivo y el capital, sólo se refiere a la forma social que adopta el trabajo, no a sus características materiales naturales (excepto en tanto son modificadas socialmente para amoldarse a las necesidades específicas del proceso del capital). Pero la división en términos opuestos no excluye su unidad, su identidad temporal, sino que la esencia de la contradicción es precisamente la combinación en devenir de la unidad y la oposición en una misma totalidad o sistema. Es decir, que la división en clases que supone la explotación del trabajo no excluye la identidad de ambas clases con su posición actual. Ambas cosas, la división en clases y la identidad de cada clase con su posición en esa división, son los resultados necesarios de determinada fase de desarrollo de la contradicción interna al modo de producción existente.

  Que el proletariado constituya el polo negativo de esa contradicción, la fuerza propulsora de su superación, no quiere decir que necesariamente el proletariado tenga que desarrollar su oposición al capital en sentido antagónico y no en sentido reconciliador. El antagonismo y la superación solamente pueden ser el resultado del "lento trabajo de lo negativo" y del "encontrar la verdad en el absoluto desgarramiento", para expresarnos en términos hegelianos. La diferencia entre la concepción hegeliana de la superación de la contradicción como una reconciliación de los contrarios y la concepción marxiana que concive la supresión radical de los mismos, esto es, la revolución real, sólo se desarrolla históricamente en la medida que el capitalismo deja de constituir el motor real del desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad y es reemplazado por una nueva fuerza propulsora: el comunismo.

  Que la posición como clase explotada constituya la esencia del proletariado y determine su existencia como clase, nuestras condiciones de vida, no determina por si misma una tendencia revolucionaria efectiva, sino que solamente establece la posibilidad de ese desarrollo en un sentido revolucionario. Solamente niega al capital como resultado, como poder ajeno en la forma de clase social, no como relación-proceso de subordinación del trabajo vivo al trabajo acumulado. Para que la posibilidad revolucionaria se convierta en necesidad, tiene que desarrollarse la tendencia esbozada en el Manifiesto del Partido Comunista:  "El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con el progreso de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad."  

  Por lo tanto, la afirmación de la identidad de clase en el marco de la explotación no es más que la afirmación del proletariado como clase de la sociedad capitalista, esto es, como sujeto alienado. Al contrario, reconocer las diferenciaciones y actuar conforme a sus  determinaciones, al tiempo que las subordinamos dialécticamente a la determinación ejercida por la oposición común al capital, es la manera de actuar verdaderamente en la lucha de clase para transformarla en una lucha como clase, y es el único modo de comenzar a resolver en la práctica todos los problemas existentes (pues si ahora hablamos de diferenciaciones del trabajo, también podemos hablar de diferenciaciones ideológicas, organizativas, etc.).

  Es un presupuesto que, desde el punto de vista del desarrollo revolucionario, la táctica comunista tiene que consistir en la superación de las divisiones en las luchas, pero esto no puede realizarse sin tomar también, como base de la actividad de vanguardia de l@s comunistas, la base real de esta división, promoviendo simultaneamente el desarrollo de la clase que es necesario para superarla y que sólo puede ser el resultado del esfuerzo colectivo de la clase misma por comprender racionalmente su experiencia. Sólo en ese momento podemos actuar como vanguardia de la clase, precisamente porque nos oponemos no a la división en sí, que es un resultado necesario del desarrollo del capital, sino a la determinación del capital que es su causa y su motor; y tampoco oponemos a esa determinación del capital la unidad futura del proletariado sino la determinación comunista de la necesidad de suprimir el capital. Es decir, no oponemos la unidad a la división, sino la necesidad de suprimir el capitalismo (que encarna esa división y la unidad alienada) a la degradación permanente del trabajo.

  No adoptamos, pues, una posición de crítica de la sociedad capitalista, sino una posición de praxis revolucionaria. La crítica, sea más teórica o más prática, sea destructiva o sea constructiva, no es la fuerza que puede cambiar las condiciones y dinámicas actuales. Incluso nuestra crítica sólo tiene un papel efectivo en la medida en que está orientada a liberar el auténtico motor de su realización, la capacidad transformadora del proletariado. Pues: No la crítica, sino la revolución, es la fuerza propulsora de la historia (Marx/Engels).

 

(#) El proletariado es revolucionario en su existencia social, en su naturaleza social, en tanto está determinado por la relación del capital, de la cual constituye la esencia negativa, la negación en estado esencial o no desarrollado. No en tanto es la negación del capital dentro de la relación que lo produce, sino en tanto es la negación del capital que se desarrolla autonomizada dentro de ella. No en tanto existe como polo negativo, sino en tanto actua como tal a causa de su misma existencia. (Y su separación del capital, su autonomización objetiva -que radica en que el valor del capital crece sólo a costa de la merma del suyo- respecto del desarrollo de la riqueza social, se va transformando en autonomía consciente).

  Por lo tanto, la tendencia del proletariado a la autoactividad, su tendencia revolucionaria, solamente se desarrolla, solamente se realiza en la praxis, cuando la relación del capital la despierta, cuando ésta ha liberado históricamente el potencial antagónico contenido en sí misma, poniendo como dominante el aspecto excluyente de la oposición entre el trabajo y el capital. El trabajo vivo se vuelve incompatible con la forma social que adopta su materialización y acumulación, con la forma alienada del trabajo muerto y, con ello, con su propia forma alienada. La forma-valor y el trabajo asalariado tienen que ser, entonces, abolidos y reemplazados por una nueva forma de relación y actividad humanas, que no es otra que la forma verdadera y universal que se desarrolla históricamente con el modo de producción capitalista y su modo correspondiente de actividad (aunque su existencia embrionaria comienza con la producción de mercancías en general y la división en valor de uso y valor de cambio): el tiempo concreto de trabajo como base reguladora del desarrollo de las fuerzas productivas y la supresión del trabajo, la forma limitada y unilateralizada de la actividad productiva humana, reemplazado por la autoactividad creativa universal que se desarrollará sin limitaciones intrínsecas, suprimiendo la división estática, empobrecedora y autoritaria del trabajo y con ella la separación de la producción de la vida respecto de la vida misma.

  La contradicción que determina el desarrollo efectivo del proletariado como clase revolucionaria, es decir, que lo impulsa y a la vez lo limita según su dinámica interna, es la contradicción interna del mismo capital, de la relación antagónica de la cual él es una componente. Esta contradicción, entre la supresión del trabajo necesario y el incremento del trabajo excedente, se expresa dinámicamente en el proletariado en la forma propia de contradicción entre el incremento de la explotación y la supresión de sus propias condiciones de existencia sociales. La supervivencia individual y colectiva del proletariado como clase es puesta en cuestión por el desarrollo del capital, en contradicción flagrante con su propia necesidad de conservar y emplear el trabajo humano como única fuerza productiva que crea valor. Esta contradicción lleva a la autodestrucción del capital, lo cual puede expresarse, a través de la lucha de clases, de dos formas: con la transformación revolucionaria del conjunto de la sociedad o, si esto no se lograse a tiempo, con el hundimiento de las clases en pugna, el retroceso a estados de barbarie. (Esto último, por otra parte, no es una simple teoria, sino que se confirma en los hechos en el capitalismo decadente. El retroceso a la barbarie que se está produciendo pone de plena actualidad este dilema histórico ante la humanidad entera).

  El contenido del autodesarrollo del proletariado, a la luz de la contradicción del capital que lo determina, es el del autodesarrollo de su esencia negativa, superando el estado alienado de su conciencia, elevando su autoconciencia y alcanzando su forma positiva propia, implícita dialécticamente en la relación del capital desarrollada: el comunismo, como negación de los limites y preservación de las fuerzas creadas por el capitalismo.

  Pero, al decir que está implícita "dialécticamente", estamos afirmando al mismo tiempo que, en realidad, el comunismo solamente puede desarrollarse como movimiento consciente cuando la conciencia proletaria supera su propia inmediatez, esto es, cuando en su dimensión intelectual llega a lo abstracto y es capaz de pasar luego de lo abstracto a lo concreto. O sea, cuando se vuelve conscientemente dialéctico y materialista y capta la realidad como totalidad concreta. Sin ello, en el plano de la conciencia y de la práctica, es inevitable que la tendencia al comunismo se vea limitada al intentar expresarse a través de las concepciones burguesas -o sea, de las formas de la conciencia dominante-, las cuales imposibilitan, deformando y desviando, la consumación real de la tendencia revolucionaria. Con este nivel de conciencia solamente se puede llegar a realizaciones parciales y puntuales que serán barridas por la clase dominante o subordinadas al capital.

  Por otra parte, si las concepciones desarrolladas autónomamente, el comunismo concevido, no se une a las condiciones efectivas de la sociedad existente; si, por lo tanto, el pensamiento intelectual no realiza su unidad viva con la práctica actual, su potencia crítica no se realiza en la práctica y permanece bajo la dominación de la conciencia burguesa, estigmatizado como una utopía y como una ilusión. Puede llegar a ser un movimiento relevante (aunque escaso numéricamente) dentro del proletariado, como así ha sido hasta ahora durante las oleadas de ascenso revolucionario de la lucha de clases (como en los años 20 e o en los 70), pero no puede aún plantear en la realidad concreta su programa y su organización como la representación de los intereses del conjunto de la sociedad.

  Aún si consiguiese, en el curso del extremamiento del antagonismo de clases, una posición de poder, lo haría sin una comprensión concreta de cómo transformar la sociedad existente y reproduciendo inevitablemente sus relaciones, engendrando una deformación de la revolución que podría conducir a su propia derrota. Y en esto consisten esencialmente las causas de la división entre el bolchevismo, el anarquismo y el comunismo de consejos en los países capitalistas desarrollados, corrientes de entre las cuales el último es, desde nuestro punto de vista, la tendencia revolucionaria más avanzada, o sea, más avanzada en su ruptura concreta con el reformismo y, además, la única que se esfuerza por, y comienza a, concevir concretamente el comunismo.

  La enorme complejidad de la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista tiene como condición necesaria la liberación de la espontaneidad creativa de las masas, pero esta no es suficiente, dado que la dominación capitalista no se supera inmediatamente con ello, sino solamente con la superación de su existencia concreta. Frente a la espontaneidad creativa de las masas revolucionarias se levanta siempre, por delante, la mobilización contrarrevolucionaria de la clase capitalista y sus representantes, pero también, por detrás, la fuerza contrarrevolucionaria de la conciencia dominante dentro de las propias masas y dentro de la clase revolucionaria misma. El partido de la revolución, el sector del proletariado que haya desarrollado su capacidad de unirse y actuar como clase de modo consciente (o sea, como partido político efectivo frente a la clase dominante en su conjunto), no sólo tiene que ser capaz de transformar las viejas relaciones sociales para reemplazarlas por otras superiores, sino que tiene también que vencer el poder material y espiritual del capital, que trasciende a la clase dominante misma y su influencia (pues, ella misma, no es más que la clase de los funcionarios del capital, el capital en su existencia autonomizada subjetiva). Esta esencia universal del capital, abstracta, pero real, fuerte y activa; el capital en su existencia universal en todas las formas de relación y de actividad sociales existentes, como poder limitante contenido en todos los componentes y formas de actividad de la sociedad actual, solamente puede ser superado por una conciencia no sólo radical, sino también simultaneamente universal

 

(2) Esta contradicción entre el valor de cambio creado y el valor de cambio recibido (la trasposición y realización en la forma-mercancía de la contradicción interna al trabajo asalariado y al proceso del capital en su conjunto), y no el hecho de la explotación tomado estáticamente, es el motor del desarrollo de las fuerzas productivas, que en el capitalismo adopta la forma de acumulación de capital; pero a la vez es su producto genuino, puesto que las fuerzas productivas no son aquí otra cosa que fuerzas productivas del trabajo social, los medios para aumentar la productividad del trabajo asalariado.

  Solamente cuando las fuerzas productivas desarrolladas se convierten en fuerzas destructivas, cuando en lugar de incrementar la riqueza social la limitan, cuando el valor del capital constante excede en tal medida al variable que el trabajo excedente tiene que incrementarse a costa de la degradación absoluta de la clase obrera; sólo entonces podemos hablar de decadencia abierta del capitalismo, del paso del estancamiento al hundimiento de la economía mundial, de la efectivización del derrumbe tendencial del capitalismo. La creciente polarización actual, tanto en términos absolutos como en términos relativos, entre el capital y el trabajo, entre ricos y pobres, entre países desarrollados y subdesarrollados, etc., es el síntoma del hundimiento mundial del capitalismo como modo de producción.

 

(***) Nosotros entencemos por "subjectividad obrera" y su desarrollo como el conjunto de las capacidades y facultades subjetivas, especialmente las intelectuales y la actitud, pero sin un sentido limitado. Entendemos que el problema de la alienación tiene que abordarse no sólo en el campo de las relaciones sociales, esto es, cuestionando las relaciones existentes y creando relaciones sociales que favorezcan el libre desarrollo individual y colectivo, sino también en el plano del desarrollo psicológico, en un esfuerzo por tomar conciencia de las propias alienaciones y por entender la vida como el desarrollo del conjunto de necesidades espirituales y materiales humanas. La transformación material y la transformación espiritual de la vida humana son para nosotros dos aspectos necesarios y paralelos del proceso de transformación comunista de la producción y reproducción de la vida social. 

 

(3)  En ciertos sectores puede parecer que no existe división. Sin embargo, como ya dijimos, existen muchos grados de precariedad y de garantización del trabajo, de modo que, en ciertos sectores, es posible que el conjunto del proceso productivo emplee, por sus características capitalistas, solamente trabajo estable (o al menos formalmente estable). Aún así, la precarización se expresa en las diferenciaciones salariales, de jornada, de ritmos de trabajo, etc., que siempre existen y que se incrementan cada vez más. Es a través de sus intercambios como los distintos capitales que integran el proceso productivo en su conjunto imponen sus condiciones y las revierten en el trabajo asalariado que emplean.

 

(4) A nivel particular, esta división social global todavía no parece que se haya efectivado en el proceso de producción (en general, por lo que nosotros sabemos). Esto dependerá del desarrollo de la lucha contra la precarización, y de las formas que vaya adoptando la ofensiva capitalista para incrementar la explotación del trabajo.

 

(5) Del mismo modo que citais a Engels sobre el tema del aburguesamiento del proletariado inglés durante la segunda mitad del siglo XIX, hay que precisar que en este tema ni el ni Marx mantienen una posición similar a la vuestra:

  "Los librecambistas están haciendo uso de la prosperidad, o semiprosperidad, para comprar al proletariado..." (Carta de Engels a Marx, 5 de Feb. de 1851)

  "El proletariado inglés se está aburguesando cada vez más, de tal manera que ésta, la más burguesa de las naciones, aparentemente tiende a poseer una aristocracia burguesa y un proletariado burgués además de una burguesía. Para una nación que explota a todo el mundo, esto se justifica, naturalmente, hasta cierto punto..." (Carta de Engels a Marx, 7 de Oct. de 1858)

  "Cuándo se librarán los obreros ingleses de su aparente infección burguesa es algo que está por ver" (Carta de Engels a Marx, 9 de Ab. de 1863)

  Ni Marx ni Engels aportan una solución precisa al problema. Pero situan la cuestión en la crisis del capitalismo y de la explotación desigual con ella, en combinación con el propio desarrollo de la lucha de clases. La liberación nacional de Irlanda se planteaba como una condición necesaria en este proceso.

  Pero la aristocratización del trabajo, como podría definirse este proceso en la clase obrera inglesa del siglo XIX, no se puede analizar solamente como la causa de una división del proletariado, determinada por la organización capitalista de la producción. También hay que verla como la consecuencia del desarrollo de la lucha de clases precedente, un desarrollo integrado en el capitalismo a través del sindicalismo y del sufragismo.

  "Mientras la derrota de sus hermanos del continente llevó el abatimiento a las filas de la clase obrera inglesa y quebrantó su fe en la propia causa, devolvió al señor de la tierra y al señor del dinero la confianza un tanto mermada. Estos retiraron insolentemente las concesiones que habían anunciado con tanto alarde. El descubrimiento de nuevos terrenos acuíferos produjo una inmensa emigración y un vacío irreparable en las filas del proletariado de Gran Bretaña. Otros, los más activos hasta entonces, fueron seducidos por el halago temporal de un trabajo más abundante y de salarios más elevados, y se convirtieron así en 'esquiroles políticos'. Todos los intentos de mantener o reorganizar el movimiento cartista fracasaron completamente. ... Así pues, si no había habido solidaridad de acción entre la clase obrera en Gran Bretaña y la del continente, había en todo caso solidaridad de derrota." (Marx, Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores, 1864)

  "La burguesía inglesa, además de explotar la miseria irlandesa para empeorar la situación de la clase obrera de Inglaterra mediante la inmigración forzosa de irlandeses pobres, dividió al proletariado en dos campos enemigos. El ardor revolucionario del obrero celta no se une armoniosamente a la naturaleza positiva, pero lenta, del obrero anglosajón. Al contrario, en todos los grandes centros industriales de Inglaterra existe un profundo antagonismo entre el proletariado inglés y el irlandés. El obrero medio inglés odia al irlandés, al que considera como un rival que hace que bajen los salarios y el nivel de vida. Siente una antipatía nacional y religiosa hacia él. Lo mira casi como los blancos pobres de los Estados meridionales de Norteamérica miraban a los esclavos negros. La burguesía fomenta y conserva artificialmente este antagonismo entre los proletarios dentro de Inglaterra misma. Sabe que en esta escisión del proletariado reside el auténtico secreto del mantenimiento de su poderío" (Marx, extracto de una comunicación confidencial, 1869-70, citado por E. del Río en "La clase obrera en Marx")

  La derrota del movimiento obrero reformista está en la base de la división del proletariado, pero, una vez rota la vieja unidad, subordinada al encuadramiento capitalista de la lucha, las divisiones pueden desarrollar-se hasta revestir un carácter antagónico, en el que el estrato obrero superior se separa en base a sus intereses inmediatos del estrato inferior, mientras la burguesía perpetua artificialmente esta situación para mantener su dominación.

  De esta posición privilegiada resulta la apatía y el desclasamiento, que derivan inevitablemente en la connivencia con la explotación burguesa y en el corporativismo.

  "...Incluso en la Federación Democrática [de Londres], los obreros aceptan el programa en su mayoría sin entusiasmo y como una cuestión formal. ... No se deje engañar por nada del mundo creyendo que aquí hay un verdadero movimiento proletario" (Carta de Engels a Bebel, 30 de Ag. de 1883)

  Pero este fenómeno no fue, ya entonces, exclusivo de Gran Bretaña. En Estados Unidos la división y desigualdad internas del proletariado, no aleatorias, sino estructuradas y sostenidas, caracterizaron desde el principio la situación de la clase obrera norteamericana:

  "Me parece que el mayor obstáculo con el que tropiezan ustedes en Norteamérica radica en la posición excepcional de los obreros nativos. Hasta 1848 sólo excepcionalmente podía hablarse de clase obrera nativa permanente: en sus inicios en las ciudades del Este, los obreros albergaban la esperanza de convertirse en granjeros o burgueses. Ahora se ha formado una clase obrera y también se ha organizado siguiendo la línea de las trade unions. Pero sigue asumiendo una actitud aristocrática y siempre que puede deja las ocupaciones ordinarias y mal pagadas a los inmigrantes, de entre los cuales sólo una pequeña parte ingresa en las trade unions aristocráticas. Pero estos inmigrantes están divididos en diferentes nacionalidades... Y vuestra burguesía sabe... cómo indisponer a una nacionalidad contra la otra... de tal modo que en New York existen, según creo, diferencias de niveles de vida de los diversos obreros en una medida sin precedentes en ninguna parte". (Carta de Engels a Schlüter, 30 Mar. de 1892).

 

(****) "Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues, por lo demás, ellos mismos se enfrentan unos con otros, hostilmente, en el plano de la competencia" (Marx/Engels, Ideologia Alemana)

  "Las condiciones económicas transformaron primero a la masa de la población del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, unos intereses comunes. Así pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aún no es una clase para sí. En la lucha, de la que no hemos señalado más que algunas fases, esta masa se une, se constituye en clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase" (Marx, Miseria de la filosofia)

  Pero inicialmente "el proletariado no está aún suficientemente desarrollado para constituirse como clase" (Miseria de la Filosofía), esto es, su conciencia no se ha desarrollado lo suficiente para cuestionar el poder político del capital. En esta fase de desarrollo del movimiento proletario lo que se destaca es que "el verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unificación cada vez más amplia de los obreros" (Marx/Engels, Manifiesto del Partido Comunista).

  El proceso de desarrollo del proletariado como clase es el resultado del desarrollo del "antagonismo entre el proletariado y la burguesía", que "es la lucha de una clase contra otra clase, lucha que, llevada a su más alta expresión, implica una revolución total" (Miseria de la Filosofia)

  "El proletariado es revolucionario frente a la burguesía porque habiendo surgido sobre la base de la gran industria, aspira a despojar a la producción de su carácter capitalista, que la burguesía quere perpetuar" (Marx, Crítica del Programa de Gotha). Es decir, solamente es revolucionario y actua como clase en la realidad cuando cuestiona el carácter capitalista de la producción, y, por tanto, de la explotación, no cuando cuestiona la producción o la explotación de un modo todavía superficial.

  Todo el proceso de construcción de su unidad como clase es la fase que prepara su constitución como clase, es decir, como partido político no en su sentido burgués, sino en el sentido de movimiento político organizado de la clase, de un movimiento que es el resultado de la lucha de clases y que es la acción política del proletariado como clase.

  En este proceso las luchas internas y la consiguiente ruptura de la unidad son inevitables. "El desarrollo del proletariado se realiza en todas partes por medio de luchas internas... En Alemania hemos superado la primera fase de la lucha interna y nos esperan otras fases. La unidad es algo muy bueno mientras sea posible, pero hay cosas más elevadas que la unidad. Y cuando, como Marx y yo, se ha luchado toda la vida más duramente contra los pseudosocialistas que contra nadie... no puede lamentarse mucho que haya estallado la inevitable lucha." (Engels, Carta a Bebel, 28 Oct. 1883).

 

(6) Los sectores estratégicos son aquellos que realizan un trabajo vital o básico para el desarrollo de la vida económica ordinaria de la sociedad. En particular son ampliamente conocidos los ejemplos de las luchas en el transporte público urbano o en la recogida de basuras, que por su posición imponen la mediación de las instituciones politicas burguesas en las luchas, favoreciendo claramente el mantenimiento de las mismas dentro de la dinámica reformista y sindical. Está claro que este no es el único factor y que hay que considerar las particularidades de cada lucha o conflicto, pero la posición sectorial estratégica, aún cuando vaya acompañada por el trabajo precarizado, actua como contrapeso de la agudización tendencial de la degradación del trabajo.

 

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