¡¡¡La autoliberación del proletariado
es el derrumbe del capitalismo!!! *
1. En todo el mundo, la situación de vida de la clase obrera se está degradando continua e irreversiblemente. El capitalismo, que hasta los anos 70 había logrado paliar su crisis estructural como modo de producción, se agotó desde entonces como sistema progresivo para la humanidad.
Durante los últimos 30 anos la acumulación de capital, crecientemente internacionalizada, comenzó a sustentarse no en el desarrollo de las fuerzas productivas sociales -esto es, en la elevación de la productividad del trabajo mediante el desarrollo tecnológico-, que constituye la característica progresiva esencial del capitalismo (**). En lugar de esto sufrimos el empobrecimiento absoluto de la clase obrera en todos los países: reducción absoluta de los salarios, extensión de la jornada laboral, intensificación absoluta de los ritmos de trabajo, flexibilización de la contratación, desinversión en la seguridad en el trabajo, ataques contra todas las conquistas históricas del movimiento obrero. El capitalismo ya no puede sustentar la rentabilidad del capital más que en la degradación absoluta del trabajo, provocando el retroceso histórico continuo de nuestras condiciones de existencia.
La contradicción interna del modo de producción capitalista, entre el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social y las relaciones capitalistas de producción, que analizó científicamente como un todo dinámico Karl Marx en su obra El Capital, está actualmente en su fase de declive histórico final, un declive que se cierne fundamentalmente sobre la clase obrera y l@s oprimid@s del planeta, como una ola de barbarie y descomposición de la vida social que destruye la humanidad como especie y en su esencia.
Para afrontar el descenso de la tasa de beneficio, provocado por el propio desarrollo de las fuerzas productivas sociales, que al economizar trabajo humano socavan también la fuente real del valor -el propio trabajo-, la clase capitalista necesitó suprimir toda la vieja política de bienestar social, de intervencionismo inversor del Estado, hasta reducirlos a los mínimos necesarios para la continuidad del capitalismo privado. De este modo, la clase burguesa se libera de las cargas tributarias, que se hacían inasumibles para mantener la rentabilidad competitiva de los capitales -o lo que es lo mismo, la maximización del beneficio, su elevación creciente en proporción a la inversión-, sin lo cual el capitalismo se paralizaría en una crisis interminable, provocada precisamente porque los medios de producción de la riqueza social son la propiedad privada de una minoría.
A menos que el proletariado retome su lucha histórica con todas sus fuerzas, todas las viejas conquistas del movimiento obrero están condenadas a desaparecer, y nuestra situación a empeorar cada vez más. Pero esta energía sólo puede ser liberada de las cadenas de sumisión material y espiritual al capitalismo situando en el horizonte el objetivo de una auténtica transformación sustancial de las nuestras condiciones colectivas de existencia, que sólo será posible a través de la lucha revolucionaria por suprimir el capitalismo.
2. El proletariado, la clase internacional desposeída de los instrumentos y las condiciones de trabajo, de los medios para producir su propia vida material, encarna ya en sí mismo la negación de la propiedad privada, que no es otra cosa que el producto de su propio trabajo transformado en un poder ajeno que le domina. Sus intereses le orientan, por eso, de modo espontáneo a la unidad frente a esta privación y a la lucha por suprimir a misma. El comunismo, no es otra cosa que el movimiento real del proletariado luchando por suprimir su existencia alienada, su existencia "para otro": para el capital, para el capitalista. O de modo más preciso: el comunismo es el modo de actividad del proletariado cuando actúa revolucionariamente para suprimir la propiedad privada.
La única alternativa al capitalismo es un comunismo auténtico, o sea, la supresión de la división en clases de la sociedad, que es la raíz de las limitaciones y decadencia de la sociedad actual. La revolución proletaria, la construcción del comunismo como régimen social, la creación de una sociedad comunista, tiene que empezar por suprimir el trabajo asalariado -cuya esencia es la subordinación del trabajo vivo a la acumulación de capital (trabajo materializado)- y los demás rasgos y categorías económicas de funcionamiento del capitalismo: el valor y el plusvalor, la mercancía y el mercado, la división del trabajo intelectual y manual, la competencia.
La condición de este proceso, esencialmente económico, es la destrucción violenta del Estado capitalista y su sustitución por el poder autoorganizado y democrático del proletariado, de la mayoría de la sociedad, para suprimir la propiedad privada de los medios de producción sociales y la separación entre la sociedad civil y el poder político organizado. Los llamados regímenes "socialistas" o "comunistas", el propio bolchevismo, no sólo no realizaron el comunismo, sino que ni siquiera alcanzaron un nivel de desarrollo material de la sociedad comparable al capitalismo avanzado que era su contemporáneo. El bolchevismo creó una forma totalitaria de capitalismo de Estado, basada en la explotación del trabajo asalariado y, consiguientemente, en la dominación política e ideológica de una nueva clase dominante sobre el proletariado, una burocracia como propietaria colectiva de los medios de producción.
Por supuesto, estos sistemas sociales estuvieron lejos de dar lugar a una verdadera libertad y autorrealización humana, tanto material como espiritualmente.
3. En los anos 20, una minoría revolucionaria, formada tanto práctica como teóricamente en la lucha de clases, y que constituía el núcleo avanzado del proletariado revolucionario en Alemania y Holanda, desarrolló su ruptura con la socialdemocracia hasta dar un salto cualitativo. Su programa no era ninguna invención teórica, sino que expresaba tanto la tendencia real de los sectores más conscientes del movimiento proletario como las necesidades del conjunto de la clase, que debía alcanzar su autonomía en contraposición a todas las fuerzas que la ataban al capitalismo.
Estas posiciones hicieron que esta vanguardia pasara, rápidamente, primero a la oposición de izquierda al bolchevismo en la III Internacional (o Internacional Comunista), y luego a romper con el bolchevismo como un todo, desarrollando la corriente comunista de pensamiento y acción que Lenin calificaría de "izquierdismo" -calificativo que sirvió, entonces, para ocultar el oportunismo y las connivencias de los bolcheviques con los socialreformistas y las burguesías occidentales, así como el carácter capitalista y dictatorial del su régimen, denunciados por los comunistas revolucionarios-.
Después de la ruptura con la III Internacional estos militantes revolucionarios, para diferenciarse de los "comunistas de izquierda", que se limitaban a la oposición parcial al bolchevismo, adoptaron la denominación de "comunistas de consejos", en alusión a la estrecha vinculación de su concepción del comunismo con el desarrollo del poder organizado de l@s proletari@s mismos mediante los soviets o consejos obreros.
El comunismo de consejos se opone a la concepción leninista de la revolución proletaria y de la realización del comunismo, considerando que la revolución rusa de 1917 y las subsiguientes imitadoras fueron revoluciones burguesas, que dieron lugar a formas totalitarias de capitalismo de Estado. Tampoco considera que los sindicatos y los partidos políticos, cada vez más integrados como instrumentos del Estado capitalista, y nacidos en la época del capitalismo ascendente y progresivo del siglo XIX, puedan ser los vehículos y formas de organización de la lucha revolucionaria, ni en su fase inicial dentro del capitalismo, ni durante y después de la propia revolución. El proletariado necesita nuevas formas de organización que respondan a su emancipación individual y colectiva como seres humanos, y que sirvan para fundamentar su desarrollo autónomo como clase revolucionaria consciente y como poder de masas frente al capitalismo, formas de organización que constituyan la base de su futuro poder revolucionario organizado en consejos obreros.
El comunismo de consejos considera que la función de la vanguardia revolucionaria, del núcleo avanzado del propio proletariado, es contribuir a que los propios trabajadores/as, por sí mism@s, se liberen de las cadenas espirituales del capitalismo, tomando conciencia de su poder, de su capacidad de acción, despertando todas las energías dormidas por una vida de esclavizamiento en el trabajo y de anulación política e intelectual. Este esfuerzo combinado, que concurre con la propia lucha de clases impulsada por las necesidades inmediatas, y que encuentra en esa lucha la fuente de vitalidad y de experiencia necesarias para acometer el desarrollo autónomo de la clase obrera como sujeto revolucionario, constituye el elemento activo y básico del movimiento comunista real, del movimiento obrero revolucionario.
El comunismo de consejos sitúa todas sus esperanzas en las propias capacidades de l@s proletari@s para luchar y pensar por sí mism@s, asumiendo la puesta en práctica real, radical y universal, de la histórica consigna internacional: "LA EMANCIPACIÓN DE LA CLASE OBRERA DEBE SER OBRA DE L@S OBRER@S MISM@S".
4. L@s Comunistas Revolucionari@s somos hereder@s del comunismo de consejos, que constituye la corriente histórica del pensamiento revolucionario del proletariado, brotando del marxismo original y confluyendo con las mejores aportaciones del anarquismo, pero actualizando la praxis revolucionaria en una síntesis superior.
Consideramos que nuestra tarea como grupo, que responde a las necesidades inmediatas y futuras de la clase obrera y de la humanidad entera, es construir un programa para el desarrollo integral del proletariado como sujeto revolucionario, un programa que sea un auténtico método de comprensión y transformación del mundo, una guía para la acción en la época actual, marcada por el confusionismo creado por los poderes ideológicos del capital y por el anacronismo de las concepciones, de las organizaciones y de las prácticas del viejo movimiento obrero.
L@s Comunistas Revolucionari@s defendemos que el capitalismo está actualmente en su fase de decadencia abierta, y que el reformismo obrero y sus organizaciones -el viejo movimiento obrero, desde hace tiempo cada vez más abandonado por l@s propi@s obrer@s, por los elementos más conscientes de la clase- tienen que ser superados. La lucha por reformas sólo tiene sentido ahora como un medio necesario para la supervivencia y, simultáneamente, para construir la conciencia y la organización del proletariado como poder revolucionario. El capitalismo no puede ser reformado, solamente puede ser destruido. Las viejas organizaciones obreras, sindicatos y partidos, son hoy en su mayor parte meros apéndices del Estado capitalista, instrumentos del capital contra el trabajo, incapaces en el mejor de los casos -el de los sindicatos y partidos "radicales", minoritarios- de enfrentarse al poder capitalista, de organizar al proletariado como poder revolucionario, y de crecer sin caer dentro de las redes del poder capitalista.
Las viejas formas de organización son formas que reproducen las relaciones sociales capitalistas, la subordinación del trabajo vivo al trabajo materializado, de la energía de la clase a estructuras de representación, basadas respectivamente en el mero aglutinamiento de masas en el caso de los sindicatos, y en sometimiento del pensamiento individual a la ideología en el caso de los partidos políticos. La construcción de un nuevo movimiento obrero pasa por fundamentar todo en la cooperación libre y entusiasta entre iguales, por sustituir el aglutinamiento de individuos tras unos cuantos dirigentes por la creación de agrupamientos autónomos a partir del compromiso individual con la lucha práctica y en un espíritu de comunidad y fraternidad: auténticas comunidades de lucha de l@s proletari@s. Pasa también por la supresión de todas las formas especiales de partido, fundadas en el sometimiento intelectual dentro y en la lucha por la hegemonía política e ideológica sobre las masas -cuando no pura y simplemente por el poder en el Estado burgués-. Los partidos políticos deben ser reemplazados por agrupamientos de nuevo tipo, basados en el compromiso de clase y en el continuo trabajo de desarrollo teórico, de propaganda y agitación, cuya función es aportar elementos para la autoclarificación de la clase obrera e impulsarla así a la acción autónoma, no dirigirla políticamente o "educarla" en las ideas revolucionarias.
Igual que las relaciones de producción capitalistas, que de condiciones positivas para el desarrollo de la sociedad se convierten ahora en trabas a él, las formas de organización obrera tradicionales se convierten también en trabas al desarrollo del proletariado como sujeto revolucionario, impidiendo que rompa espiritualmente con su condición social forzada, esclavizadora y alienante, con su condición de clase dominada. Pero, la construcción de nuevas formas de organización, sólo puede ser el resultado de las necesidades determinadas por la lucha de clases, junto con la imprescindible maduración de la conciencia del proletariado a respecto de las mismas. Por eso, para el comunismo revolucionario el desarrollo de la lucha de clases con una orientación revolucionaria práctica, la organización basada en la cooperación libre, y el crecimiento de la conciencia del proletariado, constituyen una unidad interdependiente.
5. Por consiguiente, l@s Comunistas Revolucionari@s concebimos la lucha de la clase y el desarrollo de su conciencia y organización como procesos paralelos. Transformación y autotransformación corren unidos en la verdadera práctica revolucionaria. De ahí que nosotr@s no luchemos únicamente por una libertad material, sino que lo hacemos indisolublemente por una profunda liberación espiritual, viendo en la supresión de las limitaciones y dependencias psicológicas una condición decisiva del progreso del movimiento revolucionario real. El proletariado solamente puede volverse capaz de transformar la sociedad, de construir su movimiento independiente, transformando también su propia vida y su propio ser, esforzándose por suprimir su alienación como ser humano.
La supresión de la división entre dirigentes y dirigidos en el movimiento proletario tiene que basarse en el esfuerzo constante, individual y colectivo, por el desarrollo de las propias capacidades y de la autoactividad, por lograr una transformación integral humana, acorde con nuestra esencia común como especie social, en ruptura con el egoísmo vulgarmente materialista de la propiedad privada, con el consumismo mercantil, con el autoritarismo posesivo, que constituyen la cara externa de la miseria espiritual en la que "vive" la sociedad actual.
Frente a esta miseria espiritual, la verdadera riqueza del espíritu humano reside en el compartir total, en la verdadera comunidad humana, en la realización plena del principio universal del comunismo "de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades", reside en nuestra conciencia e identidad colectivas como especie, en la superación de la vida limitante reducida al acopio irracional de riquezas materiales en detrimento del desarrollo de nuestras capacidades mentales, anímicas y creadoras.
Las necesidades más profundas del ser humano, de naturaleza psíquica, no podrán nunca ser realizadas mediante la posesión de bienes externos, como pretende la cultura de la propiedad privada, sino gracias a un desarrollo integral y pleno de la autoactividad humana, un desarrollo ilimitado de todas las capacidades y potencias humanas. Sin plenitud espiritual, sin verdadera felicidad, la libertad material resulta vacía y la vida material efímera. La verdadera libertad espiritual comienza por la negación del autoritarismo basado en la posesión, del egoísmo excluyente y mezquino; es ver la propia libertad realizada a través de la libertad de l@s otr@s.
El complemento necesario de la miseria espiritual son las diversas formas de alienación religiosa e ideológica, todas las formas de creencia y culto irracional. La religión y todas las ideologías espirituales (inclusive el propio ateísmo en muchos casos) son la expresión alienada de la impotencia humana ante el mundo; todas las aspiraciones que hoy se proyectan en el mundo ilusorio de la mitología religiosa, o supuestamente ateísta (la "Idea", el "Lider", etc.), solamente encontrarán su plenitud y verdadera realización mediante su puesta en práctica para la transformación radical y universal, exterior y interior, de la vida humana. Para esto nosotr@s acogemos, con un criterio experimental y científico, los elementos útiles desarrollados por la psicología occidental y por las corrientes espirituales orientales que sirvan para catalizar y extender esa revolución interior, y ya ahora para mejorar y perfeccionar nuestras capacidades físicas e intelectuales, para activar nuestra energía espiritual e intensificar su fuerza, para luchar también en nosotr@s mism@s y en nuestra vida cotidiana contra la mortificación total que producen el trabajo asalariado y la miseria total de la vida capitalista en general.
No obstante, nosotr@s no defendemos ninguna "ética" o doctrinas especiales, ninguna transformación espiritual como condición unilateral de la transformación material de la vida humana. Vemos la transformación espiritual y la transformación material de la vida indisolublemente ligadas, como procesos y realidades paralelos e interactuantes; por consiguiente, ambos están igualmente limitados y en pugna con nuestra existencia como trabajadores/as explotad@s, en antagonismo con toda la sociedad capitalista. Por ello, la transformación interior y la lucha por el comunismo son inseparables.
La liberación espiritual es decisiva para el desarrollo del movimiento revolucionario, pero lo determinante del carácter revolucionario del movimiento es el antagonismo de clases que atraviesa la sociedad capitalista en todos los aspectos de la vida social. El comunismo no es la idea de ningún genio, sino antes de nada la necesidad viva del proletariado de superar la sociedad existente. Su realización requerirá, como decían Marx y Engels, de todas las energías de que disponga la clase revolucionaria, del desarrollo de sus capacidades en correspondencia con las tareas y objetivos que habrá de cumplir, de su asociación para efectuar esta inmensa transformación, que significará el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad.
El desarrollo de las fuerzas productivas se convierte, bajo la dominación de la propiedad privada, en un desarrollo proporcional de las formas de dominación de clase. Por eso, hoy más que nunca, queda patente la dificultad del proletariado para deshacerse de todas las cadenas espirituales que le atan a la sociedad burguesa, y se hace evidente que la liberación espiritual requiere de medios más potentes y de la aplicación de mayores energías a ese trabajo. A la unidad totalitaria de la dominación del capital, material y espiritual, el proletariado tiene que contraponer el carácter integral de su autoliberación, consciente de que "no la crítica, sino la revolución, es la fuerza propulsora de la historia".
El esclavizamiento espiritual que supone el trabajo asalariado y la vida alienada han impedido hasta ahora, e impedirán aún más en el futuro, que cualquier movimiento revolucionario pueda -más allá de las apariencias- ser el resultado de cualquier revolución espiritual o de las ideas. Es a través de la lucha de clases, que quiebra la dominación material del capital, cómo el proletariado puede impulsar su propia autotransformación. Solamente con la maduración de este proceso espontáneo podrán, l@s proletari@s en general, pasar -de modo natural y por pura necesidad- de lla conciencia inmediata a una conciencia racional, teórica, sobre su lucha y, simultáneamente, elevarse a una comprensión similar de su propia transformación interior, lo cual es hoy aún algo preeminentemente experimental.
¡¡¡ L@s Comunistas Revolucionari@s llamamos a tod@s l@s trabajadores/as a unirnos en el esfuerzo para esta lucha por un comunismo auténtico e integral !!!
* Ígneo nº 1, otoño de 2004, «¡¡¡La autoliberación del proletariado es el derrumbe del capitalismo!!!».
** El desarrollo de la productividad del trabajo en el capitalismo implica en sí mismo un empobrecimiento relativo de l@s trabajadores/as, por cuanto sus salarios y condiciones de vida no crecen de modo proporcional a la magnitud en que aumenta la productividad del trabajo social y, con ella, la masa de la riqueza capitalista. Hay que diferenciar, pues, el empobrecimiento relativo del empobrecimiento absoluto, el incremento de la explotación por vía de la productividad del trabajo del incremento de la explotación por vía de la destrucción de las condiciones de existencia social del proletariado.