UNIVERSIDAD DEL ZULIA

FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN

DIVISIÓN DE ESTUDIOS PARA GRADUADOS

DOCTORADO EN CIENCIAS HUMANAS

 

 

 

 

 

Tesis Doctoral (Primera Parte)

 

EL ROL POLÍTICO DE LA TECNOLOGÍA: UNA CRÍTICA A LA RACIONALIDAD MODERNA

 

                                               Participante: Francisco José, Ávila F.                 Tutor: Dr Álvaro Márquez-Fernández.

 

Maracaibo, Octubre de 2003

Trabajo realizado por Francisco Avila F.

Profesor Titular de la UNERMB

Este trabajo se publicó en la Página Web el 29-03-04

favilaf@cantv.net  or ciceron.geo@yahoo.com 

Webmaster:Hernán Díaz

hernandiaz@usa.net

 

NOTA: PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN PERMISO DEL AUTOR. SI SE TRATA DE ARTÍCULOS PARA REVISTAS INDIZADAS O ARBITRADAS O SI SE UTILIZA COMO REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA EN TESIS DE MAESTRÍAS O TESIS DOCTORALES FAVOR  ENVIARME UN EJEMPLAR DEL ARTÍCULO PUBLICADO O DE LA TESIS RESPECTIVA PUBLICADA.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

AGRADECIMIENTOS

 

    Nunca es tarde para afrontar los retos múltiples y diversos en la vida. Hace cinco años, en 1999, después de varias reflexiones, algunas de ellas tardías, decidí hacer el largo recorrido de enfrentarme a los estudios doctorales. Hoy estoy a punto de culminar ese profundo sueño que una vez tuve, como profesor y hombre que se enfrenta a los riesgos que la mundanidad le tiene reservados. Es que el mundo también se construye con sueños y utopías, que se convierten en realidad con esfuerzos propios, máxime si se corre con la suerte de conseguir la mano amiga, que amplia, sincera y extendida se presenta para afinar pretensiones y descifrar mejor los enigmas y aconteceres.  

    En ese sueño, hecho realidad, deseo reconocer mi permanente agradecimiento a quienes se convirtieron en compañeros de conquistas logradas con sus experiencias y sabiduría. En primer lugar, a mi tutor, Dr Álvaro Márquez-Fernández quien poseedor de una gran tolerancia, supo entender mis angustias iniciales, perdidas por momentos en oasis que no mitigaban la sed.

    A la Dra Gloria Comesaña S. por sus acertadas y minuciosas observaciones en las investigaciones libres que asesoró. Al Dr Carlos Muñoz G., catedrático de la Universidad Complutense, por sus sugerencias dirigidas a mejorar y organizar substancialmente los pensamientos e ideas expresados en este trabajo. 

    Finalmente, a la Dra Concepción Naval, catedrática de la Universidad de Navarra, por su desinteresada ayuda y contribución para que el sueño se convirtiera en realidad.           

 

 

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

 

 

 

 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

EL ROL POLÍTICO DE LA TECNOLOGÍA: UNA CRÍTICA A LA RACIONALIDAD MODERNA. Francisco Ávila Fuenmayor. Programa Doctoral en Ciencias Humanas (PDCH). Facultad de Humanidades y Educación. Universidad del Zulia. Octubre de 2003.

 

 

RESUMEN

 

 

El propósito del presente trabajo, es estudiar desde el enfoque de la Escuela de Francfurt, la ciencia y la técnica en los países altamente industrializados, en los que la sociedad queda subordinada al orden de la razón capitalista tecnificante, que se sirve de la esfera de la política a fin de lograr la universalización de prácticas sociales. Es así como hoy tenemos un mundo cada vez más carente de conciencia social y ciudadanía política, puesto que no se reconocen por igual el derecho que todos tienen a que les sean reconocidos sus derechos humanos. La sociedad no ha dejado de ser una sociedad estratificada en función del orden de poder con el que se representa el universo de la razón. Es que en nombre de la ciencia y de la técnica se pregona un falso “progreso científico”, que no logra resolver en verdad los complejos problemas de sobrevivencia que presentan la mayoría de los seres humanos en los llamados países en vías de desarrollo. En consecuencia, observamos un mundo sumido en una permanente pugnacidad, que lejos de consolidar la fraternidad y la solidaridad entre pueblos hermanos, está orientado hacia una potencial ruptura del orden mundial, ahora exacerbada por la lucha terrorista en procura de beneficios político-económicos de grupos que pugnan por el poder para el logro de sus objetivos. Es así como el neoliberalismo y el concepto asociado de mercado total, se convierten en un ataque a la autonomía de las naciones y sus culturas, y al concepto mismo de la vida del sujeto humano, estableciendo una injusticia social ya que no sólo “reduce” los modos de vida, sino que impone además, la ley de lo económico en otros niveles y los despoja así de su propia cualidad.

 

 

 

Palabras clave: Escuela de Francfurt, poder, tecnología, razón, neoliberalismo, mercado.

 

 

 

 

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

 

 

ÍNDICE DE CONTENIDO   

 

                                                                                                 página

 

Agradecimientos ………………………………………………….    01

 

Planteamiento del Problema……….........................................    06

 

Formulación del Problema........................................................   14

 

Objetivos de la Investigación……………...................................  14

 

Justificación de la Investigación………………………..…………. 15 

 

Marco Teórico ….………………………………..............................21

 

 1.- La Política como espacio de convivencia discursiva……22

 

   1.1.- El pensamiento uniforme en la sociedad postindustrial….25

       1.1.1.- El ethos de Hebert Marcuse……………………………25

       1.1.2.- La razón unidimensional………………………………. 29

       1.1.3.- El concepto de alienación …………………………….. 33

       1.1.4.- La disolución de la sociedad industrial………………. 38

       1.1.5.- ¿Revolución o reforma?............................................. 42

 

   1.2.- Control mediático de la opinión pública…………………….47

       1.2.1.- Condicionamiento de las necesidades

                  del ser humano…………………………………………. .47

       1.2.2.- Una sociedad manipulada por la publicidad…………. 48

       1.2.3.- La posibilidad de un mundo nuevo……………………  53

       1.2.4.- El papel de la filosofía en la utopía de Marcuse……    57

       1.2.5.- La sociedad del espectáculo…………………………...  63

 

   1.3.- Pragmática del discurso y acción política ciudadana……..  74

       1.3.1.- La comprensión del totalitarismo y la acción política… 76

       1.3.2.- Socavación de la política a través de la

                   violencia y el dominio…………………………………… .82

       1.3.3.- El concepto de poder político en Hannah Arendt………86

       1.3.4.- El binomio técnica-política en Mayz-Vallenilla………….94

 

   1.4.- Crítica a la razón instrumental de la modernidad………….105

        1.4.1.- Control ideológico de las sociedades

                    por parte del capitalismo……………………………… 107

        1.4.2.- El rescate de la razón dialéctica……………………..   110

        1.4.3.- Popper contra la razón dogmática

                    del positivismo………………………………………..    117

       

2.- Dominio técnico e ideología tecno-científica……………… 120.

 

  2.1.- Racionalidad e irracionalidad de la razón…………………. 124

       2.1.1.- El papel ideológico de la ciencia……………………… 124

       2.1.2.- Crítica al progreso tecno-científico…………………… 129

 

  2.2.- El poder de la razón y el poder de los saberes…………… 139

       2.2.1.- Topología del poder……………………………………. 142

       2.2.2.-  Congruencia entre saber y poder……………………. 145

       2.2.3.- La razón técnica como soporte ideológico……………149

       2.2.4.- La verdad como fundamento de la ciencia……………154

      

  2.3- Neoliberalismo y mercado total………………………………. 164

      2.3.1.- Capitalismo y democracia………………………………. 171

         2.3.1.1.- La inversión antropológica…………………………   177

         2.3.1.2.- La ciencia bajo la óptica del neoliberalismo………  181

 

      2.3.2.- Enjuiciamiento filosófico de la globalización neoliberal..190

         2.3.2.1.- El regreso al sujeto viviente…………………………  193

         2.3.2.2.- La globalización del mundo como estrategia

                        de acumulación del capital………………………….. 202

 

 

Marco Metodológico………………………………….…………………212

 

Conclusiones ……………………………………………………………213

 

Comentario Analítico de la Bibliografía Básica…..........................   215  

 

Bibliografía……. ………………………….………………………….… 232

 

 

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

 

    El siglo que comienza, se caracteriza por una crisis de amor y solidaridad entre los seres humanos. Nos adentramos a un mundo en el que la cantidad de bienes de fortuna que se posea parece ser la nota resaltante de la existencia y la razón por la que se vive, dejando de lado valores como la moral, la justicia, la equidad y la ética, que siempre han caracterizado en casi todas las épocas las luchas del hombre por alcanzar un humanismo histórico.

  Sin embargo, la historia de la modernidad nos presenta a países altamente industrializados cada vez más alejados de la filosofía de los valores y más interesados en el desarrollo de una racionalidad del poder, que han puesto todos sus esfuerzos en procurar el dominio tecnológico del ámbito de lo social, económico y político, con el propósito de controlar hegemónicamente todas las esferas de las prácticas sociales de producción.

    En este sentido, la racionalidad es inherente a la naturaleza misma del sistema capitalista que se consolida como tal en el siglo XVIII. Para imponerse, los científicos lucharon frontalmente contra el predominio del principio teológico que constituía el orden feudal, al tiempo que convivieron, desde el Renacimiento en el siglo XV y XVI, con la filosofía, la religión, la masonería, la astrología, la metafísica, lo esotérico. Hasta pudo constituirse la ciencia como la única vía de explicación de la realidad natural en el caso de las ciencias naturales y de la realidad social en el caso de las ciencias sociales.

    Es decir, la racionalidad pura, generada y aplicada por el hombre intelectual o científico, es un esfuerzo de concentración mental sobre la realidad, que explica con categorías, conceptos y teorías específicas dicha realidad, eliminando el animismo, las esencias o las influencias planetarias, así como la suerte y la causalidad. “Esta racionalidad se socializó, inclusive para todos los individuos de la sociedad, vía escuela, al convertirse la ciencia en el único saber que proporciona la verdad. Ciencia y verdad absoluta eran lo mismo” 1. Esto va sucediendo desde el mismo momento en que empieza a emerger el capitalismo, como sistema social universal, hegemónico y concreto.

    Además, observamos cómo el uso indiscriminado de la racionalidad tecnológica, cuando ésta hace caso omiso de los principales principios éticos y morales de convivencia humana, genera un efecto perverso que limita significativamente el desarrollo pleno de los seres humanos.

----------------------------

    1    Méndez, Evaristo. “El desarrollo de la ciencia: un enfoque epistemológico”. Espacio Abierto. Cuaderno Venezolano de Sociología. Vol. 9, #4. Octubre-diciembre 2000. p. 510. En adelante identificaremos por EDC.

 

    Asistimos a un mundo en el que el dominio de la racionalidad técnica lo abarca casi todo, tanto en nuestra forma de supervivencia histórica como en nuestra relación con la Naturaleza.

    Hoy, tenemos un mundo cada vez más carente de conciencia social y ciudadanía política, puesto que no se reconocen por igual el derecho que todos tienen a que les sean reconocidos sus derechos humanos. La sociedad no ha dejado de ser una sociedad estratificada en función del orden de poder con el que se representa el universo de la razón.

    Es que en nombre de la ciencia y de la técnica se pregona un falso “progreso científico”, que no logra resolver en verdad, los complejos problemas de sobrevivencia que presentan la mayoría de los seres humanos en los llamados países en vías de desarrollo. El nuevo ídolo de la “razón técnica”, aliena mucho más al hombre: Un ejemplo lo tenemos en que antes de convivir como aliado de la naturaleza, para mejorar su habitat en la tierra, aquél procura arrancarle de sus entrañas todas sus riquezas con el objeto de lograr beneficios económicos para incrementar el poder político.

    Una consecuencia de ello, es la contaminación exagerada del aire que respiramos, de las fuentes de agua y del ambiente. Así vemos que los temas relativos a la desforestación de las selvas tropicales y la destrucción progresiva de la capa de ozono, se han convertido en temas políticos y de preocupación ciudadana en todo el mundo. 

    En este mismo sentido, observamos un mundo sumido en una permanente pugnacidad, que lejos de consolidar la fraternidad y la solidaridad entre pueblos hermanos, está orientado hacia una potencial ruptura del orden mundial, ahora exacerbada por la lucha terrorista en procura de beneficios político-económicos de grupos que pugnan por el poder para el logro de sus objetivos.

    En esta línea de pensamiento, la problemática principal está centrada en una injusticia social que se agiganta por la acumulación de capital en pocas manos, desconociendo los derechos sociales y económicos al resto de los seres humanos que viven en condiciones de pobreza crítica.

    Podemos decir entonces, que dicha acumulación de capital en pocas manos, es consecuencia de la imposición de una forma de racionalidad instrumental, como señala Adorno, cuyos fines son los fines de una racionalidad cuyos intereses son los intereses propios de una concepción individualista y liberal de la sociedad y de las personas.

    En otras palabras, es la aparición histórica de la racionalidad económica capitalista en su versión tecnificante de los procesos de  producción y consumo, puesto que ahora el efecto reductor del mundo a pura mercancía se ha globalizado, como un modo de producir la vida misma en una estructura de intercambios de valores, en la que predomina, según dice Hinkelammert, la confiscación de las relaciones intersubjetivas libres y autónomas. La sociedad queda subordinada al orden de la razón capitalista tecnificante, que se sirve de la esfera de la política a fin de lograr la universalización de prácticas sociales.

    Entonces, desde este punto de vista se puede explicar la globalización actual como un proceso fundamental de expansión de la economía capitalista a través del concepto de mercado total, que en el curso de su expansión, y como lógica del capital, engendra procesos de transformación en todos los otros niveles de la vida humana: el político, el social, el religioso, el cultural, etc.

    Es decir, el neoliberalismo y el concepto asociado de mercado total,  serían a la vez, un ataque a la autonomía de las naciones y sus culturas, y al concepto mismo de la vida del sujeto humano, estableciendo una injusticia social ya que no sólo “reduce” los modos de vida sino que impone además, la ley de lo económico en otros niveles y los despoja así de su propia cualidad.

En el caso latinoamericano, el neoliberalismo se muestra al comienzo como pensamiento y proyecto económico, pero rápidamente se transforma en un proyecto de sociedad en el cual el sistema de mercado se erige en principio central y organizador de la sociedad. El fracaso de los modelos desarrollistas impul­sados en las décadas de los años cincuenta a setenta justificó el inicio del neoliberalismo.

Desde el punto de vista histórico, su implantación en América Latina se remonta al año 1973 bajo el amparo de la dictadura chilena, fecha a partir de la cual se extiende por todo el continente. En la década de los ochenta tiene mayor empuje a raíz del estallido de la crisis de la deuda externa, cuando los gobiernos estadounidenses de Reagan y Bush, conjuntamente con  las instituciones internacionales de crédito imponen a la fuerza los llamados Programas de Ajuste Estructural en todo el continente. Finalmente, en la década de los noventa, está funcionando a plena capacidad en toda América Latina.

    El programa neoliberal se define en oposición a lo que pretende superar y en función de lo que promete instaurar. En América Latina se plantea a partir de tres grandes líneas maestras: -  El anticomunismo. - El desmontaje del desarrollismo interpretado como intervencionismo promotor de ineficacias (burocratización, estatalismo, monopolios nacionales inefi­cientes, gasto social y reconocimiento institucionali­zado de los conflictos de clase). – El mercado como elemento mesiánico que servirá de eslabón para insertarlo en el mercado mundial, para tener acceso a los beneficios del progreso técnico, y en un sentido más amplio, a la modernización.

    Es que la injusticia social, asociada a la propia interpretación del neoliberalismo y el mercado total, ha ido socavando paulatinamente la esperanza en lograr un mundo mejor, en el cual la sensibilidad social y los sentimientos humanos sean la fiel expresión de nuestras acciones públicas y en la que aceptemos las opiniones de nuestros semejantes, rebatiéndolas con el verbo y los actos de habla, como seres humanos capacitados de lenguaje como medio de lograr el consenso y el entendimiento.

    En consecuencia, necesitamos repensar el Humanismo que hizo de los rinacistas, seres humanos preocupados por el hombre, por su forma de vida, por sus sentimientos, por la poesía, por la novela y por el arte. Necesitamos, releer la obra “Utopía” -en la que Tomás Moro realiza una dura crítica a la sociedad de su tiempo- y adaptarla a las actuales circunstancias de nuestra época; renovar los postulados de Erasmo de Rótterdam, quien insistía en el perfeccionamiento del hombre mediante una disciplina intelectual.

    En fin, sentimos la necesidad de reeditar “Rimas y Triunfos” del clérigo Francisco Petrarca para reinterpretar la concepción apasionada y respetuosa del amor como sentimiento sublime del ser humano; cantarle a la vida y a la naturaleza, mediante sonetos y canciones emulando a Garcilaso de la Vega, con el firme propósito de reafirmar la tendencia hedonística como fuente permanente de creación para redescubrir el “valor del hombre”, consolidando así su condición de habitante mundano inserto en el mundo de la naturaleza y de la historia, como ser racional finito, capaz de moldear su propio destino, moldear su felicidad propia y la de sus semejantes.

    Por último, debemos reencontrarnos con los pensamientos de “Perciles y Segismunda” de Miguel de Cervantes y Saavedra para darle rienda suelta a la fantasía y al realismo como fuentes de ideales renacentistas; reeditar nuevos monólogos al estilo de Macbeth que canten loas al amor-entre-los-seres-humanos, en alianza permanente con la naturaleza para preservarla de los depredadores, con el firme propósito de que esta perdure para las generaciones venideras.     

    Los pensadores que sirven de base de sustentación hermenéutica a este trabajo son principalmente, Martin Heidegger, Michel Foucault, Karl Popper, Hebert Marcuse, Hannah Arendt, Jürgen Habermas, Gaston Bachelard, Guy Debord, Ernesto Mayz- Vallenilla y Franz Hinkelammert. Estos autores hacen posible pensar en un nuevo mundo, ya que su ethos descansa en la conversación, en el consenso, en una mejor comprensión y entendimiento entre los seres humanos antes que en la representación de la esencia de las cosas.

FORMULACIÓN DEL PROBLEMA

    Las interrogantes que nos sirven para desarrollar esta investigación son:

 

-  ¿Cuáles han sido las consecuencias del uso de la tecnología en las sociedades capitalistas?

- ¿Qué tipo de relación se ha establecido entre la racionalidad tecnológica y el dominio político?

-  ¿Cuáles son las prácticas sociales que contribuirían a lograr un entendimiento que tendría como base un acuerdo fáctico?

 

OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN

 

    Objetivo General

  

     Analizar el papel de la tecnología como instrumento de dominio político en las sociedades industriales avanzadas

 

    Objetivos Específicos

 

     - Identificar los elementos contextuales más resaltantes en los cuales se desarrolla la ciencia-técnica como ideología     

 - Describir los principales referentes conceptuales de la política concebidos por Arendt y Mayz Vallenilla

- Caracterizar los alcances ideológicos-sociales de la crítica a la sociedad tecnológica avanzada.

  - Contrastar la acción técnica y la acción comunicativa, desde la óptica habermasiana, en sus principales variables y categorías, a fin de lograr un conocimiento más claro de la realidad.  

    - Interpretar los aspectos teóricos más relevantes que definen el contexto histórico-moderno de la política en su relación con la tecnología. 

 

JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN

 

    Los problemas que han surgido del desarrollo y aplicación de la tecnología en la construcción del espacio público, han afectado e influido sensiblemente en el desenvolvimiento de las acciones ciudadanas, es decir, en el ejercicio de la política como un asunto en el que todos deben responder con su participación. Especialmente, cuando se trata de la toma de decisiones que políticamente deben ser discernidas y consensuadas por el colectivo social. Es el caso propio de los conflictos entre la sociedad civil y el Estado, que deben ser mediados comunicativamente con el expreso objetivo de alcanzar una opinión pública que permita orientar la discusión y lograr posibles respuestas benéficas en torno a conflictos de intereses y necesidades.

    El impacto de criterios tecnológicos en la manera de organizar la convivencia y el ejercicio de la política, ha sido objeto de análisis por parte de algunos pensadores que los han abordado dialécticamente en diferentes contextos; particularmente han estudiado sus efectos en las sociedades industrialmente avanzadas.

    El estudio teórico de dichos eventos, ha permitido postular nuevos conceptos y reorientar los existentes, a fin de suministrar una nueva orientación desde la crítica epistemológica. En virtud de que estamos inmersos en una sociedad capitalista global, en la que la tecnología ha deshumanizado progresivamente al hombre, imponiéndole el fetichismo de la mercancía y nuevos valores al subsumir las relaciones interhumanas al mundo de las cosas, al mundo del dinero o de los bienes materiales, es necesario reinterpretarla a la luz de nuevos enfoques y variables. 

    En este sentido, el pensador francés de reconocida prestancia mundial Gaston Bachelard, quien ha sido un estudioso de la racionalidad, postula que la epistemología debe elegir los documentos recogidos por el historiador, a fin de someterlos al juicio crítico de la razón e incluso de la razón evolucionada, pues, sólo en nuestros días podemos juzgar plenamente los errores del pasado espiritual.

    Además, Bachelard rechaza la dialéctica hegeliana, pues, postula que los movimientos dialécticos de las ciencias contemporáneas son francos,  vivos y precisos, pues tienen la intención de señalar la discontinuidad de la historia de los conocimientos científicos. Este rechazo es con el fin de trocar más de medio siglo de crisis causada por el prejuicio del positivismo comtiano, que postulaba el desarrollo continuo del saber por complejificación progresiva.       

    En este mismo sentido, Karl Popper, antipositivista y antimarxista, se opuso abiertamente a los epistemólogos con inclinaciones empiristas que siguen los postulados del positivismo, ya que argumentan que el método de inducción es el único que puede proporcionar un criterio de demarcación apropiado. Los positivistas interpretan el problema de la demarcación como si fuese un problema de la ciencia natural; en lugar de considerar que están ante la tarea de proponer una convención apropiada, creen que tienen que descubrir una diferencia  -que existiría en la naturaleza de las cosas- entre la ciencia empírica por una parte y la metafísica por otra.

    Para el epistemólogo austro-inglés, el criterio inductivista de demarcación no consigue trazar una línea divisoria entre los sistemas científicos y los metafísicos, ni tampoco explicar por qué ha de asignar a unos y otros el mismo estatuto. En su lugar, deja de lado esta querella y define los conceptos de ciencia empírica y de metafísica de tal manera, que ante un sistema dado de enunciados, seamos capaces de decir si corresponde o no a la ciencia empírica estudiarlo más de cerca.

    Continuando con el tema de la racionalidad, vemos que la racionalidad tecnológica ha reducido todo a simples medios para el dominio político del hombre sobre el hombre y sobre la naturaleza, tal como postula Marcuse. Tal dominio, en su ejercicio de perfeccionamiento llega a avasallar a la naturaleza mediante una racionalidad dañina que trata de perpetuar la miseria, la pobreza, y la injusticia en el seno de la sociedad.

    Para Foucault, hoy día, una de esas formas de poder político lo constituye la razón tecnológica, ya que ésta ejerce un dominio casi absoluto que impregna ampliamente el espacio político, en el que se dan las decisiones públicas que orientan a la sociedad y al Estado hacia un mercado de intercambios de todo tipo, justificando y reproduciendo el sistema de la razón capitalista.  

    Es necesario entonces, postular un nuevo paradigma, como es el de la acción o racionalidad comunicativa. En dicho paradigma se considera al lenguaje como medio genuino de entendimiento, según esgrime Habermas, que contrapone al paradigma de la acción técnica, ya que la racionalidad tecnológica tiene como objetivo, el dominio político mediante la tecnificación del mercado.

    La teoría habermasiana se basa en una pragmática del diálogo como supuesto para lograr el consenso como vía de comprensión nacional entre los dialogantes. El fin es lograr un consenso de tipo comunicativo que favorezca el pleno desarrollo de una democracia de tipo discursivo, en el que toda la ciudadanía queda incluida y comprometida con los asuntos públicos del Estado.

    En esta misma línea de reflexión, abordaremos el análisis de la política siguiendo el marco dialéctico que construye el filósofo venezolano Mayz-Vallenilla y la pensadora alemana Hannah Arendt. Mayz-Vallenilla centra su estudio en el proceso tecnológico, el cual tiene su base de sustentación en la voluntad de dominio que se ejerce por parte de los  hombres, a fin de garantizar su existencia.

    Las implicaciones políticas que están contenidas en el proceso de desarrollo tecnológico en las sociedades modernas, son variadas y de gran im­portancia, pues son las que al final dan tesitura a la formación social del proceso productivo. Dichas implicaciones facilitan en gran manera, la dirección ideológica y cultural del sistema de representaciones sociales y políticas, del que se sirve el modelo de producción para imponer sus valores y creencias.

    En este sentido, el mito de la ciencia como inductora de un “progreso lineal”, permite al sistema capitalista neoliberal, entender la tecnología como una panacea; es así como en su etapa de implantación, el proyecto neoliberal prescinde de todo referente democrático.

    Como se trata de crear un nuevo escenario económico choca inevitablemente con sectores del capital nacional, con capas medias, y de manera especial con sindicatos y demás organizaciones económicas de los grupos su­balternos. Este conflicto no es sólo coyuntural sino que implica una reforma profunda del Estado y las instituciones del modelo desarrollista ya que éstas promueven la acción económica del Estado.

    Podemos decir más, para Hinkelammert, la caída del socialismo da al neoliberalismo un gran empuje ideológico, ya que se interpreta como la caída del último obstáculo para la mundialización del neoliberalismo y el mercado total. En consecuencia, se desata una ofensiva ideológica en todo el planeta de las banderas neoliberales, esta vez bajo el discurso de la globalización.

         En esta línea de acción, tienen plena vigencia los pensamientos de Hannah Arendt, ya que ésta se opone al enfoque tradicional de la política, tal como se ha venido entendiendo en los últimos años. Mayz- Vallenilla coincide con Arendt, al señalar que la política se ha definido en la práctica como una relación entre dominadores y dominados, la cual ha sido entendida como una forma despótica de dominación, utilizada con frecuencia en la historia para eliminar a los hombres como seres reflexivos.

    En sus escritos, la pensadora alemana, ha contrapuesto el discurso, la acción, la paz, el amor y el respeto, a la violencia en la historia política de la humanidad. La clave de todo está en que la violencia en forma de terror elimina la comunicación entre los seres humanos.

MARCO TEÓRICO

    Como veremos a continuación, al privilegiarse la interpretación cientificista del mundo, la realidad política pierde gran parte de su sentido histórico y las contextualidades culturales que le sirven de referente. La noción de sujetos y actores sociales queda así devaluada, ya que no son las prácticas significantes, en especial, los diversos discursos que solicitan el bien público de la mayoría ciudadana, los que impregnan el tejido social; por el contrario, ahora la tecnificación de la política y las leyes del mercado, son las que determinan el mundo de las acciones humanas. 

1.- LA POLÍTICA COMO ESPACIO DE CONVIVENCIA DISCURSIVA

 

    Estimamos conveniente, al principio de este capítulo, referirnos al término “Humanismo” en virtud de que en este trabajo es un axioma considerar al hombre como centro del universo y aliado permanente de la naturaleza. Al respecto, coincidimos con el espíritu del Renacimiento en reafirmar en el ser humano el espíritu de libertad mediante el cual reivindica su autonomía como ser racional, pensante, inserto en la historia y en la naturaleza, decidido a hacer de ellos su reino. 

    El término “Humanismo” comprenderá a todo el movimiento intelectual que se desarrolló en el Renacimiento, que abarca el período que va desde la mitad del siglo XV (año 1450) hasta finales del siglo XVI (año 1600). Nos interesa destacar que hacia la mitad del siglo XIV, un grupo de políticos, historiadores, literatos y estudiosos de la moral, plantean en Italia el cambio de actitud que parecía haber sucedido en los hombres frente al mundo y a la vida. Están plenamente seguros que ha nacido una nueva época que constituye un rompimiento definitivo con el medioevo.

    Es así que en el intento de darle significado a dicha ruptura, postulan el “renacimiento” de un espíritu que fue propio del hombre de la edad antigua clásica, el cual había desaparecido en la Edad Media. Además, el invento de la imprenta, permitió la formación y consolidación del proceso de secularización de la cultura, es decir, se logró formar un público de lectores laicos o seglares que tuvieron acceso al conocimiento que hasta entonces estuvo reducido a los conventos, principales centros del saber hasta entonces. La invención de la imprenta también permitió que los estudios humanísticos se constituyeran en principal atractivo para quienes deseaban lograr prestigio y estatus intelectual.

    En este sentido, el Renacimiento indica la vuelta del hombre a Dios y su regreso a la vida que ha perdido con la muerte de Adán. Pero dicho regreso a la vida espiritual no es entendido como el ascetismo dogmático de la Edad Media en la que el hombre vivía para la contemplación en su relación con Dios, sino la renovación de los poderes del hombre en relación con los demás hombres, con el mundo y con Dios.

   Así que el Renacimiento tiene ahora una visión holística del hombre: en el arte, en la poesía, en la política, en su vida social y hasta en sus actividades prácticas o rutinarias. En el Renacimiento, el significado religioso y el significado mundano del “renacer” se identifican y se centran en el “renacer” del hombre mismo.

    Ahora bien, al considerar el Humanismo, debemos decir, que los humanistas eran hombres cultos, profesionales de las letras, que sentían pasión por la antigüedad, motivo por el cual, se dieron a la tarea de ubicar, agrupar, organizar y difundir las obras de autores antiguos que de manera dispersa y en ciertos casos desorganizada, se encontraban en conventos, monasterios, catedrales y basílicas.

    En este orden de ideas, conviene destacar el interés por el estudio del humanismo cristiano por parte de un grupo de intelectuales a fin de plantear reformas en la iglesia católica y en la sociedad. La figura que destacó en este aspecto fue Erasmo de Rótterdam quien postulaba “la esencia del hombre que es buena y ha sido corrompida por el pecado original, puede ser perfeccionada mediante una disciplina intelectual”. Se insistía en la importancia de la razón que originaba un nuevo programa de educación considerado como una reforma imprescindible.

    Una de las polémicas que se plantearon entre grupos de humanistas fue entre sabiduría clásica y ciencia que ha sido presentada como antítesis entre Humanismo y Renacimiento. Del Renacimiento había surgido la nueva ciencia de la naturaleza; la disputa o polémica contra la ciencia iniciada por Petrarca ha sido interpretada como defensa de la trascendencia religiosa y de la verdad revelada contra la libertad de investigación científica. ¿Podríamos considerar a Marcuse, un aliado del pensamiento de Petrarca?

·1.1- El pensamiento uniforme en la sociedad postindustrial

 

    1.1.1.-    El ethos de Hebert Marcuse.

    De Marcuse, berlinés de nacimiento, podemos decir muchas cosas, pero para situar al lector en el contexto histórico, por ahora es suficiente saber que nació en el seno de una familia hebrea, en las postrimerías del siglo XIX. Tenía sólo tenía veinte años cuando ocurrió la revolución alemana, y entonces militaba en las filas de la socialdemocracia, de la que se retiró en 1919, luego del asesinato de Rosa de Luxemburgo.

    Es preciso destacar en este momento, que el conocimiento del marxismo es básico para entender a Marcuse, en virtud de que en toda su obra, es casi constante la referencia a Marx explícita o implícitamente. No obstante, el estudio del pensamiento marxiano lo realiza con una gran libertad de interpretación y una orientación eminentemente práctica.    

    Pretendo y ojalá pueda lograrlo, dar a conocer las líneas maestras del pensamiento marcusiano, ya que es un filósofo cuyas ideas continúan influyendo e impactando la realidad social de hoy, a pesar de que haya fallecido hace ya un cuarto de siglo. En sus planteamientos y postulados sociales, coincidía más con sus compañeros de la Escuela de Francfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer, en virtud de que los unía una misma adhesión al marxismo.

    En este sentido, podemos destacar que la influencia del  componente marxista es mucho más antigua que el freudiano, que aparece solamente cuando decide vivir definitivamente en territorio estadounidense. La influencia de Freud es notoria, especialmente, en Eros y civilización, obra en la que el filósofo berlinés utiliza El Psicoanálisis, no desde el ángulo psicológico sino como teoría humana. Uno de los más importantes aportes del berlinés, ha sido la relación que establece entre el pensamiento de Freud y el de Marx, al complementar con ideas de El Psicoanálisis los postulados sociales del autor de El Capital.

    En Eros y Civilización, obra publicada en el año 1955, Marcuse aplica a la sociedad la teoría freudiana para hacerla compatible con la crítica marxista y con una visión historicista más optimista de la teoría instintual. En tal sentido, considera que la represión es un fenómeno histórico, no natural y por tanto, contingente. Piensa igualmente, que la identificación freudiana de civilización con represión es consecuencia de una forma determinada de organización histórica de la existencia del ser humano. Cree que la limitación de Freud consiste en entender civilización como un corolario psicológico y no político, en identificarla con el triunfo del principio de la realidad frente al principio del placer y la necesidad de sublimar este último en actividades socialmente productivas.

    Además, podemos decir, describiendo la semblanza del berlinés, que es filósofo de formación. En sus estudios realizados en Berlín y Friburgo se vincula con Heidegger y con Husserl, pero sus inclinaciones como pensador se dirigen a producir una filosofía crítica de la sociedad. En tal sentido, se acercará a la filosofía marxista mediante Marxismo y filosofía (1923), escrita por K. Korsh e Historia y conciencia de clase (1923) de Georg Lukács; la tendencia mostrada por éstos en las obras mencionadas, intentaba recuperar al Marx filósofo como consecuencia del cuestionamiento que hicieron del marxismo mecanicista de la Segunda Internacional. No obstante, nuestro autor estaba lejos de concordar con ellos en todos los aspectos.

    Lukács no evadía su hostilidad hacia él, en quien no veía más  que a un neohegeliano de izquierda, un marxista disidente en quien el pensamiento de Hegel y de Heidegger habían desviado de la herencia de Marx.

    Al tomar el poder el nazismo en Alemania y en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, el berlinés emigra a los Estados Unidos, convirtiéndose en miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Posteriormente, obtiene una cátedra de filosofía en la Universidad de Brandeis, en Boston, pero diez años después la pierde por la insistencia en sus ideas marxistas. Luego, se convierte en profesor en la Universidad de San Diego, California.

    Podemos decir también que en cuanto a su pensamiento político, nuestro autor, después de haberse alejado de la socialdemocracia se volvió hacia el comunismo sin adherirse definitivamente a él. En los años siguientes, a medida que la experiencia stalinista cometía errores, se alejó cada vez más del comunismo soviético. Posteriormente, entregó sus simpatías a la experiencia cubana y la lucha de Vietnam.

    Marcuse, intentó al igual que sus compañeros de Escuela, fundamentar una teoría del conocimiento como teoría crítica de la sociedad, a partir de la experiencia vivida de irracionalidad e inhumanismo, como consecuencia del dolor físico insoportable al que están expuestos los individuos.

    Estos tres sociólogos de origen hebreo, sintieron plenamente en su espíritu los horrores del Nazismo, -que ha sido un producto lleno de irracionalidad, típica de la sociedad moderna industrializada- emigraron alejándose de la "nueva barbarie" que llegó a su clímax en los campos de concentración de Ausschwitz. La Teoría Crítica está alentada por el interés práctico de ayudar al hombre moderno a lograr que el holocausto de Ausschwitz, no se repita.  

    Sus estudios pretenden animar desde su óptica teórica una práctica humanizadora de una sociedad hiperindustrializada y estremecedoramente deshumanizada, que ha diseñado sus propios mecanismos para su total destrucción.

    1.1.2.-  La razón unidimensional

    Sin ningún género de dudas, la obra de Marcuse es uno de los aportes más importantes del pensamiento marxista contemporáneo. Ya hemos visto en líneas anteriores, que el propósito del representante de la Escuela de Francfurt es la revisión del pensamiento de Marx teniendo como base de sustentación la obra de Hegel y Freud.  Marcuse al igual que Hegel, concentra el poder de su discurso en el concepto dinámico y cambiante del ser y en la dialéctica, a la cual conceptúa como unidad sujeto-objeto.

    Marcuse, en su crítica a la visión weberiana de la industrialización capitalista y de la razón que en ella se instaló, denuncia como falsa la supuesta neutralidad de la Economía y de la Técnica que impulsaron la civilización occidental. Una vez que el racionalismo científico se ha hecho forma universal de la producción económica y ha invadido todas las esferas de la vida social, ha configurado un proyecto histórico determinado de sociedad humana, es decir, ha conformado un proyecto de mundo. Esa unidimensionalidad de la razón técnica que ha eliminado todo tipo de valoración moral, es prueba de su carácter totalitario y opresor:  

     Etnocentrista, anticapitalista, al igual que Adorno y Horkheimer, en su crítica filosófica se opone rotundamente a la racionalidad tecnológica, carente de fines, que reduce todo a simples medios para el dominio político, y postula como reacción una razón más amplia y placentera.    

    Marcuse, al igual que sus compañeros de la Escuela de Francfurt, Horkheimer y Adorno, hizo énfasis en el concepto de Razón, con el objeto de encontrar en él, una exigencia crítica que descubriera lo improcedente entre lo que es de hecho y el ser propiamente dicho. De esta manera, reinsertó nuevamente la relación estrecha entre la razón con la felicidad, y de la teoría con la praxis. La razón está íntimamente vinculada con el interés por adaptar al individuo al proceso social. Marcuse y sus compañeros, defendieron la razón objetiva situándola en los antípodas de la razón subjetiva instrumentalizada.

   La subjetivación de la razón imposibilitaba la comprensión objetiva de la realidad social y llevaba a la subordinación del pensamiento a la facticidad de la concreción. Frente a esta razón unidimensional, enmascaradora, Marcuse, Horkheimer y Adorno, defenderán a ultranza una razón autónoma, objetiva, que sea fin en sí misma.

    La burguesía y el proletariado continúan siendo los dos grandes polos sociales enfrentados pero tienen un cordón umbilical que los ata que es el interés por sostener y optimizar su status quo. No obstante, Marcuse cree que existen fuertes contradicciones internas en la composición del capitalismo que pueden hacer eclosión en el sistema, como por ejemplo, la contradicción entre la riqueza social y su empleo destructivo, pro no estallarán por sí solas ya que la sociedad unidimensional las ignora y las protege.

    El aparato técnico de producción y distribución, tiende a convertirse en totalitario ya que decide las ocupaciones que son necesarias en la sociedad al igual que las necesidades individuales. De esta manera, propaga la oposición entre existencia privada y pública así como entre necesidades individuales y sociales.

   Para Marcuse, es una ilusión sostener la neutralidad de la tecnología ya que no es separable del uso que se hace de ella y la dominación opera en el mismo sentido de las técnicas. La sociedad tecnológica, en virtud de sus intereses de dominio, utiliza al hombre de manera predeterminada y a la naturaleza que influyen en el desarrollo social y político, lo cual se traduce en que la razón tecnológica se ha transformado en razón política.

    La unidimensionalidad es la identificación con el orden establecido. La sociedad tecnológica es unidimensional porque su exclusivo fin es el poder y el dominio sobre la humanidad y su principal norte es producir consumidores, alienar la libertad del hombre sin que lo sepa utilizando para eso el denominado efecto anestésico del confort y la comodidad. En consecuencia, los seres humanos de estas sociedades se han convertido en seres unidimensionales. 

    En dichas sociedades la técnica se orienta a la obtención de objetos consumibles, reproducibles, que así logran formar parte del patrimonio cuantitativo del hombre cuya única meta es la acumulación del mayor número de bienes. El hombre unidimensional es un homo consumens, ya que la sociedad a la que pertenece se orienta hacia la satisfacción de falsas necesidades; es un ser humano que piensa sólo en tener y no en ser; un ser que piensa exclusivamente en aumentar su poder adquisitivo, porque así vale más en esa sociedad desvirtuada. En resumen, el hombre unidimensional huye de su propia liberación porque considera que la reflexión y la autonomía son altamente peligrosos para la perpetuación de la razón instrumental.

    1.1.3. -   El concepto de alienación

    La relación del ser humano con los otros seres humanos y con la naturaleza se encuentra mediatizada por el desarrollo tecnológico, que incentiva la dominación, la cual se perpetúa mediante la tecnología. Ésta, la tecnología le da legitimación al poder político, con ciertos visos de violencia, que domina toda la esfera social incluyendo lo cultural. Así el logos tecnológico sirve a esta sociedad alienada. Marcuse sostiene que la técnica y la ciencia en los países industrializados avanzados son la primera fuerza productiva al igual que una forma de alienación ideológica que sirve de base de sustentación al poder.

     Marx confiaba ciegamente en que la técnica eliminaría la alienación. También presagiaba la transición del capitalismo al socialismo como una revolución política en la que el proletariado destruiría al aparato político del capitalismo pero manteniendo el aparato tecnológico sometiéndolo a la socialización. En cambio, Marcuse afirma que la socialización no varía por sí sola la racionalidad tecnológica: Mediante el fetichismo de la mercancía, el sujeto tiene su satisfacción e integridad. De esta manera los productos alienan a su productor mediante la convicción de falsas necesidades, que se confunden con el afán de libertad. La dominación se convierte en administración de los hombres-cosas haciéndose cada vez menos necesaria la tiranía violenta. 

    Si se entiende por introyección el proceso más o menos espontáneo mediante el cual el yo transforma lo externo en interno, entonces la alienación se introyecta de tal manera que los sujetos se identifican plenamente con la existencia que se les impone. Incluso, la alienación cultural y artística que eran lo más sublime de la existencia alienada terminan siendo incorporadas a la unidimensionalidad de la realidad tecnológica.  Es por esto que Marcuse solicita la revisión profunda de la noción de alienación.

    La relación del ser humano con los otros seres humanos y con la naturaleza, como ya dijimos, se encuentra condicionada por el desarrollo tecnológico, ya que el papel de éste es estimular el dominio, el cual se perpetúa mediante la tecnología. Así pues, la tecnología, es el instrumento que suministra la legitimación al poder político, que subyuga todas las esferas de lo social incluyendo lo cultural.

    En este sentido, nuestro autor se refiere a que la productividad se convierte en destrucción, destrucción que el sistema practica “hacia el exterior”, a escala del planeta. A la destrucción desmesurada del Vietnam, del hombre y de la naturaleza, del habitat y de la nutrición, corresponden el despilfarro lucrativo de las materias primas, de los materiales y fuerzas de trabajo, la polución, igualmente lucrativa, de la atmósfera y del agua en la rica metrópolis del capitalismo.

    Marcuse estaba convencido plenamente de que el concepto marxiano de alienación contenía una crítica psicológica de la condición humana bajo el capitalismo. En efecto: Marx confiaba en que la técnica erradicaría la alienación; veía la transición del capitalismo al socialismo como una revolución política, en cuanto que el proletariado destruye el aparato político del capitalismo pero conserva el aparato tecnológico sometiéndolo a la socialización.

     La racionalidad tecnológica liberada de las restricciones y destrucciones irracionales, se sostiene y consuma en la nueva sociedad. 

Nuestro autor, piensa que en el capitalismo avanzado, la racionalidad técnica se encierra, a pesar de su uso irracional, en el aparato productivo. Esto se aplica no sólo a las instalaciones mecanizadas, las herramientas y la explotación de los recursos, sino a la forma de trabajo como adaptación y manejo del proceso mecanizado, el cual se organiza según la “gestión científica”. 

    Ahora bien, Marcuse en cambio, sostiene que ni la nacionalización ni la socialización alteran por sí solas la racionalidad tecnológica. Más todavía, nos dice que al contrario, la socialización constituye una condición previa para el desarrollo socialista de todas las fuerzas productivas.

    Así pues, el berlinés justifica con suficientes argumentaciones de peso la revisión profunda del concepto de alienación. Dichas argumentaciones  suministran profundidad a sus reflexiones en cuanto a los postulados que establece en la Teoría Crítica de las sociedades industrializadas. La dialéctica empleada en su discurso filosófico, está llena de metáforas y figuras retóricas mediante las cuales critica abiertamente el papel que ejerce la tecnología en la alienación de los seres humanos. En efecto, al respecto nos dice:

  “(..) el concepto de alienación parece hacerse cuestionable cuando los individuos se identifican con la existencia que les es impuesta y en la cual encuentran su propio desarrollo y satisfacción. Esta identificación no es ilusión, sino realidad. Sin embargo, la realidad constituye un estadio más avanzado de la alienación. (...) el sujeto alienado es devorado por su existencia alienada.  Hay una sola dimensión que está por todas partes y en todas las formas. (...) la falsa conciencia de su racionalidad se convierte en la verdadera conciencia” 2.

 

    En  el  sentido  marxista,  el  término  alienación  se  define   como   la 

-----------------------------

       2    cfr. Marcuse, H. El Hombre Unidimensional. Editorial Seix Barral, S.A.. Barcelona, 1972. p. 41. En lo sucesivo indicaremos esta obra con las siglas EHU.

 

situación económica de dependencia del proletario respecto del capitalista; el trabajador, que sólo tiene para vender su fuerza de trabajo, análoga a una mercancía cualquiera, se convierte en su esclavo; a su vez, el producto de su trabajo se le enfrenta como algo “extraño”. La alienación económica engendra las alienaciones religiosa, política, etc. En particular, la alienación política por medio del Estado, instrumento de la clase poseedora y dominante, que esclaviza a los trabajadores en interés de ésta.

    Nuestro autor, al referirse al progreso técnico como instrumento de reproducción de la desigualdad y la esclavitud, hace énfasis en la falta de libertad que subyace a la sujeción del hombre a su aparato productivo, bajo la forma de muchas libertades y comodidades.

    En El hombre unidimensional, señala que los esclavos de la sociedad industrial desarrollada son esclavos sublimados, pero son esclavos, porque la esclavitud está determinada no por la obediencia, ni por la rudeza del trabajo, sino por el status de instrumento y la reducción                 del hombre al estado de cosa.

    Marcuse insiste en que existir como instrumento, es la forma más pura de servidumbre. Este modo de existencia no se anula si la cosa es animada y elige su alimento material e intelectual, si es una cosa bonita, limpia, móvil. A la inversa, en la medida en que la reificación tiende a hacerse totalitaria gracias a su forma tecnológica, los mismos organizadores y administradores se hacen más dependientes de la maquinaria que organizan y administran.

    Vemos pues, que la dominación en la sociedad unidimensional es de tal magnitud que afecta aspectos trascendentes de la vida humana, minimizando la oposición en el ámbito político, en el campo de la cultura y hasta en el mundo de lo instintivo. De esta manera, en la sociedad contemporánea, el humanismo, el romanticismo, la personalidad independiente, ideales de la cultura clásica, han sido sofocados a la vez que se desarrollaba la cultura de masas; dicha cultura ha extinguido los elementos trascendentes de la cultura pluridimensional  incorporándola al orden establecido, mediante su reproducción masiva; han sido  transformados en  simples  mercancías, por lo que su valor ahora es un valor de cambio y no su verdadero valor.  

     1.1.4.- La disolución de la sociedad industrial

    Marcuse en El hombre unidimensional que lleva por subtítulo Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada, considera al capitalismo norteamericano, fiel modelo de la sociedad industrial avanzada, como la vía para lograr una sociedad cerrada. Es decir, una sociedad que controla e integra todas las dimensiones de la existencia tanto privada como pública, que administra metódicamente los instintos humanos; una sociedad en la que cualquier forma de negación del orden establecido se reprime y se convierte en factor de cohesión y adhesión.

    Refiriéndonos al contenido del párrafo anterior, podemos decir que dicho proceso de integración, se realiza sin terror explícito o abierto, puesto que la democracia consolida la dominación de manera más eficiente que el absolutismo. Libertad administrada y represión instintiva se transforman en fuentes renovadas de la productividad. Esta productividad se convierte en destrucción del hombre en general, de la naturaleza; derroche de materias primas, de fuerzas de trabajo, envenenamiento del aire, del agua, violencia, ostentación desvergonzada del mal. La sociedad industrializada avanzada o sociedad de consumo, se caracteriza por la producción y la destrucción.   

    La lucha por la existencia, la explotación del hombre y la naturaleza se convirtieron en más científicas y racionales pero al mismo tiempo triunfan el derroche, la inseguridad y la destrucción. Esta sociedad en su conjunto es irracional; su productividad destruye el libre desenvolvimiento de las necesidades y facultades humanas; su paz no se mantiene sino por la amenaza constante de la guerra.

    Para el autor de El Hombre Unidimensional, el razonamiento crítico se basa en que el telos totalitario y la demonización de la sociedad tecnológica se manifiestan en la práctica mediante un sistema de producción y distribución de mercancías originarias del capitalismo avanzado, que todo lo subsume a una dimensión consumista y materialista. En este mismo sentido, insiste en la disolución de la sociedad tecnológica, en virtud de que sus intereses de dominio han transformado la racionalidad tecnológica en una racionalidad política.   Para contrarrestar dicha demonización, el francfurtense postula el rechazo abierto de la sociedad industrial y la represión que es inherente a dicha sociedad.

    El autor de Eros y Civilización, al criticar a la técnica y la ciencia en los países industrializados avanzados, argumenta que éstas se han convertido en la primera fuerza productiva ejerciendo un rol de alienación ideológica que sirve de base de sustentación al poder. En una actitud de franca y abierta crítica, insiste en la idea de que en el capitalismo avanzado, la racionalidad técnica se encierra, a pesar de su uso irracional, en el aparato productivo, extendiéndose dicha irrracionalidad hasta las raíces mismas de la gestión científica.

    En este mismo sentido, en una interpretación del Ser siguiendo la huella heideggeriana, aboga por la disolución de la sociedad tecnológica “totalitaria” puesto que su propósito es a flatus voci imponer su afán de dominio en todos los órdenes de la vida social; en su ejercicio de perfeccionamiento llega a avasallar a la naturaleza mediante una racionalidad dañina que trata de perpetuar la miseria, la pobreza, y la injusticia en el seno de la sociedad. Para el francfurtense, la sociedad tecnológica es un sistema de dominación que opera ya en el concepto y la construcción de técnicas.  En tanto que universo tecnológico, la sociedad industrial avanzada es un universo político, es la última etapa en la realización de un proyecto histórico específico, esto es, la experimentación, transformación y organización de la naturaleza como simple material de dominación. Además, la productividad y el crecimiento potencial de este sistema estabilizan la sociedad y contienen el progreso técnico dentro del marco de la dominación.    

    Así que, el filósofo berlinés, contrapone el rescate del Ser del avasallamiento tecnológico, cuestión que equivaldría a reafirmar los valores como la  solidaridad  y  la pasión por el arte. En consecuencia, reflexiona sobre la posibilidad de un mundo nuevo, por encima de la vulgarización de la sexualidad convertida en pornografía como un instrumento más del capitalismo desenfrenado, que predica la desublimación institucionalizada.

    En dicho mundo nuevo, se hará presente un renovado concepto de racionalidad que tenga al hombre como centro de atención, que emergerá en una sociedad postecnológica, en la cual la técnica sirva para la paz de los pueblos y construya un nuevo modelo de la vida.

   1.1.5.- ¿Revolución o reforma?

    Un pensador que ha tenido áreas de coincidencias con Marcuse, es el filósofo austro-inglés Karl Popper, coetáneo de aquél. Tienen afinidad en algunos de sus planteamientos, divergen en otros, pero sus legados tienen en común la defensa a ultranza de la libertad como concepto primigenio inherente al ser humano en una sociedad.

    Para el lector acucioso que guste deleitarse con el pensamiento de ambos, es posible que logre colegir la existencia de una vasta zona de intersección en sus postulados, en la que está presente la aspiración de ambos pensadores de lograr un telos: una mejor comprensión del mundo. 

    Puede deducirse también, de la obra de ambos, que estuvieron alineados en el intento de descontruir, desmontar y socavar las ideas del totalitarismo en sus diversas manifestaciones, tratando de edificar una teoría ontológica, cada uno con su propia visión. Particularmente, hicieron fuertes críticas tanto al fascismo como al nazismo, corrientes ideológicas que utilizaron la violencia como ideario para ganar adeptos. Esta zona de coincidencia, quizás fue lo que permitió que ambos compartieran en calidad de coautores ¿Revolución o reforma? una confrontación (1971).

    Popper es considerado un teórico de la democracia y como tal, ha contrapuesto al igual que Marcuse, en el marco de su filosofía política, el concepto de “sociedad abierta” al de “sociedad cerrada” aunque con una connotación distinta pero ambos coinciden al tomar como referente el concepto de “libertad”. 

    La “sociedad cerrada” para el pensador austro-inglés, es un tipo de asociación que tiene su origen en una actitud mítico-irracional frente al mundo, que se basa en una organización de tipo tribal o colectivístico que se orienta por unas normas rígidas impuestas con autoridad a los individuos que la componen.  Por el contrario, la “sociedad abierta” es una asociación que nace de una actitud racional y crítica frente al mundo, que descansa en una forma de organización que intenta proteger la libertad de los individuos.

    Para el autor de La sociedad abierta y sus enemigos, la sociedad cerrada se caracteriza por la fe en los tabúes mágicos mientras que la sociedad abierta es aquella en la cual los hombres han aprendido a asumir una actitud crítica frente a los tabúes y a basar su decisión en la autoridad que le dicta su propia inteligencia.

    En La sociedad abierta y sus enemigos publicada en 1945, la crítica metodológica al historicismo concluye con una defensa ideológica de la democracia frente al totalitarismo.  Para Popper el problema fundamental de la filosofía política se ha centrado en la pregunta ¿Quién debe regir el Estado?. El pensador austro-inglés cree necesario enfocar la pregunta de otro modo:¿Cómo podemos organizar las instituciones políticas con objeto de impedir que los gobernantes malos o incompetentes hagan demasiado daño?.

    En otros términos, el autor de Miserias del historicismo plantea que lo importante de una política democrática no es respecto a los sujetos de la soberanía, sino el control institucional de los gobernantes, sean quienes sean. De esta manera se resuelve lo que denomina la “paradoja de la democracia”, refiriéndose al absurdo por el cual el pueblo, en el nazismo, también podría escoger democráticamente una tiranía.

    Como pensador antimarxista y antitotalitarista, desató su ataque más sustancial contra el marxismo, siendo dicho cuestionamiento, una de las áreas de coincidencia con Marcuse, cuestión que explica que sus ideas hayan sido atenuadas en algunos escenarios en los cuales ha imperado la hegemonía cultural de la izquierda.

    Igualmente, también en Hegel y en Marx, Popper encuentra una fuerte inclinación hacia el historicismo y al utopismo. Los supuestos universales reales y trascendentales (Historia, Estado, Nación) se imponen a los individuos de manera dogmática. El hegelianismo para el filósofo de origen vienés es el renacimiento del tribalismo; asimismo, considera que las teorías de Marx han mostrado su debilidad y su falsedad a lo largo de los años. Ni su determinismo sociológico, ni sus prognosis históricas o económicas han resultado ciertos.

    El pensador vienés cree que existen formas de gobierno moralmente injustificables que han de ser rechazadas, (refiriéndose a las dictaduras o tiranías); la forma alternativa es la democracia considerada no como gobierno del pueblo sino como institución preparada contra la dictadura, contra los excesos del poder. De acuerdo con su tesis, la tarea fundamental de la democracia es que el pueblo juzgue, critique y pueda cambiar a los gobernantes cuando considere que su gestión es mala; para eso se requiere partidos políticos e instituciones que garanticen los cambios necesarios, de manera no violenta y asegurando el orden social.   

    En este mismo orden de ideas, el pensador austro-inglés piensa a diferencia del filósofo berlinés, que los males que sufren nuestras sociedades no pueden superarse mediante revoluciones violentas, que propicien transformaciones radicales totales. Por el contrario, para resolver los problemas que surgen, se debe proceder a reformar instituciones, creando otras nuevas, indicando nuevas vías para canalizar actividades individuales y sociales, ensayando soluciones que ameritan su revisión frecuente.

    De lo expresado en líneas anteriores, podemos colegir que Popper tiene una mayor inclinación a la tolerancia que Marcuse, en la manera de entablar la lucha por una mejor sociedad, por un mundo mejor y en la estrategia que propone cada uno contra las filosofías intolerantes.

    En definitiva, pues, en el discurso apofántico de Popper, racionalidad científica y democracia son sinónimos; sólo la democracia implica eo ipso, una estructura institucional que permite el uso de la razón en el terreno político.

    En cuanto a Marx, lo considera como falso profeta y juzga al marxismo como la más pura y peligrosa forma de historicismo; Popper ha pasado a la historia como uno de los mayores críticos de Marx en el siglo XX. Según el vienés, Marx influido por la diferenciación entre realidad y apariencia, entre esencial y accidental, se vio obligado a suponer que todos los pensamientos e ideas han de explicarse mediante su reducción a la realidad económica subyacente; dicho esencialismo economicista, no es mejor que otra forma de esencialismo .

·1.2- Control mediático de la opinión pública

    1.2.1.- Condicionamiento de las necesidades del ser humano.   

    El pensamiento filosófico y político de Marcuse tiene hoy, plena vigencia, especialmente cuando observamos un mundo que se desarrolla en la sociedad tecnológica. Este modelo de sociedad  tiende a utilizar   al   hombre   como   un   simple  instrumento  de  producción  de

información y conocimiento.

    En esta línea de pensamiento, podemos barruntar que para recuperar lo que Marcuse llama la “conciencia individual”, es necesario acabar con las necesidades y valores que sostienen artificialmente dicho sistema de dominio. Para ello, hace distinción entre necesidades verdaderas y falsas. Estas últimas son las impuestas al ser humano por intereses particulares, de manera tal, que su desarrollo y satisfacción son heterónomos. Las necesidades falsas son aquellas que intereses sociales particulares imponen al individuo para su represión.

    Estos argumentos justifican que Marcuse defina a la sociedad industrial como sociedad unidimensional, ya que las necesidades de los sujetos están condicionadas. Es decir, acaban por nacer falsas necesidades, impuestas por los intereses de los grupos sociales dominantes: Automóvil y artículos para el hogar, producidos según las leyes mercantiles del beneficio, apareciendo impuestos a la existencia cotidiana de los individuos.

    1.2.2.- Una sociedad manipulada por la publicidad

    Para el francfurtense, la publicidad es una de las características de la sociedad tecnológica. Esto es así, ya que los agentes de la publicidad fabrican el universo de comunicación en el que se expresa  el comportamiento unidimensional.

    El universo en el que vivimos es un universo manipulado, en el que las formas de pensamiento dialécticas, bidimensionales, ceden cada vez más el lugar a los hábitos de pensamiento sociales  y  al comportamiento

tecnológico. La sociedad de consumo somete el lenguaje a un tratamiento reductor y estandarizado; palabra y  lenguaje  se  impregnan

de elementos mágicos, autoritarios y rituales. La expresión está dirigida a la eficacia, el rendimiento y el beneficio, siendo además, un factor poderoso de condicionamiento de los espíritus.

    La expresión está dirigida a la eficacia, el rendimiento y el beneficio, y es un factor poderoso de condicionamiento de los espíritus. El principio de operacionalismo tiene en el mundo tecnológico la misión de identificar las cosas y sus funciones, cuestión que se traduce en el plano lingüístico por la identificación de la palabra y el concepto; más apropiadamente, el concepto es absorbido por la palabra y esta remite al comportamiento fabricado y estandarizado por la publicidad.

    En este sentido, todo, absolutamente todo es sometido al interés del comercio y las técnicas de la publicidad permiten una manipulación y un condicionamiento perfecto de las conciencias de los individuos. Así, el discurso público atrapa a los seres humanos en el ámbito de una visión uniforme. Se manipula el vocabulario, que habla hipócritamente de la moralidad para servir a los intereses de una sociedad inmoral: la categoría de obscenidad tan apropiada para dicha sociedad, nunca se aplica al comportamiento moral del orden existente, sino siempre al de los otros.

    Vemos entonces que en este universo manipulado están presentes la simplificación, unificación, inmediatez, univocidad, funcionalismo pero también represión y autoritarismo: Estas son características o dimensiones del lenguaje cerrado al que nos condena una sociedad que tiende por completo a la utilidad y al beneficio. Dicho lenguaje se difunde en todo el mundo, lo mismo en el ámbito capitalista que en el socialista.

    Hasta en el mundo del ocio que debería corresponder por excelencia a la libertad y la fantasía individual, está colonizado por la sociedad tecnológica, comercializado y entregado a una explotación racional. Así los placeres modifican nuestros gustos y necesidades, y cuando se trata de ocios culturales como la televisión, el cine o la radio, imponen sus esquemas a nuestro lenguaje.      

    El lenguaje propio de la racionalidad tecnológica tiene como objetivo la difusión de mercancías, despojándolo de cualquier elemento cognoscitivo y evaluativo. De esta manera, los conceptos que encierran los hechos pierden su genuina interpretación. Gracias a la sustitución de los conceptos por imágenes, a la repetición, a la prescripción subliminal, el lenguaje publicitario elimina la crítica y hasta la diferencia entre lo que es y lo que debería ser, cuestión característica del universo pluridimensional.

    Por el contrario, el lenguaje unidimensional sólo establece realidades particulares y no se presta al diálogo. En consecuencia, se produce la anulación del universo del discurso. Marcuse considera esta nueva ideología como la anti-ideología de esta era del fin de las ideologías y afirma que los pensadores positivistas son los causantes de este empirismo ideológico.   

    Pero además, en esta sociedad de consumo la libertad sexual es grande, y todo lo que tenga que ver con el sexo tiene valor comercial, cuestión que explota hasta la saciedad, el mundo de lo erótico a través de la publicidad. Podemos afirmar que el sexo se integró a las relaciones públicas y de trabajo; componentes libidinosos fueron integrados a la producción y circulación de mercancías. El resultado de esta sabia manipulación es la sumisión del individuo y la desaparición de la protesta. Esta desublimación de lo sexual y su degradación en lo erótico suministra placeres aunque sea sólo una seudoliberación.

    Mientras que la sublimación preservaba la necesidad de liberación, la desublimación controlada debilita la rebelión de los instintos contra la sociedad establecida. Este es el planteamiento central de Marcuse sobre la desublimación represiva de la sexualidad. 

  Por otra parte, Marx sostuvo que la organización y dirección del aparato productivo por los “productores inmediatos”, permitiría la introducción de un cambio cualitativo, el cual encaminaría la producción hacia la satisfacción de necesidades individuales que se desarrollarían libremente. Por el contrario, Marcuse piensa que en la medida en que el aparato técnico establecido llega a ser el medio de control y cohesión de la existencia pública y privada, incorpora a las clases trabajadoras, enajenándolas en su misma existencia. De manera que la necesidad  de un cambio cualitativo es un asunto de vida o muerte.

    Ante este hecho, nuestro pensador, enfatiza en que es precisamente esta nueva conciencia, la que está siendo anulada por una sociedad en la que tanto los sujetos como los objetos constituyen instrumentos en una totalidad que tienen su raison d´étre en las realizaciones de su todopoderosa productividad. Su promesa  suprema es una vida cada vez más confortable para un número cada vez mayor de gentes, que en un sentido estricto, no pueden imaginar un universo del discurso y la acción cualitativamente diferente, porque la capacidad para contener y manipular los esfuerzos y la imaginación subversivos es una parte integral de la sociedad dada.    

     Marcuse  arrecia  su  crítica  a  la  sociedad  industrial  avanzada que ha llegado a una etapa en la que la sociedad libre, no puede definirse  en

términos tradicionales de libertades económicas, políticas e intelectuales, porque son demasiado significativas para ser confinadas dentro de las formas tradicionales. Se necesitan nuevos modos de realización que correspondan a las nuevas capacidades de la sociedad. Para nuestro autor, estos nuevos modos sólo se pueden mencionar en términos negativos, ya que equivaldrían a la negación de los modos predominantes.

    En este sentido, afirma que la libertad económica significaría libertad de la economía, libertad de estar controlados por fuerzas y relaciones económicas, liberación de la diaria lucha por la existencia, de ganarse la vida. La libertad política significaría la liberación de los individuos de una política sobre la que no ejercen ningún control efectivo. Del mismo modo, la libertad intelectual significaría la restauración del pensamiento individual absorbido ahora por la comunicación  y  adoctrinamiento  de masas, la abolición de la “opinión pública” junto con sus creadores.

    1.2.3.- La posibilidad de un mundo nuevo

    El filósofo francfurtense postula que las posibilidades de tener nuevas formas de una sociedad humana realmente libre, no pueden ser  concebidas  como  prolongación de las sociedades antiguas en el seno de la misma continuidad histórica. Es que el reino de la libertad no puede existir sino fuera del reino de la necesidad; el reino de la necesidad continúa siéndolo mientras suponga trabajo alienado.

    Marcuse retoma en todas sus obras el tema de no pactar con la sociedad industrial avanzada ni con la represión. Nada de reformismo sino ruptura, negación total. Rechazar todo lo que huela a esta sociedad, ya que aceptar cualquier tópico sería soportar el engranaje del sistema y convertirse en su más cercano cómplice antes de ser su prisionero. Sólo el rechazo total y radical es una defensa eficaz, al mismo tiempo que se constituye en la condición primera para edificar luego, sobre las ruinas del sistema existente, la nueva sociedad.

    Así pues, para que haya realmente posibilidad de advenimiento de un mundo nuevo, debe plantearse una revolución, y no sólo reformas. Se trata entonces de una ruptura y un rechazo total con el orden establecido.

    Marcuse critica fuertemente a la filosofía positivista, por poner en práctica un empirismo ideológico que anula el diálogo entre los seres humanos y porque convierte el deber ser en el ser, evade la ideología y termina aceptando sólo la suya propia. Para superar dicha realidad, el filósofo alemán sigue aferrado al concepto de Razón, siempre que sea entendida como razón pluridimensional, dialéctica. No obstante, dicha razón le ha dado paso a la razón que ha transformado todo lo existente en racional. Entonces ¿estaremos frente a la desaparición de la razón dialéctica?.

    Las razones en las que se apoya Marcuse, al plantear esta interrogante son entre otras: La racionalidad tecnológica se ha convertido en principio de organización del dominio del hombre sobre el hombre y sobre la naturaleza; La producción y utilización de la tecnología está guiada por la administración; La ciencia misma reproduce la racionalidad tecnológica. Estas son las razones por las cuales Marcuse denuncia esta racionalidad basada en una crítica del formalismo cientificista del que nació la tecnología.

    El autor de Razón y revolución, postula que la racionalidad tecnológica es la esencia del dominio reificado, de la racionalidad técnica y esta última es en palabras de Marcuse, una racionalidad finalística  en el sentido que le da Max Weber, puesto que depende de criterios variables de la explotación de la naturaleza. La aspiración de nuestro autor, es que la diferencia cualitativa que distingue a la sociedad socialista futura, sociedad de la libertad, de las sociedades dominadas existentes, es la dimensión estético-erótica, idea en la cual el concepto de estética tiene el sentido original de desarrollo de la sensibilidad y que plantea la convergencia de la técnica y el arte, el trabajo y el juego, así como la satisfacción de las necesidades instintivas y las inclinaciones espontáneas del hombre.

    Con respecto a los proyectos históricos de la historia contemporánea, la mayor verdad histórica corresponde a aquel de los dos sistemas que procure la mayor productividad sin destrucción y ofrezca la mayor cantidad de oportunidades para una pacificación. La palabra pacificación es utilizada constantemente por Marcuse para designar el estado de apaciguamiento de las necesidades, de satisfacción de los instintos; concepción según la cual la vida libre de los instintos abandonados a sí mismos se expande en armonía de la paz recuperada. 

    De las líneas anteriores podemos colegir, que la ruptura radical, la negación total del orden establecido, señalan por un lado, un giro histórico en la orientación del progreso: la existencia humana será cambiada, incluidos el mundo del trabajo y la lucha contra la naturaleza. Tener estas ideas, lamentarse acerca del materialismo del hombre moderno es invitarlo a lo bello y al bien de este mundo y por el otro, es demostrar que aún se es prisionero de este mundo de represión.

     Se trata de una sociedad en la cual la producción y la productividad estarán organizadas en función de necesidades y metas instintivas que serán la negación de las que predominan en la sociedad represiva. En dicha sociedad las necesidades sublimadas se desarrollarán en ella libremente, y la energía erótica, trabajando en forma social, traerá la cooperación y la solidaridad en la fundación de un mundo natural y social, que rechazará la dominación y la presión represiva, y que tendrá como principio de realidad a la paz. En resumen, la sociedad que debe nacer más allá de la negación total es una sociedad pacificada, estético-erótica, no represiva, de goce y satisfacción.

    1.2.4.- El papel de la filosofía en la utopía de Marcuse

    Ante esta sociedad irracional que enmascara la represión, la Teoría Crítica de la sociedad debe permanecer negativa y en la misma negación se encuentra lo positivo. Ante la pregunta ¿Qué se desea colocar en sustitución de la actual sociedad en América? Marcuse responde: Una sociedad en la que no existan guerras coloniales, en la que no sea necesario el insurgimiento de dictaduras fascistas, en la que no existan ciudadanos de segunda y tercera clase. Todo estos planteamientos son negativos. Pero en dichos planteamientos o formulaciones está también lo positivo.

    El acercamiento de la filosofía al arte podría contribuir a esa transformación radical que ha dejado de ser un sueño utópico. La unión del arte y la filosofía traduciría la fusión de la imaginación con la razón. Ambas facultades asumirían el negativismo de la utopía impulsadas por la verdad. Cuando la verdad no es realizable se la tilda de utópica. Ese componente utópico ha sido el único elemento progresista de la filosofía en ocasiones, que en el pensamiento marcusiano esta adhesión ha sido mantenida como cualidad auténtica del pensar filosófico.

    El objetivo de la filosofía marcusiana es la búsqueda de la verdad más allá de la simple evidencia empírica, y la razón ampliada y transformada es la categoría fundamental del pensamiento filosófico, la única que lo vincula al destino del hombre. El concepto de razón presupone libertad, puesto que la razón es subjetividad racional, el hombre examina todos sus conocimientos y su juicio carecería de sentido si no fuera libre para someter lo existente a la prueba de la razón.

    Para Marcuse, razón significa organización de la vida según la libre decisión del sujeto cognoscente, lo que traduce que la razón debe crear una organización social en la que los sujetos puedan regular su vida de acuerdo con sus verdaderas necesidades. Cuando este desarrollo no se da, la teoría debe tomar una postura crítica y si la verdad es irrealizable dentro del orden establecido, la crítica adopta frente a éste la forma de la utopía.

    En virtud de que en la actualidad no existe una clase social que dentro de sus intereses estén presentes la crítica y la negatividad, la voluntad de verdad debe ser asumida por la filosofía. Por eso, en “Teoría y Práctica” conferencia pronunciada en el año 1974, Marcuse coloca al mismo nivel la filosofía y la teoría.  Sabe que las potencialidades de la liberación están presentes y pueden ser reconocidas, desenmascarando la irracionalidad de la razón tecnológica; este reconocimiento es la función de la filosofía y la Teoría Crítica.

    El propósito de Marcuse es examinar la racionalidad desde la Razón, definida como facultad crítica. En este sentido busca una nueva racionalidad y no la sencilla negación de la racionalidad. En esta búsqueda, la filosofía juega un papel estelar, puesto que debe recuperar la intención crítica de las categorías neutralizadas por la ciencia. De esta manera, la filosofía puede mostrar la realidad como aquello que es y puede sacar a la luz aquello que la realidad impide que sea; en resumen, puede entender la realidad sin mutilarla y hasta es capaz de distinguir la verdadera de la falsa conciencia. Además, la filosofía debe conservar el pleno significado de conceptos como la belleza, la justicia, la felicidad, entre otros.

    La filosofía es siempre actividad, no puede limitarse a describir lo que es, no es exclusivamente positivismo sino revelación de la verdad y ésta tiene para Marcuse, carácter existencial y se refiere a las múltiples dimensiones de lo real y de lo posible. La actividad filosófica es un modo de la existencia humana, y ésta se encuentra en cada momento en una situación histórica determinada.

    La razón de la filosofía debe reconocer lo irracional en la realidad existente, debe ejercer la negación histórica. Dicha negación tiene bases empíricas porque es un proyecto histórico dentro y más allá de otro proyecto realizado. Su verdad se determinará mediante las posibilidades de pacificación que ofrece antes que por el éxito o aceptación social. La razón cumplirá esta función como racionalidad postecnológica, en la cual la técnica sirva para la pacificación y construya el arte de la vida. Sólo una sociedad postecnológica podrá lograr esta meta y entonces, la razón se acercará al arte. El arte no puede cumplir por sí solo la promesa de cambio pero puede imponer su racionalidad y crear la necesidad de paz.

    Para Marcuse, la utopía es la faceta desde la cual se debe considerar el presente; no obstante, lo importante es el futuro, ya que la dimensión capaz de atraer las fuerzas del presente arrancándolas de la atadura del pasado. La utopía entonces se explica como un permanente ejercicio crítico mediante el cual la realidad es proyectada hacia el futuro. La utopía se compone de la crítica de lo establecido y de la propuesta de lo que debería existir; propuesta que puede no ser concreta en la actualidad pero sí proyectada desde la crítica.

    Se puede decir sin ninguna duda, que la utopía de la Teoría Crítica no es abstracta; es viable o realizable en el estado actual de las fuerzas productivas desarrolladas por el ser humano. Marcuse se refiere a “el fin de la utopía” porque ha terminado la prehistoria de la humanidad y hasta su historia, por lo que plantea la necesidad de una nueva antropología en la que se produzcan los cambios radicales que Marcuse proponía en Eros y Civilización y que finalizarán cuando se realice la unión de la técnica con el arte, del trabajo con el juego, en un modo de producción estético-erótico. 

    Hoy día ya se posee la posibilidad de transformar el mundo en un infierno o en un paraíso, ya que se tienen los instrumentos que pueden hacer posible un cambio social cualitativo. Por eso Marcuse menciona que ha llegado el fin de la utopía, aunque dicho fin no se refiera al fin de la historia como tal, sino al término de la historia precedente, a la realización total del modo de producción capitalista.

    Marcuse distingue entre concepto extra-histórico e histórico de utopía, pero sólo el primero es utopía puesto que se trata estrictamente de un ideal irrealizable. En cambio, existe un concepto histórico de utopía, que aunque históricamente no se haya realizado puede serlo en el futuro. Es ahora utopía, pero es posible aunque no verificable todavía.  La utopía se inicia dentro de la realidad pero más allá de su concreción. Igualmente, cree el pensador alemán, que existen factores objetivos que son las posibilidades brindadas por la ciencia y la técnica, y subjetivos que se refieren a la rebelión de la nueva sensibilidad que permiten ya la realización de la utopía; a eso se refiere cuando menciona que rehacer desde la ciencia hasta la utopía el camino del socialismo descrito por Engels como camino desde la utopía hasta la ciencia.

    El proyecto utópico marcusiano no es arbitrario pero debe demostrar que es más racional que la realidad existente, debe suministrar las garantías suficientes para mejorar la civilización y pacificar la existencia; porque lo que esta sociedad llama utópico es lo que en nuestra vida vemos como remedio contra la irracionalidad que pasa por racionalidad.

    El fin de la utopía significa su realización. La grandeza y la miseria del momento presente está en que por primera vez en la historia el hombre puede lograr sus utopías gracias al poder tecnológico, aunque este poder sea empleado contra dicha posibilidad; la razón ha perdido la razón.

    1.2.5.- La sociedad del espectáculo

    Es interesante estudiar algunos de los impactos sociales del pensamiento de la Escuela de Francfurt, especialmente en lo que se refiere al mundo del ocio, del espectáculo y de la vida, más allá de la mera actividad económica, para mostrar como han sido invadidos también estos dominios de supuesta libertad. Para ello, tomaremos la traducción al español, de reciente data, del libro de Guy Debord, La sociètè du spectacle, editado en francés en el año 1967.

     En este trabajo, haremos especial referencia a los tres primeros capítulos, sin  dejar de reconocer la importancia dialéctica del resto del libro La sociedad del espectáculo, que además de interesante podemos considerarlo como una brillante interpretación personal de la imposición de la técnica como instrumento político para el dominio de las sociedades industrialmente avanzadas por parte del cientismo. En este sentido podemos afirmar que sus ideas, expresadas con especial arte personal tienen vastas zonas de convergencia en cuanto a su interpretación con las ideas y pensamientos de Hebert Marcuse.

    El argumento del discurso de Debord, se centra, pues, en que toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. De tal manera, que dicho espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. Este proyecto se convierte en el mismo corazón del irrealismo de la sociedad real que bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, conforman el modelo presente de la vida socialmente dominante. Definitivamente, el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes.

    En tal sentido, nuestro autor argumenta en sus propios términos que el  espectáculo es la afirmación de la apariencia y la afirmación de toda vida humana, y por tanto social, como simple apariencia; su carácter fundamentalmente tautológico se deriva del simple hecho de que sus medios son a la vez sus fines. 

    Utilizando un lenguaje metafórico en el que pone de manifiesto su factum, el pensador de origen francés, considera como exponente general de la racionalidad del sistema de dominio imperante, a una multitud creciente de imágenes-objetos que le dan fisonomía propia al espectáculo como la principal producción de la sociedad actual.

    A tales efectos, argumenta que la primera fase de dominación de la economía sobre la vida social, había implicado en la definición de toda realización humana una evidente degradación del ser en el tener. La fase presente de la ocupación total de la vida social por los resultados acumulados de la economía conduce a un deslizamiento generalizado del tener al parecer, donde todo "tener" efectivo debe extraer su prestigio inmediato y su función última. En efecto: “El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño” 3.  Aunque el espectáculo, tomado bajo su aspecto restringido de "medios de comunicación de masas", que son su manifestación superficial más abrumadora, parece invadir la sociedad como simple instrumentación, pero ésta no es nada neutra en realidad, sino es el dogma que conviene a su automovimiento total para el control ideológico de la sociedad.

----------------------------

     3    Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. Traducción al castellano de Maldeojo para el Archivo Situacionista Hispano. España. 1998. p. 7.     

 

    Siguiendo este razonamiento, Debord, considera que si las necesidades sociales de la época donde se desarrollan tales técnicas no pueden ser satisfechas sino por su mediación, si la administración de esta sociedad y todo contacto entre los hombres ya no pueden ejercerse si no es por intermedio de este poder de comunicación instantánea, es porque esta "comunicación" es esencialmente unilateral, es decir, unidimensional; de forma que su concentración vuelve a acumular en las manos de la administración del sistema existente, los medios que le permiten continuar esta administración determinada y convertir así a los seres humanos de esta sociedad en seres uniformes.

    De las líneas anteriores podemos columbrar que la escisión generalizada del espectáculo es inseparable del Estado moderno, capitalista, es decir, de la forma general de la escisión en la sociedad, producto de la división del trabajo social y órgano de la dominación de las clases dominantes.

    Uno de los aspectos del pensamiento de Debord que nos interesa destacar es que debido al mismo éxito de la producción separada como producción de lo separado, la experiencia fundamental ligada en las sociedades primitivas a un trabajo principal se está desplazando, con el desarrollo del sistema, hacia el no-trabajo, el ocio y la inactividad. Pero lo interesante es que nuestro autor postula que esta inactividad no está en absoluto liberada de la actividad productiva sino que depende de ella, es sumisión inquieta y admirativa a las necesidades y resultados de la producción; es que ella misma es un producto de su racionalidad.

    En tal sentido, no puede haber libertad fuera de la actividad, y en el marco del espectáculo toda actividad está negada, igual que la actividad real ha sido integralmente captada para la edificación global de este resultado. Así la actual "liberación del trabajo", o el aumento del ocio, no es de ninguna manera liberación en el trabajo ni liberación de un mundo conformado por ese trabajo. Nada de la actividad perdida en el trabajo puede reencontrarse en la sumisión a su resultado.

    El sistema económico fundado en el aislamiento es una producción circular del aislamiento. El aislamiento funda la técnica, y el proceso técnico aísla a su vez. Del automóvil a la televisión, todos los bienes seleccionados por el sistema espectacular son también las armas para el reforzamiento constante de las condiciones de aislamiento de lo que Debord llama las "muchedumbres solitarias" 4. Así el espectáculo reproduce sus propios supuestos en forma cada vez más concreta.

----------------------------

      4         Ibid, p. 10.

   

    Es que la alienación del espectador en beneficio del objeto contemplado, como resultado de su propia actividad inconsciente se expresa así: cuanto más contempla menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad menos comprende su propia existencia y su propio deseo. En esta línea de pensamiento, podemos decir que la exterioridad del espectáculo respecto del hombre activo se manifiesta en que sus propios gestos ya no son suyos, sino de otro que lo representa. Por eso el espectador no encuentra su lugar en ninguna parte, porque el espectáculo está en todas.

    Pero en ese movimiento esencial del espectáculo, que consiste en incorporar todo lo que en la actividad humana existía en estado fluido, para poseerlo en estado coagulado como cosas que han llegado a tener un valor exclusivo por su formulación en negativo del valor vivido. En este sentido, reconocemos a nuestra vieja enemiga, esencia del pensamiento uniforme y mercantil, base del capitalismo desenfrenado, en las sociedades industrialmente avanzadas, que es tan compleja y está tan llena de sutilezas metafísicas, la mercancía.

    Este es el principio del fetichismo de la mercancía, núcleo de la dominación de la sociedad por "cosas suprasensibles" que se cumple de modo absoluto en el espectáculo, donde el mundo sensible se encuentra reemplazado por una selección de imágenes creadas para el dominio del hombre, que existe por encima de él y que al mismo tiempo se ha hecho reconocer como lo sensible por excelencia.

    De esta manera el capitalismo, en su versión más inhumana, el neoliberalismo, controla el mundo a la vez que traduce el espectáculo como el mundo del fetiche de la mercancía dominando todas las dimensiones de la vida humana, desde el ocio, la economía, hasta la cultura. Esto es así, ya que el mundo de la mercancía se muestra así tal como es, puesto que su movimiento equivale al distanciamiento de los hombres entre sí y respecto de su producto global.

    En este mismo sentido, coincidimos con Debord en que el desarrollo de las fuerzas productivas ha sido la historia real inconsciente que ha construido y modificado las condiciones de existencia de los grupos humanos como condiciones de subsistencia y la extensión de estas condiciones ha sido la base económica de todas sus iniciativas. Así, el  sector de la mercancía ha sido, en el interior de una economía natural, la constitución de un excedente de la subsistencia. A pesar de que la producción de mercancías, que conlleva el cambio de productos diversos entre productores independientes, ha podido seguir siendo artesanal durante mucho tiempo, contenida en una función económica marginal donde su verdad cuantitativa todavía estaba oculta.

    Sin embargo, allí donde encontró las condiciones sociales del gran comercio y de la acumulación de capitales, aprovechó para dominar totalmente la economía mundial, bajo las banderas de la globalización. De esta manera, la economía entera se transformó entonces en la base de un desarrollo cuantitativo totalizante en la que la mercancía es el vehículo por excelencia para el dominio de los seres humanos mediante el envilecimiento. 

    El cientismo y el neoliberalismo han utilizado la economía para  transformar el mundo, pero lo han transformado exclusivamente en un mundo de la economía. En dicho mundo, se ha alienado el trabajo humano exigiéndole proseguir su servicio hasta el infinito, y dicho servicio, no siendo juzgado ni absuelto más que por sí mismo, obtiene de hecho la totalidad de los esfuerzos y de los proyectos socialmente lícitos como prisioneros suyos. De esta manera, la abundancia de mercancías, es decir, la relación mercantil, no puede ser más que la subsistencia aumentada.

    Desde que se llevó a cabo la revolución industrial, la división manufacturera del trabajo y la producción masiva para el mercado mundial, la mercancía aparece efectivamente como una potencia que viene a ocupar realmente la vida social. Debord, argumenta que “es entonces cuando se constituye la economía política, como ciencia dominante y como ciencia de la dominación” 5.

    Nosotros nos alineamos con lo expresado por el pensador francés, en cuanto a que el espectáculo señala el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total de la vida social. En otras palabras, la relación con la mercancía no sólo es visible, sino que es lo único visible: el mundo que se ve es su mundo. La producción económica moderna extiende su dictadura extensiva e intensivamente.

    Pero además, en el análisis e interpretación que hace del fetiche de la mercancía como instrumento de dominación en las sociedades industrialmente avanzadas, coincide ampliamente con Marcuse, en que  su reinado ya está presente a través de algunas mercancías-vedettes en los lugares menos industrializados, para procurar la dominación imperialista de las zonas que encabezan el desarrollo de la productividad.

 

----------------------------

      5        Ibid, p. 14.

 

    En otro orden de ideas, Debord coincide con Marcuse, al postular que en las sociedades cerradas, uniformes, consumistas, alienadas, el espacio social es invadido por una superposición continua de capas geológicas de mercancías. En consecuencia, el consumo alienado se convierte para las masas en un deber añadido a la producción alienada.

    Todo el trabajo vendido de una sociedad se transforma globalmente en mercancía total cuyo ciclo debe proseguirse. Para ello es necesario que esta mercancía total retorne fragmentariamente al individuo fragmentado, absolutamente separado de las fuerzas productivas que operan como un conjunto. Es aquí por consiguiente donde la ciencia especializada de la dominación debe especializarse a su vez: se fragmenta en sociología, psicotecnia, cibernética, semiología, etc., vigilando la autorregulación de todos los niveles del proceso.

    Mientras que en la fase primitiva de la acumulación capitalista "la economía política no ve en el proletario sino al obrero", que debe recibir el mínimo indispensable para la conservación de su fuerza de trabajo, sin considerarlo jamás "en su ocio, en su humanidad", esta posición de las ideas de la clase dominante se invierte tan pronto como el grado de abundancia alcanzado en la producción de mercancías exige una colaboración adicional del obrero.

    Este obrero redimido de repente del total desprecio que le notifican claramente todas las modalidades de organización y vigilancia de la producción, fuera de ésta se encuentra cada día tratado aparentemente como una persona importante, con solícita cortesía, bajo el disfraz de consumidor. Entonces el humanismo de la mercancía tiene en cuenta "el ocio y la humanidad" del trabajador, simplemente porque ahora la economía política puede y debe dominar esas esferas como tal economía política. Así "la negación consumada del hombre" ha tomado a su cargo la totalidad de la existencia humana

    Con la automatización, que es a la vez el sector más avanzado de la industria moderna y el modelo en el que se resume perfectamente su práctica, el mundo de la mercancía tiene que superar esta contradicción: la instrumentación técnica que suprime objetivamente el trabajo debe al mismo tiempo conservar el trabajo como mercancía y como único lugar de nacimiento de la mercancía. Para que la automatización, o cualquier otra forma menos extrema de incrementar la productividad del trabajo, no disminuya efectivamente el tiempo de trabajo social necesario a escala de la sociedad, es preciso crear nuevos empleos. El sector terciario, los servicios, es la ampliación inmensa de las metas de la armada de distribución y el elogio de las mercancías actuales; movilización de fuerzas supletorias que oportunamente encuentran, en la facticidad misma de las necesidades relativas a tales mercancías, la necesidad de una organización tal del trabajo hipotecado.

    Para Debord, esta es la vía para la recomposición de una interminable serie de intereses sublúdicos, desde el deporte de competición hasta las elecciones. Es que allí donde se ha instalado el consumismo alienante y enfermizo, una oposición espectacular principal entre jóvenes y adultos proyecta en primer plano los falsos roles; puesto que en ninguna parte existe el adulto, dueño de su vida, y la juventud, el cambio de lo existente, no es en modo alguno propiedad de quienes son ahora jóvenes, sino del sistema económico, descompuesto en una especie de útil bajo el artificio humano que faciliten la labor coactiva del capitalismo. Es la aplicación del principio de cosificación para transformar a los seres humanos en siervos del capitalismo desenfrenado.

·1.3.- Pragmática del discurso y acción política ciudadana   

    En este apartado, abordaremos la política, tal como ha sido entendida en la historia de la humanidad, es decir, como variable para ampliar el dominio y el afán de poder del ser humano sobre la naturaleza y sobre los demás hombres. Particularmente, Hannah Arendt, la arqueóloga del pensamiento político, de origen alemán y Ernesto Mayz-Vallenilla, filósofo venezolano, muestran su crítica abierta y franca  a esa topología de la política que en la historia del devenir se le ha endosado.

    Es que si revisamos la historia del siglo XX, vemos que ha sido el siglo de las guerras; particularmente, nos referimos a las dos guerras o conflagraciones mundiales que devastaron parte importante de la ecología del planeta y que segaron la vida de millones de seres humanos. Dichos eventos se suscitaron en virtud del ejercicio del poder político ejercido por las principales potencias mundiales, que con avidez morbosa, pretendieron imponer sus directrices a los otros no tan poderosos.

    Aquí cabe perfectamente lo dicho por Hobbes en El Leviatán: “durante el tiempo que los hombres viven sin un poder, que les obligue a todos al respeto, mantienen la  condición  que se llama guerra; una guerra de todo hombre contra todo hombre” 6. También podemos hacer alusión a la identificación de la idea de poder con la idea de coacción. En este sentido, Max Weber, manifiesta que el poder político tiene el monopolio de la violencia que equivale a afirmar que la violencia es su medio específico y exclusivo.

--------------------------------

     6    Cfr. Hobbes, Thomas Leviatán. Traducción al castellano de A. Escohotado. Editora Nacional. Madrid,  1983. p. 223.  

 

    Como veremos a continuación, Hannah Arendt hace un estudio atípico del poder, al contrario de los autores arriba mencionados y en tal sentido, postula que en los antípodas de la violencia, encontramos la paz, el amor, el respeto y también el discurso, puesto que la violencia es el extremo opuesto del discurso. Podemos afirmar que la violencia es siempre interrupción del discurso; el discurso es siempre interrupción de la violencia. Coincidimos  con  Arendt y Mayz-Vallenilla  en  que  ante  el temor de que la violencia se apodere del mundo, debemos estar vigilantes ante las múltiples formas en que la violencia se disfraza de discurso y denunciar a toda persona que la ejerza mediante encubrimientos discursivos o retóricos.

    1.3.1.-  La comprensión del totalitarismo y la acción política

    Al final de la II Guerra Mundial y durante los primeros años de la postguerra, el término “imperialismo” se utilizaba casi siempre para indicar agresividad en política exterior, por lo cual se llegaba a confundir con “totalitarismo”. Esta palabra, es utilizada hoy para denotar sed de poder, voluntad de dominio o terror y para indicar una estructura de Estado férrea y monolítica. El imperialismo continuó siendo un tópico popular aún después de la aparición del bolchevismo, el fascismo y el nazismo.

    La caída del imperio británico hizo que se admitiese que el nuevo fenómeno, el totalitarismo, identificado con la dictadura de un partido o con la tiranía, había tomado el lugar del imperialismo como realidad política. Así que el totalitarismo ha sido  objeto de estudio desde “que la comprensión preliminar le colocó la etiqueta de problema fundamental y el peligro más significativo de nuestro tiempo” 7. 

    Si tenemos pendientes los elementos totalitarios existentes en las sociedades de masas, la alienación, el chantaje nuclear, la injusticia, el consenso impuesto, la irracional utilización de las tecnologías que atentan contra el equilibrio ecológico de la Tierra y la imposición de criterios económicos de los países industrializados sobre los países subdesarrollados, se puede inferir que se vive una especie de estado de excepción permanente.

    En esta misma línea de pensamiento, podemos afirmar que los movimientos totalitarios no aparecieron intempestivamente, sino que sus estructuras de dominio fueron el resultado de la dinámica histórica producto de las circunstancias de ciertos elementos contenidos en la misma sociedad.

------------------------------ 

       7    Cfr. Arendt, Hannah. De la Historia a la Acción. Trad., cast. de Fina Birulés. Paidos. Barcelona, 1995. p. 34. En adelante citaremos DLHA.

 

    De manera similar, las sociedades democráticas no han adquirido mágicamente sus propiedades y no son de manera alguna ajenas o inmunes al totalitarismo. A pesar de que existe una tendencia mundial a desestimar todo lo que huela a totalitarismo, el afán de control por parte de las potencias mundiales a través de la tecnología, constituye otra modalidad de totalitarismo en la cual se utiliza una especie de discurso que sólo sirve para esconder las verdaderas intenciones. En efecto, el totalitarismo siempre se mantiene atento a hacer aparición en cualquier sociedad; es decir, está en estado latente o potencial, listo para irrumpir bajo cualquiera de sus modalidades contemporáneas.    

    Hannah Arendt subraya que no se puede demorar la lucha contra el totalitarismo hasta que se haya comprendido, ya que no se comprenderá hasta tanto no haya sido derrotado. La comprensión de los asuntos políticos e históricos son tan profundamente humanos que tienen algo en común con la comprensión de los individuos, que sólo se conocerán quiénes son después de su muerte.

     La autora de Los Orígenes del Totalitarismo ha sentenciado que para los mortales, lo eterno y definitivo comienza después de la muerte. Además, “(…) La comprensión significa, más bien, examinar y soportar conscientemente la carga que nuestro siglo ha colocado sobre nosotros.....La comprensión, en suma, significa un atento e impremeditado enfrentamiento a la realidad, un soportamiento de ésta, sea lo que fuere” 8.   

    La comprensión preliminar, en opinión de nuestra autora, impedirá de  modo más eficaz que la gente se adhiera a un movimiento totalitario. Sin

embargo, a pesar  de  lo  dicho  por  la autora, la historia reciente de América Latina, nos da múltiples ejemplos de gobiernos tiránicos que han contado con respaldo inicial de sectores de la población, principalmente sectores económicos, políticos y militares  que  persiguen sólo obtener posiciones importantes en la jerarquía gubernamental para provecho propio y de los suyos.   

   Como aspecto importante, Arendt, resalta que en el siglo XVIII, Montesquieu, pensador inglés, estaba convencido que la vida de los pueblos está regida por leyes y costumbres, que se diferencian entre sí, en virtud de que las primeras, las leyes,  regulan los actos del ciudadano y las segundas, las costumbres, regulan los actos del hombre. Las leyes establecen o conforman la esfera de la vida política y las costumbres, la esfera de la sociedad.

-----------------------------

    8    Cfr.  Arendt,  Hannah. Los  Orígenes  del  Totalitarismo.  Trad., cast. de  Guillermo

           Solana. Editorial. Madrid,1981. P. 12

  

 En este sentido, compartimos con Mostesquieu el criterio de que las naciones se hunden en el abismo cuando el gobierno desde el poder abusa de las leyes o cuando la autoridad de sus fuentes se transforma en dudosa o cuestionable. En uno u otro caso, las leyes pierden su validez y la nación pierde su capacidad de acción política responsable; el pueblo detiene su acción como ciudadano y sólo permanecen las costumbres y las tradiciones de la sociedad, cuestión que explica la longevidad de organismos políticos cuya legitimidad está agotada.

    El principal objetivo de Montesquieu, era el bienestar presente y futuro del continente europeo, mediante el sostenimiento de la libertad política. Para quienes vivimos en esta otra parte del mundo, que conocemos nuestras debilidades, limitaciones y también nuestras capacidades, debemos luchar constantemente, siguiendo el ejemplo de Montesquieu, por tener un continente en el cual se instruya a sus ciudadanos para adquirir, producir, mejorar y distribuir de manera más eficiente el conocimiento, con la comprensión preliminar que plantea Hannah Arendt, elemento clave para preservar y mantener la libertad política.

    Dicha instrucción le compete directamente a las universidades que han mostrado una tendencia creciente a la utilización de diversas tecnologías, con el propósito de facilitar el aprendizaje en la población estudiantil. La educación de las masas es condición previa para la conservación de la libertad política.       

    La esfera de los asuntos humanos está formada por el conjunto de relaciones humanas que se dan en cualquier parte donde los hombres viven juntos. En efecto, Arendt, en La Condición Humana nos dice que “La revelación del “quien” mediante el discurso, y el establecimiento de un nuevo comienzo a través de la acción, cae siempre dentro de la ya existente trama donde pueden sentirse sus inmediatas consecuencias.  Juntos, inician un proceso que al final emerge como la única historia de la vida del recién  llegado, que  sólo  afecta  a  las  historias  vitales  de quienes entran en contacto con él” 9.

    En la esfera de los asuntos humanos, la acción produce historias de la misma manera que la fabricación genera cosas tangibles. Dichas historias pueden plasmarse en la realidad, en documentos u objetos de uso o en obras de arte. Creo por el contrario de lo expresado por nuestra autora, que el ser humano mediante la acción y el discurso, es actor, autor y productor de la historia de su propia vida. Arendt señala, que nadie es autor o productor, sólo actor de su propia vida.

----------------------------- 

     9    Cfr Arendt, Hannah. (1993). La Condición Humana. Trad., cast. De Ramón Gil Novales. Editorial Paidos. Barcelona, España. P. 207. En lo sucesivo identificaremos por LCH.

 

  1.3.2.- Socavación de la política a través de la violencia y el dominio.

 

    Al referirnos al pensamiento de Hannah Arendt, interesa destacar la separación que hace de los conceptos de poder y violencia Ella se ha destacado en sus escritos por enfrentarse a la tradición filosófica, en lo que se refiere a la esencia de la política.

    La distinción permanente de dichos conceptos constituye una nota resaltante en su pensamiento. En este sentido, Esquirol, autor que  estudia la posición de Arendt en relación al poder y la violencia, coincide con ella en que “el reto de la política siempre es el poder, nunca la violencia” 10 .

    Arendt destaca que la violencia es algo particularmente humano: La historia está llena de acciones violentas con distintos matices y modalidades; sólo el hombre es violento y sólo la acción del hombre sobre el hombre puede ser calificada propiamente de violenta, ya que la acción sobre la especie animal puede definirse como cruel.

    En relación a la violencia, podemos decir que la profunda crisis ecológica que vive el planeta hoy, tiene su origen en la violencia contra

-----------------------------------

        10    Cfr. Esquirol, Josep. En Torno a Hannah Arendt. Centro de Estudios          Constitucionales. Madrid, 1994. p. 39. En lo sucesivo citaremos con las siglas                     ETHA

 

la naturaleza, particularmente, en la utilización desmedida de tecnologías.  Las consecuencias provenientes del uso indiscriminado de agentes químicos en la agricultura; la escasez de fuentes  de  agua producto de la tala indiscriminada de los bosques y pulmones vegetales, constituyen ejemplos de dicha violencia.

    La historia política de los hombres está llena de violencia y en muchos casos ésta ha sido, el eje central de los cambios y de las revoluciones. Es que gran parte del pensamiento político ha estado impregnado de la filosofía hegeliana y marxista, que han hecho de la violencia como necesaria para lograr el cambio histórico y el progreso. Vale la pena preguntarnos si ¿La violencia ha sido la clave de todo cambio radical, en la vida política de los hombres?. A pesar de que la idea hegeliana, de la justificación histórica de la violencia, la hacen suya autores de la talla de Sorel, Pareto y Sartre, Arendt se opone rotundamente e intenta mostrar que la violencia es más el arma de las reformas que de la revolución.

    Sin embargo, paralelamente al tema de violencia también se estudia el de la no violencia. Al respecto, nuestra autora pone en duda la eficacia de la violencia a lo largo de la historia. Al respecto, podemos formular en este momento dos interrogantes ¿Es oportuna y eficaz la no violencia ante las exigencias de la realidad histórica? ¿Puede definirse la no violencia como cobardía o evasión?. Al respecto, Esquirol en En torno a Hannah Arendt, nos dice: “El Sermón de la Montaña, que constituye una gran expresión del planteamiento histórico de la no violencia, ¿ha sido estéril respecto a la historia o la ha marcado sustancialmente?” 11. 

    Está probado que la fuerza y la violencia han tenido eficacia histórica, pero Arendt en ese estilo particular que le dio a la interpretación de la política, defiende el postulado de la no violencia ya que implica frente a la violencia histórica, un juicio crítico.

    Podemos pues, suministrar múltiples ejemplos de la utilización de la violencia en el mundo en sus diversas manifestaciones, en contra de los hombres y en contra de la naturaleza. Basta  decir  en este sentido, que el incremento exagerado de la temperatura media del planeta, derivada del aumento del dióxido de carbono y otros gases en la atmósfera, es una consecuencia de la capacidad destructiva del hombre, de la violencia desatada contra los ecosistemas que afectan y alteran el mundo en su conjunto.

    A los efectos del estudio de la no violencia, cuestión que es una permanente aspiración en el pensamiento político de Arendt, nuestra

---------------------------

          11       Cfr. ETHA   pp. 40-41

 

autora reflexiona en el sentido que existe algo que ella califica de “político”, es decir, relativo a la pluralidad de los hombres y “no violento” capaz de acabar con la violencia. En esta línea de pensamiento, se opone rotundamente a la consideración de que sólo la fuerza y la violencia han sido históricamente eficaces y en ese sentido su concepción del poder tiene muy poco en común con esta interpretación.

     Esa posición asumida en contra de la violencia explica que nuestra autora, en La Condición Humana, hace alusión a las dos actividades necesarias que en las comunidades humanas se consideraron políticas para constituir lo que Aristóteles llamó bios políticos, es decir, la acción (praxis) y el discurso (lexis), de los cuales surge la esfera de los asuntos humanos. En ese sentido, Arendt nos dice que “(...) El pensamiento era secundario al discurso, pero discurso y acción se consideraban coexistentes e iguales (...) lo que originalmente significó no sólo que la mayor parte de la acción política, hasta donde permanece al margen de la violencia es realizada con palabras  (....). Sólo la pura violencia es muda, razón por la que nunca puede ser grande (....)” 12. En cuanto a la esencia del poder difiere diametralmente de la posición hobessiana y de otros estudiosos del poder, como veremos más adelante. 

------------------------------

     12     Cfr. LCH . pp. 39-40.      

1.3.3.- El concepto de poder político en Hannah Arendt

     En el sentido habitual, el término poder hace alusión a la capacidad de algo o de alguien para producir determinados resultados. Pero cuando hablamos de poder social o político, nos referimos a la posibilidad del hombre de actuar en lo público, y frecuentemente dicha posibilidad de acción pública se refiere al poder del hombre sobre el hombre, es decir, poder como dominación, coacción, determinación.  

   Arendt, no se ubica en esta dimensión; al referirse al poder, lo único que sostiene es que el poder es una relación entre los hombres. En la práctica han de constatarse diversas manifestaciones del poder, como la violencia, la persuasión, la amenaza, la recompensa, entre otras. No obstante, con frecuencia la idea de poder se identifica con la idea de coacción.    

     Al referirnos al poder, coincidimos con nuestra pensadora en que una de las cosas que debilita y luego aniquila a las comunidades políticas, es la pérdida del poder. Éste, a diferencia de los objetos producidos por el artificio humano, no puede almacenarse ni llevarse al mercado de cambio, para hacer frente a emergencias sino que sólo existe en su realidad. 

    En La Condición Humana, hace hincapié en su concepción de poder, cuando nos dice que “El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades” 13. 

    En relación al concepto de poder, podemos decir, es lo que mantiene la existencia de la esfera pública, que es el espacio de aparición de los hombres que se agrupan mediante el discurso y la acción, es decir, es el espacio de aparición de los hombres que hablan y actúan. Nuestra autora establece diferencia entre poder y fuerza, al decir que “ (...) el poder es siempre un poder potencial y no una intercambiable, mensurable y confiable entidad como la fuerza. Mientras que ésta es la cualidad natural de un individuo visto en aislamiento, como función corporal, el poder surge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece en el momento en que se dispersan. (...)” 14. 

    Conviene que expresemos, que Arendt se aparta de la tradición del pensamiento político que hace aparecer al poder y la violencia como un 

---------------------------------

     13      Cfr. LCH.  p. 223

    14     Ibidem

binomio  inseparable, hasta el  punto de considerar que la violencia es una de las manifestaciones del poder. La apología que hace nuestra autora del poder, proviene de la interpretación que ella hace como consenso, concierto, coordinación, precisamente lo que Proudhon, consideraba como opuesto al poder.

    En Efecto, Proudhon identificaba poder con fuerza, y así como él, teóricos defensores y detractores del poder han caído en la indistinción, que confunden y entienden como sinónimos, poder, autoridad y dominación.

    Arendt, en Crisis de la República insiste en que los términos poder, potencia, fuerza, autoridad y violencia no serían más que palabras que indican los medios por los que el hombre domina al hombre, por lo cual se usan como sinónimos. Conviene entonces que aquí resaltemos, lo que nuestra autora dice, en relación a los términos mencionados.

    En tal sentido manifiesta: “Es, creo, una muy triste reflexión sobre el actual estado de la ciencia política, (…) que nuestra terminología no distingue entre palabras claves tales como “poder”, “potencia”, “fuerza”, “autoridad” y, finalmente,   “violencia” – todas  las  cuales  se  refieren  a  fenómenos distintos y diferentes, que difícilmente existirían si éstos no existieran-. (...) emplearlas como sinónimos no sólo indica una cierta sordera a los significados lingüísticos (...) sino que también ha tenido como consecuencia un tipo de ceguera ante las realidades a las que corresponden. (...)” 15. 

    Parte del poder del discurso de nuestra autora, descansa en la teoría del poder político de Maquiavelo cuando éste manifiesta, que el propio acto de fundación, es decir, el comienzo consciente de algo nuevo requiere y justifica el uso de la violencia. Sin embargo, Arendt, identifica la capacidad de comenzar del hombre con el comienzo mismo. Si la creación del hombre coincide con la de un comienzo en el universo, lo que conlleva a la creación de la libertad, entonces el nacimiento de los hombres individuales, siendo nuevos comienzos, reafirma el carácter original del hombre.

        Precisamos para entender el verdadero alcance de la violencia y su relación con el poder, definir en términos arendtianos, lo que entendemos por “Autoridad” (con mayúscula). En Crisis de la República,  ella nos dice que “ (...) puede ser atribuida a las personas –existe algo como autoridad personal, por ejemplo, en la relación entre padre e hijo,

---------------------------------

     15    Cfr.   Arendt, Hannah. Crisis  de  la  República. Trad., cast. De Guillermo          Solana.  Edit. Taurus, Madrid.1973. p. 145-146. En lo sucesivo citaremos con las          siglas CR.

 

entre profesor y alumno (...). Su característica es el indiscutible reconocimiento por   aquellos a quienes se  les pide obedecer; no precisa ni de la coacción ni de la persuasión (...)” 16.

    Tenemos ahora los elementos necesarios para definir “violencia” en términos arendtianos. En Crisis de la República, ella nos dice: “La violencia (...) se distingue por su carácter instrumental. Fenomenológicamente  está  próxima  a  la  potencia, dado  que   los   instrumentos  de   la   violencia, (...) son concebidos y empleados para multiplicar la potencia natural hasta que, (...) puedan sustituirla” 17.

    En el párrafo anterior, podemos ver que Arendt, construye el concepto de violencia, como amplificación de la potencia humana mediante instrumentos. En el concepto de autoridad, según vimos anteriormente, aparecen imbricadas las ideas de reconocimiento y subordinación, mientras que el término poder lo entendemos en términos arendtianos como la acción humana concertada. Según hemos visto, nada es tan cotidiano como la combinación de violencia y poder, y “nada es menos frecuente como hallarlos en su forma pura. De aquí no se deduce que la autoridad, el poder y la violencia sean todos lo mismo” 18.

------------------------------

16       Cfr.  CR. p. 147. 

17       Ibid, p. 148.

18      Ibid, p. 149. 

  

 Digamos más apropiadamente, que en la realidad se da una combinación de dichos términos para indicar los medios que dispone el hombre para dominar al hombre. Arendt, insiste en que políticamente hablando lo cierto es que la pérdida del poder se convierte en una tentación para reemplazar al poder por la violencia.         

    La clave de todo está en que la violencia en forma de terror elimina la comunicación entre los seres humanos, la acción común, la identidad y la personalidad de los sometidos. Aquí el término terror debemos entenderlo como el dominio de la violencia cuando todo poder ha sido anulado; en otras palabras, el terror lo podemos considerar como una variante de la violencia.

    En este sentido, en Crisis de la República al referirse al terror, nos dice que “(....) El terror no es lo mismo que la violencia; es más bien, la  forma  de gobierno que llega a existir cuando la violencia, tras haber destruido todo poder, no abdica sino que, por el contrario sigue ejerciendo un completo control. (.....) Todo tipo de oposición organizada ha de desaparecer antes  de  que  pueda  desencadenarse con toda su fuerza el terror” 19.  

--------------------------------   

         19     Ibid, pp. 156-157.

        Hannah Arendt, pensadora de origen alemán, a quien podemos definir como “la arqueóloga del pensamiento político”, somete a una profunda crítica la manera cómo se ha entendido la política en nuestra época. Dicha crítica descansa en el temor de que a través de la política y los medios de violencia puestos a su disposición, la humanidad misma pueda promover su desaparición desde el momento mismo en el cual fue inventada la bomba atómica. Si damos un vistazo a los acontecimientos principales del siglo XX, podemos argumentar que ha sido el siglo de las guerras y de la violencia.

    La autora de La Condición Humana, en consecuencia, contrapone desde un ángulo más sensible y humano el concepto de política, en tanto lo vincula con el concepto de libertad e intenta rescatar la importancia de la acción política como la más grande y enaltecedora actividad humana.

        Desde Aristóteles, la política se entendía desde una visión ontológica, como la doctrina de la vida buena y justa, por cuanto permitía al ciudadano adaptarse a la  ciudad.  Ahora bien, Arendt haciendo uso del concepto aristotélico y siguiendo a Hobbes, establece dialécticamente que la política nace en el entre-los-hombres, es decir, fuera del hombre, y se establece como relación.

    En gran parte de su obra, intenta dar respuesta a la interrogante ¿Qué es la política? interpretando críticamente la forma como se conducía la política en la Alemania nazi, bajo el sustrato totalitarista, en momentos en que se perseguía y se aniquilaba la vida de los judíos.

    La autora de Hombres en Tiempos de Oscuridad reafirmando la condición del hombre como ser existencial, capacitado de acción y discurso, concibe la política de manera distinta a la tradicional.  Uno de sus pensamientos centrales es el relativo a que la política se basa en la pluralidad de los hombres.

    En definitiva, pues, Arendt se opone a la concepción de la política como lucha por el poder, en la cual algunos hombres que rechazan la política se inspiran para buscar el poder de un modo más personal. Una verdadera revolución se identificará como un fenómeno de rebelión que lleva explícita e implícitamente a la constitución y consolidación de un espacio de libertad.

    Arendt, en su intento de combatir todo lo que pueda relacionarse con el totalitarismo, se muestra sorprendida de la poca importancia que se le da a la violencia, para ser considerada como variable importante de estudio. En virtud de ello, considera que el fenómeno de la violencia ha sido tratado, casi siempre subordinándolo a otro tema –la  “política”  o   la  economía-,  del   cual   constituía   una prolongación o un medio. Desde esta óptica, es imposible entender lo que significa la violencia en sí misma  y  lo  que, en la perspectiva social, la distingue del poder político    

  La pensadora alemana, destaca en su original modelo de concebir la política, la eficacia de las acciones no violentas y el permanente interés teórico de abordar los problemas que afrontará el hombre de la era contemporánea  como  son: el  hambre, el  SIDA, las consecuencias funestas de la drogadicción, la destrucción de la capa de ozono, que constituyen temas que se han convertido en fuertes desafíos mundiales y que generan expectativas en gran parte de la población del orbe.

    La autora de Los Orígenes del Totalitarismo realiza un análisis reflexivo del tema de la política, siguiendo la línea heideggeriana del rescate del ser humano y especialmente reafirmando su condición de libertad política que contrapone  al  totalitarismo  en  cualquiera  de  sus modalidades, pues, este último se ha constituido en el peligro más significativo de nuestra época.  

    1.3.4.-  El binomio técnica-política en Mayz-Vallenilla

    El componente central del pensamiento del filósofo venezolano Ernesto Mayz-Vallenilla, está imbricado sobre el concepto de afán de poder del hombre como expresión de determinado comportamiento de la existencia humana. Pero además, utiliza el concepto  de  alienación  que  retoma  de  Hegel, Marx y Heidegger, el cual identifica con la propia actividad de trabajo del hombre y sus efectos perversos en la deshumanización de éste. Para el pensador venezolano, la voluntad de dominio, es en la praxis, el factum de la técnica.

    Pero además, coincide con Arendt, pensadora alemana, al señalar que la política se ha definido en la práctica como una relación entre dominadores y dominados, que ha sido entendida como una forma despótica de dominación utilizada con frecuencia en la historia para eliminar a los hombres como seres reflexivos.

    Esta forma irracional de entender la política, ha hecho posible que se piense en el temor de que la humanidad provoque su desaparición a causa de la política y de los medios de violencia puestos a su disposición. En su intento de atenuar las perversidades derivadas de la política como afán de poder del hombre, ha contrapuesto el pensamiento heideggeriano en la actitud que asume el ser humano frente al mundo y frente a la naturaleza, para definir una justa posición frente al binomio técnica-política.

    En tal sentido, el autor de Fundamentos de la metatécnica, nos dice  que “(…) el afán de poder no es en forma alguna, el simple producto de la conciencia de un sujeto aislado y solitario, sino la expresión de un comportamiento fundamental de la existencia mediante el cual, hallándose ésta previamente instalada en un mundo común y compartido, organiza la alteridad como una totalidad significativa (…)” 20.

    El pensador venezolano, postula en consecuencia, el rescate del espíritu originario del hombre, su existencia, entendida como los antípodas de la técnica, contraponiendo en la praxis una sociedad  que se caracterizaría por propiciar a la persona  en  su condición  ontológica, donde el concepto de solidaridad humana, espíritu de convivencia y libertad, constituirían los soportes existenciarios al concepto del ser humano como ente finito.  

    En las reflexiones que realiza el filósofo venezolano, afirma que una debilidad de la voluntad humana es que siempre se encuentra orientada, estimulada y dirigida por instintos, ambiciones y pasiones, dando lugar al

uso de la fuerza y la violencia como medios coercitivos para imponer un dominio irracional a través de la política.

    En este sentido, de la lectura de la dialéctica política que hace Mayz- Vallenilla en varias de sus obras, vemos que coincide con las ideas de

------------------------------

     20      Mayz-Vallenilla. El Dominio del Poder. Editorial Ariel S.A. Barcelona. 1.982. . 17.

 

Montesquieu, pensador inglés, en cuanto a que las naciones del mundo se hunden en el despotismo cuando utilizan la política  abusando  de  las

leyes o cuando la autoridad de sus fuentes que los legitima se  transforma en dudosa o cuestionable. En este caso, las leyes pierden su validez y la política pierde su capacidad de acción  responsable.

    En toda su obra se observa la influencia de varios filósofos pero es notoria la de Heidegger y de múltiples ideas que este pensador desarrolla en Ser y Tiempo, y en Carta al Humanismo. En particular, las que se refieren a la esencia de la técnica como trabajo contemporáneo del ser humano, por cuanto es de aquí de donde se deriva la alienación, en el entendido de que el trabajo técnico que realiza el hombre es en sí mismo alienado.

    En este sentido, podemos afirmar que la ratio técnica, como acto volitivo de poder concibe la totalidad de los entes (el Ser) o a cualquiera de estos en particular (la Entidad) como algo que posee una finitud, los cuales se ven reducidos a simples datos, sencillos objetos factuales, simples materiales, cuyas características se inscriben en el proyecto que se subsumen. La técnica es una instalación o instrumentum (Heidegger) que traduce de este modo, el dominio que pretende ejercer el hombre sobre la totalidad del universo. Es que los límites de la voluntad de poderío son dador por la resistencia de la alteridad que utiliza la propia subjetividad trascendental para expandir sus dominios.

    Los procesos técnicos deben hallarse organizados bajo la égida perspectiva de un sistema, para cumplir su cometido. Ahora bien, todo sistema tiene tres características o categorías fundamentales que permanecen coligadas, inseparables de un único fundamento categorial para ejercer a cabalidad, el desarrollo del trabajo técnico; que constituyen una tríada categorial. Estas son: totalidad, finalidad y perfección teleológica.

    La totalidad, genera lo que Mayz Vallenilla denomina novum cualitativo, para posibilitar el comportamiento genuino de los procesos técnicos. La finalidad, en virtud de cual un sistema, como ya hemos acotado, supone un fin, que para obtenerlo se despliega el trabajo; la finalidad de la técnica como categoría se encuentra subordinada a la totalidad, con el objetivo de garantizar la acción de dicha totalidad. La perfección teleológica, que significa eo ipso, el despliegue de su desenvolvimiento pleno o despliegue.

    Sin embargo, la ratio técnica para cumplir con su tarea impuesta, necesita de otra categoría, la automación. Esta controla el aspecto de su uniformidad y repetibilidad mecánicas, es decir, un proceso de autorregulación que permite el incremento de la autonomía y autarquía del proceso técnico para lograr en definitiva la perfección funcional del sistema.

    Ahora bien, es conocida la abundante bibliografía que trata el tema de la técnica, en virtud de que se trata de un asunto de vital trascendencia en nuestra época actual. Heidegger en La Pregunta por la Técnica; el planteamiento de una Teoría Crítica de la Sociedad Industrializada -Marcuse (razón unidimensional); Adorno (razón identificante); Horkheimer (razón instrumental)-; Habermas con su Teoría Crítica de la Sociedad, son algunos pensadores que han reflexionado sobre la ratio técnica sus peligros y desviaciones. Mayz Vallenilla en Esbozos de una Crítica a la Razón Técnica también se destaca utilizando para tal análisis un sistema de categorías.

    La esencia de algo es aquello que algo es; preguntamos por la técnica cuando inquirimos por lo que ella es. Los dos enunciados conocidos que responden dicha interrogante: la técnica es un medio para unos fines; la técnica es un hacer del hombre. Estas dos definiciones se complementan y se copertenecen, en virtud de que proponerse fines, crear y usar medios para lograrlos es un hacer del hombre; a la técnica pertenece fabricar y usar útiles, aparatos y máquinas. La representación de la técnica mediante la cual ella es un medio y un hacer del hombre puede considerarse la definición instrumental y antropológica de la técnica, según Heidegger.

    Sin embargo, debemos destacar que el logos que guía el proceso tecno-lógico tiene su base de sustentación en la existencia humana frente a la voluntad de dominio del universo por parte del hombre. Esta voluntad de dominio, se constituye en la columna vertebral de la ratio técnica.

    Es que el proceso de trabajo técnico se subsume como una totalidad funcional, como ya se dijo en líneas anteriores, convirtiéndose por esta vía en un instrumento para servir a los fines que aquél se ha trazado como factum coligiendo así una tendencia a la alienación del hombre y sus semejantes.

    Tal alienación tiene como objetivo, disolver su condición de persona, quedando trasmutado en un simple ente sobre quien se ejerce la voluntad de dominio que tiene su expresión en dicha totalidad; independientemente del perfil fáctico que adopte dicha totalidad bien sea bajo la figura de empresa, proyecto o sociedad, su línea de acción ontológica es la de una totalidad que ejerce su mandato sobre el trabajo técnico, trocándose  así en una vacuidad alienada al servicio del dominio de la voluntad del hombre.

    El proceso técnico al desarrollar su telosגغος) convierte al hombre en prisionero y luego en esclavo de la totalidad, neutralizando su autonomía personal y su libertad de acción. Dicho telos lo ejerce a través de la manifestación de la perfección del fin en sí mismo, que es la propia técnica como sistema novum.  De allí que debemos tener la técnica en nuestras manos como ha expresado Heidegger, es decir, debemos dominarla ya que la técnica se está escapando apresuradamente del dominio del hombre.

    Ahora bien, refiriéndonos a la praxis del trabajo técnico, podemos argumentar que tiene características contingentes, ópticas y factuales que configuran todo el proceso de la ratio técnica que se ponen de manifiesto en la acción desplegada en la facticidad de la concreción en base a la tríada ya descrita.

    Así que podemos afirmar eo ipso, que el trabajo humano no sólo es dependiente, “no libre” según nos dice Mayz, sino que desplegando su configuración de aparente libertad de la intencionalidad que se esconde bajo ese circunloquio de la ratio técnica, incrementa su afán de dominio soterrado mediante la disminución del trabajo manual, perdiendo de este modo su individualidad y autonomía, al quedar subyugado por una totalidad reguladora. De este modo, hemos sido reducidos los seres humanos a seres unidimensionales, como ha expresado Marcuse, al estar la técnica incardinada a su función aniquiladora, enmascaradota,   convertirnos en simples medios para lograr plenamente el objetivo del sistema: la dominación.

    Ahora el trabajador luce desindividualizado, deshumanizado, despersonalizado, desapartado de su actividad rutinaria, transformándose en un mero sirviente del sistema, que insiste en perfeccionar su raigambre para doblegar la voluntad de los seres humanos; somos ahora meros instrumentos o simples medios al servicio de la ratio técnica; somos trabajadores que en el proceso de alienación, nos encontramos sometidos a la función opresora de la praxis tecnológica. No en vano se ha dicho que el proletariado en esta era tecnológica ya no son los trabajadores sino las máquinas o dicho de otro modo, los seres humanos somos sencillos utensilios de investigación científica, hemos sido disueltos en simple dato, siguiendo los cánones de la filosofía del hombre deshumanizado. 

    En este contexto de la ratio técnica está encaminada a ejercer su pleno dominio sobre el mundo, creando lo que Mayz Vallenilla denomina una supra-naturaleza, en la cual la razón está subsumida a una razón tecnológica, enmascaradora, unidimensional, que sirve de epitafio al ser humano como ente ontológico. Esto explica que Marcuse, Adorno y Horkheimer hayan postulado a todo evento, una razón objetiva, autónoma que sea fin en sí misma.

    El trabajo humano, ahora, pierde su individualidad y autonomía al encontrarse subsumido a una totalidad dirigida, instrumentalizada mediante su objetivación, orientada exclusivamente al logro del perfeccionamiento del sistema mediante la condición de instrumento que se le asigna al ser humano y en la que toda libertad queda apocada en su nulidad.

    La pérdida de libertad y el modo vil de simple medio en que se ha convertido el ser humano, ponen en evidencia la condición de ser hipostasiado en que se ha convertido, producto de la alienación más perversa al cual ha sido sometido y subyugado. Ahora, la perfectibilidad de la ratio technica no sólo impide que el hombre establezca una verdadera morada sino que el sistema, que ahora lo substituye, es impulsado por su objetivo incardinado a sus metas de ejercer el pleno dominio sobre el universo como dimensión espacio-temporal, ahora trata de trasformarlo en un territorio al servicio de una supra-naturaleza.

    La ratio técnica en su incólume trayectoria, parece garantizar lo ilimitado de sus logros ya que sus límites son perfilados en función de la totalidad que pretende alcanzar todo el sistema. El tiempo de manera similar que el espacio sufre también los embates de la ratio técnica. Mencionando las palabras de Mayz Vallenilla “....ahora sus momentos y éxtasis actúan entonces  como instancias autorreguladoras de la perfección del sistema; y es a partir de éste, como estructura referencial, que se verifica el temporalizarse de ellos...”21.             

    Ahora bien, la sucesividad del fluir temporal al convertirse en un elemento más del sistema y de su totalidad, confluye en la acción reguladora y alienante de sus designios reflejando un determinado orden pero ahora autorregulado por la configuración de las categorías que le imprime el sistema. El antes y después pasan a ser substituidos por las expresiones categoriales “anterior” y “posterior”.

    Es que “antes” y “después” pierden su vigencia temporal, es decir, su natural significado y su referencia para indicar y configurar los límites del presente. Lo presente no es ahora, el instante en que tiene sentido el inicio o culminación de una acción humana sino que se transforma en la

-----------------------------

      21    Cfr. Mayz-Vallenilla, Ernesto. Esbozo de una Crítica de la Razón Técnica. Editorial Equinoccio. Universidad Simón Bolívar. Caracas. 1974. P. 46.

 

presencia del sistema bajo la imposición de su perfección teleológica mediante el ejercicio de  su  propia  totalidad, desplegando  su   discurso

apofántico de infinitud y de dominio opresor. Podemos afirmar que ejercer un dominio sobre la naturaleza mediante la razón técnica imponiendo la voluntad ha sido el telos del hombre moderno,  desde el momento en que las sociedades tradicionales se transformaron en sociedades modernas. 

    Finalmente, Mayz-Vallenilla propicia la reafirmación de los valores humanos tales como la verdad, la ética, el bien, la justicia con el propósito de redefinir una nueva relación entre los seres humanos.

 

·1.4.- Crítica a la razón instrumental de la modernidad

  Entramos ahora en una sección donde se pondrá de manifiesto una permanente crítica de Habermas y Popper contra el positivismo y sus variantes: El cientismo y el fisicalismo.

    Podemos comenzar diciendo que en el siglo XIX el lenguaje de las ciencias naturales se tomó como único, por lo cual se desechó el valor que tenían las ciencias humanas. Ya en el siglo XX, la aparición de la Teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, revolucionaron el ámbito de las ciencias, ya que los tradicionales conceptos de espacio, tiempo, velocidad, aceleración, fuerza, infinito, se perdieron en vacío.

    En este sentido, el reconocimiento de la autonomía de cada una de las ciencias en relación a normas externas a ellas, permitió que el cientismo explotara a todo pulmón, que no existe otro conocimiento verdadero y universal que el conocimiento científico.

    El cientismo, que surge como corolario del positivismo, en la que queda a la zaga lo metafísico y lo teológico, postula que sólo tiene validez el mundo científico. En tal sentido, el cientismo coincide con el positivismo en que la felicidad y reconocimiento del hombre está en el desarrollo de las ciencias y de sus técnicas. Únicamente la ciencia y no la filosofía podrá suministrar la satisfacción de todas las aspiraciones del hombre en el universo.

    El positivismo en su epistemología, acusa la invalidez de los discursos religiosos y filosóficos, los cuales deben ser sustituidos por el discurso científico, es decir, reemplazados por la ciencia. Jacques Monod, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1965, delimita el campo del saber científico frente al del conocimiento animista, término con el cualse designa al saber subjetivo que carece de validez universal. A tales efectos, Monod coloca en los animismos o ideologías tanto al cristianismo como al marxismo.

    El fisicalismo, corriente que se desarrolló dentro del Círculo de Viena como respuesta a ciertas diferencias planteadas por las teorías radicales de la verificación empírica, las cuales conducían a la imposibilidad de traducir las descripciones individuales de acontecimientos dados a un lenguaje que pudiese ser válido para la necesaria objetividad de la ciencia. Es así como Otto Neurath y Rudolf Carnap, postulan que la Física es una ciencia ejemplar que puede suministrar el lenguaje ideal al que deben ajustarse todos los lenguajes intersubjetivos. Para los fisicalistas todos los enunciados pueden describirse en términos de enunciado físicos.

    Como consecuencia de las críticas a la modernidad, los pensadores Habermas y Popper hacen propuestas encaminadas a construir un concepto de razón más humana a fin de atenuar el modelo vigente, cargado de irracionalidad ya que representa un problema político cuyo fin es legitimar a través de la ciencia, los mecanismos de control tecnocráticos en las sociedades industrialmente avanzadas.     

1.4.1.-  Control ideológico de las sociedades por parte del Capitalismo

    Habermas dará junto a Marcuse, la batalla decisiva contra del cientismo, ya que esta corriente de pensamiento vinculada al Círculo de Viena es irracional, pues, representa un problema político en cuanto refuerza una concepción general de la ciencia que legitima los mecanismos de control tecnocráticos y excluye una vía racional dialéctica que incluya los problemas de la praxis. La crítica del autor de Teoría y Praxis se basa en que racionalidad bajo la senda del positivismo ha servido exclusivamente para el control ideológico de las sociedades por parte del capitalismo.

    Para el autor de Conocimiento e Interés, la acción instrumental determina la medida de una represión mediante el poder natural de la dependencia social y del dominio político. La llamada “crítica a la modernidad” ha sido asumida como crítica al excesivo cientificismo y a sus “perversiones tecnológicas”, especialmente las que tienen relación con el ámbito ecológico y sociológico de su praxis.

    Como alternativa al cientismo, Habermas postula una “filosofía crítica” que desde la óptica emancipadora disuelva el problema de la ciencia y la técnica en las sociedades avanzadas. Para ello, establece un concepto de racionalidad comunicativa -siguiendo algunas pautas weberianas y marcusianas- para hacer frente a las reducciones congnitivo-instrumentales de la acción técnica. Luego, refunda un concepto de sociedad a los cuales subsume los paradigmas de sistema y mundo de vida; por último, hace uso de una teoría de la modernidad a través de la cual denuncia las desviaciones sociales que aquejan al mundo de hoy.   

    En este mismo orden de ideas, mediante la teoría de la interacción comunicativa, el autor de Ciencia y Técnica como Ideología, contrapone los distintos ámbitos situacionales de la vida social a los de la razón técnica, con las que trasunta las antinomias de la modernidad, principalmente las actuaciones científicas y técnicas que se traducen en un saber empírico o que se evidencian a través de un conjunto de valores preferenciales y reglas generales.

    En un sentido fundamental, podemos argumentar que en el estudio de la modernidad, la credibilidad de los principios teológicos y ontológico-cosmológicos que servían de base de sustentación a la ideología del universo, perdieron su vigencia ya que se hicieron  caducos.

    Durante el nacimiento y desarrollo del capitalismo, se buscaron respuestas a los nuevos problemas y necesidades del hombre. Recuérdese las hambrunas, la peste, el aumento de la población, la aparición de las ciudades, el mercado, la constitución de las naciones, el descubrimiento de América. Pero esto sólo era posible si se imponía la racionalidad a través de la ciencia y la técnica. La idea era imbricar  racionalidad y ciencia. De modo que quienes liderizaron el capitalismo, asumieron la ciencia y la técnica como medio para imponerse y perpetuarse en el poder.

    En efecto:

      “La modernidad se caracteriza (…) porque ese mismo desencantamiento merced al cual la religión y la Metafísica habían superado la etapa del pensamiento mágico-mítico ha sacudido ahora el propio núcleo de las imágenes del mundo racionalizadas, esto es, la credibilidad de los principios teológicos y ontológicos-cosmológicos. El saber religioso-metafísico recibido como doctrina se ha fosilizado en dogma; (…) el saber de salvación y el saber cosmológico se diluyen en creencias últimas de tipo subjetivo” 22.

 

    En base a la cita anterior, podemos argumentar que tal caducidad, fue consecuencia del proceso de erosión paulatina que sufrió la fe en sus permanentes disputas con el saber, al cual quedó irremisiblemente atada. En su intento de permanecer vigente trató afanosamente de reencontrar en el discurso, el principio de verdad que le es inherente y sin el cual no puede subsistir ni convencer. El dogma de la fe es ahora, eo ipso, presa exclusiva de un fanatismo dislocado.

 

1.4.2.- El rescate de la razón dialéctica

    Como alternativa al cientismo, Habermas postula una “filosofía crítica” que desde la óptica emancipadora disuelva el problema de la ciencia y la técnica en las sociedades avanzadas. Para ello, establece un concepto

 

-----------------------------

      22  Cfr. Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Tomo I. Traducción al castellano por Manuel Jiménez Redondo. Editorial Taurus. p. Madrid. 1987. p. 442.

   

de racionalidad comunicativa -siguiendo algunas pautas weberianas y marcusianas- para hacer frente a las reducciones congnitivo-instrumentales de la acción técnica. Luego, refunda un concepto de sociedad a los cuales subsume los paradigmas de sistema y mundo de vida; por último, hace uso de una teoría de la modernidad a través de la cual denuncia las desviaciones sociales que aquejan al mundo de hoy.   

    Habermas aborda una nueva Filosofía Crítica, y rescata la dialéctica de la razón, entendida esta como “autorreflexión” y como método “emancipatorio” a través del lenguaje, principal medio de comunicación y de conocimiento, cuestión que comparten las ciencias críticas con la filosofía.

    En este mismo sentido, utiliza como elementos integradores de su doctrina social, antecedentes de Weber, Mead, Durkheim, Parsons, Marx y Marcuse, como teóricos clásicos de la sociedad, que en los antípodas de la razón técnica, mantienen vigente su mensaje social. Este filósofo alemán, postula que el concepto de racionalidad tal como se ha interpretado desde la óptica de las acciones dirigidas por el hombre a la consecución de determinados fines, trata de lograr el control del mundo y de la naturaleza.

    En este orden de ideas, podemos afirmar que en el siglo XIX, el Darwinismo consolida la modernidad al descartar el origen divino del hombre, al insertarlo en su teoría evolucionista. Dicha teoría establece que las especies para sobrevivir deben ser las más aptas y asombrosamente se complementa el proyecto de la modernidad desde finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, con los opositores al régimen social, que asumen inclusive la racionalidad absoluta como única vía. Marx y Engels son un ejemplo de ello, cuestión que es seguida por todos los planteamientos socialistas y comunista posteriores. Aquí está el origen del materialismo y del ateísmo.     

  Podemos decir en este momento, que la racionalidad se inicia con una premisa que es común a todas las tendencias religiosas del mundo. ¿Cómo justificar la desigualdad en relación a la distribución de los bienes entre los seres humanos?. Este asunto de carácter ético proviene de la necesidad de tener una explicación satisfactoria en el campo religioso que permita entender el sufrimiento personal que se concibe como injusto.

    En este sentido, para que el infortunio personal pueda ser percibido como injusto debe producirse un cambio en la valoración del sufrimiento, ya que en las sociedades tribales el sufrimiento era considerado como síntoma de una culpa secreta. De esta manera, el atribulado, enfermo o afectado de cualquier tipo de infortunio permanente o estaba poseído por el demonio o había incurrido en la ira de un dios al que había ofendido.

    En esta misma línea de pensamiento podemos argüir que nueva es la idea de que el infortunio personal puede ser no merecido y de que el individuo puede abrigar la esperanza de ser redimido de todos los males, de la enfermedad, de la pobreza, de la miseria e incluso de la muerte.

    Al efecto, nuestro pensador nos dice “(...) nueva es también la formación de comunidades independientes de las asociaciones étnicas, el establecimiento de comunidades religiosas que se ocupan del destino soteriológico de los individuos (…)”23. 

   De la cita anterior podemos colegir, que la predicación y las promesas de salvación van dirigidas a la masa de seres humanos necesitados de redención. Existe una cura de almas y una búsqueda de las causas del

sufrimiento individual que se centraliza en la remisión de los pecados, cuestión que se traduce en las violaciones de los preceptos rituales. Las prescripciones para eliminar el sufrimiento se convierten en actividades de sacerdotes y magos.  

 

-------------------------------

    23    Ibid,  p. 267.

    La nueva valoración del sufrimiento individual y la aparición de necesidades individuales de salvación, no es ahora algo divino que viene del cielo sino el resultado de procesos de aprendizaje que hacen su aparición cuando las ideas de justicia de las sociedades tribales chocan con la nueva realidad que son las sociedades de clase. Estas sociedades de clase hacen su aparición en las civilizaciones, es decir en sociedades organizadas estatalmente, en las que surgen nuevas formas de producción y las correspondientes formas de explotación económica.  

    En este orden de ideas, podemos agregar que en las teorías de la evolución, la ciencia y la técnica habían servido de patrones de racionalidad, es decir, se habían constituidos en paradigmas resolutorios de problemas.

    No obstante, Weber, desconfía de los procesos de racionalidad abandonados a su propia inercia, exentos de toda valoración ética que se observa en las sociedades modernas; es así como en su teoría de la racionalidad, tanto la ciencia como la técnica pierden su posición paradigmática. “Las investigaciones de Weber se concentran en los fundamentos práctico-morales de la institucionalización de la acción racional con arreglo a fines” 24.     

---------------------------------

    24     Ibid, p. 212.

    En este sentido, el autor de La Teoría de la acción comunicativa coincide con Weber y García Bacca en la crítica a la técnica, ya que ésta, consiste en toda reforma sistemática e intencional que el hombre impone a la naturaleza con vistas a la satisfacción de sus necesidades.

    A dicha posición, Habermas contrapone la concepción fenomenológica, pues, da un giro trascendental mediante el cual, aquellos que se comportan racionalmente como miembros de una comunidad de comunicación que al poseer la capacidad de lenguaje y acción, deben concebir la existencia de un consenso y las condiciones bajo las cuales dicho consenso comunicativo se debe cumplir. Caso contrario se produciría una disonancia que es una razón suficiente que explica el rompimiento de la unanimidad mediante argumentos como la parcialidad, la sordera o la falsa conciencia.

    Al tratar de entender el funcionamiento de las sociedades tecnológicamente avanzadas, Habermas critica el uso desmedido de  la

tecnología como un factum que se constituye en un error en el ámbito normativo-moral, pues, representa una interacción que viola las bases de la normativa social vigente. Se rompe así el llamado modelo de cooperación social que extrapola de las ideas de Piaget mediante el cual varios sujetos coordinan sus argumentaciones en el mundo, a través de la acción comunicativa. Así, la acción instrumental o la racionalidad cognitivo-instrumental queda sustraída de la racionalidad comunicativa. 

    En esta misma línea de pensamiento, establece que entre más alto sea el grado de racionalidad comunicativa dentro de una comunidad de sujetos capaces de lenguaje y acción, las posibilidades de coordinar acciones -sin recurrir a la fuerza, a la utilización del poder o al dominio- y de resolver consensualmente las discrepancias o conflictos de acción son mayores en el entendido de que tales conflictos se deben a disonancias cognitivas. 

    Habermas cuestiona explícitamente el uso de las tecnologías, pues éstas han permitido que se desmitologice la imagen del mundo, que resume como una desocialización de la naturaleza y una desnaturalización de la sociedad, mezclándose así dos ámbitos de tipo objetual: los que representan la naturaleza y el entorno socio-cultural. 

    Por otro lado, la visión tecnológica del mundo de vida, se contrapone a la interpretación mitológica del mundo, en cuanto a que esta última posee un carácter de discriminación categorial para diferenciar entre objetos que pueden manipularse y personas o agentes que tienen la capacidad de lenguaje y acción.

    No obstante, vemos que Habermas hace referencia  a la confusión que se ha creado entre lenguaje y mundo, esto es, entre “el medio de comunicación “lenguaje” y el entendimiento al que puede llegarse en una comunicación lingüística. La explicación es que en el mundo mítico visto holísticamente, es difícil establecer las distinciones semióticas entre el componente sígnico de una expresión lingüística, su contenido semántico y el referente con el que el hablante se relaciona por medio de esa expresión.

    1.4.3.-    Popper contra la razón dogmática del positivismo

    El epistemólogo Karl Popper, se une a Habermas y a Marcuse en su crítica a los positivistas. Su argumento de fondo es que éstos (los positivistas) tratan de probar que la metafísica no es más que un parloteo absurdo e ilusorio que deberíamos arrojar al fuego. Para los positivistas, al hablar de carente de sentido o absurdo, no expresan otra cosa que “no perteneciente a la ciencia empírica” ya que la metafísica se la define normalmente como no empírica. De tal manera, que los positivistas al utilizar la expresión”con sentido” sólo están reiterando el criterio de demarcación de su lógica inductiva.

    Para el epistemólogo austro-inglés, es aquí al llegar al problema de la inducción donde se derrumba este intento de resolver el problema de la demarcación: Los positivistas al intentar aniquilar a la metafísica aniquilan también a la ciencia natural, ya que las leyes científicas tampoco pueden reducirse lógicamente a enunciados elementales de experiencia.   

    Se puede entonces colegir, que el criterio inductivista de demarcación no consigue trazar una línea divisoria clara entre los sistemas científicos y los metafísicos. Popper, deja de lado esta querella y en su lugar define los conceptos de ciencia empírica y de metafísica de tal manera, que ante un sistema dado de enunciados, seamos capaces de decidir si es asunto o no de la ciencia empírica el estudiarlo más de cerca. Al efecto nos dice: “Mi criterio de demarcación, por tanto, ha de considerarse como una propuesta para un acuerdo o convención. En cuanto a si tal convención es apropiada o no lo es, las opiniones pueden diferir” 25.  

    En este mismo sentido, admite que para llegar a sus propuestas se ha guiado por juicios de valor y por predilecciones, pero no comete el error de los positivistas de intentar destruir a la metafísica mediante nombres infamantes. En efecto: “Ni siquiera llego a decir que la metafísica  carezca de valor para la ciencia empírica, pues no puede negarse que

-----------------------------

    25      Cfr. Karl Popper. La lógica de la investigación científica”. Quinta reimpresión. Editorial tecnos. Madrid. 1980. p. 37.

 

así como ha habido ideas metafísicas que han puesto una barrera al avance de la ciencia, han existido otras, (...), que la han ayudado” 26.   

    Popper considera que la primera tarea de la lógica del conocimiento es proponer un concepto de ciencia empírica con el objeto de llegar a un

uso lingüístico lo más definido posible, a fin de trazar una línea de demarcación entre la ciencia y las ideas metafísicas, aun cuando dichas ideas puedan haber favorecido el avance de la ciencia a lo largo de toda su historia.

    En tal sentido, el criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva, es decir, el dogma positivista del significado o sentido, equivale

a decir que todos los enunciados de la ciencia empírica (o todos los enunciados con sentido) sean susceptibles de una decisión definitiva con respecto a su verdad y a su falsedad; tienen que ser “decidibles de modo concluyente” o de otra manera, que sea lógicamente posible tanto verificarlos como falsarlos.

    El autor de La lógica de la investigación científica,  sólo admite un sistema entre los científicos o empíricos si es susceptible de ser contrastados por la experiencia. Estas consideraciones nos sugieren que

-----------------------------

     26        Ibid. p. 38.

 

el criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad sino el de la “falsabilidad de los sistemas”. En consecuencia, por medio de inferencias puramente deductivas es posible argüir de la verdad de enunciados singulares la falsedad de enunciados universales.

    Popper en definitiva, propone que se caracterice el método empírico de tal manera que excluya precisamente aquellas vías de eludir la falsación. De acuerdo  con su propuesta, lo que caracteriza al método empírico es su manera de exponer a falsación el sistema que ha de contrastarse, justamente de todos los modos imaginables. “Su meta no es salvarles la vida a los sistemas insostenibles, sino, por el contrario, elegir el que comparativamente sea más apto, sometiendo a todos a la más áspera lucha por la supervivencia”27.

2.- DOMINIO TÉCNICO E IDEOLOGÍA TECNO-CIENTÍFICA

        La historia es una ciencia que trata entre otras cosas, el devenir del hombre desde que éste hizo acto de presencia en el universo, pues su función es algo más que contar el nacimiento del conocimiento y la verdad. En consecuencia, es necesario como prolegómeno de este

 

-----------------------------

    27    Ibid. p. 41.

 

 

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

favilaf@cantv.net  or ciceron.geo@yahoo.com 

Webmaster :Hernán Díaz

hernandiaz@usa.net

 

 

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

 

 

 

1