Gaceta Lircay ESPECIAL ANIVERSARIO COMBATE NAVAL DE IQUIQUE, MAYO 2002 GACETA DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS LIRCAY- Edición especial de Homenaje al Capitán Arturo Prat Chacón y a los héroes de la gesta de Iquique. Mes de Mayo del año 2002. Estructuración temática: LAUREANO MARCELLI O. Investigación y documentación: JACINTO PAVEZ R. Diseño y diagramación: CRISTIAN SALAZAR N. |
||||||
EDITORIAL (VOLVER ARRIBA) Evocar la gesta del Capitán Arturo Prat y sus camaradas es remontarnos a los tiempos heroicos que nos permiten entregar una vez más pinceladas del supremo sacrificio, reconociendo que «un hado infalible favorece a este pueblo cuando se juega su destino con resolución viril, aún en empresas fantásticas y locas; misterio que OHiggins y Portales descubrieron con su instinto portentoso que nos legaron como enseñanza y mandato». («Bala en Boca», Enrique Bunster, Editorial del Pacífico). En la perspectiva de jugarse el destino en actitudes vitales, nos encontramos con el Prat niño de un débil organismo, a quien su madre convierte en vigor y lozanía, gracias a un tratamiento hidroterápico de la época, lo cual le permite ingresar como cadete junto a su primo político Luis Uribe, a la Escuela Naval de Valparaíso, el 28 de agosto de 1858, a los diez años de edad. Para la prueba más trascendente de su vida, pasa a ser comandante de la corbeta «Esmeralda», el 17 de Mayo de 1879, nave que lo inmortalizará y que a juicio del Comandante Rogers de la Fragata norteamericana «Pensacola»: «Desde que hay mar y desde que hay marina, jamás se había presenciado nada más grande y heroico que la conducta de Prat y sus compañeros». Por nuestra parte, en este sobrio homenaje hemos destacado la legendaria arenga que afianzaría el espíritu patrio, que el Comandante pronuncia gorra en mano y tocado ya por las luces de la inmortalidad, que termina con el estruendoso «¡VIVA CHILE!», que corea la tripulación emocionada. Consumado el sacrificio sublime en la cubierta del «Huáscar», y a 123 años de la gesta inmortal, en la perspectiva institucional de LIRCAY tendiente a «despertar conciencia ante la comunidad nacional y enaltecer las más genuinas virtudes patrióticas, éticas y espirituales de la nación chilena», no es posible omitir, a título de una mirada sintética, la vida ejemplar del héroe que encontramos en el juicio del historiador Gonzalo Bulnes: «Después de su muerte, su vida fue objeto de investigaciones prolijas, y de ellas se destaca en líneas severas una personalidad moral completa en el hogar, a bordo del buque, en el servicio. Sus horas de descanso las dedicaba al estudio, y siendo oficial de marina recibió el título de Abogado. No hay una sola nota en su carrera desde que entra a la Escuela Naval hasta que manda la «Esmeralda», que no acredite buena conducta, control de sí mismo, seriedad. Era modesto de carácter, sobrio de palabras, de maneras sencillas, sin un matiz de fanfarronería». Al dar término a estas reflexiones que estremecieron el alma chilena con el ejemplo escrito con sangre en Iquique y que grabaron con fuego el martirio de Portales en el Cerro Barón, culminando con la epopeya no igualada de los 77 inmortales de La Concepción, reiteramos el mensaje institucional, próximo a cumplir 25 años de quehacer, reflejado en el pensamiento del ilustre maestro Jaime Eyzaguirre, quien nos interpreta señalando que: «Sólo el que se siente depositario de un mensaje escrito con la tinta de los siglos, es capaz de marchar por ruta firme y con fe inquebrantable. Tiene por delante una misión para los vivos y por detrás el respaldo de los muertos». EL DIRECTOR |
||||||
Chile,
en Mayo de 1879 (VOLVER
ARRIBA)
El año de 1879 el Gobierno encomendó a don Arturo Prat una misión difícil en Argentina y Uruguay. Cuando regresó, el señor Prat devolvió al Gobierno 679 pesos que sobraron de un presupuesto de 1.796 que le habían dado para los gastos. En Valparaíso fue profesor voluntario de obreros en la Escuela Benjamín Franklin. Su familia era pobre. Ganó los grados poco a poco en el cumplimiento del deber, hasta el de capitán. Y así llegó el 21 de mayo de 1879. Como en los cuentos maravillosos, hay un día en que el destino se presenta en la forma de un peligro mortal para poner a prueba las cualidades morales de los hombres, y su porvenir depende de la conducta durante dicha prueba. El 21 de mayo de 1879 se presentó ante el niño que era Chile el peligro mayor de su historia. El momento crítico reclamó la presencia de todas las fuerzas sociales, físicas y espirituales, para probarlas, y así permitir el juicio pleno de la posteridad sobre la capacidad nacional. En la Esmeralda, nave de la prueba, se encontraban reunidos tripulantes de los grados y de las condiciones más diversos, desde el capitán hasta el niño de la corneta. Todos cumplieron con su deber. Dependieron exclusivamente de sí mismos. Ninguno flaqueó. Poco antes de que empezara el combate, el guardiamarina Fernández Vial subió por la jarcia y afianzó la bandera en el pico de mesana, en tal forma que no se pudiera arriar. Una corneta tocó a degüello sin cesar. Cuando murió el niño que la manejaba, tomó la corneta el cabo Reyes, y siguió tocando a la carga. Lo que miraban el combate desde los cerros y muelles estaban petrificados. Prat, Serrano, Aldea y unos marineros murieron en la cubierta del barco enemigo. Un testigo español escribió: «En la cubierta inclinada y sangrienta disparaban los cañones antes de sumergirse. Cuando el barco era tragado por el mar, sonó el último disparo de cañón con un viva Chile: Y aquella corneta fabulosa lanzó un postrer reto, largo y agonizante.... ¡A la carga!...». En la última carta de Prat a su esposa,
dice: «No dejes de pagar el canon de arriendo de mi mamá». Otro peruano, Modesto Molina, terminó su relato para El Comercio, de Iquique, con estas palabras: «El enemigo ha demostrado un heroísmo espartano en este combate, que no tiene parecido en la historia». El boliviano don Pablo Pacheco, residente en Iquique, contó así lo que vió: «El último espolonazo del Huáscar, junto con cañonazos, destozaron la maquinaria, matando como a cuarenta marineros, a todos los fogoneros e ingenieros. La Esmeralda se hundió lentamente. Cuando quedaba la popa fuera, disparó un último cañonazo, hundiéndose en los abismos con su tripulación». Ya dijimos que el destino estaba probando a Chile para darle su rango. Ese día era el indicado. Condell y Orella lo completaron en el inconcebible combate victorioso contra la Independencia. Ese día -digo- se escribió en el mar, y en el cielo, el poema de la chilenidad: «Cuando en nuestro derredor todo el mundo se ofusque y tache nuestra entereza, y cuando todos duden de nuestro valor, cuando seamos blanco de mentiras y envidias; cuando hayamos perdido todo y seamos capaces de seguir la pelea y de disparar el último cañonazo mientras nos hundimos, entonces será nuestro el futuro y, lo que más importa, seremos hombres». ¿No es así, señor Kipling?
|
||||||
Un
Santo Secular (VOLVER
ARRIBA) Un autor extranjero, Williams F. Suter, publicó a principios de la década pasada un libro referido a la imagen heroica en Chile, al que subtituló «Arturo Prat, un Santo Secular». La indagación histórica, llevada a cabo por él y un grupo de colaboradores, de la Universidad de California, llega a la conclusión que se encuentra no sólo frente a un héroe naval, sino que a una imagen nacional de ejemplaridad. Textualmente expresa: «los chilenos, amenazados y angustiados, necesitaban un héroe, y Arturo Prat es el primero en satisfacer esta cualidad. Él no fue un fenómeno efímero, un Oliver Hazard Perry, que tuvo éxito en la tarea asignada y luego eclipsó en la oscuridad. Mas bien Prat se ha mantenido vigente debido a que, las virtudes que ejemplificará y los actos que desarrollará, pueden ser usados para iluminar los requerimientos de una sociedad siempre cambiante. El héroe, entonces, puede perfeccionar la quinta esencia de las aspiraciones y deseos, llegando a ser un símbolo, no de una época, sino que de la eterna búsqueda de la perfección humana». Es así como entonces nos remitimos, ahora, al significado del término tradición y encontramos, en la rica ascepción de la «reserva de sentido común», el rumbo que orienta nuestras acciones, el sentido que se puede reconstruir en una conversión y que yo quisiera transmitirles en esta oportunidad. Prat se ha hecho parte de nuestra comunidad de valores, está anclado, por así decirlo, en la conciencia colectiva. |
||||||
La
Epopeya de Punta Gruesa (VOLVER
ARRIBA)
En recuerdo de tan famosa batalla la marina española llamó una goleta con su nombre, la que en 1865 fue capturada por la «Esmeralda» en el combate de Papudo, cuando la guerra con España. En 1879 esta «Covadonga», ahora con bandera chilena, con 2 cañones de 70 libras y 7 millas de andar, compañera de su captora, en el bloqueo de Iquique, se desprende del combate del 21 de mayo atrayendo en su persecución al «Independencia» del Perú, con 2 cañones de 150 libras, 12 de 70 libras y 4 de 32, con un andar de 11 millas. Este blindado enfilaba la popa del buque chileno al que embiste con su espolón, quedando varado en su vano intento. Ahora Pelayo se llama Condell y Alçamah se llama Moore, y el lugar del desastre Punta Gruesa. Arcana similitud. Es curiosa la impronta chilena. Las efemérides bélicas más recordadas son las derrotas: el desastre de Rancagua en la Patria Vieja; el Combate Naval de Iquique y el Combate de La Concepción en la Guerra del Pacífico. Los éxitos y triunfos siguen después y a veces los más decisivos para Chile aparecen como olvidables. La batalla de Maipú que nos da la Independencia; la toma de Ancud que incorpora Chiloé y el extremo austral a la Patria Independiente; Yungay que acaba con Santa Cruz; la batalla de Tacna que liquida la alianza peruano-boliviana; las tres tomas de Lima... La raza en su actitud guerrera considera el éxito y la victoria como condición obligada de su quehacer y, por ello, ¿a qué tanta fanfarria para recordar lo que aparece como debido? En cambio, la entrega total de jefes y tropa hasta dar la vida, lo que termina en derrota, es lo que merece el mayor homenaje. Por eso, Punta Gruesa empalidece ante la epopeya de Iquique. No se niega el reconocimiento a la fuerza triunfadora que sobrevive; pero el fervor patriótico es para los que mueren por no aceptar con vida la derrota. ¡Hermosa
virtud de una raza a la que los cultores de la «modernidad» se empeñan
en destruir! |
||||||
|
||||||
Gaspar
Cabrales (VOLVER
ARRIBA) Fue un héroe este niño que tenía 15 años aquel 21 de mayo; fue hijo del pueblo humilde, un héroe que siguió al Capitán Prat hasta el momento del abordaje y que murió, seguramente, con la frente partida de un balazo, en el mismo instante en que el comandante de «La Esmeralda» caía muerto también en la cubierta de «El Huáscar». Nada sabemos del niño Cabrales antes de su heroísmo; pero es muy fácil suponer que tuvo su nido en uno de los cerros de Valparaíso, ahí donde toda la gente de mar enciende las luminarias de sus hogares roqueros, después de la faena diaria en el plan, en los malecones, en el mar.
El niño Cabrales aprendió en la escuela lo que pudo. Fue juguetón, pero muy respetuoso con su profesor a quien quería mucho, porque sabía que era tan pobre como él y que tenía que ocultar su pobreza. En la escuela aprendió a cantar bien su Canción Nacional y jugando aprendió a tocar la corneta. Cuando
sus padres lo abrazaron, la madre le recibió con cierto temor por
haber ido a un buque de guerra, a pesar de que aún no había estallado
el conflicto. Cuando el día memorable llegó, lo primero que hizo el capitán heroico, a la vista del enemigo enormemente superior en fuerzas, fue reafirmar su resolución de vencer o morir, y en seguida, llamando al niño Cabrales, le dio la orden de tocar «generala». A las ocho treinta y cinco minutos, Prat le mandó tocar «atención» e inmediatamente después dirigió a la tripulación su arenga que todos llevamos grabada en la mente, y cuya conclusión los marineros prorrumpieron con el grito unánime que se derbordó de sus corazones: «¡Viva Chile!». Siguió el capitán Prat con las órdenes de combate: «¡Fuego a batería!». «¡Apuntar con preferencia a la chimenea y a las torres!». Cada una de las órdenes era reafirmada por el toque de corneta correspondiente. ¡Con qué vigor, con qué potencia de sonido infundía un entusiasmo y un coraje inaudito en el pecho de los héroes! El niño Cabrales, al lado de su comandante, no tembló un momento, no conoció el miedo a la muerte en medio del torbellino de fuego, y siguió repitiendo en su corneta las voces de mando hasta el momento en que Prat grita: «¡Al abordaje!», y salta. Entonces fue cuando la bala se desvió, al retroceder «El Huáscar», después del espolonazo, y dio en la frente del niño que no alcanzó a saltar con su jefe. ¡Cuán grande fue ese niño en el cumplimiento de su deber heroico! |
||||||
Discurso del Presidente José M. Balmaceda (VOLVER
ARRIBA) Texto original: «Historia y Leyendas de Valparaíso», de Francisco Le Dantec. Ediciones Universitarias de Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, 1991. «Conciudadanos: Al concluir esta augusta ceremonia, inclinémonos con profundo recogimiento en presencia de los restos sagrados del primer guerrero de la República.
El sacrificio de los Héroes de Iquique prueba que los inmortales caen también en el camino del tiempo; pero es de ascender en la posteridad por la pradera gloriosa, en la cual los que fueron y los que somos, formamos la corriente misteriosa de efectos que nos hace sentir, desde esta mudable y frágil morada, las emociones, la admiración y el amor por los grandes servidores del Estado. Siento en este instante las palpitaciones del sentimiento público, y en mi corazón los latidos de todos los corazones chilenos. Permitidme entonces, tributar a estas reliquias el culto de toda nuestra pasión patriótica, y el reconocimiento sin límites de un pueblo agradecido. Tanto por la organización social y las leyes, como por la libertad y la riqueza, las naciones se fortalecen y se engrandecen por la gloria de sus grandes hombres. Prat se inmoló en sacrificio inmortal, y de la vorágine de aquel sacrificio brotó para nuestros marinos y soldados, la antorcha que alumbró los derroteros de la victoria. Las huestes chilenas cruzaron el océano, los desiertos y las grandes ciudades, y triunfaron en aquella gran guerra presidida por dos banderas: la inmaculada de la independencia nacional y la bandera de gloria del 21 de mayo de 1879. Pasarán los años y las generaciones y desde el fondo de la rada de Iquique, lo mismo que desde el seno de esta cripta o desde lo alto de este monumento, brillará en la historia como la estrella solar en los mares del sur, una constelación de valientes que no eclipsará los siglos, ni los héroes venideros. ¡Qué
lección militar, conciudadanos, y qué ejemplo de civismo para la humanidad
entera! Los antiguos, como los modernos y los mortales de todos los tiempos, miraban en valor cívico el espejo en el cual el heroísmo de los hombres reflejaba la dignidad de la especie humana. Y en verdad, la gloria irradia y no tiene fronteras; va por la superficie del mundo y llega a todas partes, como noble enseñanza, como estímulo generoso o como virtud heroica que cubre las debilidades de nuestra raza, que la purifica y dirime para bien el progreso de nuestros semejantes. Prat y sus compañeros de heroísmo y de sacrificio han recorrido con su fama hasta los últimos confines de la tierra. Aquellos espíritus descansan ya en la mansión donde reposan los grandes capitanes y los bienhechores del género humano. Yo los evoco para rendirles el homenaje de un pueblo que los bendecirá por los siglos de los siglos. Y ahora, guardemos estas cenizas en el seno del monumento que los chilenos elevaron a su memoria, y cubramos este recinto, donde hoy más sagrado que ayer, con el respeto y la gratitud con que cada uno de mis conciudadanos conservará el recuerdo de una grande epopeya nacional.» |
||||||
Dos
Cartas de Don Diego Portales (VOLVER
ARRIBA) NOTAS SOBRE CARTAS DE PORTALES por Ernesto Márquez Vial Los barcos a vela procedentes de Europa hacia la costa del Pacífico de América, debían pasar por el Cabo de Hornos, pues las calmas del Estrecho de Magallanes hacían muy azarosa su travesía. Esto cambia en la primera mitad del siglo XIX con el inicio de la navegación comercial a vapor. Estos nuevos barcos pueden pasar por el Estrecho sin sufrir los inconvenientes de los veleros. Por esta razón, el Estrecho de Magallanes se convierte en la ruta obligada de la navegación comercial.
El Libertador Bernardo OHiggins, creador de la República, había vivido en Inglaterra durante la eclosión de la Revolución Industrial y por lo tanto tenía una visión de futuro, de cómo serían las naciones del siglo XIX y el comercio por barcos a vapor entre ellas. Tenía muy claro el destino marítimo de Chile y sus últimas palabras en el lecho de muerte fueron: «Magallanes, Magallanes». La situación internacional, tranquila después de la batalla de Ayacucho y la toma de posesión de la isla de Chiloé, se torna ahora crítica. El mariscal Andrés de Santa Cruz, presidente de Bolivia, aprovechando los trastornos políticos del Perú, ocupó ese país y organizó la Confederación Perú-Boliviana. El nuevo estado disfruta de los ingresos de ser el segundo productor mundial de plata, que en esos tiempos y hasta 1878, valía la mitad del oro. Santa Cruz, ahora Protector de la Confederación, no satisfecho con los ingresos provenientes de la minería de plata, decidió monopolizar para su estado los ingresos del comercio del Pacífico con Oceanía, Asia y Europa en desmedro de Chile y los otros países de la costa americana del Pacífico. Para entregar este comercio a los comerciantes de El Callao y Lima, dispuso que los barcos provenientes de Europa que se dirigieran directamente a El Callao y usaran sus almacenes francos para dejar las mercaderías que luego tomarían otros barcos para llevarlas al Oriente, gozarían de franquicias especiales. Si en cambio tocaban primero en puertos chilenos, deberían pagar derechos extraordinarios. Chile entonces, debería abastecerse de productos europeos en los puertos peruanos y adquirirlos a comerciantes de esa nacionalidad. Diego Portales, que como comerciante había trabajado en Lima, percibió de inmediato la gravedad de esta situación para Chile y que la única solución posible era deshacer la Confederación, si era necesario por la guerra. Portales, comerciante, estadista y forjador del Estado en Forma, continúa la línea de O`Higgins mirando al Pacífico, percibe claramente que el dominio del mar frente a sus costas es imperativo para Chile. Este dominio lo ejerce una flota de guerra. La marina de Chile había sido descuidada después del término de las guerras de la independencia por motivos presupuestarios y por no creerla necesaria. Además, en caso de guerra, necesitaba el apoyo de los barcos mercantes con bandera chilena. Aquí existía otro problema: la flota mercante chilena compuesta de unos cincuenta barcos estaba mandada por capitanes extranjeros. Esta situación preocupa de sobremanera a Portales. Ese dominio necesariamente incluye que los barcos mercantes sean comandados por capitanes chilenos, capaces de responder con patriotismo y lealtad en caso de guerra, cuando estos barcos son movilizados como transportes de pertrechos, tropas y abastecimientos. Así, en carta dirigida a su amigo Antonio Garfias (1832), propone crear una Escuela Náutica destinada a formar pilotos navales para la marina mercante nacional. Cuando la crisis se agudiza con los intentos de Santa Cruz de quebrar el orden institucional chileno equipando y financiando expediciones de insurgentes como ocurrió con el general Freire, Portales ve que la guerra es inevitable. Entonces, en 1836, envía como circular una carta pidiendo fondos en préstamo a particulares adinerados, para que el Estado pueda adquirir y equipar una flota de guerra. Así pudo hacer y ganar la guerra contra la Confederación de Santa Cruz. PROYECTO PARA FUNDAR UNA ACADEMIA
NAUTICA: Mucho he escrito a Ud. sobre una cosa que aún no se sabe lo que es; pues señor, es una academia náutica en que antes de dos años tendremos 100 pilotos para emplear en más de 50 buques mercantes que tiene Chile mandados por extranjeros, lo que es una vergüenza: el Gobierno tendrá cuantos necesite para su Marina y contará con la gloria de hacer una cosa tan útil y tan a poco costo. De este plantel sacará los guardamarinas que haya menester y contará con oficiales científicos en todos casos. Da pudor ver que no haya un subalterno ni un guardiamarina de los actuales que sepan algo de pilotaje y que sepan a penas de maniobras: uno y otra van a aprenderse en la Escuela Náutica. No se diga que el Colegio Militar de Santiago va a dar guardiasmarinas y oficiales de Marina: es cierto que allí se aprenden los primeros principios elementales; pero después tendrán que gastar mucho tiempo en la práctica, cuando aquí todo se va enseñando a un tiempo. A más el Colegio no daría pilotos para los buques mercantes, y se puede asegurar con certeza que los jóvenes que viniesen del Colegio Militar sabiendo aritmética, álgebra, geometría y trigonometría plana y esférica se quedarían como vinieron, porque a bordo nada avanzarían con los comandantes de buques y no maestros: de manera que los jóvenes aprenderían cuando mucho la maniobra por la costumbre de verla; y, en fin, querer que sean marinos con lo que aprendían en el Colegio Militar sería lo mismo que pretender que lo fuese todo ese cardumen de agrimensores nuevos que han estudiado la parte de las matemáticas que se enseña en la Academia Militar. Si el Gobierno quiere, yo me encargaré de la Inspección de la Escuela Náutica por los primeros 6 meses o hasta dejarla en marcha; si no lo quiere, puede cometer dicha Inspección al Comandante General de la Marina o al Cabildo. El Perú, en medio de sus agonías y de un déficit que asciende casi al otro tanto de sus rentas, mantiene una Academia brillante, y Chile ¿por qué a tan poca costa no se proporcionará un bien de tanto tamaño? El proyecto de reglamento que incluyo tiene muchos vacíos y no está por cierto en el idioma reglamentario; pero es obra de una hora el mejorarlo. En fin, si por desgracia se oponen razones o inconvenientes, comuníquelos Ud. para contestarlos. Nada importa que no se me cometa la Inspección de la Academia; porque yo puedo irme a ella todos los días de entremetido, seguro de que no encharán para fuera y de que conseguiré con súplicas lo mismo que conseguiría con mandatos; mi empeño es para ponerla en camino, que después marchará sola o con la inspección de otro menos templado o empeñoso para estas cosas. Diego Portales TENTATIVA DE EMPRESTITO INTERNO
El gobierno creería contraer una grave responsabilidad si desatendiese por más tiempo la necesidad en que se halla la República de una fuerza naval que guarde nuestras extensas costas, desprovistas de todo género de defensa, que vigile la puntual observancia de las leyes fiscales, y proteja nuestro comercio exterior. Y no bastando a llenar nuestro objeto las rentas ordinarias del Estado, que no es posible aumentar sin la embarazosa imposición de nuevas cargas y contribuciones, el gobierno, antes de recurrir a este último arbitrio, ha querido probar si sería posible levantar entre los capitalistas chilenos y los extranjeros establecidos en Chile, un empréstito de valor de 400.000 pesos, suma que juzga bastaría para la compra y avío de una fuerza naval competente. Antes de dirigirse al cuerpo legislativo a fin de que le faculte para realizar este plan y señale fondos para el pago de los intereses y amortización del empréstito, ha tenido a bien dirigirse previamente a aquellos individuos en quienes supone facilidad y disposición para proporcionar al Estado esta suma, con la mira de saber de ellos de un modo positivo el número de acciones con que podrían suscribirse a ella. El gobierno no se halla en el caso de ofrecer condiciones que pudiesen presentar un aliciente a la codicia. Dirigiéndose a V., como a los demás habitantes a quienes cree no pueden ser un objeto indiferente la seguridad del Estado y la observancia de sus leyes, cuenta sólo con su desprendimiento y su espíritu público, y con la evidencia de las ventajas que la ejecución de este proyecto debe producir al país. La demostración que acompaño instruirá a V. de sus por menores. Si. V., como lo espera el Gobierno, toma parte en él, se servirá expresar a continuación y bajo su firma, el número de acciones con que se suscriba. Dios guarde a V. Diego Portales |
||||||
Participación
Militar Por el Teniente Coronel Jorge de
Allende-Salazar Arrau, Día de las Glorias del Ejército, Septiembre
1969. El Ejército y la Marina de Guerra hállanse sólidamente unidos en el historial de la Patria desde los inicios de la lucha emancipadora y en el curso de su episódico desarrollo. Tan es así que atribuir a uno o a otra un papel protagónico excluyente sería, a nuestro juicio, incurrir en flagrante injusticia e intolerante desacato a la verdad. La acción, con frecuencia sincronizada, de nuestras fuerzas de tierra y mar, constituye en muchos extremos un todo armónico que sólo puede ignorarse cuando en la apreciación de los acontecimientos se emplean hábitos discriminatorios, con el pueril objeto de magnificar actitudes que no necesitan tan arbitrario recurso para que estas se impongan en el consenso culto con la limpidez y grandeza que reflejan.
Hay un sentido unitario profundo en el bilateral empeño y el acontecer nos induce a cavilar en torno al imperativo espiritual que debe impulsarnos a hacer más intensiva la conjunción fraterna de las entidades armadas. El 16 de marzo de 1817 es creada la Academia Militar y el 4 de agosto del año siguiente nace la de Guardiamarinas, acaecimientos muy próximos en el tiempo que parecen revelar cómo sendos institutos surgen desde el comienzo hermanados en un destino común. Los dos experimentan sensibles alternativas, y hasta suelen desaparecer inesperadamente, a lo que no es ajena la crítica situación económica del país. Y es así que cierta prolongada contingencia permite que ese Jefe excepcional que fuere don Patricio Lynch, Almirante y General en simultaneidad, recibiera sus despachos de Guardiamarina tras egresar de la Academia Militar (2.III.1837 a 21.II.1838), en cuyo plantel se formaban entonces los futuros Oficiales del Ejército y la Armada. Expresión visible de aquella unicidad de aspiraciones e interferencias constructivas (llamémoslas así) a que antes aludiésemos, animados, como lo estamos con vigente fervor, de que sea ésa y no otra la tónica inmutable e inspiradora, por siempre, de todos quienes sirven, o servimos, en las fuerzas de la Defensa Nacional. Mas allá de cuanto pueda recorgerse bajo el alero de la reflexión hay un hecho incontrovertible que demuestra cómo el Ejército, gracias al concurso de pequeñas acciones encuadradas, desempeñó un papel eficaz en los barcos de la Armada Nacional. Vamos a rememorar a paso rápido la intervención de cada tropa militar adscrita a la «Esmeralda», participante activa, por cierto, en el Combate Naval de Iquique, no sin tantes detenernos muy breves momentos en las características de su aporte, previamente dispuesto, por el alto mando y ya en vía de encauzarse los avances definitorios de la total independencia de la Metrópoli. El 3 de marzo de 1817, OHiggins dispuso que se embarcaran en el bergatín «Aguila», nave primogénita de la Marina de Guerra Nacional, veinticinco cazadores (fusileros de Infantería), con cuya medida se emplea por ver primera la modalidad utilizada en adelante sin apreciables interrupciones. Más tarde, durante el bloqueo de Valparaíso por los barcos españoles «Esmeralda» y «Pezuela», abandonando al cabo ante el brioso ataque del «Aguila» y la fragata «Lautaro» (27 a 29.IX.1818), cábele al Capitán de Artillería don Guillermo Miller tomar bajo su responsabilidad una Compañía de Infantería en aquella última nave, a las órdenes del intrépido Comandante Jorge OBrien, quien pierde la vida en el curso del combate. A Miller se le considera como precursor del actual Cuerpo de Infantería de Marina, que ha sufrido diversas denominaciones en el correr de los años. Sometido a la tuición jerárquica del Ejército, se da término a ella el 2.IV.1903, cuando las fortificaciones del litoral y el Regimiento de Artillería de Costa, que las cubría, quedan entregados por decreto supremo a la dependencia de la Dirección General de la Armada. Nos parece que basta lo referido para señalar una realidad histórica que suele ser desconocida en uno que otro sector de nuestro ambiente castrense. La excelente «Revista de Marina» ha expuesto en sus páginas abundante material informativo sobre éste y otros pormenores fundamentales de su organización progresiva, de modo que resulta innecesario abundar en mayores antecedentes que atañan a la trayectoria recorrida. Ahora bien, esta relación, de notorio relieve esquemático, obedece a un propósito de concreta finalidad, e incide en situar en la entraña misma de los sucesos a aquellos héroes de subalterna extracción militar que rindieron tributo de la vida, o de sus ingentes esfuerzos, durante el glorioso Combate Naval de Iquique, en cuya iniciación y desenlace el insigne Capitán Arturo Prat y sus valerosos émulos brindaron a Chile (a la par que lo hicieran tres años más tarde los soldados inmortales de «La Concepción») el soberbio y ejemplarizador holocausto que Marina alguna del mundo haya logrado hasta el presente superar. La corbeta «Esmeralda» contaban como era de rigor, con un reducido destacamento del Ejército, que cumplió en el transcurso y el epílogo de la epopeya una función preestablecida y eficiente. Trepados en las cofas, apoyaron a la marinería a través del nutrido fuego de sus fusiles «Comblain», o bien, empleáronse con capacitado empeño en el servicio de artillero. Tal fue su misión, y sobrevivientes de la homérica lucha han reconocido en las versiones entregadas a la publicidad la arrojada persistencia de su actitid en cada una de las fases de la contienda. De la llamada Guarnición, compuesta por integrantes de los fuertes, en su mayoría, y de un total de 33, sucumbieron un Sargento 2º, dos Cabos 2ºs, un Tambor y veintitrés individuos de tropa, cayendo prisioneros el Oficial que la comandaba y cinco soldados rasos. ¡Trágico balance, que legitima, sin lugar a dudas, nuestro intento de pergeñar ahora tan emocional evocación! ****************************** Soldados de nuestro Ejército compartieron con sus hermanos de la Marina las peligrosas alternativas de la refriega y la gloria del martirio. Por encima de la generosidad solidaria, habría sido ecuánime expresar en el mármol, con fórmula inequívoca, la exacta procedencia institucional de aquellos héroes modestos que cruzaron las lindes de la Inmortalidad tras la estela luminosa del Gran Capitán Arturo Prat. Quizás la inmenza mayoría de nuestros compatriotas hallábase convencida firmemente de que Juan de Dios Aldea era Sargento de Mar. No nos asiste la certeza de no haber existido consigna preteritoria en el ánimo de quienes forjaron la materialización del homenaje que alza su monumental conjunto en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, si bien se advierte allí la omitente singuralidad que señaláramos. Por lo demás, nadie podría calificar de justicia nuestra intención fuera del marco estrecho en que se confunden, como en haz indestructible, el amor al Ejército y el amor a la Marina. Hemos procurado imprimir un giro honestamente interpretativo a la misión que nos encomendara el «Círculo de Veteranos del 79 y Oficiales en Retiro», cuyos afanes se vuelcan, perseverantes, en un cause creativo de vibrante propensión patriótica. Si el cuadro no ofrece perfiles atrayentes, o encuéntrase enclaustrado en opacidad subjetiva, la responsabilidad es del expositor.
|
||||||
Los
Rostros del Heroísmo (VOLVER
ARRIBA)
|
||||||
Carmela Carvajal, Viuda de Prat (VOLVER
ARRIBA) Insigne mujer, valerosa en gran virtud y capacidad moral. Ella, como esposa de marino, comprendía que su vida tendría grandes ausencias. Los vientos de guerra le arrebatan al padre y esposo ejemplar, ahogada por el llanto, ahogada a sus preguntas recibe la fatal noticia, de sus labios no sale queja alguna. «La vida de mi amado fue mi ejemplo de enseñanza constante. Dios me dará fuerzas para soportar mi orfandad sin decaer». Fallece el 16 de agosto de 1931, rodeada de sus hijos y parientes. Sus excequias fueron una manifestación de patriotismo delirante; partía una mujer venerada por su país. Doña Carmela Carvajal de Prat continuará siendo un símbolo de la virtuosidad y patriotismo de la mujer chilena y un ejemplo para la juventud de nuestra patria. |
||||||