CUARTA ESCENA

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Collado en las cumbres montañosas

La vista está cubierta de pálida niebla como al final de la segunda escena. Wotan y Loge aparecen por la sima, trayendo consigo al atado Alberich.

LOGE. ¡Aquí, primo, siéntate bien!... Mira, querido, allí se extiende el mundo que quieres conquistarte, bribón: ¿qué lugarejo, di, me destinas en él para establo?

Se burla de él, danzando.

ALBERICH. ¡Desvergonzado ladrón! ¡Bribón! ¡Pícaro! ¡Suelta la cuerda, desátame; si no, expiarás este crimen, insolente!

WOTAN. Estás apresado, encadenado a mí, como ya imaginabas en tu poder el mundo, todo lo que vive y respira, atado yaces ante mí... ¡No puedes negarlo, miedoso! Para liberarte se requiere ahora el rescate.

ALBERICH. ¡Oh, estúpido de mi! ¡Yo, loco soñador! ¡cuan neciamente fié en el ladronesco engaño!¡Terrible venganza vengue el error!

LOGE. Si debe serte útil la venganza, ante todo libérate; al hombre atado, ninguno libre le paga las ofensas. ¡Por eso, si piensas en la venganza, de prisa, sin demora, preocúpate primero del rescate!

Le índica, castañeando los dedos, la naturaleza del rescate.

ALBERICH. ¡Decid, pues, lo que pretendéis!

WOTAN. El tesoro y tu claro oro.

ALBERICH. ¡Voraz ralea de tramposos!

Para sí.

Pero si conservo siquiera el anillo, entonces repondré fácilmente el tesoro; pues pronto será conseguido y de nuevo aumentado por el imperio del anillo: fuera un escarmiento, que me hará sabio; no pagaré demasiada cara la lección, si dejo por la enseñanza las baratijas...

WOTAN. ¿Depositarás el tesoro?

ALBERICH. Soltadme la mano, así lo llamaré aquí.

Loge le deshace los nudos de la mano derecha. Alberich roza el anillo con los

labios y murmura en secreto una orden.

¡Adelante! He llamado a los nibelungos. Obedeciendo a su señor, oigo cómo traen el tesoro

desde las profundidades a la luz.. ¡ahora liberadme de estas molestas ligaduras!

WOTAN. No antes de que todo esté pagado.

Los nibelungos suben por la sima, cargados con las joyas del tesoro. Durante lo siguiente, los nibelungos lo irán amontonando.

ALBERICH. ¡Oh, vergonzosa ignominia! ¡Que los medrosos esclavos me vean a m¡ mismo atado!...

A los nibelungos.

¡Llevadlo hacia allí, como lo he ordenado! ¡Amontonad todo el tesoro! ¿Tendré que ayudaros, tullidos?... ¡No miréis aquí! ¡Rápido, ahí! ¡Deprisa! ¡Después, idos de aquí a producir para mi! ¡Fuera, a las minas! ¡Ay de vosotros si os hallo ociosos! ¡Os seguiré pisándoos los talones!

Besa su anillo y lo muestra imperiosamente. Como alcanzados por un golpe, los nibelungos, asustados y temblorosos, se empujan hacia la sima, por la que se deslizan abajo rápidamente.

He pagado; ahora dejadme marchar: ¡y el yelmo forjado que sostiene ahí Loge, devolvédmelo ahora amigablemente!

LOGE, arrojando el Tarnhelm encima del tesoro.

¡El botín pertenece también al rescate!

ALBERICH. ¡Maldito ladrón! ¡Pero, paciencia! Quien me hizo el anterior hará otro: todavía tengo el poder al que obedece Mime. ¡En verdad, malo será dejarle al sagaz enemigo la astuta arma!... ¡Bien! Alberich os entregó todo; ¡ahora, malvados, soltad las ataduras!

LOGE, a Wotan.

¿Estás satisfecho? ¿Lo dejo libre?

WOTAN. Un anillo de oro abulta en tu dedo: ¿oyes, enano? Considero que forma parte del tesoro.

ALBERICH, consternado. ¿El anillo?

WOTAN. Para tu rescate, tienes que dejarlo.

ALBERICH, trémulo.

¡La vida, pero no el anillo!

WOTAN, más violento.

Exijo la sortija: con la vida haz lo que quieras.

ALBERICH. Si rescato cuerpo y vida, también tengo que rescatar el anillo. ¡Cabeza y manos, ojos y orejas no son propiedad mía más que este rojo anillo!

WOTAN. ¿Tu propiedad llamas al anillo? ¿Deliras, desvergonzado enano? Di mejor: ¿a quién le quitaste el oro con el que hiciste al resplandeciente? ¿Era propiedad tuya lo que, malicioso, sustrajiste del fondo de las aguas? ¡Consulta con las hijas del Rin si te dieron su oro en propiedad, el que robaste para anillo!

ALBERICH. ¡Ignominiosa perfidia! ¡Vergonzoso engaño!.... ¡Me echas en cara, ladrón, la culpa que tan deliciosamente deseas? ¡Cuan gustoso robaras tú mismo el oro al Rin, si fuera tan fácil alcanzar el arte de forjarlo! ¡Cómo te beneficia ahora, hipócrita, que yo, el nibelungo, en mi ignominiosa desdicha, compelido por la cólera, consiguiera la terrible magia cuya obra ahora te sonríe! La terrible acción, mediante maldición lograda, del desdichado, del herido por la angustia, debe servir alegremente para tu principesco ornato; ¿pero mi maldición te servirá de alegría? ¡Guárdate, altivo dios!... Si yo atenté, atenté libremente contra mí...: ¡pero contra todo lo que fue, es y será atentaras tú, eterno, si me quitas con desvergüenza el anillo!

WOTAN. ¡Acá el anillo! ¡Ningún derecho a él demuestras parloteando!

Agarra a Alberich y le arranca del dedo el anillo con enorme violencia.

ALBERICH, gritando horrorosamente.

¡Ah!... ¡Destruido! ¡Aniquilado! ¡El más triste esclavo entre los tristes!

WOTAN, contemplando el anillo.

Ahora tengo lo que me elevará, el más poderoso señor entre los poderosos.

Se pone el anillo.

LOGE a Wotan.

¿Está rescatado?

WOTAN. ¡Desátalo!

LOGE desata completamente a Alberich.

¡Deslízate, pues, a casa! Ninguna atadura te detiene: ¡vete libre!

ALBERICH, poniéndose de pie.

¿Estoy ahora libre?

Riendo con fuerza

¿Verdaderamente libre? ¡Salúdeos así, entonces, el primer saludo de mi libertad!... ¡Al igual que vino a mí por una maldición, maldito sea este anillo! ¡Si su oro me dio poder sin medida, traiga ahora su magia muerte a quien lo lleve! ¡Nadie feliz debe alegrarse de él, a ningún afortunado ría su luminoso fulgor! ¡A quien lo posea devórele la inquietud, y a quien no lo tenga corróale la envidia! ¡Cada uno codicie su propiedad, pero nadie lo disfrute con provecho! ¡Guárdelo su señor sin usura, pero tráigale él al asesino! A merced de la muerte, ate el miedo al cobarde: así, mientras viva, irá muriendo ávidamente el señor del anillo, en realidad del anillo esclavo..., ¡hasta que yo tenga de nuevo al robado en mi mano!... Así bendice, en su suprema desdicha, el nibelungo a su anillo.. .: ¡reténlo ahora!

Riendo Furioso.

¡Guárdalo bien! ¡No escaparás a mi maldición!

Desaparece rápidamente en la sima. Se aclara poco a poco el denso vapor neblinoso del proscenio.

LOGE. ¿Escuchaste su saludo de amor?

WOTAN, sumido en la contemplación del anillo en su mano.

¡Déjale el placer de espumajear!

Aumenta la claridad.

LOGE, mirando hacía el lateral derecho.

Fasolt y Fafner se acercan, conducen aquí a Freia.

Entre la niebla cada vez más dispersada aparecen Donner, Froh y Fricka, que se apresuran a llegar al proscenio.

FROH. ¡Han regresado!

DONNER. ¡Bienvenido, hermano!...

FRICKA, a Wotan, inquieta.

¿Traes buenas noticias?

LOGE, mostrando el tesoro.

Con astucia y tuerza culminamos la empresa: ahí está lo que rescatará a Freia. Donner. De la prisión de los gigantes, allí se acerca la divina.

FROH. ¡Cuán dulce aire sopla de nuevo para nosotros, deliciosa sensación llena los sentidos! Tristes estábamos todos, separados para siempre de ella, la que nos regala sin pena el jubiloso gozo de la eterna juventud.

El proscenio se ha vuelto a aclarar completamente; gracias a la luz el aspecto de los dioses recupera el primitivo frescor: sin embargo, sobre el foro flota todavía el celaje de la niebla, de manera que la lejana fortaleza permanece invisible. Entran Fasolt y Fafner, llevando a Freia entre ellos.

FRICKA corre alegre en dirección a su hermana.

¡Encantadora hermana, dulcísimo gozo! ¿Has sido ganada de nuevo para mí?

FASOLT, interponiéndose.

¡Alto! ¡No tocarla! Aun nos pertenece... Hemos descansado en los elevados dominios de Riesenheim; con ánimo fiel, respetamos la prenda del contrato. Por mucho que me arrepienta, os la devolveré, si a nosotros, hermanos, nos pagáis su rescate.

WOTAN. Preparado está el rescate: la medida de oro sea, pues, calculada amigablemente.

FASOLT. Prescindir de la mujer, sábelo, me causa dolor: ¡si debe desaparecer de mi pensamiento, amontonad el tesoro de joyas de manera que la mirada oculte del todo a la floreciente!

WOTAN. ¡Disponed, pues, la medida según la figura de Freia!

Freia es colocada por los gigantes en el centro de la escena. Después, clavan en el suelo sus estacas a ambos costados de Freia, de manera que miden una altura y una anchura iguales a su figura.

FAFNER. Plantadas están las estacas según la medida de la prenda; ¡ahora llénela, amontonado, el tesoro!

WOTAN. ¡Raudos, a la obra! ¡A mi me repugna!

LOGE. ¡Ayúdame, Froh! Froh. Corro a poner fin

a la vergüenza de Freia.

Loge y Froh amontonan de prisa las joyas entre las estacas.

FAFNER. Juntadas no tan holgadas y esparcidas!

Con fuerza brutal comprime las joyas.

¡Firmes y apretadas llenen la medida!

Se inclina y busca intersticios.

Por aquí veo aún algo: ¡tapadme los huecos!

LOGE. ¡Atrás, bruto!

FAFNER. ¡Aquí! ¡Aquí!

LOGE. ¡No toques nada!

FAFNER. ¡Aquí! ¡Tapad los resquicios!

WOTAN, volviéndose, disgustado.

¡La vergüenza me arde en lo hondo del pecho!

FRICKCA. Mira cómo la noble sufre bochornoso ultraje: salvación suplica, muda, la doliente mirada. ¡Hombre pérfido! ¡Esto ofreciste a la deliciosa!

FAFNER. ¡Más aún! ¡Más aquí!

DONNER. ¡Apenas me contengo, furiosa rabia despierta en mí el desvergonzado tunante!... ¡Ven acá, perro! ¡Quieres medir, mídete tú mismo, pues, conmigo!

FAFNER. ¡Tranquilo, Donner! Truena donde sea útil: tu estrépito no te sirve aquí de nada.

DONNER, Levantando su martillo.

¿Que no para destrozarte, Wotan. ¡Haya paz!... Me parece que Freia está ya tapada.

LOGE. Se acabó el tesoro.

FAFNER mide exactamente el tesoro con la mirada y busca rendijas.

Aún veo brillar el cabello de Freia: ¡la malla allí, échala al tesoro! desvergonzado?

LOGE. ¿Cómo? ¿También el Tarnhelm?

FAFNER. ¡Presto, aquí con él!

WOTAN. ¡Dáselo, pues!

LOGE arroja el Tarnhelm encima del tesoro.

¡Con esto, hemos acabado! ¿Estáis satisfechos?

FASOLT. A Freia, la bella, no la veré más: ¿ha sido así rescatada? ¿Tengo que dejarla?

Se acerca y fisga a través del tesoro.

¡Ay, aún centellea ahí hacia mí su mirada! Aún me iluminan las estrellas de sus ojos; los percibo a través de una rendija...

Fuera de sí.

¡Si veo estos deliciosos ojos, no renunciaré a la mujer!

FAFNER. ¡Eh! ¡Os lo aconsejo, tapadme el hueco!

LOGE. ¡Insaciables! ¿Pues no veis que se nos acabó el tesoro?

FAFNER. ¡En manera alguna, amigo! En el dedo de Wotan brilla aún un anillo de oro: ¡dadlo, para llenar el hueco!

WOTAN. ¿Cómo? ¿Este anillo?

LOGE. ¡Sed razonables! A las hijas del Rin pertenece este oro; Wotan va a devolvérselo.

WOTAN. ¿Qué parloteas ahí? ¡Lo que capturé tan dificultosamente, sin temor lo guardaré para mí!

LOGE. ¡Mal le irá, entonces, a la promesa que di a las suplicantes!

WOTAN. Tu promesa no me ata: la sortija me quedará como botín.

FAFNER. Pues tienes que ponerla aquí como rescate.

WOTAN. Pedid, insolentes, lo que queráis, todo os lo concederé; ¡pero por nada en el mundo me desharé del anillo!

FASOLT, furioso, tira de Freia y la saca de detrás del tesoro.

¡Entonces, se acabó! ¡Todo queda como antes! ¡Ahora Freia nos seguirá para siempre!

FREIA. ¡Socorro! ¡Auxilio!

FRICKA. ¡Cruel dios! ¡Dáselo!

FROH. ¡No conserves el oro!

DONNER. ¡Dales el anillo!

WOTAN. Dejadme en paz: ¡no daré la sortija!

Fafner detiene aún al impaciente Fasolt; todos están confusos. Wotan se vuelve, enojado, hacia el lateral El escenario se ha oscurecido de nuevo. De la sima lateral brota un resplandor azulado: en él se hace visible de repente Erda, que surge de las profundidades sólo de la cabeza a la cintura; su figura es noble, cercada de largos cabellos negros.

 ERDA, extendiendo la mano hacia Wotan, advirtiéndole.

¡Cede, Wotan, cede! ¡Escapa a la maldición del anillo! Sin remedio, a oscura ruina te consagrará su conquista.

WOTAN. ¿Quién eres, mujer monitoria?

ERDA. Cómo fue todo... yo sé; cómo viene a ser todo, cómo llegará a ser, también lo veo: Protosabiduría del mundo eterno, Erda advierte a tu valor... Tres bijas, creadas en el principio, dio a luz mi seno; lo que yo veo te lo dicen de noche las Nornas. Pero extremo peligro me trae hoy a mí misma hasta ti. ¡Escucha! ¡Escucha! ¡Escucha! ¡Todo lo que es..., acaba! Un día sombrío amanecerá para los dioses: ¡te lo aconsejo, evita el anillo!

Erda se hunde lentamente hasta el pecho mientras el resplandor azulado empieza a oscurecerse.

WOTAN. Noblemente misteriosas resuenan en mí tus palabras: ¡espera, que yo sepa más!

ERDA, hundiéndose.

Te he advertido; sabes bastante: ¡medita presa de miedo e inquietud!

Desaparece del todo.

WOTAN. Si debo inquietarme y temer..., ¡tengo que detenerte, saberlo todo!

Wotan quiere entrar en la sima tras la desaparecida Erda, para detenerla; Froh y Fricka se interponen, y lo retienen.

FRICKA. ¿Qué quieres, furioso?

FROH. ¡Deténte, Wotan! ¡Teme a la noble, atiende sus palabras!

Wotan mira fijamente delante de sí, meditabundo.

DONNER, volviéndose con decisión a los gigantes.

¡Oíd, gigantes! ¡Regresad y aguardad! ¡El oro os será dado!

FREIA. ¿Puedo esperarlo? ¿Realmente os parece que Holda vale el rescate?

Todos miran expectantes a Wotan; éste, volviendo de su profundo ensimismamiento, ase su lanza y la mueve como en señal de una valiente decisión.

WOTAN. ¡A mí, Freia! ¡Estás rescatada! Comprada de nuevo, vuelva a nosotros la juventud!... ¡Vosotros, gigantes, tomad vuestro anillo!

Arroja el anillo en medio del tesoro. Los gigantes sueltan a Freia: ésta corre alegremente hacia los dioses, que la acarician largo rato uno tras otro con gran alegra. Al mismo tiempo Fafner ha extendido un enorme saco y se lanza sobre el tesoro, para meterlo en él.

FASOLT a Fafner.

¡Alto, codicioso! ¡Cédeme también algo! ¡Partamos honradamente entre los dos!

FAFNER. ¡Más te tiraba la muchacha que el oro, necio enamorado! ¡Con esfuerzo te moví al trueque, loco! Hubieras pretendido a Freia para ti, sin compartirla: ¡si parto el tesoro, con equidad me quedaré la mitad más grande para mí!

FASOLT. ¡Desvergonzado! ¿A mí esta afrenta?

A los dioses.

A vosotros os llamo como jueces: ¡repartidnos en justicia y honradamente el tesoro!

WOTAN le da la espalda, despectivo.

LOGE. Déjale que acapare el tesoro; ¡cuídate sólo del anillo!

FASOLT se lanza sobre Fafner, que ha estado ensacando sin darse tregua.

¡Atrás, desvergonzado! Mío es el anillo: ¡me quedó a cambio de la mirada de Freia!

Echa mano al anillo: los dos luchan.

FAFNER. ¡Fuera esa mano! ¡El anillo es mío!

FASOLT arrebata a Fafner el anillo.

FASOLT. ¡Lo tengo, me pertenece! Fafner, blandiendo su estaca.

¡Tenlo firme, que no se te caiga!

Derriba por tierra a Fasolt de un golpe; después, arrebata rápidamente el anillo al moribundo.

¡Haz guiños ahora a la mirada de Freia! ¡No tocarás más la sortija!

Mete el anillo en el saco y recoge pausadamente todo el tesoro. Los dioses están espantados: solemne silencio.

WOTAN, estremecido.

¡Terrible encuentro ahora la fuerza de la maldición!

LOGE. ¿Qué iguala a tu suerte, Wotan? Mucho te daba la ganancia del anillo; pero ahora que te ha sido quitado, aun te es más útil: tus enemigos -¡mira!- se matan entre sí... por el oro que cediste.

WOTAN. ¡Pero cómo me ata el temor! Inquietud y miedo encadenan mi juicio... Enséñeme Erda cómo ponerles fin: ¡he de bajar junto a ella!

FRICKA, acercándosele lisonjera.

¿Dónde estás, Wotan? ¿No te atrae propicia la augusta fortaleza, que ahora aguarda cobijar hospitalariamente a su dueño? Wotan, sombrío. ¡Con mal tributo pagué la construcción!

DONNER, señalando al foro, que todavía está cubierto de niebla.

¡Sofocante calina flota en la atmósfera; pesada me resulta la turbia opresión! Reuniré la pálida nubosidad en relampagueante tormenta: ¡esto me despejará el cielo!

DONNER sube a un alto peñasco en la ladera del valle y gira allí su martillo;durante lo que sigue, la niebla va adensándose a su alrededor.

¡Eh, aquí! ¡Eh, aquí! ¡Eh, acá! ¡A mi, tú, exhalación! ¡Vosotros, vapores, a mi! ¡Donner, el señor, os llama en ejército!

Gira el martillo.

¡A impulsos del martillo flotad hacia acá!

¡Caliginosos vapores! ¡Flotante exhalación!

¡DONNER, el señor, os llama en ejército! ¡Eh, aquí! ¡Eh, aquí! ¡Eh, acá!

Donner desaparece totalmente envuelto en una nube tormentosa cada vez más negra. Se oye el pesado golpe del martillo de Donner contra una peña. Un vívido relámpago atraviesa la nube; sigue un violento trueno. Froh ha desaparecido también en la nubosidad.

DONNER, invisible.

¡Hermano, por aquí! ¡Muéstrale al puente el camino!

De improviso se disipa la nube; Donner y Froh se hacen visibles: con cegador brillo, desde sus pies se tiende un arco iris que forma un puente sobre el valle hasta la fortaleza, la cual reluce ahora iluminada por el sol poniente. Durante el conjuro de la tormenta por Donner, Fafner ha abandonado el escenario con el descomunal saco a las espaldas, después de haber estado recogiendo todo el tesoro junto al cadáver de su hermano.

FROH, que con la mano extendida va indicando al puente el camino sobre el valle, a los dioses.

A la fortaleza conduce el puente, liviano, pero firme bajo vuestros pies: ¡recorred con arrojo su seguro sendero!

WOTAN y los otros dioses están perdidos, sin habla, en la magnífica visión.

WOTAN. Crepusculares brillan los ojos del sol; como encendida ascua resplandece la fortaleza. A la luz de la mañana, titileando con audacia, yacía sin dueño, augusta y atrayente, ante mi. ¡Desde la mañana a la tarde, en el esfuerzo y la angustia, no fue dichosamente ganada! Se acerca la noche...: ante su envidia ofrezca ahora salvamento!

Como arrebatado por un pensamiento grandioso, muy resuelto.

¡Así saludo a la fortaleza, a salvo de temor y aflicción!

Se vuelve solemnemente a Fricka.

¡Sígueme, mujer! ¡Habita conmigo en el Walhall!

FRICKA. ¿Qué significa el nombre? Nunca, me parece, lo oí mencionar.

WOTAN. Lo que, dominando al miedo, me dictó mi valor, si vive victorioso, hágate presente el sentido.

Toma a Fricka de la mano y avanza lentamente hacía el puente; le siguen Froh, Freia y Donner.

LOGE, Permaneciendo en el proscenio y observando a los dioses.

A su fin corren los que tan fuertes en el subsistir se imaginan... Casi me avergüenzo de obrar con ellos. Noto el atrayente placer de volver a mudarme en ondulante llama: devorar a los que en otro tiempo me domesticaron, en vez de perecer tontamente con los ciegos, ¡y fueran los más divinos de los dioses!... ¡No me pareciera esto necio! He de considerarlo: ¡quién sabe lo que haré!

Se dirige a cerrar el cortejo de los dioses con actitud indolente.

LAS TRES HIJAS DEL RIN en lo hondo del valle, invisibles.

¡Oro del Rin! ¡Oro del Rin! ¡Puro oro! ¡cuán límpido y claro nos iluminabas benévolo! Por ti, limpio, ahora nos lamentamos: ¡dadnos el oro, dadnos el oro! ¡Oh, devolvednos al puro!

WOTAN, en el momento de poner el pie en el puente, se detiene y se vuelve.

¿Qué lamentar llega hasta mí?

LOGE otea hacia el valle.

Las hijas del Rin lloran el robe del oro.

WOTAN.en el momento de poner el pie en el puente, se detiene y se vuelve.

¡Malditas ondinas!...

A Loge.

¡Ataja su importunar!

LOGE, llamando hacia el valle.

¡Vosotras, ahí, en el agua! ¿Qué lloriqueáis aquí arriba? Oíd lo que Wotan os desea: ¡si nunca más brillará el oro para vosotras, muchachas, en el nuevo esplendor de los dioses solearos dichosas en adelante!

Los dioses ríen y entran en el puente durante lo que sigue

LAS HIJAS DEL RIN. ¡Oro del Rin! ¡Oro del Rin! Puro oro! Oh, alumbrara aún en las profundidades tu pura futilidad! Franqueza y fidelidad existen sólo en las profundidades: ¡falso y cobarde es lo que allí arriba se alegra!

Mientras los dieses avanzan por el puente hacia la fortaleza, cae el telón.


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19/04/00

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