En la búsqueda


Durante todo este tiempo, Morihei sentía en la práctica de las técnicas del Budo algo mas allá de la eficacia de éstas, eran como flashazos de algo más grande que todo lo demás; pero solo en eso se quedaba, en resplandores aun indescifrables para él. En 1917 nace su primer hijo varón Takemori.

Pasó el tiempo, y su padre (Yoroku Ueshiba) enfermó gravemente, por lo que vendió todas sus propiedades y dejó el dojo en manos del maestro Takeda.

En el camino a casa, Morihei se detuvo en Ayabe, en la central de una nueva religión llamada Omoto-Kyo shinto, en donde conoció a su dirigente “Onisaburo Deguchi”.

Cuando por fin regresó a su casa, su padre había muerto, lo tomó tan apecho que vendió todas las tierras heredadas de su familia, y regresó a Ayabe a estudiar en la secta Omoto-Kyo.

Durante los siguientes 8 años Morihei estudió con Onisaburo, que debido a la pena por la muerte de su padre, buscó apoyo espiritual con él; sin embargo por su vocación, abrió el Dojo Ueshiba Juku en donde enseñaba a los practicantes de su religión técnicas de espada, pértiga, lanza y jujitsu.

Durante ese tiempo aprendió las técnicas de meditación Chinkon Kishin para calmar su espíritu y regresar a su estado puro; y también comenzó el estudio de la Kotodama, que es un sistema esotérico japonés cuyo objetivo es descifrar el universo por medio de los sonidos, incluyendo palabras especiales pronunciadas o mentalizadas en cierta forma.

Deguchi Onisaburo era un pacifista, y abogaba por la desarmamentación y la no-violencia. Él afirmaba que gracias a la guerra y a la venta de armas, los terratenientes y capitalistas se enriquecían mientras que los pobres sufrían.

Es intrigante como un hombre como éste, podía estar tan apegado con Morihei Ueshiba, ya que éste último era un samurai en toda la extensión de la palabra. De todas maneras, Onisaburo no tardó en notar el gran potencial de Morihei en las artes del Budo y en descubrir su verdadera misión en la Tierra: “ enseñar el verdadero significado del Budo, y terminar con todo tipo de pelea y contienda”.

En 1920 nació el segundo hijo de Morihei Ueshiba llamado Kuniharu, pero desgracidamente Takemori falleció a causa de un virus y poco después Kuniharu, también por la misma causa. Esto entristeció muchísimo a Morihei Ueshiba, y solo encontró consuelo en la meditación y el entrenamiento de las artes marciales. La gente cuenta que por esa época había un hombre en las montañas que se pasaba el día entero haciendo tajos con su espada al aire.

En 1921 nace su tercer hijo varón, Kisshomaru Ueshiba.

En 1922 muere su madre Yuki.

Por ese entonces Morihei, ya vuelto todo un humanista, se olvidó de la agresión e inició su propia técnica: el Aiki Bujitsu.

El maestro rodeado por numeroso grupo de atacantes, sale sin problema de la situacion

El estudio del Omoto-Kyo y del Daito Ryu Aiki Jitsu, influenció en gran medida al maestro Ueshiba. Él decía que había abierto sus ojos al Budo gracias a Takeda Sogaku, y obtuvo la iluminación gracias a las experiencias obtenidas por el Omoto-Kyo.

En el año de 1924, Morihei Ueshiba acompañó a Deguchi Onisaburo a Manchuria para fundar un centro espiritual para una cooperativa mundial de gentes de las cinco razas y colores, aplicando los principios del Omoto-Kyo. El viaje estuvo plagado de peligros, con enfrentamientos contra bandidos y soldados. Sin embargo, el maestro había empezado a desarrollar una sensibilidad espiritual muy especial. Decía “ Antes de que el adversario pudiese apretar el gatillo su intención de matar se manifestaba en una bola de luz espiritual que volaba hacia a mí. Si yo evitaba la bola de luz ningún proyectil podía alcanzarme. Giraba y por muy poco esquivaba la bala”

También cuentan que en una ocasión un enemigo chino le apuntó con una pistola.

El hombre se encontraba como a seis metros de él. De repente, el hombre fue desarmado, sin que tuviera tiempo material para impedirlo. Y le preguntaron ¿cómo la había logrado? Y él respondió “en el momento en que un hombre tiene la intención de matar y el momento que tiene de apretar el gatillo pasa un tiempo muy grande”, (mas o menos un segundo) y este tiempo le fue suficiente para desarmarlo. Sin embargo, capturaron a Onisaburo y a Ueshiba y los encerraron en prisión; Morihei no tardó en hacerse notar por su increíble fuerza, ya que, en los trabajos forzados, podía levantar piedras que los demás reos no, e incluso podía arrancar de raíz a algunos árboles pequeños.

En ese momento se dio cuenta de los límites de la fuerza humana y empezó a idear la manera en que seguiría en su vejez, ya que estaba consciente de que no iba a ser joven por siempre. Después de un tiempo iban a fusilarlo a él y a su compañía, pero fue salvado por una llamada de último momento de la embajada japonesa.

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