Advertencia: Sailor Moon es propiedad de Naoko Takeuchi, Kodansha, TOEI Animation, TV Asahi,DiC y otras. Sus derechos en Mexico son propiedad de Ban- Dai, TV Azteca, Editorial Toukan, Intertrack de México, Editorial Navarrete Perú, Editorial Vid, Anime Comarex, Industrias Kay y otros. Yaocihuatl Coyolxauhqui y cualquier otro personaje desarrollado originalmente en este Fanfic es propiedad intelectual mía. Por favor, no haga uso de ellos sin autorización previa. Aunque ubicada en zonas geográficas reales, los sitios específicos, situaciones y personajes descritos son obra de la imaginación del autor, cualquier semejanza con hechos o personas reales es obra de la casualidad. Prof. López: ¡NO, NO, NO, NO, NOO! ¿Cuántas veces debo repetirles que deben disfrutar el baile? ¡Digo, ya de perdido hagan la finta! ¿no? (Lanza un suspiro de cansancio) Señorita Tuchmetztli, ¿podría mostrar otra vez a sus compañeros cómo se hace? Milagros dio un paso al frente. Al escucharse las notas de "El Jarabe Tapatío", ella empezó a bailar con gran alegría y energía. Mientras pasan diversas escenas de ella bailando, otras dos alumnas hablan al respecto. Alumna 1: Ya va una semana que tienen a la Milagros como "el modelo a seguir". ¿Pues qué le habrá dado al profe? Alumna 2: ¿Qué, no lo sabes? Dicen que la Mily ya tiene novio. Alumna 1: ¿Cóoooomo? ¡Yo no sabía! Prof. López: ¿Pasa algo, señoritas? Alumna 1: ¡No, no, nada! (risotada nerviosa). Luego de unos segundos, ambas vuelven a cuchichear. Alumna 1: Perdón. Alumna 2: ¡Cálmate, que todavía me falta decirte lo bueno! Alumna 1: ¿Cómo? ¿Todavía hay más? Alumna 2: Dicen que su novio es un U-NI-VER-SI-TA-RIO... Alumna 1: ¡No la...! Prof. López: ¡Señoritas, hagan el favor de salir del salón! Alumnas 1 y 2: ¡Sí, Profesor! En ese momento, la música llega a su fin, y volvemos a ver a Milagros al final del baile, con una enorme sonrisa. Prof. López: Gracias, señorita Tuchmetztli. ¡Bien, otra vez todos, desde el principio! =========================================== El Códice de Yaocihuatl Coyolxauhqui Amoxtli Ce: El Largo Camino a la Redención. Amatl Caxtolli (Capítulo 15): La Reina de la Primavera. Por: Mahtlactli Atl. ============================================ Milagros no se imaginaba la sorpresa que le esperaba al día siguiente, durante su odiada clase de mecanografía. Milagros: ¡Ouch! Profesora: ¿Algún problema, señorita Tuchmetztli? Milagros: (Pensando) ¡Como si no le hubiera dicho hasta el cansancio que las teclas de esta máquina están muy duras! (A la maestra, con una amabilidad más que fingida) Nada, profesora Esquer. Disculpe. En eso, uno de los conserjes llamó a la puerta. Sra. Esquer: Sigan trabajando, por favor. Mientras todos los alumnos seguían tecleando en sus máquinas, la maestra salió a hablar con el conserje, quien a su vez tapaba la visión de una muchacha. Milagros de plano dejó de teclear, sobándose sus adoloridos dedos mientras trataba de averiguar qué pasaba. En eso, la profesora Esquer regresó al salón. Sra. Esquer: Jóvenes, acaba de llegar una nueva alumna para este grupo. Pase, señorita Flores. Entonces el pie de una joven alumna entró al salón, y al entrar el segundo, los rostros de varios alumnos varones se convirtieron en cabezas de lobo. La nueva alumna era una morena de una belleza espectacular, tanto en su cuerpo como en su rostro, y cada uno de sus movimientos era de una sensualidad natural. Parecía una actriz de telenovelas juveniles, y ciertamente no una encasillada en papeles secundarios. Sra. Esquer: ¿Por qué no se presenta ante sus nuevos compañeros, señorita? Alumna: (Tras asentir a la maestra) Mi nombre es Atzimba Flores, y me acaban de transferir desde Michoacán... y pues... eso es todo. Sra. Esquer: Tome asiento en aquella máquina libre, señorita. Obviamente, la "máquina libre" era dejada por los demás alumnos dado el pésimo estado de sus teclas. Los rostros de algunos de los alumnos volvieron a la normalidad, tal vez apenados por no atreverse a ofrecer otra máquina de escribir a la nueva alumna, mientras que varias alumnas, entre ellas Milagros, observaban con curiosidad qué podría hacer ahí la chica nueva. Varias de ellas notaron sus manos, las cuales lucían impecables. Sra. Esquer: Muy bien. Vamos a continuar con el ejercicio de la página 10. Todos los alumnos continuaron su labor. La alumna nueva hizo una pequeña mueca al dar el primer teclazo, pero no dijo nada y continuó. Luego de tres minutos, la nueva alumna tomó la hoja de papel y la sacó de la máquina. Sra. Esquer: Señorita, aún no he dicho que terminó el ejercicio. Atzimba: Es que ya terminé la cuartilla, profesora. Los demás alumnos voltearon sorprendidos a verla. Milagros recordaba cuando ella trató de utilizar esa máquina, en el primer día de clases, y a duras penas había logrado escribir cinco renglones en tres minutos. La señora Esquer tomó la hoja de las manos de Atzimba, y se mostró evidentemente sorprendida. Sólo había un par de errores en toda la cuartilla. Sra. Esquer: (Secándose el sudor con un pañuelo) Muy... muy bien, señorita. Jóvenes, entreguen sus cuartillas. Todos los demás alumnos sacaron sus hojas de sus máquinas, la mayoría apenados por lo poco que habían escrito o por la gran cantidad de errores que habían cometido. Sra. Esquer: (Tras recolectar todas las cuartillas) Gracias, jóvenes. Pueden ir a su siguiente clase. Era rarísimo que la señora Esquer dijera esto antes de que el timbre sonara para anunciar el fin de la hora de estudios. Normalmente ya se sabía que sus alumnos siempre llegaban tarde a su siguiente clase, pero ahora faltaban más de 10 minutos para el final de la hora. Un enorme gotón salió sobre toda la clase, pero al poco tiempo, la gran mayoría de los alumnos varones fueron a presentarse ante la nueva alumna. Alumno 1: ¡Hola! ¿Cómo te llamas? Alumno 2: ¿De dónde vienes? Alumno 3: ¿Ya conoces la escuela? Y una enorme cantidad de etcéteras. Atzimba: ¡Ay, qué lindos son! ¡Nada más hablen de uno en uno, por favor! Todas las demás alumnas se fueron al patio en lo que iniciaba la siguiente clase, entre ellas Milagros. No sabía por qué, pero había algo extraño en la nueva alumna. Malinalli: ¡Hola, Mily! Milagros volteó y se encontró con su amiga Malinalli, a quien acompañaba una pequeña niña, muy pálida y ojerosa, y tosiendo incontrolablemente. Milagros: ¡Qué tal, Maly! Mi maestra de mecanografía nos dejó salir un poco antes porque llegó una nueva alumna. Malinalli: ¡Qué curioso, a nosotros también! Mira, te presento a Anastasia, mi nueva compañera. Milagros: ¿Tu... tu nueva compañera? ¡Ho-hola...! Di-disculpa, pero... es que te ves tan... ¡tan pequeña! Anastasia: (Entre ataques de tos) No... no te preocupes... Todos me dicen eso... En ese momento, mientras Malinalli y Anastasia le hablaban, Milagros vió acercarse a su nueva compañera, acompañada de un séquito de alumnos. Milagros notó que ella se ponía a observar la espalda de Malinalli, y un brillo de desagrado apareció en sus ojos. Resueltamente, Atzimba se acercó al grupo. Milagros: ... Malinalli: ...la verdad es que Naty está... ¿Pasa algo, Mily? Atzimba: (Con obvia molestia) ¡Hoooola! Tú eres parte de mi nuevo grupo, ¿verdad? Ella se había dirigido a Milagros, pero jaló a Malinalli de uno de sus hombros, pudiendo verla por primera vez de frente. Fue entonces cuando apreció la discapacidad de Malinalli, y su mirada se suavizó considerablemente. Atzimba: ¡Ooooops! Perdona, es que me estaba tropezando. (A Milagros) ¿Tú eres la chica del apellido gracioso, verdad? Mejor nos apresuramos o llegaremos tarde a la próxima clase. Dicho esto, Atzimba y sus admiradores se fueron a otra ala de la escuela. Malinalli: ¿Y eso? ¿Quién es esa chica? Milagros: (Con frialdad) Mi nueva compañera... la Reina de Saba. Malinalli se sintió muy confundida, mientras una mirada extraña apareció en los ojos de Anastasia. A la hora del recreo, Malinalli y Milagros se ubicaron bajo su árbol favorito, en compañía de Anastasia, mientras Bárbara desplegaba sus habilidades para el basquetbol en la cancha de la escuela. Malinalli: ¿Qué ella qué? Milagros: En serio, Maly. Hubieras visto con que odio te miró cuando te vio de espaldas mientras hablabas conmigo. ¡En serio que te quería "comer viva"! Malinalli: ¿Pero por qué? No lo entiendo. Milagros: La verdad yo tampoco. Anastasia: Tal vez... (nuevo ataque de tos). Milagros: Tranquilízate, Naty. ¿En serio no quieres que te llevemos a la enfermería? Anastasia: (Negando con la cabeza) No... cof, cof... no se preocupen. Bárbara: (Desde la cancha de basquetbol) ¿¿¿Cómo me llamaste, "pelos de tequila"??? Las tres chicas se levantaron, al ver que Bárbara se dirigía amenazante a la nueva alumna. Alumno 1: (A la izquierda de Atzimba) ¡Oye, cálmate! ¡Ella no te hizo nada! Alumno 2: (A la derecha de Atzimba) Y después de todo, ¡Sí juegas como hombre! Bárbara: ¡Estoy hablando con la vaca, no con sus garrapatas! Atzimba: (Perdiendo un poco el control) ¿Qué dijiste? Bárbara: (Botando el balón peligrosamente cerca de la nariz de Atzimba) ¡Lo que oíste! ¿O también estás sordita? Atzimba se llevó ambas manos al rostro, y se refugió en el hombro de uno de los alumnos que lo acompañaba... aprovechando para limpiarse discretamente la nariz sobre su suéter. Alumno 2: (Sobre el que Atzimba se apoyó) ¡Mejor vámonos! Dejemos que la "gorila" despliegue sus monadas. El grupo se empezó a alejar, cuando Bárbara le arrojó el balón a la espalda al chico que había hablado. Bárbara: ¡"Gorila" será la más vieja de tu casa, tarado! El chico se acercó amenazadoramente a Bárbara, cuando aparentemente de la nada, un perro oscuro y casi totalmente calvo se paró entre ellos, mostrando amenazante sus colmillos al chico que se acercaba. Atzimba pegó un gritito de espanto, y se trepó a los brazos de otro de los chicos, que de inmediato puso cara de tonto. Atzimba: ¡IIIIIIII! ¡Vamonos! ¡Ese perro me va a comer! Acto seguido, Atzimba se bajó de los brazos del chico, le plantó una cachetada y casi se lo llevó a rastras al patio frontal de la escuela. Milagros y Malinalli estaban de una pieza. No esperaban que Tameme llegara de esa manera. El timbre había anunciado el fin del recreo, pero las cuatro chicas y Tameme seguían ahí, sin poder hablar ante la presencia de Anastasia. Poco después Bárbara cerró fuertemente los puños, tomó el balón y se dirigió a clavarlo con toda su fuerza en una de las canastas, mientras lanzaba un grito de furia. Bárbara: ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAARRRGGHH!!! Acto seguido golpeó la base de la canasta y dejó su puño ahí, lívida por la ira. Malinalli: Bárbara... Bárbara murmuró algo que las otras no alcanzaron a escuchar. Milagros: ¿Qué cosa? Bárbara: ¡¡Lesbiana!! ¡¡¡Me llamó lesbiana la muy #$"$#"$%...!!! Malinalli y Milagros empezaron a avanzar hacia ella, pero Tameme jaló de la falda de Milagros, y acto seguido empezó a ladrarle como si estuviera jugando. Milagros: Esteeee... (voltea a ver a Anastasia y le sale un gotón) Maly, Naty, acompañen a Bárbara, por favor. Yo... tengo que encaminar a mi perro a casa. Milagros y Tameme se fueron a otro sector del patio, por donde la barda tenía un hueco por donde los alumnos se iban de pinta. Milagros: ¿Qué pasa, Tameme? Tameme: No sé... pero hoy sentí algo muy especial por aquí. Creo... creo que sentí dos presencias. Milagros: ¿Dos presencias? ¿Qué quieres decir con eso? Tameme: No lo sé. A ciencia cierta no lo sé, pero es posible... Tal vez, ¡Tal vez estemos cerca de las dos "Yaocihuameh" que necesitamos para emprender la batalla final. Milagros: ¡¡¿Quéééé?!! (Se sonroja y voltea a ver si nadie la escuchó) ¿O-o-o sea que... tal vez... ya? Tameme: O tal vez sean dos espías de Tezcatlipoca. No estoy seguro. Lo único que sé, es que el tiempo para el descenso de Tlilcoatl se está terminando. Sería una gran fortuna para nosotros encontrar a las dos guerreras que nos hacen falta lo antes posible. Milagros: Bueno, mejor ya vete, que de por sí seguro que me voy a meter en problemas. Justo en ese momento, Milagros sintió una mano posándose en su hombro. Sr. López: ¿Algún problema, señorita Tuchmetztli? Milagros supo que se pasaría el resto de la hora de estudios castigada en el pasillo, delante de su grupo. Para la última clase de ese día, al grupo de Milagros le correspondía clase de baile regional. Prof. López: ¡Vamos, vamos! No puedo creer que no entiendan nada de lo que digo. Señorita Tuchmetztli, podría... Atzimba: Profesor. Prof. López: ¿Sí, señorita Flores? Atzimba: ¿Me permite intentarlo? Milagros volteó hacia Atzimba, sorprendida. Prof. López: Adelante. El asistente del profesor puso de nuevo la música, y Atzimba empezó a bailar. Milagros la veía entre sorprendida y molesta. Tenía que reconocer que Atzimba era bastante buena. ¡No, era realmente buena! Atzimba terminó el baile, y se puso a esperar la opinión del profesor, pero éste permaneció en silencio. Atzimba: (Contrariada) ¿Pro... profesor? Prof. López: No está mal. Atzimba sintió como si le echaran una cubetada de agua fría encima. Regresó a su lugar tratando de aparentar indiferencia, pero sus puños estaban crispados por la rabia. Prof. López: Señorita Tuchmetztli, ¿podría mostrarnos cómo? Al término de la clase, Milagros se acercó a su profesor. Milagros: Señor López, ¿puedo preguntarle algo? Prof. López: ¿Dígame, señorita Tuchmetztli? Milagros: ¿Por qué... por qué le pareció buena la manera de bailar de Atzimba? Prof. López: ¿A qué obedece su pregunta, señorita Tuchmetztli? Milagros empezó a jugar con sus índices. Milagros: Bueno... no, la verdad no sé por qué... pero es que... a mí me pareció muy buena... Prof. López: Esperaba que, entre todos mis alumnos, usted lo entendería primero, señorita Milagros. Milagros: ¿Cómo dice? El profesor de danza se levantó lentamente, y se sentó ante su escritorio. Prof. López: Dígame, señorita Milagros. ¿Cuándo usted baila, qué siente? Milagros: ¿Que qué siento...? (sonrojo) Bueno... pues... siento algo muy hermoso... Siento que la música me envuelve... Siento todo lo que es mi pueblo y mi gente... siento un enorme orgullo de ser mexicana... ¡No sé! Son tantas cosas. Prof. López: Exacto. Ese es el problema de la señorita Flores. Milagros: ¿Cómo? El profesor colocó una mano sobre el hombro de Milagros. Prof. López: Señorita Milagros, cuando usted baila, me recuerda mucho a mí mismo cuando era joven. Milagros: Profesor... Prof. López: Mi madre siempre decía que me veía muy apuesto cuando usaba el traje típico de Jalisco para bailar "El Jarabe Tapatío", y cuando llegué al ballet folklórico del Estado... ¡Dios, sentí una emoción enorme! Estuve tan cerca de llegar al ballet folklórico nacional... Milagros: ¿Y qué sucedió? El profesor regresó detrás de su escritorio, se quitó las gafas lentamente y empezó a limpiarlas. Profesor: Lo más increíble que te puedas imaginar. Me lastimé una rodilla en una cascarita de futbol, y ya no pude volver a bailar como se requería en el nacional. Milagros: Lo lamento mucho, profesor. Profesor: Yo también lo sentí mucho en su momento, pero ya no. Gracias a eso pude dedicarme a la docencia, y me encanta tratar de transmitir la misma pasión por nuestros bailes a mis alumnos. Tener alumnos como usted es mi mayor satisfacción, señorita Tuchmetztli. Milagros: (Sonrojándose y encogiéndose ligeramente) Gracias, señor. Prof. López: Estoy seguro de que tienes un gran futuro dentro del baile regional, Milagros. Tienes un don natural. Milagros: Me... me apena usted, profesor. Prof. López: Y eso es lo que pasa con la señorita Flores. Milagros: ¿Cómo? Prof. López: Sé que para cualquier alumno, e incluso para muchos profesores, fue una exhibición impecable la de la señorita Flores. Y yo mismo debo reconocer que su técnica es muy buena... (el profesor suspiró ligeramente, mientras Milagros lo veía con interés), pero ella no sentía nada. Simplemente se puso a bailar para tratar de impresionarme a mí y a todos los alumnos varones presentes en el salón. Milagros: Pero... ¿Cómo puede uno saber eso, profesor? Prof. López: Mi padre siempre decía que "la juventud es el único mal que se cura sólo con el tiempo". Cuando usted haya bailado mucho, viajado mucho y enseñado a bailar a mucha gente, estoy seguro que podrá apreciar estas cosas mucho más rápido que yo. Milagros: (Muy conmovida) Ojalá que así suceda, profesor... le agradezco el buen concepto que tiene usted de mí. Prof. López: No es nada, señorita. Esperemos que Atzimba pueda encontrar su camino... ya que su problema va mucho más allá del baile. Milagros: ¿Eh? Prof. López: (Suspirando) En fin, creo que mejor ya nos vamos. Hasta mañana, señorita Tuchmetztli. Milagros: Gracias, señor. Hasta- (Volteando a ver su reloj) ¡Oh, Diooooos! ¡Mi novio quedó de venir por mí! ¡Hastaluegonosvemoooos! Milagros salió a toda velocidad, sin esperar la respuesta del profesor. Este sonrió al verla salir. Prof. López: (Limpiando sus lentes de nuevo) Jóvenes... Milagros salió a toda velocidad de la escuela, pues Donají había quedado de pasar por ella para acompañarla a su entrenamiento. Ante la reja de la escuela volteó a todos lados a buscarlo, y de repente lo encontró, pero la sonrisa se congeló en su rostro cuando vio que una chica estaba conversando animadamente con él. Su cabello turquesa era inconfundible, pero lo más increíble era que había acortado la falda del uniforme escolar para hacerla aparecer más corta. Milagros no podía soportar este nuevo atrevimiento de Atzimba, y echó a correr rumbo al campo. Para fortuna de Donají, Malinalli iba saliendo de la escuela justo detrás de ella, y estaba a punto de tocarle el hombro cuando ella echó a correr. Malinalli: Mi... ¡Milagros, espera! Echo a correr tras ella, y los pocos pasos logró alcanzarla. Malinalli: ¡Milagros! ¿Qué te ocurre? Donají: (Corriendo hacia ellas junto con Atzimba) ¿Milagros? Milagros, ¿qué te pasa? Milagros lo vio un momento a los ojos, y después se abrazó a él para llorar. El estuvo quieto un momento, pero después la abrazó y comenzó a acariciar su cabeza. Donají: Mily, ¿qué te ocurrió? ¿te hicieron algo en la escuela? Atzimba: (Primero molesta, luego poniendo cara de asombro al ver a quién está abrazando Donají) Oye, pero qué... Ulp... ¡Ho-hola!, Estaba platicando sobre lo difícil que fue mi primer día de clases. ¿Verdad que fue difícil? Malinalli volteó a verla muy asombrada, y Atzimba adivinó que su siguiente reacción sería de enojo. Atzimba: Bueno, nos vemos mañana. Hasta luego. Donají, Malinalli y Milagros vieron como Atzimba se alejaba hasta dar vuelta a una esquina. Malinalli: Ya, ya, Mily. No le hagas caso. Donají: Mily, ¿qué sucedió? Milagros. (Despegando lentamente el rostro de su pecho y viéndolo con cierta dureza) ¿Qué hacías con ella? Donají: Platicar. ¿O qué pensabas? Milagros: Es que... es que ella... Donají: (Levantando suavemente su barbilla) Milagros, ¿acaso estás celosa? Milagros: (Molesta) ¿Celosa yo? ¡Por supuesto! No crees que... Donají: (Poniendo un índice sobre su boca) Milagros. A lo largo de la vida tenemos muchas amistades, y no es justo para uno ni otro el perderse esas oportunidades de amistad por esa persona tan especial, ¿no crees? Milagros: Pero... Donají: Déjame terminar. Uno nunca tiene demasiados amigos, pero hay relaciones que tienen un lugar especial, y no hay por qué confundirlos. No por el hecho de querer a un amigo, tienes que querer menos a tu padre o a tus tíos, ¿no es verdad? Milagros se le quedó mirando fijamente. Donají: Sin embargo, hay relaciones que merecen un lugar muy especial, como el de tus padres, o el de tu pareja, y esos son lugares que merecen un respeto especial, ¿no es cierto? Milagros asiente. Donají: El lugar de mi pareja lo ocupas tú, y nadie más que tú. Y en tanto ambos honremos ese lugar, no importará lo que nadie más quiera hacer, ¿no? Milagros: Pero, es que Atzimba es tan... Donají: ¿Tan? Milagros: Tan hermosa, que no puedo evitar sentirme celosa. Donají: (Acariciando su mejilla) Tontita. ¿Te imaginas el "papelón" que yo haría si me molestara con todos los hombres apuestos con los que bailarás, cuando seas una bailarina? Milagros: ¡Pero eso es otra cosa! Donají: ¿Por qué? Milagros: Porque... porque ese será mi trabajo... porque... Donají: Milagros, quiero que escuches esta promesa. Milagros: ¿Qué? Donají: (Tomando las manos de ella) Eres libre. Milagros: ¿Cómo? (Se abraza fuertemente de él) ¿Qué quieres decir con eso? Donají: Cálmate, y mírame a los ojos. (La aparta y ella levanta la mirada) Te amo, te amo profundamente, pero por ese mismo amor, no te quiero junto a mí si quieres dar tu amor a alguien más. Milagros: ¡Pero es que no quiero! ¿me oyes? ¡Nos une mucho más que una promesa! Malinalli: (Susurrando) Mily... Milagros se sonroja y voltea a ver a los transeúntes, que por fortuna o no se dan cuenta de lo que sucede o guardan una respetuosa distancia. Milagros: (Jugueteando con sus dedos) Bueno... tú sabes. Donají: (Levantando de nuevo su barbilla) Lo sé. Y siempre que me quieras, yo estaré ahí, pero si decides que alguien más debe ocupar ese lugar, yo me apartaré. Milagros: Nunca te dejaré, ¿me oyes? ¡Nunca te dejaré! Donají: Yo tampoco, y por ese mismo amor, confío plenamente en ti. ¿Tú confías en mí? Milagros voltea a verlo y asiente lentamente. Donají: Yo no puedo controlar la manera en que la gente se comporte ante mí, pero créeme, estoy seguro de lo que siento hacía ti. Milagros le mira con algunas lágrimas ligeras rodando por sus mejillas. Donají: por eso te repito, chiquita, que eres libre. Donají baja su rostro hacia el de ella, y ambos se besan en los labios. Casi de inmediato son interrumpidos por una multitud que les está aplaudiendo. Ambos se separan sonrojados, ante lo cual Malinalli empieza a reírse, seguida por el resto de la gente. Sólo Atzimba, oculta a la vuelta de una esquina, no se ríe. Al contrario, aprieta los puños y sale corriendo. Donají: Bueno, vámonos. Milagros: Bueno... creo que me hará bien una caminata al campo. ¿Puedes sólo manejar a mi lado? Donají: Seguro. Milagros: Malinalli, ¿me acompañas? Malinalli: ¿Eh? Claro, pero... Milagros: Por favor. Malinalli: (Risita) Esta bien, andando. Las chicas empezaron a caminar rumbo al campo de futbol americano, seguidas a corta distancia por Donají en su automóvil compacto. Milagros: (Tras unos minutos) ¿Tú que opinas de lo que Donají dijo? Malinalli: Bueno. Según tengo entendido, hay muchas estudiantes mujeres en Antropología, y algunas de ellas tienen fama de ser muy guapas. A decir verdad, cuando mi tío fue a la universidad... Milagros: (Con una gran vena inflada en la cabeza y un cómico rostro de enojo) Mejor cállate, ¿quieres? Malinalli: Bueno, lo que quiero decir, es que me parece muy hermosa la promesa que Donají te hizo... A decir verdad, me gustaría encontrar algún hombre que un día pudiera decirme lo mismo, pero... (levanta los muñones ante su abdomen) pero yo... Milagros: ¡Tú lo encontrarás también! Malinalli: ¿Eh? Milagros: (Caminando ante Malinalli, toma sus muñones y camina brincando hacia atrás, viendo al rostro de su amiga) ¡Tú también encontrarás a un chico tan especial como Donají, ambos se enamorarán, y tendremos una gran boda doble! ¿Qué te parece? Malinalli: Milagros, ¿pero tú crees...? Milagros: ¡Tendremos una boda doble! ¡No me casaré si tú no te casas el mismo día que yo! ¿lo prometes? Malinalli: ¡No! No puedo prometerte algo así, y... ¿y qué tal si yo no...? Milagros: ¡Yo sé que sí, y tengo tanta confianza en ello, que por eso te doy mi promesa! ¿lo prometes? (Levanta su mano derecha ante Malinalli, con el meñique levantado) Malinalli: Yo no puedo contestar esa señal, Milagros. Milagros: Bueno, el muñón bastará. (Pone su mano en "C") Malinalli: Mily... (Levanta el muñón y lo pone en la mano de Milagros) Milagros: ¡Muy bien! Es- (En ese momento, se estrella de espalda contra un poste de luz. Sus ojos se ponen grandes y en blanco, y dos lagrimones cuelgan de ellos). Malinalli: ¡Mily! ¡Oh, Dios! Donají: (parando el auto y bajando de un brinco) ¡Milagros! Milagros cae graciosamente al piso. Malinalli y Donají se hincan a su lado. Malinalli: ¡Milagros! ¡Perdóname! Donají. (A Malinalli) ¿Pero qué sucedió? Malinalli: ¡Fue un accidente! ¡Veníamos caminando y...! Milagros: (Con el rostro contra el suelo) Jeje. Donají y Malinalli ponen cara de asombro, y parpadean dos veces. Milagros: (Levantando la mano con la señal de la "V". Poco después levanta el rostro hacia Malinalli) Nada de "zafín zafado", ¿eh? Malinalli: Mi-ly... (golpea su hombro con un muñón. Los tres se empiezan a reir). De pronto, la risa se congeló en el rostro de Donají, quien se quedó mirando hacia el cielo. Las dos chicas voltearon, y vieron dos luces volando velozmente hacia el grupo, pasando sobre sus cabezas y aterrizando sobre una pequeña tienda de regalos al otro lado del camino. Milagros: ¡Oh, no! ¿por qué siempre en el momento más inoportuno? Malinalli: ¡Vamos, deprisa! ¡TO NANTZIN CHALCHIUHXOCHITL, OLLIN! Donají salió corriendo rodeando la manzana. Milagros: (Levantándose hasta hincarse) ¿Por qué me dejan hasta el último? Tameme: Porque andas medio lenta, no cihuanton. Milagros: (Nuevo susto) ¡Aaaaaaaayyy! ¿Cuándo vas a dejar de asustarme de esta manera? Tameme: (Suspiro cansado) Al paso que vamos, me temo que antes de que aprendas a controlar tus poderes. ¡Qué estás esperando! Milagros: Es cierto. ¡TO NANTZIN METZTLI, OLLIN! Adentro de la tienda, dos alumnas de la secundaria se encontraban inconscientes en el suelo, ante un demonio que parecía mezcla de mujer y avispa. Demonio: Jeje... Ahora sólo hay que esperar. Voz: ¿Qué crees que estás haciendo? El Demonio volteó a la puerta de entrada, donde se encontró a dos de las enemigas a las que venía a buscar. Coyolxauhqui: Haz atacado a gente inocente, y eso no se vale. ¡Soy Sailor Coyolxauhqui, y por mi redención y por proteger al Macuiltonatiuh, vamos a detenerte! Mayahuel: ¡Yo soy Yaocihuatl Mayahuel, y también pienso detenerte! Demonio: Jujuju... Yo soy Mictlachilpan, y mi señor Tezcatlipoca me ordena destruirlas. ¡Kyyyaaaaaa! (Lanza un ataque de aguijones sobre ellas). Mayahuel: ¡METEPAMEH, INTLACPAC! (Los aguijones caen a los pies de ambas) Supongo que tendrás algo mejor que esto. Demonio: Puedes apostar que sí. Voz: ¿Qué sucede aquí? Las dos guerreras voltearon al unísono, y se encontraron con Atzimba, que desde la puerta veía asustada lo que ocurría. Coyolxauhqui: At... Mayahuel: ¡Retírese, señorita! ¡Es peligroso estar aquí! Atzimba: ¡Mi mamá! ¡¿Dónde está mi mamá?! Demonio: Jeje... Tú madre está aquí, miserable macehual. (Se palmea la cadera) Atzimba: Te... ¿te la comiste? Demonio: (Gotón) ¡Claro que no! (Sonrisa malévola) Estoy usando su energía. Atzimba: (Tomando una escoba) Dé-déjala. Coyolxauhqui: Espera... Atzimba: (Corriendo hacia la Avispa gigante) ¡Deja a mi mamáááá! Demonio: ¡Insolente plebeya! (Lanza un ataque de aguijones). Los aguijones salen volando, la imagen se oscurece y es cruzada por una raya roja. Poco después vemos los ojos de Atzimba, cerrados fuertemente, y que lentamente se abren para ver a Coyolxauhqui tendida sobre ella, con una herida en el brazo. Mayahuel: ¡Coyolxauhqui! (voltea furiosa a ver al demonio) ¡Miserable! ¡Dos podemos jugar el mismo juego! ¡HUIZMETMEH...! Atzimba: ¡No dañes a mi madre! (Un símbolo verde empieza a brillar en su frente). Quetzalcoatl: (Desde la puerta trasera) ¡TEO TOQUIEHECOATL, YE! (Un remolino de viento manda a volar a la avispa a otro extremo del cuarto) Coyolxauhqui: ¿E-Estás... qué es eso? Tameme: (Apareciendo de pronto tras Coyolxauhqui) ¡¿Tú?! Atzimba: (Tratando de patear a Coyolxauhqui para alejarla, ante el susto de ver a un perro parlante) ¡Aaaaayyyy! ¿Yo qué? ¡Yo nada! Tameme parecía pensativo. Su mirada viajó un par de veces de Coyolxauhqui a Atzimba, y luego al Demonio que estaba por reponerse. Una vez más vio a Coyolxauhqui. Tameme: Espero que esto funcione, Mo tahtli Huehueteotl. (Empieza a correr persiguiendo su cola). Coyolxauhqui: Tameme... ¡AAAAHH! (Cae al piso apretándose el brazo) Demonio: Jejeje. Más vale que te quedes quieta, ya que cualquier movimiento te causará un dolor cada vez más insoportable. Quetzalcoatl: (Corriendo hacia ella) ¡Tranquila, Coyolxauhqui! Saldremos de aquí. Mayahuel: (Parándose ante ellos) ¡Llévatela de aquí, Quetzalcoatl! ¡Yo los cubriré! Coyolxauhqui: (Tratando de pararse) No, yo... ¡¡AAAAAAAARGH!! Quetzalcoatl: ¡No te muevas, por favor! Tameme: ¡Listo! (Toma un nuevo Nahuiollin y se lo ofrece a Atzimba) Toma esto, ¡rápido! Atzimba: (Muy molesta) ¡Hombre tenías que ser! ¿Acaso voy a pedirle su autógrafo? Tameme: (Con un gotón) ¡Esto no es cuestión de sexos! ¡Tú eres la sexta Yaocihuameh, Xochiquetzal, y te necesitamos ahora! Atzimba: ¿Yo soy qué cosa? Demonio: ¡MUERAN! ¡ATAQUE DE AGUIJON! Mayahuel: ¡METEPAMEH, INTLACPAC! (Levanta su barrera de energía, mientras los aguijones golpean la barrera) ¡Lo que se que vayas a hacer, hazlo rápido, Tameme! Tameme: (A Atzimba) Levanta el medallón y grita "To nantzin quetzalli, ollin". ¡Eso es todo! Atzimba: (Con cara de chantajista) ¿y qué ganaré a cambio de todo esto? Mayahuel: (Tratando de mantener la concentración) ¡No padecer como ella! ¿No te parece suficiente? Coyolxauhqui: (Tratando de hablarle) Hazle... ¡AAAAAAAAYYY!... ¡¡¡caso a TamemeEEEE!!! Quetzalcoalt: (Apretándola contra su pecho) ¡No te muevas! (bajando la voz) por favor, no te muevas. Atzimba: (Ve la escena con cierto enojo, luego suspira y ve a la Demonio, y levanta su medallón con ambas manos) ¡TO NANTZIN QUETZALLI, OLLIN! Tras decir la frase, la silueta de Atzimba empezó a brillar, y figuras luminosas, similares a margaritas de cinco hojas, empezaron a caer a su alrededor. Sin bajar los brazos, la silueta se hinca sobre su rodilla derecha, y en el suelo se forma una rosa de luz, cuyos pétalos empiezan a cubrirla. Luego de unos instantes totalmente cubierta, las hojas empiezan a regresar al suelo, y Xochiquetzal finalmente aparece con su fuku terminado. Su tono básico es un verde "pavorreal" con una franja amarilla al final de su falda y en la parte superior, y calzado de modelo similar al de Sailor Mars, también en verde. Lleva nariguera de jade, y una tiara del mismo verde con cuatro margaritas de cinco hojas distribuidas a lo largo de la tiara. Tameme: Gracias. Ahora... Xochiquetzal: (A Mayahuel) ¡Baja eso! Mayahuel: ¿Cómo? Xochiquetzal: ¡Baja la barrera ahora! Tanto Mayahuel como la Demonio se quedan sorprendidas, pero Mayahuel obedece, lo que Mictlachilpan trata de aprovechar. Demonio: ¡Estúpidas! ¡Ataque de aguijones! Xochiquetzal: (Cruzando las manos ante su pecho, da una vuelta y las abre) ¡YAOTLA XOCHITEQUI! Tras su frase, una lluvia de flores vuela sobre los aguijones, neutralizando cada uno de ellos. Demonio: ¿Cómo? (más flores vuelan sobre la mujer-avispa y empiezan a cubrirla) ¡No puede ser! ¿qué es esto? ¡¡MMMMMMMFFFFFFF!! Finalmente, las flores cubren de pies a cabeza a la demonio, haciéndola caer al piso. Xochiquetzal: Hay que terminar con ese Mictlacatecólotl deprisa. Yo no puedo hacer más. Mayahuel: ¡Oh, no! ¡Sólo Coyolxauhqui tiene el poder para hacer eso! Quetzalcoatl: ¡Tameme, ve por Tlazolteotl! ¡Deprisa! (A Coyolxauhqui) ¡Espera! ¿Qué haces? Apretándose el brazo con todas sus fuerzas, y con el rostro contraído por el dolor, Coyolxauhqui se esfuerza para levantarse. Mayahuel y Quetzalcoatl le ayudan a los lados. Mayahuel: Espera, no... Coyolxauhqui: (Con lágrimas de dolor rodando por su rostro) ¡¡AAAAAYYYYYYY!! Mayahuel: ¡No estás en condiciones! Coyolxauhqui: (Tratando de llevar las manos al medallón) ¡Co...COCHI...! Quetzalcoatl: (Tomándo su brazo herido) ¡Mayahuel, ayúdala allá! Mayahuel: De acuerdo... ¡Coyolxauhqui, apresúrate! Al tiempo que el Nahuiollin dorado empieza a crecer, la demonio logra liberar un brazo, y con este libera su rostro. Demonio: ¿Qué están haciendo? Coyolxauhqui: ¡COCHIQUETZALMETZTLI, AXCAN! Demonio: ¡NOOOOOOO! La energía del Nahuiollin vuela sobre el Mictlacatecolotl, eliminándolo. Al desaparecer la luz, la madre de Atzimba aparece y cae desmayada al piso, mientras su cristal del corazón, lentamente, cae dentro de su cuerpo. Enseguida, Coyolxauhqui cede al esfuerzo y cae desmayada. Mayahuel: ¡Coyolxauhqui! ¡Coyolxauhqui, despierta! Quetzalcoatl: Se desmayó, pero no sé si el efecto del aguijón haya pasado. ¡Tameme, te pedí que...! Xochiquetzal: Tal vez yo pueda ayudar. Acuéstala en el piso. Quetzalcoatl así lo hace. Xochiquetzal se arrodilla a su lado y junta ambas manos como ocultando algo que besa desde afuera. Entonces abre las manos y las coloca sobre la herida. Xochiquetzal: XOCHITEXTLI, IPATIA. Al retirar sus manos, una especie de masa de luz verde aparece sobre la herida, y lentamente se va desvaneciendo, hasta que desaparece junto con la herida. Al mismo tiempo, la palidez en el rostro de ella va desapareciendo, y lentamente abre los ojos. Coyolxauhqui: ¿Qué... qué pasó? Xochiquetzal: Tal vez mis poderes no la alivien del todo. Estará algo débil por unos minutos. Coyolxauhqui: (Extendiendo su mano hacia ella) Gracias. Xochiquetzal: (Levantándose con una expresión dura) Tú me salvaste y yo te salvé, así que estamos a mano. Es mejor que estés preparada. Mayahuel: ¿Cómo? Xiochiquetzal: Este hombre es mío. Mío desde el inicio de los soles, ¡y he regresado por él! ¡Más te vale no tratar de impedirlo! Mayahuel: ¿Qué tonterías estás diciendo? Xochiquetzal: Tú también harías mejor en hacerte a un lado, pero si quieres problemas, también puedo contigo. (Se inclina ante Quetzalcoatl, y acaricia una de sus mejillas) Mi señor, tú y yo estamos destinados a ser el uno para el otro. Lo sabes bien, así que no te resistas a la Diosa de la Juventud y la Belleza. Coyolxauhqui voltea a verlo con ansiedad en su mirada, pero él no responde a la caricia. Permanece quieto e inexpresivo. Ella baja la mirada y se acurruca en su regazo. Xochiquetzal: (Tras un momento de quietud, viéndolo con molestia, vuelve a sonreírle) Tal vez ahora no lo recuerdes, pero ya verás que es inevitable. Nos vemos. Acto seguido, se aleja por la puerta. Mayahuel: ¿Tú sabías que esto podía pasar, Tameme? El can no respondió. Se quedó viendo a la puerta mientras pensaba. Tameme: Perdóname, no cihuanton. No sé si nuestra misión es más importante que tu corazón... En el salón del espejo negro, Tezcatlipoca ríe a carcajadas. Mictlantecuhtli: ¿Ahora que te sucede? Ya sólo les falta una yaocihuameh. Si encuentran a mi esposa antes que tú, estarás en serios problemas. Tezcatlipoca: ¿Problemas yo? ¡JA JA JA! ¿Acaso no lo ves? ¡Es perfecto! Mictlantecuhtli: ¿A qué te refieres? Tezcatlipoca: La Diosa del Amor ha puesto sus ojos en Quetzalcoatl, y no descansará hasta conseguirlo. Esa mujer sólo podrá despertar el lado más oscuro de Coyolxauhqui. Mictlantecuhtli: Y tú estarás ahí para recibirla, supongo... Tezcatlipoca: Xochiquetzal tiene razón. Así como el destino de Quetzalcoatl es junto a ella, el de Coyolxauhqui es conmigo. ¡No hay de otra! Mictlantecuhtli: Esto ya me está aburriendo. Apresúrate a encontrar a mi esposa, y seguirás contando con mi apoyo. (Se retira) Tezcatlipoca: (Acariciando el espejo de obsidiana, como si no lo hubiera escuchado) Sólo hay una diferencia, Xochiquetzal, sólo hay una diferencia que tú no sabes... y es que para tí y el resto del Macuiltonatiuh... ¡No existe ningún futuro! ¡JAJAJAJAAAA! ¡JAJAJAJAJAAAAAA!..... Poco después, cansada y deprimida, Milagros regresaba a su casa, con su brazo derecho vendado). Mamá: ¡Hijita! ¿Dónde estabas? Milagros: Perdón, mami. Donají tuvo que llevarme al doctor, parece que me picó una avispa. Mamá: ¡Hija! ¿te encuentras bien? Milagros: (Tratando de sonreír) Sí, mamá. No fue nada serio. Mamá: (Levantando so rostro) ¿Hay algo más? Milagros: (Sus ojos se humedecen) S-sí. Pero no tengo ganas de hablar de eso ahora... Voy a ver a Purita... Mamá: Andale, hijita, creo que está en su cuarto. Milagros empezó a caminar hacia el cuarto de Purita. Pudo escuchar que ella tocaba la guitarra, como acostumbraba hacerlo cada noche. Purita: "El amor es vida que se muere en la mentira, Es poema que nace y se vuelve canción. El amor escucha con el alma, entiende, El amor no traiciona, en el siempre hay perdón. Es oasis tranquilo de creación divina, El amor no se define, el amor es amor". (Canción "El Amor es amor", Letra: Prisma). Al terminar su canción, Purita volteó a la puerta y vió a Milagros parada ahí, con lágrimas en los ojos. Purita: Niña Milagros. ¿Qué te pasa? Por toda respuesta, Milagros fue junto a ella y la abrazó, sollozando con fuerza. Purita: Milagros... (Responde lentamente al abrazo). ============================== FIN DEL CAPITULO 15.