Advertencia: Sailor Moon es propiedad de Naoko Takeuchi, Kodansha, TOEI Animation, TV Asahi,DiC y otras. Sus derechos en Mexico son propiedad de Ban- Dai, TV Azteca, Editorial Toukan, Intertrack de México, Editorial Navarrete Perú, Editorial Vid, Anime Comarex, Industrias Kay y otros. Yaocihuatl Coyolxauhqui y cualquier otro personaje desarrollado originalmente en este Fanfic es propiedad intelectual mía. Por favor, no haga uso de ellos sin autorización previa. Aunque ubicada en zonas geográficas reales, los sitios específicos, situaciones y personajes descritos son obra de la imaginación del autor, cualquier semejanza con hechos o personas reales es obra de la casualidad. Es el lunes siguiente, y Milagros y Malinalli están en su hora de recreo en la escuela. Esta vez, deciden salir a una pequeña calle ubicada en la acera de enfrente a la entrada de la escuela. Malinalli: ¡Pero entonces...! Milagros: ¡Sshhh! Malinalli: (Sonrojándose) ¡Perdón! ¿Entonces... Purita hizo eso? Milagros: ¡Te lo juro! En serio pensé que me iba a morir. Malinalli: ¿Pero estás bien? Milagros: ¿Pues qué no se nota? ¿Tan mal me veo? Malinalli: (Sonriendo bajito) No, para nada. Me alegro mucho por tí y por ella. Milagros: Sí, yo también. Malinalli: Oye... ¿y Purita no va a ninguna escuela todavía? Milagros: (Ahora ella se sonroja) Bueno... mi papá ya esta tramitando que entre a clases para adultos... Malinalli: ¿Para adultos? Milagros: Sí... la verdad... Purita no sabe leer. Malinalli: Me lo imaginaba. Por favor, dile que cuente conmigo para lo que necesite. Milagros: Se lo diré. Gracias. Mientras Milagros llevaba un refresco y unos cacahuates, y Malinalli su consabida barra de amaranto, las chicas caminaron de regreso a la escuela, encontrándose una impresionantemente brillante limosina estacionada enfrente, custodiada por dos hombres con trajes y lentes oscuros. Milagros: ¡Orale! ¿Qué es eso? Malinalli: ¡Más aun! ¿Qué hace esto aquí? En eso, una alta joven más o menos de su edad, con largo cabello rojo y lentes oscuros, aunque con un arreglo bastante extravagante, salió de la escuela y se dirigió al vehículo. Por un momento se bajó los lentes y miró a su alrededor, pasando su mirada un momento sobre las chicas. Después, displicentemente volvió a ponérselos, y se subió al vehículo, seguida por los dos hombres, y el auto se alejó de ahí. Milagros: Tienes razón. ¿Qué hará una chica así por estos rumbos? Malinalli: ¡Quién sabe!, tal vez haya descubierto un familiar perdido, o algo así. En el interior del automóvil, la chica del cabello rojo se quitó los lentes y esbozó una sonrisa enigmática. Chica: (Pensando para sí) Esto está perfecto. ¡El viejo se va a "parar de pestañas" cuando se entere! =========================================== El Códice de Yaocihuatl Coyolxauhqui Amoxtli Ce: El Largo Camino a la Redención. Amatl Mahtlactli uan Ce (Capítulo 11): La Hija del Embajador. Por: Mahtlactli Atl. ============================================ Al final de las clases de ese día, Malinalli decidió acompañar a Milagros y Tameme de vuelta a su casa, para platicar con Purita. El grupo estaba llegando a la esquina cuando Servando salió de la casa y avanzó hacia ellas. Obviamente estaba furioso. Milagros: ¡Oye, "Capea"! ¿Ahora qué...? Servando: ¡Tú no me hables, que todo esto es tu culpa! Servando apresuró el paso, subió a un autobus que pasaba, casi en movimiento, y se fue. Malinalli: Tu hermano va realmente enojado. Milagros: Mejor nos apresuramos, ¡debe haber pasado algo muy serio! Las chicas entraron a la casa, y se dirigieron directamente al comedor. Milagros: ¡Ya llegué, papá, mamá! (Les da un beso a cada uno). Malinalli vino de visita. Malinalli: Cómo están, señores Tuchmetztli. Sra. Tuchmetztli: Pasa, Malinalli, pasa. (Le da un beso en la mejilla) ¿Cómo está tu tío? Malinalli: Muy bien, gracias. Milagros: Papá, vimos a Servando salir de la casa, pasó algo. Sr. Tuchmetztli: Me temo que sí, hija, pero eso no es lo importante. Purita se fue a encerrar a su habitación, y dice que no quiere ir a las clases de alfabetización. Milagros: ¿Cómo? ¡Pero si ayer mismo estaba muy entusiasmada! Malinalli: Señores, ¿me permiten ir a hablar con ella? Sr. Tuchmetztli: (sonriendo) Te lo agradecería mucho, Malinalli. Creo que tú podrías hacerla entrar en razón. Milagros: Yo también iré. ¿Sí, mamá? Sra. Tuchmetztli: Creo que será lo mejor. Adelante. Las chicas subieron las escaleras rumbo al ático, y llamaron a la puerta. Purita estaba afinando su guitarra, y se negaba a contestar. Milagros: ¡Purita!, ¡soy yo, Milagros! ¡Abreme! ¡Malinalli vino a visitarte! La guitarra de Purita se silenció, y tímidamente abrió la puerta. Purita: Pásenle... Purita regresó a sentarse en su colchoneta, y a tratar de afinar su guitarra. Milagros: Dice mi papá que ya no quieres ir a las clases nocturnas. Purita sólo negó con la cabeza. Milagros: ¿Qué fue lo que pasó? Purita sólo apretó los labios, y siguió afinando su guitarra. Malinalli: Creo que será mejor que yo platique a solas con ella. Milagros: ¡Pero es que yo...! Malinalli: Vamos, no te preocupes. Todo estará bien. Tras ver un momento a los ojos de Malinalli, Milagros asintió y salió del cuarto. Milagros: Las estaré esperando aquí afuera. Milagros salió, y Malinalli se acercó a la colchoneta, sentándose en el piso ante Purita, y cruzando las piernas. Malinalli: No quieres hacer cosas que afecten a la familia de Mily, ¿verdad? Unas lágrimas rodaron por las mejillas de Purita, y ella asintió con la cabeza. Malinalli: Vamos. Pueden contármelo a mí. ¿Te dijo algo el hermano de Milagros? Purita: No. Malinalli: Pero entonces, ¿qué pasó? Purita: Se lo dijo al señor. Malinalli: Vamos, cuéntame. Purita empezó a contarle cuando, después recoger los platos sucios de la mesa, se dirigó a la cocina para lavarlos. Sin embargo, se detuvo ante la puerta al oír al señor Tuchmetztli y a su hijo Servando discutiendo, y no pudo evitar escuchar. Servando: ¡Pero es que ya es el colmo, papá! ¡¡El colmo!! Papá: ¿Y a tí en qué te afecta? Servando: ¡Vamos, viejo! Papá: ¡No me llamo "viejo"...! Servando: ¡Lo ves! ¡esta chica ha llegado a trastornar a toda la familia! ¡Y ahora quieres pagarle sus estudios! ¿Qué sigue, adoptarla? Papá: Muy probablemente. ¿Por qué no? Servando: Papá. ¡No se enseña a cantar a una jirafa! ¡Esa chica es una vagabunda, y vagabunda va a seguir! Papá: Pues yo he decidido pagarle sus estudios, ¡y tú no eres nadie para decirme qué hacer o dejar de hacer aquí! ¿Está claro? Servando: ¡Como quieras! ¡Pero el día que ella empiece a robarse las cosas de la casa, no digas que no te lo advertí! Purita no pudo soportarlo más. Dejó caer los platos que llevaba en brazos, y salió corriendo rumbo a su cuarto. Ahí terminó su relato. Malinalli: ¿Y ahora qué piensas hacer? Purita: No lo sé... Malinalli: ¿No vas a aprender a escribir? Purita negó con la cabeza. Malinalli: ¿Por qué? Purita: ¿Qué tal que es cierto? ¿Qué tal que tengo sesos de jirafa? Malinalli caminó hacia ella, y se sentó a su lado. Malinalli: (Mirando sus muñones) ¿Sabes una cosa? Cuando yo... bueno, cuando tuve mi accidente, pensé que jamás podría volver a escribir, ni a pintar. ¿Y sabes qué? Creí que me volvería loca. Purita: ¿Y a poco ya puedes escribir? Malinalli: (Viéndola con solidaridad) Sí. Me costó mucho trabajo aprender a escribir con los muñones, y cuando llegué a vivir con mi tío, me diseñó una pulsera especial con la que pude volver a escribir usando un solo brazo. Purita: Debió ser muy difícil. Malinalli: Realmente no. Ha habido algo mucho más difícil. Purita: ¿Qué cosa? Malinalli: (Viendo otra vez hacia enfrente) Que la gente "normal" sigue sin creerlo. Me siguen viendo como un bicho raro, y me creen una loca por estar estudiando dibujo técnico. Purita: ¿Por qué? Malinalli: ¿No es obvio? Alguien sin manos no puede dibujar. No se puede enseñar a dibujar a una jirafa... ¿Entiendes lo que trato de decirte? Purita volteó a ver a Malinalli, y unas lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas, mientras asentía con una sonrisa. Malinalli: Yo pude volver a dibujar. Incluso he vuelto a pintar. Daría lo que fuera por tener dos manos como tú, ¡pero tú las tienes! ¡Usalas! El primer paso es aprender a escribir. Purita: Lo haré, niña Malinalli. Te lo prometo. Malinalli: ¿Cómo ves si dejamos entrar a Milagros? Se le va a hacer tarde para su práctica... Purita asintió de nuevo. Malinalli: ¡Pasa, Mily! Milagros entró, junto con Tameme. Malinalli: Purita va a tomar las clases. Milagros: ¿De verdad? ¡Qué alegría! Tameme: ¿Ya te sientes mejor, no cihuanton? Purita: (Acariciando la cabeza de Tameme) Sí, chiquito, gracias. Sólo hay algo que aún no me queda claro. Milagros: ¿Qué cosa? Purita: ¿Por qué dicen que no se enseña a cantar a una jirafa? Tameme: Porque los perros cantamos muy bonito. ¿No quiéres escucharme? Todo el grupo se soltó a reír. Al día siguiente, en la primera clase de Milagros, esta se llevó una enorme sorpresa, al ver a la pelirroja alta del carro lujoso, sentada a un lado de donde ella acostumbraba hacerlo, con el suéter del uniforme anudado a su cintura, su falda estratégicamente doblada para lucir más corta, los lentes oscuros subidos sobre su cabeza, mascando chicle y haciéndose un "manicure". Milagros fue tímidamente a ocupar su lugar, sin saber qué esperar de esa chica. Para su buena fortuna, la maestra llegó antes de que la chica le dijera nada. Profesora: Buenos días, jóvenes. Me reportan que tenemos una nueva alumna. ¿Señorita... Bárbara Ilhuicamina? La chica pelirroja se levantó sin dejar de masticar su chicle. Profesora: Señorita, ¿podría dejar de masticar su chicle, por favor? Bárbara tomó el chicle, y lo pegó bajo su pupitre. La maestra se vió por un momento muy molesta, pero trató de calmarse. Profesora: Señorita, ¿por qué no nos habla un poco de usted? Bárbara: (Cruzándose de brazos) Me llamó Bárbara Ilhuicamina, vivo con mi abuelo diplomático, acabo de inscribirme aquí... ¿algo más? Varios de los demás alumnos se rieron; otros, como Milagros, la veían estupefactos. Profesora: (Con una vena hinchada y un gran gotón en la cabeza, tratándo de contenerse). ¡Silencio! Mejor vamos a empezar la clase. La chica se sentó, evidentemente satisfecha de haber hecho enojar a la maestra. Milagros seguía sin poder dejar de verla. Bárbara: ¿Qué onda? ¿Tengo monos en la cara, o qué? Milagros volteó hacia el pizarrón rápidamente, ahora sintiéndose tan enojada como la maestra. A la hora del recreo, Milagros se fue a sentar a su árbol favorito. Allí la alcanzaron Malinalli y Dolores. Dolores: ¡Oye, Mily! ¡Me enteré que llegó una nueva alumna a tu salón! Milagros: ¡Ni me lo recuerdes! Malinalli: ¿Qué pasa? Milagros: ¿Qué qué pasa? ¡No se conformó con hacer enojar a todos los maestros, sino que ya nos puso apodos a todos en el salón! Dolores: ¿Hasta a tí? Milagros solamente se sonrojó, y asintió mientras se le hinchaba una vena. Dolores: ¿Y cómo te puso? Malinalli: ¡Lola! ¿Cómo le preguntas eso? Milagros: "Abue"... Dolores: (Tratando de contener la risa) ¿"Abue"? ¿De abuela? Malinalli: ¡Lola, por favor! Dolores: (Apenada) Lo siento. ¿Sabes? Me enteré de algunas cosas sobre esa chica. Milagros: ¿Como qué? Dolores: (Sentándose a su lado) Bueno, pues resulta que la chica es nieta de Plutarco Ilhuicamina, expresidente de un pequeño municipio en Sonora, y al parecer hace un año regresó luego de que estudiar dos años en Japón. Milagros: (Asombrada) ¿Japón? Dolores: Sí. Dicen que su abuelo lleva varios años en el servicio diplomático, y que la chica incluso ya vivió un tiempo por su cuenta en los Estados Unidos. Milagros: ¡Vaya! Con razón se cree mucho... Malinalli: Oigan, ¿ya vieron cómo se llenó la cancha de basquetbol? En efecto, la pequeña cancha de basquetbol de la escuela estaba rodeada de gente. Las chicas se acercaron a ver qué sucedía, y se encontraron con que varios chicos estaban jugando, pero había una chica entre ellos. Era Bárbara, que por cierto estaba demostrando una gran habilidad, aunque lanzaba constantes "puyas" hacia los del otro equipo, y cuando anotaba festejaba con grandes aspavientos y exclamaciones. Bárbara: ¡Andale, "dulzura"...! ¡Acá, acá...! ¡Pásala, "Jamono", pásala...! (Brincando y clavando la pelota espectacularmente) ¡Yes, yes, yes! (Marcando rápidamente) ¡Andele, "Miguelito", pásame, pásame...! (Le quita el balón y se pone a narrarse a sí misma) ¡Y "Barbie" sigue, sigue... (vuelve a clavar la bola) ...Y encesta! (Bailando ridículamente) ¡Oh, yeah! ¡Oh, yeah! Uno de los chicos quiso callarle la boca de un buen puñetazo, pero como salido de la nada apareció uno de los hombres con traje y lentes oscuros, que se interpuso en su camino. A espaldas del hombre, Bárbara le sacó la lengua. Bárbara: ¡Mejor suerte a la próxima, "Taz"! (Suena el timbre, y ella lanza un suspiro de aburrimiento) ¡Uuushh! De vuelta a las mazmorras. (Ve de reojo a Milagros) ¡Vámonos a clases, "abue"! Milagros nunca esperó que Bárbara se hubiera dado cuenta de su presencia, y se puso roja del coraje. Milagros: ¡Ya te dije que no me digas así! Bárbara: (Caminando hacia ella de manera desafiante) ¿Tú me lo vas a impedir? Malinalli: (Abrazando la pelota) ¡Cálmate! ¿quiéres? Bárbara volteó a verla con una sonrisa burlona. Bárbara: Creo que la "Abuela" está grandecita para defenderse sola. ¿no te parece... "floja"? Malinalli: (Poniéndose roja del coraje) ¿Floja? ¿Qué quieres decir con eso? (Uno de los hombres de traje rápidamente se paró en medio). Bárbara: ¡Que tú no le das una mano a nadie! ¿no es cierto? (Lanza una risa muy parecida a la de Esmeralda, e insiste cantando) ¡Vamos a claasees, "abue"! Las chicas se quedaron petrificadas en su lugar. Malinalli empezó a derramar lágrimas del coraje, y Milagros la abrazó. Milagros: Vamos, Maly. Tenemos que ir a clases. Nos vamos juntas a la salida, ¿de acuerdo? Malinalli se pasó un antebrazo sobre los ojos, y Dolores la acompañó a su salón, mientras que Milagros iba a sus clases junto a la odiosa chica nueva. Ese día, Malinalli se pasó todo el tiempo viendo la práctica de las "Celestes" al lado de Purita, que había ido a llevar sus cosas de entrenamiento a Milagros. No hubo muchos comentarios al final, salvo que tendrían un nuevo partido en 10 días. Al llegar el coach Cuevas con sus jugadores a retirar a las chicas, Bertha invitó a Dolores y Milagros a entrenar en una cancha de basquetbol cercana. Cuando las cinco mujeres llegaban a un diminuto deportivo (Si se le puede llamar así, ya que sólo eran dos canchas de basquetbol, con postes a los lados del medio campo para adaptar una red de volibol, y a unos metros unos cuantos juegos infantiles), se encontraron con que una chica estaba practicando sola. Dolores: No puedo creerlo. ¡Es la chica nueva! En efecto, era Bárbara quien estaba jugando ahí. Sin duda tenía un talento especial para el basquetbol, pero había algo muy diferente en su actitud. Lucía entre molesta y triste. Botaba y encestaba el balón con más furia que antes. Milagros notó algo, y no pudo evitar sentir pena por ella. Milagros: Debe sentirse muy sola, siendo como es. ¿No creen? Como si la hubiera oído, Bárbara se detuvo después de una clavada. Se quedó parada ahí unos momentos, apretando los puños, y después volteó a ver al grupo, con su sonrisa socarrona de siempre. Bárbara: ¡Vaya, vaya! ¡La abuela, la floja y la "Tarkenton"! ¿De quién es mamá la señora? Purita: (Adelantándose muy molesta) No les digas así... Bárbara volteó a ver a la diminuta chica que se adelantó, y soltó otra de sus ruidosas carcajadas. Bárbara: ¿Tú, "Pirinolita"? ¿Me van a echar a su "chihuahua"? Milagros: Purita, espera... Purita: (Sin hacerle caso a Milagros) ¿Y tú qué? ¿Necesitas que vengan tus "pilmamos" a defenderte? En efecto, los dos hombres de traje ya se acercaban al grupo. Bárbara volteó a verlos, luego a Purita, y fue hacia ellos. Bárbara: ¡Alto! ¡Regresen al auto, y no salgan pase lo que pase! Guardián #1: Señorita, tenemos órdenes expresas de... Bárbara: ¡Tus órdenes expresas son estas! ¡Regresen los dos al auto, y no salgan pase lo que pase! ¡Yo tengo un asunto que atender! Los hombres se encogieron de hombros, y regresaron a la limosina, metiéndose a ella. Bárbara sonrió, y se dirigió a Purita. Bárbara: Ya no hay "pilmamos", como les dices. ¿Y ahora qué vas a hacer? Purita: Nada más darte pa' tus tunas... Bárbara: ¿Ah, sí? (Se pone en guardia de boxeo) ¡Anda! (Baja la guardia y señala su barbilla) Dame tu mejor golpe, vamos. Malinalli: Purita, mejor no lo hagas. Se ve que ella está entrenada. Purita: ¡Esta es puro "farol"! ¡Usted no diga frío, aunque ya vea pingüinos! (Se acerca a la chica) ¡Entrele, "Popis"! ¡Entrele! Bárbara: (Con gotón) ¿Qué dijiste? Purita: (Poniendo sus manos en las caderas) ¿Qué tranza, "Niña Fresa", ya le sacaste a la "pirinolita"? Bárbara: (Con una vena hinchada) ¡Te voy a tapar esa boca! Bárbara lanzó un puñetazo sobre Purita, pero ella rápidamente se quitó y le arañó el brazo. Así sucedió varias veces. Bárbara logró conectar algunos golpes, pero quedó cubierta de arañazos, pellizcos y hasta mordidas. Ambas estaban muy cansadas luego de unos minutos. Bárbara: (Jadeando fuertemente) ¡Ajj... ajj... debo... debo admitir que eres buena... ¡Es como pelear con un mosquito! Purita: (Jadeando menos fuertemente) ¡Si... si no fueras como eres... quizás no intoxicarías a los pobrecitos mosquitos! Bárbara nuevamente se enojó con la pequeña, y corrió sobre ella. Le lanzó un puñetazo, pero Purita ágilmente la esquivó y, aprovechando su impulso, brincó sobre su espalda, rodeó con sus brazos los hombros de Bárbara y entrelazó sus manos sobre su nuca. ¡La tenía totalmente inmovilizada! Bárbara: (Tratando de alcanzar la cabeza de Purita) ¡Bájate! ¡Bájate ya! Purita: ¡Tú ríndete! ¡Ríndete ya! Bárbara trató de darse vuelta, pero perdió el equilibrio y empezó a caer hacia atrás. Purita apoyó los pies, brincó con todas sus fuerzas, empujando a Bárbara hacia delante, y apoyó los pies para evitar que cayeran y lastimarle la espalda. Ahora tenía a Bárbara atrapada en una llave de lucha libre, y esperando que se rindiera antes de lastimarla seriamente. Purita: ¡Ríndete, por amor de Dios! ¡Ríndete yaaa! Bárbara: ¡Me rindo! ¡Me rindo! Purita separó sus manos, y ambas cayeron pesadamente al piso, con Purita sentada sobre la espalda de Bárbara, de la que se quitó rápidamente, acostándose a un lado de Bárbara. Milagros: ¡Purita! Bertha: (Deteniendo a Milagros por el brazo) ¡Espera, Milagros! (voltea a verla con una discreta sonrisa) Todo está bien. Milagros: Pero... Poco a poco, Bárbara y Purita trataban de recuperarse, acostadas en el suelo, y lentamente voltearon a verse una a la otra. Bárbara: ¡Pudiste romperme la espalda! ¿lo sabías? Purita: ¡Y tú haces sentir mal a la gente! ¿lo sabías? Bárbara volteó a ver a la chica de los dientes grandes, y sorpresivamente, empezó a llorar y a reir al mismo tiempo, con las manos sobre el rostro. Purita: Oye, ¿no me digas que te lastimé? Bárbara: (Se quita las manos del rostro) No... No es eso... ¡es que creo que ya me merecía esto! ¡Hacía mucho que no tenía un "tiro parejo", desde que estaba en Japón! Purita: ¡Achis! ¿dónde está eso? Bárbara, todavía acostada en el suelo, volteó a verla y se carcajeó. Sin embargo, había algo en su carcajada que no sonaba tan burlón. Bárbara: (Tendiéndole la mano a Purita) ¿Cómo te llamas? Purita: Purificación de la Cruz, y como te rías de esto, ¡te la vuelvo a "rajar"! Bárbara: (Manteniendo su mano extendida) ¡Gracias, "pirinolita"! ¡Creo que lo necesitaba! Purita aceptó por fin el saludo que Bárbara le ofrecía, y ambas se pusieron a reír, para luego soltar al mismo tiempo un suspiro de cansancio. Bárbara: ¡Estoy muerta! Purita: Todavía tienes que pagarme la apuesta. Bárbara: ¿Apuesta? No hicimos ninguna apuesta. Purita: Tienes que disculparte con mis amigas. Bárbara: (sonriendo, y palmeándole la cabeza a Purita) Tienes razón. ¿Me ayudas a levantarme? Purita se levantó, y ayudó a Bárbara a levantarse. Las dos llegaron ante las otras cuatro chicas, y de repente Bárbara se sonrojó. Purita: Pooopiiiis.... Bárbara: ¡Ya voy, ya voy! (Voltea hacia Milagros y Malinalli) Perdónenme... Bertha: Bueno, creo que será mejor iniciar las prácticas especiales mañana. ¿Me acompañas, Lola? Dolores: ¿Eh?, claro... Nos vemos mañana, Mily. Cuando Bertha y Dolores se habían ido, Milagros se acercó a Bárbara y le puso una mano sobre el hombro. Milagros: ¿Por qué eres así? Bárbara: (Sorprendida) ¿Eh? Milagros: ¿Por qué te gusta lastimar a la gente? Bárbara: (Sonriendo) Supongo que cuando vives de la política, es algo tan necesario que se convierte en un estilo de vida. ¿Sí me disculpan? Milagros: Por mi parte no hay problema, pero debes reconocer que fuiste demasiado pesada con Malinalli. Bárbara: Bueno... supongo que me falta constumbre para tratar con... con... ¡Bueno! ¡Tú me entiendes! ¿no? Malinalli sólo se le quedó viendo muy seria. Bárbara: ¡Andale, "abue"! ¡Dile que me perdone! Milagros: ¿Otra vez con eso? ¡¿Por qué me llamas "Abue"! Bárbara: Porque, como mi abuelo "grillo", te la vives con el "milagrito" colgado. ¿O no? Milagros no se imaginó nunca que esa fuera la razón, y no pudo evitar reírse. Unos instantes después Bárbara se estaba riendo con ella. Al cabo de un rato sentadas en la cancha de basquetbol, Bárbara había platicado con las chicas sobre sus experiencias en Estados Unidos y Japón. Malinalli: Debe ser fascinante haber recorrido tanto mundo siendo tan jóven. Bárbara: (Mirando fijamente hacia enfrente) No lo creo... Milagros notó lo deprimida que Bárbara lucía. Milagros: No has tenido muchas amistades, ¿verdad? Bárbara: Dos o tres; tú sabes, chicos tontos... Milagros: ¿Y les diste la oportunidad de demostrarte que tal vez no eran tan tontos? Bárbara: (Juntando su barbilla y sus rodillas, mientras meditaba su respuesta) No. Supongo que no... Milagros: ¿Y por qué no empezar ahora? Bárbara: (Sonriendo con tristeza, mientras se levantaba) ¿Para qué? De todas maneras, esta nada más fue una broma que se va a terminar. Malinalli: ¿Cómo? Bárbara: Nada más quise hacer enojar al "viejo", pero seguramente mañana iré a estudiar a otro lado. Como que no encajo por aquí, ¿no creen? Purita: ¿Por qué no? Bárbara se le quedó viendo un momento, y casi se sonrió de la ingenuidad de Purita. Bárbara: No importa. (Suspirando) Chicas, fue un placer conocerlas. Adiós. Milagros: Nos vemos. Bárbara empezó a caminar hacia el auto negro, mientras las chicas se le quedaban viendo. Malinalli: ¿Saben? Creo que me da pena la situación de esta chica. Milagros: Parece ser muy burlona, pero creo que es una chica con buenos sentimientos. Quizás... hasta extrañe que me diga "abue". Malinalli: Bueno, que tal si nos vamos... Purita: ¡¡Cuidado allá!! Esta vez, las chicas vieron dos luces rojas volando sobre sus cabezas, que fueron a caer directamente sobre el auto al que Bárbara se disponía a entrar. Milagros: ¡Oh, no! Tameme: (Desde una caseta cercana) ¡No cihuantoton! ¡Por aquí! (Las tres chicas fueron corriendo a la caseta) Son otra vez los sirvientes de Tezcatlipoca. ¡Transfórmense de inmediato! Milagros: ¡Adelante, chicas! ¡TO NANTZIN METZTLI, OLLIN! Malinalli: ¡TO NANTZIN CHALCHIUHXOCHITL, OLLIN! Purita: ¡TO NANTZIN YOLLOXOCHITL, OLLIN! Entretanto, Bárbara retrocedía espantada de sus propios guardaespaldas, quienes se acercaban amenazantes hacia ella. Bárbara: ¿Qué creen que están haciendo? (Se pone en guardia de pelea) ¡Mas vale que le bajen a su carro! Como ellos siguen avanzando sin mencionar palabra, Bárbara le tira una patada a uno de ellos, pero este toma el pie con una de sus manos, y la arroja algunos metros por el aire. Bárbara: (Levantándose lentamente) Muy bien, ya fue suficiente. ¡Están despedidos! ¡¡Uuurgh!! Ambos guardaespaldas la habían tomado por el cuello, y empezaban a levantarla del piso. Cuando la tenían más ariba, ambos echaron mano a sus pistolas. Bárbara: ¡¿Qué... ough... qué me van a hacer?! Voz: ¡METZTLI YECAPIL, EHUA! Una especie de boomerang arrebató las armas de las manos de los guardaespaldas, quienes dejaron caer a Bárbara al suelo, y regresó a la mano de Coyolxauhqui. Coyolxauhqui: ¿Cómo te atreves a atacar a aquellos de quienes depende la seguridad de nuestra gente? ¡Soy Sailor Coyolxauhqui, y para alcanzar mi redención y defender al Macuiltonatiuh, voy a detenerte! Bárbara: ¡¿¿Cómo??! ¿¿Hay Sailor Scouts aquí?? Mayahuel: ¡Y no se olviden de nosotras! ¡Yaocihuatl Mayahuel...! Tlazolteotl: ¡...Y Yaocihuatl Tlazolteotl! Ambas: ¡¡También defenderemos al Macuiltonatiuh!! Ambos guardaespaldas voltearon hacia ellas, y les lanzaron unas sonrisas enormes. Guardaespaldas (a coro): ¡Estos macehuales ya nos estorban! Luego de que ambos soltaran gritos de dolor, se desplomaron al tiempo que sus cristales del corazón salieran de su cuerpo, y de ellos flotaran dos nubes que adoptaron la forma de dos micos, prácticamente idénticos. Demonios: ¡Somos los gemelos mictlozomatli, y nuestro señor Mictlantecuhtli nos ordena destruírlas! (Acto seguido, soltaron una ruidosa carcajada) Tlazolteotl: (Cuchicheando a las otras) Se rien muy parecido a esa chava, ¿no creen? Mayahuel: (Tratando de contener la risa) Vamos, chicas. ¡No creo que estos demonios sean cosa de juego! Bárbara: (Que no oyó el comentario de Tlazolteotl, pero parece intuírlo) ¿Qué están esperando? En eso, los micos saltaron sobre la guerreras, que apenas lograron eludir la primera embestida. Mayahuel logró tropezar a uno de ellos, y empezó a luchar con él con su estilo tan peculiar. Demonio 1: ¡Empieza a pelear en- (Mayahuel le clava la punta de una de sus pencas en la mandíbula, al tiempo que ella se está cayendo) Oooucchh! Mayahuel: ¡Coyolxauhqui, llévate a- (el otro mono laza con su cola uno de sus pies, y la hace caer) aaayyyy! Demonio 2: ¡No podrás con nosotros- (una mano sin guante le da un puñetazo en plena nariz) ayayayayayayyyyy! Bárbara (que fue quien le dio el golpe) ¡Dos y dos es mucho mejor! ¿no creen? Mayahuel: ¡Bárbara, tu frente! Bárbara: ¿Qué pasa? Un extraño símbolo negro brillaba en la frente de Bárbara. Tameme: ¡Cielos, es el Tecpapalotl! Bárbara: ¡Aaaaaaayyy! ¡De dónde salió un perro parlante! Entre tanto, los micos habían logrado sujetar a Coyolxauhqui contra el suelo, mientras que sus colas evitaban que Mayahuel y Tlazolteotl se acercaran. Tlazolteotl: ¡T-teo Chipauac...! (La cola del mico aprieta más fuerte) ¡Aaagh! Mayahuel: ¡Huizmetmeh...! (La cola del otro mico se aprieta) ¡N-no puedo respirar! Tameme ya estaba corriendo en torno a su cola, generando un nuevo Nahuiollin. Tameme: ¡Toma esto, deprisa! Bárbara: ¿Qué es esto? Tameme: ¡Tú eres Yaocihuatl Itzpapalotl, la poderosa guardiana de las tribus chichimeca! Bárbara: ¿Yo soy una Sailor Scout? ¡¡Súper!! (Levanta su nahuiollin y grita) ¡POR EL PODER DEL PRISMA LUNAR! (Nada sucede) ¿Y ahora? Tameme: (Con una vena hinchada y una ceja temblándole) Tu debes decir: ¡To Nantzin Uehcamitl, Ollin! Bárbara: ¿Qué cosa? Coyolxauhqui: ¡¡Ayúdenme!! (ambos monos se disponen a ahorcarla) Bárbara: ¡Resiste! ¡TO NANTZIN UEHCAMITL, OLLIN! Tras decir su frase, el cuerpo de Bárbara empieza a emitir un brillo muy oscuro, y al tiempo que suleta el Nahuiollin, que empieza a caer rumbo a su lugar, abre las piernas a la altura de sus hombros, las flexiona y pone los puños, cerrados y vueltos hacia arriba, a los costados de su cadera, como en una guardia de karate. Al llegar el Nahuiollin a su pecho, empiezan a salir tiras negras que forman su fuku, el cual queda terminado tras una nueva explosión de color, y entonces ella se endereza, y se pone la mano derecha sobre la frente, muy al estilo de Sailor Moon en su primera transformación. Entretanto, los Demonios están apretando cada vez más fuertemente el cuello de Coyolxauhqui. Demonios (a coro): ¡Estás perdida! En eso, alguien brinca sobre ellos y hace que sus cabezas choquen fuertemente, con lo que quedan lo suficientemente mareados para aflojar sus colas. Tras sacudir su cabeza se levantan, sin darse cuenta de que han dejado libre a Coyolxauhqui, y encaran a quien acaba de llegar. Demonio 1: ¿Quién se atreve? Itzpapalotl: ¡A quienes se atrevan a retarme, no saben lo que les espera! ¡Soy la mariposa de obsidiana, Sailor Itzpapalotl, y te castigaré en nombre del Macuiltonatiuh! Tameme: (Con un gotón y con la cabeza bajando sobre sus hombros) Otra que se cree... eso que dice Coyolxauhqui. Demonio 1: (Al otro) Creo que tendremos que empezar con esta. Demonio 2: ¡¡Al ataque!! Pero Itzpapalotl resultó ser una peleadora mucho más hábil que Bárbara, y dio un buen puñetazo en la cara a uno, al tiempo que eludía al otro, y en el mismo movimiento se quitaba la cinta roja de su cabeza, lazaba del cuello al que se pasó, lo hizo regresar volando, y al llegar a su altura lo estampo en el suelo de un fuerte codazo. Enseguida, con una maroma se alejó a donde estaban las demás, que se le quedaron viendo asombradas. Itzpapalotl: ¡Konnichiwa, Bishoujo Senshi! Coyolxauhqui: ¿Qué cosa? Itzpapalotl: ¿No me entendiste? ¿Y dices que eres una Sailor Scout? Demonio 2: Creo que tenemos mucha desventaja. Demonio 1: ¡Vámonos de aquí! Los micos trataron de aprovechar la distracción de las chicas, pero se toparon de frente con una ráfaga de viento que los hizo regresar a su sitio. Demonios: ¡¿Y ahora quién?! Coyolxauhqui: ¡Es el Caballero-Aguila! Caballero: Itzpapalotl, sé que eres la más apartada de las Cihuateo, pero créeme que esta lucha nos compete a todos. Itzpapalotl: ¿Cómo dices? Mayahuel: ¡Tienes razón! ¡HUIZMETMEH, AXCAN! (lanza su ataque de espinas, pero los micos logran esquivarlo). Demonio 1: No será tan fácil. ¡Por lo menos nos llevaremos los cristales de esos dos macehuales! Al oír eso, Itzpapalotl volteó a ver a los dos guardaespaldas de Bárbara, y una súbita furia se apoderó de ella. Itzpapalotl: ¡Eso no se los permitiré! (Hinca una rodilla en tierra, y hace un movimiento similar al de la "Saeta Llameante de Marte") ¡TEO ITZMITL, EHUA! Entonces, dos flechas de energía volaron hacia los micos, atrapándolos por un hombro sobre un árbol cercano. En ese momento, Coyolxauhqui terminaba de reunir la energía en su medallón. Itzpapalotl: ¡Hazlo ahora, Coyolxauhqui! Coyolxauhqui: ¡COCHIQUETZALMETZTLI, AXCAN! Con un grito aterrado, los dos monos vieron el halo de energía volando hacia ellos, antes de desaparecer para dejar en su lugar los cristales de ambos hombres. Caballero: Coyolxauhqui, estás muy cerca de completar al grupo. Espero que lo logres, pues el Tlilcoatl ya está muy cerca. Adios. (Se va de un salto) Coyolxauhqui: ¡Espera! (tras un breve intento por ir tras él, se resigna y suspira) Cielos, cuándo terminará todo esto. Tameme: No lo sé, no Cihuanton, pero con una ayuda tan poderosa como Yaocihuatl Itzpapalotl, tendremos una buena ventaja a nuestro favor. Itzpapalotl: ¡Qué yao-loquesea ni qué la manga! ¡Yo soy una Sailor Scout que lucha por el amor y la justicia! Coyolxauhqui: ¿Verdad que se oye mejor? Tameme, Mayahuel y Tlazolteotl ponen cara de contrariedad. Al día siguiente, las tres chicas y Tameme caminan rumbo a la escuela. Milagros: Entonces, a pesar de lo que descubrió, planea irse. Malinalli: Parece que sí. Insiste en que este no es "su mundo". Purita: ¿Su mundo? Creí que nomás había uno. Las otras dos chicas se rieron un poco, cuando de pronto vieron a una turba de muchachos persiguiendo a Bárbara, quien huía despavorida, mientras sus perseguidores la amenazaban con palos, balones de basquetbol y cuanta cosa tenían a la mano. Bárbara: ¡¡TODO ERAN BROMAAAAS!! (De reojo alcanza a ver a las tres chicas, pero no puede detenerse) ¡¡CHICAS, AYUDENMEEEEE!! A las tres chicas les salió un gran gotón, y en eso vieron a Dolores, que se separaba del final del grupo y corría hacia ellas, deteniéndose y recuperando un poco de aire. Milagros: ¿Qué pasa, Lola? ¿Qué hace Bárbara por aquí? Dolores: ¿Aún no lo saben? Resulta que Bárbara se inscribió sin que su abuelo lo supiera, ¡diciendo que traía una carta de recomendación del Presidente Municipal! Malinalli: ¡No me digas! Dolores: ¡Y eso no es todo! Cuando su abuelo se enteró, le retiró la guardia personal, y dio órdenes expresas a las autoridades de la escuela de que debe terminar la secundaria aquí. Las tres chicas voltearon a verse sonriendo, y vieron la estela de polvo de los perseguidores de Bárbara, que se alejaba. Purita: Bueno. Parece que la "Niña Fresa" va a estar por estos rumbos un buen rato. Tameme, que no podía hablar ante la presencia de Dolores. Ladraba y brincaba hacia el grupo que se alejaba, como urgiendo a las chicas a ir en ayuda de Bárbara. Dolores: Chicas, creo que su perro quiere sumarse a la "bola". A lo mejor quiere ayudar a Bárbara. Milagros: ¿No creen que deberíamos ayudarla? Las tres chicas se ven unas a otras, y al cabo de unos instantes. Las tres (a coro) ¡¡NNNOOOO!! Milagros: Tameme, vente. Le sentará bien. Tameme se queda ladrando en el mismo sitio, brincando y sin saber si ir con las chicas o tras los perseguidores de Bárbara. Esta sigue corriendo, mientras grita: Bárbara: ¡¡EL VIEJO ME LAS VA A PAGAAAAR!! ============================== FIN DEL CAPITULO 11.