Advertencia: Sailor Moon es propiedad de Naoko Takeuchi, Kodansha, TOEI Animation, TV Asahi,DiC y otras. Sus derechos en Mexico son propiedad de Ban- Dai, TV Azteca, Editorial Toukan, Intertrack de México, Editorial Navarrete Perú, Editorial Vid, Industrias Kay y otros. Yaocihuatl Coyolxauhqui y cualquier otro personaje desarrollado originalmente en este Fanfic es propiedad intelectual mía. Por favor, no haga uso de ellos sin autorización. Aunque ubicada en zonas geográficas reales, los sitios específicos, situaciones y personajes descritos son obra de la imaginación del autor, cualquier semejanza con hechos o personas reales es obra de la casualidad. Oscuridad... Sólo una oscuridad completa... De pronto dos voces empiezan a dialogar. Ona de ellas es de un hombre, la otra de una niña pequeña. Hombre: Debes hacerlo. Niña: ¿Por qué? Hombre: Porque ella los ha deshonrado a tí y a tus hermanos. Niña: Pero si ella es una Diosa. Hombre: Pero también una sacerdotisa... Niña: Es mi madre. Hombre: Pero te ha deshonrado. En ese momento, aparentemente flotando en el aire, podemos ver la hoja de un cuchillo de obsidiana, girando lentamente. La voz de la niña se transforma en la de una joven... La de Milagros, para ser exactos. Milagros: No quiero hacerlo... Hombre: No puedes evitarlo. La mano de Milagros es ahora visible, y trata de tomar el cuchillo. Milagros: ¡No!, ¡No quiero...! Hombre: Es tu destino. Milagros: No, por favor... (La mano toma el cuchillo, y en ese momento empieza a arder. Sale humo del cuchillo) !Yyyyyyyyaaaaaaaarrrrghhhhh! El hombre empieza a reir histéricamente. Milagros: ¡¡¡¡NOOOOOOOOO!!!! Voz: ¡Milly!, ¡Milly!, ¡Despierta!, ¡Despierta! =========================================== El Códice de Yaocihuatl Coyolxauhqui Amoxtli Ce: El Largo Camino a la Redención. Amatl Yei (Capítulo 3): Pesadillas y esperanzas. ============================================ Finalmente Milagros logra despertar. Está evidentemente asustada y cubierta de sudor frío. Su mamá Teresa la sujeta por los hombros. Mamá: ¡Tranquila, cariño!, tenías una pesadilla. Milagros: (Abrazándola) ¡Gracias a Dios que me despertaste! Fue horrible. Mamá: ¿Pues qué estabas soñando? Milagros: Soñé... (Se detiene, pues no puede confesar a su madre que soñó que alguien le ordenaba matarla) Yo... yo... no puedo... no puedo recordarlo. Mamá: ¡Qué extraño!, no eres de las que tienen pesadillas muy seguido. Milagros: (Tratando de calmarse) Bueno, después de todo no fue más que una pesadilla, ¿no es cierto? Enfrente de un espejo oscuro, dos hombres hacen planes. Franjado: Tenemos que seguir atacando por las Tierras de Ehecatl. Quetzalcoatl ya se ha presentado, y será lo mejor para nosotros el ocuparnos de él antes del descenso de Tlilcoatl (*la Serpiente Negra*). Ese día el Macuiltonatiuh podrá ser destruído. Craneo: ¿Y qué hay de las Yaocihuameh (*Diosas*)? Franjado: ¿Desde cuándo las mujeres han podido amenazar nuestro poder? Cráneo: (Algo molesto) ¿Acaso estás subestimando los poderes de mi mujer? Franjado: Claro que no. Simplemente reconozco que los tuyos son mayores, y además tú ya reconocista la necesidad de establecer un nuevo sol. Craneo: ¿Aún no la encuentras? Franajado: No te preocupes. Ella estará segura con nosotros cuando Tlilcoatl llegue. Craneo: Eso espero, por tu propio bien. De lo contrario, Quetzalcoatl no será tu mayor problema. Franjado: Como ya dije, mi amigo, no tienes de qué preocuparte. El hombre con la cara pintada de cráneo se retira. Franjado: Idiota... Milagros: (Caminando hacia la escuela con Tameme) ...Y entonces mamá logró despertarme. ¿Qué crees que signifique esa pesadilla? Pero Tameme siguió caminando, aparentemente sin oírla... o tal vez pensando profundamente. Milagros: ¡Tameme! ¿Me estás oyendo? Tameme: ¿Qué?, ¡Ah!, sí, sí. ¿Seguro que soñaste eso? Milagros: ¿Bromeas? Casi puedo sentir mi mano ardiendo. Te digo que eso fue... Voz: ¡Oye, Milly! Ambos voltearon hacia atrás para ver a Dolores acercándose a ellos. Milagors: ¡Hola, Lola!, ¿Cómo estás? Dolores: Bien, gracias, ¿y tu perro? Milagros: Bien también. Incluso "Capea" empieza a aceptarlo. Dolores: ¿El "plomazo" de tu hermano?, ¡Válgame, en serio que Tameme debe tener su "angel". Y hablando de hipopótamos blancos, ¿ya has pensado quiénes serán los chambelanes para tu fiesta de 15 años? Milagros: La verdad no. Aún tengo bastante tiempo. Dolores: Te estás confiando. Antes de lo que te imaginas, vas a tener la fecha encima. Milagros: Tienes razón, pero... bueno... ¿tú crees que Manuel acepte si se lo pido? Dolores: Yo no veo por qué no, pero algunas chicas del equipo podrían verlo como un gesto tuyo para buscar favoritismo. En suma, sólo él te podría responder a eso. Milagros: Le preguntaré en la práctica de hoy. ¡Ya llegamos! Muy bien, Tameme, regresa a casa, ya hablaremos allá. Dolores: ¿Hablar? Milagros: (Pequeña gota) ¡Oh, vamos, chica, es simplemente una expresión!, ¿Acaso crees que yo podría hablar con mi perro?, je, je. (Ambas entran a la escuela). Tameme: (Pensando con preocupación) ¡Dioses, está recordando! Por favor, no permitan que lo haga... Cuatro horas después, la clase de historia universal estaba a punto de concluír. Una alumna rubia está exponiendo ante la clase, con evidente agrado del profesor. Milagros sólo mira hacia enfrente, arrojando humo por la nariz, mientras una de sus compañeras, casualmente llamada Dolores, la ve contrariada. Rubia: ...Y fue así como los bolcheviques tomaron el Palacio de Invierno de los Zares, y se concluyó la Revolución Rusa. Profesor: Muy bien, señorita Alberti. (Al grupo) Bueno, jóvenes, es todo por hoy. Su tarea es un ensayo de por lo menos cinco cuartillas acerca de la Revolución Rusa, dentro de dos días. Todo el grupo se queja, y en eso suena la chicharra que indica el fin de la hora de clase. Profesor: De acuerdo, jóvenes, pueden salir. El maestro y los alumnos empiezan a salir, pero Milagros sigue en su lugar, echando humo. Dolores: Oye, Milly, ¿qué te pasa? Milagros: (Se levanta lentamente y empieza a parodiar a la rubia). "Estoy lista, querido profesooor...", "El Zar era una persona maaaaala, mala, mala....", "En verdad un caaaambio era necesaaario...", ¡Eso es ciencia! Dolores: ¡Vamos, Milly! Milagros: (Saliendo del salón) ¡Es que no soporto a la Paca, te lo juro! Si no fuera argentina, el profe Suárez no la traería por los cielos. Y justo cuando hacía el gesto de hasta dónde traía el profesor a Francisca Alberti, Milagros chocó con el pecho de un hombre. ¡Era el profesor Suárez! Milagros: (pálida) Gulp! Sr. Suárez: Señorita Tuchmetztli... Milagros: ¿S-sí, se-señor? Sr. Suárez: Dado que sabe usted tanto acerca de la Revolución Rusa, de seguro no tendrá inconveniente en que su ensayo sea de al menos ocho cuartillas. Milagros: ¿¿¿Ochooo??? Sr. Suárez: Hasta el miércoles, señorita Tuchmetztli. Milagros: Pero... pero.... Sr. Suárez: Hasta el miércoles (empieza a caminar hacia la oficina del Director). Milagros: ¡Pero qué... pero qué... (El profesor se voltea a verla) ...pero qué problema voy a tener si no llego a tiempo a mi siguiente clase! (Ella y su compañera de grupo empiezan a caminar) ¡Gracias a Dios que ahorita tengo Danza! Una hora después, Milly y Lola salen de la escuela. Tameme está sentado en la entrada, esperándolas. Dolores: Ya no te ves tan enojada. Milagros: Los sones huastecos siempre consiguen calmarme. Además, es tan divertido ver a "la Paca" bailando... Dolores: No deberías ser tan envidiosa. Milagros: ¿Envidiosa?, ¿Envidiosa yo?, ¿Qué tendría que envidiarle a ella? Dolores: Veamos... es muy brillante en Ciencias Sociales, tiene un muy bonito cabello rubio... tiene varios pretendientes, muy guapos todos... Sus padres son muy ricos... Milagros: Ya párale, ¿quieres? Dolores: Yo nomás te contestaba. En ese momento Milly notó que Tameme la volteaba a ver con una expresión muy triste. Milagros: ¿Y tú qué? Dolores: ¿A esto te referías esta mañana cuando mencionaste lo de "hablar con tu perro"? Milagros: ¿Eh? (le sale una gota en la cabeza) ¡Ah, sí, sí, sí!, ¿A poco crees que yo esperaba que me respondiera? ¡Cómo crees! ¡Ja, ja, ja...! Llegan a la parada del autobús. Dolores: No estoy de humor para caminar hoy, ¿por qué no mejor tomamos el autobús? Milagros: (Notando la mirada que Tameme aún le dirige) Oh, no, no, todavía estoy un poco molesta por lo de la tarea extra, y caminar un poco me ayudará. Dolores: ¡Andale, vente! Yo pago el pasaje. Tameme rascó ligeramente la pierna de Milagros. Milagros: ¿Lo ves?, Tameme también quiere caminar. Es el precio de las mascotas. Dolores: OK, donde manda capitán... (En eso llega el autobús) Nos vemos en el campo. (Aborda el autobús y este se va) La joven y el perro empiezan a caminar, viendo al vehículo alejarse, tras asegurarse de que no hay nadie cerca, empiezan a dialogar. Milagros: ¿Por qué me estabas viendo así? Tameme: (Con tristeza) Por favor, "no cihuanton", nunca permitas que la envidia te domine. Milagros: (Echando humo por la nariz) ¿Tú también? Tameme: Por favor, créeme. Eso puede ser muy peligroso para tí... Milagros: (Algo preocupada) ¿Acaso esto tiene algo que ver con mi pesadilla? Tameme: Bueno.... En cierta forma... Repentinamente, lo que parece una luz roja pasa volando sobre ellos. Tameme: ¡Oh, no!, ¡Vamos, mi niña, apresurémonos! (empieza a perseguir a la luz). Milagros: (parada) ¿Qué fue eso? Tameme: (Volteando hacia ella, sin detenerse) ¡Vamos!, ¡¡¡Apresúrate!!! Milagros: ¡Ya voy! (Empieza a seguirlo, cuando por fin lo alcanza, pregunta) ¿Por qué estamos corriendo? Tameme: Eso... eso es un Mictlacatecolotl. Milagros: (Preocupada) ¿¿O-o-otro de-demonio?? Tameme: Sí, y... (en ese momento, ven un flashazo rojo que al parecer sale del autobús) ¡Demonios, lo hizo! Milagros: ¿Qué cosa? Tameme: ¡Ha poseído a alguien en el autobús!, ¡Ahora tu amiga Dolores y todos los que van en ese autobús están en peligro! Milagros: ¡¿Lolita?!, ¡Oh, no!, ¿Y ahora qué hago? Tameme: (Viendo un pequeño grupo de árboles a la vera del camino) ¿Deprisa, sígueme! Milagros: (Tras él) ¡Espérame!, yo sólo tengo dos pies, ¿sabes? Ambos se metieron entre los árboles, y Tameme se aseguró de que nadie pudiera verlos. Tameme: Bien, No Cihuanton, ¡Ahora transfórmate! Milagros: (Jalando aire) De... De-de acuerdo... Ella empezó a buscar el Nahuiollin, pero tuvo que vaciar por completo su mochila para encontrarlo. Tameme: Veo que tus aptitudes para el orden no han mejorado... Milagros: ¡Tenemos cosas más importantes de qué preocuparnos! Pon mis cosas en su lugar mientras me transformo, ¿quieres? Milagros cerró los ojos y dejó que el Nahuiollin encontrara la luna. Cuando lo hizo, gritó "¡To Nantzin Metztli, Axcan!", y segundos después se había transformado en Yao..., quiero decir, Sailor Coyolxauhqui. Cuando volteó, Tameme ya la estaba esperando con su mochila ordenada, sin que nada quedara en el suelo. Milagros: Pero ¿ya terminaste? Tameme: Sí, y mucho mejor ordenado de lo que tú acostumbras tenerlo. Milagros: ¿Ahora cómo alcanzo ese autobús? Tameme: ¿A poco ya se te olvidó cómo me encontraste en la perrera? Milagros: Bueno, yo... confié en el Nahuiollin, y... Tameme: Sólo has lo mismo. Piensa en Lola, y has lo mismo. Milagros: ¡Está bien! (Ella se arrodilló y se concentró) Muy bien, Nahuiollin, guíame , por favor... Tlazohkamatih... Mientras tanto, el camión avanzaba cada vez más rápido. Todos los pasajeros, incluyendo a Dolores, gritaban aterrados, pero el chofer no parecía conciente de nada, mientras sus ojos tenían un extraño brillo rojo. De pronto, una luz blanca se formó delante de la puerta del vehículo, y una figura femenina se materializó en ella. Creo que ya saben ustedes de quién se trataba. Coyolxauhqui: ¡Detén este autobús de inmediato, Demonio!, ¡Yo soy Sailor Coyolxauhqui, Diosa de la Luna, y para alcanzar mi redención y proteger al Macuiltonatiuh, voy a detenerte! Como si hubiera esperado a que ella terminara su presentación, un bache en la calle la hizo brincar y caer encima del poseído. Tras un momento de desconcierto, ella trató de alcanzar la llave del encendido. Chofer. Mal hecho. El conductor abrió la puerta del autobús al tiempo que daba a Coyolxauhqui un fuerte golpe en la boca. Ella perdió el equilibrio, y con trabajos logró sujetarse del pasamanos para evitar ser lanzada afuera. Coyolxauhqui: ¡Wwwwaaaah!, ¿Qué clase de hombre es usted? Notando que ella no se había salido, el chofer empezó a mover frenéticamente al autobus, tratando de lanzarla afuera. Coyolxauhqui: (Tratando desesperadamente de la barra que tenía entre manos) ¡¡E-espere, señoor!!, ¡¡Deténgase, por favor!! (En un brinco con otro bache, una de sus manos se soltó y sus pies resbalaron fuera del autobús. Ella sintió un dolor punzante en las rodillas, pero su miedo fue mayor) ¡¡¡¡Wwwwaaaaahhh!!!!, ¡¡¡Por favooor, pareee!!! (Ella empezó a sentir el calor creciente en sus botas, pues por momentos sus pies se arrastraban sobre el pavimiento), ¡¡AUXILIOOOO!! En ese momento una mano masculina la tomó y la levantó casi sin esfuerzo alguno. Era el Caballero Aguila, que ahora la estaba abrazando. Coyolxauhqui: (Viendo a sus pies) ¿Qué pasó? (Viéndolo a él) ¿Tú de nuevo? Caballero: Me parece que tenemos trabajo que hacer. (Al conductor) ¡Tú, deja a este hombre en paz! Chofer: ¡Vete al infierno! Una vez más giró rabiosamente el volate, pero el caballero estaba bien sujeto, y casi no logró moverlo. Coyolxauhqui estendió una mano, y él entendió sus intenciones; rápidamente la acercó, y ella giró la llave del encendido y la retiró. Lentamente, el autobús fue perdiendo velocidad. Tras detenerse, el chofer empezó a convulsionarse, y su oscurecido cristal del corazón salón de su pecho, volando a la calle. Caballero: ¡Regresa! (Tras dejar a Coyolxauhqui en el suelo, sale tras el cristal) Coyolxauhqui: ¡Espérame!, ¿Lola? (Tras voltear, encuentra a su amiga desmayada en su asiento, así como al resto de los pasajeros) Resiste, amiga, volveré muy pronto. (Sale corriendo). Alcanzó a ver al Caballero entrar a un pequeño grupo de árboles, y lo siguió. En un pequeño claro, cristal y guerrero se detuvieron. Caballero: Ya estamos fuera de la vista de la gente. Ahora puedes pelear conmigo. Como ya ha sucedido antes, el negro salió del cristal en forma de una nube, y fue tomando forma de una figura humana, esta vez combinada con una hormiga. Demonio: Soy Mictlatzicatl, y mi señor Mictlantecuhtli me ordena destruírte. Caballero: Creo que no será tan fácil. La hormiga escupió hacia él, pero este esquivó al líquido, el cual cayó sobre un árbol muy cerca de donde Coyolxauhqui estaba llegando, dejando una gran quemada en él. Coyolxauhqui: ¡Cielos!, primero cuchillos, y ahora ácido, ¿qué seguirá después? Caballero: (Eludiendo los escupitajos del demonio) Ven, niña... ¡Necesito de tu ayuda! Coyolxauhqui: ¡Es cierto! ¡Alto ahí, insecto! El demonio volteó hacia ella y lanzó otro escupitajo. Ella tuvo que brincar para eludirlo, pero el Caballero aprovechó para golpearle la cabeza con su bastón de guerra, literalmente enterrándola en la tierra. Caballero. ¡Ya puedes terminar con él! Coyolxauhqui: ¡De acuerdo! Mientras la hormiga trataba de desenterrar su cabeza, Coyolxauhqui preparó el nahuiollin, el cual creció hasta alcanzar el doble de su tamaño, y finalmente gritó. Coyolxauhqui: ¡Cochiquetzalmetztli, Axcan! Justo cuando el demonio sacaba su cabeza, el amuleto descargó toda su energía sobre él, aniquilándolo. Caballero: (Sujetando el cristal del corazón con cuidado) Debes regresar esto al chofer, no sobrevivirá mucho tiempo sin él. El guerrero lanzó el cristal hacia ella, el cual voló suavemente hasta sus manos. Coyolxauhqui: ¡Espera!, (sonrojándose) por... por lo menos dime tu nombre. Caballero: Lo recordarás tarde o temprano. Sólo recuerda que debes encontrar a las otras Yaocihuameh antes del descenso de Tlilcoatl. Coyolxauhqui: ¿Tlilcoatl?, ¿Qué es eso? Caballero: Será el día de nuestra peor pesadilla. Tengo que irme, y tú debes ayudar a ese pobre hombre (Se va). Coyolxauhqui: ¡Espera, por favor! (Justo en ese momento malabareó el cristal) ¡Chin!, debo regresar al autobús. (Tuvo que correr en sentido opuesto). Poco después Dolores empezaba a recuperar la conciencia. Lentamente logró enfocar su visión, y lo primero que vió fue el rostro de Milagros. Milagros: ¡Lola!, ¡Lolita!, ¿Estás bien? Dolores: ¿Q-qué...? Milagros: (Secándose una lágrima) ¡Cielos, mujer, en verdad me asustaste!, pensé que tenías algo grave. Dolores: ¿Qué hora es? Voz de hombre: ¿Sábes en dónde estás? Dolores: ¿Eh? (Hasta ese momento se da cuenta de que está recostada en el piso del autobús, y que quien acaba de hablarle es un médico) Bueno... (Poco a poco ordena sus ideas) ¡Oh, sí, ya recuerdo! El chofer perdió el control del autobús y... y... ¿Todavía estaremos a tiempo para el entrenamiento? Milagros: ¿Cómo te puedes preocupar en este momento por algo así? Doctor: Necesito llevarte al hospital para examinarte con cuidado. Dolores: Estoy bien, Doc. (Se levanta) Lo ve... (Empieza a hacer aerobics, y de pronto siente una punzada muy fuerte en la espalda. Pone una cara bastante cómica, pero trata de no demostrar que le dolió) ¡E-e-e-es-estoy bien! ¡Je, je! Doctor: ¿Estás segura? Dolores: (Con una gran gota en la cabeza) ¡Seguro, seguro!, Además ya tendrá otros pasajeros qué atender. ¡Vámonos, Milly! Milagros: ¿Estás segura? Dolores: Percibo algún eco por aquí. ¡Apurémonos, chica, o llegaremos tarde con mi primo! Milagros: ¡Oh, cielos, Tameme! ¡Lo dejé por...! Justo cuando iban a salir del autobús, se encontraron con que Tameme las esperaba a la entrada, llevando la mochila de Milly en el hocico. Milagros: ¡¡¿¿Tameme??!! Dolores: ¡Vaya, sí que tienes un perro inteligente!, deberías inscribirlo en un concurso. Milagros: ¡Vámonos! (Cuando están algo alejadas del autobús, le pregunta a Lola) ¿por qué decidiste no ir al hospital? Dolores: Porque el doctor pensaría que me volví loca. Milagros: ¿pero por qué? Dolores: Porque ví una luz y a una mujer apareciendo en ella. Dijo algo muy raro y el autobús se empezó a mover a lo loco. Fue entonces cuando me golpee la cabeza y perdí el conocimiento. Milagros: (Con otra gran gota en la cabeza) ¿Sí?, Bueno, tal vez deberías tomar ese examen. Dolores: ¿Crees que me lo imaginé? Milagros: Bueno... ¡je, je!... Debes reconocer que es algo bastante extraño... Dolores: Tú sabes que yo soy una parsona bastante lúcida, Milly. Milagros: Sí, pero... quiero decir... yo... bueno... Dolores: (Viendo la cara de su amiga y riendo bajito) ¡Está bien, vamos a olvidarnos de todo esto! ¿te parece? A fin de cuentas ambas estamos bien (justo tras decir esto, sintió otra punzada en la espalda) ¡¡AAAAAYYYYYY!! Milagros: ¿En verdad estás bien, chica? Dolores: Bueno, tal vez no del todo, pero estaré mejor. Manuel me dijo que la práctica de hoy es muy importante, así que a lo mejor sólo esperaré el anuncio de mi primo para tomarme un descansito. Milagros: Iremos derechito con el doctor del equipo en cuanto lleguemos al campo, y eso es una orden. Dolores: Hey, Tuca, ¿acaso no te han dicho que la quarterback soy yo? Milagros: Sí, pero la que está sana soy yo, ¿no te lo han dicho? Dolores: ¿Sí?, ¿y esos raspones en tus rodillas? Milagros volteó a verse y recordó su caída en el autobús, sintiéndose contrariada. Milagros: Bueno... (un foquito se prende sobre su cabeza) ¡Ah, sí! Me tropecé con Tameme y me caí, eso es todo. Ambas llegaron al campo cuando la práctica ya había iniciado. Manuel: Llegan tarde. Milagros: Lola tuvo un problemita. En ese momento Manuel corrió hacia ellas. Manuel: ¿Eso es cierto?, ¡estás bien, prima? Dolores: Tengo un dolorcito en la espalda, pero como ves, puedo caminar. Manuel: ¿Cómo puedes ser tan terca? ¡Debiste ir al hospital de inmediato! Vamos, te llevaré con el doctor. Chicas, por favor, practiquen sólas un momento (levanta a Dolores en sus brazos) Dolores: ¡Oye!, vamos, Manuel, ¡Estoy bien, de veras! Manuel: Eso lo decidirá el doctor, ¿estamos? ¡Vamos, chicas! (Se la lleva cargando a la casa-club). Susana: ¿Y ahora qué hacemos? Voz: ¿Puedo ayudarlas? Todas las jugadoras voltearon a ver a una bella mujer, que parecía tener unos 28 años de edad. Milagros. ¿Quién es usted? Mujer: Mi nombre es Bertha Domínguez, y tengo experiencia jugando "tocho" en el Politécnico. Jugadora 1: ¿Sí?, ¡y cómo sabemos que es cierto? Bertha: ¿Creen que deba probárselos? Tres jugadoras: (A coro) ¡Por supuesto! Bertha: De acuerdo, síganme... (Todas la siguen al campo de juego) Muy bien, chicas, pónganse sus cinturones. Todas las chicas se colocaron sus cinturones, pero una de ellas preparó una trampa, poniendo un pedazo de chicle en la pinza donde se sujetaba a la cintura. Bertha: Muy bien. Ahora todas ustedes deben pasar al alcance de mis brazos, y veremos cuántos cinturones puedo quitarles. ¿Están listas? Equipo: (a coro) ¡Sí! Bertha: ¡HUT! Las chicas empezaron a correr a sus lados, a veces alternadamente, otras cambiando el ritmo, otras dos a la vez, y haciendo otros trucos, pero Bertha logró quitar todos los cinturones, aunque al final se quedó con uno en la mano, pues el brazo izquierdo de su dueña estaba cubierto de goma de mascar. Bertha: Estos son algunos de los riesgos que pueden llegar a correr cuando no preparan una trampa inteligentemente, ¿lo ven?, así que mejor olvidémonos de las bromas. La cara de la chica se puso roja, mientras el resto del equipo se soltaba a reír. Bertha: De acuerdo, chicas, ¿les basta con esto, o necesitan más pruebas? Susana: OK. Entrenaremos un poco, y ya veremos. Bertha. Muy bien, chicas. Hagan una fila y empecemos el calentamiento. Demos una vuelta al campo, nada más trotando. Las chicas comenzaron a trotar. milagros y Tameme tenían sus propios pensamientos sobre la misteriosa mujer. Milagros: No sé por qué, pero me parece haber visto antes a esta mujer, en algún momento... Tameme: ¡Dioses!, ¿Acaso es ELLA? ====================================== FIN DEL CAPITULO 3