Padre, ya estoy de vuelta
Bendito Padre,
¡al fin entiendo tu soledad!
Entiendo por qué me creaste,
entiendo por qué crees en mí.
¡Te quiero!
Ya no te dejaré solo,
no mientras sea conciente,
y te leeré cuentos en la cama,
y te daré el rico alimento,
y dormiré siempre a tu lado,
porque es mi turno ahora
de cumplir tu sol protector.
No te hará falta luz,
no te hará falta calor,
¡Tu sufrimiento ha acabado!
El Uno ya es Dos.
Philippe Andrade