Otro amanecer.

 

Decían que esa persona tenía un pie en la locura y otro pie en este mundo, su rostro indiferente mostrábase en ocasiones con extrema alegría u honda tristeza. Pero no se puede negar que en medio de eso era una persona perfectamente normal.

Deneb despertó y se quedó largo rato contemplando el techo de la habitación imaginando toda clase de rostros hasta decidirse por fin salir de la cama.

Más que por costumbre que por querer hacerlo se resignó a pasar otro de esos días normales. Dejó escapar un hondo suspiro, se vistió, desayunó y cruzó el umbral de la puerta con paso decidido a salir a la calle.

Era una de esas horrendas mañanas de verano, el sol brillaba y se reflejaba por doquier haciendo que sus ojos lloraran y que sintiera una momentánea sensación de sofocarse.

Corrió a una sombra y respiró profundamente, no es normal que una persona clausure sus ventanas y deseé salir hasta el atardecer, pero la marca de Caín esta ahí alejando a esas personas de la luz.

Trabajar para vivir o vivir para trabajar, sin duda prefería lo primero y sin emoción se subió al metro para llegar al trabajo. A veces se entretenía imaginando como sería la vida de todos esos rostros desconocidos que dejarían de existir en su mente una vez fuera de allí.

Es bien sabido por todos que no se puede morir en un sueño  y esa persona estaba convencida de que un día se vio morir en un sueño, no como si le hubiera pasado a ella, sino como si lo hubiese visto a lo lejos y después de esto pareciera como si hubiera muerto para la vida y al despertar nada fuera igual.

En realidad solo vivía por existir, hacía las cosas por pura mecánica pero por lo general se pasaba cuanto tiempo podía soñando despierta. Se decía a si misma que si había muerto en un sueño podría reencontrarse y ayudarse, pero podía se también mera excusa para escapar de la realidad.

Antes tenía amigos, y ahora rehuía de esa compañía, se consideraba incapaz de tener una relación normal y superficial con cualquier persona. Salir, divertirse y platicar de sus vidas igualmente ordinarias. Prefería evitarlo y escudarse en su humor negro para evitar así cualquier emoción que pudiera sacarla de su acostumbrado trance.

Al fin llegó a su trabajo y se dispuso a enfrentar otro de esos ordinarios días.

-Buenos días Deneb.

-Buenos días- luego en voz baja murmuró - ¿qué tienen de buenos?

Deseaba con todas sus fuerzas que algo pasara, lo que fuera, pero que fuera bastante inusual.

Tomó un cigarro encendido y lo arrojó al bote de basura lleno de papeles, salió a comprar un café y se esperó fuera del edificio a que todo ardiera en llamas.

Pero nada pasó.

Frunció el ceño y regresó al edificio a ver que era lo que había pasado.

-¡No vas a creer lo que pasó! – exclamó uno de los vigilantes

-¿Qué ha pasado? – inquirió Deneb con flemática voz.

-La Sra. que hace la limpieza tiró su cubeta de agua por accidente y sin querer también tiró el bote de basura que estaba a su lado, fue una gran coincidencia porque cayeron papeles que se estaban comenzando a incendiar al suelo mojado y se apagaron, alguien debe haber arrojado un cigarro o algo encendido por error ¿acaso no es increíble?

-Hmmm si, menos mal que nadie resultó herido-

Regresó a su oficina y se quedó pensando por un momento –que extraño, bueno las coincidencias pasan y de todos modos no sería capaz de matar a nadie...a propósito-.

Sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, escuchó un suspiro pero no pudo ver a nadie cerca, más no se inquietó y pensó en entretenerse un poco con su paranoia.

Ignorando las ordenes del jefe volvió a la calle y se sentó en la banqueta, esperó a que se acercara un taxi, se levantó y corrió hacia el, se subió y con voz preocupada dijo -¡Siga a ese taxi!- mientras señalaba al primer carro que se le ocurrió.

El taxista primero la miró como se le mira a un loco y luego se limitó a seguir la orden.

-¡Muévase! ¡Apriete el acelerador!

-Esta bien, ¿pero qué le hizo esa persona?

-No se lo puedo decir.

El auto se detuvo cerca de una iglesia, se bajó un párroco y entró al sagrado recinto.

Maldición –pensó – ahora tendré que inventar algo mejor.

-Oiga usted me está tomando por un tonto,¿ por qué esta persiguiendo a un inocente párroco?

-Está bien, se lo diré – no supo como,pero de repente empezó a mentir de manera tan espontánea que en momentos creía sus propias palabras- él no es un párroco, es un despiadado jefe de la mafia que asesina a sus enemigos cruelmente, yo lo descubrí y ahora quiere matarme a mi. Usa esa iglesia como fachada, ¿qué astuto no?

-¿Y por qué no le dice a la policía?

-Ja, la policía trabaja para ellos.

Se bajó del taxi y le dio indicaciones de esperar a que regresara, claro que no tenía intenciones de regresar así que entró a la iglesia y se salió por una puerta trasera.

-Bah, que crédulo- dijo en tono despectivo y se fue caminando con dirección a un mercado cercano.

De pronto su cara se puso pálida, sus ojos se quedaron fijos con una expresión malvada, y después de hacer una mueca irónica dijo con voz firme y segura –Mañana moriré- , y continuó caminando, esta vez con una sonrisa y como si lo que acababa de decir fuera algo de lo más normal. Pero esto era revelador, sabía que mañana moriría y no se asustaba. Pero se supone que nadie conoce el día y la hora de su muerte. ¿Acaso planeaba suicidarse? No, no se atrevía a hacer aquello, o de lo contrario ya hubiera acabado con la mísera vida que tanto le pesaba.

Entonces ¿a qué se refería cuando dijo eso? Tenía un plan, que ideado maquiavélicamente no podía fallar, no se atrevía a suicidarse y su formación cristiana también decía que si se suicidaba iba a terminar en el infierno, aunque con su fe perdida esto no le preocupaba. Pero el pensar en el dolor que sentiría si se cortaba las venas o si se tiraba de una azotea mostrábasele espantoso por lo que había pensado en otra solución. Había calculado el tiempo que quería vivir, y desafortunadamente ya se había pasado un poco del limite porque el aburrimiento estaba nublando su razón.

El plan consistía en que le había pagado a un matón para asesinarla, en un día ya establecido pero en un momento que ella ignoraría. Podía ser en el día al desayunar o en la noche mientras estuviera durmiendo. El trato estaba hecho y mañana era el día indicado.

El matón por órdenes suyas llegaría y la mataría. Ya estaba pagado su sueldo y Deneb no estaba para soportar otro aburrido amanecer.

Llegó al mercado y empezó a preguntar el precio de cada una de las frutas y verduras hasta desesperar al tendero, luego prefirió preguntar a qué le sabían.

-Si no va a comprar mejor retírese.

-Si voy a comprar, sólo quiero saber a que sabe un aguacate para usted ¿ es tan difícil contestar eso? Pero como hay gente necia.

-El aguacate sabe a aguacate y se acabó, ¿qué va a querer?

-Oiga, yo le estoy hablando de buena manera y no tiene porque ser grosero, exijo una disculpa.

-Estás loca, ¡vete de aquí!

Y se molestó por el tonito del tendero, de que la corrieron y de que fue llamada loca.

Decidió vengarse, fue a otro puesto y compró una bolsa de aguacates, les quitó la cáscara y se los aventó al tendero que había sido grosero. Fue descubierta y perseguida por todo el mercado y procuraba tirar todo lo que estuviera a su alcance y cuando menos lo imaginaba una parvada de marías y juanchos venían tras ella. A lo lejos vio unos policías y les gritó :

-¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! ¡Son unos racistas y me persiguen por ser budista!

Los oficiales sacaron su pistola y abrieron fuego contra los tiangueros enojados, algunos cayeron al suelo retorciéndose entre dolor y sangre y otros huyeron despavoridos.

En verdad esa había sido una mentira muy mala, pero el día había sido tan absurdo que no le sorprendió del todo que le hayan creído, de hecho podría llegar a parecerle normal que en ese momento un perro en vez de ladrar se pusiera a cantar.

Le dio las gracias a los policías y se fue corriendo, tan apresuradamente que en su camino empujó a una persona y se cayó.

-¡Oye ten más cuidado!

Y volteó a ver a esa persona sin decir palabra, era una de esas personas con la mirada extraña. Una persona perfecta en sus imperfecciones, y no pudo ver nada más que ese rostro alrededor. Fue amor a primera vista, sonrió y le dijo con alegría:

-Tú eres a quien yo he buscado toda mi vida.

Él se desconcertó un poco y luego sonrió.

-Nunca había visto una sonrisa tan triste, que me hiciera sentir tan bien a pesar de que pareces una persona perversa- dijo Deneb.

Él parecía encantado también, le dio su número de teléfono y dijo adiós.

Deneb se quedó en ese lugar y de pronto empezó a llorar, se dio cuenta que el mundo podía adaptarse a ella, y era tan fácil manipular a las personas. Se había enamorado perdidamente y ya no quería morir. Sin embargo el plan estaba hecho y ese día ordinario se convirtió en el día que cambiaría su vida para siempre.

No pudo más, tenía que huir de la muerte a como diera lugar y solo esperaba que no fuera demasiado tarde. Buscó desesperadamente al matón que había contratado y no lo pudo encontrar por ningún lado, al fin al llegar a su casa vio una nota que decía : “Todo está listo, mañana llegará tu hora”.

Empacó sus cosas y decidió huir mientras pudiera, el ocaso anunciaba el termino de lo que podía ser su último día de vida.

Llegó al aeropuerto y compró un boleto para el siguiente avión a cualquier lugar. La salida era en diez minutos, minutos que parecieron una eternidad.

Una vez en el avión sintió como si se librara de todo el peso del mundo, volteó  a la ventana y ya empezaba a cantar victoria.

-Me salí con la mía, hice lo que quise y no me arrepiento, yo si puedo hacer mi propio camino-.

Justo después de ese momento volvió a sentir un escalofrío y escuchó el mismo suspiro que en la mañana en su oficina, y dentro de su conciencia escuchó una voz que dijo murmurando:- quieres burlarte de mi y no vas a poder, yo no soy un juego ni nada que puedas poner en tu agenda, querías morir y tuviste que pasar todos esos años soportándo lo que según tu era un mundo que no tenía nada que ofrecerte, ahora te arrepientes y crees que lo tienes todo bajo control ¿pero sabes qué? este avión nunca llegará a su destino-.

Sintió que iba a perder el sentido, estaba a punto de desmayarse cuando una turbulencia sacudió el avión.

-Entonces no puedo controlar mi destino- dijo con voz triste y arrepentida.

Pero después de todo ya se había visto morir en un sueño, no muchos tienen la suerte de morir dos veces en una misma vida.

El avión explotó en mil pedazos y nadie lloró esa alma perdida. Sólo alguien notó la ausencia de Deneb, la persona con quien había tropezado y que había pasado el día esperando su llamada. Se sintió con el corazón roto y decidió no descansar hasta encontrarla. ¿Entonces jamás descansaría? No, tarde o temprano se encuentran las cosas perdidas. Pero tendría que buscar en otro lugar y mientras tanto enloquecer en un mundo absurdo donde lo ordinario se torna bizarro aunque uno no lo quiera así.

 

 

 

 

 

 

 

 

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