- Mi
nombre es Morley, soy un vago y creo que siempre es lo que he sido. Nunca
quise ser otra cosa en mi vida puesto que no sentía ganas de desobedecer
mi propia naturaleza deseosa de que la concupiscencia hiciera todo su
trabajo.
- Soy
huérfano desde que tengo memoria, realmente no se que fue de mis padres
(si es que alguna vez los tuve), pero la calle siempre ha sido mi hogar y
mi fuente inagotable de recursos para subsistir.
- En
verdad me apena contar mi vida ahora que la veo de reojo, las acciones
cometidas parecen menos sucias cuando se cometen que cuando se recuerdan.
- Yo
he matado para comer; bueno primero lo hacía para poder vivir pero he de
admitir que de pronto tomé un gusto de hacer mi trabajo.
- Era
un asesino a sueldo, o más bien un limosnero matón. Mi jefe siempre me
decía que no valía lo suficiente para pagarme algo decente por mi
asqueroso trabajo, así que me daba comida en vez de mi pago en dinero
contante y sonante.
- Soy
un patético limosnero, mis compañeros de callejón siempre me golpeaban
y jaloneaban de mis roídas ropas mientras me gritaban ¡rata! ¡maricón!
Creo que ni siquiera las personas igual de viles en esta sociedad que yo
me respetan...será porque aún yo soy más vil que ellos.
- Ah
si, ya me estaba desviando del tema; discúlpame amigo pero el alcohol ya
no refresca mi memoria como antes. Después de tantas borracheras mis
neuronas se volvieron cada vez más escasas.
- Bueno
pues en fin, yo era un mocoso de 10 años y ya había aprendido todas las
mañanas necesarias para que un delincuente juvenil viviera del seno de la
calle, era un niño joven pero experimentado, pequeño y malicioso,
inocente por fuera y podrido por dentro.
- Tal
vez los animales en ocasiones eran más civilizados que yo, eso me parecía
al verlos convivir pacíficamente ¡pero qué demonios! Nadie me enseñó
a vivir de otro modo así que lo siento mucho por los que se cruzaron en
mi camino.
- Pues
bien, uno de esos días en que yo me encontraba vagando por la calle
tratando de ver a quien le robaba algo para poder comer, un carro se
detuvo junto a mí. Era un modelo viejo, no traía placas y estaba algo
despintado; recuerdo bien esos detalles puesto que no sería la última de
las veces que yo vería ese vehículo.
- Un
tipo de mediana estatura bajó de el auto, era un hombre gordo con una
cara horrenda, tenía un cicatriz que iba desde el lado derecho de la
frente hasta su labio inferior; nunca supe el porque de esa cicatriz ,
pero realmente no hablé mucho con él. Este hombre quien luego dijo
llamarse Hank era el tipo de persona que desagrada aún sin conocer su
personalidad; todo en su persona era fastidioso, desde su pesada voz lenta
y semi ahogada hasta sus muy
particulares gestos que algo tenían de grotesco y violento. Hank la
primera vez se quedó viéndome, calladamente, con una de esas miradas que
te atraviesan el cuerpo como si estuvieras hecho de materia transparente.
Por fin, abrió la boca y con su espantosa voz me dijo que si quería
tener algún trabajo. Yo no dudé un momento en decirle que si, ni por su
espantosa facha al menos.
- Subí
al maltrecho auto y Hank me condujo a una bodega donde otros malvivientes
de no mejor facha que él estaban esperando. Todos al instante en que me
vieron se callaron, y uno de ellos sonrió y descubriendo su amarillenta
boca se dirigió a Hank.
- -Vaya
veo que al fin encontraste a alguien apto para el trabajo.
- -Si,
pero aún no le he explicado de qué se trata.
- -¡Es
suficiente! Es joven y obviamente la maldad ya lo corroe –y luego mirándome
con aire complaciente me preguntó: -Hey chico ¿cómo te llamas?
- -Morley-
Contesté sin titubeos.
- -Felicidades
Morley, ahora trabajas para mí.
- Dicho
esto, Hank me hizo una seña y yo lo seguí, se detuvo ante una caja de
madera y la abrió con un puñetazo.
Yo nunca había visto esta violencia innecesaria pero no se por qué
ni siquiera me importó.
- Hank
sacó una pistola de la caja y un par de cuchillos y me los dio, luego
hurgando en el fondo de la caja sacó algunos cartuchos de balas que también
dejó en mis manos.
- Por
supuesto yo nunca había tenido un arma tan sofisticada como una pistola
pero de todos modos la guardé, y entonces Hank empezó a explicarme mi
nuevo oficio.
- -Bien
chico, el trabajo que necesitamos es simple; necesitamos una muerte aquí
y allá.- Se quedó pensativo un momento y luego agregó: - Ya hablaremos
de tu paga mañana, hoy te llevaré con tu primer objetivo y veremos que
tan bueno eres.-
- De
nuevo subimos al destartalado vehículo y Hank condujo hasta el otro lado
de la ciudad; ahí encontramos a un apacible anciano leyendo el periódico
en una hamaca.
- -Bien
chico, ahí está tu primer blanco.
- -¿Estás
bromeando? Ese anciano no necesita que lo liquiden, de seguro ya le queda
poco tiempo de vida.
- -¿Vas
a hacer tu trabajo si o no? Te traje aquí para que mataras a alguien no
para que me dieras tu comentario médico de cuánto tiempo le queda de
vida a ese hombre.
- La
verdad me era indiferente lo que le pasara al anciano, pero yo no le veía
nada útil al hecho de quitarle la vida a un viejo decrépito que
aparentemente no le hacía daño a nadie.
- Pues
al demonio, el impertinente de Hank me irritaba extremadamente y decidí
acabar con eso cuanto antes.
- Saqué
mi pistola y la cargué cuidadosamente, luego recordé que no sabía bien
como usar ese juguete nuevo así que dejé la pistola en el auto y tomé
una navaja. Caminé sigilosamente hasta la hamaca del anciano, poco antes
de que llegara el anciano volteó hacia mi y me sonrió, después me dio
los buenos días, en respuesta a tan dulce amabilidad yo tomé mi navaja y
la hundí en su vieja carne unas 10 veces, no recuerdo si gritó o se movió
mucho, yo simplemente estaba concentrado en hundirle la navaja rápido y
largarme de ahí.
- Al
volver a subir al auto Hank parecía complacido, se detuvo frente a mi
callejón y ahí me dejó diciéndome –mañana regresa a la bodega, hay
más trabajo para ti- y fue todo ese día, regresé a mi nido de periódicos
y me dormí tranquilamente sin reflexionar en lo que había hecho.
- Al
día siguiente desperté ya entrado el día, justo cuando la radiante luz
del sol empezaba a calentar mi lecho de periódicos y me resultaba muy incómodo
seguir dormido. Entonces como si hubiera tenido un mal sueño empecé a
recordar lo que había hecho ayer; al horrendo Hank, a mi nuevo jefe y al
anciano. De momento mi indiferencia desapareció y encolerizado me pregunté
a mi mismo por qué demonios había matado a una persona que no me había
hecho ningún daño y que ni falta hacia que la ayudaran a morir.
- Mi
tranquilidad volvió a mi cuando recordé que yo me dedicaba a robar gente
inocente y que tal vez lo que había hecho era de esperarse de mi. Tal vez
por eso Hank se había fijado en mi para el matón de los propósitos de
su jefe.
- Fui
camino a la bodega, me tomó como media hora caminando y cuando al fin
llegué reconocí el carro de Hank en la entrada.
- Lo
pensé dos veces antes de entrar, me repugnaba demasiado el simple hecho
de pensar que volvería a ver a Hank, pero de todos modos terminé
entrando en la bodega.
- Mi
jefe al parecer se puso feliz al verme y me invitó a ponerme cómodo en
alguna de las sillas plegables y sucias que abundaban en aquel abandonado
lugar.
- -¿Morley,
verdad? Hank me contó lo bien que hiciste tu trabajo, aunque también me
dijo que dudaste un poco al principio pero sólo es cuestión de tiempo
para que te adaptes.
- -¿Qué
hay de mi paga?
- -Ah
si, tu paga. Vamos chico, yo pensé que estabas aquí por amor al oficio y
no por el dinero, de cualquier modo un trabajo tan sencillo como matar a
un anciano lo pudo haber hecho hasta mi abuela así que no me salgas con
tus ocurrencias; ten esto, creo que para un vago como tu es suficiente
recompensa.- Dijo esto al arrojarme una bolsa con un sándwich que por
cierto ya estaba mordido.
- Bueno,
como yo ya tenía más de un día de no comer absolutamente nada pues
devoré ese sándwich miserable que en ese momento me supo a gloria y una
vez terminada mi “comida” levanté los ojos y abrí la boca dispuesto
a preguntarle a mi jefe por qué me había mandado matar a un anciano.
- Aparentemente
escuchó mis pensamientos, porque antes de que yo pudiera musitar palabra
él se me adelantó y me dijo:
- -Ya
sé que te estarás preguntando por qué rayos fuiste a matar a un anciano
inofensivo, bueno la verdad es que en ese caso tienes razón al pensar que
era un simple viejo que no hacía daño a nadie.¿ No te molesta verdad?
Lo que pasa es que quería probar tu lealtad.
- ¿Lealtad? Pensé yo para mis adentros,
¿qué rayos quiere decir con eso? Si hubiera buscado una persona leal no
hubiera mandado a un gorila a que trajera al primer malviviente que se
encontrara. Yo ya no sabía ni que pensar, pero mi situación no mejoró
de cómo estaba antes, de cualquier modo al menos ya no tenía que estar
todo el día merodeando a ver a quien robaba. Esto nunca me había
molestado, pero también es cierto que a veces no conseguía nada. Por
otro lado estos tipos me facilitaban mi escape y no se veían agresivos
conmigo; los tipos con los que muy seguido me topaba en el callejón ya he
dicho que disfrutaban haciéndome sufrir.
- Nunca
nadie había cuidado de mí, y tuve la loca idea de quedarme con ellos a
ver qué me deparaba el futuro.
- Hank
me dijo que era hora de irnos y otra vez en ese cacharro fuimos a parar a
otro punto no muy cercano, nos detuvimos frente a un supermercado y
estuvimos esperando media hora...tal vez más.
- Mientras
estábamos esperando en el auto se me ocurrió preguntarle a hank cómo
usar la pistola, el me miró un poco extrañado de que no supiera usarla,
luego la tomó y revisó que estuviera cargada.
- -No
es nada difícil, con esto quitas el seguro o lo pones y solo la tomas de
esta manera apuntas y disparas.
- Me
regresó la pistola y estuve examinándola cada detalle hasta
familiarizarme con ella; de pronto Hank me tocó el hombro, una señora
con su carrito salía del supermercado y se dirigía a su coche para
guardar sus compras.
- -Ahí
está, ve y mátala chico.
- ¿Cuál
era el maldito problema? Yo no entendía cómo rayos podía ser mi próximo
blanco una señora que seguramente no había hecho más mal que el de
envenenar con sus chismes a los vecinos, volteé hacia Hank y me negué a
hacerlo.
- -¿Otra
vez con tus excusas? Escúchame bien vago mocoso, te traje aquí para que
hicieras tu trabajo y eso es precisamente lo que vas a hacer ¿quedó
claro?
- ¡Rayos!
Cuando Hank se enojaba escupía al hablar, mi rostro ya no iba a necesitar
agua del charco; debo decir que Hank no me intimidaba en lo absoluto, pero
como ya he dicho su sola presencia me malhumoraba en extremo. Bajé del
carro y azoté la estúpida puerta y me dirigí calmadamente a la señora,
pero ¡oh sorpresa! Con el coraje que sentía creo que se me olvidó cómo
usar la pistola así que de nuevo saqué una navaja y la apuñalé por la
espalda unas quince veces. Todo fue tan rápido que regresé al carro de
Hank bañado en sangre en menos de un parpadeo.
- Hank
volteó a verme ya no con la mirada satisfecha, sino con una de absoluto
desprecio, nos dirigimos a la bodega
y una vez ahí me empujó en un pequeño cuarto, me aventó una
cobija y me dijo que ya no tendría que dormir en el callejón por órdenes
del jefe.
- Vaya,
pero que cerdo tan generoso, primero no me paga bien y luego me da un
cuartucho para que descanse.
- Hmmm
pero en vista de que nunca he tenido nada mejor creo que puedo
conformarme.
- Aún
faltaba tiempo para que se acabara el día, pero yo me entretuve mirando
hacia el techo y paredes de mi nuevo escondrijo; tenía que aprender a
reconocer todas esas manchas e insectos nuevos que merodearían a mi
alrededor. Me dormí y al día siguiente otro tipo abrió la puerta y me
dijo que el jefe quería hablar conmigo.
- Llegué
al lugar donde estaban las sillas plegadas y ahí se encontraba Hank de
pie al lado de mi jefe, yo permanecí callado pero parece que ellos
esperaban que dijera algo así que lo hice.
- -¿Por
qué carajos maté a una señora ayer?- De acuerdo, no pensé muy bien lo
que iba a decir pero era una pregunta importante.
- -¿Una
señora? ¡Ay Hank! ¡Tú y tus bromas! En realidad te voy a tener que
confesarte algo Morley, la verdad es que Hank a veces, con su enferma
mentalidad, hace algunas bromas pesadas.
- -¿Qué
hay de mi paga?
- -Bueno,
no esperarás que te pague por un trabajo que aún no has hecho ¿verdad?
- -Yo
no vine a andar matando personas a lo idiota, ¿están jugando conmigo?
- -Mira,
mejor tranquilízate y ve con Hank, estoy seguro que el ya cumplirá
seriamente con su trabajo.
- Realmente
no tenía otra opción que ir con Hank; yo simplemente quería intentar
algo diferente, algo que pudiera abrirme las puertas a otro mundo lejano
del cual nunca me he apartado desde mi niñez..
- Me
gané otro miserable sándwich y volví a salir con Hank, quien esta vez
me llevó no muy lejos de la bodega a solo unas cuadras de distancia.
- Esta
vez nos detuvimos frente a una farmacia donde estaba un tipo de no más de
20 años atendiendo, Hank me miró con sus horrendos y fríos ojos y me señaló
al tipo que estaba en el mostrador.
- Bueno,
esta vez pensé yo que tal vez el tipo de la farmacia si traía algún
negocio sucio con esos tipos, así que no pregunté y me bajé del auto
esta vez dispuesto a usar la pistola.
- Lo
hice rápido y bien, 2 pasos delante de él y ¡bang! Justo en medio de
los ojos.
- Regresamos
a la bodega una vez más y me senté delante del jefe esperando en esta
ocasión recibir mi justa recompensa.
- Hank
murmuró unas cuantas palabras al oído del jefe y luego le dijo: -¿Otra
vez? ¡Eres un gorila inútil! Yo dije claramente que fueras directo al
objetivo.-
- Al
darme cuenta de que el grasoso de Hank otra vez me había tomado el pelo
mi odio y rechazo hacia el aumentó todavía más y cuando vi que Hank me
hacía señas de que saliéramos otra vez por poco y no puedo ocultar mi
irritación.
- Yo
que siempre había vivido en la calle ahora me encontraba incómodo en un
ambiente que tal vez debería tomarlo como favorable, pero que me
resultaba aún más inhóspito que el suelo de tierra mismo.
- Nos
detuvimos frente a un parque, justo bajo la sombra de un buen árbol de
moras.
- Yo
solamente veía niños jugando así que no imaginaba que era lo que Hank
podía buscar allí. De pronto palidecí, ¿acaso iba a ocurrírsele que
yo...? No, imposible. Yo por más ruin que sea jamás me atrevería a
hacer algo como eso.
- Entonces
Hank levantando su velluda mano señaló a un niño que estaba jugando en
el columpio, yo incrédulo seguí la línea de su dedo con mi mirada y no
lo podía creer. ¡Ese bastardo quería que yo matara a un pobre niño!
Por supuesto que me negué, pero entonces algo pasó, algo que no puedo
explicar claramente que fue porque
no recuerdo bien lo que hice. Hank me golpeó, me insultó y amenazó con
todas sus fuerzas; su asquerosa fisonomía acompañada de su horrenda voz
mancillaban aún más mi espíritu y de repente la cólera me cegó. Salí
del carro y disparé, no recuerdo si maté a alguien o no ...la verdad no
lo recuerdo.
- Pero
cuando volvimos a la bodega apenas logré controlarme a mí mismo. Estaba
pálido y tembloroso, trataba de recordar lo que había hecho los últimos
20 minutos y no pude. Fue
entonces cuando puse mis ojos en mis manos y observé que estaban
manchados de sangre.
- Mi
jefe hablaba en secreto una vez más con Hank y luego volteó a verme a mí
con una sonrisa bastante burlona. Me dijo:
- -Bueno,
por lo visto Hank sigue con su terrible humor negro ¡eres incorregible
Hank! Pero puesto que tu ya puedes tener el control de la situación será
mejor que te mande al objetivo solo.
- Yo
no podía recordar lo que había hecho cuando la ira se apoderó de mi, no
podía y temí que hubiera obedecido las órdenes de Hank. Sentí la
sangre fluir en mis venas y en ese momento cuando puse la mano en mi
bolsillo sentí la pistola guardada, fresca y lista para usarse.
- Tomé
la pistola y le disparé al asqueroso rostro de Hank, haciendo con mi bala
un orificio casi perfecto en su desgraciada cara, luego apunté hacia
“mi jefe” y también le volé los sesos. Por primera vez estaba
haciendo algo coherente con mi maldad.
- Luego
saqué mi navaja y los apuñalé a ambos hasta que las paredes quedaron
escurriendo sangre, luego me puse a descansar en el enrojecido suelo y me
quedé dormido.
- Y
aquí me tienes, 30 años después en el mismo sitio, este hospital psiquiátrico
ha sido mi hogar todo este tiempo; pero no me quejo. Aquí me cuidan, me
sedan, me alimentan bien y me dan todos los libros que quiero para leer.
Creo que después de todo siempre pertenecí a este lugar, solo que no me
había dado cuenta. Que viva mi hogar...dulce hogar.
-
-