-¿Quién es es persona que caminando encorvada lleva el peso del mundo
encima?
-No, lo sé, sólo sé que no tiene nombre.
-Ridículo, ¿cómo podría alguien no tener nombre?
Eso a veces se preguntaba aquella persona que a paso lento y pensativo
parecía no tener un rumbo fijo.
Una persona sin nombre, con un comienzo triste y doloroso.
Abrí mis ojos porque el sol me lastimaba la vista.
Contemplé por un instante el cielo azul y despejado, tranquilamente
tomándome todo el tiempo del mundo. Y me exalté de repente, una sensación de
enorme vacío aunado a un escalofrío que recorrió toda mi espalda despertaron mi
inquietud.
Aquella mirada tan plácida en un principio se volvio inquieta y confusa,
un ente era preso de un extraño cuestionamiento.
Me di cuenta que no sabía como había llegado ahí, no sabía donde me
encontraba y ni siquiera podía recordar si tenía nombre. Mi desesperación
aumentó más y más.
Me incorporé y corrí sin rumbo...¿cómo iba a encontrar mi nombre? ¿cómo
poder saber quién soy? Lo ignoraba por completo, pero sabía que de un modo u
otro tenía que encontrarlo.
Mis pasos se detuvieron frente a un parque, mi frente sudorosa y mi
aliento jadeante reclamaban un poco de descanso, así que me senté en una banca
a descansar.
Había muchos niños jugando, no muy lejos de sus madres que no dejaban de
darles un vistazo de vez en cuando , pero tampoco descuidaban su plática.
Uno de aquellos niños se quedó observando con curiosidad aquel
preocupado rostro, al principio con duda y luego con determinación se fue a
parar frente a aquel ente pálido con su inquisitud infantil.
-¿Qué tienes?
-He perdido mi identidad
-No entiendo, ¿qué cosa dices que perdiste?
-¿Cómo te llamas?
-Miguel.
-Digamoslo así Miguel, yo no tengo un nombre o al menos no lo recuerdo.
-Yo solo se que me llamo Miguel desde que mis padres me llevaron a
bautizar cuando era un bebé.
-¡La religión! Claro está, ¿acaso no es la respuesta a todo?
Y pensó por un momento que ahí iba a saciar su sed de dudas, en esa
amplia gama de respuestas a todas la dudas existenciales. Después de todo si en
todas las culturas hay religión es porque de verdad necesitamos creer en algo.
Aquella persona no tenía nada en que creer, ni en si misma asi que que podía
perder con intentarlo.
Llegué a un monasterio y pedí
alojamiento, dije que no tenía lugar a donde ir (lo que era relativamente
cierto). Mis ojos llorosos los convencieron y me alojé en una celda (vaya nombre
para los cuartuchos oscuros, apartados unos de otros y con un humilde catre
para dormir).
En fin, al día siguiente me levanté bastante tarde y fui a desayunar un
pan y leche que era todo su humilde desayuno, traté de pedirle un poco de
mermelada a un monje que entró a la cocina pero no me contestó; luego me enteré
que estaba haciendo voto de silencio.
No hablar, callar ideas, ser confidente de tus propios secretos.
Eso debería ser soportable, pero a fin de cuentas quién realmente
escucha y se preocupa por los problemas y pensamientos ajenos cuando todo el
día se está sumido en un mundo propio.
Mar de ideas, yo, yo y mi egocentrismo. La vida sería muy extraña si
todos pensaran en los demás antes que uno mismo.
Uno de los misioneros me dijo que no me podía quedar otro día mas ahí,
que fuera al convento de las clarisas no muy lejos de ahí ya que mi presencia
era inapropiada.
Di las gracias, me robé un rosario y me fui.
¿Qué tiene de malo robar un poco de fe?
Pase dos horas caminando por donde me había dicho el monje, cuando al
fin llegué al convento de las clarisas. La hermana portera al escuchar mi
petición de quedarme en el convento me dejó en la puerta sin decir palabra.
Esperé un rato y la madre superiora me interrogó.
-¿Dónde es tu casa?
-No tengo casa.
-¿Cuál es tu nombre?
-No lo recuerdo
-¿De qué religión eres?
-No creo tener religión alguna.
-Entonces pasa, ser pobre espiritualmente es peor que ser pobre
materialmente.
Se me ocurrió preguntar el porque el nombre de esa orden religiosa, me
dijeron que Clarisa era una mujer que se había enamorado de San Francisco de
Asís, y que él al abandonarlo todo inclusive a ella por la religión fue la
inspiración para que Clarisa fundara su propia orden para mujeres.
Hmm veamos, eso no me quedó claro. Abandonar al amor de mi vida, ya una
vez encontrado, por algo o alguien incierto. Que jamás he visto pero se supone
que existe, y no hay pruebas ni nadie
que verifique que así son las cosas.
Dejarlo todo por la fe ciega... bueno si el amor por una persona es
ciego, ¿por qué el amor a un Dios no?
Se acostó en el pasto y contempló el cielo, nunca son las mismas nubes y
el cielo de ayer parece ser el mismo de siempre. Cambian algunas figuras y no
la escencia de ese azul que se torna más y más oscuro conforme avanza el día y
el sol se fuga en el horizonte.
De repente unos quejidos interrumpieron su tranquilidad, se levantó y
corrió a prestar pronta ayuda.
Era una tal Sor Tija, que se estaba latigueando ella misma en la espalda
para mostrar su humildad y sumisión.
Vaya que buena amistad vamos a hacer – pensé por un momento- y comenzé a
darle puñetazos con mi mano izquierda a la dura pared de piedra.
La monja se asustó y miró con ojos sorprendidos a mi sangrante mano.
-¿Por qué hiciste eso?
Yo no respondí nada, pero no pude ocultar la sonrisa del placer que me
había dado golpear la pared de ese modo.
-Mis motivos para lastimar mi espalda yo misma son espirituales...
-También los míos –interrumpí-
-Es una manera de ganar indulgencias para mi y para otros frente a Dios,
y demostrar mi humildad y que yo sin Dios no valgo nada.
-Yo lo hice para olvidar por un momento el dolor de la vida, me hace
pensar por un momento que el dolor fisico que me infringí es menos penoso que
el dolor de mi corazón.
Parece que las hermanas se escandalizaron un poco, insistí en que no era
masoquista pero no me creyeron , traté de convencerlas que Sor Tija sí lo era y
tampoco pude así que me resigné a que me echaran del convento.
Bah... muy piadosas, cuidadoras de enfermos, y no pudieron hacer que mi
corazón sanara siquiera un poco.
Ese día no había comido, pero poco inmportaba. Había tomado unos
cigarros del monasterio y cosa extraña, se sentía muy bien el estar exhalando
humito.
Que raro...es como si eso lo hubiera hecho durante mucho tiempo.
Y se quedó a dormir bajo la luz de las estrellas, con una cobija de frío
y miedo, la soledad es la única compañía para quienes no tienen amistad o amor
en este mundo.
Al día siguiente llegué a otra ciudad, nada me llamaba la atención y yo
estaba ávida de continuar mi búsqueda. De pronto vi una cara, una cara que no
recordaba haber visto , pero la mirada me tranquilizaba y parecia como si
conociera a esa persona de toda la vida.
Él me miró fijamente, sus ojos se agrandaron como tratándose a si mismo
de convencer de lo que veía.
Al fin con una voz melancólica y nerviosa a la vez me preguntó que si no
le iba a decir nada.
¿Y yo qué podía decir de ese rostro que me encantaba y sin embargo no le
decía nada a mi corazón?
No iba a perder más tiempo, me di la vuelta y me fui, con cada paso que
daba se hacía mas lejano ese ruido...esa odiosa respiración.
Volteé mi mirada y ahí seguía, pero con la cara pálida y los ojos fijos
aún en mi; la mano izquierda en el pecho, como tratando de que el corazón
latiera más despacio y la mano derecha deteniendo el peso del cuerpo que de un
momento a otro parecía que se iba a desmoronar.
Sentí algo de pena...acaso esa persona me conocía y yo no la recordaba.
-¡Te recordaré siempre tal y como estás ahora!-Tuve que decirlo, no me
pude contener. (¿Qué detalle el mío no?)
Y los ojos que me miraban se agrandaron más y vi como una gota de sudor
frío resbalaba por su frente hasta caer de la punta de la nariz.
Luego las lágrimas brotaron de sus ojos y fue cuando me empezé a sentir
mal.
Me di cuenta que todo lo que quería
era ser una lágrima tuya
nacer en tus ojos
acariciar tu mejilla
y morir en tu piel.
Pero basta ya, esta ansiedad no me deja en paz y tengo otras cosas que
hacer.
De nuevo huí, y no me detuve hasta que mi conciencia me hubo dejado en
paz y llegué a donde no hubiera nadie.
Aunque en medio de la multitud bien se puede sentir la soledad, y es
mucho más honda y triste que estando en medio de la nada.
Su próximo destino no lo sabía, pero si sabía que no se podía quedar con
el alma en paz hasta no haber hallado su identidad.
Bueno eso del alma es relativo, una persona que no sabe quién es, a
dónde va , de dónde viene...en fin una persona sin rostro ni camino ¿cómo va a
extrañar un alma que no conoce?
El malcomer y maldormir iban haciendo de ese rostro una expresión pálida
, débil y confusa con cada día que pasaba. Pero cada día era como vivir de
nuevo y descubrir un enigma oculto hasta entonces.
Un día encontró a unos gitanos cantando en la calle, su música era
armoniosa y la voz era triste pero vibrante. Cada nota hablaba dolor sin
palabras y el sonido de los tambores eran corazones palpitantes.
Me detuve al frente de los gitanos, estuve embelesada escuchándolos
tocar durante largo rato. Parecía que cada nota la inventaban del viento. Era
espontánea e inesperada.
Un paraíso creado para mis oidos.
Ellos no eran muy agradables a mi vista, así que cerré mis ojos y traté
de imaginar algo bello que concordara con la música; lo único que pude imaginar
fueron figuras azules sin sentido. –Azul, mis propias nubes en negativo-.
Sentí que una mano me tocó el hombro y abrí mis ojos, era el niño gitano
con una gorra en la mano. Claro había que ser todo por dinero, ¿para qué mas?
Pero yo no tenía un centavo así que solo pude darle una sonrisa triste,
si, yo sé que ellos tocaban esa música para comer y yo no tenía dinero pero mi
espíritu tenía más hambre que mi cuerpo.
Eso debió incomodarle un poco porque acto seguido se levantó y se fue
siguiendo a un actor callejero que anunciaba pronta función.
Estuve viendo otras personas que se ganaban la vida interpretando toda
clase de papeles menos uno real. Áquel un héroe, aquélla la damicela en apuros,
no faltaba el villano , el cómico y el anciano sabio.
Es curioso, vivir la vida con una máscara, adoptando otra identidad
menos la propia. Quizás eso me resultaría más fácil, como no se cual sea mi
identidad probaré robándome una... aunque quien dice que esta persona a su vez
no se la esté robando a alguien y así sucesivamente en un círculo vicioso donde
al fin y al cabo todos son nadie.
Un señor con traje, corbata y maletín se había parado frente al
improvisado escenario y parecía disfrutar de la función. A ella le llamó la
atención ver a una persona disfrutar del teatro callejero en vez de pasarlo de
largo y criticarlo de ordinario o pérdida de tiempo.
Me dirigí hacia aquél hombre de garba postura y le pregunté su nombre.
-Héctor- titubeó por un segundo – Licenciado Héctor A. , Señorita.
-¿Licenciado en qué?- pregunté sin falsa curiosidad.
-En leyes, soy abogado ¿ por qué lo pregunta?
-Me preguntaba qué hace alguien como Ud. Por estos lugares, viendo un
espectáculo callejero al lado de la gente pobre y los curiosos.
-Ese actor – dijo señalando al que actuaba de villano – es mi hermano.
-Y siendo el su hermano ¿por qué
no ha ayudado Ud. A qué tenga una educación más provechosa?
-Es incorregible, ahí está bien. Además qué es la familia sino un montón
de extraños que tienen apellidos en común y algún parecido físico. En este
mundo cada quien debe ayudarse a si mismo primero o no podrá ayudar a los
demás. Y el comportamiento humano es tan impredecible, de suerte que estamos
nosotros para poder hacer que cuelguen o no a personas como mi hermano.
El mencionado hermano no veíase del tipo de persona que pudiera lastimar
a alguien, pero claro que las apariencias pueden ser engañosas.
Aunque aquél por lo menos tenía
su corazón en su oficio, el otro por más estudios y puestos que tuviera ya
carecía de perdón y tenía mucho rencor guardado.
Sus motivos tendrá, y se puede perdonar de corazón pero el daño jamás se
olvida. En fin, decidí mejor irme para que no me envenenara más.
Vaya, entre más conocía personas me daba cuenta que aún quienes si
tenían nombre no sabían tampoco su identidad.
Para que buscar más, decidí quedarme así. Nombre no me hará falta...de
todos modos siempre me dicen “oye tú”.
Hacía frío y caía una lluvia implacable. Durmió en las afueras de la ciudad
y sintió como su cuerpo se entumecía. Cuando de pronto escuchó una voz.
-Vuelve...vuelve..-. Repetía insistentemente la voz.
Abrió sus ojos y sonrió.
-¿Al fin es tiempo..?
-Así es, por primera vez, todo será diferente.
-Gracias, es el tedio es el que acaba conmigo y me marchita día a día.
-Qué débil eres- dijo la voz en tono suave.
Unas manos tomaron el pálido rostro, joven pero envejecido por las penas
de la vida y un beso calmó los azules labios temblorosos.
Y despertó.