El ermitaño.
En las frías montañas nórdicas, alejada de las
ciudades y con el pueblo más cercano a kilómetros de distancia había una
pequeña cabaña en la que habitaba un hombre; una persona solitaria que se había
recluido a si mismo lejos del alcance de otro ser humano.
Su nombre era Jorik y hacía muchos años que vivía así,
la soledad era algo que sin duda disfrutaba y según el decía “puedo vivir aquí
solo sin nadie que perturbe mi existencia con tonterías”. Pero, ¿cuál era la
razón de su conducta y por qué ese desprecio por sus semejantes? Tenía rencor,
había sido traicionado, le habían mentido y ya no estaba dispuesto a tolerar
más de esos disgustos; por otra parte en el fondo sabía que no todas las
personas eran así, pero ya no le importaba; de cualquier modo tendría que
arriesgarse a ser maltratado otra vez y la sola idea le desagradaba.
Cada día se levantaba al amanecer y contemplaba en la
ventana el hermoso paisaje que le rodeaba, ese panorama uniforme cubierto por
la nieve, todo tal como la naturaleza lo había creado sin ser destruido por la
insensible mano del hombre. Al ver todo eso se decía: -quién los necesita,
cuando yo tengo todo esto a mi alrededor, sin nada que lo perturbe- , después
volvía a dormir y luego salía a buscar ramas caídas, las dejaba en un rincón
para que estuvieran secas al día siguiente y así alimentaran el fuego que
mantenía tibia su cabaña.
Más tarde iba a revisar sus trampas, a veces había caído
alguna presa y a veces no había nada, y si llegaba a pasar hambre no se dignaba
en ir a las tiendas del pueblo, imitaba a los osos y se dormía hasta que sus
trampas tuvieran mejor suerte. Su ropa estaba muy desgastaba y la remendaba con
trozos de piel animal, esto aunado con el poco cuidado que le daba a su persona
le daba un aspecto no muy amistoso, pero dado a que el trato con otras personas
era nulo no era una prioridad en su vida.
En realidad hacía muy poca cosa fuera de alimentarse y
mantener en buen estado las condiciones de su cabaña; a veces tallaba pequeñas
figuras de madera con una vieja navaja y trozos de árbol que el consideraba
adecuados.
Para llegar a su casa había que escalar, así que sus
paseos tampoco eran frecuentes, solo en ocasiones subía un poco más para hacer
algo de ejercicio y se quedaba contemplando la magnífica vista.
El esperaba que todo fuera igual hasta el último de
sus días y consideraba que poco importaba lo que hiciera, si al fin y al cabo
“sólo estaba de paso por la vida”.
Pero esta aparente tranquilidad no podía durar para
siempre. La vida aislada iba haciendo
que perdiera la cordura poco a poco, incluso había veces que peleaba con su
sombra por el simple hecho del aburrimiento.
Hablaba frecuentemente a solas, sus incoherentes monólogos
le hacían creer por un momento que tenía la “detestable” compañía de otro
humano y esto lo ponía muy iracundo. Cuando se tranquilizaba y veía que no
había nadie más se lamentaba de sus desvaríos y entonces volvía a sus labores
normales.
Pero
no podía engañarse a si mismo, se había recluido en una soledad que no era
capaz de soportar; un día se encontraba
sin poder distinguir la realidad.
-¿Quién esta ahí? Otra vez hay alguien escondido, sé
que uno de ustedes despreciables humanos me ha venido a matar, quieren acabar
conmigo para que ya no les estorbe ¡me odian! Pero no será más de lo que yo los
odio a ellos. – Abría la puerta y miraba las cercanías de la cabaña, no había
nadie ahí pero continuaba insistiendo: –sé que estás ahí, ya puedes salir, juro
que no te voy a hacer mucho daño...solo quiero echarte por aquella ladera y ver
como ruedas hasta el fondo. – Se quedó callado por instantes y luego vio pasar
una liebre. -¿Crees que soy tonto? ¿Crees que con un ridículo señuelo como ese
voy a dejarte en paz? ¡Esto es una burla! ¡Juro que cuando te encuentre te voy
a atravesar con mi navaja!-
Volvió a entrar a la casa y se fijó en la curiosa
sombra que hacía una vela frente a una de sus figuras de madera .
-Estos duendes del demonio, son aliados de los humanos,
lo sé bien... pero no van a salirse con la suya si tratan de esconder mis cosas
o de incendiar mi cabaña. - Jorik buscó en cada rincón de su cabaña y como no
pudo encontrar nada se quedó pensativo un rato y luego fue a buscar su navaja.
-Mejor estar preparado por si algún humano o algún
duende se quiere atravesar en mi vida.-
Su obsesión era verdaderamente enfermiza, era bastante
irracional un rechazo para quienes eran sus semejantes; pero a él le gustaba
pensar que eso era solamente el cascarón y que por dentro todos los demás
estaban podridos sin ver cuán corroído estaba también el interior de sí mismo.
El mundo de Jorik ya estaba bastante confuso para la
realidad que en algún momento su frágil ser conoció, ahora llegaba incluso a
pensar que había descubierto un nuevo color :- Ese matiz del atardecer,
seguramente nadie lo ha notado pero no tengo la menor duda de que es un nuevo
color, diferente incluso al del amanecer; pero no se que nombre ponerle, creo
que lo llamaré anaranzul. – Se quedaba maravillado contemplando el atardecer,
como si el fuera la primera y última persona que lo ve y luego volvía a pensar
para si mismo:
-Pobres
humanos, ellos nunca dejan nada más que otros hijos al mundo; pero yo voy he descubierto un nuevo color, cada vez que
alguien vea un atardecer y mire ese color tendrá que decir “mira es el
anaranzul, el color que descubrió Jorik”. Yo me regocijaré desde mi tumba.-
Había días que no dormía, se la pasaba caminando en
círculos alrededor de su cuarto, otras veces se despertaba en forma súbita, se
levantaba de la cama y se asomaba por la ventana creyendo escuchar voces .
¿Hasta que grado llegaba la paranoia de este ermitaño?
En su memoria tenía muchos recuerdos que no sabía a ciencia cierta si en
realidad los había vivido o si simplemente había sido un sueño lúcido.
Observando el fuego que calentaba su cabaña se acordó
del desdichado día en que su granja había sido quemada por unos perversos
hombres a quienes no conocía, recordó como de la noche a la mañana lo que tenía
se había reducido a cenizas. Tal vez ese fue el momento en que la frágil armonía
de sus emociones perdió su equilibrio y se precipitó en el abismo de la locura.
Un día escuchó voces muy cerca y luego alguien tocó a
su puerta, malhumorado les gritó que se fueran pero una voz clamaba por
auxilio. Eran unos alpinistas, uno de ellos se había roto la pierna y al ver
humo encontraron la cabaña; uno de ellos le dijo a Jorik que les permitiera
quedarse, que la pierna de su compañero estaba mal y no podían arriesgarse en
ese momento al descenso porque pronto oscurecería.
A Jorik no le importaba si moría su compañero o si
morían todos, solo quería estar solo, pero al fin accedió y les dijo que si le
ocasionaban alguna molestia los echaría.
Jorik estaba muy molesto, sentía antipatía por ellos y
ni una fibra de compasión fue tocada por la situación de los infortunados
alpinistas.
Se
quedó frente a la hoguera sin poder dormir, contemplando el fuego y de pronto
le pareció ver una sonrisita burlona entre las llamas; parpadeó y lo vio claramente:
un pequeño ser de cara como la de un niño malicioso, los ojos grandes y grises
y la ropa de color negro brillante. Era Loki en persona quien estaba frente a
Jorik, abrió la puerta y le hizo señas de que lo siguiera, Jorik lo siguió
hacia fuera y le preguntó que por qué estaba en su casa.
-He venido para ayudarte Jorik, ¿acaso no quieres
deshacerte de esos molestos alpinistas?
-Sin duda, ¿qué puedo hacer?
-Con mi ayuda puedes deshacerte de ellos y evitar que
vengan más como ellos, como ya te habrás dado cuenta yo soy Loki, y aunque no
soy el dios de la misericordia estoy dispuesto a ayudarte, solo porque me
caes bien.
-Tú no eres un dios benevolente, te encanta divertirte
con los mortales, así que acepto tu ayuda pero no voy a confiar en ti, eres un
traidor igual que ellos.
-Tranquilizate y ten paciencia, sólo tienes que hacer
lo que yo te diga y yo haré que las cosas resulten. Primero yo te saqué para
que ellos no nos oyeran ni sospecharan nada, así que entra a la cabaña, toma la
navaja y tráemela, yo estaré aquí esperando.-
Jorik hizo lo que Loki le dijo y le dio la vieja y
mellada navaja -¿qué harás con esto?-
Loki se cortó la punta del dedo con la
navaja y se la regresó a Jorik, -ten, ponla en la mesa al alcance de ellos y
luego ya verás que pasa.-
Jorik dejó la navaja en la mesa y luego se sentó de
nuevo frente a la hoguera, uno de los alpinistas entró y la tomó, se disponía a
cortar el pantalón de su compañero para revisar la pierna lastimada, pero debió
haberlo hecho con muy poco cuidado porque la navaja llegó hasta la piel y le
hizo una horrible cortada.
El pobre herdio gritó de dolor, la navaja aparte de
estar mellada estaba oxidada y esto empeoraba más las cosas, la herida no
dejaba de sangrar y había que presionarla, pero esto lastimaría más la pierna
fracturada.
Jorik volvió a salir y ahí seguía Loki, -bien hecho
Loki, ahora se querrán quedar más días con una herida abierta en la pierna de
ese torpe.
-Tranquilizate, lo he planeado bien y la herida
gangrenará para mañana gracias a mi, o se van o ese tipo se muere.-
Al día siguiente Jorik despertó y vio que la gangrena
ya estaba afectando la pierna del pobre hombre y se veia que estaba sufriendo.
Los demás estaban indecisos si irse o no, porque parecía avecinarse una
tormenta; decidieron dividirse para no arriesgar la vida de todos y poder
prestar ayuda al primer grupo en caso de que la necesitaran.
Esto no era tan y como Loki lo había predicho, solo se
deshizo de la mitad y Jorik salió y le gritó a Loki que apareciera: -¡Loki!
¡Pequeño demonio, esos parásitos no se fueron como dijiste!- luegó escuchó una
risita a su espalda, volteó y vio a Loki.
–Con que ahí estas, ¿no me habías dicho que me
ayudarías a librarme de todos ellos?
-En efecto, no te apures, no se fueron todos como
esperaba pero ya solamente nos desharemos de la mitad. Escucha cuidadosamente,
quiero que me traigas un guante, una bufanda o cualquier cosa de ellos.
Jorik entró a la cabaña y tomó una bufanda, un gorro y
un guante de los tres montañistas que quedaban, volvió afuera y se los entregó
a Loki.
-Bueno ¿y esto para que lo quieres?
Loki le puso un poco de nieve a cada cosa y luego le
regresó todo a Jorik.
-Ten, espera a que se lo pongan y ya verás.
-Espero que esta vez todo salga bien.
Y Loki desapareció, tan silenciosamente como había
aparecido y Jorik había regresado las pertenencias sin que ellos se dieran
cuenta.
Ya empezaba a caer la tarde, y las sospechas de una
tormenta eran ciertas; el frío era terrible y todos se abrigaron bien. Jorik
los miraba ansiosamente, el que se puso la bufanda empezó a asfixiarse, el del
guante se quería ahogar a si mismo y el del gorro empezó a agonizar y en su
delirio abrió la puerta de la cabaña y se salió.
Poco después sólo habían dos cadáveres en la cabaña y
Jorik pensó que el que salió no debió sobrevivir.
Pero un poco más tarde alguien tocó la puerta, Jorik
vio con desagrado que el aire le había arrebatado el gorro y recobrando la
cordura había vuelto a su refugio.
Esta vez a Jorik no le importó ser escuchado y volvió
a llamar a Loki.
-¡Loki! Otra vez fallaste ¿qué clase de Dios eres?
Este llamado debió molestar a Loki, porque apareció ya
no con la sonrisa burlona, sino con unos ojos que brillaban encendidos en un
color rojo.
-Vaya, parece que no te ha gustado mi ayuda Jorik.
-No del todo ciertamente.
-Pues tengo una última ayuda para ti y tu
desafortunado huésped, mira por la ventana Jorik.-
El alpinista estaba algo confundido y veía la escena
sin decir nada, y prestó atención a sus oídos, un canto muy triste se escuchaba
cerca de ahí.
Jorik se asomó por la ventana y sintió un escalofrío
al ver a una Vanshee tirar flores sobre la nieve.
-Ya sabía que no debía confiar en ti Dios de segunda.
-Torpe mortal, ¡yo soy un Dios que se divierte, no que
hace favores!
Y Loki volvió a desaparecer en las sombras de la noche
que prometía ser inclemente con los que se refugiaban bajo su cielo.
-Disculpe Jorik ¿qué acaba de ser todo esto? –preguntó
el alpinista un tanto confundido por todo lo que había presenciado.
-Bah cállate, todo ha sido culpa tuya ¡ahora estamos
condenados!
Cuando la Vanshee dejó de cantar una avalancha cubrió
la cabaña de Jorik convirtiéndola en una tumba de hielo.
Poco después regresaron al lugar los alpinistas que se
habían marchado primero, ellos habían sobrevivido a la tormenta y consiguieron
llegar al pueblo. Vieron un montículo de nieve sobre el lugar donde estaba la
solitaria cabaña, así que excavaron para encontrar los restos.
Había tres cadáveres que estaban en perfecto estado, y
los tres cuerpos eran de sus compañeros. Era muy extraño que dos de los cuerpos
parecían haber tenido una muerte terrible por la expresión del rostro, pero era
más extraño que el ermitaño propietario de la cabaña no estaba ahí.
Buscaron el cuerpo de Jorik y al fin lo hallaron.
Estaba a unos 20 metros de la cabaña y
yacía sentado con la cabeza agachada, estaba completamente congelado y
había muerto como había vivido...solo.