El charco
La ciencia puede explicar muchos misterios, pero difícilmente podrá explicar por qué un niño nunca le da la vuelta a un charco.
Aquí está el charco. Ha quedado después de la lluvia, en el camino. Y aquí está el niño. Regresa de la escuela, y trae el pantalón blanco del uniforme, y los zapatos negros bien boleados. Llega al charco y lo mira. Duda un poco: piensa quizá en el regaño de su madre. Pero esa vacilación dura un instante: vencida la duda el niño entra gozoso en el charco, y pisa fuerte para que el agua salte y lo salpique.
Yo miro todo eso desde la ventana, y me sonrío. Otra vez el gozo de vivir ha triunfado sobre la seriedad del mundo. Un niño que atraviesa un charco es la mejor ilustración de la agradable levedad del ser.
¡Hasta mañana!...