Una historia kafkiana
Sucedió en Berlín, el año de 1923. Un hombre vivía los últimos meses de su vida. Irremediablemente enfermo de tuberculosis estaba condenado a muerte, y lo sabía. Una tarde salió a caminar por las calles y vio a una niñita que lloraba. Le preguntó la causa de su llanto. La pequeña le dijo que se le había perdido su muñeca. Seguramente salió de viaje -la consoló aquel hombre- Ya sabrás de ella.
Pocos días después la niña recibió una carta. En ella su muñeca le contaba divertidas aventuras; le describía los hermosos paisajes que había visto. Otras cartas más recibió aquella niña, que así ya no lloró la pérdida de su muñeca.
Alguien dirá que esta historia no tiene nada de kafkiana, que es una historia cursi. Quizá sea cursi, pero es también kafkiana: el hombre que escribió aquellas cartas era Kafka. Como se puede ver, a veces no es tan kafkiano lo kafkiano.