Comentarios al concierto
Sobre el artista:
Comenzó a hacerse famoso en 1970, con 25 años, justo cuando murió su maestro. A principios de 1976 comenzó a utilizar un instrumento como fondo musical: el armonium (la gaita llegaba al cielo).
Sobre el instrumento:
La leyenda dice que se tarda 21 años en aprender a usar los diversos "inventos".
El aire se introduce mediante un fuelle que se acciona con el codo derecho o izquierdo.
Crónica del concierto:
Llego deprisa, para no llegar tarde ni perderme un sólo minuto del concierto. Bastante gente a la puerta del Teatro Monumental, escenario habitual de los conciertos que a todos nos gustan. Entro al hall y rápidamente busco el folleto del concierto y echo un vistazo a los compactos que allí vende la casa de discos de O'Flynn. Aprovecho para hacerme con dos números de "Ghaita", una revista dedicada a las músicas que tanto nos gustan: en portada, Nightnoise y Capercaillie... irresistible reclamo. Ya expectante, me dirijo raudo al asiento.
Al pasar, veo un equipo de televisión. Tras ocupar el asiento, me dirijo a ellos. Pensaba que sería para algún vídeo de promoción de la discográfica, o para emitir unos minutos resumidos en las noticias de alguna cadena. Me sorprendo cuando me dicen que son de un programa de TV3 especializado en estas músicas, y que van a grabar todo el concierto. Afortunados los televidentes catalanes, y desafortunados el resto de nosotros. Pero al menos, pienso, hay algo que se mueve en este país.
Ya sentado, ojeo "Ghaita" mientras el concierto se demora un poco en comenzar. Veo que RT no falta: llega acompañado y se sienta en una de las primeras filas. La sala está repleta. No faltarán algunos que llegarán tarde... qué gran pecado.
Con poco más de diez minutos de retraso, aparece Liam O'Flynn, acompañado por Artie McGlynn a la guitarra y Rod McVey en el teclado. Nos da las buenas noches en castellano. Luego añade, ya en inglés, que no piensa decir nada más en español, porque "seguro que le entenderemos más en inglés que si intentara hablar español". Nos pregunta al público qué tal estamos... y sin darnos tiempo a prepararnos, arranca.
Nos deja a todos como aplastados contra el sillón. Nadie estábamos preparados para ese impacto musical tan inmediato. La gaita nos invade con sus dulces y suaves notas. Nada se oye, excepto la gaita. Todo es silencio para escuchar al maestro.
Tras esta primera pieza, aplausos, pero aplausos suaves, cadenciosos, como si estuvieran las mentes demasiado extasiadas aún para reaccionar. Tras otras breves palabras, dos piezas que nos acabaron de conquistar: una pieza tranquila y bella en la que Liam tocó whistle y gaita... y luego un reel escocés con una marcha que nos hizo saltar los pies e incluso de los asientos. Liam tocaba la gaita como si se hubiera puesto el turbo. Tras estas tres piezas iniciales, parecía que nada podía mejorar ya. Efectivamente, el resto de concierto no superó el nivel musical del principio... pero no bajó un ápice, y cada vez ganó más comunicación y calor entre público y artista. Un ejemplo es la introducción que hizo Liam a las dos piezas gallegas que hay en su último álbum "The Given Note". No quería decir los títulos (gallegos claro), pero acepto hacerlo si no nos reíamos. Los dijo, y nos reímos con ganas. "I knew you'd laugh - sabía que os reiríais" - dijo.
Liam usó a lo largo del concierto varios whistles distintos, según la clave de la pieza. Arty McGlynn, el guitarrista, tuvo un solo muy bueno. No en vano, ha formado parte del grupo de Van Morrison, de Planxty y de Patrick Street. También ayudó mucho a Liam a introducir los títulos e historia de las piezas que tocaron el la segunda mitad del concierto. Desgraciadamente, su acento más cerrado hizo que no le entendiera la mitad de las cosas.
Hacia el final del concierto, la gente estaba ya más vibrante, incluso algunos se ponían de pie para aplaudir. Muchos lo hicimos cuando Liam dejó el escenario. El primer bis estaba cantado: nadie se quería ir. Nos tocó una pieza tranquila y hermosa, y luego, "a quick one for the road", porque como dijo él, es costumbre tocar al final algo movido para irse a casa con la marcha en el cuerpo. Pero no fue la última, no. Aunque algunos ya marchaban, los demás estábamos de pie, pidiendo enardecidos más. Y más tuvimos. Tuvo que tocar "another one for the road", y "tener otra es bueno" como dijo el. Fue un final arrollador, en el que muchos acompañamos con palmas a Liam. Luego, claro, se acabó por fin. Nadie queríamos, pero tenía que llegar.
Lo bueno de que acaben los conciertos, es poder pasar a ver al artista. Y cómo no, cumplí con el rito de que me firmara la entrada y el último CD. Como curiosidad, tengo que decir que cuando iba a firmar el disco, me preguntó la fecha y pensaba que estábamos a veintitantos. Se sorprendió cuando le dije que era día catorce. Todavía volvió a preguntar a los que iban detrás de mí.
Por fin, lo más duro... volver a la normalidad, tras haber pasado esta experiencia. Pero nada le quita a uno esa sensación energética el resto del día, cuando se vuelve a casa en el metro tarareando nuestra pieza favorita, viviéndola como nunca antes.
Comentarios al concierto:
Carta de Francisco José (Madrid): "Se destapó la caja de los sueños", "flotaba...", "soñando...".
Prensa especializada: "Caballero de la gaita".
Trecet: "En el arte sólo cuenta la calidad".
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