Este era un rey que tenía un palacio de invierno, dos de verano, seis establos, dieciséis reinos enemigos, cuatro hijos, dos hijas, un bosque, tres nueras, doce perros, una orquesta de cámara, dos armaduras, una esposa, cuatro amantes, una úlcera gástrica, tres aliados, un laúd, un reloj de sol, ocho huertos de ciruelas, un manual de astrología, y muchas otras preocupaciones.
Después de ganar y perder algunas guerras el rey decidió que le iría mejor dedicarse a cultivar flores. Hizo una encuesta entre la reina y las cuatro amantes y pidió le mostrasen de entre las muchas variedades de flores áquellas en que mayor placer hallasen.
El rey plantó pues girasoles, margaritas, geranios, alcatraces, y calabazas (una de las amantes era muy afecta a las quesadillas, y al ser interrogada sobre flores, no pudo evitar el antojo).
El rey fue muy feliz cultivando flores. Sanó de su úlcera y tomó la costumbre de invitar a sus tres nueras a cenar los martes.
Compareció un día sin ser llamado el negro brujo estrellero, de los saberes y de los agüeros. Mucho le extrañó al brujo hallar por todo el palacio las piezas de las armaduras del rey, a modo de macetas, dispersas por las ventanas, las atalayas y los almenares. Halló luego al rey muerto de la risa en uno de los salones, comiendo ciruelas y escuchando una versión improvisada de la marcha de los santos para dos flautas, dos violines y bajo continuo.
"Ajá," gruñó el brujo. "De modo que los astros dijeron verdad: nuestro rey se entrega a una vida licenciosa, relajada y dispersa, mientras los dieciséis reinos enemigos planean el modo de repartirse a las dos princesas, los doce perros, las cuatro amantes, los tres palacios y la orquesta de cámara."
El rey hizo girar su corona alrededor de un dedo y respondió: "Buenos días, negro brujo estrellero de los malos saberes y los peores agüeros. ¿Tú preferirías las princesas, los perros, los palacios, las amantes, o la orquesta?"
El brujo salió echando chispas por las orejas, y convocó de inmediato a los tres aliados del rey. Decidieron que sería más conveniente repartir el reino entre ellos cuatro que entre los dieciséis reinos enemigos.
Fueron los cuatro a palacio, donde el rey los recibió con girasoles, margaritas, geranios, alcatraces y quesadillas. "Rey," dijeron, "tu has perdido el juicio, y no es prudente que alguien sin juicio conduzca los destinos del reino. ¿Por qué no te ocupas de tus flores, y nosotros de combatir a tus enemigos y disfrutar tus posesiones?" El rey tomó su laúd, y mientras rasgaba un huapango potosino hizo llamar al economista real. El economista explicó que los dieciséis reinos enemigos se habían convertido en fervientes importadores de flor de calabaza, y por lo tanto habían desistido de todos sus propósitos bélicos. El brujo y los tres aliados del rey llevaron al economista al estercolero de los seis establos, y lo clavaron de cabeza allí.
Volvieron de inmediato a palacio, donde el rey los recibió en compañía de sus cuatro hijos, tres nueras, dos hijas, una esposa y cuatro amantes. Era martes. Cenaron todos juntos en buena paz y compañía.
Después de todos estos grandes y pequeños hechos el rey se halló dueño de un palacio de invierno, dos de verano, seis establos, dieciséis socios comerciales, doce perros, una orquesta de cámara, doscientas macetas, tres aliados y un brujo con sus respectivas úlceras gástricas, un laúd, y ocho huertos de ciruelas. El rey cambió su manual de astrología por uno de cómo abonar suelos. El reloj de sol y el bosque no los pudo hallar por ningún lado.
Formica bestiola est