Recuerdo en la memoria colectiva

La constitución de mi país establece que el Estado es dueño absoluto del aire en territorio nacional, lo cual incluye el espectro electromagnético.
También, antes de que un ex-gerente de Coca-cola se volviera presidente, el Estado era dueño del 12% del tiempo de transmisión en todas las estaciones de radio y televisión. Ahora si el presidente quiere salir en la tele tiene que pagar por su tiempo.
Cuando yo era niña el Estado, que siempre ha sido un administrador un poco pazguato, abrió dos canales de tele. Aquello se llamaba la Cadena IMEVISIóN y tenía uno de los jingles más horribles de la historia.
Yo miraba la tele. Justo en medio de las caricaturas a media tarde, aparecía una mujer entrada en años, con un peinado esponjado y muy malas pulgas, en una oficina llena de libros. Tenía un libro en las manos y hablaba un idioma incomprensible. Daba una perorata ininteligible durante diez minutos antes de dejar que las caricaturas volvieran.
Maruxa Vilalta. ¿Quién rayos andaba por la vida, y además por la televisión, con un nombre como ése? Yo, por supuesto, la odiaba. No soy la única. Una generación entera que miraba las caricaturas a la misma hora que yo la odiaba junto conmigo. Sin embargo yo en el fondo quería ser como ella. Quería ser vieja y tener una oficina llena de libros, y hablar todos los idiomas del mundo. Cuando yo era niña deseaba de corazón llegar a saberlo todo. Pensé que no estaría nada mal ser vieja y fea y tener un montón de libros.
Un día, años después, cuando IMEVISIóN ya había sido rematada al mejor postor y yo ya era más alta que el lavabo, volví a ver la cápsula de Maruxa Vilalta en la tele. Esta vez entendí todo su alegato sobre el libro en turno. Un poco de mi infancia murió ese día. Todavía espero llegar a ser una vieja malhumorada y tener un despacho con montañas de libros.

Formica bestiola est



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Creación: 3 de julio 2004. 1