Por su parte Mariana, eventualmente repuesta de su catarro merced de un par de whiskies, pasó la noche jugando a los palindromas con Gran Caminante. Hasta que Lucía, gracias a un chisme del ángel, encontró el horno donde se escondían y los sacó a escobazos, recitando todos los sermones moralistas que logró recordar. Yo también me divertí. Preparé el duplicado en cera de Mariana (el que después inició el fuego) y pasé toda la tarde telefoneando a las florerías y vinaterías de mayor prestigio. Por la noche, Eugenia me perdone, asalté a los borrachos más ilustres del rumbo.
Formica bestiola est