Este es un fragmento de la novela "Para encontrar a Eugenia Garza", de Hormiga.

Mariana tuvo uno de los velorios más sonados de la época. Nunca pude ver tantos snobs juntos; ni siquiera en la memorable sesión del Congreso de Semántica donde el Esquizofrénico se suicidó, pública y puntualmente, tal como se anunció en el programa. Corrió el tequila, corrió el vodka, y corrieron, como nunca, todo tipo de sustancias inhalables, ingeribles, fumables o inyectables. Pero lo mejor de todo vino más tarde, cuando apareció Mariana, con su vestido de señora embarazada y preguntando que qué rayos era aquel alboroto. Siguieron entonces los discursos de los ebrios y los desmayos de los sobrios; resultó aquella la velada literaria ms prolífica del otoño. Tras la aparición de Mariana el evento, de por sí nada fúnebre, pasó sucesivamente a convertirse en tertulia, fiesta, borrachera, orgía, zafarrancho, tiroteo, convención del Partido Comunista y, a eso de las seis de la mañana, incendio. Lucía pasó la noche muy apurada, haciendo indagaciones. Ella y su ángel lograron sacar en claro tres cosas:

  1. El Concejo de Cultura, en vista de su nulo poder de convocatoria, quiso aprovecharse de la fama de Mariana para poder reunir a la élite y dar a conocer el plan de trabajo para el año siguiente. Tramaron, pues, el asunto del velorio.
  2. Mariana, narcisita como siempre, aceptó participar en la farsa. Sin embargo, debido a un problema burocrático, no se enteró de la fecha de su muerte. Casualmente pescó una gripa y no salió de su casa hasta la tarde de los hechos; tarde en que, al llamar a la oficina, fue informada del velorio de quiensabequién por el vigilante.
  3. La empresa con la cual Mariana había contratado su seguro de vida estaba perfectamente al tanto del asunto, pero no contaban con las sustancias ni con el incendio. Los dos agentes que la aseguradora envió se intoxicaron, y, en medio del incendio, confusos, extendieron un cheque a nombre de Lucía, no por el monto del seguro de Mariana, sino por el costo de todo el conjunto de capillas, velatorios, crematorios y sinagogas.

    Por su parte Mariana, eventualmente repuesta de su catarro merced de un par de whiskies, pasó la noche jugando a los palindromas con Gran Caminante. Hasta que Lucía, gracias a un chisme del ángel, encontró el horno donde se escondían y los sacó a escobazos, recitando todos los sermones moralistas que logró recordar. Yo también me divertí. Preparé el duplicado en cera de Mariana (el que después inició el fuego) y pasé toda la tarde telefoneando a las florerías y vinaterías de mayor prestigio. Por la noche, Eugenia me perdone, asalté a los borrachos más ilustres del rumbo.

    Formica bestiola est


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    Página realizada por la Hormiga 19 de abril de 1996. 1