La verdadera historia de la magia.

(Cuentecito de Heduardo Hizquierdo)

 

Porque toda persona tarde o temprano ha de encontrarse con la magia, y por ser ésta una de las habilidades que sólo las gentes tienen, escribí yo esta historia que habla sobre quién inventó la magia, sobre cómo funcionaba y cómo continúa funcionando en nuestros días.

 

Un mago contemporáneo aparece y desaparece monedas, o hace flotar personas. El mago tiene palomas y conejos. A veces tiene incluso tigres o caballos. Tiene también polvos, una varita o una palabra mágica. Todo esto puede parecer maravilloso; pero el mago no inventó la magia.

 

Antes que el mago, existió la bruja olvidadiza, distraída y despistada, que sabía hablar latín, preparar filtros, cocer yerbas, convertirse en gato y reunir a los enamorados. La bruja no le agradaba a todos. Algunas personas creyeron que la bruja negociaba con el mismísimo diablo. Pero no era así. La magia es todavía más vieja que el diablo.

 

Muchos años antes que la bruja existió el alquimista. El primer alquimista era un egipcio, un sabio muy antiguo. Conocía la geometría, los planetas, y muchos tipos diferentes de piedras, guijarros, pedruscos, tierras y polvos. En Egipto, todos lo sabemos, practicaban el arte de hacer momias. Y a así como se convierte a las personas en momias, el alquimista quiso convertir unas cosas en otras: veneno en agua limpia, aire en fuego, o leche en azúcar. Parece magia. Pero el alquimista tampoco la inventó.

 

Antes que el alquimista, y mucho antes de la Historia, cuando no se hablaba todavía ninguno de los idiomas conocidos ahora, un sabio sacerdote inventó la magia. Para él no fue nada difícil. Para él todo fue muy claro y lógico. Como el diablo todavía no existía, pues este sacerdote no creía en el diablo. Creía, en cambio, en un dios. O, mejor dicho, en dos. ¿O en uno? Bueno, en dos. Eran dos dioses gemelos, que años después fueron dibujados como una persona con dos caras.

 

Pensando en sus dos dioses, el sacerdote creyó que si los dioses eran dos, entonces todas las demás cosas del mundo tienen que ser también dos. Pero no sólo dos manos y dos ojos, sino además dos nacimientos, dos muertes, dos cuentos, dos por aquí, dos por allá, dos para todo, dos todos, dos, dos, dos...

 

Todo esto fue explicado después con una frase muy famosa:

 

"C o m o  e s  a r r ib a,  e s  a b a j o ; c o m o  e s  a b a j o,  e s  a r r i b a"

 

Esto significa que si una persona decide preparar un pastel de chocolate, en algún lugar del universo otra persona hará algo parecido. Con esta astucia quiso el sacerdote controlar a sus dioses gemelos. Sólo tenía que representar abajo sus deseos, y entonces, allá arriba, los dioses tenían que hacerlos realidad.

 

Claro que al principio, como le faltaba práctica, las cosas no siempre ocurrieron  como él quería. Una vez, para hacer llover, derramó gotitas de agua frente a la puerta de su casa. Y efectivamente llovió, pero no afuera, sino adentro de la casa. En otra ocasión intentó volverse rico ganadero. Para tener muchas vacas, construyó pequeñas vaquitas de barro y las puso en su establo. Al día siguiente todas ellas eran tan grandes como una vaca de verdad, pero aun de barro. Como todavía no se inventaban las grúas, al sacerdote le costó mucho trabajo sacar a todas las vacas del establo.

 

Así se inventó la magia. Fue muy ingenioso porque en esos años no se acostumbraba representar unas cosas con otras. Para nosotros es muy común representar oro con billetes de papel, o representar el tiempo con horas y minutos, los objetos con palabras, las palabras con letras, y las letras con...

 

El caso es que la magia hoy ya no es la del sacerdote, ni la del alquimista, ni la de la bruja, ni mucho menos la del mago. La magia ahora funciona en las palabras y los números. La magia hoy funciona para las personas que pueden representar energía con una ecuación, electricidad con una raya de lápiz; hace magia quienquiera que ame las palabras y los símbolos, quienquiera que vaya por allí, revolviendo, transtocando, tergiversando signos y significados, torciendo y enderezando los caminos de la palabra. Magia.

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