Pez Soluble, capítulo 1


Fragmento.

El fantasma entra de puntillas. Inspecciona rápidamente la torre, y desciende por la escalera triangular. Sus medias de seda roja lanzan una luz volantinera sobre los ribazos de los juncos. El fantasma tiene doscientos años, más o menos, y todavía habla un poco el francés. Pero en su carne trasparente se conjugan el rocío de la tarde y el sudor de los astros. Se ha perdido a sí mismo, en estos enternecidos contornos. El olmo muerto y la muy verde catalpa son los únicos que suspiran en la avalancha de leche de las orgullosas estrellas. Una semilla estalla en el interior de un fruto. Después, el pez-barquilla-de-globo pasa, con las manos ante los ojos, pidiendo ver perlas o vestidos.

Una mujer canta en la ventana de este palacio del siglo catorce. En sus sueños hay semillas negras. Todavía no conozco a esta mujer porque el fantasma crea un tiempo demasiado bueno a su alrededor. La noche ha llegado pronto, como un gran rosetón de flores devuelto sobre nuestras cabezas.

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Hormiga. 19 de abril de 1996. 1